CAPÍTULO 10

CEREZOS

El vehículo avanzaba a una velocidad moderada, el paisaje divisado por la ventanilla mostraba un Tokyo que pocos imaginaban que existía; pues, a diferencia de los muy conocidos edificios y muchedumbre, el camino se abría hacia un sendero de piedra que subía una montaña entre árboles, pinos y maleza propia de un bosque.

El destino, no era otro que una de las tantas mansiones del Clan Ayagi. Pero lo que diferenciaba a esta de las demás, es que contaba con un enorme jardín tapizado de hermosos árboles de Sakura. Motivo por el que cada primavera, el Jefe del Clan celebraba una fiesta en honor al florecimiento de tan emblemático árbol.

Himura hablaba con Hashiba, como siempre su conversación giraba en torno a sus turbios negocios, el problema ahora era que una "mercancía" se había extraviado y no daban con ella, lo que tenía de pésimo humor al de ojos ámbar quien exigía su ubicación, pues tras unas semanas nadie le encontraba y aparentemente era muy importante.

Haru, por su parte, se mantenía atenta al paisaje, estaba convencida de que si seguía observando por la ventana podría ver algún venado, ardilla y si bien le iba, hasta a Totoro san. Takato, en cambio, permanecía perdido en sus propios pensamientos al tiempo que acariciaba el dije de loto que colgaba de su cuello; una mezcla de nervios y emoción revoloteaba en su estómago ante la idea de volver a ver a Chunta, con quien desde el 14 de febrero no se había vuelto a encontrar; sin embargo, los mensajes de texto no habían parado, incluso se había arriesgado a tomar videollamadas, la felicidad que le provocaba intercambiar palabras con el hombre que veía como su "primer amor", era inmensa y llevaba grabada en su mente su ternura, calidez y expresiones.

Aquel día, la entrada de Chunta a la casa había sido eficazmente encubierta, pues la vieja nunca sacó el tema. Al parecer esa noche estaba tan cansada que al día siguiente olvidó el asunto, otra cosa que ayudó fue que en cuanto llegó Ramiro, este revisó las grabaciones de las cámaras de seguridad y eliminó toda la evidencia que hubiera quedado; además, para suerte de todos, quienes estaban encargados de vigilar la entrada principal habían sido nada más y nada menos que: Ken, Marioka, Yasuda, Sugihara y Kaji. Quienes a la voz del moreno dieron un reporte de la noche anterior sin novedades. Nada de esto habría sido necesario si Chunta solo hubiera entrado y salido rápido o si Himura se encontrara en casa, pero al haber permanecido tanto tiempo y a solas con el esposo del jefe, era mejor ocultarlo.

Lamentablemente, la aparición del collar en el cuello de Takato no pasó desapercibido para Himura, pero el ojiazul le dijo que lo había comprado en línea, cosa que para su sorpresa se creyó.

Mientras divagaba, la voz de Himura le llamó sacándolo del embelesamiento.

—Takato hoy estás absolutamente hermoso – pronunció con voz complacida, sin obtener respuesta alguna, a lo que de inmediato depositó un beso en los labios tersos. En cuanto Haru vio lo que su padre hizo, sonrió y de inmediato cubrió sus ojitos para no ver "cosas de adultos".

La afirmación de Himura era cierta, Takato lucía realmente deslumbrante; tanto la blusa como el pantalón eran de color hueso, combinando con su piel al grado de hacerle parecer un ser etéreo. Cada prenda se acoplaba de manera perfecta en el esbelto cuerpo, resaltando así todos sus puntos buenos, siendo complementado por sus cabellos negros que caían con gracia en una trenza de sirena sobre su hombro derecho. Una visión por demás difícil de ignorar.

Tras las palabras dichas y el beso para nada correspondido, Himura continuó su monólogo: — En esta reunión habrá gente importante, compórtate, no hables si no es necesario, permanece siempre en un lugar donde pueda verte y ocúpate de Haru.

Entonces… ¿para qué me traes contigo? – se preguntó Takato internamente, pregunta que pudo ser leída claramente en su rostro por Himura.

—Somos una familia feliz, mi familia debe estar conmigo – puntualizó acariciando su mejilla, para posteriormente colocar un pie fuera del auto, el cual al fin había llegado a puerto.

Tú no eres nuestra familia – pensó Takato, quería decírselo, escupírselo en la cara, pero no podía y menos con su hermosa niña frente a él. Inhaló profundamente y exhaló, este día sería eterno y desde ya lo estaba odiando. No fue hasta que levantó la vista y pudo ver a la distancia el Maybach de Chunta que su ánimo volvió a dar un giro de 180 grados. —Ven cariño, no sueltes mi mano – indicó el azabache a Haru antes de bajar del coche. Fuera de este, Ramiro y Ken le esperaban.

—Tanaka san… es la primera vez que vengo a un evento como este. ¿Puedo quedarme con la señorita Haru y tú con Takato sama? Siento que estaré menos nervioso entre niños que con los adultos.

Ramiro le miró con una sonrisa reconfortante en el rostro al tiempo que le palmeaba la espalda con fuerza.

