CAPÍTULO 9.1
BÁLSAMO PARA EL ALMA PARTE 2
San Valentín no había terminado y la noche apenas comenzaba para aquellos acostumbrados a la vida nocturna de los bares que se encontraban en la ajetreada Shinjuku.
Los que gustaban de un buen ambiente, bebidas exquisitas y personas dispuestas a regalarte una noche de ensueño por el simple gusto de dar amor, el Bar "Heaven" era todo lo que podían pedir y más.
El local se reservaba el derecho de admisión, la condición para entrar: ser atractivos.
Ramiro se encontraba sentado junto a la barra, su porte era imponente; su piel morena y rasgos varoniles, así como su buen y tonificado cuerpo, atraían la mirada de betas, alfas y omegas que se encontraban en el lugar. Algunos incluso soltaban descaradamente un poco de sus feromonas para provocarlo, por supuesto fracasando en el acto, pues el de sombrero no podía olerlas. Algunos al notar esto perdían el interés al comprobar que no era un alfa, pero otros tantos lo mantenían en la mira como un buen candidato para pasar la noche.
El hombre se entretenía viendo como la gente bailaba, conversaba y comían mientras daba unos tragos a su cerveza Corona. había algunas parejas, pero el resto de los comensales, que eran mayoría, parecían buscar lo mismo que él: un buen polvo que les hiciera tocar las estrellas por una noche y qué mejor que en la del amor y la amistad.
Ramiro bebía tranquilamente su segunda cerveza cuando un hombre que parecía un omega, uno muy lindo cabe decir, se le puso en frente. El moreno lo barrió de pies a cabeza y esbozó una media sonrisa terriblemente sexy, como si esta confirmara que lo que veía le había llenado el ojo.
El moreno extendió su mano y apenas el otro la tomó, lo jaló con fuerza y sentó el pequeño cuerpo en una de sus piernas. El cazador había atraído una presa y contento con ella, pronto la llevaría a algún love motel donde descargaría todo el calor acumulado. Claro, después de terminar su bebida.
El omega bebía una margarita cortesía del sexy hombre que lo mantenía en sus piernas y cuya mano viajaba de vez en vez hacia abajo, manoseando su pequeño trasero.
—Si ya terminaste, ¿te parece si nos vamos?, muero por ver lo que tienes… - habló el chico mirándolo de frente con ojos ardiendo en celo.
—Ah, ah, ah. No tan rápido Ritsu kun, este hombre no se irá contigo, a menos que a ti, - dijo mirando a Ramiro — te gusten los que se la pasan gritando vulgaridades, soltando feromonas sin control alguno y gimiendo como perra en celo cuando no le has metido ni un dedo. Te lo aseguro amigo mío, después de 5 minutos es un completo fastidio, podrá tener una cara bonita, trasero… aceptable, pero mira bien a tu alrededor, nadie se le acerca. Eso debió decirte algo ¿no?
—¡Tú! – gritó el chico colorado por la rabia y extremadamente indignado, al tiempo que se ponía de pie.
—Sí, soy yo. Así que, si no quieres salir más humillado, ¡vete ahora! – dijo con voz de mando y ojos entrecerrados.
De inmediato el pobre omega salió disparado hacia la salida sin poder evitar la orden, ante la atónita mirada de quienes habían alcanzado a escuchar un poco de la conversación.
De inmediato el misterioso "salvador" habló:
—Hola, ¿por qué no te había visto antes? ¿es la primera vez que vienes?
—Puta madre… de todos ¿por qué me tenía que encontrar a este? – Pensó Ramiro frunciendo la boca. —Maestro Ayagi, por qué no me sorprende verlo por aquí. – Comentó sarcásticamente.
—Vaya, veo que me conoces, ¡que honor!
—Su reputación lo precede – respondió sin ánimo en su voz levantando su cerveza.
—Ouch, eso suena como si fuera todo un promiscuo, cuando lo único que hago es disfrutar libremente de los placeres carnales. Justo lo que estás haciendo tú, mi estimado hombre musculoso. –Sonrió al tiempo que señalaba al moreno, quien para ese momento se estaba arrepintiendo de haber puesto un pie fuera de la casa. — Oye hombre, concéntrate, aún no has respondido mi pregunta.
Ramiro tomó el resto de su cerveza de una vez, una gota resbaló por sus labios la cual limpió con su pulgar lamiendo los restos, exhaló y sin apresurarse respondió:
—Sí, es la primera… y última… vez que vengo. Por otro lado, no debería seguir hablando conmigo. Así que, ahí la vimos – dijo colocando sobre la barra mil yenes y poniéndose de pie dispuesto a largarse.
