Capítulo 2. Ella.

Días y noches pasaron sin que Leo se decidiera de una vez, la incertidumbre le rodeaba y no llegaba a ver la luz en aquel tema, algo que impacienta y mucho a Legolas, ¿Por qué razón lo veía éste como si fuera su hijo? Pues tenía esa sensación, por la edad podría ser su… lo que fuese, pero también por que adivinaba lo que diría y como actuaría, algo común y corriente si se es un semejante, claro que nadie puede ser igual a otro, ¿qué estúpido sería no? Leo tenía algo especial, que le agradaba a Legolas, y que aún el joven no sabía o no quería saber.

Una chica muy peculiar se puso en contacto con él, se llamaba Blanca y era profesora de la universidad de Historia y Geografía de la cuidad vecina, ¿cómo se enteró ella del hallazgo del libro? Aquella pregunta se la hizo una y otra vez hasta segundos antes de conocerla, le pidió cita en su despacho, no la conocía de nada y desconfiaba.

Antes de entrar por la puerta se le pasaron los mil motivos para no establecer una relación con ella, ¿de qué tenía miedo exactamente? ¿Quién era esa chica y de qué le conocía?

-Estoy viendo tu sombra detrás de la puerta, haz el favor de entrar –dijo una voz fina y algo mosqueada-

-Buenos días…

-Buenos días –se levantó y le ofreció un apretón de manos- siéntate. Te llamas Leonardo Gómez, tienes veintisiete años, vives no muy lejos de aquí, un piso situado en la calle del Mineral número tres, primero cuarta, estudiaste hace años en ésta universidad pero dejaste los estudios en penúltimo curso por problemas económicos, luego hiciste tu vida por otro lado realizándote como jefe empresarial, actualmente te han despedido.

-¿Cómo sabe todo eso? –preguntó escamado-

-Está en los archivos de la biblioteca central. ¿Traes el libro?

-…sí, ¿pero para qué lo quiere exactamente?

-Quería comprobar una cosa ¿me lo dejas si no te importa?

Se lo dio con temor por si le hacía algo.

-Verás, encontré unos manuscritos hace mucho tiempo que delataba a un libro por llevar consigo un pasado que buscaba su reencarnación ¿es cierto?

-Sí, dentro describe el pasado de una chica.

-No me refiero a eso y sabes a lo que me refiero.

-No te puedo decir eso.

-El libro habla sobre un elfo llamado Legolas, ¿sabes que son los elfos?

-Sí.

-Bien, la chica de la que habla dicho elfo se llama Elian, o por lo menos se llamaba, ¿sabes donde se encuentra?

-¿Esto que es la cámara oculta, una encuesta privada?

-Solamente recopilo información.

-Aún no me has dicho como te llamas.

-Te lo dije cuando te llamé, me llamo Blanca.

-No me acordaba.

-Seguimos, existe cierta teoría de un Vacío en el más extremo silencio ¿tienes idea de donde puede estar?

-No.

-Pues ahí es donde estoy yo. Te diré la verdad y el porqué estoy tan interesada en esto, mi pasado se encuentra en dicho lugar, lo supe por que se me rebeló hace muchos años y ahora la busco, mi pasado es Elian y también es mi nombre real, Blanca es un apodo para no delatar.

-¿Eres esa chica?

-Medio, necesito unirme a ella para serlo, aunque eso es imposible, nadie puede ser igual a otro, sería una locura, pero sí deseo obtener los conocimientos necesarios para ver qué le ocurrió exactamente y poder descubrir más hallazgos. Sé que la historia de los elfos está viva, existió y quedan restos por todo el mundo, solamente hay que saber donde están.

-¿Y pretendes descubrirlos para que el mundo lo mangonee?

-No irían a éste mundo cruel y desconsiderado lleno de hipócritas que solo quieren dinero, no iría al mundo actual de la Tierra Media.

-¿Crees en eso?

-Me he pasado la vida estudiándolo, sé algunos pero muy pocos y no con certeza.

-¿Y por qué crees que yo te puedo ayudar?

-Por que éste libro me puede ayudar a recordar lo que fue la vida de Legolas a su lado, pero solamente tú tienes el poder para eso.

-¿Quieres que me una a él para ayudarte?

-¿No es una buena oferta?

-Llevo días pensándolo y no sé que hacer, ¿Y si no resulta propicio para mí?

-¿Cómo te puedes preguntar eso? Será propicio para todas las almas reencarnadas de nuevo ¿te parece eso poco?

-¿Cuánto hace que sabías de mí?

-Mucho antes de que nacieras.

-¿Cuántos años tienes si no es mucho preguntar?

-Aquí tengo veintiséis, allí, en el futuro de la Tierra Media, -puso cara de que lo que le iba a decir no se lo iba a creer ni aunque quisiera- mil quinientos años.

Leo se levantó enseguida de la silla y se fue hacia la puerta sorprendido, no le había dicho ni treinta ni cuarenta, no, ¡Mil quinientos!

-¡Es una elfa!

-¿Eres elfa verdad?

-Sí. Tuve suerte de que Eru considerara mi petición cuando mi pasado murió, no quería volver a ser una de la raza de los hombres, quería volver a continuar mi vida con el elfo que amaba y que amo…

-Hablas como si fueras ella.

-Por que soy ella, solamente me falta el alma ¿sabes lo que podrían hacer conmigo sin alma? Nadie me protege de un accidente, o de algo peor. Sin alma no eres nada y tú tampoco la tienes aún.

-Exacto, una elfa…

-¿Te has acabado el libro?

-No, me quedan dos capítulos, son muy amenos y se pasa rápido.

