DOS

"Adiós, Lila" le dijo Sheena desde el pórtico de su casa. "Lila, trata de visitarnos el 25 ¿Podrás?" Le preguntó la madre de Sheena. "Eso sería encantador, usted siempre es tan amable".

Ver un rato a Sheena y a su madre animó a Lila, pero también la cubrió de nostalgia de tiempos pasados. Sheena besada de bienvenida por su madre, el olor a comida caliente desde la cocina, la pregunta de cómo te fue en la escuela, el calor de un hogar, la simple frase "Hola Mamá".

Lila buscó en el fondo del baúl que estaba a un lado de su cama. Era algo pequeño que no había revisado hacía tiempo: Un álbum de fotografías. Y mientras lo hojeaba, por un momento sintió que no estaba en  Hillwood, sino en su ya lejana y querida Pleasantville, su hogar.

Lila quedó largo rato frente a una foto que solo databa de tres años atrás, pero que para ella era de un tiempo legendario, casi mítico, idealizado en un lugar de su pequeño corazón. En ella había un árbol primorosamente decorado. Pero sobre todo habían reunidas a su sombra tres personas. En el medio estaba ella, a su izquierda su padre y a su derecha había una mujer con un rostro muy parecido al de Lila.

Lila se detuvo en ella. Había jurado no volver a hacerlo pero no pudo evitarlo. Vio las demás páginas y la imagen de la mujer se repetía en la mayoría de ellas. Sentada en el suelo, a un costado de su cama no podía evitar extrañarla, menos aún en esta época.

"Carita de ángel ¿Porqué estás tan triste?"  Le preguntó alguien a su lado.

"Carita de ángel".Hacía mucho que ya nadie la llamaba así. De hecho solo había existido una persona en todo el mundo que se había referido a ella de ese modo. Lila se volteó y se encontró cara a cara con la mujer en las fotografías

.

"Es que te extraño mucho, mamita", le dijo Lila.

La mujer la abrazó para consolarla: "Oh, mi pequeña. Yo siempre estaré contigo. No me extrañes más".

"Es tan difícil si no puedo verte, ni conversar contigo. Papá no ha sido el mismo desde que te fuiste. El también te extraña tanto".

"¿Quieres hacer algo por mí, Carita de Ángel?"

"Lo que sea, mamita", le respondió Lila.

La madre de Lila miró el lugar de cabo a rabo y le dijo con energía pero también con ternura:

"No me extraña que estés deprimida. Este lugar de por sí es deprimente".

"¿Qué puedo hacer?" Preguntó Lila.

"Creo que tú lo sabes muy bien. ¿No crees que sería un buen regalo para tu padre y de hecho también para ti?"

"¡Tienes razón, lo haré yo misma!" Respondió Lila poniéndose de pie, con una seguridad que no había sentido en largo tiempo. Pero una vez que se paró, la imagen de su madre una vez más sólo estaba en las fotos del álbum y en sus recuerdos.

"Lo haré porque tu así lo habrías deseado, mamita."