CAPÍTULO 15
PRINCIPIO DEL FIN
—¡AAAAAAAH! ¡GGGHH! ¡AAAAAAAAAAH!
—¡18!
¡ZAS!
—¡GGGGHH!... TCH…
—¡19!
¡ZAS!
—¡20! – gritó uno de los testigos.
—AAAH, AAH, AH…
Hashiba caminó unos cuantos pasos y sin delicadeza o consideración alguna tomó de los cabellos a Ramiro y lo jaló para verlo de frente.
—Sueñas si piensas que me detendré en 20, gaijin, de aquí no saldrás hasta que ese patético tatuaje de águila con alas extendidas que llevas en la espalda quede desplumado. – Escupió Hashiba soltando de golpe la cabeza que sostenía con rudeza para alejarse. Tomó el látigo entre sus dedos y con ayuda de los guantes barrió la sangre que se pegaba al cuero, misma que cayó al suelo como si una manguera hubiera sido abierta. Se sentó sobre la silla que otro más le acercó y tal cual lo haría en una sala de té, bebió dos sorbos de la taza de porcelana que yacía sobre la mesa. —Necesito un descanso para continuar, mover el brazo con tanta fuerza es agotador. -Entonó con burla a lo que los demás, indiferentes al dolor ajeno comenzaron a reír.
Mientras tanto, Ramiro, los escuchaba completamente destrozado. Había intentado no gritar para no darle el gusto a Hashiba, pero simplemente era inevitable, cada latigazo que se estrellaba con fuerza excesiva y constante le quemaba, rozaba y agrietaba su carne dolorosamente haciendo que de los surcos brotaran cuantiosas gotas de sangre.
Era horrible, pero jamás se arrepentiría de lo que había hecho así lo dejaran sin espalda. Lo único que lamentaba era no haber sido más cuidadoso al momento de esconder los medicamentos para Takato.
Para cuando Hashiba terminó el primer round de 20 latigazos, Ramiro se encontraba agotado, el cuerpo desnudo en forma de cruz apenas se sostenía de pie, los brazos elevados por sobre su cabeza estaban fuertemente sujetos por unos grilletes que colgaban del techo, que, de no ser por estos, ya estaría tirado en el suelo que a simple vista se podía decir que no había sido limpiado en años. Su cabello largo tirado hacia abajo se pegaba a su rostro que no dejaba de sudar enormes gotas mezcladas con lágrimas.
Los minutos pasaban, Hashiba platicaba animadamente con los otros, pero para él, cada exhalación era punzante, la espalda le escocía como si le hubieran dejado caer agua hirviendo. La sangre de su espalda escurría y avanzaba cual río por entre sus nalgas y piernas hasta llegar al charco que se había formado bajo sus pies.
El mexicano ya no se encontraba en sus cinco sentidos, un molesto pitido en sus oídos era el único sonido que podía escuchar y que pudo percibir en aquella habitación. La habitación que era utilizada para quebrar la voluntad de los miserables que por desgracia caían en ella, para torturarlos o matarlos y de la que Takato había sido huésped VIP en repetidas ocasiones.
Justo cuando el moreno estaba por caer en la inconsciencia, Hashiba ordenó que le tiraran agua helada encima, provocando que el lastimado cuerpo se sacudiera violentamente retorciéndose de dolor.
—¡AAAAAAAAH!
Otro grito desgarrador había salido sin control alguno resonando con un eco aterrador entre esas cuatro paredes acompañado de una respiración agitada y abundante saliva que escurría de los labios temblorosos y dañados por la fuerte presión que los dientes habían ejercido sobre estos al principio de los latigazos.
—Ya estoy listo, he descansado lo suficiente – exclamó con gusto Hashiba al tiempo que relamía sus dientes.
Los otros hombres presentes se limitaban a cumplir las órdenes que el del látigo les daba y aunque sentían un poco excesiva la tortura hacia el moreno, al mismo tiempo disfrutaban del espectáculo que en contadas ocasiones podían presenciar. Mientras ellos no fueran los que estuvieran en esa situación poco les importaba lo que pasara con los demás.
Hashiba serpenteó el látigo en el aire para que Ramiro lo escuchara y supiera lo que venía. Era su manera de torturarlo psicológicamente. No había duda alguna que se la estaba pasando de maravilla, y como antes lo había pensado, descargaría todo su odio y frustración sobre él hasta sentirse satisfecho.