—¡Tú tranquilo mi Ken!, para todas estas personas, somos como fantasmas, no existimos. Así que, limítate a estar a 2 metros de distancia del Amo, vigila que nada malo le pase y para cuando menos lo esperes, habrás hecho tu trabajo eficientemente. Mira que te tocó fácil, el patró… cof cof, el Amo Takato solo se la pasa sentado, todo lo contrario a la señorita Haru que parece rehilete en feria de rancho.

Ken miraba a Ramiro con los ojos entrecerrados mientras este le sobada la espalda.

—Tanaka san, no quiera engañarme, usted estará con la señorita Haru porque ella siempre le lleva comida del buffet que sirven y aunque es un poco inquieta, es muy obediente y no da problemas – replicó el chico.

—Mire mijo, mejor vaya moviendo las patitas, que el jefe ya se le adelantó 5 metros. – Indicó Ramiro con una gran sonrisa y sin un atisbo de vergüenza.

En cuanto cruzaron el umbral, una visión en rosa invadió su campo visual dejándolos sin respiración. Era como entrar en un sueño maravilloso del cual no se desea despertar. Haru, emocionada por lo que veía estuvo a punto de salir corriendo, pero la mano de Takato le detuvo; pues, aunque él también se sentía fascinado por el ambiente, no podía ignorar el hecho de que el precioso jardín estaba lleno de gente desconocida, algunos rostros le resultaban familiares otros en absoluto. Sin embargo, había solo uno que deseaba ver y aún no encontraba.

—¡Himura kun!, me alegra que hayas venido con tu hermosa familia. Pero mira qué preciosa está esta cachorrita y usted mi señor, - dijo mirando a Takato - eclipsa por completo mis cerezos. – Pronunció amablemente el anfitrión de la tarde.

—Ayagi san, es un gusto poder asistir a su tan tradicional fiesta – exclamó Himura con una sonrisa hipócrita que para el viejo pasó desapercibida.

—Pero por favor no se queden en la puerta. Pueden tomar asiento donde gusten.

Himura encaminó a Haru y a Takato hacia una de las tantas mesas que se encontraban acomodadas por el jardín. Todo estaba perfectamente acomodado, los manteles eran blancos y hermosos arreglos florales adornaban el centro, cada uno de los cubiertos brillaban con el sol y las servilletas parecían cisnes sobre la vajilla.

La mesa principal, que era donde se encontraba el buffet, estaba llena de deliciosos bocadillos, desde lo tradicional japonés hasta lo occidental y por supuesto los postres no podían faltar. Algo que hizo que a cierta señorita se le fueran los ojos tras ver una fuente de chocolate y macarrons de todos colores.

—Papi, ¿puedo ir por un pastelito? – preguntó sonriente la nena.

—Acabamos de llegar mi amor, espera 5 minutos exactamente y luego puedes ir por lo que quieras – indicó Himura.

—Mami… - volteó hacia Takato con ojos de cachorrito necesitado. Al parecer hoy era uno de esos días en el que su paciencia era la de una niña normal de 5 años.

—No te preocupes bebé, ya pasó un minuto – resolvió Takato con una sonrisa.

Para Himura ver a Takato sonreírle a su hija era algo común y cuando lo veía haciendo eso quería tatuarlo en su memoria, pero al mismo tiempo se daba cuenta de que este jamás le dedicaba alguna ni por error.

Cuando ese amargo pensamiento le cruzó, una nube oscura se posó sobre sus ojos cual venda impregnada en ira. Estiró la mano hacia el rostro de Takato, quería clavar sus dedos en la delicada barbilla y hacer que lo mirara y sonriera para él; sin embargo, el ataque se vio interrumpido, pues justo en ese momento un deportista muy reconocido le saludaba.

De inmediato se puso de pie y se alejó de la mesa, no quería que por ningún motivo dedicara una mirada hacia su niña, pues el hombre ante él no era más que un pedófilo y uno de sus mejores clientes de la "Zona Rosita". Le daba asco el sujeto, pero mientras las ganancias llegaran, era un asco que podía soportar.

Tanto Takato como Haru observaron cómo Himura se perdió entre el mar de gente dejándolos solos. Tanto él como la nena compartieron una mirada de complicidad y antes de que pudieran decir algo, Ramiro los sorprendió por la espalda.

—¡Mi patroncita chula, ya se fue su apá! deme su manita santa y vamos por esos pastelitos que quería.

—¡SÍ! Ramiro san, ¡eres el mejor! - exclamó emocionada saltando de su silla.

Takato se limitó a reir bajo, pues ese par eran todo un espectáculo.

Por su parte Ken, miraba como Ramiro tomaba a Haru en brazos y la llevaba hasta el mágico lugar que hacía que sus glándulas salivales se activaran. No sabía si eran los nervios o antojo, pero su estómago gruñía con ferocidad.

Takato al notar que el pobre hombre se encontraba congelado y con ojos de venado encandilado, le habló.

—Ken kun, ¿Te sientes mal? – preguntó preocupado.

—No, no, Takato sama, no se preopuque, precupe, ¡preocupe! – soltó agitado, apretando los ojos. Siendo el más joven del clan, sus labores eran limpiar la entrada de la mansión y los patios, hacerles los mandados a sus superiores y alimentar a los perros; sin embargo, desde que Ramiro lo acogió, ahora era parte del "equipo" de cuidadores del ojiazul y la ambarina.

