Año 12

Distrito 12

Liberty Pitman – 12 años.


Mi familia somos mamá y yo. Ella es una mujer joven, bastante bonita, yo un renacuajo flacuchento y desaliñado, pero estamos juntas y hemos aprendido a sobrevivir por encima de las adversidades. Mamá me tuvo cuando apenas contaba con dieciséis años y me nombró así gracias a las aspiraciones de libertad que ella y papá tenían en esa época, esperanzados en la rebelión.

Yo nací poco después del fin de los Días Oscuros, pero junto a la derrota de los rebeldes se fugaron todas las esperanzas de mamá de un mundo mejor. Después de la guerra todo lo que le quedó fui yo, una bebé a quien cuidar y alimentar, aunque jamás me amara. Mamá jamás podría volver a amar, ahora comprendo bien por qué, pues hace más o menos dos años me juzgó lo suficientemente mayor para contarme la historia.

Ella y mi papá eran hijos de mineros, vecinos cercanos, aquí en la Veta, él era unos años mayor supongo que tendría como veinte años. Se amaban profundamente y anhelaban ser felices juntos. Y el producto de su amor fui yo. Cuando él supo que había embarazado a mamá fue a casa de mi abuelo a responder como hombre, a pedir su permiso para llevarse a mamá. Lo que no imaginaba es que ella era la adoración de mi abuelo (viudo y sin más hijos), en quien el anciano había puesto sus esperanzas para forjar un futuro mejor, la quería casar con el hijo del zapatero para sacarla de la miseria, así que no se tomó bien la noticia de que mamá esperara un hijo de un miserable minero. Exaltado y furibundo, el abuelo mató a papá para lavar la honra de mi madre. Y luego la corrió de su casa. Al poco tiempo el abuelo también murió.

Mamá sobrevivió los meses siguientes gracias a su mejor amiga, quien convenció a sus padres de refugiarla hasta que yo naciera. Las cosas mejoraron un poco al nacer yo, pues ella empezó a coser y bordar para ganarse la vida y el alcalde le asignó una vivienda en la Veta. Aunque no era minera, acá una no cambia de estatus sino por medio del matrimonio, por ende no nos corresponde más de lo que nuestros respectivos padres pudieron dejarnos.

Mamá se hizo fuerte, quizá muy fría, pero fue así que pudo enfrentarse a dos cosechas y luego su nombre salió de las urnas. Ella no podía amarme, corriendo el riesgo que un día me arrancaran de su lado como se habían llevado a papá. Pero dio lo mejor de sí misma para que yo creciera, me imagino que otra en su lugar me habría regalado o se habría matado, o qué se yo. Pero mamá es fuerte. Es muy fuerte y yo quiero ser como ella.

Sin embargo el miedo se apodera de mí este año, pues al fin mi nombre está en la cosecha, una sola vez, ya que con su negocio mamá ha evitado que tome teselas. A pesar de ello siento que ambas tenemos mucho miedo hoy. Una presión nada agradable se ha asentado en mi pecho y un sudor frío recorre mi nuca.

Ella ha cosido una blusa y una falda nuevas para mí, hechas especialmente para mi primera cosecha, son rosadas con encajes blancos y puedo jurar que desentonan totalmente con todo el gris de este distrito. Pero poco me importa, me quedan muy bonitas y me hacen sentir orgullosa de mamá. No puedo sino sonreírle a la niña que aparece en el espejo, mientras detrás de mí mamá teje en un entramado de trenzas mi largo cabello.

– Ya estás lista. Vamos. – Me coge de la mano con firmeza y caminamos en silencio hasta la plaza.

Cuando nos separan, mamá se lleva una mano a los labios y me sopla un beso. Creo que es la primera vez que hace algo así. En la plaza ya casi está todo listo para la cosecha, sólo falta que llegue la acompañante del Capitolio. Los Agentes de la Paz nos ordenan rápidamente, tras registrarnos. Estoy rodeada de niñas de mi edad y todas temblamos perceptiblemente, tener doce años y ser elegida para los juegos del hambre es sinónimo de muerte. Al menos en la mayoría de los distritos, hay algunos locos en los distritos uno y dos que se ofrecen voluntarios año tras año, pero no es el caso del distrito doce. Aquí los juegos no suscitan esa emoción. De hecho puede notarse cierto hastío entre los adultos y miedo entre los que somos "cosechables".

Megara Devereaux sube al escenario y el show comienza. Respiro serenándome tras ver el vídeo de la guerra, destinado a hacernos sentir culpables de crímenes que no pudimos haber cometido. Trato de estar tranquila porque el riesgo es mínimo, lo sé... Y de pronto, el grito desesperado de una mujer me saca de mi ensoñación y me doy cuenta que Megara ya ha dicho un nombre, ya ha escogido a una condenada. El silencio cubre todo el distrito a excepción de ese desgarrador grito. Y luego oigo la voz de Megara llamando de nuevo a la tributo:

– ¡Liberty Pitman, sube por favor! – Ordena con autoridad la escolta, mientras las chicas a mi alrededor abren una brecha que va directa al escenario.

Y me doy cuenta que la condenada soy yo.

Que la mujer que grita es mi madre.

Y que ella sí me ama. Siempre me ha amado...


¡Hola de nuevo!

¡Gracias a todos por leer!

¡Nuevo capi! Este surge de una interrogante que me he hecho tras leer THG ¿Qué pasaría si una tributo estuviera embarazada? ¿O acaso no existe el embarazo adolescente en Panem? ¿Han pensado en ello?

El año pasado David no logró escapar de los reptiles y murió. Los juegos fueron cortos. Y la vencedora fue Emma Bullock, de 17 años, del D11.