CAPÍTULO 14

DESCENSO

—¡Saijo san! Estamos por acá, ¡ven! – llamó una de las chicas de su equipo de trabajo.

Hace dos días, el maestro de Economía había informado que durante todo el año trabajarían por equipos en su asignatura; y para ello, el hombre se había tomado la libertad de formarlos de acuerdo con su segundo género. "Ni un omega estará en contacto con un alfa, al menos no en mi clase". Fueron sus palabras, las cuales recibieron duras críticas, pero que igual poco le importaban.

Para suerte de Takato, su equipo era de betas y resultó ser algo bueno, o al menos eso parecía, pues las dos chicas se veían muy agradables y trabajadoras, incluso el chico que también estaba con ellos lucía como alguien que se tomaba en serio sus estudios. No se debe juzgar un libro por su portada, pero su imagen gritaba "ratón de biblioteca" lo vieras por donde lo vieras.

El ojiazul que caminaba entre las mesas, levantó la mano para darles a entender que ya los había visto. Miró hacia atrás y ubicó a Ken junto a Ramiro pidiendo el menú de la cafetería.

Desde el día uno les había pedido a ambos que por favor no estuvieran tan cerca, aclarando que no era porque no los quisiera junto a él, sino porque quería llevar una vida escolar lo más normal posible. A lo que ambos sonrieron y felices le dijeron: "no se preocupe".

Ken al ser el más joven, tuvo que inscribirse al mismo curso que Takato para estar todo el tiempo con este, pero por desgracia le había tocado otro equipo y si quería conservar su trabajo, debía aplicarse en las clases porque si no, no tendría oportunidad alguna de estar dentro del aula.

Ramiro, por su parte, se limitaba a deambular por el campus y a la hora del receso se juntaba con Ken y permanecía a 5 mesas alejado del azabache. Él era un hombre que difícilmente podía pasar desapercibido y en tan solo una semana se había hecho de su fama robando miradas por donde pasara.

Incluso, los más aventados le hablaban a Ken preguntando por el amigo que se sentaba con él en la cafetería "¿De qué año es?, ¿qué curso toma?, ¿cómo se llama?, ¿es extranjero?, ¿es alfa?, ¿tiene pareja?" entre otras, eran las preguntas con las que lo bombardeaban, a lo que el pobre empezaba a tartamudear y decía que apenas lo había conocido y que no sabía tanto.

Parte de la petición de Takato, también era que entraran al edificio separados. Una cuadra antes, él se bajaba del carro y caminaba el pequeño tramo, Ken llevaba el carro hasta el estacionamiento y Ramiro seguía al ojiazul a una distancia prudente.

Ambos hombres se habían portado de maravilla y tras una semana, comenzó a sentirse como el Takato del pasado que caminaba cada mañana a la preparatoria, la diferencia radicaba que ahora, antes de salir de casa, preparaba bento para su bebé y para él, además de despedirla por la puerta.

Se había ofrecido a prepararles un bento a ambos hombres, pero lo rechazaron amablemente tras pensar en el lío que se haría si Himura se enteraba que ellos comían de la deliciosa comida que Takato preparaba y él no.

—¡Hola! Lamento la demora – dijo Takato al tiempo que arrastraba la silla y tomaba asiento con ellos. —Olvidé traer una bebida y tuve que ir a comprarla. – exclamó apenado.

De inmediato Kami, la otra chica del equipo que contaba con un par de mejillas regordetas como melocotones maduros, habló:

—No te preocupes Saijo san, nosotros acabamos de llegar también, solo Junpei llegó antes y ¡qué bueno! porque pudo apartar la mesa. Al parecer hoy es un día en que el receso de todos coincide y la cafetería se vuelve un pandemónium.

—Yo no aparté lugares para ustedes, tú solo llegaste con Miki y se sentaron – dijo el chico al tiempo que picaba su arroz.

—Sí, sí, lo que digas. Bien que volteaste a vernos con cara de perrito abandonado rogando por su huesito: "vengan conmigo, estoy solito". – respondió Miki imitando la voz del otro. A lo que Junpei reaccionó hundiendo la cabeza en el bol de arroz por la vergüenza. Las chicas habían leído por completo su rostro angustiado.

Takato sin pensarlo comenzó a reír, la plática banal de los hecho le había parecido algo muy gracioso y relajante.

Los otros al escucharlo y mirar cómo la pequeña boca rosada se curvaba, se quedaron sorprendidos de lo lindo que lucía de esa manera, era casi como si brillara.