A lo que Chihiro de inmediato reaccionó deteniéndolo del brazo.
—¿Por qué dices que no debería hablar contigo? – pronunció al tiempo que se ponía de pie imitando al moreno, su voz temblaba un poco, jamás había sido objeto de tal rechazo en la vida, lo cual hacía que se interesara aún más en él. —Escúchame bien, eres muy atractivo, justo de mi tipo, vistes un tanto... mmm, ¿cómo decirlo? ¿excéntrico?, pero esos pantalones resaltan muuy bien tus atributos - dijo manoseando su trasero por encima del pantalón.
—Ah, cómo chinga… Me halaga, pero ¿qué cree? no me gusta estar abajo y menos de un alfa. Así que si no le importa – dijo soltándose de su agarre.
—Bueno, eso no es problema... por ti puedo ser versátil – exclamó con voz seductora mirándolo a los ojos.
Por un segundo la descarada declaración lo tomó por sorpresa, pero no lo suficiente como para ceder ante los caprichos de "un hijo de papi, acostumbrado a tener todo lo que quiere" y de pilón promiscuo.
— No, gracias. No estoy interesado.
Ayagi terminó por soltarlo y movió su mano izquierda como si lo estuviera corriendo, mientras que con la derecha tomaba el Gintonic que había pedido y lo llevaba a su boca.
—Ahg... bien, vete. Era de suponerse... todos los betas perdedores tiemblan cuando otro que no es de su género les pide sexo, sobre todo cuando quien lo hace es un alfa. Nos vemos amigo desconocido, seguro no me habrías satisfecho. – dijo el de cabello castaño palmeando el hombro de Ramiro, retirándose con una sonrisa burlona y de superioridad en el rostro.
Después de la mofa que había hecho Ayagi de él y antes de que se alejara más de su radio de alcance, Ramiro estiró la mano pescándolo con fuerza del cabello y jalándolo hacia él, arrancando un "ay" alargado de la boca del menor; quien, por la repentina acción, tuvo que echar hacia atrás su cabeza.
Fue entonces que una sonrisa victoriosa se formó en su rostro cuando Ramiro invadió su boca salvajemente, ninguno cerró los ojos, ni hubo más contacto sobre sus cuerpos que el ejercido por sus bocas y la fuerte mano del moreno apretando sus cabellos.
Ambos se miraban si pestañear, sintiendo cómo la lengua del otro entraba en sus bocas y jugueteaba con todo a su paso acompañado de cortos jadeos silenciados de tanto en tanto; mientras estaban enfrascados en devorarse, Ramiro pudo percibir la sonrisa burlona del otro, por lo que decidió que ya era suficiente, atestando así una fuerte mordida en el labio inferior de Ayagi, quien frunció el ceño al sentir el pinchazo.
—Aghh, bestia… - exclamó en cuanto se vio liberado de su agarre —¡me encanta! – Agregó lamiendo el hilillo de sangre. A lo que Ramiro, ni tardo ni perezoso volvió a unir sus rostros, sacó la lengua y la paseó por el labio lacerado, saboreando su nuevo sabor. Dolía, pero al mismo tiempo no podía evitar la increíble satisfacción que esa simple acción le había provocado. —Estúpido, eres tan fácil de manipular que me das ternura. – pensó Ayagi mientras era mimado por la carnosa lengua. —Vamos vaquero, es hora de montarte.
—Tch… - un resoplido salió de su boca con fastidio; sin embargo, no podía negar que su miembro había reaccionado y ahora se encontraba palpitando dentro de sus pantalones. —La puta madre, ahora sí que me he vuelto loco…
—AAAH, aaaah, mmmh… no tan … profundo…. Aaah Kenichi – resoplaba Yurie con cada embestida, mientras uno de sus senos era amasado con fuerza, retorciendo sus pezones.
Dos últimas estocadas y el orgasmo la sacudió de la cabeza a los pies. Cayendo sobre la cama, que para entonces estaba hecha un desastre.
—Oh, querido, eso fue realmente increíble – alabó la mujer envolviéndose en una sábana y apoyándose sobre el pecho del ambarino que se disponía a prender su cigarrillo.
Él por supuesto la ignoraba, no era más que otro polvo, por lo que el rostro de Takato venía a él siempre que estaba a punto de alcanzar el orgasmo, porque de no ser así, no le sería posible llegar.