En cuanto estuvo listo levantó el látigo para propinar el azote número 21; sin embargo, tuvo que detenerse en seco cuando Hasegawa, seguido de un nervioso Ken entró a la habitación infernal fustigando la puerta contra la pared.
—Su servicio ha terminado, Hashiba san. Ya han sido los 20 latigazos que ordenó Himura sama. – Habló el de lentes dedicando una rápida mirada al destrozado Ramiro. —¡Ustedes! Bajen a Tanaka y llévenlo a su casa, que un médico lo revise.
—¡NO LO HAGAN! – ordenó Hashiba con la quijada desencajada a los hombres que apenas habían dado un paso. —Tú no estabas cuando Himura sama me ordenó hacer esto, dijo 40, no 20. Así que regresa por donde viniste, esta es mi encomienda. – rugió furioso al verse interrumpido.
—Ja, menudo imbécil. Tú no eres mi jefe Hashiba, yo soy el Waka-gashira y estos hombres siguen MIS ordenes, no las tuyas. Tu trabajo es administrativo, deja de tomarte atribuciones que no te corresponden. Ahora LÁRGATE tu encomienda ha terminado, y ustedes, ¡¿qué esperan para cumplir lo que mandé?¡ – dijo con voz imperativa, a lo que de inmediato los hombres atendieron saliendo del letargo.
Hashiba hervía en cólera y la vena en su sien a punto de estallar lo atestiguaba. Aventó el látigo a los pies de Ramiro y pasó como alma que lleva el diablo a un lado de Hasegawa —Esto lo sabrá Himura sama. – Escupió con resentimiento no sin antes clavar la vista en el pobre Ken que permanecía detrás del de lentes. Mismo que en cuanto vio que el otro desaparecía por el pasillo habló con su jefe inmediato.
—Ha- Hasegawa sama muchas gracias - dijo el chico haciendo una profunda reverencia.
—Enderézate Ken, ustedes son mi responsabilidad. No puedo contradecir las órdenes del Oyabun, pero no permitiré abusos. Hiciste bien en avisarme. Ahora ve con Tanaka y asegúrate de que el médico vaya a su casa. Es mejor que por hoy no ande por aquí, le daré una semana libre para que pueda recuperarse.
—Sí, Waka-gashira. Haré lo que me dice. ¡MUCHAS GRACIAS SEÑOR!
Ken corrió hacia Ramiro que finalmente se había desmayado debido al agotamiento. —Tranquilo Tanaka san, lo sacaré de aquí – susurró en su oído.
Mientras tanto, Hasegawa desenvolvía un pan con crema que minutos antes guardaba en su bolsillo.
—Si esto le hicieron a Tanaka… ¿qué le esperará a Saijo san? – se preguntó el hombre entre mordidas. Su rostro era incapaz de leerse, pero un poco de lástima se reflejó en este. —Lamentable… ¿en dónde quedaron los valores de la familia*? Amigo Himura Kato, ¿qué dirías al ver en lo que tu hijo se convirtió?
Por otro lado, en la mansión del Clan Ayagi, Ryo estaba por relatar la horrible experiencia, una que su madre quería saber, pero que rogaba con toda la fuerza del universo que, cualquier cosa que estuviera a punto de decir, se resumiera en que simplemente lo habían tenido confinado, pero bien atendido, porque segura estaba que su corazón no podría con algo más. Lamentablemente lo que quería escuchar estaría horrorosamente alejada de la realidad.
Ryo tomó con fuerza la mano de su mamá y mirando hacia el suelo comenzó:
—El día que desaparecí había salido un poco más tarde del colegio, ¿recuerdas que te avisé sobre eso mamá? – a lo que la mujer de inmediato asintió, jamás olvidaría las cosas que ese día pasaron.
—Claro que lo recuerdo, mi niño. Siempre has sido muy considerado para no preocuparme – exclamó la madre mirándole con el amor más puro sin soltar el agarre, a lo que Ryo correspondió.