Durante toda la semana lo habían observado y hace dos días comenzaron a tratarlo directamente, pero todo el tiempo estaba serio y hablaba lo necesario, por lo que ver otra faceta en su rostro de póker les sorprendió gratamente.

—¡Aah, es demasiado bello para mis ojos! – dijo Kami colocando sus manos sobre su rostro de forma dramática.

—Coff, coff… se me atoró el arroz – tosió Junpei golpeando su pecho.

—Vaya, así que sabes reír Saijo san – dijo Miki con una sonrisa de oreja a oreja.

—No, yo… lo siento, ¡no me estaba burlando! – dijo moviendo sus manos en negación.

—Jajaja, no te preocupes Saijo san, ahora nos caes mejor – aseguró Kami dando golpecitos en la espalda de Junpei mientras Miki le acercaba el té.

Takato asintió y se dispuso a comer sus alimentos. La plática casual de los chicos se mezclaba con las demás voces de la cafetería creando un ambiente que no sabía qué tanto lo había extrañado, hasta que le fue quitado y pudo volver a experimentarlo.

Pero justo cuando iba a darle un bocado a su camarón tempura, levantó la vista y a la distancia pudo ver a Himura de pie a un lado de la máquina de bebidas observándolo con ojos penetrantes y con la media sonrisa que tanto le desagradaba. Sorprendido, dejó caer la comida y su rostro se puso pálido, parpadeó un par de veces más y enfocó mejor la vista, solo había sido su imaginación.

—¡Dios, me estoy volviendo loco…! - pensó acariciando su frente y limpiando el sudor frío que en segundos lo empapó.

Kami, preocupada por la repentina acción, preguntó:

—¿Estás bien?, te pusiste un poco mal…

—Estoy bien, solo olvidé la salsa de soja. - Dijo evitando la mirada de la chica y tomando una porción de verduras — ¿qué es lo que estaban diciendo?

—Oh, aquí tengo un poco – Junpei le pasó un sobre, a lo que Takato agradeció.

—¿Acaso cargas con esto a todos lados?, ¿tendrás una de kétchup? – preguntó Miki, recibiendo de Junpei una mirada de fuego.

—Bueno… - continuó Kami ignorando a los otros. — Les preguntaba si ustedes irán al viaje de bienvenida que organizan los senpai, será la semana que entra. Al parecer nos llevarán al Monte Fuji.

—Agh, odio los insectos no iré a ese lugar – gruñó Junpei.

Takato pensó bien lo que diría y solo negó con la cabeza. Aunque quisiera, ya sabía de antemano la respuesta. Además, estar lejos de Haru por 3 días era demasiado para él y tampoco tenía idea de cómo reaccionaría la pequeña.

Ante la negativa, los chicos siguieron platicando de otras cosas.

Takato, por su parte; y aún inquieto por su alucinación, sacó el celular y como si de intuición se tratara revisó el calendario. La sangre se drenó de su cuerpo y una acidez espantosa subió por su diafragma. Justo hoy comenzaba el celo de Himura.

Días atrás el hombre llegaba muy tarde a casa o simplemente no lo hacía, lo que para Takato había sido un descanso, pero hoy estaba seguro de que le vería la cara. Se había confiado y metido tanto en su nueva rutina que olvidó por completo ese tremendo detalle.

Asustado se puso de pie, tomó rápidamente sus cosas y sin decir una palabra corrió fuera de la cafetería dejando perplejos a sus nuevos amigos. Ramiro, que se estaba metiendo un trozo de hamburguesa en la boca, terminó por aventarla en cuanto se percató de la reacción de Takato, golpeó discretamente el hombro de Ken y ambos siguieron al de cabello largo ignorando las miradas que levantaron a su paso. Algo había ocurrido y debía saber qué.

Takato corría por los pasillos buscando el baño más cercano, sentía que el aire no llegaba a sus pulmones, sus manos temblaban y un sudor frío recorría su cuerpo. Eran síntomas que conocía perfectamente en él: "Pánico", incontrolable y enfermizo. Si Himura era agresivo en su estado normal, el celo lo convertía en una verdadera bestia, sabido era que los alfas dominantes así eran, pero jamás en la vida pensó que se cruzaría con uno y menos que experimentaría en carne propia y hasta el último minuto de una horrible tortura.

