Acto 2: Princesa preocupada.
Me senté en el trono que una vez compartí con mi hermana y solté un suspiro de relajación. El poder que sentía cada vez que me sentaba aquí era algo indescriptible, y a la vez, era algo triste que no tuviera a nadie para hacerme compañía. Pero planeaba cambiar eso muy pronto; si todo iba de acuerdo al plan, él seguramente aceptará mis sentimientos y habrán dos tronos en lugar de uno. Pero eso será en el futuro, y ahora es el presente; burocracia, políticas, escuchar los parloteos de unos nobles tan estúpidos que no podrían ubicar los demás países ni con un mapa…
Hablando de nobles estúpidos, tenía que lidiar con algunos hoy; se quejaban de que los impuestos eran muy altos para la clase alta, mientras que la clase media y baja apenas y tenían que pagar. Decían que ellos perdían cerca del treinta por ciento de sus ganancias o algo así. Suspiré, preguntándome por qué no solo les ordenaba a mis guardias que se los llevaran a los calabozos por hacerme desperdiciar mi preciado tiempo.
Giré mi cabeza para observar el vitral más cercano, que coincidentemente era mi favorito de todos en el castillo. Era una de las obras más hermosas que jamás haya visto, y cada que la veía, mis alas se erectaban con excitación. El vitral plasmaba a mi leal estudiante en toda su gloria, parado sobre una humillada y derrotada alicornio blanca; a la perra le faltaban las alas, y sobre su cabeza sólo sobresalía la base de su cuerno roto.
Adoraba la forma en la que mi caballero tomaba lo que sus enemigos más amaban y lo destruía. El ver a mi estudiante arrancarle las extremidades a quien fuera tan tonto para cruzarse en su camino me emocionaba como nunca…oh, pero, solo escúchenme, hablando como una pequeña potranca. Nosotros los alicornios estamos por encima del romance, no importa que tan guapo, amable, adorable y sexy sea él…perdón, me perdí en mis pensamientos.
Oh, pero ¿a quién estoy engañando? ¡Mi estudiante podría volver a cualquier yegua loca! No hay manera que yo sea una excepción. Oh, como me encanta tenerlo a mi lado…
Ahora que me he detenido a pensar detenidamente lo que dije me sentí un poco tonta, ya que probablemente no sabes de quién estoy hablando. Empecemos desde el principio, cariño, para que puedan entender cómo mi estudiante me ayudó a subir al poder.
Veinte años atrás. Castillo de Canterlot, cuarto de reuniones.
Me senté en una enorme mesa circular con diez nobles, cinco a cada lado. Mis pensamientos eran bastante suaves en aquel entonces, no estaban tan llenos de ira y asco por aquellos que morirían pronto.
Sé que no puedes oírme, pero te odio tanto, Tia…¿Cómo puedes dejar a tu hermana pequeña a cargo de…de estos gastadores de oxígeno andantes?
¿Ven? Pensamientos suaves.
–Y pienso que debemos apegarnos a mi plan de solamente invitar a esta maravillosa velada, a los nobles que residen en Canterlot.– dijo un semental. El tono tan molesto de su voz golpeó mis orejas; se trataba de nada más y nada menos que mi maldito y malcriado sobrino, el Príncipe Blueblood. Aun con lo podrida y desubicada que era su personalidad, era mi familia, así que no lo podía lastimar, aún cuando se lo mereciera más que algunos presos en los calabozos. Por supuesto, los nobles concordaban con él, asintiendo a sus palabras como perros en espera de un premio.
–¿Y qué hay de los elementos de la armonía?– pregunté con total despreocupación. En respuesta, todos me voltearon a ver como si hubiera maldecido a sus ancestros. Lo cual no me sorprendió.
–Princesa, invitar a la princesa de la amistad tiene sentido pero, ¿por qué invitar a las otras cinco?– preguntó una yegua con un tono tan exagerado que incluso a mi me dio pena ajena.
–Tiene razón, tía.– comentó Blueblood, lo cual tampoco me sorprendió. El corcel con el cual yo tenía la desdicha de compartir lazos familiares, era posiblemente el cretino más grande de toda la nación. –Digo, ¿recuerdas lo que esa…esa bruta le hizo a mi traje? Creo que ni siquiera deberíamos de considerarlas.
