El Frío Cielo Sin Luna
Los personajes de Bleach no me pertenecen. Son obra y creación de Tite Kubo.
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Capítulo 6: Preparación Inicial
Había pasado un día… un día desde que cierto rubio por fin pudo convertirse en un Shinigami… un día en el cual no había podido conciliar el sueño… un día en que su cabeza estaba tan llena de ideas como nunca antes…
Y de cierto modo, es poco decir lo bien que se sentía desde aquel momento el joven rubio… un paso más cerca de cumplir con sus propios objetivos.
Pero en este momento no podía concentrarse solo en sus problemas, sino que ahora tenía que prepararse para lo que pase y pasará en un futuro muy, pero que muy cercano…
Ahora, el rubio estaba un poco nervioso de camino a la secundaria… y era por un hecho un poco trivial, según el mismo…
"¿Qué me dirá Uryū-san cuando me vea?"
No le importaba en lo más mínimo el hecho de que había faltado un día a la secundaria sin "explicación" alguna… es decir, era normal que llegase tarde al lugar… pero que no fuese al menos solo un día… eso sí que era algo raro.
- No se preocupe, mi señor… por el momento, su amigo Quincy no será un problema por ahora… el actualmente no se encuentra en la secundaria…
fueron las palabras distorsionadas de la nueva parte de "Hitsujikai" que hace poco había conocido… ganándose un pequeño suspiro de alivio por parte del rubio.
De cierto modo, sabía cuál era la razón por la cual el azabache no se encontraba en sus clases normales… seguramente se le había roto la pequeña parte de orgullo Quincy que todavía yacía en el… por lo cual, seguramente estaría muy ocupado en los próximos días, seguramente en un intensivo entrenamiento de aumento de poder.
Con ese problema resuelto, ahora estaba el problema de cierto pelinaranja… bueno, no es como si fuera para tanto… pero de igual forma no sabría bien cuál sería la reacción del cabello de zanahoria una vez se entere de que no es el único con poderes de Shinigami… y no solo era el, sino sus otros dos amigos, Chad y Orihime…
- Creo que no sería muy bueno si se enteran ahora de que tienes el poder de un Shinigami, mi señor…
- ¿Conoces alguna forma de que no perciban mi Reiatsu?
- No se preocupe por eso tampoco… ya nos hemos anticipado ante esto… pero solo durara por lo menos diez horas cada día…
- Con eso es más que suficiente… - respondió el rubio con una pequeña sonrisa en su cara… en estos momentos, estaba más que agradecido por tener una buena resonancia consigo mismo…
No paso mucho tiempo para que el rubio llegase con total normalidad a la secundaria… pero claro, en estos momentos, era más que probable que fuese el foco de atención de todo su salón.
E inevitablemente paso… apenas entro al aula de clases, todos y cada uno de los estudiantes lo habían rodeado lanzando un sinfín de preguntas predecibles.
"¿Qué te paso?"
"¿Por qué no viniste ayer?"
"¿Te enfermaste?"
"¿Estuviste bebiendo de más?"
Bueno, esa última pregunta fue de parte de cierta pelinegra que poco y menos le importaba si hubiese pasado o no aquella suposición… pero se le notaba preocupada como el resto de sus compañeros de clases… pero los únicos que no se habían molestado e hacer una sola pregunta fuero el moreno y el par de pelinaranjas, sin contar al azabache que no se encontraba en la secundaria ese día… seguramente el joven del eterno ceño fruncido les hablo acerca de lo que había pasado hace no más de dos días atrás.
- Oigan, no es que hubiese muerto o algo por el estilo… solo fui a descansar un poco del partido de hace poco… más que eso, me dio fastidio venir ayer…
Una excusa poco creíble… pero siendo el, seguramente se la creerían sin dudar, cosa que salió como lo estaba esperando… debido al pesado suspiro que habían sacado muchos de los estudiantes.
- ¿En serio no vinieses ayer por que te dio la gana?
- Es cuestión de ustedes si me creen o no… la verdad no me importa para nada. Ahora si me disculpas… - y sin más que decir, el rubio se acercó a su asiento… pasando justo a un lado de los jóvenes que no se habían levantado como los demás.
– No salgan de aquí cuando suene la campana de receso… - dijo en un susurro que solo ellos pudieron escuchar, cosa que les había sacado una mirada seria de parta de ellos, por lo cual sin más siguió fingiendo demencia ante los demás, para luego sentarse y recostarse en la tabla del pupitre…
Algo estaba claro en todo eso… nadie recordaba a cierta mujer de estatura baja y de cabello pelinegro… por lo cual, el rubio supuso que acertó en la suposición que tuvo con respecto a los Shinigamis que borraron todo registro de la mujer.
Luego de las horas de estudio, por fin había llegado la hora de receso.
- ¿Estás segura de que no vienes con nosotras, Orihime?
- Descuida, Tatsuki-chan. Solo tengo que buscar algo que se me olvido… - decía la pelinaranja rascándose la nuca… esperando a que sus amigas salieran del lugar, cosa que habían hecho tiempo después de dudar un poco si en dejarla sola.
Luego de que ya no hubiese nadie más en el lugar, entraron el moreno y el pelinaranja al lugar, esto debido a que tuvieron que distraer a Keigo y Mizuiro para que ninguno de ellos escuchase lo que cierto rubio tenía que decir.
- Ya me aseguré de que no hubiese nadie cerca para que no nos interrumpan… - los tres jóvenes voltearon a ver al rubio que acababa de entrar, luego de hacer un chequeo de la zona para no recibir interferencia de algún estudiante.
- ¿En dónde estuviste ayer? – pregunto el pelinaranja sin rodeo alguno, cosa que de cierto modo estaba esperando el rubio… pero no esperaba que esta fuera la primera pregunta.
- Entrenando con Kisuke-san…
- Espera… ¿Estás hablando de Urahara-san? – esto había dejado más que sorprendidos a todos, seguramente porque no habían pensado en aquello debido a los sucesos de la ida de la baja pelinegra.
- Así es… estuve desde que me desperté de mi corta inconciencia luego de presentarme ante el familiar de Rukia-san… un Shinigami de rango capitán de la Sociedad De Almas… - dijo el rubio… pero antes de que alguien pudiera decir una pregunta obvia, el joven decidió continuar hablando – No es momento de preguntar cosas como de donde vienen lo Shinigamis y etcétera… para eso es muy probable que Kisuke-san le informé en algún futuro…
- Así que también lo sabías… sabías de mi decisión de entrenar con Urahara-san…
- No solo tú, Ichigo, sino que también sé de qué Chad y Orihime entrenaran con el… - este dato había sorprendido a los oyentes debido a: uno, uno de ellos no sabía de eso; y dos, dos de ellos no tenían ni idea de que el rubio contase con aquella información… hasta que algo le hizo clic en la cabeza – Kisuke-san me informo minutos antes de empezar mi entrenamiento.
- ¿En qué te entrenaste, Daisuke-san?
- Eso será una sorpresa que le enseñare una vez que lleguemos a la Sociedad De Almas, Orihime-san – dijo el rubio, viendo como la mujer no estaba contenta con su respuesta… de hecho, la había dejado tan intrigada como a sus dos amigos que habían escuchado – pero dejando eso de lado… no les dije que se quedaran para hablar de mi…
- ¿Qué quieres decir?
- Sabes, Ichigo, sé muy bien de que les hablaste a Chad y a Orihime-san de lo sucedido aquella noche… por lo cual me ahorraste mucho tiempo de larga y problemática explicación… a lo cual seré directo con todos ustedes. ¿Saben lo que significa ir a la Sociedad De Almas a salvar a Rukia-san?
El rubio estaba anormalmente serio ante la pregunta dicha, poniendo algo nerviosos a los presentes, debido a que hacía mucho tiempo que no veían esa parte tan fría y estoica del rubio… la presión del aire se podría decir que había bajado un poco, haciendo que en ellos recorriese un horrendo escalofrió por sus espinas dorsales.
- ¿A caso eres idiota? – y como siempre, el imprudente pelinaranja, que nunca cedería ante la presión que estaba ejerciendo el rubio fue quien hablo sin duda alguna – Tu lo dijiste, ¿No? Fuera lo que fuera… pase lo que pase, yo iré a la Sociedad De Almas y no dejare que ejecuten a Rukia por haberme salvado la vida… y si tengo que romperme los huesos para evitar que eso suceda…
- Eres un idiota, Ichigo.
La fría voz del rubio dejo helados a los presentes… no habían pensado en que el joven dijese algo como eso… y mucho más porque estaba hablando el pelinaranja… quien no estaba mejor que ellos.
