Apud Patres

Capítulo 2: Dos enemigos y un amigo.

La estación de King's Cross estaba tan concurrida como siempre, su habitual ritmo presenciaba, sin saberlo, uno de los acontecimientos más importantes, al menos en la vida de los magos, o podríamos más bien decir, en los futuros magos. Ya que en ese día precisamente, los niños y niñas con magia en su sangre tomaban el tren para dirigirse al colegio de Magia y Hechicería: Hogwarts.
No era como tomar cualquier tren, ni mucho menos se llegaba a la plataforma como todos los muggles lo hacían, se tenía que pasar por una pared, así es, atravesarla exactamente donde el 9 y el 10 estaban para así dar con la tan esperada plataforma 9 ¾. Precisamente era lo que acababan de hacer dos chicos, ambos respondiendo al nombre de Sirius Black y James Potter, ese día tomarían el Expreso de Hogwarts y llevaban un considerable tiempo tratando de entrar, pero era tal la gente que había, que llegar a la plataforma era cuestión de paciencia, al fin lograron entrar.

- ¿Por qué tiene que amanecer tan pronto? Quería dormir más... - en un bostezo, Sirius se quejó.
- No es mi culpa que estuvieras desde tan tarde arreglando tus cosas.
- Ya, el señor responsabilidad hablando.
- Al menos hice mi equipaje antes.
- Sí, 20 minutos antes que yo - rió Sirius.
- Bueno, ya estamos en la plataforma, ahora sólo tenemos que subir las maletas y buscar algún compartimiento. - dijo James mientras volteaba a ambos lados del expreso.
- Vámos por aquí, hay menos gente reunida.

Y haciéndose paso por entre toda la cantidad de brujas y magos que ya se estaban amontonando en la entrada de la plataforma, ambos amigos se encaminaron a la parte de atrás del expreso, empujaban sus carritos con su equipaje a gran velocidad, una vieja bruja les gritó cuando casi se avalanzaban sobre su gato. Al fin habían llegado.

- Esta bien este lugar, ahora pásame tu equipaje, vamos a comenzar a subirlo antes que llegue más gente. - le dijo James a su amigo que empezaba a bajar todas sus cosas del carrito.
- Dime James, ¿cómo esperas que sea nuestro primer año en Hogwarts?
- Ojalá que sea interesante, no sólamente quiero aprender cosas sin saberlas utilizar. Además quiero descifrar mucho de los misterios que se rumoran de ese lugar, ¿qué te parece? - preguntó mientras subía una gran bolsa.
- Pienso igual, ese colegio no será lo mismo después que estemos.

Los dos comenzaron a reír, ya que la bolsa que acababa de subir James estaba cargada de varias chucherías de bromas: bómbas fétidas, bengalas que se prendían con la humedad, algunos escarabajos de dulce que se movían como si fueran reales al contacto con la boca, rollos de pergaminos que cada vez que escribías en ellos el mismo te contestaba con alguna palabra no muy educada, pequeñas cajitas de gritos (usadas principalmente para esas clases donde te mandan a callar), y un sin fin de otras cosas.

- ¿Será que Albus Dumbledore seguirá dándo clases? - le preguntó a Sirius.
- No lo creo, con su trabajo de director, poco tiempo tendrá. Mucha gente dice que es un mago muy poderoso.
- Me hubiera gustado que nos hubiera dado clases, aprender de él nos serviría de mucho.
- Ajá, y por eso cargas todas esas bómbas fétidas.

Su risa se detuvo al oír el ruido de un baúl cayéndo al piso y un carrito de equipaje desbocado, varios niños se juntaron haciendo un semicírculo, James y Sirius se miraron extrañados, del vagón dió un salto el chico de lentes y se puso a un lado de su compañero, esperaron un poco para ver si nadie había resultado lastimado.

- ¡Imbécil! - se oyó una voz helada saliendo de aquél grupo de menores.