–Querido sobrino…– empecé a hablar, fingiendo un tono maternal. –estás negándote a invitar a las ponis que han salvado nuestro reino en numerosas ocasiones…–mi faceta se cayó, dando lugar a lo que de verdad sentía: rabia. –¡¿Sólo porque te disgustaste con una de ellas?!– Blueblood asintió. Ese idiota egoista de verdad pensaba que yo, la co-gobernante de Equestria, les iba a negar esta oportunidad a nuestras heroínas.
Sin importar qué tan divertido hubiera sido humillar yo misma a mi sobrino, le dejaría esa tarea a Discord. Sin embargo, sentía que esto no debía quedarse sin un castigo. –Ni yo ni mi hermana cumpliremos tu ridículo capricho. – dije, poniendo mis cascos sobre la mesa como si fuera la gerente de una compañía. –Después de todo, si no fuera por los elementos, no estaríamos teniendo esta ridícula conversación ahora mismo.
–Pero…pero…pero…– mi sobrino empezó a balbucear.
–Puedes quejarte con mi hermana todo lo que quieras, pero nuestra decisión se mantendrá sin importar lo que digas. Esta reunión se acabó, pero si alguien tiene algún problema con invitar a los elementos de la armonía, entonces vayan a desperdiciar su aliento quejándose con alguien más.– finalicé para después retirarme a mi trono; dos guardias lunares me acompañaron para evitar que alguno de ellos me siguiera presionando.
Una vez que volví al trono que compartía con Tia, solté un suspiro, pensando que había mejores cosas que hacer que provocar que un imbécil malcriado se orine del miedo. Tal vez podría ir a alguno de esos clubs nocturnos y bailar hasta que se acabe mi noche, o tal vez podría visitar al pequeño y lindo Pipsqueak en sus sueños; siendo su princesa favorita, mi sola presencia traerá alegría a ese pequeño.
Mientras pensaba en mis futuros planes, un eco resonó dentro de mi mente; esto era un instinto desarrollado especialmente para informarme cuando alguien preciado para mi estaba teniendo pesadillas. No me malentiendan, como protectora de los sueños es mi deber asistir a cualquiera que lo necesite, pero siempre pongo a mis amigos como prioridad.
–Vuelvo en seguida. – les dije a mis guardias, a quienes observé hacer un saludo antes de desvanecerme.
Páramos, borde sureste de Equestria.
Siempre me imaginé que sería un espectáculo de ver: una luz azul apareciendo de la nada, haciéndose más grande en tamaño y poder que solo los más valientes pueden ver, hasta desvanecerse para revelar a la alicornio color azul oscuro que compone mi actual forma. Miré alrededor, pero no vi más que huesos esparcidos por el suelo, precipicios y montañas de roca y arena. Aún cuando sabía que estaba en el sueño de algún poni, no podía reconocer bien el lugar. Mientras continuaba mi recorrido, llegué a la conclusión que eso debía encontrarse más allá de la frontera de Equestria. He sido invitada a la tierra de los dragones con anterioridad, y ni siquiera ese lugar se ve tan desolado como este.
Seguí caminando, pasando por osamentas y formaciones rocosas que parecían no tener fin hasta que tomé vuelo, agilizando mi viaje y expandiendo mi campo de visión mucho más. No vi ni una sola alma en el lugar, por lo que me detuve sobre la cima de una pequeña montaña y me dije –Este lugar parece vacío.
Sin embargo, tan pronto como las palabras salieron de mi boca, escuché un sollozo cuya fuente traté de localizar con mis oídos. –¿Hay algún poni aquí?
El sonido se intensificó mientras más me acercaba a una pared de roca con un solo hoyo, el cual era lo suficientemente grande para hacer entrar a un dragón de gran tamaño.
–¿Hola?– llamé de nuevo, y esta vez los sollozos se detuvieron. –No te haré daño, vengo a ayudar, así que sal.– Esta vez no hubo respuesta. Normalmente, ya me hubiera ido del lugar, pero algo que no puedo explicar me forzó a continuar. Encendí mi cuerno para ver a través de la oscuridad, pero lo único que hizo fue decirme lo enorme que era la cueva. Me detuve al escuchar pequeños pasos, seguidos del crujir de algunas rocas.
–¡ALEJATE DE MI!– Una voz infantil y muy familiar resonó en la cueva. –¡DEJAME SOLO!
–No debes temer. Como la princesa de la noche, he venido a cumplir mi deber y acabar esta pesadilla. – comenté, pero no recibí ninguna respuesta. El silencio se rompió con el sonido de pisadas saliendo de detrás de un pilar. Rápidamente volteé mi cabeza e iluminé con mi cuerno, sólo para ver con sorpresa que no se trataba de un poni, sino de un pequeño dragón púrpura. Sus ojos estaban rojos e inflamados, signos de que había estado llorando por un buen rato.
