Apud Patres

Capítulo 3: Sensaciones y Presencias.

- ¡A eso le llamo una verdadera tortura!
- No exageres Sirius, no fué tan malo.
- ¿Qué no fué malo? James, ese profesor ya nos tiene señalados, ¡y es el primer día de esa clase!
- Creo que tiene motivos, sobre todo después de la "curiosa" observación que hiciste a su cabello.
- Remus, es demasiado obvio que era una mofeta muerta lo que traía en la cabeza. Nadie normal apesta así y a menos que por peluquero tenga un trol, no le culpo el horrible corte que tiene.

Los tres amigos rompieron a carcajadas, acababan de salir de la última clase que tenían antes de la hora de la comida, era el primer día de clases y la emoción invadía pasillos y salones. Y ahí estaban en Hogwarts, a lado de los nuevos magos y brujas que nerviosos estaban saliendo de sus clases. Hubo mucho ajetreo, sobre todo con los horarios, hubo más de uno que se equivocaba de salón y al pasar lista, apenado salía a encontrar su verdadera clase. Algunos otros ya estaban seleccionando cuales eran sus clases preferidas, o como pensaban Sirius y James, los profesores que iban a ser nombrados como blancos perfectos para ciertas bromas. Así era conformado un día habitual y nada fuera de lo común, día de clases.

Sirius, Remus y James estaban juntos, la noche anterior habían sido nombrados de casa por el Sombrero Seleccionador, la ceremonia era lo que más había emocionado a los muchachos, el nerviosismo y la adrenalina se combinaban en esos momentos en que el sombrero viejo y polvoriento gritaba dónde te tocaba, todo comenzó cuando cruzaron la entrada del Gran Comedor.

- Miren el tamaño de este lugar. Me habían comentado que era grande, pero esto es enorme. - Sirius emocionado comentó a sus dos compañeros que se encontraban cada uno a su lado.
- Tienes razón, te lo describen en los libros y te lo cuenta la gente, pero al verlo, ¡todo eso se queda corto! - dijo Remus emocionado, no pudo evitar el abrir la boca de sorpresa al ver las estrellas reflejándose en el techo.
- Al fin, estamos en Hogwarts. - James se dijo como si se estuviera afirmando.
- ¿Qué casa nos tocará? - interrumpió Sirius cuando todos los de primer curso se detuvieron ante un banco.

Remus quedó pensativo mientras veía como una bruja pelirroja y con túnica ostentosa, colocaba el dichoso Sombrero e indicaba su funcionamiento mientras desplegaba un pergamino bastante largo, aquella era la profesora Minerva McGonagall.
Sirius al no escuchar respuesta de sus amigos, los miró como preguntando si lo habían escuchado, Remus de un respingo, se encogió de hombros, pero James lo miró de reojo, sonrió mientras se cruzaba los brazos.

- No te preguntes más.
- ¿Ah? - Sirius alzó una ceja perplejo al oír lo que James le dijo, iba a contestárle como siempre lo hacía, pero una voz en todo el comedor lo interrumpió.
- ¡¿Sirius Black?! - la profesora McGonagall llamó mientras buscaba entre la pequeña conmegloración de nuevos alumnos.
- ¡Sí! - contestó Sirius y se encaminó al banco.

Al sentarse y casi al punto de que le colocaran el sombrero en la cabeza, no pudo apartar la vista hacia James, lo estaba viendo todavía con la sonrisa, de pronto la vista se obscureció ya que el sombrero se hallaba en su cabeza, una vocecita habló a su oído, preguntas, respuestas, afirmaciones, suposiciones, todo eso Sirius escuchó y en cuestión de segundos resonó con fuerza:

- ¡GRYFFINDOR!

Una lluvia de aplausos y ovaciones se escucharon en la mesa de dicha casa, Sirius un poco extrañado se bajó del banquito para llegar a donde le guardaban un asiento. Pero aún seguía viendo a James quien sólo estaba aplaudiendo también sin quitarle la vista.
Pasaron otros nombres más, cada vez el grupo estaba disminuyendo conforme transcurrían los minutos. Remus volteaba a las cuatro mesas de cada casa como repasando las cualidades de cada una, curiosamente cuando pasaba por Slytherin, se ponía nervioso, todavía más cuando Lucius Malfoy fue llamado a esa casa. James le dió de palmaditas en la espalda para confortarlo.

- ¡¿Remus Lupin?!