Fue la señal, Sirius y James corrieron en dirección de donde provenía aquella voz, el timbre no era para nada una buena forma de saber que la persona estuviera bien. Algunos muchachos comenzaron a hacerse un lado cuando comenzaron a acercarse. Ahí estaba la escena, nada agradable, un baúl semiabierto desparramándose de ropa y algunos materiales, el carro estaba a un lado aún con la rueda dando leves vueltas, en el suelo ahí estaba un muchachito de cabello castaño claro, su ropa no parecía muy nueva que digamos y estaba tratándose de levantar mientras se disculpaba ante la figura que estaba a su lado de pie. Dicha figura era la de un chico, no un chico cualquiera, tenía porte y aire de superioridad. James inmediatamente pasó sus ojos a ver aquella cabellera a punto de plateado, la piel tan blanca de nieve era el lienzo de los labios encorvados en ira y las cejas fruncidas, venía vestido elegantemente y por lo visto, aquel chico que yacía en el suelo había tropezado con él. La mirada era lo que más le llamó la atención a James de aquella silueta arrogante, era de desprecio, de asco... Parecía que Sirius también se fijó en aquello ya que apretó fuertemente los puños.

- ¡¿Acaso estás ciego y no te fijas por donde caminas, idiota?! - escupió las palabras como serpiente mientras se alizaba los pliegues de la túnica del brazo.
- Disculpa, yo iba lento y no me fijé que pasaste antes que yo.
- Por supuesto que no, mi derecho era pasar antes que alguien como tú.
- Yo no lo sabía.
- ¡Estúpido! ¿No sabes quién soy?

Aquel chico levantó su puño contra el que estaba en el suelo, demasiado tarde, una figura se había interpuesto. James sujetaba el puño con su mano mientras que Sirius se dirigió a ayudar a levantar al otro con cuidado, los dos vieron al chico de lentes como contenía el golpe.

- Eres muy valiente al tratar de golpear a alguien que no se puede defender, ¿no es así? - sonrió James.
- No te metas en lo que no te importa.
- Claro que me importa, no soporto ver a imbéciles como tú que se creen la gran cosa molestándo a los demás. - con voz firme y con el entrecejo ligeramente fruncido, James le dijo.
- Él es el imbécil, se atravesó en mi camino y chocó con su estúpido baúl viejo.
- Yo, yo no había visto que él estaba a punto de subir, cuando yo iba a pasar de pronto ví como corrió y no pude detenerme. - aquel chico de cabello castaño al fin habló más seguro mientras era detenido con los brazos de Sirius, James lo miró de reojo y volteó a ver al chico que tenía enfrente.
- Así que eres de esas personas que buscan la oportunidad de un pretexto para hacer menos a los demás.

El rubio platinado se quitó la mano de James con brusquedad, empezó a mirar ahora con cierto recelo al mismo, volvió a su sonrisa sarcástica.

- Te conozco. Eres un Potter. Esos ojos, ese cabello, no eres más que el único que queda de esa familia.
- Interesante observación.
- Sabes lo que te conviene, déjame en paz, únete a mí y podríamos llegar a ser grandes en Hogwarts.
- ¿Quién eres? - lentamente le preguntó James.
- Lucius Malfoy.
- He oído de los Malfoy, no son más que una familia de presumidos que se creen mejores por tener en sus generaciones magos de sangre limpia. - pareciera que a James le costó trabajo decir esas últimas palabras. No estaba acostumbrado a mencionar las clases de magos, o mas bien, no le gustaba.
- Dirás lo que quieras de nosotros, pero tenemos grandes influencias, la gente que nos rodea son grandiosas después de codearse de nuestro lado. Así que deja todo eso y podrías llegar muy lejos, Potter.

James lo miró de arriba a abajo, Lucius estaba sumamente arrogante pero eso no inmuntó a James, por el contrario, le dió la espalda y se dirigió a su amigo, con una sonrisa dulce vió al chico de cabello castaño y le quitó el polvo que tenía encima de la capa que lo cubría.