–¿Joven Spike?– Así es como era conocido años atrás. –¿Qué haces aquí en este paradero desolado?– Apenas pude completar mi pregunta cuando un flash de luz púrpura brilló a mi lado.
–Deja al pequeño Spike. El me pertenece, y lo sabe…– una voz posesiva, profunda y fuerte demandó. –¡Vete de este lugar y nunca regreses!– con eso, mi visión fue repentinamente obstruida al tiempo que sentía como si fuera levantada; grandes garras me capturaron y me sostuvieron como si fuera una uva.
–¡Qué eres, demonio!– grité con mi voz real de Canterlot, pero solo hubo silencio.
–¿Demonio?– mencionó la voz. –...eso me gusta. El dragón de los páramos nunca tuvo un mejor nombre, ¿no es así, Spike?– Naturalmente, entré en shock cuando uní las piezas de este rompecabezas y entendí qué estaba pasando. Este monstruo…no, esta abominación que me sostenía con sus garras, era Spike. El solo imaginarme al pequeño dragón convirtiéndose en algo tan vil me daba escalofríos. –Aunque me duele que, luego de todo este tiempo, te hayas olvidado de mí.
–Princesa Luna…– habló el joven dragón, emergiendo de la oscuridad y volteandome a ver; sus ojos se veían exactamente iguales a los míos justo antes de ser desterrada a la luna: llenos de tristeza y traición.
–Estás asustada de mí, ¿cierto?– rió el demonio. No podía ni imaginar que encontraba de divertido en esta situación. –Quieres huir, abandonarme como las demás.– su voz se volvió más profunda y llena de rencor. –Vete…¡VETE LEJOS Y DÉJAME MORIR!
Spike agitó su mano, y el dragón gigante hizo lo mismo, mandándome a volar a un cañón cercano. Me preparé para recibir el impacto de lleno que de seguro me iba a despertar de esta situación, pero nunca llegó. En su lugar, me encontré a mi misma sobre un enorme cojín, el cual absorbió el impacto.
–Solo vete…vete como todos los demás…ya no me importa. – su voz sonaba llena de mentiras y melancolía. Eso era más que suficiente para hacer que me acercara a él. Ni siquiera una bola de fuego que me fue lanzada me hizo retroceder.
–Spike…jamás podría abandonar a alguien que me necesite. – hablé con la honesta verdad, acercándome más a él.
–¡NO, ALEJATE!– gritó, y el gran dragón escupió una pared de fuego que bloqueó el paso entre Spike y yo. Noté que, en lugar de que fueran las típicas llamas color naranja con amarillo (o verde, en el caso de Spike), estas llamas eran de un color púrpura muy oscuro. Reconocí que estas eran las llamas creadas a partir de la oscuridad de las pesadillas; yo misma las utilicé cuando me transformé en Nightmare Moon.
–No vas a lastimar a nadie, Spike.– le dije. –Jamás podrías hacer algo tan terrible.– fue lo último que dije antes de caminar hacia ese infierno de oscuridad que nos dividía; estaba tan confiada de que, ni siquiera en un sueño, el dragón púrpura me lastimaría. Mi valor me recompensó permitiéndome pasar el muro de fuego sin sentir ningún dolor, y una vez que crucé, me encontré con que la bestia que resguardaba a Spike se había ido.
El joven dragón habló. –Me abandonaron…madre me abandonó y me envió a vagar en este lugar por el resto de mi vida…solo…como un verdadero dragón…– dijo con una voz desgarradora.
–Espera…¿madre?– Sorpresivamente, el sueño solo se volvía más raro a medida que progresaba, y era algo reconfortante el ver algo de lógica. Era obvio que, en retrospectiva, Spike viera a Celestia como su madre; ella fue quien lo crió antes de enviarlo con Twilight.
–¿Qué pudiste haber hecho que fue tan terrible como para ganarte la ira de mi hermana?– pregunté, y él bajó la mirada con vergüenza; podía ver que no me quería decir, pero era cuestión de paciencia. Él necesitaba alguien que lo escuchara, y para eso estaba yo aquí.
–M-me…me comí tres potrancas y un semental…– mis ojos se abrieron completamente en shock. Un bebé dragón comiendo ponis no era algo descabellado, pero era algo virtualmente imposible el imaginarme a Spike haciendo algo así.