Ken mientras permaneciera en casa todo iba bien, pero el pobre chico se agobiaba en cuanto tenían que salir y enfrentarse a los peligros reales que conlleva el ser guardaespaldas de nada más y nada menos que el esposo del Oyabun y su hija. Dicho esto; el pobre era un auténtico manojo de nervios.

Takato consciente de ello ideó un plan para tranquilizarlo.

—Ken kun, ¿podrías por favor ir con Ramiro y Haru? Yo me quedaré aquí sentado, no pienso ir a ningún lado, por lo que me sentiría mejor sabiendo que ustedes dos cuidan de mi niña – dijo con voz amable.

—Se- seguro que estará bien, ¿Takato sama?

—Sí, sí. Anda ve y de paso prueba los bocadillos que hay, nadie te dirá nada, no te preocupes.

—Entonces, me retiro. Cualquier cosa marque al celular por favor – pidió el chico haciendo una profunda reverencia.

Finalmente, Takato quedó solo. Podía sentir las miradas de la gente, pero al parecer nadie tenía el valor de acercarse. Lo que internamente agradeció, pues no tenía nada de qué hablar. Lo que él no sabía era que todos sentían temor de hacerlo después de ver quien era su pareja; además, Himura se había encargado de cubrirlo con sus feromonas en su enferma obsesión por monopolizarlo y aislarlo, por lo que, si alguien ignoraba la clara advertencia, podría considerarse muerto.

Tomó agua del vaso que le habían servido y siguiendo las indicaciones de su verdugo permaneció en su lugar; aun así, sus esperanzados ojos bailaban por el espacio esperando encontrar al ojiverde que le quitaba el sueño.

Mientras tanto en la mesa de servicio una pequeña señorita discutía con su enorme amigo sobre cuál de todos los pasteles de chocolate debían probar primero, después de colocar un mini Gâteau Saint Honoré en su plato.

—Ramiro san, primero tienes que comer la tarta de chocolate con tres leches porque a todo el mundo le gusta y ¡se va a terminar rápido!

—Patroncita, en lo que usted estuvo viendo y puso esa tarta rara en su plato, yo ya me comí 3 rebanadas del que me dijo. Así que ya no quiero más de chocolate, mejor vamos al otro lado de la mesa, donde está lo sabroso, vi unos camarones gigantes que se veían de rechupete. ¡Mire! Ken está de aquel lado también. ¡tiempo! ¿por qué Ken no está con el patrón? Tal vez le llevará un plato… – pensó frunciendo el ceño.

—Bueno… pero primero déjame poner de ese pastel también quiero que mami lo pruebe – dijo la pequeña tomando suavemente las pinzas. Sus ojitos curiosos barrían con todo a su paso – Listo, ya vamos a por tus camarones.

Ramiro que estaba un poco preocupado por Takato, decidió que lo mejor sería darse prisa y regresar pronto a la mesa, tomó los platos de Haru y comenzó a caminar. — Vamos pue…

Un "plaf" escandaloso resonó en sus oídos y lo congeló en su lugar, los platos que cargaba temblaron un poco y una vena en su sien estalló en cuando escuchó la voz que venía tras su oreja.

—No puedo creerlo. ¡Pero si es mi beta idiota! Lo sabía, en cuanto vi esta espalda y estas nalgas tan perfectas supe que eras tú – dijo el hombre palmeando de nuevo su trasero.

—Ayagi Chihiro… - soltó Ramiro con los dientes apretados al tiempo que giraba su cuerpo para encararlo y así dejara de manosear su cuerpo.

—Sí, soy yo ¿me extrañaste? Por que yo sí, te estuve buscando todo este tiempo y mira nada más, te encuentro como mesero en mi casa. A esto se le llama destino – dijo sonriente.

—En serio que no hay manera para cerrarte el pico, ¿verdad? – dijo el moreno colocando los platos en la mesa.

—Sí, sí que la hay puedes intentar besarme o bien meter algo más grande como tu…

En ese momento Ramiro le metió en la boca el pastel que tenía en el plato antes de que dijera otra barbaridad.

Las mejillas del castaño estaban repletas por el inesperado bocado. Su aspecto era realmente adorable pues parecía una ardilla escondiendo nueces, masticando y masticando en un intento por tragar pronto lo que le impedía hablar. Lo que completaba la escena era que sus labios se habían llenado de chocolate, a lo que, una vez pasada la porción, sacó la lengua y comenzó a pasearla sobre su boca con movimientos lascivos. Provocando que Ramiro le mirara con ojos encendidos; sin embargo, su acto se vio interrumpido cuando una cabecita con un moño azul y ojos cual rayos de sol se asomó detrás del moreno, dejándolo fuera de combate.

—Hola, ¿tú eres la tía que Ramiro san me iba a presentar? - preguntó inocente la nena, pues, si mal no recordaba, el 14 de febrero Ramiro había mandado un mensaje diciendo que volvería con una "tía" para ella.

Ramiro, impactado por el comentario terminó por soltar lo que llevaba en su mano y no supo que responder.

