Buenooo... hace ya mucho que debía haber escrito un nuevo cap, lo siento. Realmente me ha quedado un poco raro, así que sed compasivos, por favor...
Mañana me voy dos semanas de viaje, y tengo mucho que hacer, así que de momento agradezco los comentarios de: Angelina, Nistrale, Cintia, Rinoa, Luna, Lora Chang, Deimos, Anna Voig, Nimph, Magical y Gwen. Cuando vuelva ya comentaré los revis. Muchas gracias a todos.
Cap 9: Res gestae (historias)
- ¡Ssssssssht! ¡Ya llegan, ya llegan!
Lynx Darkwoolf se escondió tras una enorme butaca y escuchó atentamente el ruido de pasos acercándose cada vez más a la puerta.
* * * * * *
- Ya casi estamos, Diane. - Dijo Faith. - Sólo un poquito más... - Se detuvieron ante la entrada y se apresuró a escribir la contraseña en la pared. Con un leve crujido apareció la pueta azul de la torre Ravenclaw.
Diane, apoyada en el brazo de su amiga, entró en la desierta sala común, por fin...
De repente todos los estudiantes de Ravenclaw salieron de sus escondites.
-¡¡BIENVENIDA DE NUEVO, DIANE!!
La chica se dejó caer en uno delos sofás, exhausta pero feliz, tenía los mejores compañeros del mundo; uno por uno fueron a darle un abrazo de bienvenida, incluso los niños de los primeros cursos a quienes apenas conocía. Luego volvieron a las mesas para continuar trabajando, porque aunque hacía solo tres días que habían reprendido las clases, tenían un montón de deberes por hacer.
- N... no teníais por qué... - Balbuceó.
- Claro que sí, tonta. - La cortó Lynx con una sonrisa. - Es un placer. Además, teníamos que celebrar tu recuperación, ¿no crees?
- Mmmsí... - Se llevó una mano a la mejilla para secar una lágrima furtiva. - Mira, ya habéis conseguido que me emocione...
- ¿A álguien le apetece picar algo? - Nicholas Klimn se sentó en el brazo de la butaca donde estaba Lynx y ofreció una bolsa de patatas fritas.
-Siempre me pregunto cómo puede ser que nadie te pille cuando vas a robar comida a la cocina, Nicky, cariño.
- Secreto profesional, Lynx. - le contestó Klimn guiñando un ojo. - ¿Quieres? - Las tres chicas negaron con la cabeza y por lo tanto dejó la bolsa sobre la mesilla. Entonces empezó a rebuscar por los bolsillos de su túnica y sacó un cigarrillo.
- No irás a fumarte ESO ahora, ¿verdad?. - Exclamó Faith al instante frunciendo el entrecejo.
Nicholas la miró, contrariado. - ¿Por qué no?
- ¡Por Diane, idiota! ¿Acaso crees que es bueno para su salud estar respirando el humo apestoso de esas cosas?
- No, pero si por mí ya puede... - Intentó decir la aludida.
- ¿¡¡No me has oído o qué!!? ¡¡Apaga eso en seguida!!
- ¿¡¡Y por qué no levantas tu gordo culo hasta aquí y apagas el cigarrillo tú misma, si tanto te molesta, eh, McCarver!!? - Gritó Nicholas fuera de sí.
Faith se levantó del sofá, roja de ira. - Mira quién fue a hablar, Nicky el ballenato. - Dijo entre dientes. - ¡Nicky el ballenato! ¿Recuerdas?
- Vete a la mierda.
- Después de tí, ballenato. - contestó Faith antes de dirigirse a toda prisa hacia la puerta oculta que llevaba hacia el taller y desaparecer por la estrecha escalera de madera.
Nicholas la siguió con la mirada. Pálido y con expresión abatida se fue de la torre Ravenclaw dando un portazo. Aún sentadas ante el fuego; Diane y Lynx intercambiaron una mirada interrogativa antes de levantarse e ir cada una tras su amigo.
