El Frío Cielo Sin Luna
Los personajes de Bleach no me pertenecen. Son obra y creación de Tite Kubo.
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Capítulo 8: Una Agitada Llegada
- ¡¿Qué demonios es esto?!
Decía un alarmado pelinaranja, quien corría tanto como sus demás compañeros de aquella criatura que trataba de atraparlos.
El rubio, quien iba de ultimo en la fila, solo podía sudar de forma nerviosa ante el comportamiento de su amigo, lo cual era algo realmente raro para este, el cual siempre andaba con su expresión de enojo adornada con el eterno ceño fruncido que se había vuelto su marca personal desde hace un tiempo atrás.
Anteriormente, la mujer con en su forma de gato había hecho un resumen lo bastante corto mientras corrían para que todos entendiesen lo que estaba sucediendo ahora.
Dangai, el nombre del mundo en el cual se encontraban, siempre custodiado por "Seimichiō", quien es un organismo vivo se encargaba de limpiar, tal cual como dice su nombre, el aquel desolado lugar y mantenerlo transitable.
Esta entidad aparecía, por lo menos, una vez a la semana para despejar el lugar… vaya conveniencia que haya aparecido justo en ese momento…
Pero, eso no era lo único por lo cual tenían que cuidarse los jóvenes…
Con el nombre de "Kouryū" (Flujo Arrebatador), es dicha corriente que fluye a través de las paredes del Dangai y evita que enemigos como los Hollows puedan acceder al lugar. Una de las funciones del Kouryū es mover y cerrar sus paredes sobre intrusos para tratarlos de capturar.
Esto se podía ver reflejado en como el azabache estaba cerca de una de las paredes para ser "absorbido" por esta, pero gracias a la ayuda del moreno, no hubo llegado a peores… aunque, viéndolo bien, la cosa terminó con la capa del joven Quincy casi destruida en su totalidad, y sabiendo cómo era el azabache, en cuanto de vestimenta se habla, esto era lo peor que le pudo haber pasado.
En este punto, el escenario en el cual estaba pasando todo aquello… era el peor de todo lo que se pudo haber pensado.
Todos ellos, corriendo lo más que podían para evitar que Seimichiō los atrapase, evitando el contacto con las paredes que se cerraban tan rápido como se movía Seimichiō… y lo mejor de todo, esto solo ocurrió apenas cinco segundos en el cual entraron al Dangai.
- ¿Por qué presiento que Kisuke-san estaría riéndose de nosotros por lo que estamos pasando?
Bueno… eso sería algo muy simple de adivinar, debido a que el susodicho rubio no haría ni mínimo esfuerzo en no divertirse con la situación actual.
Pero, ya dejando de lado todo esto, el grupo todavía seguía corriendo tanto como podían hasta el extremo en donde supuestamente estaba la entrada hacia la Sociedad de Almas…
- ¡Ya casi estamos llegando! ¡Apresuren el paso si no quieren terminar en este mundo para siempre!
Se escuchó la voz grave de la mujer, quien al fin había dicho las palabras que muchos de los jóvenes esperaban oír… pero, por causas desconocidas, como si de un mal chiste se refiriese, Seimichiō había empezado a acelerar de un momento a otro, llegando tan cerca del grupo, casi a punto de absorberlos.
- ¡Esa cosa se acerca cada vez más rápido! – anunciaba el azabache Quincy, el cual, al igual que el rubio, se había dado cuenta del cambio de velocidad de aquel organismo.
Antes de que alguien pudiera decir alguna palabra, la mujer pelinaranja tomo la iniciativa, dando rápidamente media vuelta y levantando sus brazos en dirección hacia Seimichiō.
- ¡Santen Kesshun!
Dijo en voz alta la mujer, para luego crear aquel escudo triangular, colocándose en el camino del ente limpiador, para luego el escudo romperse y crear una ráfaga que saco volando a todo el grupo en conjunto.
- Que problemático…
Pensaba con pereza el rubio, el cual evaluando la acción de su amiga pelinaranja… no fue la mejor de todas… pero, de igual modo, gracias a aquel impulso por la destrucción del escudo, llegaron mucho más rápido hasta una pared de luz.
Luego de traspasar aquella luz, todo el grupo comenzó a caer rápidamente en lo que parecía ser una aldea un tanto al estilo japonés de las eras dinásticas…
- Bakudō #37: Tsuriboshi
Dijo el rubio, para que antes de que el grupo llegase a impactar de lleno contra el suelo, su caída fuese amortiguada por una estrella de Reishi color blanco, la cual estaba suspendida en medio de su trayectoria, actuando de red de seguridad.
Gracias a la habilidad e inteligencia del rubio por analizar y verificar la trayectoria que llevaban todos, pudo hacer que el grupo entero entrase en aquella estrella sin ningún inconveniente.
- Vaya… eso sí estuvo feo – comentaba el rubio, el cual se colocó de pie, para lego saltar para llegar al suelo, que estaba a por lo menos, dos metros de altura de este, y después comenzar a sacudir el abrigo que le había dado el sombrerero, el cual parecía haberse ensuciado un poco.
- Estuvimos a punto de ser atrapados por esa cosa… ¡¿Y eso es lo que se te ocurre decir?!
El anteriormente, siempre calmado azabache decía, reprochándole al joven por tomarse tan a la ligera la situación.
- Pues claro. Además, sabía que algo como esto podría suceder… aunque la acción atrevida de Orihime-san fue algo repentino, por lo demás, salió igual como esperaba. Vaya… hasta la altura en que coloque el hechizo salió tal y como esperaba.
Seguía diciendo el rubio, el cual ahora solo se limitó a observar la altura especifica en la que se encontraba aquel hechizo… exactamente, a dos metros del suelo, para luego colocarse la capucha del abrigo.
El azabache decidió que era mejor dejar de lado la actitud tan relajada del rubio, para luego comenzar a mirar su capa, la cual estaba completamente inservible… según el azabache.
- ¿Todos están bien?
Decía el hombre moreno, el cual ayudaba al par de pelinaranjas a saltar de la estrella, para luego acercarse al dúo.
- Y pensar que tenía que colocarme mi capa de repuesta tan rápido…
Esas palabras, solo colocaron un poco nerviosos a los presentes, al notar que el azabache, el cual saco otra capa de quien sabe dónde tenía guardada.
- ¿De verdad tenías otra capa de repuesto?
Decía el joven pelinaranja, el cual, como todos, tenía una enorme gota de sudor en su frente.
- Es bueno que todos se encuentran bien… por cierto, buena reacción al colocar el Bakudō tan rápido Daisuke.
Se escuchó la voz de la mujer en su forma gatuna, la cual se acercaba al grupo para romper el ambiente absurdo que desbordaban en ese momento.
- Lo agradezco, Yoruichi-san.
- Y tú, Orihime, fue una acción muy atrevida la que hiciste allá…
- Lo siento, Yoruichi-san – se disculpaba la apenada mujer, la cual solo colocaba una mano en su nuca de forma nerviosa.
- Pero en otro momento te sermoneare de mejor manera. Ahora es el momento en que tenemos que entrar hacia el Seireitei…
- Un momento, ¿No estamos en el Seireitei?
La pregunta había sido dicha por el pelinaranja Shinigami, a lo que el rubio solo se le quedo mirando por un rato.
- ¿No te han explicado? – decía la mujer gata, la cual solo estaba viendo en dirección a cierto rubio, el cual solo miro hacia otro lado.
- Mi culpa. Pensé que Kisuke-san le había explicado en su momento… pero, por lo visto, se concentró mucho más en hacer mejorar a Ichigo tanto como podía…
- ¿Me estoy perdiendo de algo? – seguía diciendo el pelinaranja, el cual no entendía lo que sucedía.
- Bueno, será mejor que te explique mientras vamos caminando hacia la entrada del Seireitei…
Decía el rubio, el cual apunto con un dedo en dirección hacia en donde se podía divisar un enorme conjunto, que a lo lejos se encontraba una gran torre justo al lado de una montaña extraña.
- Entonces… es así como es en realidad este mundo…
- Bien, para que entiendas mejor, Ichigo, la sociedad de almas está dividida en varias partes, una de las principales vendría siendo el Seireitei (Corte De Almas Puras), la cual se encuentra en el centro de la sociedad de almas. Lo demás que lo rodea se le llama "Rukongai" (Ciudad De Las Almas Errantes), que esta misma se divide en diferentes números, la cual indica tu nivel político y social, yendo del #1 el mejor hasta llegar a un número mucho más alto, ya sabes a lo que me refiero…
Empezó a explicar el rubio, viendo como el pelinaranja asentía a lo que estaba diciendo… sabiendo que, por lo visto, estaba explicando bien, también trayendo la atención de la mujer pelinaranja y el moreno.
- Para entrar en el Seireitei, existen cuatro entradas, cada una siendo custodiada por un guardia y colocada en cada punto cardinal… por ejemplo, en esta dirección, se encuentra la puerta oeste.
Seguía diciendo el rubio, lo cual solo creo dudas en el grupo por el hecho de que el joven supiese exactamente en donde se encontraban exactamente.
- Gracias a que hable hace un tiempo con Kisuke-san, me informo de antemano en que caeríamos en el Oeste del Rukongai, por lo cual, será evidente que la puerta a la cual nos estamos acercado sea aquella…
Los jóvenes solo asintieron estando satisfechos por la respuesta… pero, el joven Quincy, solo veía con una mirada curiosa al rubio…
- Y luego de eso, esta lo del Gotei 13, sus escuadrones y capitanes… y toda esa cosa de la cual ya están informados.
Terminó de decir el rubio, para luego colocar su mirada en aquel espacio completamente vacío… de al menos un kilómetro de puro suelo de cerámica hasta llegar al Seireitei.
- Que raro…
- Bien, entonces no hay que perder más…
- ¡Espera!
