Capítulo 11

INESPERADO

Si las miradas hablaran, las suyas habrían revelado lo perdidamente fascinados que estaban el uno con el otro. Cosa que por nada del mundo podía decirse en voz alta, al menos no por el momento, pues para su desgracia, Takato aún no era libre.

Si bien el silencio entre ellos era reconfortante, las ocasiones como esta en las que podían coincidir eran realmente escazas y debían aprovecharse; por lo que, decidido a no dejar pasar la oportunidad de hablar cara a cara, Takato soltó lo primero que le vino a la cabeza.

—No veo a Sasaki san contigo. ¿No te acompañó?

Chunta sonrió ante el comentario.

—Me pondré celoso si me preguntas por otro hombre que no sea yo – dijo mostrando un rostro juguetón al tiempo que chocaba en repetidas ocasiones la cuchara con el plato de porcelana frente a él.

En el acto, Takato abrió muchos los ojos y sus finos labios se entreabrieron como si no supiera cómo responder a ello y un leve rubor provocado por la vergüenza tiñó sus mejillas.

Chunta al observar la preciosa expresión, apretó los puños para no lanzarse encima del ojiazul y llenarle de besos. Por consiguiente, carraspeo un poco intentando aclarar su garganta, soltó la cuchara que sostenía y comenzó a mover sus manos en negación diciendo que solo había sido una broma. —Lo siento, no quería conflictuarte, Sasaki se quedó en casa atendiendo unos asuntos, pero me encargó que si te veía te diera sus saludos.

Takato recobró la compostura y su cuerpo se relajó en cuanto escuchó hablar al castaño.

—Gracias, por favor hazle saber mis saludos también.

—Así será, por cierto… ¿te encuentras bien? Hace rato que estaba con Usaka san escuché que unas mujeres te estaban molestando y al señor Arisu también. Por eso vine de inmediato a verte. – dijo extendiendo su mano colocándola sobre la nívea del menor, quien, en cuanto el delicado toque le acarició, se sintió reconfortado, lamentablemente no podía permitirse tales demostraciones de afecto en público; por lo que segundos después la retiró.

Ante la acción, Chunta se sintió un poco decepcionado. Cosa que no pasó desapercibida por el ojiazul.

—Perdón, pero por favor no me toques aquí… él podría darse cuenta y temo que pueda hacerte algo. – pronuncio apenado Takato.

—No, no tienes por qué disculparte, yo fui el inconsciente. Por favor no te preocupes por mí, nunca me podrá hacer algo, lo prometo. Gracias por ser tan atento me hace sentir amado. Ahora ¿me dirás qué fue lo que pasó? – preguntó curioso.

Takato asintió y le contó todo desde el principio y con lujo de detalle, incluso reveló que la mujer que más lo había atacado era la amante de Himura. Cosa que no le causó gracia alguna a Chunta, quien de vez en vez ponía un rostro molesto a medida que el relato avanzaba, para posteriormente mostrar uno de incredulidad mezclada con sorpresa cuando el azabache describía cómo vertió el agua de la jarra sobre las tipas.

—Jajaja, ¿De verdad hiciste eso? – preguntó tapando su boca en un intento por retener la risa.

—Sí, sí… y no me arrepiento. Si después tengo problemas por esto igual me sentiré satisfecho.

—Dudo que haya repercusiones, al parecer una de ellas es la esposa del Embajador Kirito y resulta que el Clan Himura le ha estado pasando grandes cantidades de dinero, pues este piensa lanzarse como candidato a la gobernatura de Tokyo, así que la única persona que va a recibir un fuerte regaño es su mujer.

Takato le miró perplejo, ni él que vivía en la misma casa sabía de la clase de tratos y negocios que se entretejían, pero igual era de esperarse, pues jamás se había interesado por saber sobre los asuntos del Yakuza; además, había quedado claro que cuando se involucraba las cosas salían realmente mal, como fue el caso con el viejo Uenoshi. El simple hecho de recordarlo le provocaba devolver el estómago.

Aun así, le pareció curioso que Chunta supiera de los asuntos privados de Himura, ya que, aunque Takato se podía considerar un ignorante en materia de política y tratos bajo la mesa, que un hombre que vive "rectamente" reciba dinero de un Yakuza, era algo que no debía ser sabido por terceros; por lo que, motivado por la confianza preguntó:

—¿Cómo es que sabes eso? ¿tú también estás involucrado? – soltó esperando que no fuera el caso.