Remus dió un sobresalto y lanzándole un susurro de -gracias- a James, subió las escaleras, vislumbró como Malfoy y otros dos niños empezaron a señalarlo y reír burlonamente, no hizo caso y rió al ver como Sirius comenzó a hacerles unas señas nada educadas a dichos muchachos de Slytherin.

- Serás entonces... ¡GRYFFINDOR!

Sirius dejó lo que estaba haciendo sólo para recibir en un gran abrazo a Remus que estaba con un semblante iluminado y alegre. Ambos se sentaron juntos y esperaron pacientemente a que su último compañero pasara.

- ¡Nathalie Colfer!
- ¡Hufflepuff!
- ¡Richard Prewett!
- ¡Gryffindor!
- ¡Susan Sladden!
- ¡Ravenclaw!
- ¡Séan Harris!

- ¿Cuándo le tocará a James? ¿Y si le toca en otra casa? - Remus se apretaba los nudillos cuando vió que llamaban a un niño bajito y regordete que acababa de tropezar con la túnica de la profesora al llegar al banco.
- Genial, lo que me encanta hacer... esperar. - Sirius tajantemente se quejó cuando el niño que había subido se dirigió a su mesa.
- Eh, Sirius ¡mira! - Remus dió una ligera sacudida a su amigo por el hombro y señaló con la cabeza la dirección a la que tenía que ver.

Lily Evans estaba sentada en el banco y a punto de recibir el sombrero en su cabeza. Los ojos de Remus y Sirius se volvieron de platos y se levantaron ligeramente de las sillas sólo para vislumbrar mejor la escena, también volteaban hacia James para ver su reacción, no había cambiado al menos desde esa distancia ya que seguía de brazos cruzados, aunque, la sonrisa ya no estaba.
Mientras, el muchacho de lentes hubiera jurado que aquello duró una eternidad, esperaba la respuesta, un grito del sombrero, sólo eso necesitaba para descansar, ¿descansar? Se preguntó James, ¿de qué? ¿De pensar en qué casa iría Evans?

- Extraño, con ella no.... - suspiró James cambiando su vista hacia el suelo - pero, ¿porqué? ¿Por qué no siento con ella que...?
- ¡En Gryffindor quedarás!

Más vítores se oyeron para sacar de sus pensamientos a James, Lily con una sonrisa de oreja a oreja se sentó a su mesa para ser recibida por los que ya se encontraban ahí.
James no se movió, ni un aplauso y ni un parpadeo aparecieron en él, al contrario, pareciera como si no hubiera escuchado.

- Sirius... - llamó Remus a su amigo después de ver la condición de James, Sirius le contestó asintiendo la cabeza sin dejar de mirarlo.

Poco les duró la preocupación que sintieron, puesto que James apretó sus manos en sus brazos con fuerza arrugando las mangas de su túnica, al escuchar cierto nombre, Severus Snape tenía el sombrero en su cabeza y en menos de tres segundos se le había mandado a Slytherin. La sonrisa fría del muchacho se notó junto con los ojos negros y acuosos.

- Ese es el sujeto del que nos habló James en el tren, Remus.
- Ahora entiendo por qué James se puso así al verlo nuevamente. Es bueno que se haya ido a Slytherin.
- ¿Bueno? No lo sabemos... recuerda que ahí lo único que quieren es el poder y la gloria, no importando lo que hagan para conseguirlo.

Ya sólo quedaban unos cuantos, McGonagall ya estaba por finalizar el pergamino, y cuando se oyó que Sophie Read quedaba en Gryffindor, los ojos de Sirius y James cruzaron una última mirada rápida al tiempo que el último descansaba los brazos.

- ¿James Potter?

Una ráfaga de nerviosismo atravesaron las espaldas de sus dos amigos cuando vieron que James subía dedicadamente cada escalón y se sujetaba a los bordes del banco cuando se sentó. Cerró los ojos, el sombrero estaba en su cabeza.

