Año 15

Distrito 6

Kevin Jackman – 14 años.


La vegetación que me rodea es tan frondosa y el aire está tan cargado de humedad que me siento ahogado, vengo de un distrito totalmente urbanizado, donde a duras penas queda algo de verdor, donde las actividades (de los chicos de mi edad) no ameritan mayor esfuerzo físico y donde, por supuesto, la mayor parte no tiene la más mínima noción de supervivencia en un entorno hostil, y esos son los grandes obstáculos que dificultan mi estadía en este lugar: nada más y nada menos que una selva tropical, según me dijo Renatta, la chica del tres, con la que compartí la primera noche aquí, y que lamentablemente hoy ya no me acompaña. Es una lástima que su prodigiosa inteligencia no la ayudara a escapar de los enormes insectos modificados que hay en esta arena, mosquitos, arañas, hormigas, termitas y demás… Mucho más grandes de lo que deberían ser si fuesen obra de la naturaleza. Pero no quiero seguir pensando en ella. Trato de convencerme de que está en un lugar mejor a éste.

A pesar de estar en el exterior me siento encerrado, me cuesta respirar aunque no he hecho un gran esfuerzo físico, por la total falta de costumbre, la luz del sol apenas se filtra entre las ramas de los árboles, pero las anchas hojas de los arbustos que me rodean están siempre cubiertas de rocío y es así como he paliado mi sed, bebiendo directamente de ellas. Pero soy incapaz de atreverme a probar las frutas, sé que la mayoría deben estar envenenadas. También le temo a la llegada de la noche porque las tinieblas lo envuelven todo, en ocasiones lo único visible son las fosforescencias antinaturales de los insectos. Los mutos insectos. Y no sé qué me aterra más, si estar en absoluta obscuridad o que esos bichos se acerquen a mí con su espantosa luz.

Deambulo sin rumbo, tratando únicamente de no encontrarme con ningún otro tributo. Tengo suficiente con lo que lidiar luego del ataque de los mosquitos gigantes de anoche, afortunadamente sólo dos lograron alcanzarme y me dejaron dos grandes ronchas allí donde lograron enterrarme sus aguijones, una en el cuello y la otra en la muñeca, ambas han dejado de palpitar dolorosamente hace cuestión de dos horas y en este momento sólo siento un adormecimiento en el área. Pero no dejo de sudar cuantiosamente y creo que tengo fiebre.

Desearía pensar que Liam se está ocupando de su tarea, conseguirnos patrocinadores, que se preocupa por mí o por Stella, o mejor aún, por ambos, pero sé que no es así. No puedo entender porque se empeña en permanecer drogado y ser un completo inútil. No quiero darme por vencido porque anhelo volver a casa, pero sin ayuda no duraré mucho tiempo, no tengo nada de comida y sólo me restan algunas tiras de carne seca y un trozo, más bien pequeño, de pan que acabará por ponerse rancio si no me lo como de una vez. Lo saco de mi bolsillo y me lo llevo a la boca, disfrutando cada mordisco, apenas doy tres bocados y se acaba. Mi futuro pinta negro.

Me detengo y me agacho junto a un arbusto que cubre bastante mi humanidad, pues escucho varias voces a pocos metros de mí. Trato de ver quiénes son, pero sus uniformes están cubiertos de lodo, por lo que los números en ellos son irreconocibles, pero identifico fácilmente la cabellera roja de ambos tributos del distrito cuatro, los cuales flanquean a otros cuatro muchachos. Una rubia se retuerce tendida en el piso apretando los dientes para no chillar, mientras dos chicos la sujetan con fuerza y una tercera muchacha trata de extraerle algún tipo de aguijón a punta de cuchillo. Los pelirrojos evidentemente vigilan para que nada los tome por sorpresa, empuñando sendos tridentes que me sacan una mueca de terror. Yo trato de retirarme en silencio, antes de que noten que estoy ahí, pero al alejarme corriendo de ellos no me fijo bien por dónde voy y me detengo justo antes de dar de frente con un hormiguero tan alto como yo mismo. A escasos centímetros empieza a haber movimiento en la oscura tierra que lo conforma y sé que lo que saldrá de allí no tendrá compasión de mí, así que nuevamente sin pensar corro con todo mi empeño, huyendo, huyendo de todo, porque no hay un solo sitio seguro cuando estás en los Juegos del Hambre.


¡Hola de nuevo!

¡Gracias a todos por leer!

Hoy publico muy pero muy feliz porque no dejé morir a Kiel. Pensé que debía empezar a aumentar los vencedores profesionales, pero él en cierta manera también lo era. Además que el D7 está entre mis distritos favoritos. Así que: ¡Kiel Nixon del D7 es el vencedor de la 14° edición de los Juegos del Hambre!

Alpha, me causó mucha risa lo de que Karina se traía entre manos un "Johanna", pero no, la chica estaba aterrorizada, se trataba de convencer a sí misma de que todo era una pesadilla, pero cada día que se acercaba a la arena se daba cuenta que no era así y se rompía un poco más. Pobrecita, murió en el baño.

Janinne y Bree se separaron de Kiel pronto, pues ésta última desconfió de él a partir de la conversación que tuvieron en el capi anterior y su desconfianza creció durante la entrevista en la que el chico desbordó autoconfianza y conocimiento sobre los juegos previos.

Por cierto, el año pasado cambiaron al entrevistador, ahora es un hombre de casi 30 años y se llama Riley Christensen y va más con la línea de Flickerman. ¡Gracias a todos los que están siguiendo la historia y la leen, ojalá se animen a dejarme un comentario!