— El cielo se estaba oscureciendo, por lo que apresuré mis pasos, pero cada que avanzaba me sentía más extraño, tenía la temperatura elevada, sudaba mucho y respirar se me hacía difícil y entonces lo supe, mi celo había llegado. Mamá me había hablado sobre eso, así que me desvié del camino para pasar a una farmacia y comprar un supresor de emergencia, pero a dos cuadras de llegar a la calle principal, unos hombres me atraparon, se veían como pandilleros, cubrieron mi boca, me subieron a una camioneta y me llevaron a una local en Kabukicho que por fuera parecía una casa normal de baños. Me acarrearon hasta una oficina, para ese punto he de confesar que estaba aterrado, no sabía por qué me habían tomado y el celo me estaba afectando los sentidos. La mujer que me recibió ya estaba entrada en años y se ubicaba tras un escritorio enorme mientras le daba caladas al cigarro que traía en mano. Era la encargada y lo sigue siendo, su nombre es Terumi. - Ryo hizo una pausa y cerró los ojos, por su expresión corporal era claro que hablar de ello era tremendamente difícil. Aun así, respiró profundo y continuó. Junta y Sasaki se limitaban a escuchar sin expresión alguna, ellos ya conocían la historia, pero, aun así, volverlo a hacer no lo hacía más sencillo.
Ryo comenzó a temblar, el verlo tan vulnerable le partió el alma a su madre, quien buscando apoyo tomó con su mano izquierda la de su marido. Pues ahora estaba 100% segura que la vivencia no había sido para nada considerada con su bebé.
—¡Le di-dije mi nombre, que era estudiante, que tenía solo 17 y que mi madre seguro me buscaría, que tenían a la persona equivocada!, pero a nadie le interesó. La señora Terumi se puso de pie y caminó hacia mí, me miró de arriba abajo, con su dedo pidió que me dieran la vuelta para luego estar de frente a ella nuevamente. Me tiró el humo en la cara, sus ojos no tenían vida y su expresión era tan dura que daba miedo; en seguida dijo: "este es un omega y al parecer en celo". Después de eso dio la orden de que me llevaran a "el pasillo rojo". Cuando me sacaron de la oficina, pude ver la entrada real a los baños, había niños y adultos por igual, pero el camino hacia el pasillo rojo era diferente, pasamos por una puerta de estilo japonés muy llamativa, afuera de esta estaba de pie un hombre que la cuidaba, no cualquiera podía pasar por ella y hasta que la crucé supe el porqué. – dijo con ojos tristes y ensombrecidos.
—Tranquilo Ryo, respira. Si sientes que es demasiado podemos dejarlo hasta aquí – exclamó Sasaki. Pues ni el chico, ni los padres parecían estar en buenas condiciones. Ayagi estaba con un rostro serio a muerte y la pobre mujer limpiaba a cada segundo las lágrimas que bajaban de su bondadoso rostro.
—No… necesito sacar todo – dijo apretando su playera, quería poder darle una explicación correcta a su mamá y demostrarle que jamás fue su intención separarse de ella. Además, era una forma en la que podía drenar tanto dolor de su cuerpo, así que continuó:
—En cuanto la puerta se corrió, pude ver por qué le decían el pasillo rojo, literalmente era de ese color, pero su significado iba más allá de eso… había puertas a ambos lados, entonces llegué a una bifurcación en la que a mano derecha continuaba el color rojo, pero a la izquierda cambiaba a rosa. - dijo haciendo una pausa como si el solo recordar aquello le dejara sin palabras. —Continuamos por la derecha y cinco puertas después llegamos a lo que sería mi destino. Uno de los sujetos abrió la puerta y el otro me empujó dentro, dijo algo como "báñate y prepárate". El cuarto era horrible y pequeño de 3x2 metros sin ventana alguna, las paredes estaban descoloridas, olía a humedad y en el piso solo había un futón mal oliente con un color amarillento por el uso excesivo y casi enseguida de este una tina de madera como las que se usaban en la época feudal y un jabón de teja, eso era todo. Para entonces me sentía sin fuerza alguna, intenté abrir la puerta, pero estaba cerrada con llave, me sentía mareado y el cuerpo me dolía, aún así ignoré aquel hecho, primero necesitaba bajar mi calor para poder pensar mejor, entré a la tina, el agua estaba fría… después de eso no recuerdo qué paso, el celo me dejó inconsciente, pero al despertar todo mi cuerpo dolía… y sobre mi estaba una persona completamente desnuda, ¡intenté con todas mis fuerzas sacarlo de encima!, pero no pude, era muy grande y pesado; entonces, como me estaba resistiendo me dio una fuerte bofetada, creí era una pesadilla, pero por más que intentaba despertar el resultado era el mismo, ahí fue cuando supe con qué fin me habían secuestrado y que jamás saldría de allí.
