CAPÍTULO 5
OMEGA BASURA
La decisión había sido tomada y no habría fuerza humana que le permitiera evadirla. Desde su aparición oficial ante la crema y nata de lo ilegal, político y social Takato había firmado su sentencia. Sería usado por Himura a su conveniencia y no tenía derecho alguno a rechazarlo, pues su persona había sido colocada en una jaula invisible hace mucho tiempo atrás.
Suspiró mientras se colocaba la camisa, la figura que se reflejaba en el espejo se notaba evidentemente más delgada y frágil, expuesta incluso a que un viento se lo llevara, cosa que seguramente desearía… desparecer en el viento, él y su hija. Su vida se estaba consumiendo poco a poco sin poder evitarlo; entonces, al verse, un pensamiento cruzó su mente: "¿De verdad podré salir de esto un día?", "¿cuándo?, ¿cómo?, ¿qué debo hacer?, ¿podré darle una vida normal a Haru?". Un gemido de impotencia salió de sus temblorosos labios, abrazó su magullado cuerpo y se perdió un momento en recuerdos.
FLASH BACK
—¿Te sigue doliendo el cuerpo?
—¿Te importa? – respondió Takato con desgana al tiempo que entre temblores ponía los pies fuera de la cama para dirigirse al baño, apenas intentó levantarse, las piernas le temblaron y cayó sin recato sobre la alfombra. Himura le veía en silencio y esbozó una media sonrisa, se acercó al ojiazul, y jalándole el brazo lo cargó para llevarlo cual princesa, apretándolo contra su pecho. —¡AH! – gritó por la sorpresa — bájame, puedo hacerlo por mi mismo…
—Guarda silencio – Ordenó. — Respondiendo tu pregunta, claro que me importa, eres mi hermoso esposo, pero eres tan testarudo, me pregunto cuándo mi gatito entenderá que esta es su vida ahora y que es completamente mío, esta marca tras tu cuello lo confirma – sostuvo pasando su nariz por esta, a lo que el otro respondió con un escalofrío. —Deberías ser más honesto contigo mismo, así como lo es tu trasero que ruega por mí, tragándolo con desesperación. – Escupió el yakuza depositando un beso en la pálida mejilla de Takato. Nada salió esta vez de la boca del azabache.
Una vez en el baño lo colocó dentro de la tina que había sido previamente preparada, su delgado cuerpo mostraba rastros de la intensa sesión de sexo a la que había sido sometido la noche anterior: marcas rojas adornaban cada punto de su piel al punto que dolía con solo verlas; en sus muñecas, por todo su cuello y pecho, así como visibles dedos en sus muslos que más que dedos parecían garras. Se sentía asqueado, pero lo que le apuñaló el corazón fue el comentario acerca de las necesidades de su carne. Era cierto, cada maldita palabra lo era, odiaba que su cuerpo de omega respondiera ante el toque y feromonas del Alfa al que detestaba, pero nada podía hacer al respecto, era su naturaleza. Aún así, había algo que no podía someter por más que el otro lo deseara, y eso era su corazón y espíritu, podría tener su cuerpo, pero eso sería lo único que tomaría de él. Jamás lo amaría, jamás pensaría en él como su ser especial y jamás dejaría de pelear.
Resignado a que lo llevara, se dejó bañar por Himura. "¿Quedará en mí algún rastro de dignidad?", se preguntaba, hundiendo su mirada en las burbujas que llenaban la tina, sintiendo cómo las enormes manos del de ojos ámbar paseaban por su cabeza frotando el shampoo. De vez en cuando este gustaba de realizar esta tarea, como si fuera un buen amo que bañaba a su mascota después de haber jugado con ella.
Pronto la voz del otro le sacó de su ensimismamiento.
—Hoy me acompañarás a una cena con el jefe del clan Uenoshi, conociste al líder el año pasado en mi fiesta de cumpleaños, le causaste una impresión increíble, no ha dejado de insistir en verte y yo le mostraré lo encantador que es mi omega. – Dijo paseando sus manos por los hombros de este.
De inmediato y por reflejo condicionado, Takato respondió:
—No… - susurró más para sí que para el otro.
Himura levantó una de sus cejas, deteniendo el movimiento de sus manos sobre el cabello del otro.
