CAPÍTULO 8

CONOCIÉNDOTE

Después de que Takato diera el sí y mientras Haru se ahogaba en diversión, él y Junta habían estado platicando para conocerse mejor; ya que, si se había comprometido con esta relación, haría todo lo posible para saber más sobre la persona que pretendía ser su pareja y que, citando sus palabras cuidaría de él y su hija.

Al principio fueron cosas banales como: gustos en comida, ropa, color favorito, pero a medida que pasaba el tiempo se sentía más cómodo y relajado al punto incluso de permitirse platicarle sobre los planes que tenía antes de que la desgracia tocara su puerta, porque si bien, desde el principio su vida no había sido fácil, la llevaba del modo que él quería y no al son que alguien más le tocara.

De tanto en tanto la niña corría hacia la mesa, tomaba un poco de jugo les platicaba lo que estaba haciendo, lo mucho que le gustaba y regresaba a la carga.

Takato le contó sobre cuando trabajaba en "Signore", sus compañeros y de cuánto le gustó estar ahí, aún y cuando fuera difícil combinarlo con la escuela, pero al ser abandonado por sus padres necesitaba un ingreso para poder mantenerse, pero esa plática en cuanto a su familia la dejaría para otra ocasión.

El Takato de 17 años poco a poco se dejaba ver entre cada línea, como si nunca se hubiera ido, sino que solo había permanecido oculto, enterrado en las profundidades de su alma, protegiéndose. El brillo en sus ojos centellaba, el entusiasmo en su voz era notorio por la manera en la que iba aumentando de volumen y eso tenía fascinado a Junta que le escuchaba con atención.

Takato también le dijo cómo conoció a Himura y la manera en la que acabó como su esposo, omitiendo los detalles de su violación y confinamiento.

Su inocencia y sueños le habían sido arrebatados de la noche a la mañana y eso había dado como resultado el nacimiento de una nueva persona un tanto temerosa, reprimida, resignada, pero que de cierta forma no había abandonado su espíritu combativo y el anhelo de salir de todo lo malo.

—Debió ser muy duro para ti. De pronto te manifestaste como omega y terminaste embarazado. Eras tan pequeño, ojalá hubiera llegado antes a ti – pronunció Junta al tiempo que le acariciaba el dorso de su mano.

—Sí, fue duro… pero si hubieras llegado antes no tendría a Haru en mi vida.

Junta estaba muy metido en la conversación y le resultaba interesante que pese a lo que Takato había sufrido se entregara por completo a la crianza de una niña que había sido producto de una relación no consensuada. Cuando le conoció fue evidente que la relación que él tenía con Himura no era la mejor, pero nunca imaginó que la historia que había detrás de ellos fuera tan turbia.

—Seguramente me estaré excediendo con esta pregunta, pero, alguna vez ¿pensaste en no tenerla? – preguntó mirando a Haru a lo lejos. Para él era lo más lógico después de enterarse de la situación; sin embargo, pronto se arrepintió de haber dicho algo tan insensible y estúpido. —¿Acaso pretendes hacerlo sentir mal y arrepentido de tenerla?... eres un idiota Junta. Takato san, lo siento, no debí decir eso - corrigió apenado.

Takato se tensó en cuanto las palabras llegaron a sus oídos, la ira que surgió de la boca de su estómago fue extendiéndose a todo su cuerpo, estuvo a punto de soltarse de sus manos y gritarle, pero eso habría sido hipócrita de su parte porque la realidad era que él lo había pensado desde el momento que el doctor dijo la oración que terminó por destruir la poca esperanza que le quedaba.

CINCO AÑOS ATRÁS

Cuando Himura dio la orden de encerrarlo para "domesticarlo", lo habían llevado a un cuarto vacío y oscuro, las paredes eran lisas, sin ventanas, se sentía frío y terrorífico. El único aire que se filtraba era el que provenía de la rendija bajo la puerta, el aroma estaba cargado de un olor extraño, como algo podrido y con sangre. Fue entonces que cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, pudo enfocar una figura en el fondo, estaba atada de manos y pies con pesados grilletes, cubierta de heridas que no habían sido atendidas y de las que brotaba pus mal oliente. Parecía un muñeco sin vida, que había pasado mucho tiempo ahí, pues al estar más cerca de este, el aroma a orines y heces golpeó con violencia sus fosas nasales provocándole violentas arcadas que terminaron cuando se volvió a un lado y vació su estómago de líquidos gástricos.

Una vez medianamente recuperado, cubrió su nariz y con cuidado sacudió el hombro del sujeto ante él. El cuerpo se retorció y comenzó a gritar.

—¡SÁQUENME DE AQUÍ! ¡YO NO LO HICE! ¡SÁQUENME! ¡POR FAVOR! YO NO LO HICE… YO NO LO HICE.

Su voz era lastimera y desesperada, Takato corrió a la puerta, la pateó intentando tirarla, pero se hacía más daño a sí mismo, pues sus pies estaban descalzos y lo único que vestía era la fina pijama que le había colocado el yakuza.