—Mi niño… - exclamó la mujer dolida al ver como Ryo comenzaba a llorar. Besó su cabeza y lo abrazó con fuerza.
—Así fueron todos mis días. Aproximadamente al mes de estar en ese infierno llegó un cliente que nunca había tratado, era Nakata Kauzaburou y desde entonces no me lo quité de encima. Pasaron 3 meses más y fui trasladado al área VIP cuyo pasillo era dorado El cuarto era amplio de estilo occidental e iluminado, la cama era enorme y las sábanas parecían muy suaves y de alta calidad, había un armario amplio, un espejo de pared a pared y un mini refrigerador en la esquina. A partir de ese día me convertí en exclusivo de ese hombre. Yo solo quería irme a casa, así que intenté escapar, por supuesto falle una y otra vez, ganándome palizas o que no me alimentaran; en aquel momento él me dijo: "La perra de tu madre te ha estado buscando por todos lados, la tenemos bien identificada, si intentas hacer alguna tontería de nuevo, la mataremos. Himura, el dueño, es mi amigo y él me ha hecho el favor de que seas solo mío, así que como la puta que eres debes mostrarme tu agradecimiento".
—Maldito – pronunció Ayagi entre dientes apretando su puño. En ese momento el viejo dejó salir todas sus feromonas de manera salvaje. Sus ojos estaban inyectados de sangre, parecía más una bestia que un humano y de haber tenido cerca a los culpables los habría destrozado. —¡ESE HIJO DE PUTA! Todo este tiempo nos estuvo viendo la cara de estúpidos. Él sabía que buscábamos a Ryo, nos ofreció su ayuda, comía en mi casa, en mi mesa, con mi esposa de frente a él ¡era como otro hijo! - enumeraba indignado — maldito bastardo malparido.
—Cuando me dijo eso me asusté mucho, no quería que lastimaran a mi mamá, así que hice lo que me decía. Él siempre tomaba hasta perder la conciencia, pero antes de llegar a ese punto hablaba mucho, su lengua se aflojaba por completo, fue entonces que me enteré de que te habías casado con un hombre llamado Ayagi – dijo mirando a su mamá— y que ambos me seguían buscando, que ese tal Himura sabía quién era, que los conocía a ustedes, pero aun así no me ayudó. Uno de esos días en los que Nakata no fue, un hombre llamado Amane me solicitó y no se lo negaron porque es el oficial encargado de supervisar que los negocios de la zona actúen conforme a la ley. Una burla total. La realidad es que yo no lo sabía, así que sin pensarlo pedí su ayuda desesperadamente, pero todo fue peor.
Las cinco personas reunidas en la sala se habían quedado sin palabras, solo los sollozos de Ryo y su madre rompían el silencio incómodo que se había formado.
—¿Amane, Subaru Amane? – repitió el viejo.
—Sí, ese era su nombre, él le contó a Himura lo que yo le había dicho, me golpearon mucho como si esa fuera la única manera en la que podrían sacarme a quién más le había contado, pero yo no había hablado con nadie más, como no me creyeron, el trato de exclusividad quedó anulado, fue por eso que me sacaron del burdel, al parecer ya no era necesario. Himura había dado la orden de matarme. Me llevaron a un incinerador, ahí fui rescatado por unos hombres encapuchados, después supe que eran personas enviadas por Azumaya san. Enseguida me llevaron a una bodega en Roppongi, solo estuve un día, fue una desviación para que los del clan Himura siguieran mi rastro hacia ese lugar para que entre tanto bullicio me perdieran. Así fue como terminé en una de las propiedades del Clan Azumaya, donde estuve a salvo todo este tiempo, quería hablar contigo mamá, pero estaba tan avergonzado. – dijo mirando con desesperación a la mujer.
—No mi Ryo, no digas eso, no tienes nada de que avergonzaste. Eres y siempre serás mi mayor orgullo. – decía Mari acongojada.