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No había ni rastro de Nicholas en los pasillos. Lynx suspiró; estaba prohibido salir de la sala común después de las nueve de la noche, si la pillaba Filch estaría limpiando la sala de los trofeos hasta graduarse. De repente se llevó la mano a la cabeza. - ¡Claro! Seguro que está ahí... - Bajó apresuradamente las escaleras que llevaban a las mazmorras y entró en la sala reconvertida en teatro; su amigo estaba allí, en una de las butacas de terciopelo rojo, fumando y
jugueteando distraídamente con un pequeño objeto brillante. Ni siquiera miró a Lynx cuando esta se sentó a su lado.
- Nicky, ¿se puede saber qué te pasa?
- Nada. - Dijo él con una mueca. - Estoy perfectamente, gracias.
- Sí, claro, por eso has venido aquí a esconderte, ¿no?
- Quería estar un rato a solas. - Repuso él, huraño.
Lynx suspiró y entrelazó su mano con la de él. - ¿Por qué no me cuentas la razón por la cual desde que nos conocemos te metes con Faith y por qué después de hacerlo te quedas tan hecho polvo? Sé que hay algo que no me has contado.
- Te juro que no te oculto nada.
- Oh, vamos. Nicholas Alexander Klimn, eres como un libro abierto para mí. Quizá otro se tragaría tu cuento de "soy un tipo duro y sin sentimientos que no tiene ningún secreto para sus amigos", pero Lynx Darkwoolf, no.
Nicholas no pudo reprimir una sonrisa. - Está bien. ¿Quieres saberlo? Pues vale, pero te advierto que no es ningún oscuro secreto, es una estupidez.
- Eso lo juzgaré yo misma.
Entonces el chico sacó el pequeño colgante con que estaba jugueteando antes y se lo tendió. Estaba hecho de plata, y en el centro había una piedra encastada que emitía una suave luz mientras franjas de colores se arremolinaban caprichosamente en su centro. Lynx observó la joya y miró a Nicholas con una expresión de asombro en su rostro. - Faith tiene uno igual...
- Es un pensadero, el de McCarver es gemelo a este.
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Diane llegó al taller agotada tras subir las escaleras. Faith estaba sentada en la repisa de la ventana, mientras en la radio mágica John Masdew, cantante de los Whiskyn's, entonaba una triste balada. Quizá fueran imaginaciones suyas, pero Diane juraría que justo al entrar su amiga estaba secando una lágrima. En el centro de la habitación había un par de esculturas aún sin terminar que representaban un angel y un demonio, con las herramientas, cincel, maza y trépano desperdigadas alrededor.
- Siento que hayas tenido que ver un espectáculo tan lamentable ahí abajo, pero es que Klimn me pone de los nervios, sobretodo cuando habla de mi... y sabes, de mi peso...
Diane puso los ojos en blanco. - ¿Otravez con eso? Faith, No estás gorda.
- Soy una vaca. - Dijo con un mohín disgustado.
- No, cariño, estas estupenda.
- Siempre dices lo mismo. - Se pasó la mano por el pelo. - Ooooh, maldita sea.¿Por qué me afecta tanto ese idiota de Klimn?
Diane se sentó a su lado. - Eso quería preguntarte... ¿Porqué le has llamado "Nicky el ballenato"? Parece un mote de esos que ponen los niños. ¿Hay algo que quieras contarme?
Faith suspiró y le tendió el pensadero que siempre llevaba a modo de collar. - Tú misma; total, es una estupidez...
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Lynx fijó la mirada en las líneas que se arremolinaban en el pensadero y sintió como un torbellino tiraba de ella y caía envuelta en oscuridad.
Segundos después abrió los ojos; estaba en un páramo boscoso cercano a un pueblo de casitas bajas y apariencia tranquila. - ¿Qué...qué es este lugar?
- Roke-on-trent, mi pueblo. - Dijo Nicholas que acababa de aparecer a su lado. - Creo que tenía nueve años.
- ¿Pero qué...?
