Año 20
Distrito 3
Alrik Scharifker – 17 años.
Los minutos se arrastran y el encierro amenaza con volverme loco. O aún más loco, si eso fuera posible. Los médicos han dicho que soy un peligro para mí y para los que me rodean, por lo que las visitas se restringen a aquellos lo suficientemente valientes, que no temen sufrir uno de mis ataques.
Pierdo la noción del espacio en este lugar, el blanco, presente en todas partes desdibuja todos los límites, a lo que colabora la falta de mobiliario. Todo lo que me rodea es asombrosamente blanco y aséptico, desde las paredes, de un material acojinado, que parece suave al tacto, la pijama de algodón, la sábana con que mi cuerpo está cubierto, los bombillos en el techo. Hasta el reloj, ubicado en la pared frente a la cama, cuyo único toque de color son las manecillas y los números tres, seis, nueve y doce, en negro.
Doce.
Doce distritos tiene Panem.
Doce distritos y dos tributos enviados por cada uno y al final... sólo yo. Solo y no sé bien por qué. Nadie puede hacerme compañía en el mundo donde me empeño en permanecer oculto, tras la victoria, que nunca fue tal. Tras una victoria que nunca pedí, las lágrimas corren sin pausa a través de mis mejillas, mientras me cuestiono cómo terminé aquí... Poner en palabras todo lo que ocurrió es algo que aún no he podido hacer. Quizá sea lo único que hace falta para que todo colapse de una vez por todas. Para terminar de destruir lo poco que queda de mí. Nada en mi vida anterior me reclama lo suficiente para salir de este orificio. Estoy muerto en vida, muerto porque no pude hacer nada por ellas, porque ellas no merecían ese destino y yo quería salvarlas...
Hace ya algún tiempo que no estoy atado a la camilla, sin embargo no tengo voluntad para moverme de aquí. Me habían desconectado las mangueras de fluidos con que me alimentaban vía intravenosa, pero al ver que no tocaba la comida que traían con regularidad tuvieron que volver a conectarme. Los que no volvieron fueron los sedantes, me cortaron el suministro hace tres días, intento con todas mis fuerzas no quedarme dormido, pero a menudo fallo. Y entonces escucho los gritos de terror y veo las miradas asustadas de las dos pequeñas (mi compañera y la niña del 9), ante los aullidos de las hienas, que asemejaban una risa diabólica.
Ya antes habíamos visto que los bichos esos eran parecidos a perros, pero tan altos como un caballo y con una doble hilera de afilados dientes, con un pelaje abundante color crema y con pequeñas manchas más oscuras en el lomo, que pasaba desapercibido entre los montes secos de la sabana. El único escape que concebimos fue trepar a un árbol, pero la última noche estábamos tan agotados que no fuimos capaces de volver a la zona de los árboles y caímos rendidos junto al lecho de un riachuelo... Intentamos correr, pero no teníamos fuerzas, al menos no mis dos niñas... Los animales las alcanzaron y se distrajeron con ellas mientras yo huía, destrozado por dentro. Maldiciéndome una y otra vez por mi estupidez. Por abandonarlas...
La depresión que se apoderó de mí me impidió enterarme de como terminaron los juegos, lo que nunca me imaginaría es que sería yo, precisamente, quien quedase con vida al final... Las fuerzas y las ganas de vivir me han abandonado. ¿Qué tengo yo que ellas no? ¿Qué pasa en este mundo olvidado de Dios, para que dos niñas deban morir de manera tan atroz para diversión de unos imbéciles rematados? Quisiera... Quisiera poder hacer algo para cambiarlo todo, quisiera no haberlas perdido, aunque Brianna y Casey vivirán siempre en mis recuerdos.
Me sorprende ver a Abigail entrar a la habitación, hace días que nadie de mi familia se acerca a visitarme, y mi hermana aún exhibe las marcas en sus antebrazos, productos del frenesí con que la sacudí la última vez. Sin embargo sé que me ha perdonado, no hay rastros de resentimiento en su mirada.
– Alrik. Tienes que salir de aquí. Tienes que volver a casa, tienes que recuperarte... – Mi hermana no se acerca sino hasta el pie de la cama, tomándose de la barandilla y puedo ver en la presión que ejerce sobre la misma lo tensa que es la situación para ella, mi miedo a volver a hacerle daño se dispara en ese momento.
– Sal tú de aquí, no quiero hacerte daño. – Escupo volteando la mirada, tratando de ocultarle que otra vez he estado llorando.
– Me haces daño mientras te pudres en este cuarto de locos. Yo te entiendo, sé que fue difícil...
– Tú no estuviste allí... – Replico de inmediato, ella no sabe lo que yo sentí, lo que pasé, no entiende que no puedo superarlo.
– Alrik, por favor...
– Se murieron y no hice nada, soy un total inútil, soy un imbécil pues ni siquiera traté de ayudar a una. Ni siquiera a Casey. ¿Cómo voy a mirar a su madre a los ojos? ¿Cómo voy a salir a vivir mi vida como si nada cuando a ella le arrancaron a su niña?... No hay manera Abigail, no puedo...
– Tú no tuviste la culpa.
– No hice nada...
– Hiciste más de lo que debías, las protegiste tanto como pudiste, Alrik. Por Dios tú no fuiste quien inventó los juegos, tú no elegiste su nombre, Alrik. Entiéndeme. Eres un inútil en tanto te quedes aquí... Tú puedes cambiar las cosas, Alrik. Tú ahora puedes apoyar a los siguientes... Tú puedes hacer la diferencia, Alrik.
Suena bien, suena lindo, suena creíble. Pero es basura. Hacer de mentor no haría la diferencia, sería seguir apoyando esta atrocidad, verdaderamente Abigail no sabe de qué van las cosas en este país. De verdad no sabe que no hay salida o escapatoria... Aquí nadie gana...
¡Hola de nuevo!
¡Gracias a todos por leer!
¡Por acá con el año 20! ¡Acercándonos ya al primer QQ!
Si se lo preguntan, Aaron ganó los 19° juegos, aunque Kenya (la tributo del 6, su última contrincante) le dio bastante pelea, finalmente se enfrentaron cuerpo a cuerpo y Aaron fue más fuerte. Los vigilantes de ese año casi no intervinieron en los acontecimientos en la arena, he ahí otra anormalidad de los juegos.
Con Aaron quise plasmar un cambio generacional, por lo menos en este distrito profesional, en donde ya no toman los juegos como un castigo impuesto, los lavados de cerebro del Capitolio (en las escuelas) y de Baxter y compañía (en la academia) ya están rindiendo frutos.
¡Nos vemos en el próximo juego!