Después de haber conocido el cuerpo de su omega, nada lo satisfacía, pero su lívido no disminuía y al excederse con él, consideró prudente dejarlo descansar un poco, no tanto porque le importara, simplemente quería que su juguete le durara más tiempo. O al menos eso era lo que se decía a sí mismo.
La actriz muy reconocida, Yurie Kurokawa, era una de tantas a las que recurría cuando quería follar, su cuerpo esbelto, blanco y cabello oscuro le recordaban a Takato, así que, de un tiempo hacia acá, la había tomado como número frecuente.
Lo anterior había dado como resultado, que la actriz comenzara a creerse con derechos y demandar su atención, pero aún no le diría nada, al fin de cuentas podía desecharla cuando él quisiera.
—Querido, tengo muchas ganas de salir contigo a otros lugares aparte de hoteles y no me estoy quejando, me encanta que lo hagamos, pero hacer algo diferente estaría bien, ¿no lo crees?
—Hacer algo diferente… bueno, estás invitada a una fiesta en la casa de los Ayagi, te mandaré la dirección.
—¡¿De verdad?! – exclamó emocionada e incrédula a la vez.
—Si vuelves a preguntar algo estúpido retiro la invitación.
—¡No, no, no, no! gracias querido. Pero dime cuándo será y si será de día o de noche. Quiero verme espectacular para ti.
—Será de tarde y es dentro de un mes, es para celebrar la llegada de la primavera.
—Perfecto, ahí estaré. Por cierto… ¿El omega estará ahí? – preguntó con desprecio y fingiendo como si no tuviera importancia.
—¿Te refieres a Takato?, claro que estará, es mío. ¿Por qué, ya se te quitaron las ganas de hacer algo diferente?
—Maldito, sabes que odio verte con otro. La primera vez que lo vi fue en tu fiesta de cumpleaños, no entiendo cómo puede gustarte alguien tan vulgar.
—Cierra la boca, no quiero enojarme.
—Está bien, querido. Igual eso no me quitará el sueño, pienso ir. Estaré ahí y tus ojos solo podrán verme a mí, te lo aseguro.
—Oh, ya veremos – dijo dando una última calada a su cigarro. — Ponte en cuatro, aún no hemos terminado.
—¡Hemos llegado!, mira esa vista. No la encontrarás en ningún hotel del amor o a donde sea que pensabas meterte – dijo Ayagi al tiempo que se quitaba la bufanda y el abrigo.
Había decidido por su cuenta ir al Hotel Aman, ya que no tenía idea de con quién se estaba metiendo y no quería que este le pudiera salir con algún Love hotel o algo peor. Al final de cuentas, ocupar una suite no suponía un gasto enorme, pues para él, era como comprar golosinas en la tienda.
Ramiro hizo oídos sordos y se dispuso a observar todo a detalle —El bastardo tiene razón, esto es hermoso – pensó al acercarse al enorme ventanal. Por un momento sus pensamientos volaron, estaba realmente lejos de casa, el paisaje desde donde se encontraba era muy diferente al inmenso desierto que permanecía en sus memorias.
—Voy a tomar un baño. Mientras, puedes ver la televisión, comer algo… volveré enseguida, así tú podrás hacerlo también.
—No, acabemos con esto pronto, alfa – dijo al tiempo que colocaba su sombrero en el sillón individual y desabotonaba su camisa, dejando al descubierto su abdomen perfecto y el imponente tatuaje que parecía ser una enorme águila con las alas abiertas que se extendía del brazo derecho, pasando por toda su espalda, hasta el izquierdo. Después le siguió el pantalón que se deslizó con todo y los calzoncillos, dejando a la vista una mata negra que se ampliaba en línea un poco debajo de su ombligo hasta su miembro, que pese a haberse bajado, lucía bastante amenazante.
Ayagi que lo miró de arriba abajo, tragó saliva y mordió su labio inferior involuntariamente, gesto que no pasó desapercibido para el moreno, quien tomando su miembro con su mano derecha dijo:
—Anda, ven por esto, ¿acaso no rogabas por él en el bar?
Ayagi rió fuerte ante la provocación.
—Mira, no sé cómo harán las cosas de donde sea que tú vengas, pero aquí uno primero se baña y después coge – dijo girándose y caminando hacia el baño con una ya evidente erección.
—Mira werito, de donde vengo cuando quieres coger, coges, punto y sin tanta mamada, o ¿acaso no te bañaste antes? … o… tal vez tenga que comprobarlo por mí mismo.
—¿We… qué? ¿qué rayos dijisteeee…!