Buscó a ciegas la perilla, pero no había ninguna, la puerta solo se abriría por fuera. Los gritos de la otra persona no cesaban, le hacía doler la cabeza, los oídos le zumbaban y un calor que creyó se había ido, volvió a azotar nuevamente sus sentidos.

Se abrazó a sí mismo, mentiría si dijera que no estaba terriblemente asustado, pero aún tenía la esperanza de que en cuanto la puerta se abriera, saldría corriendo y se alejaría de toda la mierda que lo rodeaba. Apretó los dientes y aguantó la picazón que sentía en su parte trasera, al parecer el espacio que ya conocía el placer de ser tomado lo estaba torturando, pidiendo ser atendido.

No supo cuánto tiempo transcurrió, pero para cuando volvió en sí, todo estaba nuevamente en silencio, él continuaba pegado a la puerta y el gruñido insistente de su estómago le recordaba que no había comido nada desde que se había preparado para ir al trabajo.

Decidió ignorar todo y reservó su energía para cuando pudiera salir. Los días pasaron, al parecer una semana y media había transcurrido desde su encierro, la persona que había estado haciéndole compañía fue retirado en algún momento que no recuerda. El celo había pasado y sin duda esa experiencia la recordaría como de las más dolorosas en su vida.

Cada cierto tiempo Hashiba le hablaba tras la puerta y le preguntaba si había tenido suficiente y sería obediente, recibiendo como respuesta un golpe en la puerta seguido de un: "vete a la mierda".

—Mientras más rápido aceptes a Himura sama, más pronto saldrás de aquí. Solo una palabra tuya será suficiente, podrás tomar un baño, dormir en una cama suave y comer bien.

—…

Hashiba perdía la paciencia. —Eres afortunado de que el amo se fije en un omega recesivo y sin clase como tú.

Ahí está… mostrándome su desprecio y quien realmente es.

—No sé qué demonios ve en ti. Si tantas ganas tienes de morir entonces muere de una vez y desaparece de nuestras vidas.

No, no moriré. No les daré ese gusto. -pensó —¡Si tanto quieres que desaparezca entonces sácame de aquí, así te aseguro que no me verás de nuevo! – respondió con la poca energía que le quedaba.

—Sigue soñando. Mi señor siempre obtiene lo que quiere. Mientras disfruta tu jaula, gato de cuarta.

El sonido de los zapatos alejándose fue lo único que escuchó y así las horas volvieron a pasar.

El alimento que le daban por debajo de la puerta consistía en ¼ de arroz y 1 vaso de agua al día, lo que apenas lo mantenía con energía. No sabía si era el estrés, el nauseabundo aroma del cuarto o ambas, pero después de una semana, todo alimento que ingería era vomitado.

Estaba agotado, cada segundo su fuerza era drenada de su cuerpo, hasta que al final no lo soportó más y colapsó. No supo en qué momento perdió la conciencia, pero después de eso el sonido de una voces a la distancia lo despertaron. Sus parpados pesaban y sus ojos intentaban acostumbrarse a la claridad. Una vez totalmente despierto echó un vistazo al cuarto en el que se encontraba, era un hospital, que en apariencia lucía costoso.

Una intravenosa se encontraba en su mano izquierda, su muñeca estaba decorada con una pulsera con sus datos como paciente.

—Cierto, me desmayé… - susurró para sí mismo.

De nuevo el murmullo de las voces se dejó oír, dirigió su atención hacia la puerta siguiendo el sonido. Ahí vio a tres figuras de pie, reconociendo al yakuza que lo secuestró, al doctor y al sujeto que siempre acompañaba al de ojos dorados, quien ahora le había notado y lo miraba con hostilidad.

Entonces, tanto el rostro de Hashiba como el de Takato se distorsionaron cuando el doctor departió.

—Aquí tengo los resultados de los estudios que se le hicieron al chico y lo principal que tengo que informarle es: ¡Felicidades Himura san, pronto será padre! Su omega tiene dos semanas de embarazo.

—¡¿Qué fue lo que dijo?! – exclamó Hashiba aturdido.

—¿Está seguro de eso? - preguntó Himura con seriedad.

—Absolutamente Himura sama. Los estudios de sangre lo confirman. El paciente presenta desnutrición y deshidratación. Por ello le hemos colocado suero e inyectado vitaminas. De ahí en fuera todo está en orden, si sigue una dieta adecuada y descansa apropiadamente, en unos días estará como nuevo. No permita que vuelva a colapsar porque si no el bebé se vería afectado, lo canalizaré con un obstetra y con él acordará sus citas para llevar el control prenatal, además…

La voz del doctor fue disminuyendo, solo un constante pitido quedó en sus oídos. En cuanto escuchó la palabra "embarazo", la sangre que corría por sus venas fue drenada hasta la última gota, dejó de respirar y un rictus de desesperación e incredulidad se formó en su rostro. Takato no podía creer lo que le estaba pasando. Cerró los ojos y apretó las sábanas de la camilla con fuerza, lastimándose con la aguja insertada en su mano.