- ¿Estás bien, ninguna herida?
- E, estoy bien, gracias - sorprendido, el muchacho contestó con la misma sonrisa aunque aún nerviosa.
- ¡¿Qué diablos estás haciendo?! - la voz de Malfoy sonó colérica.
- Es una lástima Malfoy, yo veo la grandeza de las personas no por sus nombres o familias.
- ¿A qué te refieres? - Lucius arrastró aquellas palabras mientras veía como levantaban el baúl y las cosas tiradas.
- Tú sabes a que me refiero. Yo no te importo, te importa tener a tu lado a alguien con un nombre como el mío para sentirte con superioridad ante los demás. Yo en cambio, no necesito eso, sólo necesito de mis amigos. - tranquilamente, James terminó por decir mientras arrastraba el baúl y era seguido por Sirius que sostenía al otro chico.
- Sólo dices estúpideces, ¿de qué te sirven esos pobretones de amigos? Ahora sé porqué eres el único Potter que queda, toda tu familia seguramente era igual de tonta y por eso terminaron de esa forma...

Lucius no pudo terminar, se encontraba tirado en las escaleras del vagón por la fuerza del golpe que Sirius le había propinado, cuando pudo darse cuenta de lo que le había pasado, Malfoy se limpió la sangre que comenzaba a salirle por el labio. Sirius no estaba conforme, quería golpearlo aún más, James y el otro muchacho se lo impidieron, lo arrastraron fuera de su vista, obviamente el chico rubio no hizo nada por alcanzarlos, la gente a su alrededor comenzaba a dispersarse entre comentarios.

- ¡Escúchame Potter! Desde este momento tengan mucho más cuidado las bestias de tus amigos y tú o me las pagarán. - gritó mientras que Sirius se trataba nuevamente soltar de James.
- ¡Sólo déjame golpearlo otra vez, sólo una, se lo merece!
- Ya cálmate, ¡no quiero que te expulsen antes de haber pisado Hogwarts!

Sirius miró a James dándole a entender que no iría tras Malfoy, así que lo soltó mientras que el otro se acomodaba las mangas de su suéter. Cuando aprovechó para volver a correr no sin antes que James lograra alcanzarlo y detenerlo por la cintura hasta caerse ambos al suelo. Todo aquello fue una escena que hizo reír al chico de cabello castaño, se incorporaron y fueron con él.

- Disculpa, a veces es difícil controlarlo. - sonrió nervioso James.
- Ah, pero ya verá allá, no se salvará de un buen par de puñetazos de mi parte. - Sirius aún seguía viendo en dirección a Malfoy.
- Esto, quiero darles las gracias, por ayudarme. - algo sonrojado les dijo.
- Ni lo menciones.
- No soportamos ver engreídos haciéndo menos a los demás - dijo Sirius olvidando donde estaba Malfoy.
- En verdad no sabía que hacer, no es que estuviera asustado, pero a veces ese tipo de palabras me hacen recordar quién soy y...
- No digas esas cosas, como dije, yo veo la grandeza de las personas por lo que son y no por como lucen o a que familia pertenecen. - volvió a sonreír James.
- De tí depende que así sea. - con sus manos en la cintura, Sirius también le sonrió.
- Pero dejemos eso a un lado, vamos a subir tus cosas, tu dirás a dónde.
- Bueno, tal parece que ya no podré regresar al vagón que iba a subir - miró a lo lejos.
- Ven con nosotros, aquí todavía hay espacio. - señaló James.
- Sí, después de todo debemos apoyarnos por las mismas personas que nos caen mal. - guiñó Sirius.
- Gracias. - el semblante del muchacho cambió radicalmente a una expresión de inmensa alegría.