Justo en el momento en que el pelinaranja estaba a punto de comenzar a correr, el rubio lo detuvo justo a tiempo, debido a que del cielo empezó a caer una gran cantidad de columnas gigantescas, las cuales estaban colocándose una al lado de la otra sin dejar espacio o abertura alguna entre ellas, para que luego en el lugar en donde se encontraba el grupo, justo en frente apareciera una colosal puerta.
- Bueno… ¿Quién quiere hacer los honores?
- ¿De qué hablas?
El azabache no tuvo oportunidad de decir algo más, debido a que del cielo empezó a caer una gigantesca persona de por lo menos diez metros, de complexión sumamente musculosa y piel bronceada llegando a ser casi anaranjada. Tenía en su cabeza puesto una especie de sombrero "Fez" de color rojo con dos borlas amarillas, unas largas patillas que llegaban hasta su barba negra, la cual estaba atada en dos coletas en su enorme barbilla, que por lo menos le llegaban hasta su pecho. Tenía puesto el típico traje de Shinigami, solo que, con excepción de la parte izquierda de la Shihakushō, y en su hombre descubierto tenía una especie de placa plateada, como si hubiese pertenecido a alguna especie de armadura samurái.
- ¿Qué es lo que desean ustedes? Viniendo hasta la entrada oeste, vigilada por mí, Ikkanzaka Jidanbō
Decía el hombre con voz gruesa e imponente, a lo cual muchos de los jóvenes se tensaron al escuchar las palabras de aquel hombre.
- ¡Que tal! – decía el rubio, hablando inquietantemente tranquilo al hombre, lo cual solo hizo que sus amigos colocasen caras raras al escucharlo hablar de aquella forma – solo venimos hasta aquí para entrar en el Seireitei y…
- ¡No puedo dejarles pasar!
- ¿Qué dijiste?
- Ninguno de los habitantes del Rukongai tiene permitido entrar a este lugar.
El grupo solo se quedó viendo un momento al hombre, el cual no se había dado cuenta de quienes eran ellos realmente.
- Bueno… si ese es el caso, ¿Qué podemos hacer para que nos dejes pasar?
Esta vez, fue el pelinaranja quien había dicho aquellas palabras, haciendo que el hombre solo lo viese algo curioso por ver a un "Shinigami" junto con varios habitantes del Rukongai… hasta que un pensamiento algo vago había llegado a la mente del colosal hombre…
- Ustedes… no vienes de aquí… Ustedes son "Ryoka" (Demonio Viajero)
- Si. Ciertamente, eso somos. Pero creo que no estamos desviando un poco…
- Solo hay una única forma de dejarlos pasar…
Luego de que el hombre hubiese dicho aquello, se había movido tan rápido para colocarse en su postura de combate, sorprendiendo a muchos por la velocidad en la que había actuado.
- Bien. Yo me encargo.
Decía el Shinigami pelinaranja, el cuál desenfundo su arma de aquellas telas extrañas, ahora mostrando lo que parecía ser un enorme cuchillo de carnicero, del mismo tamaño o aún más larga que su primera espada, la cual no tenía ni empuñadura ni guarda, a lo que la espiga estaba envuelta en aquellas mismas vendas blancas.
- ¿Cómo puedes ser tan imprudente?
- Déjalo, Uryū-san. Ichigo sabe lo que hace…
Y como ahora se había vuelto costumbre, el azabache se había quedado intrigado al escuchar las palabras del rubio… como si este supiese algo que él no…
Solo había pasado menos de un minuto para luego ver como el pelinaranja había dominado el combate por completo, solo utilizando su espada bloqueando los poderosos cortes de aquella hacha del colosal hombre, para luego terminar siendo herido y derrotado por el más bajo.
- ¿Eh?
- Te lo dije ¿No?
El azabache solo mando su mirada hacia otro lado para no ver la pequeña y divertida sonrisa que tenía el rubio en ese momento.
El divertido rubio solo se dedicó a mirar como sus otros compañeros estaban asombrados de ver de cerca de lo que era capaz actualmente el Shinigami Sustituto, a lo cual el rubio se fue acercando para entablar conversación con el pelinaranja.
- Bien hecho, Ichigo… parece que Kisuke-san te entreno muy bien…
- ¿Ese demente? Puede ser que si… aunque muchos de sus métodos son cuestionables.
El pelinaranja tenía un gran punto a favor. De hecho, los métodos con los cuales el sombrerero había estado trabajando en estos pocos días… no eran algo que a una persona normal y completamente cuerda se le pudiese ocurrir.
- Por cierto… ¿Cuál es su nombre?
- ¿De qué cosa?
- ¿De qué más? Tu Zanpaku-tō.
- Oh… pues, se llama "Zangetsu" (Luna Cortante) – respondía el pelinaranja mientras continuaba balanceando de un lado a otro aquella gran espada como si de una pluma se tratase.
- Hmm, un buen nombre… ¿Y que más puedes hacer además de cortar cosas?
El pelinaranja podría seguir respondiendo las preguntas que tenía el rubio, pero el colosal Shinigami se había levantado, llamando la atención del resto.
- He sido derrotado… y como di mi palabra, no puedo negarme a su pedido…
El hombre había tomado la puerta desde la parte más baja, para luego con su increíble fuerza alzarla poco a poco.
Lego de unos segundos, aquella puerta estaba recargada sobre los hombros de aquel Shinigami, lo suficientemente alto para que el grupo llegase a entrar al lugar sin ningún inconveniente…
- Vaya… pero que es lo que me encuentro aquí…
Todo mundo presto atención al hombre del cual habían salido aquellas palabras… para mala suerte de aquellos, no era nada más ni nada menos que un Shinigami… y uno de rango capitán.
- Santa mierda… ¿De verdad esto no podría empeorar?
Todo el grupo se tensó al notar la presencia de aquel sujeto, el cual tenía aquella mirada… extraña puesta en ellos… o tal vez no… era un poco difícil de saber debido a que sus ojos parecían estar completamente cerrados.
Aquel Shinigami bastante alto y delgado con su cabello de un inusual color plateado, y en su rostro tenía enmarcada una sonrisa burlona que, al parecer, nunca se borraría, junto con aquellos ojos que posiblemente estaban cerrados, dándole una especie de aspecto parecido al de un zorro. Llevaba le típico traje normal de un Shinigami, con la adición de su espada que estaba atada en su cintura, siendo la funda tapada por el Haori blanco sin mangas, con la insignia enmarcada en aquel rombo en su espalda, tenía el Kanji referente al Tercer Escuadrón.
Al parecer, aquel Shinigami se la paso observando detenidamente a cada miembro del grupo, por lo cual, el rubio solo decidió dar una mirada discreta a su grupo… viendo que hacía falta uno de ellos…
- ¿A dónde fue Yoruichi-san?
Pensaba el rubio, curioso por la desaparición de aquella mujer gata… pero decidió dejarlo a un lado… debido a que la mirada de aquel capitán se había puesto sobre el… notando como su sonrisa desaparecía de su rostro, para luego ver como este capitán abría sus ojos, observando el frio color azul de ellos.
- Y además… tenemos una visita inesperada…
El grupo entero se había confundido ante las palabras del capitán, que claramente iban dirigidas hacia el encapuchado joven, a quien apenas se le podía ver parte de su cara debido a la capucha del abrigo.
- ¿Y por qué precisamente soy alguien "inesperado"? – el rubio ladeo su cabeza hacia un lado, con un deje de duda notable en su tono.
El joven no podía evitar estar un poco intrigado… ¿Se suponía que su llegada era noticia publica para todo el Gotei 13? … y si fuese así, ¿Por qué su presencia es inesperada?
Por parte del peliplata, volvió a tener la misma mirada que antes, sacudiendo un poco su cabeza para volver a su semblante inicial.
- Ups, error mío. Creo que te confundí con alguien más, jovencito.
El rubio solo se colocó aún más intrigado como el resto del grupo, pero no tuvieron tiempo de pensar en aquello cuando vieron a aquel Shinigami venia acercándose a paso lento.
- Como sea, Jidanbō; ¿Por qué los dejaste entrar?
El mencionado se le notaba muy, pero que muy nervioso al escuchar las palabras provenientes de aquel capitán, mientras el colosal Shinigami seguía manteniendo aquella puerta en sus hombros.
- Ellos lograron vencerme, y…
- ¿Y qué? Recuerda que tu misión es no dejar que nadie pase bajo ninguna circunstancia al Seireitei.
De un momento a otro, el peliplata fue en dirección al joven pelinaranja, el cual se sorprendió, como todo su grupo, por la velocidad en la que llego el capitán en frente de este, y gracias a su reacción rápida, pudo bloquear el ataque de aquel hombre sin mucho problema.
En ese mismo instante, la espada de aquel Shinigami comenzó a alargarse rápidamente, para luego hacer retroceder al pelinaranja y estrellarlo con una de las casas cercanas del Rukongai.
- Ichigo/Kurosaki-kun
Dijeron el rubio y la pelinaranja, a lo cual, la mujer fue en dirección al joven Kurosaki, mientras que el rubio solo se había puesto serio junto con los dos jóvenes a su lado.
Antes de que alguien pudiese darse cuenta de lo que había pasado, miraron como el colosal Shinigami estaba brutalmente herido, mirando como aquel capitán tenía su espada ensangrentada, haciendo saber que este era el responsable de dicho acto, para luego extender su espada en dirección a los jóvenes, quienes se habían preparado para esquivar…
- ¡Chad, Uryū-san, vayan con el hombre gigante antes de que se desplome, yo les daré tiempo para que lo ayuden!
Decía el rubio, esquivando perfectamente aquella estocada de la espada, sorprendiendo al peliplata, quien no había esperado que esquivasen su ataque.
Los dos jóvenes mencionados no tardaron mucho tiempo para llegar en donde se encontraba el hombre gigante, para luego alejarlo del lugar antes de que la puerta le cayese encima.