Chihiro no desaprovechó la oportunidad y haciendo gala de su título como alfa, recobró la compostura y colocó en su rostro una de sus mejores sonrisas para finalmente decir con orgullo:

—Hola, pequeña… yo te conozco y sí, tienes razón. Yo soy la pareja de este hombre. Nos gustamos mucho. ¿Qué eres de él?

—¡WAAA! – exclamó emocionada colocando ambas manitas sobre su boca, para después bajarlas y hacer una voz educada, pero cargada de energía. — ¡Hola soy Himura Haru! y Ramiro san es mi tío y también me cuida. ¿Tú cómo te llamas?, Ramiro san tu novio está muy "chulo" – esto último lo dijo en español mirando al moreno con rostro de complicidad.

Los ojos no podían brillarle más a la pequeña, estaba tan excitada que hasta se había olvidado de la comida y prestaba toda su atención en el hombre frente a ella.

Ramiro, por su parte, había dejado de funcionar, Ayagi había llegado como un tornado haciendo y diciendo lo que se le venía en gana y ahora la niña estaba metida también. No sabía ya qué decir o cómo reaccionar ante los ataques que recibía de ambos bandos, pero una cosa era cierta. Ahora que volvía a ver al sujeto ante él, las palabras de Haru no podían ser más acertadas.

Chihiro, que portaba una camisa del color de los cerezos y un pantalón blanco que se ajustaba a las pequeñas caderas que aquella noche había sostenido con fuerza, despertaban en él el deseo de volver a poseerlo.

Por su parte Ayagi, que no perdía de vista al de piel canela, pudo percibir como este lo observaba. A lo que ni tardo ni perezoso dijo: —Cariño, estamos en horario familiar, así que deja de mirarme con esos ojos... – pronunció el castaño curvando sus labios. Para a continuación acercarse hasta el oído del alto y susurrar: — Si no estuvieras de niñero te habría llevado a una de las habitaciones.

Ramiro que seguía como piedra reaccionó y con brazo fuerte alejó a Ayagi de su cara. Provocando una risa en el otro quien de inmediato volvió la cabeza hacia Haru y se agachó para hablar mejor con ella.

—Es un placer conocerte Haru chan. Yo soy Ayagi Chihiro, tu tío. ¿Tienes celular? – preguntó inocentemente, a lo que la niña dijo: que no, un tanto afligida. — Qué lástima, si tuviera el teléfono de Ramiro podríamos platicar, es que accidentalmente lo borré.

Eso último era completamente falso, pues en ningún momento habían intercambiado sus números, pero si su plan funcionaba pronto lo conseguiría.

La pequeña, al ver el rostro deprimido del castaño decidió animarlo.

—No te preocupes, ¡yo te lo diré, me lo sé de memoria! – pronunció orgullosa. Enseguida la pelinegra dictó el número, a lo que el otro ni tardo ni perezoso apuntó con una sonrisa de oreja a oreja.

En cuanto dio "click" en guardar, habló:

—Muchas gracias. Por favor recuérdale a Ramiro chan que debe contestar todas mis llamadas y mensajearme todos los días o me pondré triste. ¿De acuerdo? – sonrió extendiendo el dedo meñique.

—Sí, sí, lo prometo – respondió Haru sellando su "pinky promise" – te hablará todos los días.

Haru continuó:

— Mira está tan feliz de verte que no puede ni hablar – dijo con una apreciación inocente y completamente errónea de lo que realmente pasaba.

El pobre hombre parecía que le habían robado el alma. El delgado le dio un vistazo y casi suelta una carcajada al verlo en ese estado. Así que con tono burlón Chihiro agregó:

—Sí, me doy cuenta. Se muere de alegría. Muchas gracias pequeña. Por ahora tengo que retirarme porque debo saludar a mucha gente que no me agrada, – eso último lo dijo en un susurro colocando su mano a un lado de su boca, haciendo reír a Haru. – Pero en cuanto me desocupe buscaré su mesa.

—¡Oh! Estamos sentados cerca del arroyo – indicó de inmediato la niña.

Finalmente, Ramiro conectó sus funciones cerebrales y habló:

—No es necesario que se lo diga, él puede encontrarnos por su cuenta. Nos vemos – dijo tomando a la niña en sus brazos. —Maldito mafioso embaucador - pensó.

Haru, sorprendida por el movimiento tartamudeó.

—Pe- pero Ramiro, ¿no le darás un besito de despedida?

Comentó con una carita llena de expectativa, cosa que el otro aprovechó.

—Haru chan tiene razón, ¿no me darás un besito? – dijo con voz socarrona levantando los labios.

—¡No! - gruñó mirando a Ayagi - estamos en público y usted no debe ver esas cosas – le dijo con voz suave pero firme a la de ojos miel.

Haru, que escuchó el regaño se cruzó de brazos e hizo un puchero por su fallida intervención como cupido. Por su parte, Chihiro, lanzó un beso de despedida al moreno seguido de un "Te hablaré pronto, RA MI RO", mientras movía el celular en el aire

Ambos vieron como el hombre se retiraba, Haru perdida en el bonito rostro y Ramiro perdido en el movimiento de sus caderas. En ese momento su cabeza iba a explotarle, por un lado, el volver a encontrarse, había sido como una patada en los huevos y al mismo tiempo debía aceptar que aquella noche la había pasado realmente bien y no le molestaría en repetirla. Recordando aquello, pensó que si Chihiro llamaba no tendría problema en responder, al final de cuentas, solo sería un polvo.