Comenzaron a subir lo que restaba del equipaje de Sirius, después el del muchacho y al final cuando terminaron con el de James, se sentaron en las escaleras un momento para descansar.

- Todavía nos queda tiempo, el tren todavía no partirá, creo que llegamos demasiado temprano. - con sarcasmo, Sirius miró a James.
- A diferencia tuya, a mi me gusta tener un buen tiempo para no sentirme presionado.
- Y si no hubieran llegado temprano, no me habrían ayudado.
- Jaja, es verdad.
- Por cierto, no nos hemos presentado. - James se dirigió a su nuevo compañero de vagón.
- Me llamo Sirius Black.
- Y como habrás oído, soy Potter, James Potter.
- Es un placer, mi nombre es Remus Lupin.
- Bienvenido, Remus. - James le colocó su mano en el hombro del chico.

Platicaron un buen rato, intercambiando impresiones del golpe de Sirius y de como Malfoy se había acobardado, Remus se había acoplado perfectamente al grupo y como dijo James, a él ni a Sirius no le importaban que la ropa que trajera fuera un tanto remendada, ambos notaron al amigable chico que era.

De la nada, James dió un respingo y se puso de pie mirando a su izquierda.

- ¿Qué pasa James? De seguro es Malfoy que viene para acá por más.
- Lo siento, ví a alguien conocido, en un momento vuelvo.
- ¿A quién habrá visto? - Remus volteó a preguntarle a Sirius.
- Tengo la ligera sospecha que sé de quién se trata. - pícaramente, Sirius sonrió mientras veía a James correr por entre la gente.
- ¿Ah?
- Deja te pongo al corriente...

James pudo sentir como la emoción embargaba su corazón en un rápido movimiento cada vez que se acercaba. Esperó un momento a que pasara un grupo de niños que llevaban varios carritos en grupo. Ahí pudo ver mejor todo mientras la gente se abría paso poco a poco.
Lily Evans subía su equipaje al carrito listo para subirlo al primer vagón con asiento que estuviera más cerca.
James se alistó para acercarse, y lo hubiera hecho, si no viera que ya estaba acompañada por alguien, un chico. Aguardó un momento, después de todo, James gustaba de llegar en el momento justo y creyó que todavía no era el tiempo.

- No es molestia. - sonó la voz áspera de aquél muchacho.
- Te lo agradezco mucho - sonrió la pelirroja.

El chico que la acompañaba se notó que su rostro se había ruborizado ligeramente y tropezaba torpemente mientras caminaba y empujaba el mismo carrito que Lily acababa de subir sus cosas (que llevaban grabadas las iniciales L y E en dorado), obviamente aquél muchacho estaba ayudándo a la pequeña niña a llevar sus cosas al vagón. James no despegó la vista ni un instante en cada reacción de la muchacha o de como aquél individuo se la pasaba pegándose las puntas de los pies contra el carrito.

- ¿Tienes vagón?
- Me parece que no, en realidad me tardé mucho en averiguar como entrar a la plataforma y por lo mismo ya han ganado muchos lugares por aquí cerca. - Lily con voz desanimada contestó.
- Bueno... si no... si no te molesta que... - titubeó sumamente nervioso el chico mientras se detuvo frente a las escaleras de un vagón.
- ¿Ah? - la niña se quedó viéndolo extrañada.
- Si quieres, puedes... puedes estar...
- En lo vagones de atrás dónde todavía hay bastante espacio.

El momento había llegado, James interrumpió por detrás de Lily a aquél niño que se pasó su rostro ruborizado a un blanco pálido de ira. Lily al escuchar la voz conocida no pudo evitar el abrir los ojos y proferir una sonrisa de gusto, se volteó y ahí estaba el chico de lentes e intercambiaron sonrisas.

