Saludos a todos, esta será una historia poco usual, está basada en otra historia que leí en fanfiction, "Dust in the Wind", del autor XachMustel, una obra muy recomendable, aquí está el enlace:

" s/13335104/1/Dust-In-The-Wind"

Esta será una continuación no oficial del mismo, desde mi propia perspectiva, espero les guste.

"Calle 101 Dálmatas", propiedad de Passion Animation Studios y Atomic Cartoons, producida para Disney Channel UK, "Dust in the wind", fanfic propiedad de XachMustel, este, fanfic propiedad de su servidor.

Que comience el viaje, será un poco breve, pero intenso, disfrútenlo.


CALLE 101 DALMATAS (FANFIC)

"SACRIFICIOS"

Capítulo 1.- Un destino ineludible

Había transcurrido un mes desde el fallecimiento de Diesel, el dálmata excavador, un acontecimiento que sacudió tanto a su familia como a la comunidad canina de la ciudad de Candem. El pequeño cachorro había sido asesinado brutalmente a manos de Clarissa, como resultado de una absurda venganza planeada por ella cuando Diesel destrozó de forma involuntaria su jardín, y planeaba hacer lo mismo con el resto de sus hermanos, fijando como su siguiente objetivo a la matriarca de la enorme familia moteada. Sin embargo, su plan se frustró, encontrando su muerte ante una enfurecida Delilah, quien descubrió sus siniestras intenciones y con sus propias patas le arrebató la vida, ahogando en un rio a la egoísta y caprichosa corgi.

La ausencia de Diesel era notoria. El patio de la casa estaba intacto y limpio, algo que con él era imposible, pues siempre estaba lleno de agujeros y túneles, su sello característico, pero a pesar de esos inconvenientes, el resto de sus hermanos extrañaba verlo jugueteando en el barro, resintiendo la falta de su animado y siempre impredecible hermano, en especial Deepak, quien a pesar de las pláticas que tuvo con su hermano mayor Dante, aun se sentía culpable de haber "provocado" indirectamente la muerte del cachorro excavador, pensamiento que lo mantenía intranquilo, y ni con todo su conocimiento de la doctrina del gurú Meow podía volver a encontrar esa paz interior que tengo añoraba. Y no era el único, cada uno de sus hermanos mayores y menores trataban de conllevar el dolor provocado por esa ausencia, en especial Dolly y Dylan, quienes se sentían responsables por no haber confrontado en su momento a Clarisa. Además, también estaban sus padres: Doug estaba devastado, pues no podía aceptar la pérdida de uno de sus hijos. Y la propia Delilah seguía entristecida por ese hecho, sin contar que, como enfermera, aceptó un juramento de proteger la vida de los demás, y debido a eso, rompió esa promesa al asesinar a la pedante corgi, aunque fuera consecuencia de una justificada retribución, pero eso no lo hacía menos siniestro. Además, era algo que no compartió con todos, ni siquiera con su esposo, quien desconocía lo ocurrió. Solo Dolly, Dylan y Fergus sabían lo que hizo, y no querían que nadie más se enterara, en especial por las consecuencias que traería esto a su familia. La mayoría de perros en Candem sospechaban lo sucedido, pero ninguno pretendía culpar o acusar a la afligida madre por su proceder, además que no había pruebas que la vincularan directamente con el asesinato; sin embargo, era obvio que los rumores seguirían circundándola por mucho tiempo, poniéndola como la principal sospechosa de ese crimen.