—No, no. Para nada. Yo no patrocino a nadie y lo cierto es que me enteré por pura casualidad cuando escuché a Himura y Kirito hablando en su fiesta de cumpleaños.

Takato solo soltó un "oh" en respuesta. Al parecer, aunque el Clan Azumaya y Himura fueran aliados, había cosas que no compartían. Entonces la voz de Chunta volvió a escucharse.

—Alguna vez ¿has oído algo respecto a los negocios de Himura? – preguntó Chunta obteniendo como respuesta un movimiento de cabeza negativo.

—Lo único que he escuchado, es que últimamente está desesperado por algo que se le perdió. Ha estado de pésimo humor y ha movilizado a todo el Clan para encontrar eso, los tiene distribuidos por todo su dominio, lo último que supe es que habían encontrado una bodega cerca de Roppongi con rastros de aquello. La verdad no quiero ni saber de qué se trata, me da miedo escuchar o ver más de lo que ya he visto y oído.

—Te entiendo, pero nadie se salva en la ignorancia.

—¿Qué quieres decir?

—Imagina que hay una plancha caliente sobre una mesa y un niño pequeño en el extremo, el niño no tiene idea de que ese aparato puede lastimarlo; así que confiado va, lo toma y se quema. El no saber, no lo salvó de quemarse. Lo mismo aplica para todos, en tu caso sería bueno que al menos conocieras qué es lo que hace y con quien habla, eso podría servirte en el futuro para ser libre.

Takato abrió la boca como si quisiera decir algo, pero prefirió callar y reflexionar en las palabras del castaño. "Saber"… realmente ¿podría sacar provecho de ello en algún punto?

—Por ejemplo: - continuó — puedes comenzar por saber quiénes serán los guardaespaldas que cuidarán de ti cuando vayas a la universidad y Haru al colegio. Así podré arreglármelas para secuestrarte y tenerte solo para mí – comentó sonriente el alto.

La declaración le hizo sentir mariposas en el estómago, —qué maravilloso sería poder verte todos los días. – pensó.

Recordó que durante sus pláticas casuales por teléfono, el tema sobre separarse de Himura era uno que aún no se tocaba al cien porciento, en parte porque tenía miedo de la reacción del yakuza y segundo porque aún no podía lanzarse a los brazos de alguien que apenas estaba conociendo con todo y su niña, no importa qué tanto le gustara o atraído se sintiera; además, la marca en su cuello sería algo que les recordaría cada día que jamás podrían pertenecerse por completo. Sabía que Chunta quería ayudarlos, pero por el momento no era posible y no tenía idea de cuándo pasaría o si realmente ese día llegaría.

—Mis guardaespaldas serán Ramiro y Ken. Ramiro aunque tenga 33 años se ve más joven y Ken pues… él está en la edad, así que tomará las clases conmigo. Como te dije no es una universidad prestigiosa, mi nivel no es tan bueno… pero pienso esforzarme – dijo con tono serio.

Takato estaba realmente nervioso por ese nuevo paso a dar, pero al mismo tiempo lo deseaba como a nada en la vida. Seguía sorprendido por el hecho de que Himura hubiera cedido a dejarlos estudiar fuera de casa, al parecer el aguantarse y no pelear con él, tenía su recompensa. Aunque muchas veces quería dejar caer la toalla, al pensar en su nena viviendo una vida escolar "normal" era motivo suficiente para soportarlo todo. Aparte, la emoción que le brindaba el abandonar la mansión y respirar aunque fuera un poco la libertad, era tan inmensa que no podía esperar a que ocurriera.

—Me parece perfecto, en cuanto tengas tu horario por favor dime cuando estarás libre para poder visitarte en el campus. ¿Ken es de confianza? ¿Podré ver a Haru también?

—Lo es, es un poco despistado pero confiable. Sobre Haru, no quiero que ella se vea involucrada en nuestras reuniones, sé que tienes las mejores intenciones, pero no quiero que ella tenga que mentir o sentirse presionada por guardar el secreto.

—Tienes toda la razón… por cierto, ¿vino contigo? – preguntó al notar que la pequeña no se encontraba alrededor.

—Sí, está con Ramiro y ken. Fueron por comida, pero creo Kiyomi, el hijo de Arisu san está con ella, así que seguro andan jugando.