Se repetía una y otra vez que todo era una pesadilla y que pronto despertaría, estaría en su departamento, iría a la escuela, el trabajo y todo seguiría como siempre, volvería a ser un beta sin preocuparse por el temido celo; sin embargo, en cuanto volvió a abrir los ojos lo único que pudo ver fue la cara sonriente de su secuestrador que hablaba animadamente con el doctor.

Su boca formó un puchero y cuando menos lo pensó, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, primero fueron pequeñas gotas, pero tras unos segundos se convirtieron en ríos surcando sus mejillas. Su cuerpo comenzó a convulsionar y un ataque de pánico le continuó.

—¡OH! No, no, no…. Tranquilo hijo, respira lento. Así, despacio – decía el doctor, pero Takato no lo escuchaba, no podía estabilizarse y el pecho le dolía.

No por favor, esto no puede ser real. Por favor que alguien me despierte ¡ahora! No lo tendré, este niño no debe nacer.

TIEMPO PRESENTE

—Takato san, Takato san. Olvida lo que dije, por favor – llamó Junta con insistencia, tomando su pequeño rostro entre sus manos.

Takato levantó la vista y su mirada que se había perdido en un momento, volvió para enfocarse en las joyas verdes que lo examinaban con atención. Tras unos segundos abrió la boca y dijo:

—Sí, lo pensé, pero no solo eso… intenté deshacerme de ella por todos los medios a mi alcance. Cuando dejé de comer, me pusieron un tubo para alimentarme, cuando golpeé mi vientre, me amarraron y cuando perdí toda voluntad; entonces, me colgué anudando todas las corbatas y cuando estaba a punto de lanzarme del balcón, él me detuvo y pasé más de la mitad del embarazo esposado a la cabecera de su cama vigilado 24/7. Odiaba en lo que mí vida se había convertido, odiaba llevar dentro de mí al hijo del maldito que me había violado, pero entonces en mi revisión del quinto mes, cuando el doctor colocó el gel en mi panza, la criatura comenzó a moverse como nunca lo había hecho antes, como si quisiera llamar mi atención; así que, por curiosidad giré mi cabeza para ver el monitor… y entonces la vi.

Junta no perdía detalle de sus palabras y expresiones faciales, la historia lo mantenía al filo de su asiento. Por un momento sintió culpa recorriendo su interior, Takato le estaba confiando algo muy privado que no sabía si era prudente que lo supiera, pero al mismo tiempo le parecía fascinante, pues eso le ayudaba a conocerlo y entender mucho del porqué de su conducta y carácter, por supuesto que eso último no se lo diría. Habría sido grosero de su parte decirle que admiraba su determinación cuando esta había sido aplicada para terminar con su propia vida.

—Takato san, ya no tienes que decirme nada más, de verdad.

—¿Por qué?, ya viene la mejor parte – sonrió con confianza. A lo que Junta regresó el gesto —Te decía: cuando la vi en el monitor, pasó algo que solo puedo llamarlo como "mágico"; de pronto, ella dejó de moverse y una de sus manitas se levantó como si saludara. Un escalofrío me recorrió por todo el cuerpo, pues el ser al que constantemente había intentado eliminar estaba ahí, pidiendo que lo reconociera. Era fuerte, se había aferrado a mí con todo lo que tenía y no quería irse. En ese instante comencé a llorar, todos los malos sentimientos estaban siendo barridos de mi cuerpo, sus latidos acelerados llegaron a mis oídos y entonces lo supe: Ella no era culpable de nada y dependía completamente de mí para sobrevivir. Me di cuenta de que todo el odio y frustración que sentía estaba siendo mal canalizado; pues, aunque el bebé llevara la sangre de él, también tenía la mía, mi abuelo estaba muerto y mis padres se habían desentendido completamente; por lo que ella solo me tenía a mí y yo a ella, éramos familia. Mentiría si te dijera que la amé de inmediato, pero me dio un motivo para seguir con vida. A partir de entonces comencé a comer de buena gana, leí libros sobre maternidad, escuché música para bebés y le conté cuentos. Poco a poco mi lado maternal fue floreciendo, así como mi cariño.

—Ah, seguro que te veías adorable con tu pancita redondita y abultada – afirmó Junta emocionado riendo tontamente, la visión de un Takato embarazado danzaba en su imaginación. El ánimo que por un momento se había visto comprometido había cambiado para bien.

—Tengo algunas fotos, te mandaré unas si te interesa – comentó Takato un poco más relajado.

—¡Me interesa mucho, muchísimo! – respondió de inmediato como si la oportunidad se le fuera a ir si no contestaba en el acto. — Bueno, sígueme contando; entonces se llegó el momento del alumbramiento.