Ahora, con el hombre fuera de peligro momentáneamente, el rubio empezó a alejarse un poco para que la puerta no le cayese en su cabeza, quedando en la parte de afuera del muro, junto con su grupo.
Pero, antes de que la puerta empezase a cerrarse, el peliplata dio otra estocada repentinamente el rubio, quien no había esperado dicho acto de aquel sujeto, a lo cual, solo se mantuvo mirando en dirección a este, como llegaba aquella espada hasta su pecho… pero, en ningún momento llego a tocarla, debido a que ésta paró su marcha a menos de veinte centímetros del cuerpo del rubio.
- ¿Qué acaba de pasar?
Se preguntó el sorprendido peliplata, el cual miro en dirección al rubio… solo para ver como en frente de este, comenzaba a resquebrajarse una especie de pantalla que estaba justo ahí, cosa que sorprendió a todos los que veían los acontecimientos.
- Bakudō #81: Dankū.
En estos momentos, el rubio ya no tenía la capucha puesta, dejando ver su rostro completamente serio ante aquel capitán, quien solo dejo ver aquellos ojos azules, ahora llenos de intriga y curiosidad.
- No por nada derrote a un Menos Grande con solo Kidō… pero creo que eso ya lo debería saber la Sociedad De Almas… - claramente, el rubio solo baso esto al pensar en que cierto capitán había filtrado la información de los actos sucedidos hace un tiempo atrás… lástima que ese no era el caso.
- Interesante…
Fueron las palabras que salieron de la boca de aquel sujeto, quien solo decidió quedarse parado en aquel lugar, mirando como la puerta terminaba de cerrarse en frente del joven rubio, el cual tenía la mirada completamente seria, pensando en que fue eso de que él era una persona "inesperada".
- ¿Ellos sabían de nuestra llegada? ¿Acaso ese Shinigami estuvo ahí para interceptarnos o fue pura casualidad? Aunque, creo que también tengo algo que ver en ello… después de todo, deje en claro a los Shinigamis que se llevaron a Rukia-san que en algún momento vendríamos a rescatarla… pero, ¿Por qué soy "inesperado"?...
Un sinfín de pensamientos habían pasado por la cabeza de aquel rubio, pero tuvo que detenerse debido a los quejidos de dolor que estaba soltando el Shinigami colosal, el cual estaba tendido en el suelo.
- Yo me ocupo de esto.
Se acercaba rápidamente la mujer pelinaranja, la cual utilizando sus poderes empezó a sanar las heridas de aquel Shinigami, todo esto siendo visto por los habitantes del sector del Rukongai en donde se encontraban.
- ¿Tampoco entiendes lo que quiso decir?
A un lado del rubio, se había colocado el azabache Quincy, el cual sabía perfectamente que su amigo todavía seguía tan pensativo en aquel enigmático capitán… al igual que el joven Quincy, se podía notar a leguas que algo muy raro estaba ocurriendo.
- Es mejor no pensar en eso ahora… pronto anochecerá y tendremos que buscar algún lugar en donde podamos pasar la noche…
Decía el rubio, restándole importancia a aquel asunto de momento, ya que pronto caería la noche en aquel lugar, y no habían buscado algún lugar en el que pudieran dormir…
- ¿En dónde estás, Yoruichi-san? - fue el pensamiento que había pasado por la mente del rubio, el cual se recordó de la ausencia de la mujer desde que estuvieron con aquel Shinigami colosal desde el principio - ¿Sera mejor que empecemos a buscar a esa tal Shiba Kūkaku? Tal vez sea…
- ¡Sado-san!
Todos los provenientes del mundo real voltearon en dirección a aquella voz, la cual pertenecía a un pequeño niño, el cual se acercaba al grupo, sobre todo al moreno.
- ¿Tu eres… Shibata?
Pregunto el moreno, el cual estaba analizando la apariencia de aquel joven, el cual solo asintió con la cabeza.
Un chico castaño, piel blanca y ojos verdes oscuros, con la apariencia de un chico d años de edad, el cual estaba vestido con una típica ropa del Japón de antaño, una "Usanza" del periodo Edo de color gris azulado y en la parte de sus hombros, una costura de fondo verde con círculos amarillos.
- ¿Ese no es el niño que estaba en el cuerpo de un pájaro? – pregunto el rubio, mirando en dirección al Shinigami pelinaranja, el cual se había acercado al lugar en donde se encontraba tendido aquel otro Shinigami.
- Si… creo que ese era su nombre…
- Es demasiada casualidad que nos encontremos con el… con lo grande que pude llegar a ser la Sociedad De Almas…
- Estoy de acuerdo – dijeron el rubio y el pelinaranja al mismo tiempo, afirmando las palabras del Quincy, ya que era realmente conveniente ver a ese chico de nuevo, el cual les estaba ofreciendo asilo en el lugar en el cual residía actualmente.
- Realmente conveniente.
Fue el pensamiento simultaneo que paso por las mentes de aquellos tres, los cuales solo se acercaron al chico para guiarlos hasta donde pasarían la noche en ese momento, claramente, primero dejaron en perfectas condiciones al Shinigami colosal antes de partir con aquel chico.
Luego de unas cuantas palabras de agradecimiento por parte de aquel Shinigami, se encaminaron hasta llegar a una casa, que era lo suficientemente grade para que todos pudiesen dormir en aquel lugar.
- Vaya… y pensar que estas personas nos ven como sus aliados por salvarle la vida a aquel Shinigami de aquel capitán… - pensaba el rubio, el cual solo empezó a oír murmullos casi imperceptibles para cualquiera sobre la actuación que hicieron hace poco, ganándose un poco de fama por aquel lugar - ¿Cómo es que todavía no se ha dado cuenta de la ausencia de Yoruichi-san?
El rubio en ningún momento vio a sus amigos preguntarse por la falta de la mujer gata, la cual no se sabía en donde estaba actualmente.
Varias horas más tarde, ya estaba empezando a anochecer en el Rukongai, y todos sus compañeros estaban dispersos caminando por el lugar, tratando de familiarizarse un poco con lo aquel lugar… bueno, no todos.
El azabache solo estaba en el techo de una de las casas, mirando en dirección al Seireitei, seguramente pensado en alguna forma de poder entrar.
El moreno había salido a pasear con el chico que les había proporcionado asilo temporal en el lugar.
La mujer pelinaranja estaba hablando animadamente con demás personas de Rukongai, tal vez buscando algo sobre su fallecido hermano mayor.
El Shinigami pelinaranja solo paseaba por el lugar sin ninguna dirección aparente.
El rubio, el cual solo estaba apoyado en una de las columnas que estaban por fuera de la casa, mirando a cada uno de sus compañeros a lo lejos, como también ver aquella muralla por la cual había tratado de pasar hace poco…
- No puedo dejar de pensar que algo raro está sucediendo… no… desde que se llevaron a Rukia-san, tenía la sensación de que algo estaba mal… y cada segundo que estoy aquí parado, pensando en todo esto… solo siento que estoy en lo correcto…
- Nosotros también podemos sentirlo, mi señor…
El rubio no se había inmutado por la repentina respuesta de aquella voz profunda la cual él solamente podía escuchar.
- ¿Conspiración?
- Es una posibilidad, pero no podemos estancarnos solo en eso… podría ser algo mucho mayor que eso… - la voz distorsionada respondió la duda que tenía el rubio de una forma muy clara y precisa, a lo cual este asintió en su mente estando de acuerdo en eso.
- Creo que será mejor que prestes atención a lo que está a punto de pasar…
Decía la voz profunda, haciendo que el rubio volviese a la realidad, mirando como su amigo Shinigami pelinaranja estaba siendo aplastado por lo que parecía ser un jabalí… un jabalí gigante.
- ¡Bonnie-chan!
Se escuchaba a un hombre, el cual estaba corriendo en dirección a donde se encontraba aquel jabalí aplastando al pelinaranja.
Todos los presentes, tanto Ryokas como almas, estaban viendo a aquel grupo formado por hombres montando jabalíes de diferentes colores, algunas de las lamas del lugar reconociendo al grupo en un instante.
- ¡¿Oye?! Vigila mejor a esa mascota tuya antes de que lastime a más personas…
Decía el pelinaranja, levantándose del suelo lentamente, limpiándose un poco de suciedad que había en sus ropas.
- Si, lo… Un segundo, ¿Le dijiste a Bonnie-chan "Mascota esa"? - aquel hombre pelinegro vio en dirección al pelinaranja, para luego sorprenderse por las ropas que tenía puestas, identificándolo erróneamente - ¡¿Qué demonios hace un Shinigami como tú en este lugar?!
Al parecer, la presencia del pelinaranja "Shinigami" era algo que no le gustaba a aquel hombre, el cual se había colocado en posición de pelea, listo para empezar un pequeño encuentro.
- ¿Qué debería hacer?...
Se preguntó perezosamente el rubio, mirando con aburrimiento la escena que se estaba formando en el lugar… aunque, pensando mejor las cosas, el rubio decidió colocarse en medio de ambos para interferir, haciendo que el pelinaranja se calmase un poco, lo contrario a lo que paso con el otro hombre.
- Oye, relájate un poco ¿Quieres? No queremos tener más problemas por ahora, pero…
- ¡A mí nadie me dice que me relaje! ¡Al mismísimo autoproclamado…!
El hombre no pudo terminar de hacer su monologo debido a que uno de sus subordinados que estaba detrás de él le estaba dando unos codazos llamándole la atención, mientras este señalaba con un dedo al reloj que tenía otro de los subordinados de este.
- ¡Maldición! ¡No hay que perder más tiempo con estos inútiles, o sino…
Aquel pelinegro no pudo terminar de hablar, debido a que este mismo fue interrumpido por el rubio, el cual los estaba viendo con una mirada completamente seria y sin la capucha puesta.