—Oh, ya decía yo que era extraño no verlos por aquí…

—Mi pequeña y Ramiro son como unas aspiradoras, estoy seguro de que arrasaron con todo lo del buffet.

—¿Quieres que vaya por algo para ti? No puedes vivir solo de aire. - Dijo señalando el plato que aún tenía la servilleta en forma de cisne sobre este. — Eso sí, no cuentes con que te traeré agua, porque ya sé que te encanta tirarla. – advirtió con tono socarrón.

Takato, que para este punto se encontraba totalmente relajado, dejó salir una risa fresca que tintineo en sus oídos cual cerezos mecidos por el viento. Lo que se complementó cuando el hermoso rostro esbozó una sonrisa de oreja a oreja, que brillaba de alegría.

Junta, incapaz de dejar de mirarlo le llamó: —Takato…

—¿Sí?

—Justo ahora tengo el fuerte impulso de besarte – susurró con voz seductora al tiempo que pasaba su pulgar sobre su labio inferior. Acción que no pasó desapercibida para el ojiazul que ante el gesto no pudo evitar que una exhalación cortada saliera de su boca. Nuevamente el calor que había sentido antes volvió para extenderse por todo su cuerpo.

Takato miró hacia todos lados y una vez seguro de que Himura no estaba alrededor dijo: —¿Por- por qué me haces esto?... – reclamó. —Yo, yo también quiero hacerlo…

Decidido, se puso de pie y con la mirada desviada pronunció:

—Supongo que beber tanta agua hizo que me dieran ganas de ir al baño.

Con esas palabras, fue más que suficiente para notar que Takato había aceptado que él también añoraba ese contacto.

Chunta, recargando los codos sobre la mesa no perdía detalle del azabache, su audacia le había impresionado y excitado al mismo tiempo, pues ni en sus más locas fantasías imaginó que le daría tal respuesta, a lo que solo pudo contestar con un:

—Sí, creo que yo también bebí mucha agua.

Mientras tanto, en la entrada del estacionamiento un hombre abofeteaba con rudeza el rostro de Yurie. La mujer lloraba a mar abierto al tiempo que acariciaba su adolorida mejilla buscando alivio.

—¿¡Por qué me golpeas!? Yo no hice nada, fue todo culpa de ese estúpido omega que tienes como pareja, es un salvaje que apenas me vio me atacó como el perro callejero que es.

—Cierra la maldita boca – gruñó Himura mientras daba otra calada a su cigarro. —Esperaba más de ti Yurie… pero al parecer eres otra estúpida que se toma atribuciones que no le corresponden. Eres fastidiosa y yo detesto a la gente fastidiosa. Ya no me sirves, no vuelvas a pararte frente a mi y si vuelves a molestar a mí omega, me aseguraré de arrancarte la lengua.

—¡No!, ¡No! ¡no puedes hacerme esto Kenichi! Yo te amo, yo daría todo por ti, me arreglé por ti, hice todo lo que me pediste, no volveré a hablar con ese… con él. Te lo prometo, pero por favor, por favor no me dejes – rogó la mujer entre sollozos tirada en el suelo abrazando las piernas del de ojos ámbar.

Himura, sin contemplación alguna sacudió su pierna alejando a la actriz de él de una manera agresiva y humillante. Arrojó la colilla del cigarro y lo aplastó con la punta de su pie. Todo en perfecta calma.

Finalmente acomodó su saco y dijo:

—¿Sabes qué otra cosa también odio? – le preguntó mirándola con frialdad — las personas que ruegan.

De inmediato llamó a uno de sus guardaespaldas y le ordenó que se asegurara de que Yurie subiera al auto y se largara de una vez por todas del lugar.

Destrozada física y emocionalmente, la mujer se dejó guiar, aún sin poder creer lo que había pasado. Dentro del carro apretó los puños y con voz cargada de odio dijo: —Me las vas a pagar, ¡te destruiré maldito omega! ¡TE DESTRUIRÉ!

Por su parte, Himura se encamino hacia el jardín para volver con Takato. No tenía prisa pues había visto como Arisu le acompañaba, además las feromonas que había dejado en él servirían como barrera. Pensando en ello disminuyó la velocidad de sus pasos y justo cuando atravesaba el puente de estilo oriental, Kirito le bloqueó el paso. El sujeto estaba temblando y con voz nerviosa se disculpó por el comportamiento de su esposa.