—Sí, al sexto mes una hermosa bebé de casi 2 kilogramos estaba entre mis brazos. Me habían dicho que los omegas tenían bebés más pequeños que los beta pero no lo creía, igual terminé por comprobarlo cuando la vi. Era tan chiquita, frágil y por primera vez en mucho tiempo lloré de pura alegría. Me enamoré de ella, la amé como a nada en el mundo. Por eso nombré Haru a mi niña, con el kanji de primavera. Himura para mi representa el invierno: frío, terrible, muerto, cuando perdí todo; en cambio Haru me trajo la primavera con hermosos y vivos colores, me revivió – expresó emocionado.

—Créeme, hasta un ciego podría ver cuánto la amas. Gracias por contármelo me hace sentir importante. Te atesoraré y haré feliz, a ti y a Haru chan. Si ella es tu primavera, entonces yo seré tu verano: ardiente de pasión por ti, cálido hasta el punto de derretir cada parte de tu cuerpo y corazón, ah y con una dosis inconmensurable de diversión – señaló el ojiverde.

—Jajaja, basta con eso… creo más en las acciones que en las palabras.

—Entonces no descansaré hasta que mi señor esté satisfecho con mis hechos – dijo Junta besando las suaves manos del otro.

—Agh… no me llames así, ni gatito. Lo odio – pidió soltándose de su agarre y haciéndose hacia atrás cuando vio que Haru se acercaba a ellos.

—De acuerdo, tus deseos son órdenes "cariño mío".

Takato abrió muy grandes los ojos y dijo: —Acaso eso fue… en ¿español?, ¿sabes español? ¿qué significa?

—Sí, lo es, yo también tengo un pasado. Ahora es tu turno para interrogarme – dijo tomando otro sorbo a su café.

—Dijo cariño mío mami – pronunció Haru en japonés mientras tomaba un pedazo de papa hash Brown que aún quedaba en su plato y lo metía a su boca.

—¡¿QUÉ?! – por un instante la temperatura se le subió al rostro y para intentar cambiar de tema exclamó: —No princesa, no lo lleves a tu boca traes las manos sucias – corrigió Takato de inmediato tomando gel y servilletas para limpiarla.

—Perdón mami.

—¡Haru chan! ¿cómo es que sabes español? – preguntó Junta gratamente sorprendido.

—No se mucho, solo poquito – dijo moviendo su manita que no estaba siendo atacada por la servilleta — Ramiro san me enseña y hay una canción que siempre escucha que se llama así y suena el mariachi.

—Oh, por lo que veo Ramiro san es alguien increíble y tú muy inteligente – le aduló Junta.

—Sí, ella lo es y mucho – pronunció orgulloso Takato.

—Sí, Ramiro habla gracioso, juega conmigo y cuida a mi mami y a mí. Es bueno, lo quiero.

—¿Y me quieres a mí también Haru chan? – preguntó socarrón Junta ante la atenta mirada de Takato.

—mmm… - volteó con Takato preocupada de dar una respuesta incorrecta.

—Por favor no pongas a mi hija en aprietos – suspiró el ojiazul.

—Tienes razón, creo me dejé llevar por la emoción. Perdón Haru chan.

—No, mmm eres mi amigo… pero…

—Pero necesitas conocerlo mejor para poder decirle "te quiero", ¿no es así? – le ayudó Takato.

La pequeña asintió un poco cohibida.

—Eso podemos arreglarlo. Quiero que pienses en otro lugar al que te gustaría ir y me lo digas. Así la próxima vez tu mami tú y yo iremos. ¿te parece?

—Sí, eso me gustaría ¿puedes invitar también a mi papi? – preguntó inocentemente.

En cuanto dijo eso la cara de Takato se congeló, en su egoísmo había olvidado que, para Haru, Himura era un maravilloso padre y lo amaba. ¿Cómo se tomaría el hecho de que en un futuro se alejaría de él para siempre?, ni siquiera quería imaginarlo.

Junta que le miró de reojo leyendo con facilidad lo que su mente estaba pensando. Y con la mejor de sus sonrisas le contestó con un cálido "sí".

La niña, satisfecha con la respuesta volvió para disfrutar de los juegos. Takato le advirtió que solo sería por un rato más; ya que habían pasado en el lugar dos horas aproximadamente casi sin darse cuenta.

—Takato, por favor no te preocupes, cuando vea quien es su padre en realidad, dejará de quererlo y será mucho más fácil alejarse de él.

Takato, sorprendido por sus palabras le miró con el ceño fruncido.

—¿Qué te hace pensar que deseo que mi hija lo sepa? Eso solo la lastimaría.

Junta, ante las contundentes palabras, supo que había cruzado la línea por segunda vez e intentó corregirse de inmediato.

—Lo siento, creo que ahora esa será la frase que me represente – dijo con el rostro desanimado. —Solo quería que no te mortificaras. Pierde cuidado, entre los dos cuidaremos de ella, aparte sabemos que no estaremos juntos de inmediato, aunque lo deseemos. Cuando llegue el momento sabremos como manejarlo.