Le urgía prepararse, se inyectaría inhibidores y analgésicos hasta quedar como un zombie, no quería darle placer ni que lo indujera a él mismo a sentir algo y menos experimentar el dolor de tener su carne destrozada. La píldora de emergencia tenía que estar a su alcance y tomaría cuantas considerara necesarias, aún y cuando a la larga le acarrearan problemas.

Con tantas cosas en la mente, no tuvo cuidado alguno y tres zancadas después Takato chocó escandalosamente de frente con alguien perdiendo así el equilibrio; sin embargo, su cuerpo jamás tocó el suelo, pues la figura masculina ante él lo había envuelto en sus brazos impidiendo su caída.

Ramiro y Ken que habían presenciado la escena a unos cuantos metros de distancia, se detuvieron en seco a la señal que el alto les hizo.

Takato, que por el impacto se había calmado un poco, levantó la cabeza cuando la voz del otro le habló.

—¿A dónde con tanta prisa, mí corazón? – preguntó el hombre con un tono bañado en miel acompañado de una amplia sonrisa.

—Chu-chunta… ¿qué haces aquí? – cuestionó Takato aún con la sorpresa reflejada en su rostro.

Junta bajó la cabeza hasta pegar su boca al oído de Takato y susurró:

—Bueno, "Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma irá a la montaña". Y como mi montañita no me ha dicho cuándo puedo secuestrarlo, decidí visitarla para no extrañarlo tanto – exclamó depositando un beso en su cabeza.

Ken estuvo a punto de lanzarse para evitar que el otro hombre retuviera de esa manera a su Amo, pero Ramiro lo tomó de la muñeca mientras que con su mano libre le indicaba que guardara silencio "todo está bien", fue lo que el chico entendió en su expresión.

La barbilla de Takato comenzó a temblar, su afligido rostro indicaba que en cualquier momento comenzaría a llorar. Dejó caer sin cuidado su mochila y hundiendo la cabeza en el pecho de Junta, lo abrazó con todas sus fuerzas.

La acción del pelinegro tomó a Junta con la guardia baja, pero en cuanto sintió los temblores en el delgado cuerpo lo atrajo más hacia él y lo llevó al primer salón vacío que encontró.

Cerró la puerta con seguro, tomó asiento en una de las sillas y colocó al ojiazul a horcajadas sobre él. —Takato, amor… ¿qué tienes?, ¿alguien te molestó?, ¿te duele algo?, ¿qué pasó? Dímelo por favor. – suplicaba impaciente. Había sido testigo de sus crisis y solo podía pensar que el causante de este nuevo episodio era Himura, por lo que en automático una sombra oscura se posó sobre sus ojos.

Takato movía la cabeza en negación, no había dejado escapar ninguna lágrima, estaba harto de mostrarle al hombre frente a él su lado patético, por lo que se obligó a reprimirse.

— No es nada, solo me emocioné al verte – dijo sin levantar la vista y con una voz realmente monótona y carente de entusiasmo.

Junta entrecerró los ojos dedicándole una mirada escrutadora. Tomándolo por sorpresa sostuvo sus mejillas entre sus manos y le hizo mirarlo —Takato, yo también estoy muy feliz de verte, pero mi amor, no me mientas. - Pidió con tono serio.

Takato mordió sus labios, se separó de su pecho y por puro impulso dejó salir su frustración. Así, para cuando menos lo pensó, las palabras comenzaron a salir de su boca como vómito desagradable e imparable. El rostro tranquilo y siempre bello, se transformó en uno feroz y con dientes rechinantes.

—¡¿Y de qué sirve que te lo diga?!, ¡¿para qué quieres que te cuente lo que me pasa?!, ¡¿cambiará algo, desaparecerás mis problemas con lindas palabras o magia?! ¡Tú no puedes hacer nada para ayudarme, o es que ¿me llevarás ya contigo?! No ¿verdad? – tomó un poco de aire, su pecho agitado subía y bajaba desbocado, sus manos tomaban con fuerza el saco del castaño al punto de arrugarlo, el autocontrol lo había abandonado y solo quería seguir sacando todo lo que retenía dentro de él y así fue. —Si grito tú nombre pidiendo auxilio mientras Himura me viola, ¿vendrás a mi rescate?, ¿evitarás que me tome?, ¿evitarás que me golpee como si fuera un muñeco de trapo?, Dime Junta, ¡¿QUÉ DEMONIOS HARÍAS?!... Nada, ¿no es así?, Entonces cualquier cosa que me esté pasando justo ahora o me pase en el futuro no es algo que tú necesites saber, porque el tiempo no se acortará, siempre estaré atrapado, a su lado y nada cambiará jamás… - finalizó con el rostro sumergido en dolor y con la cabeza agachada. Ya no respiraba, sino que resoplaba exhausto por el esfuerzo.