Himura que estaba harto del drama, maldijo por haber regresado a Hashiba a la oficina. De estar este último presente se hubiera hecho cargo de lidiar con todas las molestias que habían surgido y que por el momento él debía atender.

El hombre lejos estaba de pensar que mientras él perdía el tiempo con el embajador, Takato y Chunta se devoraban a besos en uno de los baños más alejados del jardín.

—¡Mmmhh!

—Shh, baja la voz…

—Mmnnh, sí…

La sensación de morder y succionar los labios superior e inferior perturbaba sus mentes. Chunta extendió la mano abrazándolo por la cintura. Como sus cuerpos estaban fuertemente unidos, Takato pudo sentir su centro de excitación firmemente entre sus muslos.

Torpemente, el ojiazul se retorció entre sus brazos, pero Chunta no lo soltó. Su boca húmeda se tragó sus labios y aplastó su carne como si la estuviera masticando. Parecía algo impaciente, como un hombre sediento después de haber atravesado el desierto. Su lengua húmeda entró y se agitó violentamente en la pequeña boca que le recibía gustoso.

Takato estaba extasiado por las ricas y fuertes sensaciones que lo hacían vibrar. No tenía la suficiente confianza de enfrentar la mirada que estaba justo frente a su nariz, así que simplemente apretó los ojos y se dejó hacer.

Las lenguas de ambos se enredaron, Takato no podía despertar de la sensación de estar envuelto y siendo frotado con fuerza. La saliva que se acumulaba en su boca pasó por su garganta; entonces, Junta, que había levantado la punta de su lengua, palpó su blando paladar y aplastó el interior mientras ponía más fuerza a la mano que sostenía su nuca en un impulso para que abriera aún mas su boca y lae lengua penetrara más profundo. Succionó con hambre su carne. Su mente estaba en blanco y sentía que sus pantalones podían estallar debido al calor que se acumulaba debajo de su cintura.

—Mnnhh, aah, Chu-Chunta…

En cuanto sus labios se separaron, una exhalación entrecortada escapó de su boca y fue entonces que pudo ser consciente del olor a feromonas que se habían concentrado en el espacio, así que no importaba cuánto exhalara, no era fácil respirar, sus propias feromonas lo estaban asfixiando.

El castaño acercó sus labios al cuello de Takato y comenzó un camino de besos que lo recorrían de extremo a extremo. El abrazo no se había aflojado en lo más mínimo, por lo que sus miembros evidentemente excitados se frotaron descaradamente el uno contra el otro. Fue entonces que Takato se preguntó qué tanto podrían ir esta vez, nunca habían excedido de los besos y no sabía si el vínculo surtiría los temibles efectos si las manos de Chunta se posaban en partes más íntimas de su cuerpo a las que nunca habían llegado.

Cuando al fin pudo abrir los ojos, Junta lo miraba como si todavía anhelara algo más. Las gemas verdes brillaban en deseo y Takato no tenía la más mínima intención de apagarlas.

Esta sería una apuesta contra "la marca", si podía intimar con Junta sin sentir asco o ganas de morir, entonces dejaría de preocuparse por la mordida en su cuello y lo que esto significaba, sería otro paso a la libertad, uno en el que podría probar del placer real que se experimenta cuando sientes amor y atracción por la otra persona.

Con manos temblorosas fue bajando hasta que sus palmas tocaron el miembro oculto de Junta con evidente nerviosismo. Lo frotó repetidamente de arriba hacia abajo hasta que escuchó la voz del castaño.

—Mmmh, pensé que solo me permitirías besarte – exclamó con voz ronca.

—¿Estás satisfecho solo con besos? – preguntó Takato con su consciencia un poco nublada debido a las feromonas.

—Mientras tú estés satisfecho, yo lo estaré también. Haré lo que tú quieras – finalizó depositando en beso en la frente del bajito.

Takato se separó de Junta y con piernas temblorosas caminó hacia el lavamanos, posando su trasero sobre este. Oficialmente podía decir que se había olvidado por completo de dónde se encontraba y el riesgo que implicaba. Desabotonó con torpeza su blusa dejando al descubierto sus botones rosados que, por la excitación, se mostraban firmes y altivos. Abrió las delgadas piernas que colgaban en el aire, y el pequeño bulto entre ellas palpitó reclamando atención.

Finalmente, con voz necesitada y llena de excitación habló:

—Entonces, ¿podrías quitarme este calor?