- Shhht, mira, ahí estoy.
De un camino cercano empezaron a oirse gritos y ruido de pasos. De repente apareció corriendo por el camino un niño rollizo de cabello oscuro y rizado. Jadeaba y apoyaba las manos en las rodillas, intentando recuperar el aliento.
- ¡Eres tú! ¡Que mono! Ahora no tienes esas mejillas tan redonditas y sonrojadas, Nicky.
- No, ni tampoco estaba gordo como un tonel. Me llamaban...
- ¡Nicky el ballenato! - Media docena de niños aparecieron tras él repitiendo la misma cantinela. El que parecía el líder se acercó para propinarle una patada en el estómago, y el Nicholas-niño cayó al suelo, sollozando.
- Eso pasaba al menos una vez por semana.- Murmuró el Nicholas-adolescente. - A los demás niños del pueblo les gustaba perseguirme mientras me llamaban ballenato. Supongo que es el precio que hay que pagar por pertenecer a la família "rara" del pueblo.
-¿La tuya es la única família de magos en Roke-on-trent?
- Sí.- Repuso él con una sonrisa. - Pero al menos ahora no se ríen de mí.- Mira, ahí llega.
De repente una piedra certeramente lanzada golpeó al cabezilla de los niños en la mano. Lynx se giró hacia el otro lado del camino y vio a una niña que sentada en una bicicleta se
agachaba para recoger otra piedra del camino. Tenía el pelo muy largo recogido en una cola de caballo y las piernas llenas de rasguños. Lynx supuso que una visión así debía intimidar bastante a unos niños, porque estos se dieron la vuelta y empezaron a correr en dirección al pueblo mientras el Nicholas-niño seguía en el suelo, anonadado.
Faith, porque era Faith, con siete años, el pelo largo y vestida de rosa (nunca vestía de rosa, siempre decía que odiaba ese color) montó otra vez en la bicicleta y se acercó al niño, que se acurrucó aún más, como si tuviera miedo de recibir otra paliza.
- ¡Hola! - Dijo ella con una sonrisa y ofreciéndole la mano. - Soy Faith McCarver. ¿Y yú? ¿Por qué te pegaban esos niños?
Nicky se levantó sorbiendo los mocos. Tartamudeaba un poco. - P...p...porque dicen que mi p...papá y m...mi mamá son raros y que est...ttoy gordo. - Se limpió apresuradamente la mano en los pantalones antes de ofrecérsela. - Me llamo N...Nicholas Klimn.
Ella rió. - A mí también me dicen esas cosas, pero les tiro piedras. - Entonces adoptó una expresión pícara. - Además, mis papás no son raros; son magos.
- ¡Los míos también! - Excalmó Nicky.
- ¿Tienes bicicleta?
-¿Qué?
- Que si tienes bicicleta, tonto, te invito a merendar. Mira, mi papá ha alquilado una casa en lo alto de la montaña. ¿Vienes o no?
El niño asintió y volvió corriendo a toda prisa hacia el pueblo.
- El inicio de una bella amistad. - Dijo Nicholas con sorna.
- Ya veo... - Repuso Lynx. - ¿Sabes que eras un niño adorable, Nicky?
Él esbozó una sonrisa torcida. - Ya me lo has dicho; con las mejillas sonrojadas, ¿verdad? ¿quieres ver un poquito más de mi tierna infancia?
-Faltaría más...
Entonces se sucedieron una serie de escenas, Faith pedaleando furiosamente por los caminos seguida por un Nicholas exhausto pero tenaz, ambos trepando por una cerca para robar las manzanas de una granja, merendando en la gran cocina de piedra de la casa que el padre de Faith había alquilado para poder dedicarse a la escultura con tranquilidad, pescando en el río... incluso un día robaron le robaron un cigarrillo al padre de Nicholas, pero nada más dar una calada lo arrojaron lejos, tosiendo violentamente.