—Lo sé, solo tratas de ser considerado… disculpa por exaltarme… a todo esto, ya que es mi turno de preguntar: ¿cómo es que terminaste siendo un jefe yakuza?, ¿dónde estabas? por lo poco que me he enterado tienes apenas unos meses de haber llegado y eres muy joven aún.

—Me halagas, pero no soy tan joven, tengo 28 años y cómo terminé aquí… Bueno, esa es una larga historia. Igual no pretendo seguir con esta vida, apenas arregle unos asuntos pendientes dejaré esto; además, quiero ofrecerte a ti y a Haru una vida tranquila, ¿acaso no te gustaría eso?

—Con eso último de pronto me pareciste más atractivo – soltó Takato con una risa fresca.

—Entonces me esforzaré por ser irresistiblemente atractivo para ti – dijo mirando hacia los juegos para cerciorarse que la niña no viera, y en un parpadeo se inclinó hacia adelante para besar a Takato.

Su lengua, que había permanecido quieta, se movió impulsada por el deseo. Lamió traviesamente los labios que le aceptaban y saboreó tan rápido como pudo. Takato le empujó con su mano levemente el pecho, necesitaba respirar y controlarse.

—Suficiente, no trates de envolverme y evadas la pregunta – recriminó ladeando su rostro para que no viera su vergüenza.

—Oh, no lo hago. Es solo que no podía desaprovechar la oportunidad – dijo sin pena alguna. —Entonces, déjame contarte un poco sobre mí. Por dónde estaría bien comenzar – pronunció con rostro pensativo — nací el 11 de noviembre aquí en japón, mi madre falleció durante el parto, pero antes de pasar a la otra vida le pidió a mi padre que me mantuviera fuera del mundo yakuza. Ella era mitad Española, así que apenas cumplí los tres meses de vida, me pusieron en un vuelo rumbo a Europa para vivir con mis abuelos maternos. Mi padre iba a visitarme siempre que podía y jamás me habló de su trabajo, viví una vida muy cómoda, calidad y sin preocupaciones. A los 14 años me enteré por pura casualidad a qué se dedicaba mi padre y el motivo por el que jamás me traía aquí a Japón. Entré a la universidad teniendo en mente manejar en un futuro los negocios familiares, ahí conocí a mi mano derecha y mejor amigo Sasaki Takumi.

—Oh, sí la persona de lentes que siempre te acompaña.

—Sí, él. Es una gran persona y accedió a apoyarme en esto.

—Entiendo. Lamento lo de tu madre – susurró Takato apenado.

—Gracias, la verdad es que no tengo recuerdos, era un recién nacido cuando partió, pero gracias a mis abuelos y padre pude desarrollar afecto por ella. Lamento su muerte, pero no es algo que me perturbe tanto; en cambio la de mi padre… esa es otra cosa.

Su rostro que había permanecido animado de pronto se volvió frío y serio, apretó la quijada y frunció los labios. Takato pensó que tal vez no debería seguir indagando, pero antes de que algo pudiera salir de su boca, el castaño continuó.

—Me enteré por una llamada anónima que mi padre había fallecido, hasta la fecha desconozco quién me habló, pero le estoy muy agradecido. En cuanto recibí la noticia viajé hasta aquí con la intención de hacerme cargo del Clan, sabía que mi padre me había escondido por años y que nadie sabía de mi existencia, pero simplemente no podía permitir que el trabajo de su vida quedara en manos desconocidas. Me presenté ante todos, me sometí a una prueba de ADN para comprobar mi identidad ante los Clanes y bueno, ahora soy el Oyabun del Clan Azumaya.

—Ya veo, ahora todo tiene sentido. Nunca tuve el placer de conocer a tu padre, pero he escuchado que era un gran hombre, lamento su muerte. Solo aclárame una cosa, ¿dices que estás aquí porque no querías que un desconocido se hiciera cargo, pero igual piensas abandonarlo?

—Gracias, yo también lo lamento. Ahora ya sabes más de este insistente hombre – dijo señalándose a sí mismo — Contestando tu pregunta, es justo como dices. Cumpliré el deseo de mi madre de no estar inmiscuido con la mafia. Parte del trabajo de Clan Azumaya es lavar el dinero del Clan Himura, pero los restaurantes y bares son completamente legales. Lo que pretendo al tomar el mando es asegurarme de que mi apellido no vuelva a ser vinculado al bajo mundo y en cuanto logre eso, tú, yo y Haru nos iremos a donde quieras.

—Eso se escucha como un buen plan, pero ¿cómo piensas ayudarme a mí y a mi hija a salir de aquí? – preguntó muy interesado — antes de venir tenías todo lo que querías lograr visualizado, pero ahora en tu camino estamos nosotros, ¿por qué tomarte la molestia de cargar con más? Conozco a Himura y él jamás nos dejara ir, nunca.