- ¿Sabías que no he terminado de hablar? – el rubio pateo en la cara al sujeto que sostenía aquel reloj, mandándolo con aquellos otros tres que cayeron estrepitosamente en el suelo por la fuerza de aquel movimiento del rubio, dejando sorprendidos a muchos de los habitantes del Rukongai como a sus compañeros por la inesperada acción tomada.
- ¡¿Qué demonios tratas de hacer?!
- La razón por la que intervine no fue para calmarlos a ustedes dos… - decía el rubio mientras señalo al pelinaranja que tenía atrás con su pulgar – solo fue porque tenía que preguntarte algo…
- ¡¿A caso crees que te respondería?! ¡Cómo se nota que solo eres un idiota! – aquel pelinegro se había empezado a reír sin explicación alguna, ganando más carcajadas divertidas de los subordinados de este – ¡De verdad solo sabes decir payasadas!
- Oh, con que solo digo payasadas… - el rubio camino lentamente hasta quedar en frente de aquel pelinegro, haciendo que este parase de reír para ver al joven con una sonrisa arrogante en su rostro – Entonces… cuando termina de patearte el trasero a ti y al resto de idiotas que te siguen… me dirás todo lo que quiero saber…
El rubio solo dio una sonrisa ladeada, esperando a que estos hombres no lo hayan tomado en serio… después de todo, eso era parte de su plan.
Aquellas personas solo empezaron a reírse brutalmente, pero sus carcajadas se detuvieron cuando vieron como el rubio incapacito rápidamente a tres de aquellos subordinados, para luego con su mano izquierda darle un golpe rápido en la boca del estómago del otro, dejándolo inconsciente junto con los demás para luego dejar a cada uno en su respectivo jabalí con el que habían llegado al lugar.
- Son demasiado ruidosos… - hablo el rubio, colocándose nuevamente en el lugar en donde se encontraba anteriormente, dejando ver lo impactado que se veía aquel sujeto pelinegro, el cual cambio su expresión a una de furia completamente.
El rubio solo miro hacia atrás, viendo como el pelinaranja lo veía con una extraña expresión en s rostro, solo para que este sonriese en su dirección y con una mirada de "Yo me encargo" volver a mirar en dirección a aquel sujeto nuevamente con su expresión seria.
Ahora viendo mejor a aquel sujeto, con el cabello color negro hasta llegar casi a los hombros, además de tener unas cejas y pestañas bastante gruesas, como también se destacaba su gran barbilla. Como todo habitante del Rukongai, aquella Usanza con un chaleco verde encima de esta, un pañuelo blanco en su cabeza y una faja roja.
- Bien… parece que no tengo otra alternativa…
- Sí, la tienes, y es que me digas lo que quiero sabes y te vayas de aquí sin ser brutalmente apaleado por mí.
- Ya lo veremos…
Aquel hombre no pudo evitar enfadarse por la forma en la que hablaba aquel rubio de él, como si no lo estuviese tomando en serio, para luego sacar una Zanpaku-tō que estaba atada en su cintura, una espada que asemeja a un Dao, y empezar a embestir hacia el joven.
Luego de estar a pocos centímetros del rubio, el pelinegro dio un tajo diagonal hacia el joven… para luego ver que no había nadie delante de él, sintiendo como había un peso en su espalda, notando como ahora estaba de rodillas en el suelo, siendo utilizado como una especie de asiento para el rubio.
- Te daré una última oportunidad para terminar esto de la forma pacífica…
- Tu… Maldito insolente… ¡Como te atreves a hacerle esto al mismísimo Shiba Ganju! – decía el eufórico hombre, el cual no podía creer no haber visto moverse a aquel rubio, el cual solo se sorprendió de escuchar las palabras de aquel hombre.
- Esto puede ser lo que haga este día un poco mejor…
El rubio se alejó de hombre cuando sintió que este iba a levantarse para nuevamente ir en dirección al rubio… notando que se encontraba cara a cara con este, para luego el pelinegro ser sacado a volar brutalmente por el joven, rebotando unas cuantas veces en el suelo hasta quedar completamente estampado.
El rubio solo camino lentamente hasta donde estaba enterrado el pelinegro, notando que ya no podría pelear más.
- ¿Ahora puedes responder mis preguntas, Shiba Ganju?
Dijo el rubio colocándose de cuclillas en el suelo, mirando directamente al pelinegro que a duras penas se mantenía consiente.
- Tu…
- ¿Eres familiar de Shiba Kūkaku?
El pelinegro se sorprendió al escuchar aquel nombre, el nombre de su hermana mayor, la cual seguramente estaría más que furiosa una vez que regresase… después de todo, ya se había tardado mucho más tiempo de lo que se estimaba para volver a tiempo.
- Tu cara solo me dice que estoy en lo correcto. Ahora, ¿Me puedes decir en donde se encuentra?
- ¿Y quién demonios te crees que eres para decirte en donde esta?
- Bueno… Yo solo soy un simple humano que busca entrar en el Seireitei, y para eso, es necesario de su ayuda.
- Espera… ¿Ustedes no son almas del…?
- ¿Qué esta sucediendo aquí?
Detrás de ambos hombres había sonado la voz grave de lo que parecía ser una persona… como dije, parecía.
- Ya me estaba preguntando en donde te encontrabas… Yoruichi-san…
- ¡¿Qué?! ¡¿Shihōin Yoruichi?!
El hombre de repente se levantó de aquel lugar, claramente adolorido y hecho un revuelo a causa del rubio, pero eso no le impidió verificar si estaba hablando de esa persona… para luego estar completamente segura de que se trataba de la persona que aquel hombre tenía pensado.
- Vaya… tú debes ser el hermano menor de Kūkaku… Ganju, si no mal recuerdo…
- ¡No sabíamos que estarías de nuevo en la Sociedad De Almas tan pronto! ¡Lo sentimos mucho!
Detrás del pelinegro, se encontraban los secuaces de este, quienes de alguna forma habían despertado de su corta inconsciencia, para colocarse de rodillas en frente de aquel gato, el cual solo bufo para que dejasen de hacer aquellas cosas.
- Como sea… ahora que los encontré, necesito que me lleven a donde se encuentra Kūkaku actualmente…
- ¡Hai, Yoruichi-sama!
Dijeron todos aquellos hombres, quienes de un silbido se montaron cada quien en su respectivo jabalí para guiarlos a donde se encontraba el paradero de aquella persona que estaban buscando.
- Entonces… ¿Debo suponer que esa es la razón de que desapareciste en el momento en que atravesamos la puerta del Seireitei? – preguntaba el joven rubio, mirando atentamente a la mujer en su forma gatuna, la cual no hizo ningún gesto aparente en confirmación o negación.
- No exactamente… solo fui a ver unas cosas que tenía que hacer… bueno, una de ellas era buscar a Kūkaku… ¿Fue Kisuke quien te informo?
- ¿No es evidente? – el rubio solo ladeo su cabeza a un lado… realmente, era completamente evidente que fue el sombrerero quien le informo de aquello.
- Si, lo es.
- Por cierto, ¿Viste lo que nos pasó en la entrada?
- No del todo, solo hasta que Ichigo derroto a Jidanbō. Luego de eso me fui del lugar… pero ya estoy informada de casi todo lo que pasó ahí.
- ¿Casi?
- La razón por la que volví… Escuchar todo lo que les sucedió.
- Se supone que tú eres quien vino con nosotros como guía…
- Así es, como guía, no como guardaespaldas…
- Oh… cierto, también se me ha informado del exilio…
El rubio sabia la razón por la cual la mujer no hizo acto de presencia… o bueno, pensaba que esa era la respuesta, después de todo, vio como el rostro de la mujer se contorsiono de una forma poco normal al escuchar el anuncio del joven, el cual dejo aquella oración como sus últimas palabras antes de ir con el resto de compañeros, los cuales se iban acercando rápidamente.
- Maldita sea, Kisuke… ¿Qué es lo que estas tramando?
- Por cierto, en la entrada apareció casualmente un capitán de cabello plateado con ojos azules que supondré que siempre están casi cerrados y una sonrisa burlona, el cual dijo que no me esperaba ver, colocándose completamente serio… pero luego de que respondí, se corrigió diciendo que se confundió de persona y volvió a su actitud supuestamente normal.
Esas sí habían sido las últimas palabras del rubio dirigidas a la mujer, la cual parecía haberse quedado congelada por un momento procesando la información adquirida.
- ¿No crees que te pasaste un poco? – pregunto el Shinigami pelinaranja, viendo el estado en el cual el rubio dejo rápidamente a aquel sujeto rápidamente.
- Nah… estará bien. No es como si le hubiese dejado alguna fractura o haberle roto algún hueso… además, ¿No hubieras hecho lo mismo que yo, Ichigo?
- ¡¿Por qué dices que haría algo como eso?!
- Porque estabas a punto de hacerlo si no fuese por la intromisión de Daisuke-san en tu pleito… - decía el azabache Quincy, el cual solo acomodo sus lentes con un dedo.
- Tiene razón.
- Concuerdo.
Dijeron e moreno y la mujer pelinaranja respectivamente, ambos asintiendo con la cabeza simultáneamente ganándose una mirada estupefacta de la persona de quien se estaba hablando.
- ¿Y por qué se ponen de su lado?
- Ya dejes de hablar por ahora. Tenemos que ir rápido al lugar en donde se encuentra Kūkaku para que nos ayude a entrar en el Seireitei.
La mujer gato corto abruptamente la conversación del grupo el cual solo se quedó pensativo al escuchar aquel nombre, cosa que notaron el rubio y la mujer a cargo.
- Yo se los explicare en el camino…
El rubio comenzó a caminar detrás de la gata, quien tenía en frente a aquel grupo que se había topado con ellos anteriormente a modo de escolta personal, para que luego el resto de jóvenes comenzase a seguirles instantáneamente.
Unos minutos más tarde…
- Es mucha casualidad encontrar a un pariente de ese tal Kūkaku… realmente, tuvimos mucha suerte…
Decía el azabache, el cual escuchaba atentamente la explicación del rubio junto con sus otros compañeros, los cuales también habían entendido cada palabra dicha por el joven rubio.