—Dijiste, ¿no? – pronunció con voz melosa ejerciendo ahora presión en sus hombros — no te estoy preguntando, cariño. Es una orden.
Takato se tensó, y nervioso, pero decidido continuó:
—Yo no soy adecuado para acompañarte, no sabría qué decir…
—No es necesario que hables, a nadie le importa lo que tengas que decir, solo tienes que estar a mi lado y sonreír.
Takato continuaba de espaldas a Himura, su cuerpo temblaba ligeramente, expectante. —Otra razón para no acompañarte; además, Haru se quedaría sola, no voy a dejarla, no iré.
—Repite eso – dijo con voz seria.
Cada vello de su cuerpo se puso de punta al sentir el aliento caliente y amenazante sobre su oreja. —No iré, no lo haré. No tengo porqué compla…. – Al instante las manos que se posaban sobre sus hombros presionaron su cuerpo hacia el fondo de la tina. Podía sentir como el agua jabonosa entraba en su nariz y boca al ser tomado por sorpresa. Manoteó y pataleó salpicando por todos lados. Treinta agónicos segundos estuvo sumergido hasta que aquel que lo aprisionaba decidió que había sido suficiente.
—¡PUAAAJ! COF… ¡AGH! AAH, AHH – la respiración agitada entre tos estrepitosa, el doloroso ardor en su garganta y la indescriptible sensación de casi haber muerto lo sacudió con violencia. Cual animal herido se aferró con todas sus fuerzas a la orilla más alejada de su verdugo y con la vista nublada y adolorida trató de enfocarlo. Este sonreía y apoyaba su mejilla en una de sus manos. El mayor extendió su mano derecha y con voz acaramelada habló: —Como te decía, irás. Ahora ven aquí mi amor, hay que terminar de bañarte.
FIN DEL FLASH BACK
El reloj marcaba las 9:00 en punto, Haru yacía dormida en su regazo, la niña había llorado hasta el cansancio, no quería dejar ir a su mami, pero eso ya no dependía de él en absoluto. Con inmenso cariño Takato peinaba con sus dedos el flequillo revuelto y depositaba tiernos besos en su frente.
Toc, toc. Dos toquidos suaves se dejaron escuchar del otro lado de la puerta. Hashiba había llegado por él, lo que significaba que era tiempo de que se despidieran. Con cuidado y sin hacer ruido acomodó entre las cobijas a su vida y la arropó. —Ramiro, te la encargo mucho, si llega a despertarse márcame por videollamada.
—No se preocupe patrón, ella ya se durmió y le aseguro que no se levantará hasta mañana tempranito. Mejor apresúrese, no vaya a tener problemas no quiero verlo lastimado de nuevo. – Pronunció con empatía el hombre alto.
Takato asintió y con todo el dolor de su corazón se retiró. Una vez en el coche recargó su cabeza en la fría ventana y soltó un largo suspiro. Podía sentir las orbes ambarinas clavándose en él, algo que se facilitaba gracias a los asientos encontrados del Roll Royce. Abrazó su cuerpo removiéndose incómodo en el asiento.
— Te vez hermoso, no cabe duda de que tengo un gusto exquisito, si no fuera por la cena te tomaría ahora mismo, también veo que cubriste muy bien las marcas con el maquillaje. – Ante la descarada declaración Takato prefirió callar, no caería en provocaciones, ni deseaba dirigirle la palabra en lo más mínimo, después de lo sucedido en la bañera su incapacidad para combatir contra él era evidente. —Ya estamos por llegar, así que te diré lo que vas a hacer. Entraremos al salón privado, saludarás amablemente, vas a sonreír todo el tiempo si él ríe tu también, si te pide hablar le contestas. ¿Te quedó claro Takato?
Esta vez su voz no tenía algún tinte malicioso, las indicaciones eran exactas y precisas, debía hacerlo sin preguntar, el que lo llamara Takato en vez de con algún calificativo le decía que esto era algo serio, el estómago se le hizo nudo "¿en qué diablos lo estaba involucrando?" fue el primer pensamiento que voló a su mente.
Takato asintió y en menos de cinco minutos ambos estaban ingresando en uno de los mejores restaurantes chinos, seguidos muy de cerca por Hashiba y una comitiva de diez hombres trajeados con intercomunicadores.