Al instante, Ramiro arrancó la ropa de Ayagi, quien tenía los ojos bien abiertos ante el ataque del hombre que le sacaba siete centímetros de altura. Nadie jamás en su vida lo había tratado así y menos sabiendo quién era y lo que era. por lo que a cada minuto que pasaba, el moreno le parecía más y más interesante.
—Estás muy flaco para ser alfa, con este cuerpo de pollo desplumado ¿querías tomarme?, qué gracioso eres – exclamó Ramiro en cuanto lo tuvo desnudo.
—Pues este cuerpo flaco como tú lo llamas es al que debes complacer… BE-TA – dijo al tiempo que pasaba sus brazos alrededor del cuello de Ramiro. —Solo espero que así como hablas te muevas, porque si no, esta cara y cuerpo la tendrías de adorno.
En cuanto escuchó el remarcado BETA, chistó, tomó de las nalgas a Ayagi y como si fuera una pluma lo cargó a horcajadas hasta la habitación. El de cabello claro se rió y al sentirse en el aire enredó las piernas alrededor de la cintura de Ramiro, lo que hizo que su miembro erecto rozara deliciosamente con la piel expuesta de su abdomen, misma que se sentía dura como roca.
Una vez en la habitación, el alto aventó sin cuidado alguno a Ayagi sobre la cama, este rebotó un poco y cuando intentó incorporarse, la mano caliente de Ramiro lo detuvo y enseguida inclinó su rostro hacia el alfa para fundirse en un beso que lejos de ser salvaje y posesivo como el primero, se sintió increíblemente dulce y paciente.
Los labios de Ramiro se sentían calientes, su lengua paseaba suavemente lamiendo cada esquina, contorneando las finas carnosidades hasta poco a poco irse adentrando en la boca que gustosa le abría camino para después aferrarse con fuerza a su paladar, acariciándolo y presionando puntos sensibles.
Era tan erótico que pronto la respiración se volvió hosca y sus pechos parecieron volverse locos con cada latido de sus corazones.
Sin despegar su boca de la de Ayagi, comenzó a acariciar su pecho hasta posar sus dedos, sobre los pezones rosados, los cuales torció y presionó cual botones con el dedo índice y pulgar. El hormigueo cargado de placer recorrió todo el cuerpo del castaño, quien cerraba sus ojos con fuerza dejando salir dulces gemidos que fueron imposibles de reprimir. Causando una risa de satisfacción en el moreno, quien después de despegar su boca trazó una línea con su lengua desde la barbilla, pasando por el cuello, mordiendo la clavícula y deteniéndose unos minutos en cada pezón, succionándolos y llenándolos de saliva. La mano que antes se había posado en estos bajó por completo tomando con fuerza el pene totalmente erecto de Ayagi, sintiendo su humedad, comenzando un vaivén lento, que poco a poco fue moviéndose con mayor fuerza, facilitado por el líquido preseminal que escapada de la punta.
—AAAHHH, oooh, así, así…mmh.
Ayagi, sumergido en olas de placer dejó salir fuertes gemidos. A él le gustaba el sexo y había tenido mucho en su corta vida, pero ahora un beta lo estaba tocando por todos lados y derritiendo cual si fuera helado al sol. Era una sensación completamente única, muchas manos lo habían tocado, pero las del moreno eran diferentes, se sentían fuertes y ásperas, como las manos de quien conoce el trabajo pesado y lo tiene marcado en las yemas de sus dedos; pero no solo eso, cada pedazo de piel que era acariciado quemaba, aún no podía decir que era mejor que estar en celo, pero se acercaba peligrosamente a ello.
—Perfectas… - susurró entre gemidos. Palabra que no llegó a oídos de Ramiro.
Ramiro dio una última lamida a los pezones que sobresalían rojos e hinchados y levantó la cabeza.
—Espero tengas lubricante, porque yo solo traigo condones – dijo.
Ayagi peinó los cabellos de la cabeza ajena y lo miró con el rostro rojo de placer, y cuando sus ojos se encontraron con los café oscuros del otro, se estremeció y apenas pudo articular un, "no, no tengo".
—Ya veo, eso significa que tendré que improvisar – respondió, y en un instante se colocó entre las piernas de Ayagi, pasó sus brazos por su cintura y lo elevó sin aviso alguno acomodándole ambas rodillas bien abiertas sobre sus hombros, exponiendo sin filtro su cereza que había quedado justo frente a su boca.
—¿Qué, qué piensas hacer? – tartamudeó intentando moverse, pero los brazos del otro lo mantenían bien sujeto, lo que le hirió su ego de alfa, pues el beta había resultado más fuerte que él.