Su tono había sido mordaz y hasta con burla, el castaño había escogido el peor día posible para encontrarse con él. Sabía que Junta no tenía la culpa de su situación, pero el recordar justo en este momento sus promesas, más que traerle felicidad le provocaban ansiedad y desesperación. Quería que el milagro ocurriera ¡ahora!, pero los días pasaban y él seguía dolorosamente al lado de su verdugo.

Junta podía notar la impaciencia e impotencia en la voz del menor, por lo que con suma ternura besó su tierna cabeza. El explosivo comportamiento revelado le parecía totalmente entendible y justificable. Takato era otra víctima, una que desgraciadamente y a su pesar, debía permanecer en su puesto hasta el último momento y que a medida que pasaba el tiempo, la fuerza que lo sostenía, así como los muros defensivos que había levantado para proteger su espíritu y mente, poco a poco irían cayendo hasta que un día lo dejaran completamente expuesto y vulnerable.

Con ese pensamiento, volvió a abrazarlo sintiendo como el delgado cuerpo se resistía, y con la voz más sincera posible le habló no sin antes dejar suaves caricias sobre su espalda.

—Takato, escúchame bien… estoy trabajando en ello. Día y noche sin descanso, de verdad. Yo te hice una promesa y todos los días lucho para verla cumplida. No es algo tan sencillo, quisiera que así lo fuera para al fin poder darte lo que realmente mereces. Si demoro es porque estoy tomando todas las precauciones para que Haru y tú estén a salvo. No quiero que nada malo les pase. – Lo separó de él y mirándolo a los ojos agregó: —sé que te pido demasiado, que no tengo derecho alguno, sé que has esperado mucho tiempo, así que puedes gritarme, golpearme y maldecirme todo lo que quieras si con eso puedo quitarte un peso de encima o hacer que te sientas mejor. Pero créeme, te juro por lo más sagrado que muy pronto terminará.

Aún con los sentimientos a flor de piel, pero ligeramente repuesto del quiebre que tuvo, Takato y su curiosidad salieron a la luz.

—¿Qué es lo que estás haciendo?, ¿Por qué correríamos peligro?, ¿en qué te has metido? – preguntó ansioso, aunque después se arrepintió, allí estaba de nuevo demandando.

Junta observó al azabache y volviéndolo a atraer a su pecho dijo:

—Takato… no quiero involucrarte más en esto, me odiaría si por la información que pudiera decirte terminaras lastimado.

Takato, que permanecía sobre el pecho de Junta, no estaba para nada satisfecho con la respuesta, quería saber lo que pasaba a su alrededor, pero al mismo tiempo otra parte de él y casi como si su instinto de supervivencia se activara, le dijo: "detente", "confía en él y en lo que puede hacer".

Sus experiencias pasadas le habían enseñado que no confiara en nadie, por lo que no tenía idea si esos nuevos pensamientos eran porque estaba muy enamorado de Junta, agotado o porque los restos de esperanza en el gritaban sus últimas plegarias esperando ser escuchadas.

Ambos se quedaron envueltos en un silencio incómodo. Takato no tenía ánimos para continuar la conversación, además de que a medida que los minutos pasaban, se sentía más y más apenado por haber explotado contra el castaño y ponerse en una posición exigente y demandante cuando bien sabía que este no tenía la responsabilidad de cambiar su vida ni de ayudarle. Al contrario, debía sentirse agradecido por lo que sea que estaba haciendo para sacarlo de su infierno.

—Perdóname, no debí comportarme como un imbécil. – exclamó profundamente arrepentido de sus acciones.

De inmediato, Junta levantó el fino rostro de Takato hasta estar apoyados frente con frente.

—Jamás vuelvas a decir eso de ti mismo. Eres asombroso Takato… yo… yo… - de pronto, a Junta se le hizo un nudo en la garganta, esto era mucho más difícil de lo que pensaba y comenzaba a afectarle el ver al azabache tan abatido e indefenso.

Por desgracia sus palabras no pudieron alcanzar a Takato, pues Ramiro entró al salón azotando escandalosamente la puerta, el tiempo apremiaba y no podía permitirse respetar formalidades básicas.

