Año 33
Distrito 5
Elspeth Langdon – 17 años.
Tal vez, si algún día pudiésemos sincerarnos, descartando las censuras propias de las entrevistas, más de un tributo confesaría que a pesar de crecer sabiendo que los juegos son ese monstruo real que nos puede atrapar entre los doce y los dieciocho, cuando los absurdos temores infantiles apenas se están superando; de saber que nos enfrentamos a una amenaza real que se cierne sobre nuestras vidas, la de nuestros hermanos, primos y amigos, a pesar que las teselas a veces sean la única opción para poner comida sobre la mesa y elijamos arriesgarnos, a pesar de todo ello siempre guardamos la esperanza de que no nos toque esa suerte, pues nada nos puede preparar realmente para enfrentarnos a esto, a menos que seas un profesional, e incluso ellos, decía papá, se ven cuando menos abrumados cuando entienden por fin que estos no son juegos en realidad.
Aun siendo hija de un historiador, empecinado en enseñarme las claves del pasado que me permitan comprender nuestro presente y luchar por un futuro mejor, me cuesta vislumbrar un mundo en el que todos podamos obtener las condiciones de vida que merecemos como seres humanos. Nos tropezamos una y otra vez contra la misma porquería, pero aparentemente los que se levantan son los más atroces, los más desalmados, los que saben y pueden dejar atrás los más mínimos vestigios de humanidad, moralidad y decencia, los suficientemente egoístas para ver únicamente por sí mismos…
Con la llegada al poder de Coriolanus Snow, hace ya 13 años, solía escucharse que la hegemonía radical capitolina encabezada por Heavenly había llegado a su desenlace definitivo, al fin una nueva generación había alcanzado la más alta esfera de poder y se creía que esta no tenía tantos resquemores para con los Distritos, por lo que muchos guardaban la esperanza de que, a la larga, hubiese mejorías para todos. Sin embargo, Snow no sólo ha recrudecido paulatinamente las exigencias del gobierno central a cada Distrito, sino que parece haber llegado a la máxima magistratura del País para permanecer allí a perpetuidad, ha impulsado dos modificaciones de la Carta Magna y ha ganado sobradamente dos reelecciones. En este tiempo en los Distritos la vida se ha vuelto cada vez más difícil y nuestro poder de decisión en las elecciones presidenciales es absolutamente nulo: tan sólo los alcaldes tienen derecho al voto y, coincidentemente, a ellos los nombra Snow. Estamos en un bucle del que nos es imposible salir y la única alternativa es seguir jugando y resistiendo de acuerdo con sus reglas.
No siempre me he puesto a reflexionar a fondo acerca de nuestra realidad. Al contrario, detestaba cuando papá insistía en explicarme este o aquel hecho muy muy importante de la historia de Panem y Pre-Panem, la tradición familiar de los Langdon siempre me tuvo sin cuidado, qué podía importarme lo que había ocurrido hace un par de siglos en un país diferente del cual sólo quedaron retazos dispersos, yo sólo quería pasarla lo mejor posible con mis amigos, no ser un ratón de biblioteca. Peor aún de una biblioteca clandestina que nos ponía en peligro a todos sin traernos ningún beneficio tangible. ¿Que el conocimiento es poder? ¡Por favor! ¡Poder es poder! Y es Snow quien lo detenta, quien decide sin miramientos ni remilgos el destino de todos. Creo que papá faltó a clases el día que dieron esa lección.