—Mis planes siguen siendo los mismos, solo agregué otra cosa a mi lista de deseos. Para nada es una molestia incluir en mi vida a ti y Haru, no son una carga, son mi alegría. Y no te preocupes por nada, te puedo asegurar que ustedes serán libres. Solo se paciente – finalizó Junta.

Takato por su parte aún tenía muchas preguntas en mente, pero lo dejaría para después y por el momento tomaría el consejo que el ojiverde le daba: no más preocupaciones, al menos por ahora; ya que, lo que había podido ver desde que lo conoció y hasta ahora, era a alguien bueno, honesto y de palabra; así que, se permitiría tener esperanza.

—Ramiro me está marcando, contestaré, vuelvo enseguida.

—Oh no, quédate aquí, a mí también me está llamando Sasaki, iré por allá a contestar.

Ante el asentimiento de Takato, Junta se retiró.

—Hola, ¿pasó algo Ramiro?, no me asustes por favor.

[—Tranquilo patrón, bueno… no lo esté tanto. Necesita regresar ahora, ya casi son las 12 y aquí van a servir la comida para los miembros que se encuentran reunidos; además, Hashimiau ha estado preguntando por usted y la patroncita, temo que en cualquier momento se le bote la canica, salga y se dé cuenta que no están.]

—Entiendo, Ramiro. No te preocupes iremos para allá enseguida, tardaré 30 minutos aproximadamente, por favor cúbreme.

[—Ya sabe que sí patrón, pero en serio, no tarde.]

—No, ya salgo.

Takato colgó de inmediato y con una seña le indicó a Junta que se acercara, este también terminaba de hablar con Sasaki, quien le informaba acerca de lo mismo.

—Al parecer nuestro tiempo se ha terminado – dijo Junta con una cara entristecida.

—Sí, ni lo sentí. – sonrió - Iré por Haru.

—Yo iré por el auto para recogerlos en la puerta – indicó Junta, pero antes de que se fuera, Takato le detuvo del brazo. — ¿Necesitas algo?

—No, solo quería darte las gracias por obsequiarnos a mi nena y a mí una mañana tan agradable.

—Por favor Takato san, para mí ha sido todo un placer. Espero pronto podamos repetirlo.

—A mí también me encantaría – dijo sonrojándose.

—Aahh… - suspiró. —Juro que si vuelvo a verte con ese precioso tono rosado en tus mejillas te atacaré, así que mejor me apresuro por el auto.

Takato al escucharle dio un respingo y lo liberó de su agarre.

—Ve, ve. No perdamos más el tiempo.

Los minutos pasaban y unas cuantas gotas adornaban como corona la frente de Ramiro. Este permanecía inmóvil en la puerta de la casa con un ojo en el carro donde se suponía debían estar Takato con la niña y el otro ojo en el largo pasillo que llevaba hasta el gran salón donde los jefes estaban reunidos. Habían pasado 20 minutos desde que cortó la llamada y podía ver cómo de pronto el movimiento se reanudó en la mansión cuando las puertas que esperaba hubieran permanecido cerradas por más tiempo, se abrieron.

—Mierda, me lleva la chingada – murmuró entrando a la casa y avanzando por el corredor. Saludó educadamente a quienes veía a su paso; de pronto un rostro conocido le hizo detenerse en seco, era Hasegawa — ¡Waka gashira!

—¿Por qué la prisa Tanaka? – preguntó con voz aburrida — ¿necesita algo el señor o la niña?

—Ah, no. Solo venía a… hacer tiempo… preguntar cómo les había ido – pronunció animadamente rascando su cabeza.

—Tú no tienes nada qué hacer aquí. ¿Cuántas veces te tengo que repetir cuál es tu lugar? Basura hafu.

La voz gélida de Hashiba se dejó escuchar detrás de Hasegawa, quien apenas giró la cabeza para ver al otro hombre.

Pinche pendejo lame culos, si ya te traigo ganas cabrón. Pero un día, ya verás, voy a partirte el pinche hocico de víbora que tienes.

A Ramiro le hervía la sangre, Hashiba nunca desaprovechaba la oportunidad de humillarlo, pero tenía que aguantarlo por el bien de Takato y él mismo.

—Que audaz comentario para uno de los nuestro Hashiba san. Solo le recuerdo que el encargado de los miembros del Clan, soy yo y quien los disciplina también. Por favor no cruce mi línea – dijo el de lentes con firmeza, que, si había algo que le molestaba, eso era que otros se metieran en su jurisdicción.

—Entonces debería hacer un mejor trabajo disciplinando a los perros – se acercó a su oído y le susurró: —Podrás tener el control de los miembros, pero que no se te olvide que el que firma tus cheques soy yo.

Ramiro se sentía nervioso por la afrenta que había surgido, pero más nervioso estaba por saber de su patrón; por lo que estaba agradecido de que se quedaran en su lugar, pues el tiempo corría dándole a Takato y Haru la oportunidad de volver al auto.

La actitud de Hashiba era una patada en los huevos para él, pero si quería seguir haciendo tiempo debía aguantarlo y ponerse de tapete un poco más.