En cuanto vio a los dos hombres y la posición en la que se encontraban, se giró para no seguir mirándolos y con voz agitada habló, no sin antes aclarar su garganta.

Takato al verlo pegó un salto y se puso de pie, acción que Junta imitó.

—Patrón, perdón por entrar así, pero Himura sama está esperándolo en el estacionamiento. Ha estado marcándole a su teléfono, pero como lo dejó en la mochila yo le contesté y le dije que se encontraba en el baño. Sonaba molesto, por su bien… no lo haga esperar más. – agregó Ramiro apenado y con un dejo de tristeza al saber que nada bueno saldría de esto.

Ante las palabras de Ramiro, Takato tembló y pese al horrible sentimiento que estaba experimentando, se armó de valor, tomó todo su orgullo y miró por última vez a Junta.

Sonrió de manera forzada y dijo:

—Chunta, gracias por todo… tengo que irme. Adiós… - sus ojos nublados por una capa de resignación y tristeza le rompió el corazón al ojiverde, en el tiempo que llevaba de conocerlo había podido ver sus hermosas facetas, pero la que predominaba era siempre una, la de desconsuelo.

Mientras lo veía alejarse, Junta tuvo el impulso de tomarlo de la muñeca, jalarlo hacia él, abrazarlo con fuerza y nunca más dejarlo ir. Extendió su brazo como si quisiera alcanzarlo, pero al final solo fue un movimiento al aire. No podía y por ahora debía aceptarlo por más difícil que esto fuera. Las cosas aún no estaban listas y debía enfocarse.

No tenía cara para decirle nada más, cualquier cosa que pudiera gritarle no sería consuelo o sonarían vacías en sus oídos; sin embargo, no dejaría que se fuera así sin más.

Takato estaba por salir cuando los brazos de Junta lo detuvieron en un abrazo firme pero gentil; a lo que antes de que pudiera reaccionar, los carnosos labios de este aprisionaron los suyos reclamándolos con anhelo y desesperación.

Sus respiraciones se fusionaban y sus lenguas bailaban gustosas el vals que les tocaban. Lentamente Junta posó su mano derecha en la nuca de Takato para profundizar el intenso beso, mientras que su brazo libre atraía la pequeña cintura más hacia él.

Junta saboreaba cada rincón de su boca, su lengua carnosa acariciaba el paladar de Takato liberando en él pequeños gemidos que fueron ahogados por la boca hambrienta que mordía y succionaba todo a su paso como si la vida se le fuera en ello.

Takato golpeó el amplio pecho de Chunta pidiendo se detuviera.

—A-aire… - apenas susurró jalando todo el oxígeno que sus pulmones le permitían, el apasionado beso había sido increíble, tanto que fue capaz de dejar su mente en blanco dejándose llevar por las deliciosas sensaciones que estremecían cada nervio en su cuerpo.

Takato abrió mucho los ojos en cuanto recobró la compostura, mientras que Ramiro con una sonrisa socarrona le esperaba en el pasillo. Estaba por decir algo pero Junta lo interrumpió, en su expresión se podía ver vestigios de ansiedad.

—Un mes cariño, solo un mes y esto terminará – dictaminó con rostro serio y comprometido al tiempo que tomaba con fuerza los delgados hombros del ojiazul.

—¿Hablas en serio?... ¡por favor no juegues conmigo! – suplicó Takato con labios temblorosos.

—No lo hago – respondió depositando un beso en cada mejilla — Te juro que soy más serio que nunca. Cuenta un mes a partir de hoy – repitió Junta.

Ramiro que también lo había escuchado dejó salir un jadeo de sorpresa, esperando que las palabras dichas no fueran meras habladas, porque de ser así, el mismo se encargaría de propinarle a Junta una paliza que jamás olvidaría por ilusionar a su patrón. Ken, por su parte, no creía lo que estaba pasando —¿El amo Takato se entiende con el Jefe Azumaya?, ¿Tanaka san lo sabía? ¡¿qué demonios es esto?

Takato tragó saliva y mordió sus labios ansioso, ahí estaba de nuevo ese sentimiento cálido de esperanza llenando su pecho que momentos atrás se oprimía y sufría.

Junta, que no apartaba la vista de él, besó por última vez los finos labios y con suma ternura se dirigió a Takato.

—Ahora ve cariño, ten presentes mis palabras y se fuerte. Solo un poco más.