—¡Oye! - llamó la niña bajándolo de las nubes - debes ser más amable con el tío.

Ramiro suspiró, besó la pequeña cabecita y dijo:

—Patroncita… vamos por Ken kun, la comida y regresemos con su amá, ¿sí?

Takato, desesperado por no poder ver a Junta, decidió mandarle un mensaje avisándole que se encontraba en el lugar. No pasó ni un minuto cuando su celular vibró, emocionado al ver "Chunta" en la pantalla de inicio se apresuró a leerlo. En ese momento, sintió como una bolsa le golpeaba la cabeza con fuerza, sacándolo de concentración. Esperó escuchar una disculpa, pero esta simplemente no llegó; en cambio, risas burlonas viajaron en el aire.

Giró su rostro para encarar a su atacante y pudo ver a un grupo de mujeres de diferentes edades sentadas justamente en la mesa de al lado. Entre ellas, había una que sobresalía y cuyo porte indicaba que era alguien que confiaba en sus virtudes, y no solo eso, sino que también desbordaba una inconmensurable soberbia.

Ella era quien le había atacado, pero en vista de que no pensaba disculparse por la falta. Takato decidió ignorar, al fin de cuentas no era la primera ni sería la última vez que alguien lo molestara. Aun así, la mujer seguía rondando su cabeza, le parecía conocida, pero no terminaba de ubicarla, no fue hasta que una de ellas pronunció el nombre de "Yurie" que todo fue más claro para él.

Rio con sarcasmo, ahora todo tenía sentido.

Ya veo… incluso en estos momentos tengo que lidiar con las amantes de ese bastardo. Ojalá se quedara con una de ellas y nos dejara en paz a Haru y a mí. – pensaba. Siempre supo que Kenichi era un infiel, Hashiba sutilmente le hacía saber cuando este salía con alguna amante, al parecer lo hacía con el fin de molestarlo, pero contrario a lo que el lacayo pensaba, para él era un alivio, pues significaba que no sería abrazado ese día. Si por él fuera le conseguiría amantes los 365 días del año si con eso se libraba del maldito.

Lamentablemente, no importaba cuantas aventuras tuviera, siempre volvía para atormentarlo. Jamás le reclamaría sus andanzas, porque simple y sencillamente él no le importaba, pero eso sí, que jamás alguna de ellas tratara de meterse con su hija porque entonces sabrían lo que es un omega cuando dañan a su cachorro.

Una vez que pensó en las mil y una maneras de destruir a quien se atreviera a lastimar a su bebé y volver al mensaje, un comentario le hizo agudizar el oído.

—Vaya, no esperaba que en esta fiesta dejaran entrar a omegas de cuarta.

—Yurie, tienes toda la razón, cada vez parece más un prostíbulo que una fina reunión.

Risas burlonas se seguían escuchando, así como más comentarios despectivos. A lo que Takato hacía oídos sordos, era obvio que todo lo que decían era por él. Al parecer esa era la única forma en que la amante de Himura podía sacar la frustración que sentía.

Takato volvió a reír, apretó la boca para no soltar un: "si tanto lo quieres te lo regalo, pero asegúrate de que no vuelva". Leyó el mensaje de Chunta y sonrió, al parecer estaba ocupado, pero pronto vendría a buscarlo. Se alegró, pero le era difícil concentrarse con las mujeres despotricando.

Una de ellas dijo: —Además, no importa que lo vistan con las mejores ropas, tan blancas y perfectas. Aunque el mono se vista de seda, mono se queda.

Otra más contestó: —Lo vulgar y corriente no se puede ocultar, menos cuando el omega ha sido recogido de un basurero. Aagh… qué desagradable.

Yurie y sus amigas se lo estaban acabando, pero lejos estaban de si quiera incomodarlo.

La actriz al ver que no obtenía la reacción que quería continuó:

—Pues claro, qué se puede esperar de estos omegas, lo único que saben hacer es entrar en celo, abrir las piernas y seducir alfas para después quedar preñados y tener hijos bastardos, perdedores y patéticos como ellos – tomó aire y continuó. — Debería existir una ley que prohíba que se reproduzcan, en especial si lo que van a tener es una abominación. Y lo peor es que saquen a esas crías de su casa y las muestren con orgullo cuando solo son basura igual que ellos.

En ese momento Takato apretó su puño, esas brujas se estaban pasando de la raya, pero no pensaba abrir la boca. Su abuelo siempre le había dicho que mientras las cosas no se las dijeran en su cara, no se lo tomara personal; además, el dicho que Ramiro le enseñó aplicaba perfecto para la ocasión: "A chillidos de cerdos, oídos de carnicero". Y vaya que las cerdas eran chillonas.

Pero entonces, Yurie hizo algo que ni las mujeres esperaron.