—Ja, ¿acaso finges inocencia?, cómo si no supieras lo que te haré. ¿Te quitas el vello? O ¿realmente no te sale?, dímelo para poder burlarme mejor del señor alfa sin pelos.
—Eres un…aaah – respingó cuando el aliento caliente del moreno llegó a sus bolas. —Me los quito.
Mintió, pero simplemente no permitiría que un inferior en la escala evolutiva se burlara de él.
—Sí, sería raro si no tuvieras – agregó mientras mordía la entrepierna que no dejaba de temblar.
Ramiro continuó el camino de mordidas hasta acercar su lengua a la entrada que palpitaba con un precioso color rojizo, haciendo círculos con la punta, acariciando los pliegues, rodeándolo sin penetrarlo, lamiendo la piel expuesta entre su ano y testículos, estos últimos, metiéndolos en su boca empapándolos en saliva. Ayagi gemía, mordía sus labios, se retorcía de placer, temblaba, apretaba las sábanas e inconscientemente levantaba las caderas buscando tener mayor contacto.
Notando la impaciencia del otro, Ramiro decidió que era suficiente de juegos y sin previo aviso, metió su lengua hasta el fondo. La tierna carne se abrió, pero al mismo tiempo ejerció una tremenda presión, como si se resistiera a la invasión y quisiera arrancársela.
—Mmm… demasiado estrecho – pensó —¿acaso nadie lo ha penetrado?... no, no, imposible, sino no me lo habría entregado tan fácilmente.
Ayagi, que apenas podía hablar, preguntó: —Ahh, cómo… mmh, ¿cómo te llamas? – articuló entre gemidos.
—No es importante – respondió sacando su lengua para de nuevo introducirla repetidas veces, apuñalando sin piedad la cavidad.
—¡AAAAH!, no es… no es justo, tú… tú sabes mi nombre.
—Llámame como quieras – murmuró. Esta vez una de sus manos se movió al pene que reclamaba atención, y comenzó a bombearlo a la par de la lengua que entraba acariciando su pared interna. —Porque yo no te llamaré por el tuyo – puntualizó atacando de nuevo.
—¡IDIOTA! – gritó sacudiendo sus piernas al sentir el ardiente toque — entonces, te llamaré idiota, mmggg.
—Ah, esto ya está bien ensalivado, colócate boca abajo y levanta el trasero – ordenó.
Ayagi obediente hizo lo que se le pidió sin perder de vista los movimientos del moreno. Fue entonces, que pudo ver su propio miembro goteando y de paso el de Ramiro, que para entonces, ya se había levantado y lucía obscenamente delicioso, sobre todo la vena que sobresalía al costado.
¡PAFF!
La mano de Ramiro había golpeado con fuerza su trasero, provocando que soltara un grito y apretara las nalgas. Le había dolido y prueba de ello, era que una palma roja había quedado perfectamente dibujada en la nívea piel.
—Quieto, deja de saborearte mi verga, aún no te he aflojado, aunque, conociéndote, no tomará tanto tiempo.
—Eres un imbécil – escupió.
—Pensé que era idiota, jaja -rió divertido, mostrando una sonrisa que antes no había salido y que dejó atónito al delgado. Siendo honesto la estaba pasando muy bien, someter a un alfa era estimulante en muchos sentidos y su pene daba testimonio de ello; por lo que, debía apurarse, ya que toda su longitud reclama atención y pronto.
Con ello en mente, chupó tres dedos y los metió hasta al fondo.
—¡AAAH, IDIOTA! Se gentil, duele, duele, duele… mucho – dijo abriendo la boca con desesperación para tomar aire.
—Un dolor al que estás acostumbrado – refutó.
—Ya basta con tus comentarios de mierda, es mi primera vez por detrás, así que deja de ser una bestia – pidió al tiempo que dos lágrimas bajaban por sus mejillas mientras apretaba los dientes intentando soportarlo.
—¿Qué?...
Como si le hubieran echado un balde de agua fría, su cerebro intentó procesar la nueva información.
—Cuál qué, desde ahora te digo que no me estas complaciendo. ¡Cero!, así te califico, Beta idiota.
—¡La puta mierda! ¿por qué no dijiste eso antes?
—Mierda la que sale por tu boca. Qué, ¿ya te acobardaste?, ¿a dónde se fue tu orgullo de beta?, ¿nunca has desvirgado a alguien?
—¿Quieres cerrar el pico por un momento?, que putada – dijo revolviendo su cabello.
—Lo que tienes de guapo, lo tienes de idiota, es el mejor nombre que pude darte.
