Año 4
Distrito 5
Michael Traxler – 15 años.
A cuatro años del fin de la guerra el Capitolio ha logrado minar por completo cualquier atisbo de duda sobre su superioridad y acallar los gritos de libertad de los habitantes de los distritos, en su lugar una honda melancolía recorre la nación entera, sobre todo cuando se acerca la Cosecha.
Los estragos de la lucha se están superando, poco a poco, el Capitolio ha ayudado a reconstruir los distritos, o mejor dicho, aquellas estructuras que ellos necesitan que estén bien, para satisfacer sus propias necesidades. De modo que ya las cosas están más o menos igual a como fueron antes, excepto que ahora tenemos los Juegos del Hambre, y cada año dos familias ven partir a alguno de sus vástagos en un viaje, para la mayoría sin retorno.
Ellos, en el Capitolio, son tan crueles, tan absurdamente crueles... que no merecen el apelativo "gente", son unos monstruos, unos psicópatas. No debo ser muy listo, tal vez por eso no entiendo cómo mandar a veinticuatro muchachos a matarse entre ellos puede resolver algo, pero todavía es más incomprensible que incluso la arena en sí atente contra los tributos, es algo sádico.
Estos juegos representan ahora una diversión nunca antes vista para la gente en el Capitolio. Su venganza, lejos de estar consumada, apenas está siendo diseñada y cada año que pasa se superan: El año pasado, los juegos duraron apenas nueve días, pues la fuerza de los elementos diezmó a los muchachos, cuando algunos de ellos, empeñados en mantenerse con vida, intentaron comerse a sus compañeros muertos, soltaron en la arena a unos mutos humanoides, de casi dos metros cubiertos de pelo blanco, con los ojos inyectados en sangre y grandes y afiladas garras.
Mientras veía esto en la televisión, pensé que no querían que nadie sobreviviera...
Que quizá esos serían los últimos juegos y que no habría un vencedor para recordar, qué inocente, estúpido e ingenuo fui... Los capitolinos apenas le están agarrando el gusto a esto, pero lo poco que han probado les ha dejado con ganas de más...
Creo que el miedo que se apoderó de mí la mañana de la cosecha actuó como un imán que atrajo a mí toda la mala suerte, puesto que junto a Camille Golden, la chica más amable y linda que he conocido, fui seleccionado para los cuartos juegos, y yo nunca soportaría tener que acabar con su vida, jamás soportaría verla morir. En definitiva, lo que me espera es la prueba más grande que jamás podré enfrentar.
Estoy en la arena, sobre el pedestal minado en que debo esperar que corran 60 segundos, para empezar a luchar por mi vida. Frente a mí se extiende una pradera, como jamás he visto, verde, fresca, apacible, pero sé que debe encerrar mil y un horrores. Trato de encontrar su rostro entre los demás tributos y cuando finalmente la encuentro me asusto aún más al ver su cara de puro terror, apenas tiene 13 años.
Estar aquí es demasiado frustrante, pues a pesar de las carencias, de lo difícil que resulta la vida, gente como Camille hace que valga la pena vivirla, quisiera poder vivirla, pero sé que no lograré imponerme a 22 muchachos y protegerla hasta coronarla vencedora, como hicieron el año pasado, no soy ni fuerte ni listo... Sé bien que para mí esto se acaba hoy, que me iré sin conocer muchas cosas, como el sabor de sus labios... que dejaré atrás a mis hermanos, a mis padres, a mis pocos amigos y que el terror de la cosecha seguirá acechándolos aunque yo me haya ido.
Sin querer y de nosedónde la rebeldía se apodera de mí a pocos instantes de que todo empiece – o termine, según la perspectiva – y me convenzo de que no les proporcionaré diversión a estos imbéciles... Sé bien que haré...
Hasta ahora han sido pocos los tributos que se lanzan del pedestal antes de que la cuenta atrás finalice, la mayor parte de ellos en los primeros juegos cuando no oyeron las advertencias del presentador, sé que muchos juzgarán como cobardía lo que pienso hacer, quisiera verlos en mi lugar. Yo creo que hay valentía en la forma en que decido que sólo yo seré artífice de mi propia muerte. El último pensamiento que cruza por mi cabeza, mientras una socarrona sonrisa se forma sin mi autorización en mis labios es: No pienso entretenerlos, señores del Capitolio...
Hola de nuevo, ¿se nota que estoy algo enviciada con esto? Supongo que no. Los terceros juegos del hambre fueron ganados por alguien conocido (**redoble de tambores**): La primera mujer en conseguirlo fue: Maryann Willow, del D7, también la más joven ganadora en la historia de los juegos (hasta ahora). Protegida por dos buenos compañeros no se ensució las manos para ganar. Brick se separó del grupo antes de tener que romper la alianza con sangre, pero murió al intentar ayudar a la chica del D4: Blue, quien huía de los Yetis (mutos)...
Caleb, el chico del D10, fue el finalista que se enfrentó a la pareja del 7. Rick no tuvo reparos al luchar contra él, pese a su imponente humanidad, ellos lucharon ferozmente y Rick fue dirigiendo la lucha hasta un despeñadero, desde donde ambos se cayeron falleciendo casi instantáneamente al estrellarse contra un bloque de hielo. Y así la menuda Maryann fue coronada.