—Amigas, que triste que justo frente a nosotros esté un omega de esos de los que hablamos, un puto perro callejero que sedujo a un excelente alfa como Himura sama y que con asquerosos trucos embrujó para quedar preñado y tener una cría que solo heredó sus malas costumbres y que al igual que él vive cual parásito, encerrada porque es una vergüenza que tal producto defectuoso salga a la luz.

¡Suficiente!, su límite había llegado, ya eran bastantes las estupideces que salían de esa boca ponzoñosa como para seguir callado y menos podía dejarlo pasar cuando el ataque final fue directo e insultó a la persona más pura, inocente y que ama con toda su alma.

Takato se puso de pie decidido a poner en su lugar a esas harpías, el escándalo ya poco le importaba, era gente que no conocía, con la que jamás trataría y cuya opinión podía pasársela por el arco del triunfo. ¿Pensar en la imagen de Himura? ¡JAMÁS! No se detendría por él. Lo único que esperaba era que Ramiro y Ken se siguieran demorando para que Haru no presenciara la desagradable escena.

El fuego de la rebeldía ardía en sus ojos y su pecho, era como ver al Takato de antaño que peleaba con uñas y dientes antes que someterse. Decidido tomó la jarra con agua y sin pensarlo dos veces la arrojó hacia el cuarteto dejándolas empapadas y con rostros de incredulidad.

—El olor a mierda que desprenden es tan repugnante que pensé necesitaban un baño, "Señoras".

Yurie, con el maquillaje arruinado se puso de pie para atacarle, pero justo cuando iba a arremeter con todo, alguien que también había alcanzado a escucharlas intervino.

—Vaya, vaya, pero cuánta envidia y frustración sale de sus bocas. Necesitan arreglar su vida sexual con urgencia; ya que, si ustedes no fueran tan insípidas, sus esposos no irían a buscar placeres en otras camas. Pero no se preocupen siempre pueden pedir la ayuda de esos omegas de burdel con los que sus maridos se meten porque son por muuuuucho, mejores que ustedes y sería información de primera mano. Les aseguro que incluso unas perras frígidas como ustedes podrán encender el palo de la pasión. Riza, Hiromi y Megumi, pueden ir a la zona roja en cualquier momento, les anotaré el nombre de los lindos omeguitas que tienen que atender a sus muy insatisfechos maridos.

En un instante el rojo intenso de la furia y vergüenza se extendió en el rostro de las 4 mujeres.

—¿¡Cómo te atreves!?, pero qué se puede esperar de un omega sacado de burdel cómo tú – exclamó furiosa Hiromi. Pobre de Usaka sama, tener que cargar con un omega cualquiera.

Arisu entrecerró los ojos y dijo: —Pues se puede esperar un matrimonio sólido, un hijo hermoso, y un esposo muy, pero muy feliz con su pareja… a diferencia de los suyos, jaja – rio con mofa.

—Chicas, tranquilícense, estamos llamando la atención – susurró Yurie notando cómo la gente se les quedaba mirando. Y no era para menos, habían hecho un escándalo y todas escurrían agua.

En cuanto la actriz abrió de nuevo la boca, Arisu habló.

— ¡Ah!, me faltabas tú – dijo golpeando su cabeza. Agarró aire y habló aún más fuerte. — Mira primero la viga de tu ojo Yurie, tanto que críticas a los omegas por según tú, ser "promiscuos", cuando tú, siendo beta no sabes ni cómo cerrar las piernas, porque vamos, talento como actriz no tienes, de no ser por el "patrocinio" que consigues por tus encuentros clandestinos nadie sabría de tu existencia. Hablas de que los omegas tenemos "asquerosos trucos de seducción" Ahora entiendo, por eso hablas tan fluido del tema, no es más que la voz de la experiencia, ¿o no? - Escupió sin consideración alguna.

La actriz se había sentido valiente con sus amigas al atacar a Takato, pues además del respaldo que tenía, estaba segura de que Himura no le diría absolutamente nada; sin embargo, con Arisu era diferente, bien sabido era que Usaka, manejaba todo el tránsito de armas y se había ganado una reputación de implacable cuando alguien se metía con él o su familia, por lo que insultar a su marido era como pisar campos minados a oscuras. Por ello, no le quedó más remedio que tragarse sus palabras y emprender la indigna retirada.

La pelinegra hervía en cólera y lágrimas de frustración comenzaron a correr por sus mejillas, su imagen era lamentable. Se había esmerado en su arreglo, se vistió, perfumó y maquilló con lo mejor que tenía, quería que Himura la reconociera y le dijera que era mejor que el sujeto frente a ella, pero nada de lo que planeó salió como esperaba. Al levantar la mirada y enfocarla en el horizonte, pudo ver al hombre que amaba de pie observándola. Por un instante, al contemplarlo, pensó que vendría a apoyarla, pero eso no sucedió; y lo peor para su corazón fue darse cuenta de que no era ella a quien miraba, lo cual la hizo sentirse el triple de humillada, pues los ojos dorados solo se dirigían hacia el omega que tanto odiaba.