Junta, que no podía creer lo que veía se relamió los labios, un brillo de satisfacción destelló en sus ojos cuando el collar de loto se dejó ver colgado en el fino cuello. Cepilló su cabello y haciendo uso del poco autocontrol que le quedaba dijo:

—Será todo un placer.

Pronto avanzó hasta posarse sobre el pequeño cuerpo, sonrió y como si de porcelana fina se tratara, una de sus manos acarició suave y tortuosamente de arriba abajo el muslo interno del azabache, mientras inclinaba la cabeza y sus labios rozaban los botones rosados que parecía que estallarían en cualquier momento.

—Ugh…

Junta, enterró sus labios sobre el pequeño pezón y chupó profundamente. Su lengua húmeda rodó y lamió hasta que este comenzó a escocer; entonces, un extenso sollozo escapó de la boca de Takato incapaz de controlarlos ante los nuevos estímulos que siguieron, provocando que inevitablemente se mojara.

Satisfecho con el trabajo hecho, Chunta pasó al otro pezón que estaba seco y necesitado, luego lo rodó con la punta de su lengua y repitió la acción con ferviente devoción.

Takato estaba sorprendido de que su cuerpo reaccionara tan feliz ante su toque, era algo nuevo para él e increíblemente placentero, como nunca antes había experimentado. Junta era Beta él un omega enlazado y aún así lo que estaban haciendo se sentía totalmente correcto, como si las piezas encajaran a la perfección.

Tragó un gemido profundo que estuvo a punto de salir cuando la lengua húmeda presionó su protuberancia.

—Ah, ya… ya no los chupes… - dijo con voz entrecortada.

Ante la petición, Chunta siguió un camino de besos húmedos hacia el sur, dejando un rastro de saliva a su paso hasta chocar con el cinturón que mantenía los pantalones del azabache en su lugar. Sin esperar más tiempo, desabrochó lo que impedía su avance y de un jalón lo quitó por completo dejando la piel desnuda y expuesta.

—¡Aah! – un grito ahogado salió de Takato cuando una de las enormes manos del castaño apretó con fuerza su glúteo.

—Ah, ¿qu- qué harás?

Junta le dedicó una rápida mirada ante la pregunta y enseguida se arrodilló frente al pequeño miembro que para entonces estaba completamente erecto y bañado en dulces fluidos. Colocó ambas manos en el carnoso trasero y lo atrajo hacia él, entonces, sin pensarlo dos veces, introdujo el pene en su boca hasta las bolas.

Takato tembló, sus caderas se tensaron y, sin saberlo, enterró sus dedos en el cabello castaño desesperado por el placer que le otorgaba. Inclinó la cabeza hacia atrás y gimió con fuerza cuando la lengua de Chunta jugó con sus testículos. Lo estaba gozando por completo, el movimiento que hacía que su prepucio se recorriera, la lengua que lo probaba como si fuera una paleta y las manos que estrujaban su trasero, cuyos dedos rozaban descaradamente su palpitante entrada, era más de lo que podía soportar y procesar.

—Mnnh, chu-chun..., po-por or…

Quería decirle que estaba a punto de correrse, pero le era imposible articular algo coherente.

Junta interpretando sus gemidos aceleró sus movimientos, y justo cuando sintió que este se hinchaba un poco más uno de sus dedos resbaló entre las carnes y se clavó profundo en el agujero que no dejaba de escurrir miel.

—¡Oh! uff… ¡ah, sí!

El delgado cuerpo comenzó a retorcerse salvajemente y una descarga eléctrica le recorrió por toda su columna hasta los dedos de los pies que se encogieron cuando su pene estalló en la boca de Chunta. Sus sentidos alcanzaron su punto máximo y todo su cuerpo se puso rígido. Su trasero era un desastre que palpitaba y dejaba salir lubricación exagerada.

En cuanto eyaculó, Chunta dejó de moverse lentamente, sacó el dedo que había enterrado y sacó el miembro flácido de su boca. Había bebido hasta la última gota que Takato le había regalado.

En cuanto se levantó, la visión de un Takato desarreglado, lloroso, desnudo y respirando agitadamente intentando recuperar su ritmo normal después de experimentar los efectos del placer, le voló la cabeza.

Lucía endemoniadamente tentador y su pene que rogaba por ser liberado empujaba sus pantalones hasta el extremo. Pero por hoy había sido suficiente.

