Año 32
Distrito 9
Toby Sullivan – 15 años.
Con dificultad termino de retirar el trozo de tela que, por los restos de sangre coagulada, se ha pegado alrededor de su herida. Frieda, tumbada de espaldas en el suelo de la cueva, aprieta los dientes y sus manos arrancan con desesperación la escasa hierba que crece aquí, sin siquiera emitir un suspiro. La piel alrededor de la cuenca está inflamada y tirante, tan sólo verlo me produce escalofríos, pero me asusto aún más al revisar el orificio donde antes estaba su ojo, tanto que me es difícil contener las arcadas. Todo su rostro está marcado por profundos surcos, incluso parte del cuello, provocados por las espinas. Y fue sólo gracias al reforzamiento de nuestro uniforme que su torso y brazos están en mejor estado; dado que la planta se enredó en su cuello no me explico cómo logró zafarse y la verdad me aterra encontrarme con esa mutación.
Que estemos juntos no fue algo planeado, pero no pude abandonarla a su suerte cuando se desmayó en la entrada de la caverna que ahora nos hace de guarida, poco después del primer conteo. Frieda es una chica muy guapa, o lo era hasta que entramos aquí, aunque por más que intento recordarla de los días de entrenamiento o de la entrevista, nada en particular sobre ella viene a mi mente. Es triste que, si sobrevive a esto, la cicatriz que le quedará será espantosa.
Cuando todo empezó yo huí con rumbo al norte, lo más rápido posible, alejándome de la cornucopia, de la matanza y de los dos aliados que Randy había logrado conseguirme. Una vez más fui presa de un miedo que no puedo dominar, sé que no vale de mucho hacer tantos planes si después me dejo llevar por la adrenalina del momento. Corrí y corrí, hasta que me fue demasiado fatigoso mantener el ritmo en este terreno abrupto, alto y escarpado, en el que todo está cubierto de hierba verde y húmeda. Es alentador el clima frío, pero implica una niebla que jamás se disipa, al contrario, conforme caía la primera noche se hizo más y más espesa, instándome a encontrar un refugio a la brevedad, ya que era impensable seguir avanzando sin tener una visión clara de los peligros que me acechaban.
Estaba por darme por vencido, cuando sorprendentemente me encontré con grandes monumentos de piedra, similares a los que circundaban la cornucopia, bastante desorientado y asustado, además muerto de cansancio, tuve suerte de hallar la entrada a una caverna. No obstante, al entrar creció mi turbación al notar que se trataba de una especie de mausoleo antiguo; a cada lado hay un ataúd de piedra maciza, en los cuales están cincelados los más diversos símbolos. Al no tener otra alternativa, me obligué a ignorar todas aquellas señales perturbadoras, de un salto me subí a una de las extrañas estructuras y por fin revisé la bolsa que logré rescatar. No había mucho: agua, galletas, una pequeña olla y una manta. Agotado me tendí sobre el sarcófago y al poco me quedé dormido, las notas del himno me sacaron del ensueño, pero mientras me espabilaba y salía de la cueva el anuncio terminó, sin que pudiera enterarme de la suerte de mis aliados.
Poco después Frieda apareció.
Algo la había atacado en las inmediaciones de la cueva, pero luchó para escapar y por suerte llegó a mí. Se desmayó en la misma entrada, y con gran dificultad la metí en la cueva, la subí a la otra tumba y la cubrí con mi manta. En adelante no pude volverme a dormir, varias horas después del amanecer al fin despertó. Su rostro estaba cubierto de arañazos ensangrentados, y con uno de sus guantes había cubierto la herida de mayor envergadura, en su ojo izquierdo. Le conté cómo me había encontrado, compartí con ella el agua y las galletas. Y le dije que haría una vuelta de reconocimiento, entonces que la niebla era más ligera. No había tratado con ella en los días previos, pero su silencio total resultaba muy incómodo.
Salí de la cueva, sobre todo para verificar que no hubiese otros chicos en los alrededores e identificar los posibles riesgos. No obstante, el escenario luce pacífico, un lugar digno de contemplarse, parecido a los bosques del 7, aunque los monumentos de piedra me hacen pensar más en el Distrito Dos; en un arroyo cercano reabastecí las botellas de agua, conseguí abundante menta, y regresé a la cueva sin mayor novedad.
A mi regreso Frieda estaba desesperada, la encontré luchando con su cuchillo, derramando abundantes lágrimas por su ojo sano e intentando arrancarse la tela de la herida. Con una calma totalmente inusitada en mí le prometí ayudarla. Fue difícil, para mí, mantener la entereza necesaria para serle de utilidad, pero finalmente retiré el trozo de guante, limpié la herida con agua tibia y la envolví con las vendas que enviaron sus patrocinadores. En mi opinión lo más seguro es que amerite un cicatrizante especial, o algo para evitar una posible infección...
Conforme pasan las horas del día, ella sigue sumida en una especie de catatonia que me perturba. La verdad sé que yo no le debo absolutamente nada, pero no tengo la sangre fría para abandonarla es su estado. Por otra parte, estoy agotado porque, a pesar de la inacción, no estar haciendo nada hace que mis nervios estén a punto de colapsar.
La noche ya es cerrada, cuando en lugar de las notas del himno una especie de melodía muy dulce empieza a escucharse en las inmediaciones de la gruta. Creo que son flautas, y un tanto emocionado me dirijo a la salida, afuera un juego de luces llama mi atención hacia un claro en medio del valle. El lago, en el que no había reparado antes, refulge, pues se ha congelado, y en sus orillas arden varios fuegos, alrededor de los cuales muchos niños ríen, cantan y bailan...
Mis pies casi sin permiso se encaminan hacia la fiesta, seducido por la música que de alguna manera altera mi consciencia. Pero no me he alejado diez pasos cuando Frieda me sujeta fuertemente, obligándome a detenerme. Con ademán brusco trato de soltarme, pero en ese momento diviso con claridad el rostro de uno de los pequeños seres. No son niños, al contrario, son ancianos, deformes, enanos, retorcidos, cuyos rostros están marcados por mil arrugas y sus dientes, recubiertos de oro, les confieren un aspecto absolutamente siniestro...
Espantado empiezo a retroceder, pero uno a uno se empiezan a girar y a mirarme directamente a los ojos... El miedo que siento asciende a otro nivel cuando empiezan a caminar hacia mí, al ritmo de las flautas. Frieda ya ha tomado la delantera y, sin mediar ni una palabra, sale corriendo, yo intento seguirla, pero tropiezo, caigo y me veo envuelto por una liana que empieza a constreñir mis movimientos.
Hola, hola, hola. Antes que nada gracias por dedicar unos minutos de su tiempo para leer este capítulo.
Alpha, la verdad tengo sentimientos encontrados respecto a OB, a mi juicio la serie creó más preguntas de las que resolvió y el final, aunque agridulce, no me terminó de convencer. Sin embargo igual la voy a extrañar, creo que es la primera vez que me emperro tanto con una serie. Retomando del capítulo anterior, es la primera vez que escribo un banquete y me ha gustado, la verdad creo que es uno de mis capis favoritos, me alegra que te haya convencido.
Ganadora Edición 31: Jaslenne Husting, 18 años, del D8.
¡Ya el blog se encuentra casi casi al día... pueden encontrar el enlace en mi perfil!
SS.