Supongo que ahora considero otros factores ya que mi fin está cada vez más cerca, he venido a parar aquí dentro y aunque al principio el tener a Malcolm como vencedor de los juegos el año pasado me había dado esperanzas, aunado a mi creencia de no ser una total inútil y no estar mal físicamente. Pero mi suerte duró muy poco, apenas en los primeros momentos de los juegos quedé a merced del tributo del Once, y aunque escapé por los pelos salvando la vida, antes recibí una herida de considerable tamaño y profundidad en el torso que, al estar cicatrizando sin ningún tratamiento, limita mis movimientos. Afortunadamente mis aliadas no me abandonaron a pesar de mi estado y mientras las chicas hacen lo posible por conseguir alimentos o armas y defender nuestro territorio, a mí me toca quedarme a resguardar nuestro refugio y las escasas provisiones que poseemos. Seguramente por ello no recibo ningún paracaídas, no resulto interesante y nadie apostaría por mí. Cuesta trabajo no darse por vencida en estas condiciones…
Súbitamente escucho una serie de pasos apresurados y descuidados en las adyacencias. Doy un respingo y el dolor lacerante que se extiende desde mis costillas hacia mi columna me hace querer gritar, pero aprieto los dientes y me aguanto, aguzo mi oído y logro oír una risilla estúpida que termina de ponerme los nervios de punta. Retrocedo en la parte alta del granero que nos hace de guarida y cubro mi boca y nariz con ambas manos, no entiendo por qué en este momento, en que mi vida literalmente depende de mantenerme escondida y sin hacer ruido, tengo tantas ganas de estornudar. Si lo hago delataré mi posición y, aunque Bellevue y Kanako ya deberían estar de vuelta, dudo que se trate de ellas, más bien parece ser un grupo numeroso y entusiasta, sé que sólo pueden ser ellos: los profesionales, la manada… Solamente ellos podrían pasearse por la arena con esa actitud desafiante y despreocupada.
Dada mi condición física mi mejor carta es esconderme, quedarme aquí sin llamar su atención y esperar que se vayan sin husmear demasiado. Aunque este cuchitril no es la gran cosa, les resultará sospechoso que nadie haya aprovechado la estructura para refugiarse y querrán echar un vistazo. Quizá podría enfrentarme a otro tributo en solitario, pero ante esos seis soy menos que nada… Es irónico para mí estar en esta situación, en casa yo era de aquellos chicos que, por andar en grupo, solíamos burlarnos de los solitarios, de los raros, de los más débiles… yo era de esos que, por ser más, abusaban e imponían su voluntad, que humillaban por la simple razón de poder hacerlo. Ahora tiemblo, aterrorizada, agazapada y con la insistente sensación de que voy a relajar mis esfínteres en cualquier momento. Sería un merecido revés de la suerte, cuántos de aquellos a los que molesté verán por fin saciada su sed de venganza. Y aunque me doy cuenta de ello, al punto de entender por fin lo que ellos sentían, no puedo resignarme, no quiero que me maten… Eran tonterías, eran chiquilladas… No merezco esto… No lo merezco… No es para tanto…
Respiro profundo para calmarme, tomo los binoculares y me obligo a acercarme a las tablas que condenan la única ventana en esta planta, esta bien alta y me es difícil alcanzarla, pero el esfuerzo vale la pena, finalmente logro distinguir que sólo son dos chicas las que se acercan, vienen casi corriendo pero se cuidan de no hacer ruido, empiezo a pensar que me dejé llevar por la histeria y aluciné las risas… o tal vez los profesionales vengan tras ellas, en cuyo caso espero que las cadenas que clausuran el granero sean lo suficientemente convincentes para que no intenten entrar aquí. De pronto escucho claramente de nuevo los pasos y las risas, el efecto de las mismas es inmediato, una de ellas se cae de bruces y la otra se devuelve a buscarla, ambas tienen las mejillas surcadas de lágrimas y su expresión es de terror. Pero nada las sigue, nada se acerca…
Es curioso que entonces una extraña refracción de la luz me permita advertir qué es lo que las sigue… es un muto… uno de los raros, casi invisible entre el follaje por la tonalidad verde grisácea de su piel, pero logro vislumbrar la silueta de una especie de gusano grande y gordo, realmente enorme como un elefante, con la piel rugosa y plástica característica de esos animales, tiene ocho patas cortas y toscas. Cuando gira su cabeza, supongo que en busca de las chicas, observo su cara claramente felina con un pelo negro sedoso y brillante, de su hocico sobresale a cada segundo la lengua bífida de una serpiente y a lo largo de su espina tiene pelos en punta, a modo de cresta. Las extrañas risas las ocasiona el roce de aquellos pelos. Su andar, aunque se ve pesado es bastante rápido, en un pispas está a escasos metros de ellas. La que ha caído empuja a la otra, como pidiéndole que huya. Pero esta se rehúsa y se desprende de la mochila que lleva a cuestas, recogiendo a la muchacha por debajo del brazo y levantando su peso para continuar el camino juntas. Enseguida pienso que su pérdida será mi ganancia, la mochila se ve grande y pesada, ojalá tenga comida. Nuestras barras de granola rancia ya escasean, además resultan insoportables. Esperaré que ellas y el muto se larguen de aquí e iré por el botín.