El grupo de gente que se arremolinó para escuchar mejor la discusión, quedaron estupefactos con lo que Arisu le tiró en la cara a todas y la imagen que muchos tenían de "la gran actriz" se vino abajo cual torre de naipes. Otros tantos, criticaban el hecho de que esas mujeres atacaran a las parejas de dos de los jefes Yakuzas más reconocidos, mientras que una minoría esperaban quedar bien con las mujeres, pues estás no eran cualquier persona.

Hiromi tomó de la cintura a Yurie y le susurró que debían irse.

En cuanto el grupito de amigas pasó al lado de Takato y Arisu, una de ellas exclamó:

—Nuestro esposos sabrán de esto.

Arisu, por su parte rio y encarándola le dijo: — Sí, vayan. Ellos me darán la razón. ¡Ah!... otra cosita – advirtió. — Es la primera y última vez Kirito Hiromi, que pronuncias el nombre de mi esposo con tu asquerosa boca. Me importa un carajo que tu "esposito" sea el embajador, si quiero puedo hacer que llueva plomo del cielo.

—¿T-te atreves a amenazarme? – tartamudeó nerviosa.

Arisu la miró con frialdad y sonrió: — Te estoy advirtiendo. ¡Ahora fuera de mi vista!

Takato que había contemplado desde primera fila el duelo, quedó impresionado. Hasta el enojo que había sentido desapareció por completo.

Una vez que las cuatro se fueron con el rabo entre las patas, el azabache miró a Kiyotaka y le invitó a sentarse con él.

Ya sentado, intentó procesar todo lo que había ocurrido en tan corto tiempo.

—Vaya, eso fue….

—¿Vulgar?, ¿desagradable? ¿fuera de lugar? – preguntó el de pelo rojizo.

—¡Increíble!

—¡JAJAJA! – Arisu estalló en carcajadas y limpió con su dedo las lagrimillas que se habían formado en la esquina de sus ojos — Aaah… Me agradas. Tiempo sin verte Himu…

—Llámame Saijo por favor.

—Cierto, ya me lo habías dicho. Tiempo sin verte Saijo kun. Lamento el espectáculo.

—Creo que ellas mismas se lo buscaron. Además, también contribuí a este aventándoles agua, ¿no viste?. Ahora me siento realmente abochornado, no dejo de sudar.

—Mmm sí, me di cuenta jajaja y fue maravilloso, ¡bravo! – aplaudió conmovido.

Ambos rieron, lo cual hizo que terminaran de relajarse por completo. Las personas alrededor comenzaron a dispersarse, algunas se acercaron a expresar apoyo reprobando la actitud de las féminas, sobre todo la señora del Jefe Ayagi, Narumiya Mari, ahora Ayagi Mari. Quien se disculpó por el mal rato que pasaron prometiendo que hablaría con su esposo de cómo ocurrieron los hechos, por lo que no tenían que preocuparse por nada. A lo que ambos hombres asintieron y agradecieron.

—Aún no creo lo que acaba de pasar, me moví por instinto, pero ahora me tiemblan las manos – dijo Takato mostrándolas. — Me alegra que mi bebé no viera esto.

—Ni yo, la verdad. Estaba de espaldas cuando comencé a escucharlas y cuando me volteé para ver quiénes eran te vi todo listo para repartir golpes y simplemente no pude evitar meterme cuando escuché a esa actriz de quinta insultarte. De verdad, ¿en qué mierda estaban pensando? Y sobre tu niña… mandé a mi hijo a buscarla y a que jugara con ella. Deben andar por ahí trepando algún cerezo — dijo Arisu moviendo la mano.

—Bueno, conozco el motivo de una de ellas. Las otras supongo solo se solidarizaron con su causa. Muchas gracias por apoyarme y mandar a Kiyomi kun con Haru, no salgo mucho y creo estoy un tanto oxidado en cuanto a relacionarme con los demás. Lamento que por mi culpa te hayan insultado.

—Mira, no tengo mucho de tratarte y eso es porque… prácticamente no existías, todos sabíamos que Himura san tenía un esposo e hija, pero eran como una leyenda urbana. Así que si alguien te odia solo puede existir un motivo: ENVIDIA. Y sobre lo otro, no te preocupes. Lo que dijo es cierto, mi marido me sacó de un burdel. Nada de lo que digan sobre mí puede lastimarme u ofenderme. Lo único que sí me molesta es que usen mi pasado para insultar a mi marido.

Por un momento Takato no supo que decir y su mirada honesta y sorprendida le causó gracia a Kiyotaka.

—Oh, pero no me mires así, ni te pongas incómodo, te resumiré la historia jaja. Verás, soy omega, nací de una mujer beta que quedó embarazada de un cliente frecuente. Mi madre era una esclava sexual, al final falleció por infecciones y como su deuda no estaba pagada me tomaron a mí. Al principio trabajaba limpiando, pero cuando cumplí 12 años me mandaron a servir de otra manera. Fue horrible, pero a los 15 conocí a Usaka, él tenía 25 años y ya era el brazo derecho de un clan que ya no existe, Su Oyabun lo llevó al burdel para que se relajara, el pidió por mi y cuando estuvimos solos, no me tocó. Me pareció extraño, pero no dije nada, había clientes muy extraños y con fetiches que daban miedo, así que tener a uno que no me atacaba era un alivio; sin embargo, el siguió yendo, siempre me llevaba comida y durante todo ese tiempo jamás me pidió otra cosa que no fuera charlar. Le conté sobre mí, él me contó sobre su vida, como cómo entró a la Yakuza, me dijo que al principio él era el chico de la limpieza y mandados, hasta que con el tiempo fue subiendo. Él no era muy expresivo, pero… me fui enamorando perdidamente.