—Yo estoy tan, pero tan agradecido con Azumaya san y Sasaki san… cuidaron amorosamente de mí y de Takumi kun. Nos dieron lo que necesitábamos y nunca presionaron nada. Jamás podré pagar tanta bondad. Dijo sorbiendo su nariz.
—¿Takumi kun? – preguntó Ayagi.
—Takumi Uenoshi al que Himura mandó que fuera subastado a algún pedófilo, es el hijo menor del Fallecido Oyabun Uenoshi, el mismo que fue juzgado por haber cometido un crimen contra el Clan Himura. El destino de todo ese clan había sido escrito por la mano de Himura. Todo lo que pasó esa noche fue una trampa entretejida por este, él le dijo al viejo que le daría una noche con su esposo si le firmaba unos documentos, documentos basura de un acuerdo sin valía. Esa noche él, en cuanto Uenoshi selló los papeles, salió de la habitación, ¿recuerda cómo de manera casual llegó donde nosotros estábamos comiendo? Y después nos invitó a acompañarlo a saludar a su esposo y al viejo. – dijo Junta.
—Sí, lo recuerdo perfectamente en ese momento la escena fue shockeante y totalmente inesperada.
—Entonces también recordará la sorpresa en el rostro de Uenoshi, como si no se lo esperara y en cuanto quiso hablar Himura le pegó un puñetazo en la cara y lo molió a golpes hasta matarlo.
—Sí… y recuerdo que le dije que cazáramos al Clan Uenoshi… jamás debí hacer eso. – replicó a manera de reproche barriendo su frente.
—No podía saberlo, Himura es un manipulador traicionero que no conoce la palabra lealtad, vive por y para sí mismo aplastando todo lo que puede, alguien que no se tocará ni por un momento el corazón para lograr lo que quiere. Desconozco cómo haya sido su padre o la relación que todos tenían con él, pero si mi padre lo apreciaba, seguro era alguien confiable, pero el hijo no es para nada así, no hay ni una pizca de honorabilidad, decencia o valor, por lo tanto, no merece consideración alguna. Nos engañó a todos para hacerse del Clan Uenoshi, los exterminó, tomó a Nakata como su espía personal para vigilar mis movimientos, mantuvo cautivo a su hijo por todo un año aun conociendo su identidad, más todo lo que desconocemos. Si yo fuera usted o Usaka san, no dudaría en que seguro hay un topo entre mis filas.
El viejo Ayagi se estremeció ante las palabras de Junta, si tenía a alguien en su casa capaz de venderlo, debía encontrarlo y pronto. —Entonces… - hizo una pausa intentando procesar toda la información. —El clan Himura debe ser aniquilado, no dudo que ese omega que tiene de pareja es parte de su teatro y lo ayuda en hacer toda su mierda, pobre de Uenoshi, caer entre tales bandidos.
Junta al escucharlo intervino de inmediato —Se equivoca Ayagi san, Takato Saijo no tiene nada que ver, no conoce los movimientos de Himura, él es otra víctima de su ambición y enfermiza forma de ser, lo sé porque he tenido la oportunidad de platicar con él y su vida es todo menos algo feliz y carece de toda malicia. Por otro lado, siendo totalmente honestos, Uenoshi no era un santo, desde el momento que una persona se niega a tener una relación física debe detenerse y él no lo hizo, a eso se le llama violación, Ryo no me dejará mentir – dijo mirando al chico que para entonces se encontraba más recompuesto y prestando atención. Esa movida de su parte, aunque un tanto desconsiderada, había sido la justificación perfecta para dejar a Takato libre de ataques en su contra. Por lo que, siguiendo con su discurso agregó:
—Además… ¿no sería demasiado simple si todo terminara con una ejecución?, considero que merece sufrir hasta el último día de su vida por todo el daño que ha provocado. – sentenció el castaño bajo la atenta mirada de todos.