- Vaya, alguien distinto. - la vocecita del sombrero inundó la cabeza de James.
- ¿Cómo?
- Eres un niño bastante interesante. Hoy ha sido una buena ceremonia, algunos casos curiosos. Dime, ¿por qué ahí debes quedar?
- Lo sabes... tengo asuntos que atender.
- Sí, cierto es. ¿Y los podrás cumplir?
- Dependiendo de que me mandes ahí, amigo.
- ¡Já! Eso no me garantiza nada.
- Verás con el tiempo.
- Supongo que será verdad. Ansío el verlo entonces.
- Estoy seguro, después de todo, así debe de ser. - suspiró James.
- Tienes todo lo que necesitas para lograrlo. Dentro de tí lo guardas.
- Supongo que sí.
- Error de los que serán de tu casa tienes, siempre dudando, siempre pensando en lo que pueden o no hacer.
- ¿Entonces, es verdad?
- Claro que es verdad, lo supiste al entrar por esa puerta, cuando te preguntaron, cuando te pregunté.
- ¿Esta bien si... me siento de esta manera?
- Después de todo, eres humano. Pero no dejes que ese sentimiento te nuble de tu propósito final.
- ¿Qué tan malo sería?
- No te imaginarías cuanto.
- Lo tendré en cuenta.
- Más vale. Y cuída a esos dos, o quiero decír, tres, podrían hacer lo que fuera por ayudarte.
- ¿Y que hay de...?
- Oh, sí, el otro caso curioso.
- ¿Otro caso curioso?
- ¡Cuántas preguntas haces, pequeño!
- Lo siento.
- Esta bien, sí, otro caso curioso es de esa personita, ciertamente no sabía cómo era posible que alguien fuera tan difícil para elegirle su lugar, después de todo, no es sencillo cuando las presencias son menos claras.
- Sé a que te refieres. Estaré pendiente de ello.
- Nuestro tiempo ha acabado, James Potter. Como te dije, eres interesante, distinto a lo que ha sucedido en estas últimas ceremonias. Esperaré pacientemente a la próxima que será igualmente así.
- Yo también.
- Que entonces sea dicho que perteneces a... ¡GRYFFINDOR!

Una ola de aplausos y gritos explotó al escuchar al sombrero, James sintió como le quitaban el mismo y parpadeando un poco para dejar entrar la luz a sus ojos, bajó las escaleras para encontrarse en un gran apretón de manos por parte de Remus y el brazo de Sirius pasándole por el cuello.

La ceremonia acabó con el último grupo de 7 personas que faltaban después que James, todos estaban en sus mesas ansiándo el esperado banquete, sólo los que ya estaban estudiando ahí sabían que faltaba un discurso especial. El director Albus Dumbledore se puso de pie cuando McGonagall les pidió su atención. Aclarándose un poco la garganta, alzó su copa, aquél mago era una persona que infundía respeto, James pudo notar que su cabello comenzaba a tener indicios de estar decolorándose para dar paso al blanco de las canas que aparecían en el nacimiento del mismo.
Todos prestaron atención y alzaron su copa al unísono.

- Bienvenidos a Hogwarts mis jóvenes alumnos. Como saben, desde mañana comienzan sus clases y recibirán sus respectivos horarios en el correo durante el desayuno. Tengan cuidado con las horas y las localizaciones de los salones, sobre todo por el nuevo pasatiempo de nuestras escaleras de moverse y cambiar de lugar, esperemos que pronto se cansen de su juego para que no nos ocurran accidentes ni tardanzas involuntarias.
»Algunos ya lo notaron, que el viejo señor Filch se ha retirado y en su lugar ha dejado a su hijo como conserje, Filch hijo, que ahora estará vigilando en su lugar. Les pido que sean respetuosos con él tal y como lo hacían con su padre.

Unas risitas sonaron en una orilla de la mesa de los Gryffindor, se podían escuchar algunos comentarios (-"¡Oh! ¿Será que todavía podremos pasar a su lado y no nos vea como el viejo Filch?" -"¡Pobre anciano! No podía ni ver la punta de su naríz y su audición era horrible" -"¿Será hereditario? ¡Hoy quedé de verme con Sarah en la noche!").

- Tengan cuidado con el bosque, creo que deberemos restringirlo un poco más ya que nos han llegado nuevas adquisiciones botánicas que han sido plantadas y que podrían perjudicar su seguridad. Hasta que esto no sea confirmado, manténganse alejados y no se pongan a molestar a los botónes de las flores como el año pasado, esta temporada queremos ver el florecimiento de algunas y las hemos convencido de que lo hagan (se han quedado muy ofendidas y nos costó trabajo el recuperar su confianza).
»Y me temo avisarles que esta prohibído que traigan pixies. - varias voces desanimadas se escucharon en el salón, Dumbledore los calló con la mano - sé lo que piensan, que es una injusticia, pero no son lo suficientemente responsables con ellos y no los entrenan, nos han traído como locos cazando los que ni siquiera se tomaron la molestia de llevárselos a sus casas el curso pasado, sin mencionar las travesuras y líos que nos han metido.
- ¡Rayos! Y yo que había encontrado un catálogo dónde los venden. - dijo Sirius a los que se encontraban del lado de su mesa.
- Y sin más tiempo que perder, les deseo la mejor de las suertes con sus puntos y clases, hagan su mejor esfuerzo este año y queremos ver los mejores partidos de Quidditch. Estoy seguro que lograrán todas sus expectativas aquí.