- Tu solo piensas en que terminaras mucho peor de lo que te dejo aquel capitán que llego en busca de Rukia… por lo cual, estas dando por hecho que terminaras muy mal – empezó diciendo el rubio, con la mirada puesta en el pelinaranja, que se había puesto nervioso por la expresión tan vacía que le estaba dando – por lo cual… no es aceptable que pienses de esa manera.
- ¿Por qué…?
- Todavía no termino – interrumpió la pelinaranja antes de que pudiese tratar de decir algo en su defensa – Si de verdad quieres salvar a Rukia… no tienes que pensar en lo malo que pueda llegar a suceder… la verdadera forma en la que tienes que pensar es "Yo salvare a Rukia" y solo eso, lo demás pensamientos… solo son las dudas que no debes tener – el rubio suavizo su semblante, mirando tranquilamente en dirección al pelinaranja, esperando que sus palabras hicieran efecto sobre él.
Luego de haber pasado unos segundos, por fin se veía la mirada decidida muy habitual por parte del joven con el eterno ceño fruncido, cosa que de cierta forma alegro al rubio, quien sabía que ahora el pelinaranja había tomado nueva motivación para salvar a la mujer de aquella ejecución.
- Y ustedes dos… - el rubio dirigió su mirada hacia los dos jóvenes restantes, el moreno se había puesto en guardia por cualquier pregunta que tuviera que hacerle el rubio, y la mujer pelinaranja… ella solo se limitó a mirar a la cara del rubio – Espero y mejoren sus nuevas habilidades.
El rubio solo había dado una pequeña sonrisa, para luego salir del lugar dejando perplejos a los presentes por la simple reacción hecha… sin duda alguna, era algo que no se había esperado ninguno de ellos… de hecho, los hombres se habían caído sobre sus espaldas por la acción del rubio, y la mujer solo había dado una mirada confusa ante la situación…
Tanto así que el rubio se le vino un pequeño recuerdo a la mente… uno en el cual implicaba a cierto pelinaranja… la primera vez que lo conoció
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Flashback
Había pasado una semana desde que el rubio empezó a ir a aquel Dōjō… y ciertamente muchas de las cosas que estaban pasando en el lugar, claramente lo dejaban más que decepcionado al notar como muchos de ellos solo eran unos niños que en realidad solo querían aprender aquello porque "era algo genial, como las películas de artes marciales", la respuesta de muchos de ellos.
En un momento, el sensei aquel Dōjō, junto en parejas a los alumnos para hacer combates de practica… y al rubio le había tocado con cierto pelinaranja, que se le notaba algo nervioso al recibir la noticia de que sería su oponente.
El rubio, según tenía entendido, el chico tenía por nombre Kurosaki Ichigo… un chico como cualquier otro… solo que la gran mayoría de las veces salía llorando de sus combates contra la niña pelinegra.
- ¡Comiencen! – se escuchó la orden del hombre encargado del lugar, para que muchos de los jóvenes peleasen torpemente los unos a los otros… a excepción de la niña pelinegra que hizo llorar al chico con el que le toco.
El rubio sin previo aviso, dio un golpe en la cara del pelinaranja, el cual cayo directamente al suelo… para luego empezar a llorar como muchos de los otros presentes.
- Con que tenemos a otro llorica…. – pensó el rubio, el cual solo se fue a sentar en una de las paredes del lugar, según sus cálculos, era más que posible que siguiera llorando hasta que llegase la hora de salida.
Cálculos totalmente acertados, debido a que así fue como sucedió… pero de cierto modo, se había extrañado un poco por la reacción del chico una vez que había llegado su representante… una mujer de al parecer cabello castaño tan claro que parecía anaranjado, a lo cual el pelinaranja dejo de llorar de un momento a otro, para luego poner su cara de felicidad al notar la presencia de la mujer.
La intriga del rubio era tanta, que se dio a la tarea de seguirlos una vez que se habían ido del Dōjō, a una distancia más que eficiente para que no lo notasen.
Luego de tanta caminata de un lugar a otro, el rubio estuvo viendo cada reacción del chico pelinaranja… siempre manteniendo aquella sonrisa ante la presencia de la mujer… y no podía entender a que se debía.
Unos minutos después, llegaron hasta otra escuela… más bien, parecía más una guardería, debido a la cantidad de niños mucho menores que él, por lo cual, vio a la mujer, que se había puesto seria al ver a otra mujer de cabello rojo, que seguramente la había citado para hablar de alguna cosa.
Antes de que las mujeres entraran a una habitación para poder hablar, llegaron dos niñas mucho más pequeñas que el propio pelinaranja.
- ¡Ichi-nii/Nii-chan! – pudo escuchar el rubio, entendiendo que eran familiares, cosa que tenía sentido… la madre buscando a sus hijos a terminar el día.
- Esperen aquí. Mami tiene que hablar unas cuantas cosas con las señoritas… - el rubio pudo escuchar decir aquellas palabras de la mujer, observando mejor que aquella habitación había más mujeres sentadas en sillas, quien sabe por qué razón.
Luego de que la mujer pelirroja dejara pasar a la castaña cerró la puerta, dejando a los más jóvenes hablando animadamente… hasta que se le acercaron otros niños, a lo que las niñas se habían colocado detrás del pelinaranja.
Ciertamente, no era necesario describir lo que estaba pasando… las niñas eran acosadas por los demás niños de su escuela por alguna razón… pero lo raro de todo eso, es que el pelinaranja no tenía el mismo semblante lloroso con el que lo vio combatir contra el en la práctica… tenía una mirada con total determinación.
Viendo de antemano que el pelinaranja no podría contra tantos, debido a que muchos de los pequeños agarraron palos demás cosas para terminar con el chico, el rubio decidió hacer acto de presencia, debido a que algo dentro de él le decía que detuviese aquella escena que estaba a punto de ocurrir.
- Que patético… - hablo el rubio en voz alta, llamando la atención de los niños más pequeños quienes se había intimidado por la mirada que estaba dando este, además de sorprender al pelinaranja por su llegada repentina – tratar de molestar a niñas por alguna razón estúpida… no pueden ser más que basura…
- ¡¿Quién te crees que eres?!
- Eso no le incumbe a ninguno de ustedes… lo que deberían pensar ahora es en la forma de no terminar con los huesos rotos luego de la paliza que les daré… - la amenaza junto con la mirada sin sentimiento alguno que estaba mandando el rubio hacía temblar a muchos de los niños, los cuales retrocedían a cada paso que daba el joven.
- Váyanse de aquí, antes de que cambie de opinión – los niños contenían las lágrimas lo mejor que para luego dejar al rubio en el lugar.
– Kurosaki Ichigo.
El nombrado no pudo hacer más que temblar ante el llamado del rubio, el cual se estaba acercar cada vez más y más, colocando detrás de el a las dos niñas por si algo malo llegase a pasar.
- Eres un llorón a la hora de pelear en el Dōjō… pero a la hora de defender a esas mujeres de ahí, no dudas en dar la cara y pelear… ¿Cuál será la razón? – el rubio apunto con su dedo a las dos niñas, quienes de cierto modo también se había puesto algo nerviosas por la mirada del rubio.
- ¿Y cómo no puedo defenderlas? ¡Soy su hermano mayor! No puedo dejar que alguien las hiera si puedo evitarlo…
El rubio se quedó un rato pensando en las palabras del pelinaranja… en ningún momento se sintió intimidado por este al dar su respuesta, cosa que de cierto modo era un avance.
- Así que las quieres proteger… - dijo el rubio, ahora entendiendo los sentimientos del pelinaranja… no es que realmente lo entendiese a la perfección, solo entendía la base de la cual el pelinaranja decía aquello, a lo cual dio media vuelta para dirigirse nuevamente al orfanato – Eres una persona muy intrigante… Kurosaki Ichigo – y entonces, el rubio comenzó su camino de regreso, obteniendo una mirada de inocente curiosidad por parte del pelinaranja…
- ¡Espera! – el rubio escucho detrás de él como las dos mujeres corrían hasta quedar lo suficientemente cerca de el - ¡Gracias por defendernos!
Las dos niñas hicieron una reverencia al rubio, el cual levanto una ceja por la reacción de las chicas, para luego mirar al pelinaranja que estaba un poco más alejado, el cual también tenía una mirada extraña en su rostro.
