Año 22

Distrito 10

Brad Kennedy – 15 años.


Rabia es todo lo que puedo sentir. La siento como un aura a mi alrededor, densa, caliente, opresiva. La certeza de que su sacrificio fue en vano me golpea con el peso de un millón de toneladas. El odio y la rabia hacia el Capitolio me ofuscan de tal manera que no hay cabida para el miedo. ¡Ya qué importa!

El año pasado también fue una papeleta con mi nombre la escogida y Adolf se ofreció por mí. Fue a los Juegos por mí. Murió por mí. Por el pequeño invidente. Por ése que no sobreviviría a los juegos, por ése que no tendría la más mínima oportunidad. Que este año mi nombre vuelva a salir es una maldición, no hay lugar para las casualidades... Sólo espero que Adolf haya tenido razón, que de verdad muera en la arena y deje de ser una carga para mi familia, para todos.

Es la segunda vez que estoy en esta habitación, pero el año pasado se llenaba con mis gemidos y lágrimas, mi primo, mi ídolo, mi mejor amigo se iba, sacrificándose por mí. El año pasado había miedo, pero también esperanzas. Hoy sólo hay rencor. Hoy simplemente parezco una pieza más del mobiliario, esperando que mamá y papá vengan a despedirse de mí. Supongo que sería demasiado pedir que mi tía Edith se aparezca por acá... No quiero ni pensar en cómo estará, en qué está pasando por su mente justo ahora. Su sacrificio no valió la pena. Adolf era el menor de sus hijos. De seis, el único que fue a dar a los juegos, además por voluntad propia, para evitar que yo fuera. Para salvarme.

De nada sirvió, Adolf. Moriste en vano. Es mi destino ir a los Juegos... morir en el estadio. Poco a poco los resquicios del miedo empiezan a corroer la barrera que construí a base de rabia. No quiero permitirlo, pero sin querer rememoro los gritos de auxilio que dan los más jóvenes tributos cuando su muerte se acerca.

Se abre la puerta, pero no son mis padres quienes entran, sino precisamente mi tía Edith. Lo sé en cuanto entra por ese aroma mentolado de su medicina para la artritis. Siento las manos nudosas de mi tía en mi rostro, me levanto y en un acto reflejo me apresuro a abrazarla, su contextura es frágil, su estado de salud ha empeorado notablemente en el último año, pero su abrazo contundente y decidido me transmite fuerza.

– Brad...– Comienza ella, con su timbre sereno y pausado. Pero no quiero oírla. Quiero regresar en el tiempo e impedir que mi primo vaya a los juegos en mi lugar.

– No me digas nada, tía... – La interrumpo. – Lo sé... Se fue sin necesidad, me regaló un año más de vida, a costa de la suya. Y no fue justo, tía. Era su último año, ya estaba libre del peligro de la cosecha. Lo siento tía, lo siento tanto... – Me aferro a su cuerpo menudo, soy tan alto como ella, pues su enfermedad la ha encorvado poco a poco. Ella acaricia mi cabello como cuando era mucho más pequeño, mientras me susurra al oído sonidos tranquilizadores:

– Shhhh... Shhhh... Calma, pequeño, calma...

– Lo siento, tía... siento que yo mismo lo maté.

Tres golpes suaves resuenan en la puerta, se acaba el tiempo...

– Por supuesto que no, Brad. Él ya era todo un hombre y sabía lo que hacía. No fue tu culpa, tú ni siquiera lo pediste...

El agente de la paz entra bruscamente rugiendo que se ha acabado el tiempo. Mi tía es separada de mí de un tirón y la rabia bulle en mi interior de nuevo. Es un animal, que probablemente no tiene madre. Cómo quisiera darle su merecido. Al menos escupirle el rostro al desgraciado.

– ¡Adiós, Brad...! ¡Te amamos!– Grita antes de que la puerta se cierre con un fuerte golpe.

Quiero alimentar mi ira, no regalarles ni una lágrima. Entonces entran mis padres y mi hermana. Y los tres lloran. Lo sé, aunque aprieten los dientes y se limiten a abrazarme sin decir nada, los estertores del llanto sacuden los cuerpos de Madeleine y mamá. Papá maldice una y otra vez la suerte que he corrido. Que el destino siempre me jugara en contra. Nunca me permitió tomar teselas, por más que las necesitamos muchas veces. Todos, incluso yo, estamos convencidos de que soy totalmente incapaz de sobrevivir a los juegos.

No lloro, trato de darles las fuerzas que necesitan para seguir adelante sin mí. No espero volver a estar con ellos en este plano.