—Ahora sí me estoy asustando… pensó tomando el brazo de Himura con fuerza, más por instinto que por gusto. A lo que el otro esbozó una media sonrisa complacido ante su toque, unos cuantos pasos más y en el área más alejada había dos hombres con vestimenta llamativa y otro más bajo en traje frente a la sala privada que se dirigían.
—Himura sama, esa es mucha gente para una simple reunión, ni que fuéramos enemigos, no sea desconfiado – comentó un hombre bajito, al parecer el Saiko komon de Uenoshi.
—Esta es la gente con la que siempre se mueve mi señor, no tiene nada que ver la ocasión. Por otro lado, debería saludar apropiadamente al jefe del Clan Himura antes de lanzar sus comentarios, ¿acaso ha olvidado los buenos modales? – exclamó Hashiba con voz filosa.
El otro sujeto chirrió los dientes viéndose humillado, en ese instante el viejo Uenoshi apareció asomando su regordeta cara por la puerta. —¡JO! Al fin llegaron, adelante Himura kun y por su puesto tú también querido – sonrió con ojos brillantes indicándoles que entraran — ¡llegaron justo a tiempo, he pedido un muy buen menú!, diles a tus chicos que vayan a comer abajo, enviaré a los míos también. Esta noche es de celebración. ¡Ah Wata san! Puedes irte – pronunció Uenoshi mirando como Himura y Takato entraban.
—Pe… pero señor, debo revisar el con…
—He dicho que te vayas, ¿acaso no me escuchaste? No te necesito – pronunció con severidad el Yakuza. Ante esto, el hombre aporreado inclinó su cabeza y se marchó resignado.
El estilo de la sala era una representación sacada de alguna película de emperadores, era deslumbrante y lujosa; no había sillas, pero si hermosos cojines de seda bordados con hilos de oro, no había ventanas, pero cortinas finas y traslúcidas caían cual cascadas alrededor de la mesa, otorgando mayor privacidad y exuberancia. En un momento los tres hombres estaban sentados.
—Uenoshi dono, me gustaría que cerráramos el negocio antes de comer. Sería lo más apropiado.
—Agh, esa compulsión que tienes por que todo salga como mandas es tan molesta, pero veo que eres hombre de palabra, así que solo por eso te complaceré en esta ocasión, pero antes de continuar, permítame decirle que luce encantador mi Señor – dijo el hombre mirando de arriba a abajo a Takato en cuanto este se quitó el abrigo. Era fácil entender el por qué de tal halago, pues el azabache vestía una camisa de seda azul marino que hacía resaltar sus ojos, las mangas largas compensaban la cantidad de piel expuesta por el cuello en "V", cuyo escote pronunciado dejaba a la vista su hermoso torso peligrosamente tentador, el cual, si hacía un mal movimiento, seguro era que uno de sus rosados botones podría salir travieso a saludar. El cinturón GUCCI enmarcaba la pequeña cintura que se sentía frágil, haciendo que los demás se preguntaran si al tomarla entre las manos se rompería, y el pantalón negro de vestir se ajustaba perfectamente resaltando las curvas de su redondo trasero. —Absolutamente deslumbrante – reafirmó con una sonrisa boba en el rostro.
Himura se mantuvo serio y apretando el muslo derecho de Takato le dio a entender que hablara.
—Gra… gracias Uenoshi san, creo que usted es demasiado amable, no es para tanto. — A lo que el otro exclamó de manera estridente: —¡TONTERIAS! Usted es la persona más bella con la que me he topado y mire que tengo ya 65 años.
El de ojos ámbar, incapaz de seguir escuchando tomó su bolígrafo y la carpeta que minutos antes le había entregado Hashiba. La ofreció al mayor y sonrió. — Tome Uenoshi dono, una vez cerrado el trato podrá terminarse este sake y servirse como desee. Todo quedó como habíamos acordado
—A niño, eres tan viejo lobo como tu difunto padre. Ya te dije que lo haré, no necesitas insistir – dijo arrebatándole los documentos, sin leer con detenimiento las cláusulas — ¿seguro que no tengo que volver a checarlo?
—En absoluto, además Hashiba le envió a su administrador una copia.
—Bien, bien, toma ya terminé – dijo aventándole la carpeta y el bolígrafo. Depositando nuevamente toda su atención en un muy incómodo Takato. —Toma muchacho, este sake es de la más alta calidad, el Clan Uenoshi es conocido por producir solo el mejor. Te gustará, abre la boca anda, yo te lo daré – pronunció el hombre, que sin previo aviso tomó de la barbilla al azabache y acercó la bebida a su boca, empujándola.