- Así que conoció a esa chica (¿Lily dices que se llama?) y desde entonces está extraño. - Remus repasó aquello como meditando.
- Sí, es bastante peculiar que haga eso con una chica, por que por lo general sólo les hace caso cuando lo buscan. (porque extraño siempre lo ha sido).
- ¿Y él la ha estado buscando? - Remus preguntó volteándo a ver a Sirius.
- No puedo asegurar nada, aunque...
- ¿Aunque...?
- Anoche regresó bastante tarde. - ahora era Sirius el que comenzó a pensar en lo que acaba de decír con su dedo índice en la sien.
- ¿Supones entonces que fué con el pretexto de verla?

Sirius se quedó un momento callado, miró a Remus mientras que éste sólo estaba tratando de esperar su respuesta.

- No, no lo creo... eso no es de James, al menos, no del que conozco.
- ¿Qué me dices de hace un momento? Fué a buscarla, ¿no es así?
- Cierto, pero es distinto.
- ¿Distinto? ¿En qué forma?
- Esa chica, Lily, también lo está buscando.

Remus se quedó alzando ambas cejas mientras veía como Sirius sonreía maliciosamente como si fuera todo demasiado obvio. Remus decidió no hablar más, se limitó a mirar el camino que James tomó para irse, interrumpido sólo por la voz de Sirius que se había levantado.

- Vámos adentro, falta poco para que el tren parta y mejor tomamos nuestros asientos.
- Esta bien.
- Por cierto, ¿conoces las bómbas fétidas? - guiñó Sirius a un Remus que sonreía.

Ciertamente la presencia de James había surtido efecto en Lily y su acompañante, mientras que la niña estaba saludándolo con suma amabilidad, el otro niño casi se encajaba las uñas de tan fuerte que había cerrado los puños, se quitó un negro mechón de la frente sudorosa que ya tenía y se puso un paso adelante a lado de la chica.

- ¿Se te ofrece algo?
- No gracias, déjalo así, estoy bien. - con ojos entrecerrados y con una amplia sonrisa, James vió al chico.

El muchacho ahora estaba rojo, pero no por las razones de hace unos minutos atrás, una cólera invadía su cuerpo. Era un chico de mediana estatura, robusto, piel que parecía dura a punto de cetrina y que se plegaba en la frente con cada gesto (en especial en las cejas pobladas), naríz ganchuda y un pelo a la altura de las orejas que parecía urgírle un lavado porque se veía grasiento.

- Si nos permite, la señorita desea encontrar un lugar. - el muchacho trató de contenerse pero esas palabras salieron entre dientes.
- ¡Ah! Entonces no te preocupes, tengo el lugar perfecto para ella.
- Mejor que ella diga si desea que alguien como usted le consiga asiento. - y enseguida miró a Lily que estaba un tanto confundida por las reacciones de esos dos chicos.
- No se molesten, puedo encontrar uno por mí misma. - sonrió tratando de calmarlos.
- ¡La ha ofendido! Por supuesto que no dejaré que alguien de tan poca educación pueda tratar así a la señoríta Evans.
- Severus, ya te dije que puedes llamarme Lily. - murmuró.
- Sí Severus, no crees que eres demasiado jóven para tantas formalidades. - James trató de bromear con aquél muchacho e intentando darle de golpecitos en la parte baja del hombro, un movimiento brusco se lo impidió.
- Usted no es nadie para llamarme con mi nombre y lo que haga no le concierne. Er, Lily, podemos irnos para encontrarle un asiento. - y dió unos pasos con el carrito, ahora el que se detuvo fue él ya que el pie de James estaba sobre una de las ruedas mientras que el chico de lentes con las manos en los bolsillos no retiraba su sonrisa.
- No seas amargo, sólo intentaba hacer una broma.
- Déjeme decírle que está en el lugar incorrecto para sus estupideces. Y si va a estudiar en Hogwarts será mejor que modifique esa actitud necia, o será un mago incompetente. O tal vez, ya lo sea, no da el porte que debe de ser un verdadero mago. - la voz había cambiado a gélida y sarcástica, la expresión de James cambió también.
- No amigo, tal vez es otro quien está equivocado.
- No me ofenda, jamás sería su amigo. - el cejo se le frunció en ese instante, pero la sonrisa que se había dibujado era suficiente para notarse burlón.
- Disculpa Lily, no quería hacerte pasar un mal momento, sólo que te ví y quería saludarte. Me alegra mucho que nos hayamos encontrado y bueno, espero verte en clases pronto. - James amablemente y tranquilo miraba a la niña mientras quitaba su pie del carrito y miró serio al que lo llevaba.
- Deténte. - la voz ronca detuvo a James quién vió que era ese chico que se le acercaba desafiante - tu nombre.
- Ironía, presumes de educación pero olvidas las palabras importantes de cómo pedir.
- Ya me oíste.