Repentinamente un sonido a mi espalda me pone nuevamente en alerta, aunque casi de inmediato queda silenciado por el fuerte y descontrolado latido de mi corazón que resuena detrás de mis orejas, escucho el característico ruido de un empaque siendo destapado, en aquel momento me giro y veo casi media docena de ratas paseándose sobre los alimentos que las chicas habían logrado reunir. Enojada, cojo mi asta a modo de lanza y empiezo a azuzarlas para que se vayan.
Mala idea, al unísono centran su atención en mí y sus ojillos amarillos relucen anormalmente, dejándome saber que no son roedores corrientes, mientras una cantidad incalculable de ellas aparece desde la parte posterior hacia la caja donde estaba el resto de nuestra comida. Empiezo a retroceder lentamente, pensando sólo en huir, disculpándome con las chicas, pero sabiéndome incapaz de hacer algo más. Haciendo caso omiso del dolor doy una carrerilla hasta la escalera, por el rabillo del ojo noto un mar de pelajes pardos seguir con su tarea de acabar con nuestras provisiones, tengo poco tiempo para salir de aquí antes que decidan que yo sea el plato fuerte. Sólo me interesa escapar, entonces escucho un grito agudo que parece taladrar mis oídos, a pesar de que se ha originado afuera, arrastro mi cuerpo en el fango que rodea la entrada improvisada que hicimos al granero para terminar de salir. El caos se desata a mi alrededor y mi cuerpo tarda en responder, me resbalo dos, tres veces y decido dejar de intentarlo un minuto y echar un vistazo a mi alrededor…
El gusano ha pasado por encima de las dos chicas, dejando un rastro sanguinolento a su paso, por detrás de él aparecen Kanako y Bellevue, no entiendo qué se les ha metido en el cuerpo, pero en lugar de huir o esconderse empiezan a atacarlo con sus armas improvisadas. Resulta incoherente a todas luces, pero se afanan en la tarea y el bicho aúlla de dolor, pero de pronto gira sobre su lomo y rueda, barriendo y aplastándolas a ambas, creo que imagino, más que escuchar, el crujido de sus huesos al partirse. Sé que no hay forma que sobrevivan a eso, el muto debe pesar al menos un par de toneladas.
Me encuentro totalmente inmóvil por la impresión, pero mi miedo alcanza otro nivel cuando lo observo incorporarse como si nada, a pesar de que un fluido verde y espeso le rueda por las heridas que mis aliadas le lograron ocasionar, y olfatear en mi dirección. Cierro los ojos, tratando de convencerme de que no se acercará, de seguro no me ha advertido, no tiene ojos. Yo cierro los míos y me quedo todo lo quieta que puedo, en el límite indistinguible del no querer morir y el querer que todo acabe rápidamente.
Este capítulo tiene milenios escrito, pero por alguna razón no terminaba de cuadrarme, los dioses se pusieron de acuerdo para que ayer tuviera un rato para releerlo y corregir detalles, y hoy (dado que ya mi factura del celular no puede ser peor) decidí subirlo conectándome por allí, ya que tengo más de dos meses sin internet. Si me han extrañado ahí están las causas que me han mantenido lejos. Espero realmente poder volver por acá pronto con nuevos capítulos.
Ana: En efecto a Frieda la atrapó una planta espinosa, pero ella no se había encontrado con los duendes. A Toby lo atrapa un tipo de liana distinto, más parecida a la de Jumanji (la vieja), la que se lleva el coche patrulla de Carl, una especie de constrictora.
Alpha: Algo que me cuesta mucho, muchísimo es contextualizar, describir el ambiente, las sensaciones, soy más de relatar el mundo interior de mis personajes, pero en el capi pasado me propuse detallar mejor todo eso. También me encantan las historias en las que hay saltos temporales, que brincan en el tiempo narrativo, e intenté hacerlo en el capítulo anterior, pero eso me cuesta mucho más... A mí el escenario se me hizo muy pacífico, está inspirado en los bosques escoceses que muestran en la peli Valiente...
Paulys: Yo soy de las que se paralizan, el miedo, más allá de inspirarme suele jugarme malas pasadas... Admiro a quienes se inspiran en él, yo simplemente no puedo.
Ganador Edición 32: Malcolm Burns 18 años D1
SS.
