Año 24

Distrito 3

Cole Parrish – 14 años.


A primera vista podría pensar que estoy solo, rodeado de naturaleza, pero sé que no lo estoy, aun cuando no pueda ver o escuchar a nadie. Si acaso ningún tributo está cerca, sé que hay miles de cámaras registrando cada uno de mis movimientos. Y aunque no hay nada interesante que mostrar aquí trato de no reflejar el miedo que siento. Mi familia, mis amigos y, por qué no, mis posibles patrocinadores, tienen que pensar que estoy en dominio de mí mismo, de mi situación. Soy muy joven, lo que ya me juega en contra, además no consigo a mi aliada y no tomé provisiones ni armas. No puedo darme el lujo de espantar a los patrocinadores por dejar ver mis inseguridades. No puedo empeorar mis condiciones.

Sé que muchos de los otros, por no decir todos, son capaces de matarme porque quieren volver a casa. Esa ha sido siempre la idea de los juegos. Simple, llana y sencilla: Matar o morir. Y aunque la elección a primera vista resulte fácil, siento que vivir con las consecuencias no lo es tanto, pues puedo verme a mí mismo en el espejo de Alrik, quien aún varios años después sigue muy afectado por lo que vivió en sus juegos. Su casa de la villa permanece tan vacía como las otras once, porque el tiempo que no debe estar en el Capitolio, está ingresado en el hospital psiquiátrico del distrito.

Pensar que sobrevivir podría llevarme a ser como él me da miedo, me hace cuestionarme si de verdad quiero ganar. Ser un vencedor como él sería alejarme de mi familia, de todos los que me quieren, sería morir en vida... Y si al final sólo me aguarda la muerte. ¿Qué más da? Ahora… en un mes… después… Lo que sí tengo claro es que no quiero morir de una manera horrible y eso es todo lo que me prometen aquí. Muy atrás quedaron los años en que algunos tributos se negaban a matar a sus contrincantes, eso ahora son sólo historias que relata papá cuando no está desvariando.

Siento contra mis costillas el martilleo continuo de los latidos de mi corazón, y se reflejan con fuerza también en mis sienes, me pregunto cuánto tiempo puedo durar en este estado de tensión total, si no me encuentra otro tributo, una de esas horribles mutaciones, o caigo en una trampa de la arena, a pesar de mis esfuerzos por calmarme, creo que tendré un infarto…

No he dejado de andar desde que empezaron los juegos y mis piernas ya empiezan a reclamar, sin embargo sigo avanzando a un paso si no tan rápido, como al principio, al menos constante. Observo mi reloj, que además cuenta con la luz de una tenue linterna y GPS, es el recuerdo que me han permitido traer de mi distrito; recuerdo, para mí, de mejores tiempos, porque es uno de los primeros prototipos que diseñó papá mucho antes de empezar a padecer de Alzheimer; el definitivo que enviaron tiempo después al Capitolio integraba radio – comunicador, cámara digital, juegos y más. Papá era un genio. Noto que ya han pasado más de seis horas desde el conteo inicial, parece poco tiempo y sin embargo yo no quiero estar un minuto más aquí.

Por suerte he encontrado un riachuelo, y tras saciar mi sed empiezo a subir paralelo a él. Al menos tengo agua y si se da la oportunidad podré pescar algo. Soy capaz de vislumbrar como empieza a descender con pereza la oscuridad nocturna, cuando el sol comienza a ocultarse tras la cumbre de la montaña, y veo resurgir con fuerza todos y cada uno de mis miedos. Los sonidos parecen amplificarse con la llegada de la noche y me perturba sobre todo el siseo de una serpiente. Estoy casi seguro que no puede ser sólo una, considerando que no estoy en cualquier sitio, sino en los juegos del hambre, y lo que me aguarda ha de ser apoteósico, ellos siempre apuestan por la exageración. Así que o bien son doscientas, o se trata de una enorme. Esta será nuestra primera noche en la arena y estamos cada uno por su lado, sin ideas (por lo menos de mi parte) de cómo reencontrarnos.

Maureen...

No dejo de preguntarme qué ha sido de ti, qué estarás haciendo justo ahora, dónde estás. ¿Sigues bien, verdad? Hacer una alianza es relativamente fácil, pero me he dado cuenta que cumplir la palabra de cuidarse mutuamente no lo es tanto, sobre todo cuando ni siquiera logramos encontrarnos. Conforme avanza la noche sólo pido no ver tu rostro en el cielo. Jamás había rezado, pero si alguna divinidad me escucha, si puede tener algo de piedad y compasión, le pido, le suplico, que estés bien.

A pesar de que no quiero que algún otro me encuentre solo, indefenso y desarmado, empiezo a considerar la idea de buscar refugio, de descansar un poco, y de quizás dormir. Mañana me preocuparé por encontrar a Maureen, quizás después de haber descansado un poco se me ocurra alguna idea. Mañana me preocuparé por hallar alguna forma de sustento, y por armarme, al menos con piedras.

La visibilidad es nula, incluso con la ayuda de mi linterna, lo cual es una ventaja sobre otros chicos que no cuentan siquiera con algo parecido, pero ante una de las bestias no tengo ninguna oportunidad. De pronto retumba el inicio del Himno Nacional y una especie de centella refulge el espacio, aprovecho para correr hacia un grueso árbol y apoyarme en él para poder ver la proyección. Empiezan por el Distrito 3, Pandora, mi compañera ha muerto… Un nudo se forma en mi garganta mientras contengo con todas mis fuerzas las ganas de llorar. Pandora era aguerrida y no dudo que haya intentado llegar a la cornucopia. Distrito cinco, ambos se fueron. Del ocho sólo el chico. No muestran nada del nueve, Maureen sigue bien. Ella sigue con vida, al menos. Todavía puedo intentar encontrarla. Con la esperanza de volver a verla, me siento al pie del árbol, permitiéndome, al fin, descansar un poco…

Mañana será otro día.


¡Hola de nuevo!

¡Gracias a todos por leer!

De nuevo años sin pasar por aquí y... bueno... no traigo buenas noticias. Soy mala, muy mala... ¡Peor que Collins que se llevó a Prim y a Finnick! Y es triste porque veo que les gustó Angélica, en efecto, como dijeron Alpha y Paulys, era una chiquilla demasiado inocente y fuera de lugar en los juegos del hambre. Les cuento que Dorian, tras cazar al niñito del 6, volvió y vio a Angélica cerca de April, pensó que la niña le había hecho daño a su aliada, por lo que sin miramientos le partió el cuello. Después April, que estuvo dormida mientras eso ocurría, vengó la muerte de la pequeña, ante la total extrañeza de su entonces ex-aliado, pseudo-recuperada, pero presa de rabia lo mató a golpes. Posicionándose como una de las favoritas en el Capitolio a partir de allí.

Sin embargo la culpa la disminuyó rápidamente y dejó de luchar por su vida.

En los 23° juegos, después de 22 años, en D9 corona a su segundo vencedor: Josh Morgan (18 a).