James se dió vuelta, estaban frente a frente mirándose no de muy buena forma amigable, trataba de calmarse ya que Lily estaba ahí viéndo todo y no quería que creyera que es un busca pleitos. Tomó una buena cantidad de aire por la naríz y sólido contestó.

- James Potter.
- Con que Potter, ten por seguro que no lo olvidaré.
- ¿Y yo qué puedo recordar de tí, aparte de esa cara de gárgola ó con la idea únicamente de Severus?
- Snape. Y verás que podrás recordarlo de una forma que no olvidarás. - susurró con una voz melosa y fría.

James asintió sin importarle el tono de esas palabras, sintió la capa larga y fría que Snape vestía y que al habérse dado vuelta rozó la mano del primero. Se alejó, con el paso de un soldado que va a la guerra y su figura se perdió entre una montaña de maletas y familias. También él estaba a punto de irse pero por instinto buscó a Lily con la mirada, ella estaba como si nada acomodándo sus cosas en el carrito que comenzaba a empujar por ella misma con mucha dificultad por el peso. James sintió tal pena y nerviosismo que olvidándose de lo sucedido, se apuró a detenerla, ella lo miró analizándolo.

- Descuida, no es pesado. Además se hace tarde y vayas a perder tu asiento. - Lily volvió a tratar de recuperar el control del carro de equipaje.

James hizo a un lado a Lily y sin ningún esfuerzo, encaminó al carrito y miró nuevamente a la chica.

- Es mi culpa por la que estés aquí detenida. Al menos permíteme encontrarte un vagón para tus cosas y un asiento, sé el lugar perfecto. - Lily lo seguía mirando - vámos, prometo no bromear o buscarme un buen golpe con nadie más de aquí a que lleguemos a tu vagón.

Lily suspiró con una pequeña risa, y encogiéndose de hombros se puso a la par con James y comenzaron a caminar, no tardaron en llegar a un vagón que comenzaba a llenarse. Lily se fijó como al llegar James, la gente le abrían paso sin darse cuenta, o al menos los hombres, ya que las chicas lanzaban discretas miradas al muchacho mientras se hacían a un lado. Cuando comenzó a subir el equipaje su acompañante, Lily salió de sus pensamientos y ayudó con las cosas no tan pesadas.

Adentro del vagón, James subía lo que era una maleta y algunas pequeñas, las otras ya habían sido mandadas al vagón de equipaje con todos los de los demás alumnos. Volteó a ver a los compartimientos en busca de asiento y se acercó a un grupo de tres chicas que conversaban muy concentradas hasta que lo vieron y se callaron.

- Disculpen, ¿habrá un asiento para ella? - dejó ver a Lily mientras que las niñas pasaban sus vistas de uno a otra y riéron bajo y agudo.
- Claro, aquí nos sobra un asiento. Puede estar con nosotras. - una chica rubia le sonrió a James.
- ¡Gracias! Son muy amables. Lily, aquí podrás estar, a ellas las he visto también en el callejón y sé que son agradables.
- No debiste haberte molestado.
- Considéralo parte de mi disculpa.