—¿Tengo que preparar algo? – preguntó Takato expectante.

Junta sonrió. —Nada amor, tu no tienes que mover ni una sola de estas preciosas manitas. Dejale el trabajo a tu hombre. Jamás les faltará nada, ni a ti ni a Haru chan, yo ire por ustedes. Tenlo por seguro.

Takato lo miraba con el rostro iluminado, era impresionante cómo con tan solo cruzar algunas palabras de aliento por parte del castaño, hacía que su estado de ánimo cambiara por completo.

—No tengo idea de cómo harás lo que tanto prometes, pero te juro, ¡te juro! que seré fuerte, soportaré lo que tenga que soportar, estaré contando cada día y confiaré ciegamente en ti y en que el momento tan esperado llegará. Aún no sé si lo que me vendes es una ilusión, solo el tiempo lo dirá… pero me tienes por completo en tus manos. Chunta, yo te amo, quiero estar contigo y quiero que mi bebé viva una vida feliz y normal.

—Patrón, perdóneme, pero tenemos que irnos.

Ramiro no quería presionar, pero Himura había vuelto a llamar, esperando que ahora sí Takato fuera quien le respondiera. Por ello fue imposible que el azabache y Junta se despidieran correctamente, a lo que este último tuvo que apretar los puños y ver cómo los tres hombres se alejaban con prisa.

La voz en el teléfono sonaba impaciente, en cuanto colgó recordó su conversación con Junta. Así, con aquello en mente, inhaló profundo y con mano decidida tomó la manija del Escalade negro.

En cuanto abrió la puerta las feromonas con olor a almizcle se desbordaron, a lo que por reflejo llevó sus manos a su cara tapando su boca y nariz. Por la brevedad del tiempo no había tenido oportunidad de tomar algún inhibidor o sedante por lo que muy a su pesar su cuerpo omega comenzaba a reaccionar ante el estímulo del alfa que lo había marcado como suyo.

Unas manos enormes lo jalaron hacia adentro antes de que pudiera siquiera poner un poco de resistencia.

Ya dentro, las manos ansiosas bailaron con descaro por el delgado cuerpo explorando cada rincón que ya muy bien conocían a la par de una boca que demandaba sus labios salvajemente.

Takato no podía resistir tanto tiempo las feromonas que lo bañaban, estaba a una nada de perder la razón y eran esos pequeños momentos en los que odiaba ser traicionado por su instinto omega.

Al tanteo comenzó a buscar alguna de las pastillas que escondía en caso de emergencia, como lo que ahora ocurría. Metió la mano entre los asientos, pero para su sorpresa no encontró nada y el escalofrío horroroso que nació en su estómago fue subiendo por toda su columna.

Solo le tomó un segundo conocer el porqué.

—¿Buscabas esto?, gatito – preguntó Himura como burla. Takato abrió los ojos horrorizado, mismos que comenzaron a llenarse de agua rápidamente. Un temblor incontrolable atacó su mentón provocando pucheros cuando vio cómo el maniaco agitaba de un lado a otro la pequeña bolsita que contenía su coctel de sedantes, inhibidores y pastillas abortivas.

—Eso…

—¡CÁLLATE! – gritó. —Ahora entiendo por qué por más que te bañara con mi semilla esta no daba fruto. ¡Me has estado viendo la cara de estúpido todo este tiempo!, al parecer te he dado muchas libertades y por eso has hecho estas estupideces, pero hoy termina todo, mi gatito. Te lo haré hasta que no puedas mover las piernas, te llenaré tanto que tu agujero olvidará cómo se siente estar seco. Me vale un carajo si lo disfrutas o no, eres MÍO y vendrás a mí cuantas veces te ordene y tendrás cuantos hijos a mí se me dé la gana. Disfrutaré este pequeño cuerpo hasta sentirme satisfecho y cuando me haya cansado de ti… bueno, no hablemos de eso.

—ERES UNA MIERDA – soltó Takato acompañado de un escupitajo. Había hecho un esfuerzo tremendo para desenredar su lengua y abrir la boca. Sabía que al escupirle la pasaría mal, pero a estas alturas poco importaban las consecuencias, al final pasaría lo de siempre; por lo que, unos cuantos golpes y humillación ya no eran novedad para él.

Himura limpió con un pañuelo su cara, y sin más, lo hizo bola y tomando con fuerza el mentón de Takato se lo metió a la boca para silenciarlo.