—Chunta, tú… quieres que yo… - balbuceó Takato al notar que el otro no había sido atendido en sus incuestionables necesidades.

—No cariño mío. – dijo con ternura mientras humedecía una de las toallas y lo limpiaba por todos lados hasta finalmente acomodar su ropa. — Por ahora solo haremos esto, quiero que nuestra primera vez sea especial. Además, tu celo ha llegado, me di cuenta de ello cuando te subiste aquí — dijo dando unos golpes al lavamanos. —Si estuviéramos en otro lugar te podría ayudar como tú te mereces, pero estamos en una fiesta y vienes acompañado. Con esto que acabo de hacer podrás soportarlo un poco más hasta que puedas tomar un inhibidor.

Takato se estremeció al escucharlo. Ahora todo tenía sentido, el impulso agresivo que tuvo, los bochornos, la descarada forma en la que se estuvo comportando… su celo había llegado y lo hizo en presencia de Junta. Sintió una vergüenza como nunca antes la había sentido, le había mostrado su lado lascivo, coqueto y no había nada que pudiera hacer al respecto.

Apenado escondió el rostro tras sus manos y susurró un "lo siento" muy bajito.

—Por favor no digas eso o sentiré que te arrepientes de haber hecho esto conmigo. A mi me fascinó, conocí un Takato inesperado, tuve el privilegio de mirar y acariciar tu suave piel, saborearte y llevarte al orgasmo. Además, pudimos comprobar algo que estaba en nuestras cabezas, ¿o no? – preguntó Junta tomando las manos del azabache retirándolas de su cara.

—No me arrepiento, solo… entiende, me siento apenado…

—No tienes de que apenarte, eres absolutamente hermoso, perfecto, tierno, sexy – enumeró al tiempo que depositaba besos por todo su cuerpo — y lo que más feliz me hace, es que no me rechazaste – dijo sellando sus palabras con un piquito. —¿Tienes idea de lo que eso significa?

Takato parpadeo varias veces y asintió desviando la vista.

—¿Me podrías decir qué significa?

Takato lo encaró y con movimientos torpes pasó su brazos sobre los hombros de Junta.

—Significa... que podemos estar juntos.

Junta sonrió y devolvió el abrazo, otorgándole caricias reconfortantes en su espalda.

—Así es, cariño. Y te prometo que la próxima vez te abrazaré de la manera correcta. – susurró en su oído.

—Mmnnh….

El toque de Junta, aunque inofensivo, se estaba volviendo realmente peligroso para el omega en celo. Por lo que, con todo el dolor de su corazón tuvieron que separarse.

Mientras se miraban el uno al otro, el celular de Takato comenzó a sonar. Era Ramiro que estaba preocupado por no encontrarlo en donde lo había dejado. Pronto, el ojiazul le explicó que su celo había llegado, así que se iría al coche.

Junta no perdía detalle de su conversación y en cuanto colgó le preguntó si realmente se quedaría solo en el carro. A lo que Takato asintió. Por ello, el castaño se ofreció a acompañarlo.

—No, no te preocupes por mí. Estoy marcado, nadie puede oler mis feromonas. Tengo inhibidores escondidos en los asientos de los carros, no quiero que Himura me tome porque lo detesto y también porque si no podría quedar embarazado. Obviamente se va a dar cuenta de que estoy en celo, pero para cuando lo haga todo habrá terminado y no estaré siendo controlado por el calor – dijo con ojos tristes.

—Pero igual él puede provocar tu celo, ¿no?

—Sí, pero se podría decir que es un celo antinatural. También existe riesgo de embarazo, pero mientras que en mi celo natural es del 80%, en el provocado es del 50% y puedo estar consciente de lo que hago; pero si ambos entramos en celo natural es 100% probable que quede en cinta – explicó. — Himura no me deja tomar inhibidores ni anticonceptivos, pero Ramiro se arriesga y me ayuda metiéndolos a la casa. A veces carga en la bolsa de su pantalón una post-day – rio como si eso le causara gracia. Sin duda era algo terrible, pero al ser su pan de cada día había aprendido a sobrellevarlo.

Junta en un impulso lo tomó nuevamente entre sus brazos y besó varias veces su cabeza.

—Takato, confía en mis palabras. Esto no será así para siempre.