- ¿Cómo es que Urahara-san te contó todo eso? – decía el intrigado pelinaranja Shinigami, el cual solo estaba expectante con gran curiosidad por la respuesta que obtendría.
- Simple, solo le pregunte.
El pelinaranja ni siquiera se sorprendió al escuchar la respuesta, no es como si no fuese la primera vez que ocurría algo como esto, por lo cual, solo pudo dar una mirada cansada al rubio, el cual solo sonrió al ver la reacción que obtuve de este.
- ¿Por qué no me sorprende? – en vez de ser el joven Shinigami, hablo el Quincy, el cual solo expresó la misma reacción que todos los jóvenes obtuvieron al escuchar dicha respuesta.
- ¿Cuánto falta para llegar?
Esta vez fue la mujer pelinaranja, la cual se le notaba el cansancio aparente, justamente dando un corto bostezo al decir la pregunta.
- No creo que haga falta responder – dijo el moreno, el cual estaba viendo a la distancia una casa que no se podía apreciar perfectamente por el denso bosque que estaban atravesando.
- ¿Estás seguro de que…?
El pelinaranja interrumpió él mismo su propia pregunta, ya viendo perfectamente el lugar a donde se estaban acercando… encontrándose con una casa lo aparentemente norma… si no fuese por esos dos grandes brazos de piedra que servían de columnas para sostener una pancarta en la cual decía que estaban en el lugar correcto…
- ¡Se ve genial! – decía la mujer pelinaranja, la cual le sobresalían estrellas en sus ojos por la supuesta genialidad que tenía dicha entrada.
Al azabache y al moreno solo les salieron dos enormes gotas de sudor en sus nucas por la extravagante entrada de aquel lugar.
El pelinaranja solo coloco la misma cara de palo al obtener la primera impresión de aquella casa.
Por último, el rubio, el cual no demostró ninguna reacción aparente en su rostro, dejándolo completamente en blanco.
- Temí que algo como esto pudiera pasar… - dijo el rubio con completo aburrimiento en su tono dando un corto suspiro, mirando como sus demás compañeros solo asentían en sincronía, a excepción de la mujer, la cual todavía seguía viendo aquel lugar con mucha ilusión.
- ¡Ya hemos llegado! – anunciaba uno de los súbditos de aquel hombre pelinegro, el cual solo estaba cada vez más nervioso acercándose a aquel lugar, notando como muchas gotas pesadas de sudor caían rápidamente de su rostro.
- Pero… no ha tiempo…. – temeroso, como se esperaba, decía aquel pelinegro, el cual se acercaba a paso lento para llegar hasta la puerta de aquella casa y abrirla, dejando ver unas escaleras que descendían hasta cierto punto, ganando la atención de los Ryokas.
Luego de seguir al hombre pelinegro, llegaron hasta el final de aquella escalera, notando que no estaban tan abajo del todo, para luego abrir una puerta que se encontraba cerca del lugar, para luego mirar como dentro de aquella habitación se encontraba sentada una mujer.
Esta mujer tenía el cabello negro y largo, con un montón de vendas que lo envolvían y ojos de color azul claro. Llevaba puesto una especie de vestido extraño… ni siquiera se sabía cómo describirlo, ya que tenía apariencia de franelilla, o tal vez una blusa que tapaba lo mejor posible sus enormes pechos… pero bueno, aquella prenda era de color rojo con los bordes de color blanco y un extraño Kanji escrito en tinta negra en la parte trasera de esta, además de tener una falda medianamente corta de color blanco que estaba atada con una correa de color marrón. También destacaban que sus tobillos y hombro derecho estaban también envueltos en cintas blancas, pero, las de su brazo también tenían encima una correa que enganchaba su prótesis de madera a su cuerpo, y en su hombro derecho tenía un extraño tatuaje de otro Kanji, pero este solo era el que representaba el primer Kanji de su nombre, quitando toda duda de que esa mujer era la persona que estaban buscando.
- Llegas diez minutos tarde…
Decía la mujer con voz severa, tomando una bocanada de humo de aquella larga pipa que sostenía con su mano izquierda, a lo cual el hombre pelinegro y sus subordinados entraron rápidamente en la sala para inclinarse ante la mujer pelinegra.
- ¡Lo sentimos mucho! ¡Pero en el camino nos encontramos con un grupo de personas que…
- Deja que yo hable por ti, Ganju…
Interrumpió aquella voz gruesa que tenía la mujer gato, llamando la atención de la otra mujer que estaba en aquella habitación, mirando con un poco de sorpresa a la persona de quien provenía la voz.
- Vaya, ¡Pero si no es nada más ni nada menos que Yoruichi! ¡Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que te vi! – decía la mujer con un poco de felicidad en su tono al ver a una antigua amiga después de tanto tiempo.
- También me alegro de verte, Kūkaku. Aunque me hubiera gustado que fuese en las mejores condiciones…
- ¿Pasó algo?
- Algo muy malo… tenemos que rescatar a un Shinigami que será ejecutado dentro de poco, pero para ello, necesitamos entrar en el Seireitei…
La mujer se sorprendió al escuchar la causa de la repentina aparición de la mujer en el lugar, como también el hecho de que no venía sola, cosa que era muy rara en ella, sabiendo de su situación actual.
- Ya veo… si ese es el caso, no tengo ningún problema en ayudarlos…
Más alejado de la conversación de las mujeres, se encontraba el grupo conformado por los jóvenes Ryokas, los cuales veían y escuchaban atentamente lo que sucedía allí, esperando a ver cal seria el plan para colarse en el Seireitei.
- Debo suponer que todos ellos vienen contigo… - estaba diciendo la mujer, pero de repente, se quedó quieta, mirando fijamente al joven pelinaranja - ¿Por qué me recuerda tanto a Kaien?
- En efecto, ellos son la razón por la que estoy aquí.
La pelinegra volvió a la realidad gracias a la respuesta de la mujer gata, la cual se percató de la mirada curiosa de esta hacia el pelinaranja Shinigami.
- Espera un segundo… Ustedes no son almas…
- Sera mejor que te lo diga en otro momento, Kūkaku. El tiempo no es algo que nos sobre ahora…
La mujer pelinegra se quedó pensativa nuevamente, mirando analíticamente a cada integrante de aquel equipo que entraría al Seireitei… Ya dejando de lado al pelinaranja con poderes de Shinigami… por ahora, se dedicó a ver al resto, quedándose impresionada de ver también a nada menos que un Quincy en el grupo, debido a que su vestimenta lo delataba, como también la experiencia que tenía la pelinegra. Luego de eso, solo mando una mirada rápida a los que faltaban, quienes seria el moreno, la mujer pelinaranja y el rubio, ciertamente les llamo la atención por el simple hecho de no parecer la gran cosa, pero conociendo desde hace tiempo a la mujer antiguamente capitana del segundo escuadrón, sabía que no solo podía subestimarlos por la simple apariencia que tenía cada uno.
- ¡Ganju! Prepárate, tu les enseñaras a utilizar el orbe espiritual para que puedan romper la defensa del Gotei 13, el "Shakonmaku" (Membrana De Protección De Almas).
- Pero…
- ¡Es una orden!
- H-Hai.
- ¡Koganehiko, Shiroganehiko!
Grito aquella mujer, para que de la nada aparecieran dos hombres completamente iguales… de no ser porque uno tenía la cara ancha y el mentón partido mientras que el otro tenía la cara larga y mentón normal, como también sus camisas, la cual la del hombre de cara ancha era blanca y el otro era amarilla. Ambos eran prácticamente calvos de no ser por el sombrero de marinero que tenían puesto, de color rojo con los bordes amarillos y una pequeña cola blanca en la parte superior que se dirigía hacia atrás. Ambas camisas tenían los bordes color verde y un pañuelo blanco encima de los hombros de ambos.
- ¡Hai, Kūkaku-sama!
Dijeron ambos hombres para luego empezar a guiar al grupo de Ryokas hasta lo que vendría siendo la sala de entrenamiento de aquel acogedor lugar.
- Yoruichi.
Llamo la pelinegra, a lo cual la llamada solo se paró en seco, esperando a que el resto de integrantes de su grupo siguiese de largo, aunque sabía que se percatarían de que no les seguiría.
- ¿Pasa algo, Kūkaku?
- Sé que intentaran rescatar a Kuchiki Rukia de su sentencia de muerte por darle los poderes a un humano… pero aun siendo esa la razón, ambas sabemos que sería imposible que se pueda…
- Lo se… pero, esto no es algo que yo misma haya decidido… es Kisuke quien confía en que todo saldrá según lo que él tiene pensado.
- ¿Urahara? ¿Cómo es que mandando a unos mocosos es que podrían salvarla de su condena?
Yoruichi solo se quedó callada por un momento, sabiendo que esta era una pregunta que no podría contestar así sin más… después de todo, ni ella misma entendía cual era ese plan en el que había pensado su amigo.
- Realmente… ni yo misma entiendo en lo que habrá planeado ese loco de remate, pero si dejo que algo como esto sucediera es porque confía en que todo saldrá según como él lo sospecha… ya sabes cómo es él…
- Si… realmente me da mucho más miedo ese imbécil de lo que me pueda dar Kurotsuchi Mayuri…
La pelinegra decía burlonamente, pensando en la vez que conoció al tétrico capitán hacía ya muchos años… tratando de recordar la apariencia que tenía en ese entonces, debido a que dicho capitán tenía una manía sin igual por cambiar de aspecto cada cierto tiempo.
- Ni que lo digas… esos dos son unos dementes en toda palabra…
- Más te vale regresar en una pieza de ahí, todavía me tienes que contar lo que ha pasado en todo este tiempo en tu tiempo con los humanos.