—¡MNGHH MMNGGH! – Forcejeó.

Himura lo mantenía sujeto en un potente agarre solo para dejar salir aún más feromonas, las cuales al estar en un espacio reducido se volvían terriblemente asfixiantes. El espacio trasero estaba sellado como fortaleza, vidrios arriba y con la ventanilla intermedia separándolos del conductor y de cualquier rayo del sol.

— Gatito, si yo soy una mierda, entonces tú eres peor que yo, porque te revuelcas en ella – soltó con mofa. —¡Ay gatito, gatito! si pudieras verte… tu cara es un desastre y aún no he comenzado. Te vas a arrepentir por jugar al valiente. ¡HASHIBA! – Llamó al hombre afuera.

—Señor – respondió.

—Dile a Tanaka y a tontín que recojan a Haru y después dale 20 latigazos a ese hafu, no hay manera de que no supiera lo que Takato estaba haciendo, apostaría a que él era quien le compraba esta basura. – Habló con desprecio lanzando las pastillas por la ventana. —Y que nos lleven al Hotel Korakuen, pronto.

En cuanto Takato escuchó la orden de Himura comenzó a patalear y sacudirse con fuerza en un intento desesperado por soltarse, pues de ninguna manera podía permitir que esa orden fuera ejecutada. Lamentablemente sus intentos fueron inútiles. Lo había hecho enojar y ahora su querido amigo también pagaría las consecuencias.

Soy un idiota… Ramiro, perdóname, perdóname por favor… - pensó entre sollozos.

—Así será mi señor – sonrió el hombre, sin duda disfrutaría del castigo sobre el moreno. Hacía tiempo que quería una excusa para ponerle un dedo encima, lo despreciaba por ser mitad mexicano, le calaba que hubiera llegado de la nada y ocupado un puesto de inmediato; que se la pasara cuidando del maldito omega que tanto detestaba y que Haru lo tratara como a un familiar. No había otra palabra que pudiera describir sus sentimientos más que envidia y cada latigazo le serviría de desahogo e imaginaría que a través de él, también se los estaría dando a Takato.

Mientras tanto, a unos cuantos metros de distancia, una bella mujer lo observaba todo apretando con rabia el volante de su coche, las venas en sus manos sobresalían escandalosamente por el agarre. Con impotencia mordía sus labios hasta el punto de lastimarlos.

Aguantando su coraje, vio cómo el auto de Himura se alejaba con el omega dentro. Cada vez se sentía más humillada. Justo estaba por seguirlos hasta que otra persona llamó su atención. Esta cruzaba el patio del campus hasta llegar a su coche en el estacionamiento, al parecer estaba en medio de una conversación por teléfono, pero este no dejaba de mirar hacia dónde hace solo unos minutos atrás Yurie también observaba.

—Azumaya san… ¿por qué está… no, no jajaja – rio como loca revolviendo su cabello y golpeando el manubrio emocionada — Él y el omega se entienden, ¡CLARO!, ¡CLARO! Sino ¿por qué estaría aquí? Jajaja. Pero qué Kenichi mi amor, te voy a demostrar que ese omega no es más que un puto que se mete con cualquiera y cuando sepas la verdad, entonces solo podrás elegirme a mí. - Sonreía victoriosa.

Ahora solo se dedicaría a una cosa, reunir todas las pruebas del engaño para servirse la cabeza de Takato y entregarlo. —Ahora me siento mucho mejor.

Chunta iba manejando, tenía una cita muy importante a la que por nada podía faltar. Necesitaba poner en marcha su plan lo más pronto posible, pues tras haber hablado con Sasaki, si quería que todo tomara menos de un mes, debía apurarse; además, cada minuto que pasaba le era más difícil y repensaba lo mismo una y otra vez.

FLASHBACK

—Junta, he confirmado la cita y adelantado algunos detalles. Tal y cómo indicaste.

—Gracias. Estaré ahí en media hora.

—Entendido, solo… espero que no te estés precipitando.

—No te preocupes amigo mío, todo está en orden. Nos vemos.

FIN DEL FLASHBACK

—Himura Kenichi, maldito bastardo. Tus horas están contadas – decía al aire mientras rechinaba los dientes, sin duda el último en reír sería él y lo disfrutaría por el resto de su vida.

Varios minutos después y su destino estaba a la vista. Aún en su lugar, acomodó su camisa y respiró profundamente; entonces, un golpe en la ventana opuesta le hizo voltear. Sonrió y descendió.