—Ya veo, así que así son las cosas… mi familia ha sido herida y tengo todo el derecho de reclamar su cabeza, pero tienes razón, darle un fin tan misericordioso no es justo. – dijo un poco más tranquilo. Dio un vistazo a su esposa quien, aunque tenía un rostro bondadoso, por dentro ardía con sed de venganza y sus ojos reflejaban su deseo esperando ser saciado. Volvió la vista hacia Junta y Sasaki para después preguntar lo que había estado girando en su cabeza desde que el ojiverde le llamó para decirle que tenía a su hijastro. —Azumaya kun, no quiero que tomes a mal mi pregunta, pero ¿cómo diste con el paradero de Ryo, ¿cómo puedo estar seguro de que tú no estás involucrado en esto?
Al decir aquello, todos los ojos se fueron sobre Junta, quien de lo más tranquilo dijo:
—Entiendo su desconfianza, no es para menos después de lo que ha pasado. Le explicaré, revisé los estados de cuenta de mi Clan y vi que había varias inconsistencias, el encargado era Nakata Kauzaburou, por lo que comencé a vigilarlo de cerca, ahí fue cuando me reportaron que visitaba con frecuencia una casa de baños, así que le encomendé a uno de los chicos que revisara el lugar, fue entonces que vio cómo sacaban a Ryo de este, lo reconoció porque yo les mostré a todos una foto del chico cuando me enteré de que ustedes aún lo buscaban. Digamos que fue suerte o destino, como mejor le parezca llamarlo.
—Te creo Azumaya, yo pienso que es un poco de ambas.
—Siempre estaremos agradecidos con usted – agregó la mujer inclinando la cabeza.
—Por favor no haga eso, no soy digno de ello.
—Basta de esa modestia, es molesta. En cuanto a Himura, ¡Maldigo el día en que ese tipo cruzó nuestra puerta!… USAKA, Usaka debe saber esto también. Que ni crea ese cabrón que va a salirse con la suya, tú sabes que para lo que él hizo no hay perdón. – exclamó golpeando el reposabrazos.
—Cariño, no grites – suplicó la mujer que también se encontraba destrozada ante las fuertes revelaciones. Ayagi intentó recomponerse, pero era difícil, se sentía humillado y el payaso más grande del planeta por todo el tiempo que le habían jugado el dedo en la boca.
Chunta, por su parte, asentía ante las palabras del hombre y se limitaba a escucharlo. El primer paso estaba dado y no descansaría hasta que todo su plan llegara a buen término. Observó la hora y con elegancia le indicó a Sasaki que hiciera lo mismo, se puso de pie y comentó:
—Nosotros nos retiramos, ha sido un día agitado, ustedes aún tienen mucho de qué hablar y deben estar cansados. Ayagi san, quedemos en otra ocasión e incluyamos a Usaka san, esto también le concierne y estoy seguro de que todos quedaremos, si no completamente compensados, satisfechos del resultado.
—Azumaya gracias por todo y ten por seguro que tendrás todo nuestro apoyo en cualquier cosa que decidas hacer.
—Gracias Ayagi san. Contaré con ello.
En cuanto se despidieron, el viejo Ayagi abandonó la sala y caminó hacia su oficina, no quería que su hijastro y mujer escucharan lo que tenía que decir. Tomó el teléfono sobre el escritorio y marcó el número de su waka-gashira. Apenas el otro contestó, la voz del Jefe se dejó escuchar ronca y feroz.
—Atrapen a Nakata Kauzaburou, no me importa si usan la violencia, encuéntrenlo y arrástrenlo a la bodega en Adachi. Avísenme en cuanto lo capturen y manténganlo ahí, no empiecen nada hasta que yo llegue. ¡¿ENTENDIDO?!
Las indicaciones estaban dadas y ahora solo era cuestión de esperar a que fueran ejecutadas. En la mente del viejo Ayagi solo había un único destino para Nakata, y ese era ver cada parte de su cuerpo desgarrada y sirviendo como alimento para los perros.
Nada de eso lo había consultado con Azumaya o Usaka, pero estaba seguro de que ninguno de los dos tendría problema con sus decisiones, por lo que no vio necesario decirles.
El viejo Ayagi se dejó caer en su silla de cuero y exhaló un suspiro prolongado que se fue perdiendo en la habitación. En su mente seguía sin asimilar lo que Himura había hecho y solo podía sentir un profundo odio hacia él. Vació en un vaso un poco de whisky y lo tomó de un trago —tch… aah… - limpió su boca y exclamó: — Himura, a ti, a ti te dejaré para el final, maldito hijo de puta.