Takato escuchaba con atención, jamás imaginó que la persona tan alegre frente a él hubiera tenido una vida tan dura, por lo que le fue imposible no compararse, si bien él sufrió y sufría con Himura, al menos era un solo hombre quien lo torturaba y no cientos. Su vida no era la peor y Arisu lo confirmaba. Esto le hizo sentir un poco mal consigo mismo al estar tan enfrascado en sus propios problemas.

Otra cosa que le impresionó fue que aquel hombre a quien Himura le hablaba con tanto respeto, hubiera comenzado desde abajo. Pues pensaba que este era el hijo de alguien importante y que por ello había llegado a ser un Jefe.

Mientras tanto, Arisu continuó:

—Para no hacerte la historia más larga, pasó un año en el que no lo vi en absoluto, fue un verdadero infierno, no quería atender a los clientes, así que me castigaban seguido, no quería que siguieran mancillando mi cuerpo porque quería ser de un solo hombre, pero él ya no se aparecía y cuando había perdido toda esperanza de volver a verlo, entró al local y pidió mi liberación, había trabajado para pagar mi deuda. Así que ¿Cómo podría no amarlo?; después, me llevó a vivir a su departamento y por cinco años vi su trabajo, en el 6 año se convirtió en el Oyabun de su propio Clan, el hombre para el cual había trabajado falleció y al no haber dejado herederos, Usaka tomó su lugar y cambió el nombre. En conclusión, él es mi salvador, mi compañero y amor de mi vida. Me aceptó aún siendo tan impuro, me respetó y aunque él sea un beta y yo un omega, no necesito una marca en el cuello para sentirme suyo y él mío, pues nuestro vínculo está en nuestros corazones y en nuestro hijo.

—Eso es hermoso, gracias por darme tu confianza y por contarme sobre tu historia – dijo Takato.

—Soy bueno juzgando personas y tú pareces una de confianza. En fin, ya te conté sobre mí, ahora es tu turno, ¿cómo es posible que un chico tan lindo como tú haya conocido y casado con el señor Himura amargado cara de mojón atorado?

Takato parpadeó varias veces al escuchar la forma en que Arisu se refería a Kenichi, al parecer no le tenía el mínimo respeto y eso le pareció sorprendentemente satisfactorio y divertido, tanto, que le hizo tirar por la ventana la incomodidad que la primera parte de su pregunta le había causado.

—¿Qué? ¿cómo lo llamaste? – preguntó con los labios un poco distorsionados por la risa que quería escapar de su boca. Sin embargo, la respuesta no llegó, en cambio una voz desde sus espaldas resonó como rocío matinal.

—¡Venga!, había escuchado muchos apodos sobre él, pero este es por mucho el más creativo y acertado de todos.

Chunta asomó la cabeza entre ambos hombres y giró el rostro hacia Takato, solo unos cuantos centímetros les separaban, podían sentir el aliento caliente que salía de sus bocas golpear sus mejillas y solo podían pensar en lo condenadamente bien que eso se sentía. Que de no ser por el lugar en el que se encontraban, no habrían tenido reparo alguno de besarse apasionadamente.

Así, perdidos en el momento, el de ojos verdes comenzó a mover los labios sin dejar salir un solo sonido. El mensaje había sido claro: "AMO VERTE". Seguido de una sonrisa angelical.

En un instante las mejillas pálidas de Takato se llenaron de un precioso color rosado y el pecho le ardió cual fuego. Tuvo que apartar el rostro para que su otro acompañante no viera el lío que era en esos momentos.

—Pero si es el Oyabun más codiciado de por aquí – dijo Arisu cortando el momento — llegas en el momento perfecto Azumaya san, mi marido me está llamando, seguro ya se enteró de lo que pasó – susurró a Takato para de inmediato volver la vista hacia Chunta. — Quédate por favor con mi amigo, trátalo bien y vuelvo enseguida.

—Arisu san, pierda cuidado, atenderé muy bien a Saijo san. – Aseguró.

—Confiaré en ello – dijo al tiempo que se ponía de pie — Saijo san, aún tenemos muchas cosas de que platicar, como que tu hija asistirá al mismo colegio que Kiyomi, entre otras. Así que si ya no te alcanzo toma mi número, luego nos podemos poner de acuerdo para vernos.

—Gracias, me encantaría hablar sobre eso.

Al fin se despidieron y en la mesa quedaron solamente las dos personas que más ansiaban encontrarse.

—Te extrañé – pronunció Chunta con voz de terciopelo.

—Y yo a ti. Mucho…

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Gracias Sissi1789

Por ti es que sigo subiendo los capítulos a esta plataforma. Es triste cuando te esfuerzas en algo y nadie te dice su opinión al respecto. Eres la primer persona que lo hace y de vdd te lo agradezco.

Espero disfrutes de estos capítulos.