James no pudo evitar el que su rostro se mostrara algo molesto consigo mismo, ya no sabía si era por como las niñas se volteaban a ver unas a otras y con miradas furtivas, o por que gracias a él, Lily por poco y no tenía asiento. Se despidió con un movimiento de su mano y su semblante había cambiado a uno más contento al ver como Lily le sonrió como aceptándo aquello.

- No vayas a perder tu asiento por buscarte un golpe con alguien más, James. - con tono sarcástico pero de risa, Lily le alcanzó a decir al chico, éste de reojo la miró.
- Al menos no dijiste nada sobre las bromas.

Enseguida James salió del vagón y corrió rumbo al que lo estaban esperando. Lily lo siguió con la vista por la ventana hasta que no pudo verlo más, se acomodó en el asiento y al alzar la vista, todas las chicas la miraban sorprendidas.

- Creí que te habías arrepentido de ir a Hogwarts, Longbottom estaba buscando asiento y por poco le damos el tuyo. - dijo Sirius "molesto".
- No creas que me tardé tanto por gusto. - con voz agitada, James se sentó a un lado de Sirius.
- Parecía lo contrario cuando te fuíste. - la voz maliciosa de Remus hizo que James lo mirara sonriente.
- ¡Vaya! Unos minutos con Sirius y te adaptas bien. No cabe duda que este grupo es el apropiado para tí. - comentó entre risas.
- Entonces, ¿qué te hizo tardar más de lo que tenías pensado?
- Les contaré más tarde.

Sirius y Remus se miraron e hicieron caso, empezaron a comentar entre ellos sobre la calidad de las bengálas y las bómbas fétidas en diversos climas. Mientras, James miraba como lentamente el tren se ponía en marcha, cada vez más rápido se alejaba de la plataforma, inmerso en sus pensamientos, se recargó sobre su mano su cabeza viendo su propio reflejo en la ventana.

- (¿Qué impresión le dí a Lily? Comportándome de esa manera tan mal ante ella, ¿pensará que soy un bruto y que gusto de pelearme con los demás? Pero yo no soy así...) - pensó con un suspiro.
- Mira James, ¡Remus trae bómbas de Cambridge!

- ¿A qué se refieren?
- Vámos, tu y Potter se tratan muy amigablemente. ¿Segura que no eres algún familiar que encontró? - la chica rubia que estaba sentada al frente de Lily abrió los ojos como platos.
- ¡Dínoslo! - una chica de cabello castaño al lado de la anterior preguntó emocionada.
- ¡Tal vez puedas hablarle de nosotras! - la chica con cabello negro a lado de Lily se le acercó sonriente.
- Yo, sólo lo conocí en el callejón Diagon. Ayudó a mi familia y a mí a entrar y compramos juntos la varita.
- ¡¿QUÉ?! - al unísono las tres gritaron ante una Lily apenada.
- No estás jugando, ¿verdad? - la niña castaña musitó
- ¿Por qué tendría que hacerlo? James y yo sólo nos vimos esa ocasión.
- ¿Le... le llamas por su nombre? - sorprendida, la chica de su lado nerviosa le preguntó nuevamente.
- ¿Debería de otra forma? - Lily confundida ahora era la que preguntó. - Además, sólo me dieron sus nombres.
- Lo que sucede, es que todas nosotras también conocemos a James Potter precisamente por el callejón Diagon - la niña rubia volvió a hablar, Lily volteó a mirarla - junto con Sirius Black, son conocidos ahí.
- No sabía que lo eran.
- Bueno, pues ahora lo sabes. - dijo la otra chica.
- Pero el punto aquí es que... - volvió a hablar, miró a los ojos a Lily - parece ser que no te has percatado de lo populares que son ellos, si alguna de sus fieles y celosas admiradoras te oyera hablar así con Potter como lo escuchamos nosotras, acabarías bastante mal. - rió.
- Ustedes no son de esas admiradoras, ¿cierto? - trató de reír un poco Lily.
- No claro, no llegamos a tanto.
- ¿Ah?
- En realidad nosotras sólo somos admiradoras pasivas.