Takato levantó el brazo buscando el de Himura y con ojos sorprendidos pedía ayuda, pero el otro no hizo nada. Una vez que el líquido bajó por su garganta lastimada por el jabón, la sensación de ardor se incrementó, apretó los ojos y alejando la mano de Uenoshi de su rostro comenzó a toser.
—Ah, no me digas que no le has enseñado a beber, Himura kun. Tendré que hacerlo yo – pronunció alegre pasando su brazo alrededor de la cintura del menor.
—Adelante Uenoshi dono, si me permiten atenderé una llamada – comentó poniéndose de pie saliendo del lugar sin antes dedicarle una mirada vacía a Takato, quien ante su acción se quedó petrificado en su lugar.
—¡No me dejes! – habló con grito ahogado mirándole e intentando ponerse de pie, pero el otro lo ignoró por completo cerrando la puerta con seguro. Un temblor recorrió todo su cuerpo, pero lo peor vino cuando un aliento caliente susurró en su oído.
—Al fin solos, desde la primera vez que te vi me encantaste, eres de mi completo gusto. -Manos ansiosas y toscas recorrían su espalda y pecho, bajando hacia su miembro.
—¡NO, DÉJAME! ¡CERDO ASQUEROSO! – gritó Takato, pero una potente bofetada lo calló al tiempo que la maldita mano que le había golpeado presionaba su boca para evitar que cualquier sonido saliera de esta.
—Escucha bien, no quería lastimarte, pero si te pones difícil no me das de otra. Tu marido acaba de cerrar un trato conmigo y el pago eres tú, una noche solo para ti y para mí y pienso aprovecharla. Así que ¡ve abriendo tus piernas que voy a llenarte hasta el fondo!
Los ojos de Takato comenzaban a llenarse de agua y en un intento por liberarse golpeó con su rodilla el muslo de la bestia sobre él, logrando que el agarre se debilitara, gateó hasta la puerta y comenzó a gritar; entonces, su cabeza fue tirada con fuerza hacia atrás, Uenoshi le había alcanzado del cabello y poniéndolo boca abajo amarró sus manos con la corbata que portaba, imposibilitándolo al colocar su peso sobre el delgado. Los kilos de diferencia eran terribles y los huesos le dolían al tener que soportarlo.
—¡Hic! ¡Por favor, déjem..! - una arcada violenta le hizo vaciar jugos gástricos en el piso, al ser tocado por el viejo, el lazo entre él y Himura comenzó a hacer efecto, rechazando con todas sus fuerzas al viejo, la sensación de malestar aumentaba a medida que el otro tocaba su cuerpo, lágrimas gruesas comenzaron a caer por su rostro y la voz dejó de salirle.
—¡AH!, ¡con un demonio!, pero no importa, una vez que no haya más que vomitar podremos continuar, me importa una mierda si tú no puedes disfrutarlo, tu cuerpo ha sido servido para mí y me comeré hasta la médula.
Así, sin contemplación alguna, el degenerado arrancó la camisa, pantalones y ropa interior de Takato, dejando expuesto su níveo cuerpo. Intensas feromonas de alfa explotaron con violencia, pero Takato no podía percibirlas, pero cualquiera que se acercara así fuera a tres metros de distancia, podría percibirlas, eran lujuriosas y maliciosas.
Los ojos impuros de Uenoshi recorrieron con lupa a Takato —JAJAJAJAJA, ¡ese cabrón! Me dio el producto recién usado, mira nada más todas las marcas que tienes, ahora tendré que hacerte nuevas. – En cuanto dijo esto, dejó caer su pesada mano sobre una de las nalgas, dejando una marca escandalosamente visible de su silueta.
—¡AAAAAAAH! – gritó desde el fondo de sus entrañas, el vomito se había ido, pero no los temblores, ahora malestar y dolor le invadían, pero justo cuando iba a gritar por auxilio una de las servilletas de tela fue amarrada a su boca. —¡agh,fdf….! Alguien, por favor, ayúdenme, ayúdenme… - gritaba en su interior con desesperación, las lágrimas de impotencia seguían cayendo.