Ramiro no se lo creía, el promiscuo Ayagi no había sido tomado por el culo, entonces, ¿por qué le dijo que lo haría?, aunque pensándolo bien, desde el principio le dijo que: "por él, sería versátil".
Al parecer, lo que le había parecido una frase típica de fuckboy, resultó que era cierta.
Por un momento se sintió mal por haberlo tratado como a un cualquiera, que a sus ojos lo seguía siendo… medianamente, pero no por ello lo maltrataría en su primera vez. Aunque, pensándolo seriamente, él mismo también buscaba placer de una noche, así que no tenía calidad moral para despreciarlo.
Ayagi, que lo miraba con cara de "qué demonios está pensando", se había sentado en la cama y colocado una almohada entre sus piernas, cubriendo su miembro, lo que había empezado muy bien, ahora parecía escena de comedia romántica región 4.
—Lo siento, me comporté como un pendejo.
—Bueno, sí… acepto la disculpa. Así que ahora ven aquí y hazme sentir bien. –dijo removiendo la almohada y mostrando todo su cuerpo.
Solo entonces Ramiro comenzó a verlo realmente.
—Es muy delgado para ser alfa, músculos apenas visibles, cintura pequeña, podría abarcarlo con mis dos manos, rostro fino, es atractivo, piel suave, oh, tiene un lunar al costado de su labio inferior, no lo había notado. En fin, lo único que tiene de alfa es el título, la personalidad de mierda, la altura y el bulto en su pene que lo confirma…
—¿Y bien? ¿Seguirás como estatua? Aunque tus ojos comiéndome se sienten bien, preferiría que me comieras con otras partes de tu cuerpo…
—Mmmm si mantuviera el hocico cerrado sería mucho mejor.
Ramiro se acercó a él y nuevamente se colocó entre sus piernas, lo empujó suavemente hacia atrás y llevó sus dedos hasta la boca de Ayagi.
—Chúpalos, que queden muy bien empapados, sino te va a doler.
Ayagi abrió la boca y con su lengua jugó con los dedos índice, medio y anular del moreno; lamiendo su longitud, empapando cada centímetro asemejando una felación. Por la expresión en sus rostros se podía asegurar que ese simple acto los estaba encendiendo.
Ramiro, por su parte, acariciaba el paladar con sus yemas, provocando en el otro escalofríos y gemidos.
Una vez que estuvieron listos, el moreno llevó su mano hacia la entrada virgen, introdujo un dedo muy lentamente, pendiente de las reacciones en el rostro de Ayagi, quien ahora se encontraba cara a cara y mostraba su erección sin pena alguna.
El cuerpo bajo él se estremeció ante la intrusión del dedo que abría en dos su tierna cavidad acariciando sus paredes. Apenas se estaba acostumbrando, cuando otro dedo le siguió simulando el movimiento de tijeras para aflojarlo.
—nnghhh… ahí se siente bien…
—Sí, encontré tu punto – sonrió Ramiro al tiempo que acercaba su cabeza hacia el falo de Ayagi, para meterlo por completo en su boca, envolviéndolo con su lengua y succionando con fuerza, mientras que su mano libre frotaba la carnosa longitud y sus dedos lo penetraban.
—¡AAAH, NO! – gritó Ayagi muerto de placer.
Los dedos que antes le habían lastimado, ahora no dejaban de golpear ese punto que lo hacía alucinar. Toda su parte inferior estaba siendo estimulada por el frente y por detrás. Sentía que iba a quemarse; y su pecho agitado, subía y bajaba mostrando sus hinchados y enrojecidos pezones. El sudor empapaba su frente al tiempo que los dedos de sus pies se contraían a cada segundo.
Los sonidos húmedos agregaban un extra de lascivia, haciendo arder su fuego interno.
—¡De, déjalo… voy a venirme!
Sus súplicas no fueron escuchadas, Ramiro intensificó sus movimientos y en menos de un minuto, la espalda de Ayagi se arqueó por completo y el líquido caliente se derramó en la boca del moreno quien tragó hasta la última gota.
—Aaagh, pensé tendría mejor sabor – comentó limpiando los restos de su boca.
—Te, te dije que no lo hicieras… - respondió un exhausto alfa que continuaba temblando e intentando recuperar el aliento. Ese había sido el orgasmo más placentero que había tenido. Pero era pronto para calificarlo así…
—Pos ya lo hice, ahora, estrenemos este lindo culito – dijo palmeándolo y poniendo sus manos por detrás de las rodillas de Ayagi hasta doblarlo a la mitad, dejando su trasero en el aire y completamente expuesto.