—Ryo kun. ¿Estás listo? Tu madre te espera con ansias y como te lo dije, nunca nadie volverá a lastimarte.

—No sé si estoy listo… pero deseo mucho ver a mi mamá – dijo entre pucheros.

—Tranquilo, todo saldrá bien – dijo para animarlo.

—Azumaya san, Narumiya kun, es hora de entrar – indicó Sasaki.

Ambos asintieron, caminaron por el sendero de piedra que adornaba la entrada en forma de serpiente, pero antes de dar otro paso más, el ruido de la enorme puerta de caoba que se abrió de par en par les hizo detenerse. De esta, se asomaba una mujer hermosa de mediana edad que sin esperar más se lanzó hacia el chico que la miraba como si de una aparición se tratara.

—¡RYO! ¡MI NIÑO! ¡MI PRECIOSO NIÑO! – Gritaba emocionada entre sollozos y risas. Todas las emociones reprimidas habían encontrado salida y ahora podía sentir cómo el alma le había regresado al cuerpo. — Al fin estas conmigo mi amor, ya estás con mamá – dijo repartiendo besos en sus mejillas.

El abrazo que la mujer le otorgaba era como si su vida dependiera de ese agarre, no tenía intención alguna de soltarlo. Ryo por su parte correspondió el cariño y susurró:

—Estoy en casa mamá, me has hecho mucha falta … - dijo al tiempo que enterraba su cara en el hombro de la mujer.

Lloró no sabiendo identificar cuáles lágrimas eran de felicidad, cuales de melancolía y cuáles por ansiedad. Lo único que sabía, era que su amada madre estaba con él y que por nada del mundo quería separarse de ella nuevamente.

Los demás veían la escena con respeto, en ninguno cabía la duda de que esa pobre mujer y su hijo se amaban y habían sufrido mucho, y que ese encuentro les había devuelto las ganas de vivir a ambos.

El viejo Ayagi se acercó sutilmente a la mujer y a Ryo, besó la cabeza se su amada, colocó sus manos sobre los hombros de esta y dijo:

—Esposa mía, vamos adentro, allí podemos seguir hablando. Supongo que Azumaya san nos explicará todo desde el principio. Ryo, hay mucho que tú también debes saber, pero primero, quiero que sepas que a partir de este momento te protegeré con todo lo que tengo. Eres bienvenido, esta es tu casa y no te faltará nada, lo que pidas será tuyo.

La mujer asintió y se sintió complacida al escuchar a su esposo. Con esfuerzo se despegó de su pequeño no sin antes dedicarle una mirada a Chunta.

—Azumaya san, ¡gracias, muchas gracias! – pronunció llena de agradecimiento y emoción.

—Señora mía, no tiene nada qué agradecer. Solo hice lo que debía hacer.

—Tonterías hijo, pasa por favor. Deja que el Jefe Ayagi te muestre su gratitud apropiadamente. – dijo el mayor.

Ante esto, Sasaki y Junta intercambiaron miradas.

Con un movimiento de manos, el mayor les indicó que continuaran, y así, Todos ingresaron a la casa, tomaron asiento en la hermosa sala de estilo occidental. Chunta en un sillón junto a Sasaki, Ayagi en el individual y su esposa e hijastro en el restante.

—Antes de que el servicio comience a interrumpirnos, solo quiero hacer una pregunta y espero sea contestada. –Exclamó Ayagi mirando a Ryo y Junta. —¿Quién lo secuestró? – demandó con tono severo, el amable hombre que se había mostrado anteriormente ahora mostraba su lado de alfa orgulloso y agresivo.

Junta miró a Ryo, el chico debía ser quien respondiera, era lo correcto. Por lo que con un leve movimiento le indicó a este que hablara.

Ryo apretó con mayor fuerza la mano de su madre que lo sostenía en un agarre protector.

Tomó aire y habló.

—El hombre que me mantuvo encerrado todo este tiempo se llama Ke- Kenichi Himura.

.

.

.

.

.

***********************************
Hola a tod s

Lamento actualizar tan tarde, pero he tenido mil cosas que hacer TT exámenes, presentaciones, trabajo, scansub, etc. Agotador, pero apenas encuentro tiempo le avanzo a la historia.

PD. Ni una de las palabras o nombres que menciono en el fic son irrelevantes, so...
ATENT S

Mil gracias por seguir leyendo.