La pelinegra dijo con una sonrisa en su rostro para solo recibir otra sonrisa de parte de la mujer gato, la cual se dirigió hacia el lugar en donde estarían entrenando los adolescentes.
Luego de que ya no hubiese nadie en aquella habitación, la mujer solo decidió seguir fumando el tabaco que le quedaba a aquella pipa que estaba ahí a un lado de ella, pensado en lo que pueda llegar a pasar en aquel intento de rescate.
- ¿Sera que también estas implicado en esto, tío Isshin?
Luego de varios segundos, la mujer en su forma gatuna estaba ya con aquel grupo, viéndolos atentamente como cada uno de ellos estaba utilizando el orbe espiritual, notando que hasta el momento, solo lo habían utilizado tres de los cinco integrantes, notando que la mujer pelinaranja no tenía casi ningún problema utilizando aquel artefacto, el moreno solo le hacía faltaba aplicar poco más de Reiatsu en el orbe, el Quincy , por más raro que pareciera, la esfera que debería estar creando, en realidad era un ovalo… seguramente por la personalidad del joven.
Por otro lado, el pelinaranja Shinigami no podía crear la esfera que tanto tenía que crear… y el rubio todavía seguía mirando de forma muy extraña el artilugio dado.
- ¿Cómo se supone que deba hacer esto? – decía el frustrado pelinaranja, tratando una y otra vez de aplicar su Reiatsu en aquel objeto.
Cierto pelinegro se estaba acercando al lugar para burlarse un poco, tanto del joven Shinigami con del rubio.
- ¿Qué pasa? ¿Es algo difícil para ustedes?
- Cállate… - seguía diciendo el joven pelinaranja con la misma frustración de siempre, para luego de un rato tirarse en el suelo, tratando de pensar en alguna forma de realizar aquello… pero, luego se dio cuenta de su amigo rubio, el cual ni siquiera había pestañeado desde que se le entrego el orbe espiritual.
- ¿Y tú? – ahora, el pelinegro se dirigió a rubio esperando alguna respuesta... solo para ser completamente ignorado por el joven, el cual ni se inmuto si quiera un poco.
- ¡Oye! ¿No ves que te estoy hablando?
Nuevamente, el rubio ni se inmutó.
- Serás imbécil…
El enfadado pelinegro se estaba acercando cada vez más hacia el rubio, hasta que cuando estuvo a punto de estar cara a cara con este, fue detenido por una barrera invisible, chocando de frente con esta y mandándolo al suelo por la falta de equilibrio de aquel pelinegro al ser impactado.
- ¿Qué rayos…?
- Entonces… es así como funciona…
Decía el serio rubio, todavía mirando el orbe que tenía en sus manos, para luego cerrar sus ojos y lanzar el orbe hacia el pelinegro, quien solo lo atrapo torpemente.
- La función de aquel "orbe espiritual" es crear una barrera en forma de esfera alrededor de quien utilice la técnica usando solo un poco de Reiryoku. Aunque sea un gran invento y todo… no creo que sea necesario que una persona que sepa manipular el Reiryoku a un buen nivel…
De repente, alrededor del rubio apareció una esfera que lo cubrió por completo, sorprendiendo a los presentes, sobre todo a los gemelos, a la mujer gata y al pelinegro.
- El orbe solo funciona como catalizador para que una persona que no sepa manejar su Reiryoku lo realice sin ninguna complicación de la forma en la cual se desea… pero eso, no creo que sea lo mejor, debido a que si solo te llegas a desconcentrar por un segundo… puede llegar a destrozar todo este lugar como si de enterrar dinamita en la tierra se tratase…
Estupefacción.
Era lo que sentía cada uno de los integrantes de los Shiba, los cuales no tenían palabra alguna por el razonamiento de aquel rubio al descubrir el propósito del orbe con solo mirarlo…
Ciertamente, mirarlo no fue lo único que hizo en todo ese tiempo, debido a que era más que notorio que lo utilizo en algún momento para poder realizar aquella acción.
Pero, sin desmeritar el acto del rubio, era más que inaudito que un simple humano como él hubiese descubierto sin más la utilidad de aquello, y peor, el hecho de hacer la función del orbe… sin utilizar el orbe.
Por otro lado, el rubio solo se fue acercando a una de las paredes del lugar, para luego recostar su espalda y sentarse en aquel sitio.
- Si eso es todo lo que hay que hacer… me despiertan cuando sea el momento de irnos.
Y sin más, el rubio cerro sus ojos para dar una pequeña siesta, sacando una mirada de confusión de las almas y una gota de sudor por parte de los jóvenes Ryokas, debido a que no era nuevo que el rubio hiciera algo como eso.
- Que predecible…
Fueron las palabras que salieron de la boca del joven Quincy, el cual solo se fue del lugar y tratar de hacer cualquier cosa, después de todo, ya había terminado de hacer lo que tenía que hacer hace ya un tiempo atrás.
Tiempo después, la mujer pelinaranja y el moreno solo fueron guiados hasta el comedor de aquel lugar, debido a que la comida ya estaba a punto de ser servida.
Por otro lado, el pelinaranja Shinigami seguía intentado una y otra vez utilizar aquel orbe… pero no había resultado que fuese bueno, literalmente, no sucedía nada.
- ¡Vamos! ¡Reacciona, maldito aparato!
Seguía y seguía el pelinaranja sin tomar algún descanso… de hecho, el joven rubio lo veía analíticamente al joven Shinigami, sabiendo cual era el error que este tenía, pero decidió no decir ninguna palabra esperando a que su amigo lo dedujese por su propia cuenta…
- Lleva más de media hora… y todavía no ha progresado en nada.
Decía un pelinegro que había entrado en aquella habitación, y no era otro que Ganju, el cual estaba ahí para llamar a los jóvenes para ir a comer.
- Si… ya esperaba que algo como esto sucediese… no es como si Ichigo estuviese acostumbrado a esto… él lo que sabe hacer el pelear, no manipular su Reiryoku a voluntad…
- ¿En serio? Vaya farsa de Shinigami que es ese…
- Es que… en realidad, el también es un humano… que despertó sus poderes no hace mucho.
El hombre pelinegro solo se había paralizado por completo al escuchar lo que acababa de decir el rubio… Ser un humano con poderes de Shinigami…
- La persona que le dio sus poderes a Ichigo… actualmente, fue sentenciada a muerte por dicho acto, esa es la razón por la que vamos a entrar en el Seireitei.
- Vaya… eso no me lo esperaba…
El pelinegro estaba pensativo en su sitio, ahora mirando de una nueva forma al joven pelinaranja que tenía en frente… no por el hecho de no pertenecer al Seireitei, ya que eso era algo que depreciaba el mismo pelinegro, sino de lo comprometido y empeñado que estaba en salvar a esa persona… prueba de ello era el esfuerzo que estaba dando al poder utilizar el orbe.
- Espera un segundo… Si tu también eres un humano… y los demás también… ¿Cómo es que pudieron hacer funcionar el orbe de mi hermana mayor? Y más aún, ¿Cómo es que lograste hacer la esfera sin utilizar el orbe?
- Primero, nosotros estamos acostumbrados a manejar el Reiryoku habitualmente… de hecho, tengo la certeza de que las habilidades de Orihime-san y Chad también son en base al uso del Reiryoku sin la necesidad de tener gran Reiatsu… por parte del Uryū-san, sé que sus técnicas son en base al Reiryoku para crear Reishi. Y por mi parte, tengo un gran control en las artes del Kidō… tanto que se puede considerar que soy un experto.
- ¿Un experto en Kidō? Eso es algo irreal… y más proviniendo de un humano…
- Si tienes a dos grandes maestros que te enseñaron a utilizarlo a la perfección, lo demás sonaría como un mal chiste…
Luego de aquella corta conversación, ambos decidieron callarse para seguir viendo el progreso del pelinaranja… y como era evidente… no pasaba nada notable.
- Creo que debería ayudarle…
- Haz como quieras. Realmente quería ver si Ichigo lo podía entender… pero bueno, ahora me doy cuenta que Ichigo no es muy bueno manipulando su Reiryoku, por lo cual, lo haría malo en Kidō… Si quieres decirle el truco de esto, está bien, yo daré un paseo por el lugar antes de que todo termine en una explosión…
El rubio solo decidió irse del lugar, saliendo de aquella habitación para luego subir las escaleras y llegar hasta la entrada de aquella casa.
Luego de unos segundos, el joven subió hasta el tejado y se recostó ahí, mirando perezosamente el cielo nocturno de aquel lugar…
- Puede que no sea el mundo real… pero siento la misma sensación cada vez que miro el cielo… la luna pareciera ser la misma que la que yo siempre veía todo el tiempo de niño…
Decía para sí mismo el rubio sin despegar la vista de la luna que estaba empezando a ascender en el cielo.
- Puede ser que ambos satélites estén conectados… después de todo, este es el "otro mundo".
Decía un azabache que también se encontraba en aquel lugar, ganando la atención del joven rubio.
- Buen punto, Uryū-san…
- Creo que es momento de que me expliques…
- ¿Explicar que cosa?
- Lo que estas escondiendo, Daisuke-san…
El joven de lentes enfoco su mirada en el rubio, haciendo evidente la seriedad que reflejaba su rostro en ese momento, a lo cual el rubio solo dio un pequeño suspiro… no tenía pensado contarle a su amigo sobre aquello… no era el momento, todavía tenía que ser un secreto.
- Depende a lo que quieras decir con eso.
- ¿Crees que no me he dado cuenta? Se la razón de aquel abrigo… sé que está escondiendo tu Reiatsu… pero no entiendo la razón por la que tengas que esconderlo…
- Créeme… hay una razón muy grande… y se llama "Gotei 13".
- ¿Y qué con eso?
