Año 5

Distrito 2

Mackenzie Sloane – 13 años.


A sus 20 años luce más sexy que nunca y es el amor platónico de muchas. A mí no me impresiona del todo, tal vez porque se podría decir que somos de la misma clase social y lo veo como un igual. Además, me parece que es algo presumido. Hablo de Baxter Gibbs, mi mentor, el único vencedor de mi distrito, que ahora gracias a sus ganancias presume de un cuerpo envidiable y una sonrisa que hace a más de una perder la cabeza. Pero lo que he conocido estos días, su forma de pensar, simplemente me asquea.

Sí, me cosecharon.

Sí, no hay escapatoria y debo ir a los juegos.

Sí, en la arena he de valerme por mí misma, cosa que no he debido hacer nunca.

Todo eso lo entendí entre lágrimas en el puto tren que me traía hacia acá. Entonces, ¿Por qué intenta sembrar esperanzas que se convertirán en puras cenizas? No nota que a pesar de no haber pasado necesidades, y por ello estar en buena forma, soy incapaz hasta de atar las agujetas de mis zapatos correctamente. No fui hecha para ir a los juegos y sus delirios de gloria y grandeza me resbalan...

Ya me di cuenta de que no hay nada que pueda protegerme. Por mi posición social no amerité recurrir a las teselas, por lo que sólo había dos míseras papeletas con mi nombre en la cosecha. Y ni siquiera la influencia de mi padre, el Alcalde del Distrito, pudo salvarme. Al contrario, muchos se alegraron por mi elección, pero eso sólo duró dos minutos, lo que tardó Candy Silvermist en extraer el nombre del tributo masculino: un chico de doce, del área más pobre del distrito.

Cada vez que estamos a solas, Baxter insiste en convencerme de que puedo lograrlo, que si él lo hizo yo también puedo, que debo aprovechar cada pequeña oportunidad y en especial, tratar de aliarme con alguien. Sopeso la palabra: aliarme. Suena hipócrita. Es hipócrita, como el autor del consejo. La verdad es que se concentra en mí sólo porque Tyrone es aún menor que yo. Y eso sólo confirma lo que pienso, que los niños pequeños no tenemos oportunidad. Sé que ninguno de nosotros les importamos, cómo si no, no ha traído a ninguno de vuelta. Los años pasados han salido chicos mayores y aun así no han llegado lejos.

Esta tarde, me he encerrado en la habitación que me asignaron. Tyrone ha de estar atragantándose de comida nuevamente, no lo juzgo, al contrario de él, yo nunca he pasado hambre, pero los últimos días he perdido el apetito, además no quiero socializar con ninguno de los tres, así que me quedo tumbada en la cama, pensando, dándome la oportunidad de extrañar los cálidos brazos de mi madre cuando, aún a mi edad, me mete a la cama. Su suave voz arrullando a mi hermanito cada noche en la habitación contigua. Me permito derramar una lágrima, que apresuro a limpiar cuando siento el suave toque en mi puerta. Al abrirla me encuentro con Baxter frente a mí, que sin ningún protocolo entra a mi cuarto.

– ¿Y ahora qué? – Le pregunto mirándolo con el ceño fruncido.

– Mira, niñata malcriada – Susurra apuntándome con su largo dedo, luego de cerrar la puerta, bloqueándola con su cuerpo. Nada más esa expresión me hace perder la paciencia, pero no tengo la fuerza para sacarlo de aquí, no me queda otra que escucharlo, aunque no estoy obligada a ser amable con él. – He tratado de tenerte paciencia ¡Ya basta! Vas a hacer justo lo que yo te diga.

– O si no me moriré, créeme ya lo tengo claro... Escupe lo que hayas venido a decir y vete de aquí.

– Tu papi me hizo prometer que volverías con vida y aunque año tras año he tratado de ayudar a los dos tributos con todo mi ahínco, este año me dedicaré sólo a ti, así tal vez tengas más oportunidad. Pero tienes que poner de tu parte – Su revelación sobre su charla con mi papá me hace cerrar la boca y prestar atención, aunque quisiera estar en otro lugar, lejos de quienes desean hacerme daño. – Hay algo que quiero que quede sólo entre tú y yo, un vigilante que... – Carraspea y mirando a otro lado, avergonzado, de quien sabe qué, continúa. – es mi amigo, me ha dicho que aquí disfrutan tanto con los juegos, que los más adinerados además de apostar por su favorito quieren apoyarlo, así que les permitirán enviarle ayudas, ya sean armas, provisiones, medicinas, lo que sea que necesiten. ¿Entiendes? Esas cosas pueden ser la diferencia entre vivir o morir. Pero para que te hagas merecedora de esos regalos, debes deslumbrarlos. Así que, deja esa mala actitud y empieza a pensar cómo te los meterás al bolsillo, mañana en la noche en la entrevista es tu única oportunidad.

Sin dejarme pensar en nada que responderle, sale de la habitación cerrando la puerta tras él. Ni siquiera puedo alegrarme con que ha hecho justo lo que le he pedido yéndose tras darme estas noticias, ya que me han dejado un sabor amargo en la boca, por órdenes de mi padre desahuciará a Tyrone...

Hasta hace minutos sabía lo que me esperaba y estaba de cierta forma resignada, pero ahora me siento mal y culpable... Me siento desorientada, triste y sola... Y por primera vez entiendo la sonrisa de la gente del distrito cuando salí cosechada, ellos saben que no merezco ser tratada con preferencia.

Quiero irme de aquí... Quiero estar en casa...


Bueno mis corazones, aquí un nuevo capítulo. Debo decirles que esta chica es de mis favoritas hasta ahora.

Los 4° Juegos del Hambre los ganó Jasmine Carter de 18 años, proveniente del D11, una hábil sanadora que supo aprovechar las ventajas de la arena. Michael, como comprenderán logró ocupar el puesto N° 24.