- Ya veo, ¿ya desde tan pequeño tienes ese sucio vicio? - Comentó Lynx. - Pero aún no entiendo por qué si erais tan amigos os acabásteis peleando.
- Ya te dije antes que era por una estupidez, mira:
Había una nueva escena; ambos estaban sentados sobre una roca. Nicholas lloraba.
- Vamos, Nicky, no te pongas así. ¡Seguro que nos veremos en Hogwarts! - Decía Faith mientras le pasaba un brazo alrededor de la espalda. - Tengo muchas ganas de volver a Edimburgo, ¿sabes? ¡Es una ciudad muy bonita! ¿Querrás venira visitarme algún día?
- No. - Contestó él con su forma característica de fruncir el ceño. - No pienso ir a esa estúpida ciudad. Quiero que te quedes aquí, conmigo.
Permanecieron un rato así, en silencio, hasta que de repente Nicky sacó algo del bolsillo de su pantalón: eran dos pensaderos gemelos en forma de colgante. - Coge uno. - Dijo con la mirada fija en Faith.
- ¡N... no puedo! ¡Eran de tu abuela!
- Pero ahora son míos, y no quiero que te olvides de mí.
Con mano temblorosa, Faith tomó una de las joyas y sonrió. - ¡Uuaaaau! ¡Pues muchas gracias! Mira, yo también te he traído un regalo. - Rebuscó un poco en su mochila y le tendió una diminuta figurita de arcilla. - Somos tú y yo, lo hize ayer por la tar...
Pero no pudo continuar, porque Nicholas le acababa de besar en los labios.
Se levantó de un salto, terriblemente sonrojada. - ¡¡¡¿¿¿P...pero se puede saber qué haces????¡¡¡¡
El niño bajó la cabeza, con los ojos fuertemente cerrados. - No quiero que te vayas. - Y dicho esto arrojó la figura de arcilla, que se hizo añicos contra el suelo.
- ¡¡¡Eres un idiota, Nicholas Klimn!!! ¡¡¡Te odio!!! - Faith le dio una sonora bofetada antes de huir a toda prisa.
De repente todo se volvió negro y Lynx parpadeó; volvían a estar en la oscuridad del teatro. A su lado, Nicholas se llevó una mano a la mejilla, como si aún le doliera aquella aquella bofetada. - No nos volvimos a ver hasta dos años después, en Hogwarts. - Dijo con voz queda . - Yo había cambiado mucho en ese tiempo, pero igualmente me reconoció... y seguía odiándome. Por una tontería, sí, pero no me soporta, ni yo a ella tampoco.
- Eso no es cierto, idiota. Aún te gusta.
Nicholas miró a Lynx y negó con la cabeza. - ¿Qué te hace pensar que me guste una chica gritona, con mal genio y que me odia?
- Con negar lo evidente no ganas nada, Nicky. - La chica le dedicó una de sus sonrisas felinas
- ¿Quieres que te lo demuestre?
Lynx notó la respiración del joven cada vez más cerca, su suave olor a colónia, sus ojos oscuros fijos en ella, cada vez más cerca. Por un momento cerró los ojos, esperando sus labios, porque sabía que la besaría aunque solo fuera para fingir que no estaba colado por otra, y por esta misma razón apartó el rostro el el último momento, justo cuando ya podía notar el calor que desprendía su piel.
- ¿Por qué no? - Preguntó él con un susurro.
"Hubiera dejado que me besaras, Nicky, si en tu mirada viera la mitad de la adoración con que mirabas a Faith, la misma con que la miras ahora, aunque no te des cuenta" pensó Lynx. Pero en vez de eso alargó una mano para despeinarle - Porque no eres mi tipo, bobo. Siempre te digo que deberías afeitarte las patillas y dejar de fumar.
- ¡Jamás! - Exclamó él con una sonrisa. - ¡Ysi no quieres arrepentirte de tus palabras ahora mismo, más te vale echar a correr hacia la sala común o empezaré a hacerte cosquillas! (N/A: Se nota que Nicholas quiere cambiar de tema, no?)