Lily arqueó una ceja nerviosa, ¿acaso en el mundo de la magia también habían "ídolos" y ella no los conocía?

- No pongas esa cara, a nosotras nos gusta hablar de lo que nos gusta de ellos.
- ¿Gustar?
- ¡Claro! Son unos caballeros, a pesar de que tenemos la misma edad que ellos, se comportan tan maduros.
- ¡Y tan adorables! - la chica de cabello castaño suspiró.
- ¡Sin mencionar lo bien parecidos que son! - la chica rubia se puso roja mientras que las demás lanzaban grititos de emoción.
- Lo que quieren decir, es que ¿siempre se comportan así?
- Por supuesto, es lo que les distingue, a todas nos han tratado de la misma forma amable y eso admiramos mucho (no muchos chicos te tratan así), sobre todo Potter tiene una manera de hacerte sentir especial.

Lily se quedó perpleja, aquél último comentario la había dejado nublada la mente. Todo lo que tenía acerca de James Potter comenzaba a "encajar" con lo que le comentaron aquellas niñas. Ellas retomaron su plática dejando a la pelirroja envuelta en sus propias preguntas sin respuestas. Trataba de pensar si era verdad todo lo que dijeron, y si lo fuera ¿porqué tuvo que caer ella en ese juego? ¿qué estaría pensando James en ese momento de su actitud? ¿también que ella había caído?

- (Después de todo... aquella sensación no era lo que comenzaba a creer...). - Lily bajó la vista a sus manos que agarraban con fuerza su pequeña maleta de mano.

- ¿Cuándo piensas que puedas decírnos lo que te sucedió hace rato? - Sirius preguntó a James que no dejaba de ver a la ventana.
- No te encontraste con Malfoy otra vez, ¿o sí? - dijo Remus.
- Malfoy... Snape...
- ¿Ah? - al unísono sonaron Sirius y Remus.
- En un mismo día me hice de dos enemigos - alzó su vista al cielo que se movía por la velocidad del tren - al menos, hoy sí parezco un busca problemas. - frunció el entrecejo
- Ajá, así que era eso - Sirius cruzó los brazos - debes de ver el lado positivo de esto James, encontramos a un amigo.

James miró de reojo a Sirius, descansó su semblante mientras que Remus sonreía agradecido. Volvió a ver la ventana y sonrió de forma misteriosa.

- (Es verdad, además puedo mostrarle que no soy así. No puedo preocuparme de cosas como éstas, hay asuntos que necesito resolver, y sobretodo debo de saber de esa sensación...).

Y al entrar a un tunel, los ojos de James se vieron más azules que nunca entre aquella ligera obscuridad, de pronto cerró los ojos.

Continúa:
Capítulo 3: Sensaciones y Presencias

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Notas:

Al fin está disponible el segundo capítulo! Una disculpa por la tardanza, pero estuve en exámenes y no podía terminarlo y además debía de revisarlo ^^; pero espero que les agrade este capt. tanto como yo el escribirlo.
También quiero agradecer los comentarios que han empezado a hacerme llegar, eso es lo que me motiva a seguir escribiendo y traer más capts. pronto y vuelvo a pedírles que me comenten que les está pareciendo hasta ahora la historia, sus sugerencias o dudas, sus impresiones, en verdad que eso anima mucho a las personas que escriben fanfics a seguir adelante y a mejorar ^_^ gracias a tod@s!
Listos para el próx. capítulo? Qué pasará ahora con Lily y su nueva "impresión" de James? Qué tanto necesita resolver James? Sirius volverá a pegarle a Lucius? Snape encontrará una poción para el cabello? Poco a poco lo descubrirán!

100802 - 11:27pm