James lo notó, Dumbledore había dirigido una instantánea mirada hacia él, apuró su copa al mismo tiempo que todos los demás alumnos y profesores, y se sentaron. ¿Habrá sido su imaginación?

La mesa en un abrir y cerrar de ojos se había llenado de una exquisita cena, platillos suculentos y demás golosinas y postres. Todos comenzaron a comer fervientemente.

- ¿No tardé mucho con el sombrero? - preguntó James mientras se servía un poco de jugo de calabaza.
- Para nada. - Sirius hizo ademán de no darle importancia y acercándose el puré de patatas.
- Creo que fuíste de los más rápidos que les dieron casa, mas o menos como Evans. - Remus contestó mientras regresaba a su asiento después de haber ido por un platón de roast beef asado.
- Ya... ya veo.

No lo notaron, pero el rostro de James se desanimó un poco, después del incidente del tren, James estaba preocupado acerca de la impresión que le había dejado a Lily. Sin embargo, sabía que ahora estando en su casa, se podrían arreglar las cosas. Con el fin de alcanzar una tarta de carne, James buscó rapidamente con la vista el lugar donde estuviera sentada aquella chica. Lo logró, la vió justamente a mitad de la mesa conversando con los que estaban a su lado, no sabía si ella notó que él la estaba observando, pero desvió la mirada casi por reacción y le dedicó más empeño a la comida.

- ¡Proyectíl! - gritó James al tiempo que con la cuchara, lanzaba un puñado de puré a Sirius.
- ¡Ah, idiota! - reclamó Sirius con un movimiento rápido apenas para evitar que le golpeara en plena cara.

La cena se acabó, ahora todos los alumnos se dirigían a sus casas con el fin de dormir bien para que al día siguiente, comenzaran sus clases. Mientras caminaban, Sirius y James se encontraban a varia gente conocida que los saludaba, un par de chicas se sonrojaron cuando Sirius se pasó los dedos por el cabello cuando lo saludaron, hecho que Remus se dirigiera a James preguntando inocentemente.

- Esto, ¿dónde es que conocen tanta gente?
- Los conocemos desde hace tiempo, algunos de años. - sonriente, James contestó.
- La mayoría es por el callejón Diagon, desde pequeños, James y yo siempre hemos ido ahí y es como nos encontramos a toda esa gente. - Sirius finalizó la respuesta justo después de haberse acomodado la túnica enfrente de una linda chica de Hufflepuff.

Remus hizo un "¡Oh!" de sorpresa comprendiendo todo, en el transcurso del camino ya se había acostumbrado a ver como sus dos nuevos amigos eran saludados desde magos ya casi a punto de graduarse, hasta los recién llegados como ellos.

···

Regresando al día actual, los tres amigos estaban entrando al Gran Comedor después de haber tenido las primeras horas de su clase, habían tomado la decisión de sentarse en la orilla de la mesa al final tal y como la noche anterior, y encaminándose James un poco más al frente se detuvo al ver que sus amigos no le seguían el paso, dió la vuelta.

- ¿Tengo algo en las gafas, ó sólo yo que me doy cuenta de que estan ahí paradotes? - se rió el chico de anteojos.
- James, ¿te pasa algo? - preocupado, Remus susurró.
- ¿Ah? - James dejó su sonrisa y lanzó una mirada extraña. - ¿por qué dices eso, Remus?

Sirius tomó por el brazo a James y se lo llevó directamente a sentar a su lado mientras que Remus los seguía con ligeros pasos.