- ¿De nada? – dijo el rubio, sin saber realmente que decir… de cierto modo, tampoco quería no decir nada ante el agradecimiento de las chicas, cosa realmente extraña para este debido a que era la primera vez que alguien más, a excepción de la cuidadora del orfanato, le daba las gracias por hacer algo…
Fin Del Flashback
Luego de unos minutos, el rubio llego hasta el techo del edificio de la secundaria, para luego sacar un pequeño celular que había comprado hace algunos meses y marcar un numero para llamar a alguien en específico…
No paso mucho tiempo, luego de que alguien había comenzado a hablar desde el objeto - ¿Si?
- Vaya… y yo pensé que tenías mi numero registrado… Uryū-san…
- ¿Daisuke-san? ¡¿En dónde demonios te habías metido ayer?!
- Probablemente haciendo lo mismo que tu… entrenando… aunque es algo curiosos que te hayas preocupado por mí, pero no era necesarios que interfirieras en mi encuentro con los Shinigamis…
- Como sea… ¿Qué fue lo que había pasado?
- Si cueto desde que ese capitán te pateo el trasero, despojo a Ichigo de sus poderes de Shinigami pero antes de que se pudiera ir de vuelta, utilice aquella técnica un poco modificada de aquella vez contra el Menos y lo hice retroceder un poco… pero luego caí inconsciente por agotamiento… - el rubio tuvo cuidado de no haber dicho la parte completa, debido a que era un secreto de él, y solo de él la existencia de aquella parte de su alma, que no había hablado con ninguna otra persona, por lo cual tenía que obviar la parte de sus "limites rotos" – Sabes… pensé que le habías preguntado a Kisuke-san…
- ¿El sujeto que parece estar relacionado con los Shinigamis? No necesitaba que alguien más me dijese…
- ¿Y qué hay de Ichigo?
- No tengo nada de qué hablar con Kurosaki… el sigue estando relacionado con ellos… - en este punto, sería imposible decir palabra alguna de la nueva adquisición del rubio… - o eso es lo que diría hace unos días… ya no sé qué debería pensar de todos ellos…
- ¿Quién eres y que hiciste con Uryū-san? – el rubio no podía evitar divertirse ante el dilema en el que ahora se encontraba el azabache… y estaba más que seguro que no iba a parar por un buen tiempo.
- Ya déjate de juegos… ahora no es el momento para eso…
- Okey, está bien… pero antes, ¿Estás seguro de que también quieres ir a la Sociedad De Almas? Es decir…
- No te hagas ideas erróneas… la razón por la que quiero ir es para demostrar la superioridad que tiene el ultimo Quincy ante aquella parvada de inútiles como lo son los Shinigamis…
- Si, si… lo que digas… entonces no aparecerás en la secundaria hasta después de las vacaciones de verano…
- Es así como lo tengo pensado hacer… de todos modos, estoy muy adelantado en cuanto hablamos de estudios académicos… debo de suponer que harás lo mismo.
- Si… no es algo de lo que me importe… pero sería lo más conveniente.
- Solo espero que no seas un estorbo cuando vayamos a la Sociedad De Almas…
- Esa debería ser mi línea… pero, de todas formas, en otro momento te hablare de algo que acabo de descubrir…
- ¿De qué…?
- ¡No vemos pronto, Uryū-san! – rápidamente, el rubio no le dio tiempo al Quincy para decir su pregunta, debido a que había cortado abruptamente la llamada – Solo no te enfades cuando lo descubras… porque no tengo la intención de decirle esto a nadie… por ahora.
Con ese pensamiento en mente, el rubio fue hasta las escaleras para volver a bajar hasta el primer piso del edificio en dirección a la oficina del director… será una ardua tarea… pero antes de eso…
- ¡Capitán! – era la voz de múltiples jóvenes que iban en dirección al rubio, sacándole un corto suspiro… este no era el momento para este tipo de encuentros.
- Que tal, chicos…
- El entrenador nos había llamado ayer para hablar sobre el último partido, pero no llegaste…
- Lo siento, Kenji. Estaba un poco ocupado… y creo que lo estaré por el resto de los días… y por el resto de las vacaciones.
- ¿Qué quieres decir?
- Me iré de viaje dentro de unos días para resolver… problemas personales… - no había nada mejor que se le pudiera ocurrir al rubio en aquel momento, por lo cual solo dijo lo primero que paso por su cabeza, sorprendiendo a los presentes.
- ¡¿Cómo?! – fue el coro simultaneo de cada uno de los jóvenes, quienes no podía creer que el rubio se estaba yendo de la ciudad… de hecho, según sabían, sería la primera vez que saldría de la ciudad.
- Lo que escucharon. Es muy probable que no llegue para el partido de apertura…
- ¿Pero…?
- No se desesperen… si el capitán no pude venir… nosotros somos los que debemos hacer nuestro esfuerzo para ganar los partidos sin depender de él… ¿No es lo que nos enseñó todo este tiempo?
- Shin tiene toda la razón. Últimamente han estado dependiendo todo este tiempo de mi… pero recuerden: No siempre podre estar ahí. No tienen que depender de mi para ganar… ahora que lo pienso, esta sería una buena forma de evaluar su nivel jugando un partido sin mi ayuda…
- ¿Lo dices en serio, capitán?
- Ken, Kai… en algún momento me tendré que ir del equipo para continuar con mis estudios… quien sabe si será fuera de la ciudad… o fuera de Japón… en algún momento, esto tendrá que suceder… por lo cual, no puedo hacer nada mejor que prepáralos lo mejor posible hasta que ese día llegue – dijo el rubio, mirando a cada uno de los jóvenes que estaban en el lugar, quienes tenían un semblante triste – pero descuides… tratare de volver lo antes posible de mi viaje… así que no quiero que pierdan el partido cuando yo llegue. ¿Entendido?
- ¡Si, capitán! – dijeron los jóvenes al unísono, para luego ver como el rubio retomaba su camino hacia la dirección.
- ¡Capitán!
- ¿Qué pasa, Shin?
- El entrenador nos pidió que te diéramos esto… - decía el pelinegro de ojos verdes, entregándole al rubio una medalla – dice que es de parte de la directiva por ser el jugador más importante en los últimos años…
- Dale las gracias de mi parte a todo el equipo… y también informales de mi ausencia en los próximos días – luego de colocar aquella medalla en uno de sus bolsillos, retomo nuevamente su camino hasta la oficina del director, esperando que no hubiese ninguna interrupción en el próximo tramo del camino que le quedaba.
Esta vez, las cosas fueron como el rubio quería, por lo cual, tocando la puerta dos veces, espero a que el director diera su aprobación para pasar a la habitación.
- Pase.
No espero más tiempo luego de escuchar las palabras del director… o, mejor dicho, la directora.
- Buen día, señora directora…
- Vaya, pero si es el joven Daisuke-kun. ¿Qué te trae por aquí? – decía una mujer de cabello rojo con ropa de ejecutiva de color blanco, sentada en la silla de su amplio escritorio.
- Vengo a decirle que me tendré que ir de la secundaria antes de que empiecen las vacaciones de verano…
- Pero si todavía queda una semana más antes de eso… ¿Puedo preguntar por qué razón?
- Surgieron algunos inconvenientes… personales… por lo cual, tendré que irme de la ciudad en unos días, por lo cual, tengo que preparar las cosas antes de poder salir… y no tendré tanto tiempo si estoy en la secundaria en ese intervalo de tiempo.
- Ya veo… sabiendo que eres tú, no hay ningún inconveniente debido a tu alto promedio… aunque me parece un poco extraño que también te tengas que ir, así como Ishida-kun…
- Sabiendo como es Uryū-san… seguro lo suyo sea porque alguien se atrevió a herir su inmenso orgullo…
- Puede ser una posibilidad… pero de igual manera, solo tienes que llenar este formulario para tener el permiso – dijo la mujer, dándole al rubio do hojas las cuales debía rellenar.
No había pasado mucho tiempo, luego de que el rubio llenase las hojas y se las diera de vuelta a la mujer, la cual solo había asentido con la cabeza al ver que todo lo que había escrito el rubio era totalmente correcto.
- Le informare a tu profesora una vez que culmines las actividades educativas del día de hoy…
- Muchas gracias, Señora Directora…
- No hay de qué. Espero verte luego de que las vacaciones de verano terminen.
El rubio solo dio un pequeño asentimiento a la mujer, para luego salir de la oficina e ir de vuelta a su aula de clases para pasar el resto del día… pero para su mala suerte, todavía quedaba algo que tenía que hacer en el lugar.
- Así que te iras…
El rubio se volteó para mirar a un pelinegro de baja estatura, a su lado, un castaño, y a su otro lado, una mujer pelinegra…
- Si. Volveré cuando terminen las vacaciones de verano – dijo el joven rubio, para retomar su camino… de todas las personas que estaban en el lugar, él no quería decir nada a ellos tres por una razón…
- ¿Y eso es todo lo que vas a decir?