–La comida de ponis y las gemas no eran suficientes…– continuó, mientras lágrimas frescas caían de sus ojos. –Incluso recurrí a hurtar vitaminas y cajas de nutrientes para saciar mi hambre…pero no me pude contener…e-estaba tan hambriento…– cerró los ojos y apretó las garras. –¡No me pude contener! ¡Todo me dolía: respirar, hablar, moverme, todo! Y entonces vinieron Applebloom, Sweetie Belle y Scootaloo con Big Mac…fue tan doloroso…¡no pude detenerme! ¡Lo siento mucho!
Cayó de rodillas y posó sus manos sobre el suelo mientras continuaba. –M-mi cuerpo se movía por sí solo…yo…yo estaba cubierto de sangre…tanta sangre…¡y veía los cuerpos de los ponis que maté frente a mi!– Spike parecía cada vez más asqueado ante la idea que cualquier otro poni que haya conocido. Él era un dragón, un omnívoro que devoraba todo a su paso, ya fueran gemas, plantas o animales, pero él fue bendecido con un regalo que los demás dragones no han tenido en milenios: a él le importaban los demás. Pero ahora mismo, en sus ojos él no era más que un asesino.
–F-fue ahí cuando Fluttershy me descubrió y…se apresuró a entregarme. Al día siguiente fui llevado por las calles de Ponyville encadenado; los ponis arrojaban cosas hacia mi y decían que era una vergüenza para la sociedad. Trataba de mirar a mis amigas, pero ellas me negaban la mirada; ni siquiera Twilight quería tener algo que ver conmigo. Las únicas que alguna vez me defendieron, Starlight y Zecora, trataron de convencer a los demás; Zecora dijo que comer carne estaba en mi naturaleza y era solo una etapa, y Starlight hizo todo en su poder para convencer a los demás que yo no era así, pero nadie la escuchó. Madre dijo que yo era demasiado peligroso para convivir con ponis…así que me desterró.
–Spike, tú jamás podrías lastimar a nadie. – comenté, pero mis palabras no tuvieron efecto alguno en el dragón, quien me tomó mientras actuaba histérico.
–¡¿No escuchaste?!– la voz del demonio dragón resonó por toda la cueva. –¡El mató y devoró potrancas y ponies por igual! ¡¿De verdad crees en lo que dices?!
–Sí.– dije con total calma, ganándome la sorpresa del dragón. Entonces aterricé en el suave y esponjoso terreno, sin despegar mis ojos de él. –Yo soy la viva prueba de que Spike jamás lastimaría a nadie.
–¿Por qué estás tan segura?
–Cuando él me arrojó hacia el cañón, pensé que me despertará del shock, pero en su lugar aterricé en un enorme cojín. Antes de eso, cuando me sostuviste en tus garras, nunca hiciste ademán de apretarme o aplastarme. En lugar de eso, me sostuviste con delicadeza. Ni siquiera las llamas fueron capaces de hacerme algo. ¿Aún crees que eres capaz de hacer esas cosas, Spike?
En respuesta, su mano desapareció, al igual que las llamas que nos dividieron en un principio. Caminando hacia el bebé dragón, era obvio que él era quien estaba teniendo la pesadilla; tenía miedo de quedarse solo, ser rechazado, y sobre todo, le aterraba el pensar que algún día perdería el control. Podía ver mi historia repitiéndose de nuevo si no hacía algo.
–Dime,– lo envolví con mi ala. –¿Cómo te tratan tus amigas?
–Soy como un fantasma para ellas. Twilight me obliga a hacer las tareas del hogar mientras que ella sale con sus amigas a divertirse o a alguna aventura. Me rompo las garras trabajando solo para que Rarity note que existo,– vi como empezaba a apretar los puños, pero no hice nada para interrumpirlo. –Applejack ni siquiera me quiere cerca de su granja; dice que solo le causo problemas. Rainbow Dash y Pinkie Pie se comportan como unas cretinas, jugandome bromas regularmente; Pinke incluso se rió una vez que casi muero mientras empacábamos el invierno.
-¿Qué hay de la tímida?–pregunté. Él volteó a verme; sus ojos ya no reflejaban tristeza, sino furia contenida contra esas seis.
–Fluttershy ha sido amable conmigo, incluso pensaba que podía hablar con ella de lo que fuera. Pero desde que encontró su pony especial, sólo me habla acerca de él, de cómo él la cuida y protege. A veces, con la única que puedo conversar de manera normal es Starlight, pero Twilight siempre la arrastra con ella.