Takato esbozó una sonrisa agridulce, no sabía si Junta le vendía un sueño, si era demasiado ingenuo o hablaba con la verdad. Pero él se limitaría a disfrutar de las pequeñas alegrías que sus encuentros le otorgaban. Y justo ahora, nadie podía quitarle la enorme alegría y satisfacción de por primera vez en la vida sentirse lleno en alma, mente y cuerpo.

Por otro lado, Himura, que al fin se había desentendido de todas las personas que le impedían volver a la mesa, observó cómo su niña platicaba animadamente con el hijo de Usaka, quien al parecer se había adueñado de uno de los lugares. Ramiro permanecía de pie a un metro de distancia. Pero Ken no se encontraba ni Takato. Esto último lo volvió loco y justo cuando iba a preguntar por él, Haru le atacó.

—¡Papi! ¿dónde has estado? – preguntó la pequeña con los brazos cruzados — yo ya comí, vi los cerezos y jugué con mi amigo Kiyomi y tú no aparecías. Quería ir al puente contigo y mami – reclamó.

El hombre se controló y rápido le dijo que había estado saludando a mucha gente, pero que ahora mismo iría por su mami para ir a donde quería.

La niña, satisfecha con la respuesta le presentó a su nuevo amigo. A lo que Himura respondió con un hola y llegando al límite de su paciencia preguntó:

—Mi amor ¿dónde está mami?

La niña, que dirigió la vista hacia su padre, movió los hombros hacia arriba. —No sé, cuando vine a sentarme no estaba.

Furia fue lo único que pudo leerse en el rostro de Himura, este no pensaba regañarlo por la escena con las mujeres, al final, el que las ellas hubieran molestado a Takato le dio ventajas económicas, pues los maridos de estas habían corrido a disculparle y ofrecerle una compensación por la falta. Sin embargo, el que hubiera desaparecido sin decir nada, era algo que sí que le haría pagar.

Ramiro pudo leer el ambiente y antes de que el toro siguiera bufando y saliera despotricando de coraje se acercó a él.

—Tú, ¿dónde está Takato? – preguntó el yakuza con voz gélida.

—El amo Himura entró en celo y decidió retirarse al auto, Ken está haciendo guardia. – informó con seriedad.

—¡Ja! Así que esa es la razón.

Ahora, la furia que había sentido era remplazada por un espíritu lujurioso. Le habían dado la mejor noticia. Pocas veces había disfrutado del sexo con su omega en celo y ese, era uno de los mayores placeres que experimentaba, pues el delicado cuerpo se derretía con su toque movido por el instinto. Según el control que llevaba sobre Takato, este tenía mucho sin que el celo le llegara y eso le había preocupado, tanto así que había puesto una fecha límite para que ocurriera o sino lo llevaría con un especialista para tratar su problema; sin embargo, lo que él no sabía es que sí le llegaba, pero lo ocultaba.

Así e incapaz de esconder su repentino buen humor, tomó a la niña en brazos, le hizo que se despidiera de Kiyomi y caminó hacia el carro. La fiesta había terminado para ellos.

Mientras caminaban, Ramiro avisó a Takato. En seguida su teléfono vibro, él pensó que se trataba de su patrón, pero el número no coincidía. Abrió el mensaje y este decía:

"¡Ayuda, me tienen secuestrado! Si me quieres de vuelta, tienes que venir por mi a la dirección: xxxxxxxxx el día xx"

Dio click en la imagen anexada y ¡oh, sorpresa! El sombrero que había portado el 14 de febrero apareció tirado en la esquina de una habitación.

Esbozó una media sonrisa al reconocer de quién se trataba. Bloqueó la pantalla y guardó su móvil sin responder al secuestrador. Por ahora había un asunto más importante que atender. En cuanto llegaron al destino, las tripas se le hicieron nudo al imaginar lo que pasaría con su patrón y le costaba mirarlo a la cara; sin embargo, cuando lo hizo, pudo notar un brillo que antes no estaba y como acto reflejo giró su cabeza para notar que, a la distancia, Azumaya los observaba.

—Vaya, vaya… aquí hay gato encerrado - dijo el moreno rascando su barbilla.

Mientras tanto, a las afueras de Tokyo, un hombre con porte elegante, de lentes y mediana estatura se estacionaba justo en la entrada de una vieja cabaña que parecía sacada de algún cuadro de Thomas Kinkade, algo muy raro de ver en Japón, pero que, debido a la ubicación, era prácticamente un tesoro bien escondido entre el paisaje inundado de abetos, flores silvestres y maleza. Un santuario que invitaba a la privacidad y la calma.