Uenoshi limpiaba las gotas de sudor de su frente —Deja de hacerte el difícil, al final no eres más que un omega basura, que solo sirve para que le llenen el agujero y parir – pronunció con desprecio al tiempo que le separaba sus piernas.
¡PUM! En ese instante la puerta fue derribada y parados frente a esta estaban el líder del clan Ayagi junto con Chihiro, Usaka, Himura y Azumaya, en cuyos ojos ardía un fuego aterrador. Los otros tres inesperados invitados estaban con semblantes sorprendidos sin saber que hacer o decir. La escena les había tomado descolocados, ¿cómo era posible que Uenoshi intentara ultrajar al omega de Himura?, ¿acaso quería morir?
Por otra parte, Takato permanecía boca abajo, amordazado e inmovilizado, lucía lamentable y al borde del colapso, mientras que Uenoshi se había quedado congelado sin saber qué demonios estaba pasando; de pronto, las ideas se conectaron en su cabeza y con el rostro hirviendo de ira gritó: —¡¿QUÉ DIABLOS HACES AQUÍ?!, NO QUED…. – ¡PLAF! Un puño bestial se estrelló contra su gorda mejilla, que ante el silencio sepulcral resonó potente e incluso amplificó el sonido del hueso partiéndose. Las feromonas agresivas y opresivas que desprendió eliminaron todo rastro de las del viejo, solo furia corría por sus venas.
Como un animal, Himura atacó a puño limpio hasta volver puré el rostro de Uenoshi, ya no había más que una masa de sangre y carne. Se puso de pie y pateó hasta que no hubo más huesos que fracturar.
Mientras la violenta escena transcurría, Junta corrió hasta Takato, contemplando las marcas que tenía por todo su cuerpo, desató los vendajes con premura y cubrió su cuerpo con su abrigo y le tomó entre sus brazos en un abrazo cálido y protector.
Takato le miró y sus hermosos ojos azules se abrieron escandalosamente cuando identificaron las orbes verdes —¡No… no me veas! – pronunció agitado y avergonzado — no me veas… por favor…
Junta le miró con una expresión indescifrable, pero sus ojos reflejaban preocupación, tristeza y furia, esta última cuando posó la vista en las marcas del abuso —Shh, ya estás a salvo, justo aquí entre mis brazos – susurró Junta en los oídos de un Takato descompuesto. Se puso de pie y salió de la habitación para llevarlo al pasillo, lejos de los ojos curiosos, feromonas de muerte y sangre.
—Chu, Chunta… Es… es un monstruo… - susurró Takato hundiendo su cabeza en el pecho del castaño incapaz de contener sus temblores y llanto —me vendió… y… ese, ese cerdo puso sus… hic, hic… - dijo apretando su abrigo.
—Takato san… me parte el corazón verte así, quisiera poder borrar todo tu dolor. Pero por ahora, solo permíteme sostenerte, te prometo que te liberaré, te lo prometo – pronunció Junta aferrándose al pequeño cuerpo, depositando tiernos besos en su frente, sintiendo cómo el otro se dejaba confortar cual niño pequeño.
—Liberarme… la última persona que me dijo eso casi termina con la vida de mi hija y la mía – respondió el ojiazul con la voz cada vez más apagada debido a la conmoción.
—Yo jamás te lastimaría, ni a tu hija, ¡JAMÁS! Te lo dije desde la primera vez que te vi… tú mueves mi alma, es como si una fuerza más grande que la gravedad me atrajera a ti, eres a quien siempre he estado buscando y esperando. Takato, me tienes en la palma de tu mano y me convierto en arcilla lista para que tú la moldees a tu antojo. Ponme a prueba, no me alejes, por favor dame la oportunidad de demostrarte que soy sincero, que mis sentimientos no son vanos.
Cada palabra de Junta le hizo estremecerse, pero en esta ocasión no era de terror, sino debido a la increíble calidez que sintió fluir desde el centro de su cuerpo hasta la punta de sus dedos y cabello, como un claro manantial que mueve sus aguas con calma.
—Es mentira, demasiado bueno para ser verdad – dijo con incredulidad.