En cuanto salieron de la mansión de los Ayagi, Junta tomó el celular desechable y marcó el número que había estado bailando en su cabeza. Ya era hora de que empezara a mover las otras piezas de ajedrez.
El teléfono sonó en repetidas ocasiones, no fue hasta el tercer timbre que una voz agitada contestaba.
—Yamada al habla.
—Buenas noches, ¿hablo con el Comisionado Mayor de la Policía? – preguntó Junta sabiendo perfectamente la respuesta.
—Así es, ¿con quién tengo el gusto? – preguntó expectante.
—Mi nombre no importa, lo que es verdaderamente importante es lo que hay justo en este momento en el buzón de su oficina – indicó el castaño con voz tranquila.
En ese momento, el policía frunció el ceño, pues pensaba que se había topado con un psicópata o terrorista. Con voz firme pero cauteloso preguntó:
—¿Por qué debería hacerle caso a alguien que ni siquiera se ha presentado? – mientras hablaba, le hacía señas a sus subordinados para que rastrearan la llamada.
—Bueno eso puedo contestarlo. Debería hacerme caso si sabe lo que le conviene. En el buzón encontrará un sobre color beige y dentro de este información de primera que lo convertirá en el próximo Teniente General de la Agencia de Policía Nacional.
El hombre en cuanto escuchó tal aseveración, pasó de un rostro molesto a uno sorprendido. Su instinto le decía que tuviera cuidado, pero su lado humano y con hambre de gloria le hizo mover los pies y caminar hacia el buzón que se encontraba afuera de su oficina.
Junta, por su parte, podía escuchar la respiración agitada del hombre, así como los pasos que daba. Esperó un poco más hasta escuchar cómo este se detenía y el crujido repentino le indicaba que el pez había mordido el anzuelo.
—Tal parece que sí lo hizo, así que nos despedimos. Felicidades por su futuro ascenso, Yamada san.
—¡ESPERE! – gritó por el teléfono, pero ya era muy tarde, Junta había colgado. Guardó su celular en su bolsillo del pantalón, tragó saliva y llevó el sobre hasta su oficina. Sus subordinados lo miraron intrigados, pues los había dejado colgados y ahora regresaba con algo en sus manos.
—Jefe, No pudimos rastrear el teléfono, al parecer era uno desechable, ¿qué es eso? – preguntó uno de los chicos.
—Por favor déjenme solo – pidió Yamada.
En cuanto todos salieron, cerró con pasador la puerta y bajó las persianas. Del cajón de su escritorio sacó un cubre bocas y guantes. Una vez listo, abrió con sumo cuidado el sobre y lo que encontró en su interior era aún mejor que sacarse la lotería.
El sobre contenía fotografías y la ubicación de los burdeles ilegales de Himura, sus bares e incluso donde realizaba las subastas clandestinas; cómo se manejaban, quiénes las administraban, cómo estaban distribuidas; así como los nombres de las personas famosas que solicitaban los servicios de tal lugar, los días en los que se presentaban en el negocio, la hora, y a quién pedían; al igual que las defunciones y el lugar donde cremaban los cuerpos para no dejar rastro alguno. Las listas develaban una red de trata de personas que se extendía a más de cinco países y en las que manejaban desde niños de cinco años, hasta personas maduras, sin importar su género o raza.
Doscientos nombres enumerados; de los cuales, varios de ellos le sonaban conocidos, pues habían sido reportados años atrás, pero uno fue el que más llamó su atención pues su rostro y nombre había quedado grabado en su memoria debido a que este había sido colocado en las cajas de leche que tomaba cuando él era pequeño "Akane Terumi" Ella había sido una chica desaparecida hace más de ¡60 años!, cuando esta apenas había cumplido 12, pero ahora la situación era diferente, su nombre y rostro estaban en la lista de aquellos que administraban los negocios, de víctima había pasado a ser victimaria, algo común en casos de trata. Pero no solo ese nombre lo movió, también estaba el de Subaru Amane, un colega.
—¡Este hijo de perra! y se dice a sí mismo defensor de la justicia, maldito hipócrita de mierda – exclamó Yamada indignado.
Había material en abundancia, dejó las cosas en el escritorio y se recargó en el respaldo de su silla, frotó con fuerza su rostro y un brillo especial se reflejaba en sus ojos.