- Son por problemas personales, Tatsuki-san, por lo cual eso es lo único que les puedo decir… - dijo el rubio encogiéndose de hombros ante la pregunta de la mujer.
- ¿En serio no dejaras aquí para ir seguramente a un lugar lleno de personas con las que puedes reemplazarnos? ¡Eres cruel, muy cruel! – decía el castaño, quien como era costumbre de su parte, estaba sobre exagerando las cosas, cosa que saco una pequeña sonrisa como una mirada cansada por parte del rubio.
- Sabes que no tengo necesidad de hacer algo como eso, Keigo, Mizuiro-san, Tatsuki-san. Bueno, si me disculpan… - ahora el rubio volvió a retomar el camino por donde quedaba el aula de su clase… solo para ser seguido por los otros tres, cosa que le hizo levantar una ceja por pura curiosidad al rubio.
- Pronto se acabará el receso, así que no hay más nada que hacer salvo volver a la clase…
El rubio solo se encogió de hombros por la respuesta de la mujer pelinegra, sabiendo que de hecho era totalmente cierto… pero había notado la mirada rara que también le estaba dando la mujer… algo le decía que también era espiritualmente consciente…
- Hitsujikai…
- Estoy en eso, mi señor – respondió una voz distorsionada al llamado del rubio, el cual solo esperó menos de cinco segundos para obtener su respuesta.
- Actualmente, no tiene el Reiatsu suficiente para ver espíritus… pero es cuestión de tiempo para que eso suceda… lo mismo va para los dos hombres que también te siguen, mi señor – ahora sonó la voz calmada, respondiendo el pedido que sabía que tenía el joven, el cual agradeció en silencio.
- ¿En serio no viniste ayer porque te dio la gana?
- ¿De verdad quieres repetir la misma pregunta que ya me han hecho, Mizuiro-san? – el rubio solo contraataco al pelinegro con otra pregunta, viendo como este solo suspiro por lo dicho.
- No es que no te crea… realmente parece algo que tu harías… pero dentro de todo esto, como que algo no encaja…
- ¿Por qué lo dices?
- Yo también lo he estado pensando… pero creo que dentro de todo esto… más bien como que falta alguien en este lugar… - el rubio volteo su mirada hacia su otro lado, viendo en dirección al joven castaño que había dicho aquello.
- ¿No será que estaban bebiendo en secreto? Parece que estuviesen teniendo `pensamientos ilógicos… - decía el rubio un poco divertido… aunque realmente sabia la razón del nuevo razonamiento de los jóvenes, no podía permitir que se dieran cuenta en ese momento.
- ¡Por supuesto que no! ¡Todavía no soy lo suficientemente mayor para beber!
- Tranquilo, Keigo. Daisuke-san solo está jugando… - decía el pelinegro tratando de calmar al siempre histérico castaño.
- ¿Por qué tuve que venir con ellos? – la mujer pelinegra miraba la escena que se estaba formando un poco aburrida… no era algo raro que algo como esto pasase, ya que casi siempre era igual… solo que hacía falta algo en todo esto… o, mejor dicho, algunas personas en específico…
Ya dejando esto de lado, no pasaron ni cinco minutos para que luego llegasen con total tranquilidad al salón de clases, para luego pasar el resto del día con total tranquilidad.
No paso la gran cosa llamativa el resto del día… de hecho, de nuevo no había sentido la presencia de algún Hollow por el lugar, pero dejando aquello parte importante de lado, no pasó nada más.
Actualmente el rubio iba de camino a su hogar sin ningún inconveniente, por lo cual, apenas llego al lugar, se dispuso a cambiarse, colocándose una camisa de tirantes de color amarillo con una franja vertical que iba desde el tirante de su brazo izquierdo hasta el final de la prenda y una horizontal que estaba trazada un poco más arriba de su cadera, con pantalones negros y botas del mismo color, y como siempre, su inseparable calentador de su brazo derecho.
- Ya no puedo ocultar más su Reiatsu, mi señor…
- Descuida, ya no hay necesidad de volverlo a hacer… por ahora.
Antes de que pudiese ir a la tienda del hombre de cabello rubio, más claro que el del joven, coloco en una de las gavetas de aquella librería que estaba en su sala de estar, para luego ver un cajón en donde se encontraban muchas más medallas del mismo estilo, claramente todas eran de oro por quedar en primer lugar, como las tres que tenían el sello del torneo, o por reconocimiento, apiladas y guardadas en cajas trasparentes para tener un mejor orden.
Luego de aquello, fue a su sala secreta, para luego encender el equipo de vigilancia con su nuevo orden, entrando nuevamente en los servidores de las cámaras de la ciudad, mirando que todo funcionaba correctamente.
Luego de eso, agarro la nota quemada y la cinta de grabación para guardarlas en su propia habitación, en un cajón secreto que había en su mesa de noche.
Tiempo después, se dedicó a limpiar toda la casa, dejándola completamente impecable, eso también contaba con la parte de afuera.
Ya con todo eso hecho, decidió ver el reloj que se encontraba en el lugar, marcando las 6:00 PM, a lo que finalmente fue en dirección a la tienda del sombrerero, pero no con la intensión que todos pensaban…
Luego de unos minutos de una rápida caminata, por fin llego hasta el lugar.
- ¡Kisuke-san! ¡Tessai-san! – dijo el joven rubio en frente de la puerta, para luego dejar ver a los dos mencionados.
- ¡Daisuke-san! No esperaba que vinieses tan pronto… - dijo el hombre rubio, un poco intrigado por la repentina aparición del joven… según tenía entendido, no volvería luego de unos días.
- No vine aquí para que me entrenasen el día de hoy… - dijo el joven, extrañando un poco a los adultos del lugar – más bien, necesito pedirles un favor... ¿Pueden hacerme un campo de entrenamiento en mi casa como el que tienen ahí?
La pregunta no saco reacción alguna de los dos presentes en el lugar… sin contar a los niños que veían la escena escondidos detrás de la puerta del local, quienes también se sorprendieron de lo escuchado.
- Antes de que pregunten "¿A qué se debe?", es porque no quiero interferir en el entrenamiento de Ichigo… y tampoco quiero que me vea en mi forma de Shinigami… por el momento, creo que sería bueno mantenerlo oculto de los demás, por lo cual, tampoco poder entrenar tranquilamente en el exterior sin llamar la atención de la Sociedad De Almas…
- De hecho, Tessai y yo ya habíamos pensado en eso… por lo cual, tenía pensado hacer un espacio a parte de lugar en donde entrenare a Kurosaki-san haciendo una barrera… pero creo que sería mucho mejor que se construya un nuevo lugar… pero había descartado la idea por el hecho de no haber encontrado un buen lugar para hacerlo…
- Así que también lo pensaron desde un principio… - fue el pensamiento fugaz del rubio, quien, en cierto modo, estaba sorprendido por lo dicho por el hombre rubio – Bueno… entonces supongo que no habrá ningún problema ahora…
- Pero antes, Daisuke-san… ¿Supongo que entiendes la gravedad del asunto?
- Lo entiendo perfectamente, Kisuke-san… es por esa misma razón que no puedo decirle a nadie de mis poderes de Shinigami… no quiero que suceda algo peor si la Sociedad De Almas se entera de que existe otro Shinigami entre los humanos… es por eso que en todo el día escondí mi poder de Ichigo y de Uryū-san… no quería que por error llegase a saber de ello y pueda perjudicar el recate de Rukia-san…
Los hombres, quienes atentamente escucharon la respuesta del joven, estaban un poco impactados por la mentalidad de este… de cierta forma, quería hacer las cosas por su cuenta… algo que le recordaba al mismo sombrerero en sus días de juventud como capitán del doceavo escuadrón… seguramente, sería algo que en un futuro tendrían que arreglar, no por el hecho de que fuese algo que perjudique la misión, sino porque lo más probable es que se termine perjudicando el solo…
Lo malo, no contaban con el tiempo suficiente como para hacer aquello, por lo cual, tendrían una mejor forma de resolverlo una vez que terminase la encrucijada.
- Es bueno saber que lo entiendes muy bien… así que, no hay tiempo que perder. ¡Ururu, Jinta! Traigan las cosas, hay trabajo que hacer – dijo el sombrerero, para deslizar abruptamente la puerta de entrada, dejando caer en el suelo a los dos niños, quienes rápidamente recobraron la postura.
- ¡S-si señor! – dijeron ambos en modo militar, para luego entrar de nuevo a la tienda y salir con gran cantidad de utensilios, como palas y taladros, y una gran mochila repleta de quien sabe qué cosa, haciendo que al rubio le saliera una gota de sudor en la nuca.