—¿Qué demonios pasa aquí? - Ahora era Himura quien se les unía. —Tanaka, deberías estar cuidando a mi esposo e hija.

—Lo siento mi Señor – dijo haciendo una profunda reverencia — solo me sentía curioso por cómo había salido todo.

Himura lo miró con ojos entrecerrados, la actitud de Ramiro le parecía sospechosa. El hombre nunca descuidaba su labor como guardaespaldas y verlo fuera de su área era una acción inusual que no podía pasar por alto. Tenía pensado ir a ver a Takato y Haru en cuanto saliera, pero ahora esa intención se intensificó. —Muévete. ¿Siguen en el auto?

—¿Qué mi señor? – preguntó sabiendo que eso le podía costar una paliza.

—¿Acaso aparte de imbécil estás sordo? Quítate de mi camino – ordenó con voz de mando alfa.

Las palmas de sus manos callosas sudaban y su corazón se aceleró. Ramiro no podía hacer más tiempo. Movió su cuerpo hacia un lado abriéndole el camino, su cerebro trabajaba a mil por hora tratando de pensar en algo que le permitiera atrasarlo un poco más, pero nada se le venía.

Las zancadas de Himura se hicieron más amplias, feromonas violentas se mezclaban con el aire, y en un instante el hombre tomó la manija plateada del Rolls Royce listo para arrancarla.

—¡Mi señor, espere, no puede abrir de pronto! aquí afuera está muy frío y el aire helado puede hacerle daño a…

—¡QUÍTATE! – Himura aventó a Ramiro hacia el suelo — vuelve a estorbarme y te mando azotar.

Dicho esto, el de ojos dorados abrió la puerta como si quisiera arrancarla, encontrando adentro a una pequeña jugando con su ipad y a un Takato leyendo "Kagairi naku toumei ni chikai buruu" de Ryu Murakami.

Este último se giró en cuanto sintió el aire helado mezclado con las feromonas salvajes colarse y con voz tranquila y rostro serio le habló: —¿Podrías cerrar la puerta?, tenemos frío y elimina tus feromonas, podrías lastimar a Haru.

—¡PAPI! – gritó animada la pelinegra ignorando su tableta y pidiendo ser levantada.

Himura, que por un momento se había puesto tenso al pensar que no estaban, se fue relajando, las feromonas desaparecieron en un instante en cuanto entró al auto y cerró la puerta. La niña se le fue encima y le llenó de besos con olor a chocolate, los cuales fueron bien recibidos por él.

—¿No se han bajado para nada? – preguntó viendo con ojos escrutadores a Takato.

—No, sí nos hemos bajado dos veces al baño – respondió con cara de poker, aunque por dentro los nervios le estuvieran comiendo, pues al mirar a Haru pudo notar como la pequeña se tensaba un poco ante la pregunta —Lo siento mi bebé… por favor, no digas nada. – pensaba mortificado por exponer a su hija a esta situación.

—¿Ya comieron? – él sabía que era así, pues Ramiro había enviado fotos de ello, pero su sexto sentido le decía que algo no estaba bien y lo averiguaría. Esta vez a quien interrogaba era a la pequeña —Haru, mírame princesa. ¿Qué fue lo que comiste?

La niña no decía nada, agachó la cabeza y Takato pudo ver como intentaba con todas sus fuerzas cumplir la promesa que había hecho con él unos minutos atrás y eso le estrujaba el corazón, la había dejado contenta y ahora parecía un cachorrito asustado con la cola entre las patas.

FLASHBACK

—Haru, necesito que escuches muy bien lo que tengo que decirte. ¿Me pones atención, por favor? – pidió Takato asomando su cuerpo hacia el asiento trasero del Maybach.

—Sí, te escucho mami.

—Excelente. Haru, necesito que entiendas que esto es muy importante: no digas a donde fuimos, ni con quien estuvimos, a nadie corazón y eso incluye a papi, ¿sí mi amor? Este será nuestro secreto, solo tú y yo. ¿Podrás hacerlo?

—Sí mami, yo puedo. – aseguró la nena con una cara comprometida.

—Esa es mi niña. Toma, te has ganado este chocolate, puedes comerlo de una vez, así nadie notará que esta hermosa señorita se comió tres hotcakes, dos papas hash brown, huevo revuelto, tres tiras de tocino, un pan muffin y jugo.

—¡Mami no lo digas así! No fue tanto…

—No importa mi vida, eso solo significa que tengo una hija hermosa y sana.

FIN DEL FLASHBACK

—Princesa, te estoy hablando, ¿Qué comiste? – insistió Himura, tomando su pequeña barbilla levantándole la cabeza. En sus ojos comenzaba a formarse un velo de impaciencia.

Takato no podía soportar la presión que estaba ejerciendo sobre Haru; por lo que, incapaz de tolerarlo más abrió la boca para explicar las cosas, pero un toque en la ventanilla del auto les hizo mirar hacia este. Era Usaka.