El repentino movimiento sacó a Ayagi de su descanso y sin darle tiempo para recuperarse, Ramiro le abrió las piernas y presionó su mojado glande contra la entrada que había sido bien aflojada. Le agarró la cadera hundiendo sus dedos en la pelvis que sobresalía dando un aspecto sensual a su cuerpo, y de una sola estocada enterró su grueso miembro en la pequeña cavidad que se tensó ante la salvaje invasión.
—AAAAAAH, AAAAAH… NO, NO TE MUEVAS, DUELE… - las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas, era una sensación desconocida y aunque le ardía, también había un cosquilleo agradable que se extendía a todo su cuerpo.
Ante la petición, Ramiro llevó su mano hasta el pene de Ayagi y comenzó a masturbarlo, los sonidos húmedos resonaron en la habitación junto con los jadeos de ambos, pues la presión que el moreno sentía sobre él era absolutamente deliciosa.
—Relájate, me lo vas a arrancar. Aah… eres realmente estrecho… - susurró inclinándose hacia el frente para besar la boca que se abría para él gustosa como si lo estuviera esperando. Los labios abiertos se superpusieron uno contra el otro y al mismo tiempo la lengua húmeda se enredó y se metió casi hasta llegarle a la garganta.
Entre el apasionado beso, Ramiro pensó que era el momento correcto para moverse cuando el castaño posó los brazos alrededor de su cuello y la presión sobre su miembro disminuyó.
Así, comenzó a mover la cintura penetrándolo.
Una y otra vez metió y sacó su pene para luego dejarlo descansando entre las níveas nalgas que comenzaban a pintarse por el constante golpeteo, este; sin embargo, no era violento... En realidad, era un péndulo corto y ligero acompañado de una masturbación precisa y perfecta.
—¡Demonios, eso se siente jodidamente bien! – chilló Ayagi sin filtros, mordiendo el hombro donde la tinta de su tatuaje lucía brillante por el sudor que le cubría con una fina capa.
Ayagi intentó detener la mano que, al compás con las penetraciones, se movía sin descanso sobre su pene. Trató de levantarse también tirando de sus caderas hacia atrás... Pero no pasó absolutamente nada. La mano áspera de Ramiro se aferraba a él y no parecía que quisiera dejarlo ir. Lo mismo pasa con el pene que está incrustado en su interior y lo apuñala en su punto feliz.
—Ahh no, ¿cómo es que un beta puede hacerlo así? – balbuceó entre gemidos.
—Ngh, mmh… Y estamos empezando werito. No pienso dejar tu agujero en paz lo que resta de la noche – susurró Ramiro cerca de su oído, impregnándolo con su aliento caliente.
Pronto, el orgullo de alfa en Ayagi despertó y haciendo uso de toda su fuerza, logró voltear la situación. Ahora, el moreno era quien se encontraba recostado sobre la cama, mientras el delgado se sentaba sobre él.
—Dime, idiota. ¿aún puedes decir que no te gusta estar debajo de un alfa? – preguntó Ayagi moviéndose sobre el falo.
—Mientras tu culo sea el que cabalgue… puedo hacer excepciones – respondió posando sus manos sobre la fina cintura, empujando su pene hasta que sus testículos que estaban duros como rocas, cachetearon el trasero tembloroso de Ayagi. Quien ante la salvaje embestida arqueó su espalda y soltó un alarido prolongado que le puso los vellos de punta.
—¡AAAHH, AAAH!.
—¿Te gustó alfa? Ojalá pudieras ver la cara que tienes justo ahora – presumió orgulloso de sí mismo.
—AAH, ¡cállate! - Su interior que sostenía con hambre el pene del beta, temblaba terriblemente.
Ayagi presionó el abdomen del moreno con cada uno de sus dedos y de repente se sintió incómodo con el placer que se extendía por todo su cuerpo. Ramiro, que estaba mirando su reacción, lo agarró con mayor fuerza y tiró de la cintura del castaño; luego, continuó entrando y saliendo a placer con impulso bestial.
El cuerpo que se retuerce de placer se mueve libremente de arriba hacia abajo. La saliva se derrama de una boca entreabierta que solo está escupiendo palabras extrañas: —¡Ahí… justo ahí, aaah no pares!
"CLAP, CLAP"
Los movimientos implacables de Ramiro hicieron que Ayagi volviera a gritar sin recato, provocando que sus caderas, que se balanceaban solas, le ofrecieran ahora una sensación de placer completamente diferente.