En ambas manos cargaba unas enormes bolsas de papel que le dificultaban el movimiento. Como pudo cerró la puerta de la camioneta y avanzó con precaución ya que la única luz que iluminaba el lugar era la que se colaba de las ventanas; sin embargo, en cuanto sus pies tocaron los escalones de madera, el crujido escandaloso delató su presencia y de la casita salió corriendo un niño de aproximadamente 7 años de edad con linterna en mano. Quien, en cuanto vio al sujeto, le dio una efusiva bienvenida y ayudó a meter las cosas.

Dentro, los muebles contrastaban con la imagen que la cabaña proyectaba por fuera. Todo era de calidad y contaba con todas las comodidades, además, el tamaño era el perfecto para una familia de 4, por lo que se podía vivir perfectamente. Además, considerando los lugares por los que habían tenido que pasar, esta cabaña era un paraíso en la tierra.

—Hoy llegó más tarde que otros días – afirmó el pequeño al tiempo que sacaba la comida de las bolsas y les daba lugar.

—Sí, Takumi kun. Hoy tenía muchas cosas pendientes, pero mira, te he traído las natillas que me pediste. ¿Tengo tu perdón? – preguntó el hombre con cara suplicante.

—Jajaja, sí. Me gusta cuando nos visita y nos trae comida deliciosa.

El hombre acarició la pequeña cabecita.

—A mi también me gusta visitarlos. Por cierto, antes de salir corriendo ¿te aseguraste de que fuera yo?

—Sip, me fijé en la cámara.

—Buen chico, ¿qué quieres que te traiga la próxima vez?

—Mmm… no lo sé ¿puedo pensarlo?

—Sí. Claro que puedes ¿Ya cenaron?

—Sí, quedó un poco por si quieres, Ryo san hizo hamburguesas, sopa de miso y ensalada.

—Wow, eso suena delicioso, y ¿dónde está Ryo kun?

Un chico de aspecto tierno, cabello claro, pequeño y de aproximadamente 18 años salió del baño en pijama y con una toalla alrededor del cuello.

—¡Aquí estoy! – dijo animado.

—Hay natillas y helado de chocolate, fresa y vainilla de postre ¿qué vas a querer? – preguntó el de lentes señalando la mercancía como si de un programa de tv se tratara.

—¡NO! las natillas son mías – reclamó el pequeño con rostro angustiado.

—Tranquilo Taku chan, no tocaré tus natillas, quiero el Haagen Dazs de vainilla, por favor.

—Gracias Ryo san, ¡eres el mejor!

De un salto el pequeño se dirigió a la sala, aún tenía algo de tiempo para ver la televisión antes de que lo mandaran a dormir.

Mientras tanto, los mayores se quedaron en la cocina para terminar de acomodar las compras. A diferencia de días pasados, el ambiente ahora era más llevadero, al parecer la compañía del pequeño había hecho un aporte significativo al estado de ánimo de Ryo, quien ahora se mostraba más abierto a interactuar.

—¿Cómo te sientes hoy? ¿estás con ánimo de hablar?

El chico metió una porción muy grande de helado a su boca, como si de esa manera pudiera evadir la pregunta.

Al parecer hoy tampoco hablaría. Mientras soltaba un profundo suspiro, la puerta de la cabaña se abrió de par en par.

—¡Azumaya san! Mucho tiempo sin verlo, gritó el pequeño que rápidamente se lanzó a sus brazos.

Todos los presentes le observaban y sonreían, pues su presencia resultaba agradable para todos. Al final de cuentas él era su salvador.

Junta miró al niño y le entregó un juguete que escondía tras su espalda. Los ojos se le iluminaron al ver el presente y rápido lo sacó del empaque, no sin antes agradecer unas 20 veces.

El ojiverde caminó hacia uno de los banquillos de la isla, tomó asiento sin perder de vista al chico que evadía su mirada. Saludó a Sasaki e hizo un gesto como preguntando si había algún avance, pero este movió su cabeza negándolo. Ante esto Junta volvió su atención a Ryo y habló:

—Hola Ryo, hoy vi a tu mamá. ¿Quieres que te cuente sobre eso?

Ante sus palabras, el menor dejó caer la cuchara con la que comía su nieve. Ni siquiera se molestó en levantarla, tragó en seco, hizo la nieve a un lado y habló:

—Por favor, dígame ¿cómo está ella…