Al instante se levantaron de las butacas de terciopelo rojo y entre risas ahogadas se dirigieron hacia la torre Ravenclaw.
* * * * * * * * * * * * * * *
En el taller, Diane le devolvió el pensadero a Faith.
- Así, ¿es por eso que te cae tan mal?
- Eso solo es el inicio. - Repuso la escocesa con un bufido. - Nada cambia que sea un cretino.
- Pues yo no creo que sea tan malo. - Añadio Diane, bostezando. - Eeeeh... me muero de sueño... ¿Vamos a dormir?
Faith miró tentada hacia las esculturas a medio hacer, pero asintió; ya no estaba tan enfadada pero le dolía la cabeza, por lo que un buen descanso le iría de maravilla.
Bajaron lentamente por las escaleras hasta la sala común, que a esas horas ya estaba desierta, y se dirigieron hacia los dormitorios. De repente se abrió la puerta de entrada y aparecireon Nicholas y Lynx, riendo a carcajadas.
- Has... ¿has visto la cara de Filch? - Decía en mientras se sujetaba el abdómen por la risa. - ¡Por... por un momento creía que nos pillaba! - Al darse cuenta de que Diane y Faith estaban al pie de las escaleras calló abruptamente y le dedicó a McCarver una mirada llena de rencor. - Nos vemos mañana. - Murmuró mientras le daba un beso en la mejilla a su amiga y desaparecía
hacia su cuarto.
Las chicas se miraron un momento, y en silencio se fueron a dormir.
* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
Aquella mañana, Diane se despertó feliz. Las otras aún dormían a pierna suelta, por lo que sin hacer ruído alargó su pálida mano y tomó la caja de música con suma delicadeza, repasando con los dedos las incrustaciones en plata de la madera. Suspiró, deseando que empezaran las clases para verle.
Pero Lupin no apareció durante el desayuno, ni tampoco a la comida, ni a cenar, y la chica empezó a impacientarse. No había luna llena hasta dos semanas después, así que...¿Por qué no había venido? ¿estaría enfermo? Quiso ir a la enfermería, pero no se sintió capaz de hacerlo, así que en vez de eso se quedó toda la tarde en la sala común, intentando estudiar, porque aquél año tenían los exámenes, los NEWTs que decidirían su futuro profesional. Sin embargo no pudo concentrarse en los libros, por lo que al final subió al taller, donde Faith, lejos de preocuparse por algo tan nímio como los exámenes, pasaba las horas esculpiendo la escenografía para la obra de teatro.
Al día siguiente Remus tampoco apareció a la hora del desayuno, pero Diane no desesperó, porque aquella tarde tenían Defensa contra las artes oscuras.
Las clases de la mañana pasaron lentamente, y la chica se iba inquietando a medida que pasaban las horas. Pero al fin llegó el momento, aunque ahora, además de inquieta, Diane estaba asustada, aunque no sabía por qué.
Como siempre, llegó puntual como un reloj y se sentó en su pupitre favorito, junto a la ventana. A medida que iban entrando los demás alumnos se iba poniendo más y más nerviosa, le dolía la cabeza. De repente escuchó unos pasos familars acercándose por el pasillo, y Lupin entró en el aula.
-Ah... buenas tardes. - Dijo mientras se sentaba, como siempre hacía, en una de las esquinas de su mesa. Diane se dió cuenta en seguida de que estaba pálido y ojeroso, como si no hubiera dormido en toda la noche. También le temblaba la voz, tanto que incluso muchos alumnos intercambiaron miradas de preocupación, pero lo que más preocupó a Diane es que, durante toda la clase tuvo la sensación de que Remus evitaba fijar sus ojos en ella, y en ningún momento se dirigió a ella para preguntarle, talmente como si la chica no estuviera en el aula.