-Elian tenemos reunión a las cinco –dijo un profesor sacando la cabeza por la puerta- Ui, perdón, no me había dado cuenta de que tienes visita.

-Pasa tranquilo, mira, Leo, éste es Aragorn.

-¡¿Aragorn?!

-¿De qué te sorprende? –preguntó él tendiéndole la mano-

-¡Bien, no estamos solos!

-A ver si no ligamos tanto hermanita, que llevas una racha…

-Envidia que tienes.

-Será eso, no le hagas caso, hasta luego.

-Adiós…

-Leo… que ta pillao…

-¿Oyes su voz verdad? Lo dicen tus ojos.

-Está y no está dentro de mí.

-Porque se encuentra a tu lado, aún no está dentro, el hecho de que encontraras el libro y lo empezaras a leer le da derecho a ir a tu lado.

Se quedó inquieto y algo asustadizo.

-A tu izquierda, y no mires para abajo que estoy de pie.

La chica lanzó una bola de papel al aire y dio rebotada contra algo invisible a la izquierda.

-Me has pillado desprevenido.

-¿Lo puedes ver?

-Un poquito, pero solo su reflejo. –se levantó y apagó la luz, bajó las persianas y todo se quedó completamente a oscuras-

A su lado podía ver una forma medio visible y transparente, la figura de Legolas se dibujaba.

-Así era.

-Y soy –dijo él-

-Solamente se puede ver en la oscuridad, lo descubrí por que Elian me hizo lo mismo, me cagué patas abajo cuando tenía cinco años, desde entonces tengo un trauma.

-Así que eras tú el que rondaba por mi casa por las noches, y yo pensando que era el gato de la vecina.

-Necesito moverme, no puedo estar pegadito a ti como una lapa sin decir nada, me pongo a ver la tele, juego con tu móvil, leo, salgo a pasear al perro de la vecina que nunca lo saca, cosas así.

-Serás caradura.

-Igual que tú.

-Bueno bueno... a ver si vamos acabar en pelea por esa estupidez –interrumpo ella-

-Aunque quizás ahora tenga algo más importante que hacer… -dijo mirándola-

-¿Puedes estar lejos del cuerpo que te pertenece?

-Solamente por un corto periodo de tiempo, dos horas como mucho, luego tengo que volver, si no me canso mucho y desaparecería de nuevo.

-Debo irme, tengo que hacer varios recados más y la conversación seria y a se ha acabado –cogió el libro-

-Avísame cuando te has decidido.

-Te avisaré… adiós.

-Ahora voy yo –dijo Legolas-

-No tardes que tengo prisa.

-No.

Al dejarlos solos Legolas se llevó a Elian hasta la pared con agonía y la besó anhelantemente, ella se derritió allí mismo.

-Te veo luego –dijo antes de desaparecer y dejándole una nota en sus manos-

"A las diez en la cama"

-He oído un ruido extraño ¿te encuentras bien? ¿Qué haces a oscuras? –preguntó Aragorn confuso-

-…había… ido a buscar un papel que se me había caído… y he apagado la luz sin querer –su corazón le palpitaba a cien por hora-

-¿Y las persianas?

-Me deslumbran en la pantalla.

-¿Seguro que estás bien?

-…sí. –dijo haciéndose aire con un papel que tenía a mano-

-¿Vendrás a cenar ésta noche?

-Me ha surgido un asuntillo y no podré ir ¿Podría ser mañana?

-Claro, tranquila y airéate un poco, estás sonrojada.

Se miró a un espejo y se quedó parada de las mejillas rojizas que tenía.

-No pienso unirme a ti, estás loco y colado por esa tía, a saber si es ella o qué –hablaba solo por la calle-

-No te permito que hables así de ella.

-Ahora la voz tiene cuerpo transparente y puede hablar, además jamás he visto a un alma hacer el amor con una profesora ¿Acaso no te das cuenta de que nadie te ve?

-Lo que yo haga a ti no te incumbe.

-Me incumbe por que al fin y al cabo y con tus propias palabras, tú eres yo.

-Estás celoso.

-Pues sí lo estoy, está como un tren y tú quedas para estar con ella por la noche.

-Soy su pareja.

-Lo eras, ya no.

-¿A qué viene esa aptitud tan rebelde? Ya lo entiendo… ¿también la quieres no?

-¿Y qué más da si es tuya?

-Si me hubieras dejado entrar en ti ahora podrías tu disfrutar de ella.

-Pero no disfrutaría de mí si no de ti.

-No he visto tío más cabezón… ¿No vas hacerlo por ella? Si la quieres como dices estarías dispuesto a hacerlo.

-Y lo estoy, pero no por ella.

-¿Es que no entiendes que si nos unimos los dos podremos tenerla? Yo la amaría como alma que soy por que ya no puedo optar a otra cosa, en cambio tú la amarías tal como es.

-Tú amarías su alma perdida.

-Sí, vamos Leo… te pido ayuda…

-…debo pensármelo un poco más…

-¿Más? ¡Llevas semanas pensándotelo!

-Si soy un elfo tengo toda la eternidad.

-…elfo tenía que ser…

Legolas con aquella conversación consiguió poder ser más visible, no totalmente pero sí algo más, hasta Leo podía verle, pero solamente él, a veces andaba por su casa y se asustaba por que no se acostumbraba a su presencia. Por aquella noche y las demás Legolas no para por casa, desaparecía al tener ahora más libertad y no aparecía hasta la mañana siguiente, claro que no hacía falta adivinar nada, su rostro feliciano le delataba y su sonrisa matinal no era para menos.