–¿Y qué hay de mi hermana?
–He estado enviándole cartas a madre, preguntando alguna fecha para poder ir a visitarla…pero no me ha respondido ninguna.
–¿Y qué tan seguido le envías cartas?
–...una cada dos semanas.
¡¿Dos semanas?! Sabía que Tia era una yegua muy ocupada, pero cualquier padre, gobernante o no, debería poder hacer su trabajo a un lado para poder pasar tiempo con sus hijos.
Lo más triste es que, veo una versión más joven de mi misma. Y no pienso dejar que vuelva a pasar una segunda vez; si nadie lo va a ayudar con sus problemas, entonces yo lo haré.
–Ya no aguanto más…siento que cada día el mundo está contra mí. Desearía poder terminar con toda esta miseria y morir…irme a un lugar donde ningún poni me encuentre.
–Creeme, joven Spike, yo sé lo que se siente; yo también he caminado por el sendero de la soledad. Por lo tanto, querido, he de visitarte en tus sueños de ahora en adelante.
Spike me miró con esperanza en sus ojos; una mirada que indudablemente preguntaba si hablaba en serio, a lo cual yo asentí. No podría vivir conmigo sabiendo que lo mismo que me sucedió le estaba pasando a alguien más; él no era un monstruo, era el dragón más dulce que alguien jamás podría conocer.
Mientras sentía sus pequeñas garras rodear mi casco, me pregunté ¿cómo alguien podría descuidar así a este pequeño? Mientras el dragón seguía abrazándome, sentía esta cálida y relajante sensación; era algo que una madre sentía: amor por su hijo.
Sonreí mientras ponía mi casco en su espalda. Quería hacer lo que Tia nunca hizo. Quería protegerlo.
No se cuanto tiempo nos abrazamos, y tampoco me importó, pero no quería dejarlo ir. Eventualmente, Spike se separó de mi. –Joven Spike, debo retirarme para atender otros asuntos. Pero no temas, como prometí, vendré a visitarte cada noche. – Comenté, y él asintió. Empecé a caminar, y pronto el mundo de los sueños empezó a desmoronarse; no había más huesos, solo cañones y montañas. Era un buen comienzo.
–P-princesa…– Spie llamó, y yo volteé a verlo.
–Por favor, dime Luna.
–Okay, Luna. – corrigió, sintiendo algo de incomodidad de llamarme por mi nombre. –Gracas. – terminó. Yo sonreí, y me despedí ondeando mi casco.
De vuelta en el castillo de Canterlot.
Una vez que regresé a mi trono, me di cuenta que mis guardias estaban ausentes de su puesto. Debí haber estado ahí más tiempo de lo que creí, pensé mientras me ponía de pie y empezaba a recorrer los pasillos, tratando de encontrar la manera para ayudar a Spike con su predicamento. Tal vez ayudaría si aprendiera algo sobre los dragones, espero que aún tengamos ese libro que nos regaló el señor de los dragones.
Aunque dudo que ayude con lo de la soledad.
Busqué por toda la biblioteca, pero no encontré ningún libro sobre dragones. Era increíble que no encontrara nada en la biblioteca más vasta del reino, así que para calmarme un poco, caminé hacia los jardínes para despejar mi cabeza.
Debí de estar ausente por un largo rato; el cielo había empezado a iluminarse con la luz del amanecer.
–Le preguntaré a Tia si lo tiene.– me dije. La idea era pequeña pero tenía sentido; Celestia debía tener un libro que hablara de la especie de su propio hijo.
Con la luna dejando el camino libre al sol, yo me encaminé hacia el comedor donde Celestia se encontraba. Estaba comiendo su desayuno favorito: Hot cakes de plátano con una taza que decía "amo los domingos" escrita con letras amarillas hasta el tope de café. Ignoré eso y me senté junto a ella.
–Buenos días, querida hermana,– Celesta saludó con una sonrisa. –Confío en que la reunión de ayer fue un éxito.
–En efecto. Sin embargo, me temo que nuestro sobrino no entiende razones.
–Solo ignóralo, Luna,– Celestia dijo. –Lo que él piense del asunto no es importante. No queremos que la fiesta acabe siendo algo aburrido como la Gran Gala del Galope, ¿cierto?