- ¿Qué estamos esperando, Daisuke-san? – dijo el rubio, quien llevaba una pala apoyada en su hombro, haciendo que el joven se preguntase cuando fue que la agarro, al igual que el hombre de cabello trenzado, quien ahora llevaba una gran mochila en su espalda.
- Es por aquí…
No tardaron tanto tiempo en llegar hasta la casa del joven, quien les abrió la puerta para que pasaran, luego de que el rubio viese hacia todos lados para asegurarse de que nadie estuviese en el lugar por pura casualidad.
- Tienes un lugar muy acogedor, Daisuke-san – dijo el hombre bronceado, viendo analíticamente cada parte de aquel lugar.
- ¿Qué puedo pedir? No es la gran cosa, pero es suficiente para que se queden varias personas en el lugar… pero dejando eso de lado… - el rubio fue en dirección a la biblioteca, intrigando un poco a los presentes, para luego mover específicamente un libro sin que se diesen cuenta, y de la nada se hiciera a un lado aquella parte de la biblioteca, sorprendiendo a los invitados del rubio – pasen por aquí…
- No dejo marca en el suelo, además de tener un mecanismo como el de una película de misterio… - dijo el chico pelirrojo, analizando un poco lo que acaba de suceder, lo cual gano que el rubio lo mirase de frente.
- Antes de nada, les pido que no le cuenten sobre esto a nadie… esta habitación, como se pueden dar cuenta, es secreta. Por el momento, nadie tiene que saber de esto; ¿Puedo contar con su silencio? – decía el rubio, más serio de los que los presentes estaban acostumbrados de verlo, dejando un poco nerviosos a los chicos y los adultos solo reaccionaron con la misma seriedad que ameritaba la situación.
- No le diremos nada a nadie, a menos que nos digas lo contrario – respondió el hombre bronceado con seriedad, haciendo que el hombre rubio asintiese con la cabeza en cuestión de también mantener su secreto, para luego los niños hacer lo mismo repetidas veces… o, mejor dicho, el pelirrojo, ya que la niña, ya recompuesta de su nerviosismo, asintió débilmente.
El joven rubio solo bajo las escaleras del aquel lugar, indicando a los demás que lo siguieran.
Luego de bajar, vieron el cuarto de vigilancia del rubio, sorprendiendo un poco al científico y al experto en Kidō, como también ganando una mirada indescriptible de los más jóvenes.
- Impresionante… - decía la niña, viendo el lugar con muchas pantallas y gran cantidad de máquinas en un lado de la pared.
- Aquí es en donde ira la puerta de bajada… - dijo el joven rubio llamando la atención de los demás, señalando la pared que estaba contigua a las escaleras – ya me aseguré que del otro lado de esta no hubiese alguna estructura que perjudicase la estructura del lugar, como también el hecho de que no hubiera tubos de desagüe o algún cable eléctrico...
- Es un buen lugar… ahora necesito que te hagas a un lado, Daisuke-san. De aquí en adelante, nosotros nos encargamos – dijo el sombrerero, mirando al joven rubio con su típica sonrisa escondida detrás de aquel abanico.
- ¿Están seguros de que no puedo serles de ayuda?
- En esta parte, es mejor que te quedes aquí. Posiblemente cuando lleguemos a la altura deseada, sean necesarios tus esfuerzos.
- Lo entiendo, Tessai-san… entonces les encargo el resto.
El rubio más joven fue hacia la gran pantalla, para empezar a teclear sin parar, mirando cada cámara del lugar en busca de ciertas personas en específico, después de todo, no es como si tuviese algo mejor que hacer, seguramente pasarían unas cuantas horas para que llegasen al menos a la altura requerida…
- ¡Daisuke-san!
- ¿Paso algo, Tessai-san?
El joven por inercia se acercó hasta donde se encontraban los demás… para notar como ahora había una gran bajada de escaleras como las que usualmente se suelen ver.
- ¿Cómo? Si apenas han pasado diez minutos… - el rubio no podía creer la eficacia en la que trabajaban aquellas personas… decir que no estaba impresionado, sería la mentira más descarada que haya podido decir e toda su corta vida.
- Urahara-san pidió de tu asistencia en esta parte del trabajo
- S-sí, déjame apagar esto y bajo… - aun con el impacto de la situación, el joven decidió ir a donde se encontraban las demás personas, solo para sorprenderse aún más de lo que estaba viendo ante sus ojos…
Prácticamente, era una réplica exacta del mismo campo de entrenamiento del sombrerero… solo faltaba darle aquel toque acogedor, como el cielo falso que iluminaba aquel lugar, por lo demás, era exactamente igual.
- ¿Cómo es que pueden trabajar tan rápido?
- Eso es un secreto de la empresa, Daisuke-san – dijo el sombrerero, escondiendo su divertida sonrisa detrás de aquel abanico que siempre llevaba con él.
- Bueno… en todo caso, eso sería todo…
- Espera un momento, Daisuke-san. Todavía falta la parte más importante de todo esto… ¡Darle un estilo personal a este lugar! - decía el sonriente hombre, a lo cual el joven se le encogieron los ojos como diminutos puntos ante la acción del hombre.
- ¿Un estilo personal?
- Es como una forma de diferenciar cada lugar que yo haya creado… uno de mis contactos solo había pedido que cambiasen la escalera de mano por unas como las que te coloque ahí… - dijo el hombre, señalando las escaleras que atravesaban el techo del lugar – aunque este estilo es un poco diferente, ya que estas están empotradas en la pared… - decía desinteresadamente el sombrero, haciendo que el rubio más joven pensara un poco en lo que dijo – Pero no es el momento de hablar de eso. Entonces, dime; ¿Cuál será tu estilo personal?
El joven se quedó pensando por un largo rato, mirando por un momento el paisaje que el grupo del sombrerero había construido en un abrir y cerrar de ojos, mirando cada detalle del lugar… hasta que por fin se le había ocurrido una gran idea de lo que quería hacer.
- En vez de hacer el cielo de día… quiero que sea de noche.
Tan simple como eso, el hombre solo asintió ante la petición del joven, cosa que de cierto modo obtuvo una mirada extraña del hombre bronceado.
Luego de unos segundos, a los lados del rubio mayor aparecieron unos cuantos galones de pintura con la marca "Urahara" escrita en cada uno de ellos, suponiendo que eran hechos por el mismo hombre, para luego darle una brocha al joven, quien se confundió un poco ante eso.
- Se me olvidaba decir… en esa parte, ninguno de nosotros puede ayudarte debido a que es una modificación que no estipula el diseño original, por lo cual… tendrás que hacerlo por tu cuenta.
El hombre tuvo que reprimir una gran carcajada que amenazaba con salir al ver la reacción de joven… su ceja derecha estaba temblando continuamente, para luego parar en ese mismo instante.
- Necesitare estar en mi forma espiritual…
Como si fuese una orden dada del joven, el sombrerero saco su bastón para darle una estocada en la cabeza del joven, para luego volver a salir en su atuendo de Shinigami.
Sin esperar a que los demás se duran del lugar, el rubio menor salto tan alto como pudo con todos y cada uno de los galones de pintura hasta legar hasta el techo del lugar… para luego tomar su arma en su forma liberada y dar diversos tajos en el aire, rompiendo a la mitad cada uno de aquellas embaces de aluminio y salpicar la pintura de una forma muy peculiar, para luego empezar a girar sobre su propio eje y esparcir la pintura equitativamente.
Los espectadores tuvieron que colocar al sombrerero como escudo humano, para luego este utilizar el Bakudō #81 Dankū, para que no les cayese encima aquella pintura.
Luego de unos segundos, el rubio bajo de la altura en donde se encontraba, dejando ver el cielo nocturno estrellado que había creado… de hecho, el lugar en donde este había girado, estaba un lugar completamente en blanco, haciendo que pareciera una luna.
- Vaya… - la niña de cabello negro no podía evitar sentirse impresionada por la habilidad del joven al crear aquello de una forma tan poco ortodoxa, pero efectiva, después de todo.
- Presumido – dijo el pelirrojo, quien solo se había cruzado de brazos mientras miraba hacia otro lado… además de que se le notaba la evidente envidia que sentía.
- Impresionante… muy impresionante, Daisuke-san – decía el sombrerero, acercándose hacia el más joven llamando su atención – ahora que todo esto está terminado, podrás entrenar cada vez que quieras sin interrupción alguna… pero antes de seguir hablando – el sombrerero se volteó en dirección a una de las paredes del lugar – creo que tendríamos que ir a la tienda para darte algo que te será de utilidad…
Luego de haber dicho eso, en la pared apareció lo que sería el marco de una puerta, para que luego desapareciera lo que estaba en el interior del marco para dejar ver el campo de entrenamiento del sombrerero.