- ¿Qué rayos les pasa? - se quejó James cuando lo habían sentado.
- Pensé que eran por las clases o que sé yo, pero esta vez no creo que sea por eso.
- ¿A que te refieres, Sirius? - ya se había notado un tono de estar harto en la voz de James.
- Pongámoslo así. Un día estabas totalmente, como se diría, fascinado...
- ¿Fascinado por...? - interrumpió a Sirius aquél muchacho molesto.
- Por Lily Evans. - James se sintió estático y su boca se había cerrado ante las palabras de Remus.
- No comprendo... - desvió ligeramente la mirada.
- Bien, veamos, ayer dí por hecho que no la felicitarías por quedarse en Gryffindor, a lo mejor no era el momento, luego hoy en la mañana cuando tuvimos las primeras clases, no ví ni un momento que quisieras acercárte a ella.
- Ajá, ¿y eso qué tiene de malo?
- James, Evans estaba sentada adelante de tí en Historia de la Magia, y ni un comentario tonto hiciste.
- Cállate Sirius.
- En esta ocasión no podré.
- Bah... haz lo que quieras. - James se recargó en una mano sobre la mesa.
- ¿Qué sucedió James? Antes era como...
- Si sintieras su presencia.

James abrió los ojos, Remus estaba dando varios aciertos ese día y no podía negarlo, pero no quería darle importancia, ¿o tal vez se la estaba dando sin que los demás supieran?

- ¿Y por eso el misterio? ¿Por eso se quedaron ahí parados?
- Nos pareció, bastante extraño.
- ¿Qué?
- Que pasaras al lado de Evans y ni lo hayas notado. - musitó Sirius.
- ¿Pasé a lado de ella? Bueno, no siempre puedo estar en todo, ¿no es así? - y sin más que decir, James se sentó correctamente mientras se acercaba un platón con algunas piezas de pollo.

Sirius y Remus se intercambiaron miradas, y como sin querer la cosa, también a dónde se encontraba Lily. Decidieron no tocar nuevamente el punto cuando regresaron a verse asintiéndo cada quien la cabeza, y olvidándo todo aquello, se unieron a James para comer, un par de minutos volvían a bromear acerca de las clases.

- "(En verdad, no la ví...)" - pensó James al tiempo que comía un pedazo de pan.

En la tarde, todos regresaban a la sala común tras tener sus últimas clases del día. Algunos se ponían a hacer sus deberes de una vez mientras que otros se sentaban cómodamente en los sillones a intercambiar impresiones. Sirius y James se fueron a su habitación mientras que Remus se había ido por un momento para ir al baño.

- En verdad, James, no es mala intención. ¿Pero qué demonios te pasó?
- Sirius...
- No me mandes a callar. Como tu amigo, eso si me puso a pensar que es lo que pudo haberte pasado.

James miró a Sirius, vió la preocupación en los ojos de su amigo, la única persona que tenía a su lado desde que su familia ya no estaba con él, su apoyo, su amistad. Por ello, tal vez James olvidó un poco su orgullo y parándose a lado de la ventana, comenzó a hablar con sinceridad.

- No sabía que estaba ahí.
- Pero, ¿no la viste?
- Es distinto Sirius, no sabría como explicarte. Yo... yo sólamente no me percaté que estuviera ahí en ese momento.

James estaba confuso, se miraba las palmas de las manos tratando de hallar algunas palabras para describir lo que sentía en aquél momento. Un suspiró se oyó, fue Sirius que comprendió la frustración de su amigo y se acercó colocando su mano en el hombro de aquel muchacho de lentes.

- Dejémoslo por la paz, ¿te parece? Ya llegará el momento.
- Sirius...
- Lo diré siempre, eres muy extraño. - y enseguida, revolvió el cabello de James con la otra mano que tenía libre.
- Gracias por el cumplido. - dijo James sarcásticamente mientras se acomodaba los lentes que se habían resbalado por la sacudida de Sirius.

En ese momento, vieron como la puerta se abría y era Remus, pero no estaba solo. Un chico estaba con él, era el otro alumno que les había tocado como compañero de cuarto, sólo que la noche anterior cuando llegaron a dormir, ya se encontraba dormido y no pudieron presentarse.

- Miren a quién encontré, resulta que él comparte el cuarto con nosotros. - Remus se dirigió a James y Sirius mientras dejaba pasar a un niño.
- Ho-hola, mucho gu-gus-to. - nerviosamente se presentó el pequeño.

Los dos amigos se acercaron a Remus y al muchachito. Era de estatura baja y a lado de ellos tres, mucho más se notaba, regordete, mejillas rosadas y manos gruesas que estaban sudando bastante ya que se las secaba en la túnica en cada momento, su cabello era liso y apenas dejaba ver un par de ojos pequeños y redondos con una puntiaguda naríz.