- Si se llega a sentir solo una pizca de mi Reiatsu… es más que posible que nos maten a todos antes de que podamos salvar a Rukia-san…
El azabache cayó por un momento, pensando detenidamente en la respuesta del rubio. mirando su expresión totalmente tranquila, aunque conociéndolo de antemano, esta era su forma de decir que estaba hablando en serio sobre el asunto… aunque eso signifique que este tranquilamente mirando el cielo sin preocupación alguna.
- Si realmente es tan grave como dices que es… mejor no seguiré preguntando más…
- Agradezco tu cooperación, Uryū-san. Cuando termine todo esto… ten por seguro que te explicare todo lo que me ha pasado.
- Bueno… al menos hay una razón para acabar con esto ahora…
El joven Quincy solo dio una media sonrisa, acto que imito el rubio, para que luego ambos cayesen repentinamente en el suelo por el pequeño pero fuerte temblor que movía levemente aquella casa.
- Parece que tenemos que ir con Ichigo ahora.
Dijo el rubio, quien no espero más tiempo para adentrarse en aquella casa, para ver como el pelinaranja por fin había logrado crear la esfera a su alrededor… pero estaba colocando demasiado Reiryoku en la esfera… o era que su Reiatsu es demasiado poderoso… sea cual sea la razón, todo terminaba en un mismo punto…
- ¡Oye, idiota! ¡¿Pretendes explotar todo el lugar?!
Estaba diciendo/gritando el pelinegro Shiba, a lo cual venían llegando las demás personas que se encontraban en aquella casa.
- Oye, mocoso, no llegues perder tu concentración en ningún momento… o si no… - la pelinegra mujer estaba diciendo… pero se calló rápidamente al darse cuenta de su grave error.
- ¿Eh? ¿Me estás hablando? – decía el pelinaranja, el cual dirigió su atención hacia la mujer… pero luego, escucho el sonido de como si de vidrio agrietándose se tratase… para luego mirar como la cúpula que lo cubría se resquebrajaba poco a poco…
- Yo me encargo.
Dijo el rubio, quien se acercó rápidamente hasta donde se encontraba el joven Shinigami, llamando la atención de todos.
- ¡Daisuke! – llamo la mujer felina, pero fue en vano debido a que había sido completamente ignorada por el rubio, el cual ya estaba justo al lado del pelinaranja, para luego tocar con una mano la esfera que se interponía entre él y el pelinaranja.
Solo fue cuestión de milisegundos para que la esfera desapareciera completamente de la vista de todos, dejándolos impactados por lo que acababa de ocurrir.
- Vaya… si no hubiese aprendido a absorber el Reiatsu… quien sabe cuál hubiese sido el alcance de esa explosión… - dijo el rubio despreocupadamente soltando un ligero suspiro un secándose algunas gotas de sudor con su antebrazo izquierdo.
- ¡¿Qué acaba de pasar?! – bramo el pelinegro Shiba, el cual no quitaba su expresión impactada por lo que ocurrió.
- ¿Qué? ¿A caso no escuchaste? Absorbí el Reiatsu de Ichigo…
- ¡Eso ya lo sé! Pero…
- ¿Y entonces por qué preguntas?
- Pues… ¡Solo olvida lo que dije!
Internamente, el rubio no podía evitar parar de reírse ante aquella reacción… algo que, en su momento, muchos de sus compañeros habían imitado en varias ocasiones, como cuando jugo su primer partido de futbol, cuando toco por primera vez en el bar, cuando gano las nacionales de las artes marciales…
- Como sea… la comida ya está hecha… - interrumpió rápidamente la mujer Shiba, la cual dejo de lado la impresión para otro momento, después de todo, cierta mujer le debía una larga... pero que muy larga explicación – luego de eso, les enseñare como lograran burlar la defensa del Seireitei…
WWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWWW
- Ichimaru-Taichō.
Llamo la voz rasposa y desgastada del viejo hombre que acariciaba lentamente con su mano derecha aquella larga barba con una cinta negra que la ataba.
Sin decir ni una sola palabra, el llamado Ichimaru se colocó en frente de aquel hombre, el peliplata solo tenía la misma expresión que le había dado a los jóvenes humanos cuando llegaron a la puerta oeste, siendo completamente observado por las demás personas que se encontraban en el lugar.
Formando dos columnas a cada lado, se encontraban en total once personas, en total de los presentes serian doce actualmente, contado al hombre mayor, al peliplata y el teniente del hombre de larga barba.
Empezando desde la columna que estaba a la derecha del capitán comandante, se encontraba una mujer de baja estatura y de complexión menuda y fibrosa. Tiene los ojos color gris oscuro y el pelo negro con cierto tono azulado, y corto, a excepción de los dos mechones trenzados a la altura de su espalda, que estaban envueltos en tela y con una anilla dorada atada al final de cada uno de ellos. Por encima del uniforme de Shinigami que viste, luce el Haori blanco sin mangas y en su cintura había un cinturón de color amarillo anudado por encima del Haori, así como unos zapatos chinos tradicionales. Al contrario de todos los Shinigamis, lleva su Zanpaku-tō de forma horizontal en la espalda. Esta mujer llevaba por nombre Suì-Fēng, capitana del segundo escuadrón y comandante de las fuerzas especiales.
A su lado derecho, estaba otra mujer, de placida belleza y aspecto maternal, con ojos azules oscuros y un largo pelo negro, que lleva peinado en una larga trenza cayendo por su pecho en lugar de su espalda. Viste el típico uniforme de Shinigamis, además del Haori de color blanco de manga larga. Su Zanpaku-tō estaba colgada de su hombro mediante un cordel. Esta mujer es la capitana del cuarto escuadrón y su nombre es Unohana Retsu.
Al lado de la mujer se encontraba el capitán del sexto escuadrón, Kuchiki Byakuya, quien estaba vestido de la misma forma que siempre viste el capitán, solo que su semblante no era el típico estoico que mostraba, sino una completamente serio.
Al lado del pelinegro, estaba otro hombre, uno de figura musculosa, pero no sobrepasando los estándares normales, y de apariencia de un hombre maduro establecido y extravagante. Viste con un sombrero tradicional de campesino y un kimono rosado floreado encima de su uniforme de capitán, o sea el Haori, que en su caso tenia mangas. Tiene el cabello recogido en una coleta floja celeste con dos pequeñas flores rojas a la altura de la nuca y su cabello es de color castaño oscuro, ojos negros y entrecerrados. También lleva una barba corta en su pronunciada barbilla. En la parte izquierda de su cintura, llevaba atada no una, sino dos Zanpaku-tō entrelazándose entre sí. Este hombre es el capitán del octavo escuadrón, Kyōraku Shunsui.
Y para terminar aquella columna, se encontraba un hombre con apariencia de adolescente de entre doce y catorce años… podría ser confundido fácilmente por un estudiante de primaria si estuviese en el mundo humano… pero dejando de lado aquello, es de estatura baja y tiene el cabello blanco en pintas hacia atrás con un pequeño fleco al lado izquierdo, además de unos ojos grandes y de color turquesa. Lleva su Haori de capitán sin mangas. Usa una banda de tela verde para sujetar su Zanpaku-tō en la espalda, la cual está ligada a ella en cada extremo. Este joven Shinigami es el capitán del décimo escuadrón, Hitsugaya Tōshirō.
Pasando a la otra columna que se encontraba a la izquierda del capitán comandante, esta empezaba con el hombre peliplata, quien es el capitán del tercer escuadrón, Ichimaru Gin, el cual estaba en frente del hombre mayor.
Por lo cual, la primera persona que estaba en la columna, es un hombre de alta estatura, de cabello y ojos castaños, y llevaba puesto unas gafas negras y un peinado con raya en el sector derecho de su cabeza confiriéndole un aspecto amable. Llevaba puesto el Haori de capitán encima de su vestimenta estándar de Shinigami... tan parecido a un Shinigami normal es este hombre, que también lleva su Zanpaku-tō en su cintura como cualquier Shinigami. Este hombre, es el capitán del quinto escuadrón, y su nombre es Aizen Sōsuke.
Al lado de este hombre, se encontraba una persona… la cual no se podía identificar exactamente, ya que inusualmente llevaba puesto un casco, brazaletes y unos guantes, todo esto combinaba entre sí. La altura de esta persona… era mucho más grande que la gente normal… tal vez llegando a medir más de dos metros… o incluso tres. Encima de su uniforme estándar de Shinigami, llevaba puesto su Haori, el cual tenía hombreras en la parte superior de cada hombro, además de tener puesto grandes botas plateadas en vez de las zapatillas ordinarias. Esta persona es el capitán del séptimo escuadrón, Komamura Sajin.
A su lado, estaba un hombre de tez morena y cabello de color morado atado en una cola de caballo. Viste con el traje estándar de Shinigami con las mangas enrolladas hasta los hombros y su Haori de capitán encima de este. Posee un pañuelo color naranja en su cuello, unas botas blancas y guantes sin dedos. Sus ojos están cubiertos por unas gafas claras. Este hombre es el capitán del noveno escuadrón, Tōsen Kaname.
Y, por último, se encontraba otro hombre de aspecto… peculiar. Destacando entre los demás Shinigamis por su altura y constitución física, haciéndolo un hombre imponente, a lo que hay que sumar su sádico y amenazante rostro que está surcado por una cicatriz vertical desde la frente al cuello. Además de eso, luce un extraño peinado el cual esta erizado en puntas y con cascabeles atados en cata mechón. El Haori de capitán que luce esta recortado abruptamente por los hombros y la parte de abajo, además de esto, utiliza el Shihakushō estándar sin ninguna otra modificación más que unas vendas en el tórax. También destaca su parche en el ojo derecho. Este hombre, es el capitán del onceavo escuadrón, Zaraki Kenpachi.
Todos los presentes tenían su vista enfocada en el llamado capitán, quien no se veía afectado en ningún momento por la mirada inquisitiva de los demás capitanes.
- ¿Sucede algo, Sōtaichō? – dijo tranquilamente sin ninguna pizca de nerviosismo el capitán peliplata, quien no había cambiado su expresión en ningún momento.