- Tessai se tomó la libertad de conectar ambos campos con una puerta secreta situada al extremo más alejado de las escaleras de ambos lugares, por lo cual no será algo muy difícil de localizar…
Ahora, en aquel lugar, se encontraban el hombre bronceado, el sombrerero y el rubio, los más jóvenes debido al arduo trabajo hecho aquel día, tuvieron el resto del día libre.
- Ahora que estamos aquí… agarra esto – decía el sombrerero mientras le lanzaba al rubio menor lo que parecía ser un broche o una hebilla con el rostro de una calavera muy peculiar.
- ¿Qué es esto?
- Primero, colócate eso en cualquier parte de tu vestimenta – sin entender las palabras del hombre, el joven solo se colocó aquello encima de la parte izquierda de su Obi – ahora, púlsalo dos veces.
Luego de hacer lo dicho por el hombre, desde aquella cosa salió una especie de abrigo que se le coloco automáticamente encima del rubio, totalmente de color negro, con una capucha y unas trenzas con las cuales se ajustaba la parte del cuello hasta un poco más abajo.
- ¿Qué es esta cosa?
- Reiteki-sō (Capa Espiritual): es uno de mis inventos que cree con el fin de enmascarar el propio poder de la persona que lo utilice y no ser detectado, algo parecido como el funcionamiento de mi sombrero – dijo el hombre, dando a entender la funcionalidad de aquel accesorio que nunca dejaba de llevar… aunque más que eso, no parecía tener ningún inconveniente llevándolo todo el tiempo - Algo que tendrás que utilizar muy a menudo a partir de ahora, como también cuando vayas a la sociedad de almas.
- Ciertamente conveniente… - decía el rubio, mirando como que quedaba aquel abrigo, dándose cuenta de que para su desgracia no podría quitarle aquellas molestas mangas de los brazos.
- Otra cosa que también tienes que saber, es que en el momento en el que vuelvas a entrenar con Tessai-san, tendrás que aprender cierta cantidad de hechizos que serán indispensables para cuando estés en el Seireitei… luego de tanto evaluarlo varias veces, creo que es una buena idea que aprendas lo más que sea posible, debido a que será de lo que dependerás todo lo posible…
- Debido a que no puedo mostrar libremente mis poderes de Shinigami… y yo que pensaba que no podía ser más molesto… - el rubio no podía evitar quejarse ante lo mal que la pasaría en aquel lugar… y todo por el simple hecho de que no era conveniente mostrar sus poderes…
- Claro está que, si no hay más opciones, tendrás que revelar tu poder, pero por el momento, es mejor que mantengas un perfil bajo en todo momento…
- Lo entiendo perfectamente, Kisuke-san… ¿Eso es todo lo que tienes que decirme?
- También te aviso que alguien más te enseñara un par de técnicas con las cuales te defenderás lo mejor posible… - decía el hombre, haciendo que el joven se intrigase un poco por saber de quien se trataba aquella persona y que le enseñaría – pero eso será algo para el día de mañana… así que, te puedes ir a descansar o seguir entrenando.
El sombrerero y el hombre de lentes subieron de vuelta a la tienda, a lo cual el rubio dio media vuelta para ir a la pared más alejada, y efectivamente, se encontraba la puerta con la cual accedía a su nuevo campo de entrenamiento privado.
- Si Kisuke-san hizo este lugar del mismo modo que él ha hecho el suyo, puedo suponer que, siempre y cuando este en este lugar, nadie podrá sentir mi presencia…
El rubio fue en dirección a donde se encontraba su cuerpo, para colocarlo en su sala privada de cámaras.
Un momento antes de que pudiera ir de vuelta al campo de entrenamiento, se pudo escuchar el sonido del timbre de su casa, a lo cual el rubio encendió las pantallas de aquella sala y ver que en la puerta de su casa estaba cierto azabache de lentes.
El rubio se extrañó un poco por al ver al joven Quincy en la puerta de su casa, seguramente había sentido la presencia del sombrerero compañía al llegar al lugar.
Luego de dejar su cuerpo perfectamente colocado en la silla que se encontraba en el lugar, fue en dirección a la puerta, no sin antes cerrar completamente aquella habitación, por motivos de privacidad y de no querer que se enterasen del lugar.
- ¿Creen que lo notara?
- Es muy posible que no… siempre y cuando no te vayas de este lugar, todo estará bien.
El rubio, que aun seguía en su forma espiritual, abrió la puerta de entrada para ver a pelinegro que llevaba puesto su típico traje Quincy, se le notaba algo cansado.
- No esperaba verte por aquí, Uryū-san…
- Yo tampoco esperaba verte en estos momentos – las palabras del azabache realmente intrigaron al rubio.
Ya sabiendo a donde podría llegar la situación, decidió dar un paso hacia un lado para dejar entrar al Quincy, cosa que hizo apenas el rubio le dio espacio.
- ¿Quieres algo de tomar?
- No, gracias… tampoco es que me vaya a quedar por mucho tiempo… ¿Por qué llevas ese abrigo puesto?
- Para no llamar tanto la atención cuando esté haciendo mi entrenamiento…
- ¿Qué significa eso?
- No creo que seas capaz de percibir mi Reiatsu en este momento… - a lo dicho por el rubio, el azabache trato de sentir la presión espiritual del joven, solo para sorprenderse de no haber sentido nada proveniente de su cuerpo – La cosa está en que es posible que llame mucho la atención de la Sociedad De Almas una vez que empiece con mi entrenamiento, a lo cual, Kisuke-san me obsequio este abrigo que esconde mi energía.
- Entiendo… pero dejando eso de lado, quería informarte algo de lo que me he dado cuenta en estos días… es muy posible que haya una especie de conspiración detrás de todo esto… - las palabras del azabache solo hicieron colocar una mirada seria en el rubio… por lo visto, él no era el único que pensaba aquello.
- Seguramente sea por la increíble casualidad de que Rukia-san le dio sus poderes a Ichigo, para luego aumentar el número de Hollows en la ciudad abruptamente, y ahora no hay ni señal de existencia de ellos…
- ¿Así que ya habías pensado en eso?
- Tengo una que otra sospecha… pero no hay nada de lo que me pueda guiar para saber si es cierto o no mis suposiciones, a lo cual, decidí que sería mejor investigarlo una vez hayamos llegado al Seireitei…
- Realmente lo pensaste muy a fondo…
- Ya sabes como soy… no puedo dejar pasar ni el más pequeño detalle – dijo el rubio encogiéndose de hombros – Si eso es todo lo que tenías que hacer aquí…
- Solo quería comprobar una cosa más… pero creo que no hará falta – dijo el azabache, para luego dirigirse hasta la puerta para irse del lugar – Te lo dije antes, y te lo vuelvo a recordar, espero que no seas un estorbo cuando estemos pateando traseros de Shinigamis en la Sociedad De Almas.
Y sin otra palabra, el Quincy salió del lugar, dejando a un pensativo rubio con una pequeña sonrisa.
- Mejor cuida tus palabras… es posible que tu termines siendo la carga… y no creas que no me di cuenta de tu verdadera intención al venir hasta aquí…
Flashback
- Mi nombre es Ishida Sōken, es un placer conocerte…
- Daisuke… solo Daisuke…
Volviendo al momento en el cual el rubio conoce al viejo Quincy, justo después del primer avistamiento de aquel Hollow… el rubio estaba en frente de aquel hombre que seguramente fue quien lo saco del río.
- ¿Cómo fue que terminaste inconsciente flotando en el rio?
El chico, muy dudoso, pensó en decirle lo que había visto a aquel hombre… pero de alguna forma solo desecho aquella idea, debido a que era casi imposible que el hombre le creyese todo lo que había sucedido.