No quería dejarse llevar, no quería creerle, porque de hacerlo los sentimientos que estaba reprimiendo se desbordarían sin freno alguno y seguro estaba que, al hacerlo, no daría paso atrás. No podía percibir sus feromonas, pero eso no había impedido que él mismo estuviera completamente absorto en el castaño, pues también sentía una atracción inexplicable. Dos semanas habían pasado desde su encuentro en el acuario y no había vuelto a contactarle, pero ahora… ahora…
Debido a la intensa experiencia vivida, Takato se dejó vencer por el cansancio. A lo que Junta solo atinó a acunarlo con mayor cuidado, procurando que estuviera lo más cómodo posible. —Escúchame con atención, yo cuidaré a ambos, no miento. Cumpliré mi palabra. – un "hmm" salió de la boca del inconsciente, boca que fue sellada con un beso suave y delicado.
Mientras ambos estaban en su propio mundo, los hombres dentro de la sala privada lidiaban con la situación.
—Chihiro, dile a nuestros hombres que vayan por los de Uenoshi. Ha violado nuestros códigos de honor y esta noche el Clan morirá, a menos que el nuevo Oyabun mande otra cosa.
—Sí padre, lo que usted ordene.
En cuanto Ayagi hijo salió de la sala, caminó por el pasillo y echó un último vistazo a la escena que se presentaba en uno de los sillones ubicados en el fondo. Su mirada estaba dirigida hacia Takato que yacía inconsciente en los brazos de Junta — Tssh, esto es una mierda – soltó antes de finalmente irse.
—Himura san, ese hombre ya está muerto, mejor atienda a su esposo. – Habló Usaka tomándolo por los hombros. Ayagi padre lo miró asintiendo y se quitó de la puerta para dejarle pasar.
Himura buscó con la vista a Takato, encontrándolo inconsciente en los brazos del castaño, cosa que no le gustó en absoluto.
—Veo que pronto corriste por MI esposo – pronunció el de ojos ámbar recalcando el "mi" al tiempo que le quitaba la preciada carga de sus brazos. En cuanto lo tomó, comenzó a besar su rostro, notando la marca de una mano en esta y el labio partido, frunciendo el ceño ante esto.
—Claro, usted corrió por Uenoshi en primer lugar, impaciente por silenciarlo, era lógico que yo atendiera a la víctima. Todo sea por ayudar a mi Hermano – respondió Junta alegando a su alianza fraternal con el rostro imperturbable.
—Ja, pues gracias, ahora yo me haré cargo.
—¿Aún sigues aquí? – interrumpió Usaka – Ya vete hombre y llama a tu médico para que lo revise y de paso tus manos.
—Usaka san tiene razón, por ahora vete a casa, yo me encargaré de todo, mañana a primera hora nos reuniremos todos para establecer el destino del Clan Uenoshi, que por derecho, ahora es tuyo – dijo Ayagi padre —… quién diría que Uenoshi, quien fue como un padre para ti, cometería semejante tontería.
—Yo tampoco puedo creerlo, al parecer no puedes confiar ni en tu puta sombra – exclamó Himura, dando una vista rápida a Junta.
—Tiene razón, por eso se debe estar atento en todo momento, no vaya a ser que de la nada un puñal se clave en su espalda – agregó Junta con tono mortífero.
—Basta de charla, adiós, vete – indicó Usaka, a lo que el de ojos ámbar asintió y agregó: —Les dejaré a mis hombres para que ayuden, solo necesito a Hashiba.
Con paso firme Himura caminó hasta el auto, en donde Hashiba le esperaba con la puerta abierta. —¿Todo en orden señor? - preguntó el hombre.
—Perfecto, Hashiba. Ahora solo queda esperar por el fruto del trabajo. Ah… también llama a Nakata, dile que lo espero a las 8:00 pm en el bar "Akai kisu" veamos cómo se está moviendo Azumaya kun.
—Entiendo, así lo haré. Felicidades por su logro Jefe. Adentro hay toallas húmedas para que se limpie la sangre – indicó cerrando la puerta caminando hacia el asiento del copiloto.
Todo el trayecto fue silencioso y media hora después ya estaba en casa. Con cuidado ingresaron a la residencia y en la puerta esperaba Ramiro, quien al ver a Takato envuelto en un abrigo, con las piernas expuestas y en los brazos de Himura, pensó lo peor. La sangre se le fue al suelo, pero lo más que podía hacer era apretar los puños. En cuanto ambas figuras pasaron a su lado, se animó a preguntar: —Mi señor, ¿le ocurrió algo a Himura sama?