Las estocadas aumentaron el ritmo, los gemidos de ambos retumbaban en la habitación acompañados de sonidos húmedos y obscenos. La temperatura de los cuerpos se elevó a su máximo y Ayagi completamente perdido, dejó salir todas sus feromonas, que para su desgracia no pudieron ser percibidas por el moreno, cuyas venas del cuello y brazos resaltaban por el esfuerzo.
—Quiero morderlo…
Pensó el alfa; entonces su pene se hinchó al doble y con una última estocada tanto Ramiro como él dejaron salir toda su semilla. El pene de Ayagi, confundido, comenzó a hincharse como si estuviera anudando y derramó por 10 minutos como si fuera una fuente el líquido caliente que mojó por completo el vientre, pecho y rostro del moreno; cuyos ojos miraban encantados cómo el delgado cuerpo seguía empalado, convulsionándose y bañándolo por completo, mientras su rostro pintado de un rojo furioso lucía extasiado, perdido y con labios temblorosos.
Cuando el clímax del alfa llegó a su final, este se dejó caer sobre el moreno, intentando recuperar el aliento.
El largo flequillo se le pegaba a la frente por el sudor y su corazón latía endemoniado.
Ramiro que lo observó más de cerca, pasó su mano por el rostro de este, removiendo los cabello rebeldes, acariciando con su índice los labios hinchados y el coqueto lunar junto a estos. A lo que Ayagi se dejó hacer con gusto.
Tras unos segundos afirmó: —No estas mal y tu trasero es delicioso. – Le sonrió palmeando sus nalgas que seguían conectadas a él.
—Idiota, estoy perfecto y sexy – aclaró dejando mordiscos en la barbilla y cuello del otro.
Ramiro estiró el brazo para alcanzar la botella con agua que descansaba sobre la mesa, bebió tanto como quiso, pero antes de terminarla, tomó otro sorbo, giró su cabeza y con su mano derecha levantó la barbilla de Ayagi para finalmente unir su boca y pasarle el tan anhelado líquido, que travieso, se deslizó por sus comisuras.
—Nngh, quiero más – pidió Ayagi relamiéndose los labios.
—Te daré más después de la segunda ronda.
—Jajaja… uff – suspiró —En verdad quieres destrozarme el culo.
Y así, justo como había sugerido desde el principio, Ramiro lo arruinó toda la noche haciendo con él lo que se le dio la gana.
Pronto se acabó la madrugada y llegó el amanecer del día siguiente. Había sido una noche realmente larga.
Ayagi se removía entre las cobijas, el sol matutino iluminó la habitación molestando sus ojos, y antes de abrirlos, sonrió ante los recuerdos de su noche de diversión. Giró su cuerpo adolorido y palmeó con su mano el espacio donde debía estar Ramiro, pero ¡sorpresa!, él ya no estaba.
Bufó con molestia y se incorporó con cuidado.
—Tal vez está en el baño – pensó ingenuamente, por lo que con movimientos suaves intentó ponerse de pie, pero las piernas no le respondieron, fue entonces que sintió como algo escurría de su trasero — ¡Ni siquiera fuiste capas de lavarme, idiota hijo de puta! – gritó, pero nadie contestó.
Extendió su mano para tomar agua, encontrando un papel debajo de este.
La nota decía:
"Tus fuertes gemidos me dijeron que este BETA sí te satisfizo".
—Ja… ja… ¡jajajaja!, ese maldito…
Y así, San Valentín se dio por terminado con muchos escenarios en su haber. Desde una pequeña repartiendo detalles con corazones y regalando sonrisas por doquier; gente sin escrúpulos satisfaciendo sus deseos egoístas; otros más siendo consolados en su momento de debilidad, compartiendo dulces momentos; y por último, los que descubrieron que un encuentro casual, podía ser más interesante de lo que pensaban y el inicio de algo…
Síiii! Kuroneko respira.
Espero les hayan gustado estos capítulos.
Estoy llevando la relación de Takato y Junta un poco más lento, pero considero es necesario debido a todas las circunstancias adversas que presentan. Pero en este capítulo, el collar resulta ser el detonante para que Takato decida entregarse por completo. Discúlpenme y sean pacientes.
Por otro lado… de verdad, de verdad… no tienen idea de cuánto me cuesta escribir lemon, es ¡MUY DIFÍCIL!. Ruego que las personalidades de Ayagi y Ramiro se pudieran distinguir y transmitir a ustedes tal y como quería plasmarlas.
Han aparecido personajes nuevos y ya veremos qué rayos haré con todos ellos :V
