Año 1
Distrito 9
Ada Marston – 14 años.
Hace dos días dejé mi distrito y ahora estoy en el Capitolio. Es la primera vez que salgo de los confines de la alambrada, pero debo aclarar que no salí de ahí por mi propia voluntad. No. Nosotros, los habitantes de los distritos, no tenemos derecho a tomar decisiones de esa envergadura. En realidad, fui seleccionada entre cientos de otras jóvenes en edad de "cosecha" para pagar los "errores" de los rebeldes. No dejo de preguntarme: ¿Cómo puede ser un error aspirar a ser dueños de nuestro propio destino...? ¿Del producto de nuestro trabajo...? El caso es que para los malnacidos que gobiernan Panem, levantar nuestras voces y nuestras armas fue un grave error que debemos pagar con sangre.
Yo era la menor de una pequeña familia de agricultores, nuestra casa no era gran cosa, pero teníamos un pequeño huerto en el jardín trasero y mi madre nos había instruido a mí, a Jacob y a Stephan, mis hermanos mayores, para mantener los cultivos. Los muchachos además se encargaban de canjearlos con los vecinos que tenían similares plantaciones. Así no nos veíamos en la necesidad de trabajar en los campos de producción de cereales para el Capitolio. Éramos, de cierta manera, independientes.
Pero papá siempre pensó que merecíamos más, no nosotros como familia, sino el distrito entero, como comunidad. No podía evitar ponerse en el lugar de los que no tenían posibilidades de evadir el yugo de los esbirros del Capitolio. Cuando conoció a Bruce Smitter y éste le habló de lo que pasaba en los otros distritos y cómo se estaban levantando en contra de la opresión, no lo pensó dos veces y se unió a las filas de los rebeldes.
Poco después empezó la guerra y nosotros no lo volvimos a ver.
Algunas semanas antes de que el Capitolio ganara la que fuera la batalla final, una legión de soldados del Capitolio, armados con lanzallamas arrasaron con todas las casas de mi zona, aquellas de quienes podían subsistir sin las migajas del Capitolio. Mamá y Jacob murieron entre las llamas. Stephan me ayudó a escapar, pero fue interceptado por los soldados y lo ejecutaron ahí mismo, sin juicio, sin motivos, sólo por huir de las llamas... Yo corrí... Me oculté y lloré, hasta que no me quedó nada por dentro, no entiendo porque no morí... Estaba devastada. Siempre fui la niña de la casa, consentida por mis padres, incluso por mis hermanos y ahora estoy totalmente sola. Aparte de mi papá, nadie en mi familia participó activamente en la guerra, mi madre y hermanos murieron inocentes de todo lo que nos acusan. Si fuimos rebeldes fue sólo en ideales. Pero eso no importa, a pesar de ello fui seleccionada para los Juegos del Hambre. "Una sana competencia entre los distritos" según dicen ellos, aunque todos estamos claros de que es un castigo más.
Ellos nos venden la idea de que es la oportunidad para salir de la miseria en la que la guerra, que nosotros propiciamos, nos ha dejados a casi todos... ¿Las reglas? Sencillas, de hecho sólo una: Luchar a muerte entre nosotros hasta que sólo uno quede en pie y a ése lo cubrirán de honor y gloria, de dinero y manjares. Y quizá su distrito reciba algún incentivo también...
De verdad no logro comprender a esta gente de extrañas costumbres y apariencia, desde que llegué aquí me han tratado bien, a pesar de lo que pretenden hacernos, o precisamente por ello. Me han alimentado mejor que en cualquier momento de mi vida, me acicalaron con diversos menjurjes y curaron mis muchas heridas. Después fui exhibida en un desfile en el corazón de la ciudad. Y por último quisieron que desnudara mi alma ante un estúpido entrevistador, que temblaba de miedo por estar rodeado de "rebeldes". ¡Por Dios, si hay tres chicos de doce, seis de trece y cuatro de quince! ¡Unos críos que pocas oportunidades tendremos contra los mayores que son diez! Tres de los cuales (de 18 años) iban a luchar y se les notaba, ellos sí que daban miedo, pero quienes estábamos en peligro ante ellos éramos el resto de los tributos, no ese pusilánime de Víctor Spielberg.
Estoy en la penumbra de los aposentos que me asignaron y el sueño me rehúye... Ha de ser porque en pocas horas estaré en el estadio, donde mi vida dependerá de acabar con 23 inocentes, porque digan lo que digan nuestros gobernantes, nunca asumiré una culpabilidad que sólo a ellos corresponde.
¡Malditos sean ellos, malditos sus juegos y maldita su corroída sociedad!
Jacob, Stephan... Padres míos... Pronto nos encontraremos de nuevo... Pronto seremos libres ¡Por fin!
¡Alpha! ¡Que alegría que hayas pasado por aquí! Muchas gracias por leer mi historia, no pude contenerme de publicar este capítulo hoy, producto de una noche de desvelo que tuve ayer... En efecto, Demian es un antepasado de Séneca, y si dijera en voz alta todo lo que esconde en su alma de seguro sería convertido en Avox. Así que permanecerá tratando de negar la realidad que lo rodea para poder "sobrevivir"
¡Nos leemos pronto!