El yakuza no se detuvo y de su boca salió un: "no tengo porqué darle explicaciones a un hafu", y continuó su camino. Hashiba que le seguía detrás, se detuvo ante el moreno y dijo: — No te tomes atribuciones que no te corresponden Tanaka san o debería decir ¿Flores? ¿Qué apellido prefiere el perro mestizo? – soltó con sorna y continuó su camino, dejando a Ramiro con la cabeza gacha y apretando el puño con impotencia.
Poco a poco Takato fue abriendo los ojos, la tenue luz de la lámpara iluminaba al rededor, parpadeó varias veces antes de notar que ya estaba en su habitación. Miró el techo y las lágrimas comenzaron a desbordarse en cuanto recordó lo que había pasado; en eso, unos brazos fuertes llenos de tatuajes le tomaron por la cintura y lo atrajeron hasta acunarlo.
Al sentirlo, un quejido ahogado salió de sus labios seguido por un reclamo — Tú, tú me entregaste, tú me regalaste a ese… a ese cerdo, tú dejaste que me lastimara… po-por- por qué … ¡¿POR QUÉ LO HICISTE?! ¡NO SOY UN MALDITO JUGUETE! ¡ESTABA ATERRADO, ASQUEADO! ¡SI TANTO ME ODIAS ENTONCES DÉJAME! ¡DÉJAME IR! ASÍ NO TENDRÁS QUE VER MI CARA NUNCA MÁS – gritó con todas sus fuerzas, intentando alejarse del mayor a toda costa, jadeaba, temblaba, lloraba; la impotencia le había rebasado — ¡Te odio, eres un maldito hijo de puta, bastardo! – decía entre lágrimas, repitiéndolo una y otra vez — te odio… no tienes consideración alguna, no tienes corazón… te odio, te odio…
Himura lo apretaba con más fuerza hasta que Takato dejó de moverse, gentilmente acarició su mejilla y besó su cabeza —Te equivocas, yo JAMÁS te entregaría a nadie, tú me perteneces, solo yo puedo tocarte, saborearte y estar dentro de ti, pero si te decía el plan lo habrías arruinado con tu mala actuación. Deberías estar contento, gracias a ti ahora el clan Uenoshi me pertenece. Tu esposo acaba de coronarse y tú también te verás beneficiado, por tu buen trabajo te compensaré, Haru podrá ir a una escuela y tú a la universidad, ¿no es eso lo que querías?, ¿ahora puedes ver cuánto te quiero?, así que no digas que me odias, porque yo te amo, mi pequeño y hermoso esposo.
Takato escuchaba cada palabra sin poder creerlo, cada cosa que decía era vomitivo, desagradable —Estás enfermo…
—Sí, tal vez, un gatito callejero me infectó hace años. Toma la responsabilidad por seducirme – exclamó paseando su mano derecha por el vientre de Takato — Ahora voltéate y besa a tu esposo que te acaba de dar un gran regalo. ¡AHORA, DIJE! Contaré hasta tres, sino lo haces olvídate de lo que acabo de decirte – ordenó y amenazó al no tener la respuesta deseada.
Takato quería correr, tomar a Haru y poner miles de kilómetros de distancia, pero no podía, no ahora. La humillación de ser utilizado cual ganado le dolía, pero la visión de Haru viviendo una infancia feliz, llevando una vida escolar normal sin pasarla encerrada 24/7, más la de él mismo asistiendo a una universidad y con ello dejar de ser un ignorante para poderle dar a su hija una vida digna sin depender de nadie, le hizo tragarse su ya inexistente dignidad y orgullo por milésima ocasión. "No se puede humillar a quien ya vive de rodillas" se dijo a sí mismo. Giró su cuerpo, cerró los ojos y besó al diablo, vendiendo así su alma.
Himura disfrutó el tacto, chupando y saboreando cada parte de la pequeña boca sabor a vainilla y metal a causa de la herida. Satisfecho se alejó unos centímetros —Ves, no te cuesta nada ser obediente.
Takato le miró con los ojos vacíos, no contestó, los volvió a cerrar para poder caer dormido y así dejar que la noche se llevara su dolor —Me cuesta, me cuesta y mucho… pero al final, no soy más que un omega basura... Chunta, ¿podrías realmente aceptar a esta basura?