- Tengo informado que te topaste con un grupo de Ryokas en la entrada oeste…
El capitán comandante solo miraba fijamente a aquel capitán, su voz rasposa y llena de autoridad no hizo ni el menor efecto que este esperaba… por el contrario, solo se vio como este asintió con la cabeza… para extender un poco más aquella sonrisa.
- Así es. Es por eso que tenía planeado llamarlos a una reunión…
La intriga se había apoderado de cada capitán presente, quienes no se esperaban una respuesta como la de aquel hombre… hasta cierto castaño de lentes dejo su expresión serena para colocar un pequeño ápice de curiosidad en su expresión.
- De hecho, me tome la molestia de citar a los dos capitanes faltantes… aunque no esperaba que Ukitake-Taichō aceptase por su salud… pero en cambio con Kurotsuchi-Taichō…
- Espero que esta reunión no sea una pérdida de tiempo… Ichimaru…
Desde la puerta del salón de reuniones de los capitanes, hizo acto de presencia un hombre con una apariencia… muy extraña, pareciendo algo así como un esqueleto. Sus unas pintadas de color azul, a excepción de la uña del dedo medio de su mano derecha, la cual es tan larga como el dedo medio. No se sabría decir cuál era su color de cabello, ya que tenía una especie de sombrero blanco con dos extremos apuntando a la derecha y un gran pañuelo morado colgando del cuello. Su cara parecía pitada con tinte negro, como si de maquillaje se tratase, dejando ver claramente sus ojos y dientes amarillos, dándole una sensación escalofriante. El resto de su tez es blanca completamente, lleva puesto el típico Shihakushō y su respectivo Haori denotando su rango como capitán. Su Zanpaku-tō… por extraño que pareciera, estaba atada en su entrepierna... El nombre de esta persona… Kurotsuchi Mayuri, capitán del doceavo escuadrón y segundo presidente del departamento de Investigación y Desarrollo.
- Descuide, Kurotsuchi-Taichō… estoy seguro que no será en vano…
- Lo siento… ¿Llego tarde?
La interrupción hacia el peliplata fue producto de la aparición repentina del ultimo capitán faltante, el cual estaba rascándose la nuca dando una sonrisa avergonzada.
- Ukitake… Llegas en buen momento – fueron las palabras del capitán del sexto escuadrón, el cual sonrió perezosamente al ver a su amigo en el lugar.
Aquel hombre, alto, de complexión física poco fornida, tez blanca, cabello blanco y suelto, ojos de color café y de aspecto algo demacrado… haciendo notorio su estado de salud. Llevaba puesto el tradicional traje de Shinigami y Shihakushō estándar sin ninguna modificación aparente, hasta su Zanpaku-tō estaba atada en el sitio en donde usualmente se ataba, parte izquierda de la cintura. Este hombre, es el capitán del decimotercer escuadrón del Gotei 13… Ukitake Jūshirō.
Ambos capitanes recién llegados se situaron en sus sitios correspondientes, capitán "extravagante" al lado del pequeño capitán, y el peliblanco capitán al lado del de apariencia sádica.
- Bien, ahora que todos estamos aquí… puedo informar lo que paso exactamente cuando me encontré con aquel grupo de jóvenes adolescentes… Pero antes de eso…
- "No me hagas perder mi tiempo" fue lo que te dije ¿No? – interrumpió el capitán Kurotsuchi, el cual recordó las palabras que había dicho al principio de su llegada.
- Oh, para nada… esta parte tiene que ver contigo… y mucho, Kurotsuchi-Taichō…
Las palabras del peliplata dejaron confundido no solo al extraño capitán, sino que a todos y cada uno de los presentes.
- Como iba diciendo… Según tengo entendido, hace menos de un mes, el departamento de Investigación y Desarrollo detecto la presencia de un Menos Grande, como también la de un segundo Shinigami en la ciudad de Karakura… además de dos humanos con poderes desconocidos y a otro con poderes de Quincy… pero, esa información lamentablemente está incompleta…
- ¿Estas insinuando que he cometido un error, Ichimaru?
- Técnicamente, no lo trato de disimular… ahora, ese grupo de jóvenes es el mismo que me encontré en la puerta oeste… pero había una persona más acompañándolos… y dejo en claro que el había sido quien derrotó al Menos Grande…
- ¿Estás seguro de que estas en lo correcto, Ichimaru-Taichō? – fue la pregunta hecha por la capitana del cuarto escuadrón, quien en un principio se había quedado tan sorprendida como el resto de capitanes… aunque varios de estos no lo habían demostrado por su posible naturaleza ante situaciones como estas…
- Antes, no me lo hubiese creído ni yo… pero cuando ese sujeto logro parar mi Zanpaku-tō… es cuando me di cuenta que no era mentira…
Ahora sí, todos los capitanes tenían caras de total sorpresa en sus expresiones, aunque los que no hacían gesto alguno con su cara, sus cuerpos los denotaban claramente que estaban sorprendidos.
- ¿Logro detener un ataque? – repitió perplejo el capitán del décimo escuadrón, el más bajo y más joven de todos ellos… ya conocía de antemano a aquel peliplata… aunque claro estaba que no se llevaban tan bien… pero conocía mucha de la fuerza que este tenía, y que un humano venga y logre detener uno de sus ataques…
- Así es, y para ello utilizo el Bakudō #81: Dankū.
Y así es como la seriedad de todos los capitanes se fue por el inodoro. Ninguno de ellos podía creer lo que estaban escuchando… bueno, el capitán del onceavo escuadrón no prestaba tanta atención como el resto… pero igualmente seguía intrigado, hasta el mismísimo Mayuri no cabía de la sorpresa que tenía por dejar pasar un gran detalle como aquel… es decir… un Bakudō de tal numero muchos de ellos no lo podían hacer, ya sea porque no dependían del Kidō o no tenían la experiencia ni el Reiatsu o no tenían un buen manejo del Reiryoku…
- También tengo que agregar que por desgracia no pude sentir su Reiatsu en ningún momento…
- ¡¿Cómo?! ¡Si ese fuera el caso…!
- La razón de ello… es porque llevaba puesto un abrigo negro que deberías conocer perfectamente… Kurotsuchi-Taichō…
De repente, todos y cada uno de los capitanes tuvo un repentino pensamiento que paso tan rápido como la velocidad de la luz… recordando a cierto rubio, anteriormente capitán del doceavo escuadrón…
- Aunque les aseguro que no me estoy refiriendo a "esa" persona en específico… aunque el hecho de que también sea un rubio me inquieta un poco…
Yamamoto y Byakuya sabían perfectamente de quien se trataba… pero por motivos que el capitán del sexto escuadrón desconocía, se mantuvo este pequeño hecho en la oscuridad de los demás capitanes.
- Así que están aliados con ese hombre… - a Mayuri seguramente le daba ciertas sensaciones desconocidas para muchos el hecho de pronunciar el nombre de aquella persona a la que tenía como meta superar…
- Eso es lo más probable… y si ese es el caso, es aún más probable que pronto se arme un desastre en el Seireitei…
No era necesario pensar demasiado a las palabras del peliplata, ya que, si se unen las conexiones… el excapitán rubio tiene como aliada a la anterior capitana del segundo escuadrón… y por ese mismo hecho, también tendría como aliada a cierta mujer experta en fuegos artificiales…
Claramente, cada capitán tenía su propia línea de pensamientos, pero los más veteranos del lugar fueron los que tuvieron aquella epifanía por su larga experiencia… los que por lo menos llevaban menos de cien o noventa años de jerarquía no tenían aquella revelación… aunque claro está que había algunas otras excepciones.
No tardaron ni dos segundos para que aquella suposición se confirmase por si sola… ya que en todo el Seireitei comenzó a sonar la alarma de emergencia, la cual decía se había detectado la presencia de las personas de las que les hablo el peliplata…
En el cielo se pudo ver perfectamente como un destello de luz atravesaba la barrera del Seireitei, para que luego esta se dividiese en cuatro partes, saliendo volando cada una en dirección diferente.
- Entonces… así son las cosas… - decía el capitán del quinto escuadrón en voz baja, quien no dejaba de ver los proyectiles de luz en lo que se habían dividido el primer proyectil…
- ¡Escuchen! – llamo el capitán comandante, dando un golpe al suelo con su bastón para recibir rápidamente la atención de los capitanes – La amenaza identificada como Ryokas… debe ser capturada con vida para luego la central 46 decidir su futuro por su intromisión en el Seireitei – con su voz de mando, sentencio lo que se haría con los identificados Ryokas – Ichimaru-Taichō… tus actos serán juzgados al terminar con la amenaza principal, ¡Pueden Retirarse!
Tras escuchar la orden del capitán comandante, cada uno de los presentes asintió para luego retirase de forma ordenada de aquel lugar.
- No creas que esto ha terminado… Ichimaru-Taichō…
Mientras se retiraban, el capitán del quinto escuadrón dijo abiertamente cuando se colocó justo a un lado del peliplata, el cual todavía no se había movido de su lugar. Lo más curioso de esto… era ver la expresión de aquel capitán castaño… una que expresaba seriedad pura… pero sus ojos… llenos de curiosidad pura.
- Lo sé perfectamente… Aizen-Taichō…
Respondió el capitán peliplata… quien se le pudo notar como abrió levemente sus ojos por una décima de segundo… para luego tenerlos entrecerrados como usualmente los tiene, todo esto siendo visto sospechosamente por el bajo capitán peliblanco.
- No sé cómo se nos pudo pasar por alto un hecho como este… Y estoy más que seguro que esto es obra tuya… Urahara… - con aquel ultimo pensamiento en mente, el castaño capitán se retiró del lugar… sus planes podrías tener un contratiempo… pero eso no significaba que se cambiarían en algún aspecto… tendría que investigar mucho más a fondo a aquel sujeto que no debería estar en sus planes…
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Fin Del Capítulo.