- Estaba parado en la orilla del rio… hasta que de repente apareció un… conocido mío, el cual fue a una dirección cercana a la de donde me encontraba, para luego caer inconsciente, producto de un golpe en la nuca de la mujer… madre de aquel chico… y luego de aquello, apareció una extraña luz del cielo la cual cayó sobre la mujer… para luego aparecer un monstruo colosal con una máscara esquelética… a lo que sin entender por qué razón fui y le di un golpe en la máscara, haciéndolo desaparecer de quien sabe qué forma, para que luego el retroceso de mi golpe terminase inconsciente flotando en el rio…
No era que no sabía si le iba a creer o no, pero, de todas formas, no perdía nada con decirlo, así como así. Podía ser tomado como la excusa más patética del mundo o como la verdad más reveladora de la historia… tal vez el hecho de que lo había dicho de forma seria, sin hacer ningún ademan o cambiar su expresión, podía ser tomada como sarcasmo, aunque tampoco había cambiado su seria forma de hablar… sea como sea, eso sería cosa de aquel hombre… en ese momento, tenía pensado tratar de hablar con otra persona la cual no sabía cómo contactar
- El monstruo con el que te encontraste, se llama "Hollow"
- ¿Perdón? – ahora, el joven era quien no entendía la situación actual… decir que el hombre sabía de la existencia de aquellas criaturas, hizo que el joven se colocara en guardia por acto reflejo.
- Si ya has visto a una de ellas… significa que volverás a ver a otra, por lo cual, no hay razón por la cual no deba hablarte sobre ello… - el hombre mayor dio un largo suspiro con notorio cansancio – En este momento, es posible que no creas muchas cosas de las que oirás a continuación… pero es mi deber informarte de todo lo que acontecer a partir de ahora por el hecho de tener un Reiatsu fuera de lo normal…
El rubio no había cambiado su expresión en ningún momento, pero por dentro no podía evitar estar sorprendido por las palabras del hombre… si no hubiese visto lo que paso hace rato, seguramente no se tomaría su tiempo en escuchar al hombre, por lo cual asintió con la cabeza para indicar al hombre que empezara la explicación.
- Veras, joven Daisuke, las personas cuando mueren son enviadas a un lugar en donde podrán vivir por mucho tiempo… La Sociedad De Almas. Las personas encargadas de hacer esto son llamados "Shinigami" (Dios De La Muerte). En algunas ocasiones, cuando las almas pasan mucho tiempo en este mundo sin ser enviadas a aquel lugar, llegan a transformarse en seres muy distintos a los que una vez alguien haya visto en su primera vida… "Hollow", almas quienes han perdido su corazón y se alimentan de otras almas que vagan por el mundo o seres humanos con mucha energía espiritual para satisfacer su hambre eterna.
El hombre decidió hacer una corta pausa para dejar procesar lo dicho al chico, el cual asintió segundos después de que el hombre pausara su explicación.
- Por lo cual, debido a mi alta energía espiritual, me he vuelto presa de aquellos monstruos… - el rubio estaba más que sumido en sus pensamientos, no por el hecho que estará siendo acosado por monstruos que intentaran aniquilarlo en cualquier momento… sino por un hecho algo más que importante que podría darle la respuesta que necesitaba para entender los sucesos implicados con su procedencia - ¿Puedo suponer que tienes alguna idea de cómo lidiar con ellos?
- De hecho, por el momento, te iba a proponer algo… - el viejo hombre, tenía una mirada tranquila en su rostro, notando como el rubio hacia pequeñas y sutiles contracciones en su ojo izquierdo, a modo de estar intrigado por sus palabras – Tengo mucha experiencia en lo que respecta a los Hollows… por lo cual, es posible que haya una forma de que puedas defenderte de ellos, por lo que tendría que tomarte como un aprendiz para poder enseñarte…
El rubio con su semblante si expresión, miro al hombre, el cual lo miro directamente a los ojos, en busca de algún significado oculto detrás de aquellas palabras del hombre…
- No creo que tenga otra elección, más que ser comida para llevar. Aceptare tu proposición por el momento…
- Me parece más que perfecto, joven Daisuke – decía el viejo, el cual empezó a caminar adentrándose al bosque - ¡Uryū! Ya puedes venir…
- ¡Hai, sensei! – se escuchó la voz de un chico, que al llegar posiblemente tendría la misma edad del rubio, con un traje blanco muy parecido al de viejo hombre, como también con unos lentes ovalados en su cara.
El rubio no hizo nada ante la presencia de aquel pelinegro, el cual, al cruzar miradas, se le noto algo tenso por la forma en la que el rubio miraba a las personas normalmente… vacío.
- Vamos, Uryū. No seas tímido y preséntate.
- M-mi nombre es Ishida Uryū, es un placer conocerte.
El rubio siguió mirando atentamente al joven, el cual todavía seguía nervioso, pero todavía mantenía su mirada centrada en él… tal vez tratando de analizarlo de alguna manera, a lo cual solo dio un pequeño asentimiento al azabache.
- Mi nombre es Daisuke…
Fin Del Flashback
El rubio, asegurándose de tener todas las luces apagadas, ventanas y cortinas cerradas y el resto del lugar completamente ordenado, volvió a bajar hasta el campo de entrenamiento para empezar a entrenar.
- Tengo que ser más cuidadoso la próxima vez… Uryū-san vino hasta este lugar porque sintió las presencias de Kisuke-san y compañía, como también pudo sentir un poco de mi nuevo Reiatsu…
El rubio toco dos veces el botón en donde se encontraba la calavera para guardar el abrigo que por ahora no era nada necesario utilizar, para luego tomar su arma que en ningún momento había vuelto a su forma sellada.
- ¿Algo que decir?
- Por ahora, no puedes aprender alguna técnica de nosotros sin saber nuestro nombre … por lo cual…
Time Skip
Se podía ver como aquel lugar anteriormente rodeado por piedras, solo era nada más que escombros por todos lados, como también algunas pilas de fuego negro por todas partes.
- Ya entiendo porque dijiste que no mostrara tu verdadera forma…
- Mi forma liberada verdadera, puede llegar a ser tan poderosa como la liberación completa de cualquiera que pueda existir… - resonó la voz profunda en la mente del joven, el cual se intrigo un poco por las palabras de su espíritu interior
- ¿Puedes ser más preciso, Hitsujikai?
- Antes de nada, necesito que te sientes en posición de loto y mantengas el arma en tu regazo – el joven, un poco curioso por aquellas palabras, hizo sin dudar lo que había escuchado.
Unos segundos más tarde, sabiendo lo que estaba pasando, el joven procedió a cerrar los ojos, para aparecer nuevamente en el lugar en donde se encontraban los espíritus de su alma…
- Con que de esta forma es en la que puedo llegar hasta aquí… - dijo el rubio, mirando el nuevo paisaje en el que se encontraba… era el mismo valle que antes, solo que con una cantidad de cambios significativos… el pasto ya no era rojo y tampoco estaba congelado… ahora parecía más como flamas negras que se mecían perezosamente a su propio ritmo, como también el árbol, el cual estaba completamente florecido, cayendo unas pocas hojas en el suelo flameante.
- Lo que acabas de hacer, se llama "Jinzen" (Espada Zen), este es el único método en el cual podemos tener una conversación decente a partir de ahora – se escuchaba la voz distorsionada de aquel hombre con el mismo aspecto físico del rubio, claramente con sus propios cambios ya mencionados anteriormente.
- La razón por la cual te llamamos… es para que sepas el verdadero limite al que puede llegar nuestros poderes completamente sincronizados con usted, mi señor… - apareció el peliblanco con voz profunda a un lado del pelinegro con la apariencia del joven – pero, antes de eso, te tenemos que explicar todo lo relacionado con esto… por lo cual siéntete lo más cómodo posible… seguramente tardemos más tiempo de lo normal…
Luego de que todos ellos se sentasen en el fuego oscilante, era momento de empezar con la explicación.
- Como ya sabes, Zanpaku-tō (Espada Cortadora De Almas) es el arma principal de cada Shinigami. También estas enterado de que cada uno de nosotros es el reflejo del corazón de cada uno, por lo cual, poseemos la habilidad y la forma que tienes en lo más profundo de ti – el rubio asintió con la cabeza, ya de antemano sabia de esta parte gracias a las enseñanzas inculcadas en el por los Ishida.
- Ahora, lo que viste por parte del Shinigami pelirrojo de la otra vez… Shikai (Liberación Inicial) es la primera forma con mucho más poder y mejoras de cada Zanpaku-tō, a lo cual, se necesita aprender el nombre de este… en efecto, vendría siendo lo que hiciste hace unos instantes atrás… - decía la voz distorsionada, recordando como había quedado aquel campo de entrenamiento – También existe la forma de que pueda tomar otra forma cambiando el nombre original, la forma en la que me liberaste por primera vez… la forma en la cual está ahora – el pelinegro señalo el arma del rubio, notando la apariencia de esta.
- Luego de esta primera forma… llega el Bankai (Liberación Completa), que vendría siendo la segunda y definitiva forma de una Zanpaku-tō – el rubio asiento en comprensión por lo dicho, aunque estaba impresionado de aquel dato del cual no tenía conocimiento alguno - Para alcanzarlo, el Shinigami debe ser capaz de materializar el espíritu de su Zanpaku-tō en el mundo real y subyugarlo, dándole así al portador todo el dominio posible sobre el poder de la Zanpaku-tō – termino de hablar el peliblanco con aquella voz profunda.