– Papá, lo que tiene que pasar... pasará. No me puedes salvar. Ni siquiera Adolf pudo. Acéptalo, yo ya lo he hecho... Todo estará mejor ahora.

– No puedes decir eso. No te des por vencido, Brad. ¡Te lo prohíbo! – Su voz, generalmente autoritaria, suena derrotada. Lo abrazo, con fuerza. Sé que me quedo sin tiempo y quiero despedirme de todos. Suelto a papá, y es como si me arrancaran una extremidad, sé que es la última vez que estaremos juntos. Me apresuro a envolver en el mismo abrazo a mamá y a Madeleine.

– No pidas ni una tesela – Le ordeno a mi hermana sosteniéndola de la barbilla, su rostro está totalmente húmedo.– Como sea que terminen estos juegos, no necesitan preocuparse más por mi sustento, así que no hará falta. El próximo año serás libre, Madeleine. Por nada del mundo pidas teselas. Promételo. Júralo, Madeleine. – Por toda respuesta asiente rápidamente. La suelto con delicadeza y me dirijo a mi mamá: –Por favor, no veas los juegos...

– No me pidas eso, Brad. No quiero abandonarte...

– No tiene sentido, mamá. Quiero que me recuerdes como me ves ahora, no quiero que veas las atrocidades que suceden ahí. Sólo si vuelvo, valdrá la pena que me veas de nuevo, no te tortures viendo los juegos...

Resuenan nuevamente los tres golpes que anuncian que se acaba el tiempo. No quiero que los lastimen para sacarlos de aquí, así que termino de despedirme. Vuelvo a abrazarlos a los tres juntos, con la certeza que estoy profiriendo un "hasta nunca".

– Los amo demasiado, a los tres. ¡Adiós!

– Tu tía me dio esto para ti. – Dice papá, separándose, coloca en mi mano derecha un pequeño aro, que aprieto fuertemente como una valiosa reliquia. – Adolf lo llevó el año pasado. Te dará suerte...

– Gracias, papá. Salgan ya, por favor...

Al quedarme solo, sin quererlo sendas lágrimas corren por mis mejillas... Adiós...


¡Hola de nuevo!

¡Gracias a todos por leer!

Creo que el espíritu de Effie se apoderó de mí en la nota pasada... Lo único que me faltó fue desearles unos felices juegos del hambre, cualquiera diría que me han promocionado de distrito! ;-P

Para equilibrar, este episodio ha sido totalmente angustioso. Es otro tema que me causa curiosidad, el papel de las personas con algún tipo de discapacidad en los Juegos del Hambre, pero como en el Capitolio no se caracterizan por su misericordia, supongo que de no haber voluntarios van a parar igual en los juegos. Además de la injusticia (a mí parecer) de elegir de nuevo a alguien que haya sido sustituido en una edición anterior. Ahí tenemos el ejemplo de Katniss, que pudo perder a Prim durante siete años más, a pesar de su sacrificio inicial.

Alpha, en efecto, en "mi Panem" (jajajaja!) los chicos del distrito uno reciben un mínimo de entrenamiento obligatorio en academias públicas, los que tienen medios (dinero) y/o destacan por sus capacidades para presentarse voluntarios acceden a entrenamientos más completos. Cuando escribí el capítulo pensé en hacer que Amber regresara, pero a petición del público (OMG!) Mabel del D4 se hizo con la victoria en los juegos pasados, ella huyó a nado del combate, y tanta piel que exhibió le valió varios regalos. Los chicos del D7 (Hanna y Ulises) acabaron con Pietro, Halley y Stuart, saliendo ilesos de este combate, trataron de seguir a Mabel, pero no pudieron, así que empezaron la búsqueda de Amber y Joshua, quienes en su huida se enfrentaron al tributo masculino del D10 (Adolf), quien portaba una daga. Joshua trata de desarmarlo, pero resulta mortalmente herido, Amber mata a Adolf y ve morir a Joshua, quedando un poco loca, cuando la pareja del D7 la encuentra ella les hace frente, sin embargo está en clara desventaja con su pequeña daga, hiere a Hanna, pero finalmente es asesinada, prácticamente degollada por Ulises. La chica del D7 atrapa una infección. Mientras tanto, Mabel acabó con la chica del once, valiéndose del arpón que recibió como regalo. No le faltaron armas ni comida, pero a nadie se le ocurrió enviarle ropa! Su último oponente fue el chico del D7, al que derrotó sin esfuerzo.

¡Gracias por leer! Nos vemos en el próximo...