De inmediato Himura bajó el vidrio y el otro se asomó por este.

—Kenichi, por favor baja, no tenía idea que tu esposo e hija se encontraban aquí, pero uno de los cocineros me dijo que habían pedido algo de comer, aunque al parecer no les gustó mucho, ya que dejaron casi lleno el plato, me disculpo por ello. Mi esposo se ha encargado de que lo preparado se adapte más al gusto de un niño pequeño, la sopa de hongos shiitake en definitiva no es de sus favoritos.

Takato recuperó el aliento en cuanto Usaka apareció, por las prisas no había preguntado qué había hecho Ramiro para cubrirlos, así que desde el momento en que llegó tuvo que manejarse a oscuras. Esperaba tener tiempo para hablar con el moreno, pero no había sido posible, apenas y habían regresado al auto cuando 3 minutos después el yakuza aparecía.

Himura asintió a las palabras de Usaka y regresó su vista a la niña —¿Por eso no querías decirme lo que comiste? ¿Porque no te gustó?

La cabeza de la niña se movió de arriba hacia abajo confirmando lo que le decía. —Perdón papi – Sus pequeñas manitas se movían nerviosas.

—Shh, shh. No pasa nada princesa, seguro tienes hambre – dijo besando su cabeza y preparándola para bajarse del auto. La ira e impaciencia que se había formado desapareció en un instante. Cuando vio la foto de la comida, dos platos se encontraban cubiertos, seguro se trataba de la sopa de hongos shiitake y el arroz con el mismo ingrediente. Sabido era por él que tanto Takato como Haru lo detestaban.

—Disculpe Usaka san, no quería molestarlos de nuevo, por eso no pedimos nada más – expresó Takato en un intento por darle credibilidad y seguimiento a la mentira.

—No, no tiene de qué disculparse, Kiyomi es igual. Siempre que comemos fuera nos es difícil que ingiera algo. Pero entremos de una vez, estarán más cómodos. Nuestra reunión continuará.

Himura no hizo más lío, tomó a Haru y la llevó cargada hasta la mansión, la pequeña mantuvo la cabeza enterrada en el cuello de su padre, al parecer se encontraba muy apenada por haber tenido que mentir y para Takato fue como una puñalada en su corazón. Si iba a continuar con la relación, debía proteger a su hija y eso incluía no hacerla mentir por él, no le haría llevar una carga tan pesada sobre sus tiernos hombros.

En cuanto Ramiro vio que todos caminaban hacia la casa y que Usaka mantenía una charla con Himura, se acercó a Takato que iba dos pasos detrás del ambarino.

—Patrón, casi se me sale el corazón por la co… boca. hice cuanto pude – dijo con cara afligida.

—Lo sé, y lo hiciste excelente. Perdóname por ponerte en aprietos. Seré más cuidadoso la próxima vez.

—Ta bueno… ¡tiempo!, dijo: ¿próxima vez?

—Sí..

Órale… nomás contésteme una cosa…

—Dime.

—¿Valió la pena? – preguntó con una sonrisa de oreja a oreja.

Takato rio bajo y estuvo a punto de decir que sí, pero al enfocar su mirada en su hija que permanecía recostada abrazando con fuerza el cuello de su padre, dudó.

—Lo valdrá si él cumple sus promesas…

—¿Qué le dijo? – quiso saber, el chisme le llamaba.

—Me dijo que sería libre, que nos llevaría con él y seríamos felices… y oficialmente le di luz verde. Ingenuo de mi parte creerle ¿no?

—Mire patrón, si a mi alguien me prometiera que me traería de vuelta a mi niño y viejo, así me vendiera puras ilusiones valdría la pena, por esta que lo valdría. Tendrá que hacer sacrificios y seguro será difícil, pero si hay esperanza, aférrese a eso y tal vez se le cumpla. Porque óigame bien, de ese hombre que camina frente a usted, solo con ayuda se escapa o muerte.

—Pues ya lo he intentado con muerte y fallé, así que vamos a darle oportunidad a la ayuda. Si realmente llego a salir de esto, ¿nos seguirías? – preguntó Takato expectante. El hombre era como el hermano que jamás tuvo; por lo que, no concebía irse y dejarlo atrás.

—Mire que hasta la pregunta es necia. Hasta el fin del mundo, patrón.

Satisfecho con la respuesta, continuaron su camino, viendo cómo a lo lejos Junta lo miraba sonriente.

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Glosario del capítulo

Mariachi: Género musical propio de México.

Botar la canica: expresión usada para decir que alguien se volvió loco o que actúa impulsivamente.

Hashimiau: El "gato" es el que trabaja para otro. Se usa de manera despectiva. El que hace un trabajo a cambio de algo, un trabajo subordinado. Ramiro utiliza el nombre de Hashiba y el maullido (miau) para hacer esa connotación despectiva.

Órale: Se usa como una connotación para expresar aprobación o ánimo.