–Hermana…– comenté, dejando de lado el tema actual. –¿Por qué no hemos visto al joven Spike por aquí?– Celestia cambió su personalidad en este punto: de la hermana amable a la que estoy acostumbrada, a la gobernante distante e inmaculada que todos conocen. Dejó su tenedor en la mesa y me miró con ojos de estoicismo y facciones de piedra. En retrospectiva, tenía miedo de ella en ese entonces, pero me mantuve firme.
–Luna…sabes que he estado ocupada atendiendo a mis súbditos, y con los tratados de paz entre los ponis y los dragones…las cosas han estado más difíciles con la reciente coronación de la señora de los dragones Ember…
–Yo me encargaré de hablar con la señora de los dragones Ember,– le aseguré. No se porqué piensa que tiene que cargar con el peso de gobernar el reino ella sola. Somos co-gobernantes por una razón.
Lo que Tia me dijo acerca de ese incidente en particular era que ella, junto con algunos guardias, han estado robando huevos de dragón resultantes de la migración anual, y experimentado con ellos. Cuando el antiguo señor dragón Torch se dio cuenta, declaró la guerra a Equestria. Si no hubiera sido por la amistad entre una potranca abandonada y un bebé dragón, la guerra habría desembocado en miles de bajas por ambos lados.
Debido a que la Señora de los dragones Ember era muy cercana a Spike, me pregunté la razón por la cual no le ha dicho esto. Tal vez no lo quería lastimar. O tal vez Celestia no quería que su amistad con Twilight terminara.
Tia también hizo a los guardias hacer un voto de silencio para que ningún poni se enterara de los experimentos o las muertes de los dragones. Sus viles acciones aún permanecen escondidas al día de hoy.
–Tia, ¿aún tenemos el libro de dragones que Ember nos dio?– Tia levantó una ceja; era obvio que mi repentino interés hacia los dragones no iba a pasar inadvertido.
–¿Algo pasó anoche, Luna?– Voy a contarle solo lo necesario; conozco a mi hermana, y va a tratar de negar la verdad.
–Bueno, visité al joven Spike en sus sueños, y se veía…muy solo. Temo que la historia se repita si no hacemos algo.
–¿Qué propones?– Celestia preguntó, tomando un sorbo a su café.
–Deberías pasar más tiempo con él en el mundo real, mientras que yo lo haré en el mundo onírico.
Mi hermana puso su casco bajo su barbilla mientras consideraba mi propuesta. –Desafortunadamente, Luna, con todo el trabajo que tenemos y el reciente tratado entre Equestria y los dragones, no te garantizo que pueda.
–Al menos prométeme que tratarás de tener tiempo para tu hijo. – dije, levantándome de mi silla.
–No te prometo nada, hermana, pero veré que puedo hacer. Ya le envié un ticket.
¿Ticket? Pensé que había enviado los tickets a los elementos hace días. Haciendo el pensamiento hacia un lado, me despedí de Tia y troté fuera del comedor; necesitaba saber unas cosas, así que en lugar de retirarme a mis aposentos, fui hacia el cuarto de Tia al otro lado del castillo.
Tan pronto entré, vi un cesto lleno de cartas hechas bola. Lo dejé pasar, puesto que lo que me interesaba era el libro. Tia dijo que lo debía de tener en su estudio. Luego de encontrarlo, eché un vistazo a las cartas en el cesto; Spike había mencionado que mi hermana no le ha respondido ninguna de las cartas que le envió, así que tomé una del cesto y leí con sorpresa el contenido.
–Así que es por esto que no he visto al joven Spike por aquí…– leyendo carta por carta, mi corazón casi se detiene. Por lo que leí, no solo es descuidado por parte de Tia, sino que también es abusado por parte de los elementos de la armonía.
Salí del cuarto de Tia y empecé a leer, siendo atrapada por el libro rápidamente. No sabía que cada dragón tenía una llama de un color característico que representaba una gema, o que algunos dragones podían usar magia. Lo que más me sorprendió fue aprender acerca de la dieta de los dragones; aparentemente, a la edad de un año (o diez años poni), un bebé dragón empezará a sentir deseos de comer carne. Mientras más tiempo le sea negado esto, más agitados se volverán. Eventualmente empezarán a alucinar, entrando en una etapa de ira.
No pienso dejar que eso pase, puesto que ya le prometí al joven Spike que estaría ahí para él y pienso ser fiel a mi promesa. Una vez que llegué a mi cuarto, me quité mis zapatillas reales junto con el resto de mis adornos mientras me preparaba para ir a la cama. Esta noche, mis pensamientos estaban dedicados enteramente para el joven dragón.