- ¡Era verdad, ustedes son Sirius Black y James Potter!
- Nos conoces - se sorprendió Sirius cuando estaba a punto de darle la mano - bueno, yo soy Sirius.
- Señor Black, un pla-pla-cer, en verdad.
- Por favor, sólo Sirius.
- Y yo soy James.
- Honor, un honor. Yo soy Peter Pettigrew a sus servicios siempre.

En ese instante, James no se pudo explicar lo que sucedió, fue una luz atravesando su cabeza, algo que le dió muchas vueltas y que lo hizo sentir como si acabara de caer en picada. Cerró un poco los ojos y ahí estaba como si alguien hubiera dibujado en su mente: una equis.
Y tal como había aparecido, repentinamente ya no estaba, abrió los ojos y se percató que nadie de los presentes se había dado cuenta, tal vez sucedió tan rápido y no se fijaron, su mano estaba estrechando la de Pettigrew. Al retirarla se dió cuenta lo mucho que Peter había sudado y discretamente se la secó.

- ¿A que no adivinan? Peter está señalado por Malfoy. Justamente ayer en la cena. - Remus dijo aquello mientras daba de palmaditas en el brazo del niño.
- ¿Señalado? ¿Quiere decir que te está buscando problemas? - con sus manos en la cintura, Sirius no pudo evitar el apretar los dientes.
- Sí-sí, antes de llegar al comedor, yo le pisé la túnica y me sostuve en su brazo.
- No tienes que decír más, ya me imagino lo que ese imbécil hizo. ¡Qué rabia no habér estado ahí y aprovechaba para hacerle la pareja del moretón de la mañana!
- ¡Los ví cuando defendieron a Lupin esa mañana! ( "Dime Remus, Peter" - comentó el mismo). Supe desde ese instante que ustedes no le tenían miedo, por eso cuando me dijeron que eran mis compañeros de habitación, no pude sentirme más seguro. - emocionado, dijo Peter.
- Ya, pues no te saldrá barato el trabajo de guardaespaldas. - comentó James mientras que Peter lo veía horrorizado - ¡Jaja, claro que no te vamos a cobrar, sólo estaba probándote! - guiñó.
- Lástima, en asuntos Malfoy no cobramos. - chasqueó los dedos Sirius "desilusionado".

En ese instante los cuatro rieron, Peter los miraba uno a uno y suspiró aliviado. Notaba claramente que el pobre muchacho estaba preocupado por su situación con Malfoy y estando con ellos, se había olvidado de todas sus preocupaciones. Tras unos minutos más de charla (y de hacer que Peter dejara de llamarlos por sus apellidos), se dispusieron a bajar un rato y comenzar con un par de tareas que ya les habían dejado ("Sólo las más importantes, ¡no quiero el primer día sólo hacer deberes y nada de diversión!" comentó Sirius mientras bajaban las escaleras).
Terminando de escribir algún par de pergaminos y leer unos capítulos correspondientes a la tarea que tenían que entregar para otro día (sorpresivamente acabando antes James y Sirius que los otros dos), salieron a recorrer un poco el castillo, Peter se había pegado a ellos y no dijeron nada, se dispusieron a seguir su camino. Como no querían que los identificaran tan pronto, no hicieron más que observar los pasillos, un par de puertas. Estaban viendo el último salón vacío y obscuro del corredor cerca de la Torre de Gryffindor.

- Sirius, corta con eso. No me asustas.
- ¿De qué hablas, James?
- Que dejes de molestarme con un pixie peludo.
- ¿Estás tonto? Yo no te estoy molestando y menos con un pixie peludo, no traje ninguno, iba a comprarlo pero Dumbledore los prohibió, ¿recuerdas?
- Oye James... - en un leve tono, Peter lo llamó.
- Entonces no me molestes, seguro es tu ridícula bufanda.
- No traje bufanda.
- Err... James... - susurró Remus.
- ¡¿Y qué es ésta horrible cosa esponjosa en mi hombro?!

James con un rápido movimiento de la mano, agarró lo que pensaba que Sirius usaba para molestarlo, al oír un ruido particular al apretarlo, el chico se quedo inmóvil, Remus y Peter lo vieron riendo nerviosos. Titubeando un poco se quito la "cosa esponjosa" y la puso a la altura de sus ojos.
Gritos, ¿de quién? Se habían ya confundido al unísono ya que James al ver un par de ojos rojos se lo aventó a Sirius, el cual después de proferir un par de cosas, dejó que cayera cerca de Peter y para cuando todo terminó, James hizo que su varita encendiera una pequeña llama y voltearon a ver como Remus sostenía en las manos aquella cosa extraña.