—Quien sea que hayas sido, ¡gracias, amigo anónimo!
Ahora, solo quedaba pasar el reporte a sus superiores para dar inicio una investigación formal, obtener el permiso e ir por las personas involucradas; así, con prueba en mano, les sacaría su confesión y procesaría por sus delitos. Este sería el caso de su vida y a los 55 años se estaría coronando como el Teniente General de la Agencia de Policía Nacional más joven que Japón haya tenido.
Lo que el hombre desconocía es que tras la generosidad del sujeto anónimo, se escondía quien lo había estado observando por semanas. Yamada era cliente frecuente en uno de los restaurantes del Clan Azumaya, en esas visitas el ojiverde daba indicaciones para que fuera muy bien atendido y hasta le hicieran descuentos que solo se le aplicaban a él. Investigó de principio a fin su vida: de dónde era, en qué escuelas estudió, con quién se había casado, cuántos hijos, escándalos, adicciones, tratos sucios, etc. encontrando al final a un hombre de tronco derecho, fue así que lo seleccionó de entre muchos para darle la primicia.
Mientras tanto, en la Mansión Azumaya, Chunta y Sasaki entraban a la oficina.
—Ryo lo hizo muy bien, fue valiente y mantuvo su promesa de no contar lo demás.
—Sí, es un chico agradecido y de palabra, pero… ¿No crees que te estás apresurando? – dijo Sasaki dejándose caer en el sillón.
—No amigo mío, al contrario, creo ya he esperado lo suficiente y si todo se ha alineado perfectamente, ¿por qué no aprovecharlo? Hablar con Ayagi fue el primer paso y si todo sale como lo he pensado, ahora mismo debe estar buscando a Nakata, él se encargará de esa rata de cloaca. En cuanto a Yamada san, al ser algo más burocrático, pasarán al menos dos semanas para que obtenga la autorización de proceder con el caso. Te dije que quería que todo saliera en un mes.
—Sí, todo va viento en popa, pero mi lado pesimista me dice que no corra. En fin… esperemos que todo se dé de bien, sabes que cuentas conmigo hasta el final.
—Jamás he dudado de eso Takumi. Gracias por todo – pronunció sincero Junta.
—Ni que lo digas, por cierto… mañana el noticiero "ANN" de la televisora Asahi estará recibiendo el otro sobre.
—Bien, bien. Takumi, ¿te gusta el ajedrez?
—Ah, no me preguntes eso, siempre me das una arrastrada cuando jugamos. Pero sí, me gusta.
—¡A mi me encanta! poder ver todo el tablero y pensar en todos los posibles movimientos, quitando pieza por pieza las defensas del rival hasta acorralarlo y finalmente dar un Jaque Mate perfecto.
—Sí, eso suena muy tú – exclamó Sasaki colocando un poco agua en su vaso.
—Este es mi tablero, Takumi y ya tengo vistas todas las jugadas posibles – pronunció mirando a su amigo.
Sasaki bebió el agua de un trago y agregó:
—Solo ruego para que las piezas que tengas que sacrificar no se conviertan en remordimientos que te atormenten por el resto de tus días.
—No será así, porque cuando Himura pague las que debe y Takato junto con Haru estén conmigo, todo sacrificio habrá valido la pena.
Sasaki lo miraba tan enfocado que solo le quedaba confiar en que lo que Junta hacía era correcto. —Entonces confiemos en tus habilidades como Ajedrecista.
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Hola de nuevo!
A continuación, dejaré algunas aclaraciones.
*Los clanes se tratan como si fueran familia, al Hasegawa decir "¿en dónde quedaron los valores de la familia?" se refiere a las reglas no escritas que el clan tenía, tales como: no matar niños, respetar a la ane-sama (esposa del jefe), pensar en los intereses de todo el clan y no los personales, etc.
*El niño de Uenoshi y Sasaki tienen el mismo nombre, cuando me refiera al chico, siempre será como Takumi kun. La verdad esto fue un error mío, pues cuando menos lo pensé ya le había puesto el nombre. Perdón, se me cerró el mundo u.u
*En este cap, vimos un poco más el lado oscuro de Junta, que creo yo aún no se podría decir oscuro, más bien es un gris.