Cada vez más desesperada Diane aguardó a que terminara la clase, quizá entonces podría hablar con él, cercionarse de que no la ignoraba a propósito, aclarar las cosas, pero sin embargo, al sonar la campana, el profesor no se quedó un rato en clase para resolver dudas como solía, sino que abandonó el aula el primero, como si huyera. Harta de esperar, la chica se levantó a toda prisa y le siguió por el pasillo. - ¡¡Profesor Lupin!! ¡¡Profesor Lupin, un momento, por favor!! - Gritó con todas sus fuerzas. Estaba convencida de que él la había oído, pero no se giró, sino que aceleró el paso hasta perderse por una esquina. Con el corazón atenazado por la angustia, Diane se apoyó en la pared. No eran imaginaciones suyas; Remus la estaba evitando.
Aquella noche, en la sala común, seguía pensando en lo mismo cuando Klimn apareció por la puerta con una bolsa de patatas en la mano y se sentó a su lado. - ¿Quieres? Acabo de tomarlas prestadas dela cocina.
Diane negó con la cabeza, lo último que le apetecía hacer ahora era comer.
- Tú misma... - Murmuró el chico. - Oooh, ¿sabes a quién me he encontrado pidiendo un bocadillo a los elfos domésticos? Pues al profesor Lupin... claro, como hace días que no le vemos por el comedor... Seguro que lo hace para no encontrarse a alguien en el Gran salón, a Snape, supongo...
De repente se dió cuenta de que estaba hablando solo, porque Diane acababa de marcharse corriendo por las escaleras. Nicholas se encogió de hombros y tomó una patata, realmente nunca entendería a las mujeres.
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Los meses siguientes fueron, en pocas palabras, extraños. Parecía que en la torre Ravenclaw todo el mundo estaba ocupado; los más estudiosos de quinto y séptimo preparando los exámenes (¡cuando aún faltaban seis meses!), los del club de arte dramático se reunían casi cada día para ensayar su obra, que tenían previsto estrenar justo antes de las vacaciones de primavera, e iban por los pasillos de Hogwarts vestidos de época y cargando cajas con atrezzo. Incluso Faith pasaba horas encerrada en en el taller acabando la escenografía, y entre eso y que Lupin seguía evitándola a propósito, Diane se sentía cada día más sola.
La semana antes de las vacaciones de primavera estaba prevista una salida a Hogsmeade, y
aquella mañana alumnos y profesores se prepararon a conciencia para ir al pueblo.
- Lupin, ¿viene con nosotros a "las tres escobas"? - Le preguntó Minerva McGonagall.
Remus negó con la cabeza. - Muchas gracias, pero creo que iré a pasear por el pueblo, si no les importa.
McGonnagall y Sprout se miraron encogiéndose de hombros y se marcharon hacia el pub mientras Remus andaba sin rumbo fijo por las calles. ¿Por qué se comportaba así? Incluso se había negado a ir al pueblo con Sirius; se había distanciado de sus alumnos, compañeros e incluso de su mejor amigo, vivía aislado, comiendo a solas en su dormitorio, apareciendo solamente para impartir las clases, escondiéndose. Escondiéndose de ella. De repente se giró hacia el final de la calle, y su rostro quedó lívido, el corazón latiéndole violentamente.
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- Vamos, Diane, anímate un poco. - Le decía Faith. - ¿Quieres una cerveza de mantequilla? Es... para compensarte que no haya estado mucho por tí estos ultimos días.
- No, gracias. Sólo estoy... - Se detuvo abruptamente. Allí, al otro lado dela calle, Remus se acercaba con pasos vacilantes.En un principio sintió un escalofrío al creer que la miraba a ella, pero no, la vista de Remus estaba fija en una mujer alta y rubia que iba de la mano con dos
niños pequeños. Al instante, Dianela reconoció; era la mujer de la foto, Helen, la misma con quien la confundió Lupin la noche que la besó. Diane vio con tristeza como Remus se acercaba a la mujer e intercambiaba unas pocas palabras amargas con ella antes de girarse y con los ojos anegados de lágrimas volvera toda prisa hacia Hogwarts.
Fin del cap. 9