- Un gato, es lo que queríamos decírles - sonrió mientras lo acariciaba, apenas era un cachorro de gato - Peter y yo lo vímos cuando subió a tu hombro, James.
- ¿Sólo un gato? - protestó Sirius mientras que Peter ahogaba la risa.
- Estúpido gato... - se quejó James mientras se inclinaba a la altura del gatito - ¿Porqué andaría un gato rondando por aquí?
- Tal vez está perdido. - contestó Remus dulcemente viendo al gatito y rascándole una oreja.

De la nada, el gatito maulló de tal forma que estremeció a todos menos a Remus que seguía acariciándolo, más tardaron en recuperarse de aquél sonido cuando otro les puso los pelos de la nuca bastante erizados.

- ¡¿QUÉ DEMONIOS HACEN USTEDES AQUÍ?!
- ¡¡Es el Señor Filch!! - gritó atemorizado Peter mientras se ponía atrás de Remus.
- ¿El nuevo conserje? - Sirius preguntó mientras veía a Filch.
- ¡Les pregunté algo, mocosos!
- Estabamos sólo dando un paseo... - trató de explicar James.
- ¡Pues están prohibídos!
- ¿Ah? - la voz de los cuatro resono en el salón.
- Como lo oyeron, y si no quieren que llame al jefe de su casa, se largan de este lugar inmediatamente.

Mientras que James y Sirius decían cosas entre dientes, Peter trataba de correr para asimilarles el paso, Remus pasó a lado de Filch y miró al gato.

- Creo que es suyo.
- ¡Chiquillo entrometido, no vuelvas a tocar a la señora Norris!
- ¿Ese es su nombre? Bastante particular si vemos que apenas es un gatito.

Si no hubiera sido por la oportuna aparición de Sirius que tirándolo de un brazo y llevándose al niño que entregaba el gato, Filch seguramente le hubiera puesto tremendo castigo a Remus que aún no caía en cuenta lo que estaba haciendo.

- Ese Filch, por poco y nos mete en un lío. - comentó Sirius aun viendo para atrás.
- Debemos tener cuidado con él, ya vieron, ese gato...
- Señora Norris. - señaló sonriente Remus interrumpiendo a James.
- Eh, sí, señora Norris, tal parece que es su ayudante.
- Encontraremos la forma de que la próxima vez no nos descubran. - aseguró Sirius a James quien asintió de la misma forma.

Peter estaba viéndolos con admiración mientras que Remus continuaba diciendo lo tierna que era la señora Norris y lo curioso del nombre.

La noche había comenzado y los cuatro se fueron directo a su cuarto y a sus camas, no tenían ganas de ir a cenar algo, pero Peter aseguró que mejor iba a ver si podía conseguir algún vaso de leche para dormir mejor, Remus y Sirius estaban tan cansados que no lo oyeron ya que seguramente cayeron dormidos cada quién en su cama, sólo James estaba recostado con los ojos abiertos mirando como entraba un leve rayo de luz proveniente de una media luna e iluminaba parte de su cara, dejó eso un momento para ver como Peter salía a tientas de la habitación porque no quería prender ninguna luz para evitar despertárlos. James se levantó y cruzó las piernas (en esa posición de flor de loto que ya conocemos) y tras descansar sus brazos sobre las mismas, parpadeó un par de veces y una voz profunda y apenas audible salió de él:

- Gifu...

Continúa:
Capítulo 4: La sospecha.

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Notas:

Y aquí esta, el capítulo tercero y perdón por la tardanza ^_^; a veces el capt. no queda como quiero y tengo que volver a checarlo y editar y así ya sale lo que leen, hehehe. Y, qué tal? Cómo va girando la historia? Espero que me comenten que les pareció y sus dudas o suposiciones, me gusta saber mucho eso! Aunque no lo crean, tomo en cuenta los comentarios e incluyo algunas cosillas por ahí, y para los que preguntaban, por fin apareció Peter! ^^;; hahaha... Y por cierto que Lily no habló o_O sí que me llevé un par de sorpresas.
Una vez más, gracias por leer este fic!! No olviden dejar un review ^0^