Año 18

Distrito 11

Courtney Summers - 16 años.


Cubierta por el saco de dormir, trato de conciliar el sueño, mientras es el turno de Alana de vigilar los alrededores, la noche si bien no es fría, es bastante fresca, pero me gusta el confort que me da el saco, no sé cómo ella se conforma con una capa de hojas secas para echarse a dormir, lo que más me preocupa de ello son las picaduras de insectos. Yo no las tolero, soy alérgica a la mayoría. Y a saber que bichos raros han metido aquí los vigilantes y compañía.

Mi aliada y yo congeniamos desde un principio en los entrenamientos, es una chica risueña y optimista, supongo que no es común conocer a alguien así en las vísperas de los juegos del hambre, pero yo tuve esa suerte y la aproveché. Dave no la soporta, precisamente por su optimismo, ellos son polos opuestos. Y aunque él sea de mi distrito, prácticamente lo conozco apenas unos días antes que a Alana. Así que como ella me hace sentir mejor nos aliamos. Dave es asocial y seco, así que dudo que haya podido lograr alguna alianza.

Al pensar en él pido en silencio que no sea de mí de quién dependa su vida, que lo encuentre otro y yo pueda cerrar los ojos la noche en que transmitan la repetición de su muerte. Sé que si llega el momento en que tenga que elegir si muero o lucho, lucharé... Incluso contra él. Pero resulta extraño que no me vea luchando contra Alana, que incluso le confíe mi vida al disponerme a dormir tranquilamente mientras ella está afuera haciendo guardia, con un cuchillo cuya hoja es del tamaño de mi antebrazo...

Es algo inquietante, empiezo a pensar...

Súbitamente escucho una serie de pasos rápidos y pesados, demasiado pesados para ser los de mi compañera. Empiezo a salir sigilosamente del saco justo en el momento en que el grandote del dos sale de entre los arbustos apenas a unos metros de donde estaba yo descansando. Me deshago a patadas del resto del saco que justo ahora me parece una prisión, un estorbo. Entonces escucho el grito agudo de Alana:

– ¡Cooooorre!

El sonido de su voz se extiende una y otra vez por el eco que provoca el acantilado a nuestra espalda, obstáculo insalvable que nos impide huir de esta maldita arena.

Escucho su voz en un eco repetido infinitamente en mi cabeza. Persiguiéndome. ¿Acompañándome? Y aunque no lo veo sé que la lanza del voluntario del dos la ha alcanzado, que ha caído... Las ansias por salvarme me han hecho huir, olvidando que prometimos cuidarnos mutuamente...

Corre... Corre... Corre... Corre... Corre...

De alguna forma me consuela que me haya pedido que corra, me hace pensar que no me culpa por haber sido tan débil y cobarde. Que no me culpa por haber faltado a mi palabra.

Ella ha muerto. La feliz e inocente Alana ya no me acompaña. Ése es el significado del ruido del cañón. Lo sé. Si es que no la han lanzado – o se ha caído – por el acantilado, no habrá podido imponerse ante la manada de tributos que venía siguiendo al del dos... No tiene sentido siquiera mirar atrás. Corro como si la vida se me fuera en ello, porque es así. Estoy muerta de miedo, segura de que una vez acaben con mi amiga vendrán tras de mí.

Un relámpago ilumina el cielo nocturno e inmediatamente se desata una lluvia feroz combinada con truenos horribles. Mis peores pesadillas se quedan en pañales ante la majestuosidad de los vigilantes, de los creadores de este infierno. Mi ropa se empapa rápidamente, pero nada me obliga a detenerme o a dar marcha atrás, al contrario sigo corriendo. Mi cara no está en mejor estado, a mis lágrimas se han unido las gotas de lluvia, no me importa que me vean llorar.

Lo único que me queda es miedo, no sé quién habrá dicho aquello de "la esperanza es lo último que se pierde", porque no es así... la he perdido, al igual que la tristeza, incluso el dolor ha quedado para mí en otro plano, lo único que me domina es el miedo. Pánico. Correr es lo único que hago, hasta que siento que se me acaba el aire y una sensación de terror puro se afianza en mi estómago en forma de dolor.

Al detenerme, poco a poco la adrenalina abandona mi sistema y empiezo a sentir de nuevo, un dolor lacerante se extiende por mi hombro izquierdo y descubro que lo atraviesa una flecha de punta dorada. Lloro aún más, cediendo al miedo que me provoca morir. Morir desangrada o por una infección, morir en horribles circunstancias, morir en los juegos del hambre...

Me echo al piso, que se ha vuelto fangoso por el aguacero, y me recuesto en un árbol robusto, tratando de tranquilizarme lo suficiente para decidir qué hacer con la bendita flecha, que hasta ahora no me había molestado para nada. Pero que, al tomar consciencia de ella, me ocasiona tal dolor que no puedo dejar de quejarme en voz baja.

De otro árbol a mi espalda, cae algo, rápidamente me volteo, sintiéndome paranoica y realmente estúpida al reconocer a Dave. Suspiro, tranquilizándome, olvidando que esto es una competencia... Le dejo acercarse, segura de que se regodeará en mi desgracia, que se burlará de mi pérdida, y a la vez agradecida de haberlo encontrado, porque no soporto la soledad.

Él me rodea primero, valorando mi situación y luego se agacha tras de mí y extrae la flecha desde atrás de un sólo tirón. Siento dolor y a la vez alivio. Cuando me giro para agradecerle el favor, él clava con fuerza la punta de la flecha directamente contra mi corazón, la empuja y la retuerce... Y parece mentira, pero su rostro permanece absolutamente sereno mientras me roba la vida...


¡Hola de nuevo!

¡Gracias a todos por leer!

Quiero decirles que no he tenido mucho tiempo para pensar en la muerte de Pierce, pero no es él quien ganó la edición anterior. Era muy débil, lamento que no haya podido cumplir sus sueños... Sabrina, en cambio, dio bastante lucha pues le "llovieron" patrocinadores...

Pero finalmente ganó el varón del 1: Allan Land. Gracias chicas por sus comentarios... Nos vemos en el próximo juego.