- Entonces… ¿Es momento de que aprenda a utilizar el Bankai? Es decir… es muy probable que muchos de muchos Shinigamis posean esta forma… posiblemente algunos Shinigamis de rango "Teniente" también lo posean…
- Realmente, sería bueno que lo alcanzaras ahora…
- Pero no estas lo suficientemente preparado para aprenderlo… después de todo, hace poco más de un día que liberaste tu poder… - completo el pelinegro las palabras del peliblando, el cual vio la mirada de comprensión del rubio, a lo cual no objetó por las palabras dichas – lo mejor que podrás hacer ahora es seguir dominando y perfeccionando lo que sabes… las batallas que vendrán no serán juego de niños…
- Si es lo que tengo que hacer para obtener respuestas y salvar a Rukia-san… no tengo nada por lo que tenga que dudar para volverme más fuerte…
Y así fue como el rubio paso el resto de la noche, dominando tanto como podía cada ataque, cada zanjada, cada hechizo que había aprendido en este corto periodo de tiempo, para tratar de controlarlo sin problema alguno, sobretodo el Kidō, debido a que sería de lo que más dependería al momento de ir a la Sociedad De Almas.
Paso todo ese tiempo hasta llegar el día siguiente, sabiendo eso debido a la presencia del hombre bronceado en el lugar, seguramente para el entrenamiento de los nuevos hechizos que tendría que aprender… o eso es lo que estaba pensando.
- Daisuke-san, Urahara-san pidió que te llamara para que vieras el entrenamiento de Kurosaki-san…
- Así que ya comenzó…
- Pero antes, ten tengo que decir otra de las funcionalidades del abrigo, que es necesario que te coloques, para ir a donde están ahora.
El rubio se detuvo en el momento en que escucho "otra funcionalidad", a lo cual, evidentemente coloco su mirada intrigada para esperar la respuesta del hombre.
- La segunda, última y más importante función del Reiteki-sō… es que puede hacerte invisible a la vista de las personas…
Ahora sí que estaba sorprendido el rubio, realmente no esperaba la eficiencia de aquel abrigo fuese de este calibre.
- Tengo que decir que no esperaba algo como esto… - luego de decir aquello, presiono dos veces la calavera para colocarse el abrigo.
- La forma de activarlo, es mandando una pequeña cantidad de Reiatsu a cada parte de tu cuerpo – a lo dicho por el hombre de cabello trenzado, el rubio hizo lo que había escuchado, dándose cuenta de que el hombre no lo podía ver, pero para estar seguros se colocó detrás de este para hablar.
- ¿Es así como se hace? – y efectivamente, así era como funcionaba debido a que el hombre se sobresaltó al escuchar las palabras del rubio que provenían detrás de él.
- Efectivamente. Es momento de ir con Urahara-san…
Luego de ir por el pasadizo que conectaba ambos lugares, se encontraron con la divertida escena de un pelinaranja en su forma espiritual, con su cadena sin formar parte de su cuerpo, esquivando cómicamente cada golpe de la niña pelinegra.
- Parece que pasara un largo rato para que Ichigo dé el primer golpe…
Fue el pensamiento que paso por la cabeza del rubio al ver al pelinaranja esquivando golpe tras golpe… pero en un momento, el chico del eterno ceño fruncido paso de esquivar a atacar repentinamente, dándole un rasguña a la niña en su mejilla izquierda, cosa que sorprendió al rubio un poco.
- Pero claro… como siempre tan impredecible…
Luego de aquello, la niña iba a arremeter contra el pelinaranja, pero antes de que pudiese golpear al adolescente, llegaron el sombrerero y el hombre con trenzas para desviar el potente golpe de la chica.
- Bien hecho, Kurosaki-san… aunque esperaba que tardaras un poco más…
- Pero si todavía no la he vencido…
- Con tu poder actual, no eres capaz de derrotarla… pero ese no era el punto de este entrenamiento… dime, ¿Cómo te sientes?
- ¿A qué te refieres? – el pelinaranja no pudo entender el significado de las palabras del sombrerero… hasta que en el momento en que trato de moverse libremente, no se sentía tan opresivo como cuando salió de su cuerpo – De hecho… me siento realmente bien…
- Ahora que terminamos la primera parte… - de un momento a otro, el sombrerero saco su arma, para luego cortar aún más la cadena del pelinaranja, sorprendiendo un poco a los presentes, a excepción del rubio, quien tenía una posible idea del por qué se realizó aquella acción.
- ¡¿Qué estás haciendo?!
- Básicamente… estoy adelantando tu entrenamiento. Debido a que este método se ha utilizado una sola vez en otra persona, pude darme cuenta de unas cuantas fallas que tenía… una de ellas, es demasiado tiempo el que te estoy dando en tu forma espiritual, a lo cual, en vez de tres días… ahora solo te queda uno.
- ¿Urahara-san? – decía el hombre bronceado, con una mirada indescifrable en dirección al sombrerero, a lo cual este solo dio una pequeña sonrisa con un pequeño asentimiento, indicando que si era lo que este estaba pensando.
Al momento de que el pelinaranja pudiese replicar en contra de las palabras del hombre, sin previo aviso fue atado de brazos y piernas por unas correas negras, producto de la técnica hecha por el hombre de trenzas, para que luego debajo del joven se abriera el suelo en una circunferencia, haciendo que este fuese directo hasta el fundo de aquel profundo pozo aparecido de la nada.
- La segunda parte del entrenamiento… salir de aquel agujero.
- ¡¿Cómo demonios se supone que lo hare?!
- La única forma… forzando a salir tus poderes de Shinigami ocultos en tu interior, Kurosaki-san… hasta entonces, te quedaras en ese lugar hasta que puedas subir. Si el caso no es el que mejor de todos, te convertirás en un Hollow… así que no tengo que decirte las consecuencias de tu fracaso…
El joven rubio se limitó a solo ver la situación en la que se encontraba el pelinaranja, aunque sería mucho más tiempo del que el mismo dispuso una vez que entrenó con el sombrerero.
- Volveré más tarde para ver que tanto habrás avanzado…
Sus pensamientos estaban dirigidos específicamente hacia el joven pelinaranja, que seguramente no la pasaría muy bien las próximas horas… el mejor de los casos, solo esperaba que superase su marca… aunque, siendo francos, eso sería algo en lo cual las probabilidades eran totalmente nulas, debido a que el pelinaranja no conocía completamente lo que había dentro de él… cosa que el rubio supo hacer hace mucho tiempo.
Ya dejando de lado la invisibilidad del traje, fue hacia el sombrerero que estaba sentado, esperando a que algo repentino pudiera pasar en cualquier momento.
- La persona de la que te hable el día de ayer… te está esperando en tu "campo nocturno" – el sombrerero, como siempre hacia, aligeraba la situación en la que ese encontraba en aquel momento, divirtiéndose en encontrar un buen apodo al lugar que se había hecho hace no mucho – Buena suerte.
El rubio mayor desde el principio hablo lo más bajo que podía, debido a que no quería que cierto pelinaranja lo escuchase por alguna razón, a lo cual el rubio menor solo asintió a las palabras del hombre, para luego ir en dirección a su campo de entrenamiento.
Unos segundos después, había llegado hasta aquel lugar… viendo como ahora se encontraba aquel gato de color negro que había sido testigo de s entrenamiento con el sombrerero.
- Supongo que Kisuke-san te dijo que por ahora esto debe ser un secreto ¿No?
- ¿Ni siquiera un "Hola"? Parece que la gente de ahora no tiene modales…
El rubio se intrigo un poco por la reacción del gato al decir aquello… él siempre fue de ir directo al grano en lo que en su respecto era importante… pero que alguien más le gustase jugar en momentos como este… y no solo eso, ya que su reacción fue tan… ¿Femenina?
La forma divertida en que lo había dicho… la forma en que se movió al hacerlo… todo indicaba lo que estaba pensando el rubio… conocía perfectamente las acciones que toman las personas de cada género o edad… por lo cual, no le fue tan difícil entender.
- Con que eres una mujer… Yoruichi-san…
- Así que todavía lo recuerdas… parece que no hace falta que siga con esta forma… - la gata había empezado a emitir una luz propia proveniente de todo su cuerpo gatuno… para luego hacerse ver su forma humana, haciendo que el rubio desviase la mirada hacia otro lado…
- Que problemático…
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Fin Del Capítulo.
