Año 11

Distrito 7

David Stern – 14 años.


Hui de la cornucopia al finalizar los sesenta segundos, sin molestarme en mirar atrás, sin tomar nada de allí, dominado por el miedo y a punto de echarme a llorar como un crío, pues lo que tengo adelante es totalmente desalentador: Blancas arenas se extienden hacia todas partes, casi no hay vegetación o al menos no hay nada que se vea comestible, y el sol en lo alto del cielo calienta sin clemencia todo alrededor. Sin alimentos, sin agua, sin armas, soy una presa fácil incluso para la pequeña de doce años del Ddistrito 4... Trato de encontrar un sitio donde pueda esconderme, aunque me es difícil orientarme, permanezco moviéndome a lo largo del día. La noche cae y resulta ser aún más dura que el día, la temperatura desciende abruptamente y mi holgado atuendo no me ayuda a retener el calor de mi cuerpo. Cuando ya está bien oscuro, me rindo, cansado, con sed y frío, me envuelvo entre mis propios brazos y me echo a dormir. No sé cómo, pero he logrado llegar a la mañana de hoy. Me levanto con ímpetu y me encamino decidido a encontrar agua...

Sé lo que es la escasez ¿Y quién no en los distritos? Pero entre todas mis carencias nunca me ha hecho falta el agua. Hoy, como nunca, extraño mi hogar, extraño el verdor omnipresente en mi distrito, extraño la fresca brisa... Acá no hay sino calor y más calor... La eventual brisa me ahoga al levantar la arena... Cómo si estar en los juegos no fuera lo suficientemente malo, estos hijos de perra nos torturan hasta con el clima...

Pero si tan sólo tuviera agua... Un sorbo... Un trago... No soy capaz de contener la frustración ni la desesperación que me provoca la sed y empiezo a gritar con lo que me resta de fuerza:

– ¡Agua! ¡Agua! ¡Maldita sea, quiero agua! – Mi voz no es mi voz. Es ronca y hasta el hecho de respirar hiere mi garganta. Me callo al darme cuenta de mi imprudencia, pero sé que se aproxima mi fin.

Me caigo de bruces y la arena entra en mis ojos y en mis fosas nasales, ahogándome, estoy desorientado, deseando la muerte. Ya no lo aguanto más.

Nunca he sentido nada peor.

Me levanto con esfuerzo y camino sin saber a dónde voy, todo luce exactamente igual a donde quiera que vea, el reflejo del sol en la arena me ciega, mis ojos están irritados, mi garganta seca, todos mis sentidos embotados, mi cuerpo entero demasiado débil, demasiado agotado incluso para sentir miedo.

Como una cruel broma que me juego a mí mismo, sólo puedo pensar en la abundante comida y bebida que disfruté en el Capitolio los últimos días. Y en su sonrisa. A decir verdad Maryann, mi mentora, tiene pocos motivos para sonreír, pero cuando lo hace alborota muchas cosas dentro de mí, daría lo que fuera por verla sonreír a diario, por nunca verla enojada o triste.

No sé en qué momento me detuve, pero yazco acuclillado, enterrando el rostro entre mis rodillas y mis brazos, tratando de refugiarme del sofocante calor, mientras evoco nuevamente su rostro risueño. Y sólo quiero llorar, porque sé que no volveré a verla. Tal vez ya se olvidó de mí, es más lógico que apoye a Susan, que es mayor, obviamente más lista y gustó más en el Capitolio.

Y a pesar de ello no le guardo rencor a ninguna y me sentiría feliz al dedicarles mi último pensamiento, pues justo ahora sólo quiero dejar de sufrir.

Morir suena mucho mejor que seguir viviendo en esta agonía...

Al levantar la cara, observo con terror como dos chicos grandes se acercan a mí, quizá como respuesta a mis plegarias, sin embargo el miedo activa algo dentro de mí que me obliga a levantarme y correr... Trato de huir vagando a través del desierto, donde no hay ningún lugar para esconderme. Tropiezo varias veces con mis propios pies y súbitamente caigo, rodando y rodando entre las dunas durante varios minutos, y debo estar soñando pues cuando me detengo, mi rostro está a centímetros de un pequeño pozo... El sol ya no me lastima, pues me rodean altas palmeras y árboles frutales, un pequeño paraíso en medio de todo este infierno.

La alegría que hay en mí me hace olvidar por completo a mis perseguidores, el lugar donde estoy y cualquier cosa... Meto la cara de lleno en el pozo y bebo al mismo tiempo. Con mis últimas fuerzas empujo todo mi cuerpo dentro del agua.

Feliz.

Pero la felicidad no existe en los juegos del hambre y lo he aprendido tarde y a las malas, porque a mi alrededor docenas de lagartos hacen su entrada triunfal emergiendo de diversos puntos dentro del pozo.

Y sé que he llegado a mi fin...

Y que debí dejar que los chicos que me encontraron me mataran. Porque esto será mil veces peor...


¡Hola de nuevo!

¡Gracias a todos por leer!

En los 10° juegos mi pobre Matthew no lo logró, que mal, porque de verdad me agradaba. En su favor diré que obtuvo el sexto lugar, pero fue traicionado por su alianza (los chicos de uno y su propia compañera de distrito) ya que él repartía las provisiones, siempre tomando más para sí mismo, así que cuando se durmió, Richard lo asfixió.

El ganador fue Archie Wilde de 16 años, tributo masculino del D10, quien logró poner en contra a las dos profesionales y así ellas se eliminaron mutuamente. Este ha sido uno de los pocos vencedores que sólo "asesinó" a uno sólo de sus contrincantes, en este caso la muchacha del 1, que tras su lucha quedó mal herida y agonizaba y él le clavó una lanza en el corazón, para acelerar su muerte.

Nos vemos en el otro.