A pesar de todo, la familia moteada se las había arreglado para volver a la habitual rutina; el único refugio que tenían para lidiar con el incesante sentimiento de tristeza. Doug prefirió continuar con su trabajo en el recinto de bomberos, la única forma que encontró para alejar el dolor. Por su parte, Delilah pidió permiso para ausentarse algunos días en el hospital, siendo necesaria su presencia para ayudar a Dylan y Dolly a mantener la moral alta en la casa, algo difícil cuando la mayoría estaban deprimidos. El ambiente en la casa era de melancolía, algo que todos notaban, pero conforme avanzaba los días, la algarabía y el buen humor volvieron a inundar el ambiente de la casa. Nuevamente se podía ver a la mayoría de los cachorros entretenidos en sus juegos y actividades cotidianas. Dylan retomó sus partidas de "Lobopoodle" y Dolly volvió a entrenar en su patineta, dividiéndose nuevamente las labores de cuidado de sus hermanos con los acostumbrados embrollos y aventuras que esto desencadenaba. De igual forma, el resto de sus hermanos intermedios retomaban poco a poco sus rutinas habituales: Da Vinci retomó su arte, plasmando obras menos sombrías y más coloridas; DJ componía canciones más alegres y melodiosas; las Triple D volvieron a las filmaciones de sus acostumbrados comerciales para TV; los Dimitris dedicaban su tiempo a gastar bromas tanto a sus hermanos como a otros perros del vecindario; Dizzi, Dee Dee y Delgado se dividían entre acompañar a Dolly en sus entrenamientos de patineta o conviviendo con el resto de sus hermanos; Dawkins retomó sus proyectos científicos personales, además de asumir su puesto como tercer cachorro al mando; Dante, aunque seguía siendo el cachorro gótico y catastrofista, se sentía menos deprimido tras ser el "ángel de la muerte" de Diesel; incluso Deepak, quien tras una sostenida plática con Constantine, su vecino y maestro en las enseñanzas del gurú Meow, pudo encontrar nuevamente esa paz interior que tanto añoraba para apaciguar un poco su entristecida alma, contribuyendo a mantener la armonía y el buen humor del resto de sus hermanos mayores en la casa dálmata.

Pasaron dos semanas desde el funeral de Diesel y la actividad en la casa dálmata había vuelto casi a la normalidad. El ambiente era más ameno y optimista, aunque los cachorros aprovechaban la oportunidad para visitar la tumba de su hermano excavador para honrarlo y recordarlo con cariño, una forma que encontrar para conllevar el duelo. Una tarde, la familia moteada se encontraba reunida en la sala principal, descansando tras un día de juegos, viendo algunos programas de televisión. Doug había ido al trabajo y Delilah disfrutaba de su día de descanso en compañía de sus hijos. Todo estaba en calma y estaban atentos al noticiero cuando oyeron unos fuertes golpes provenientes de la puerta. Dylan y Dolly estaban a punto de levantarse para ver quién era, pero inesperadamente Delilah se levantó con rapidez y se les adelantó.

-Quédense aquí, yo atenderé esto- dijo la dálmata adulta. Se levantó y avanzó hacia la puerta, con una extraña sensación de opresión en su pecho, como si tuviera un mal presentimiento. Puso su pata en el lector y con lentitud abrió la puerta, encontrándose con una figura equina familiar.

-Ho…hola Perla, ¿Cómo…..cómo estás?

-Delilah –dijo la yegua policía con tono serio.

-Eh….que….¿Qué te trae por aquí? -dijo con nerviosismo la dálmata.

-Delilah, ¿hace cuánto tiempo que nos conocemos?

-Pues…desde…...desde que llegaste…..cuando te asignaron aquí en Candem.

-Tres años, nos conocemos desde hace tres años, cuando yo era una cadete novata y tú apenas eras una madre primeriza.

-Si…recuerdo eso, tú…...tú me apoyaste cuando enviudé, y yo te atendí varias veces cuando te lesionaste en tus primeros patrullajes.

-Así es, hemos vivido muchas cosas juntas, nos hemos llegado a conocer bastante bien.

-Sí, supongo que sí…..por qué….….¿por qué lo dices?

-Delilah….sabes por qué estoy aquí ¿No es cierto? –dijo la yegua con seriedad. Estas palabras hicieron efecto en la dálmata, quien adivinó el propósito de tan inusual visita, y su rostro pasó de una expresión de tranquilidad a una de aflicción, bajando la mirada al ver materializado su temor.

-*Suspiro* Sí, si lo se….-dijo Delilah con voz apagada-, sabía que este día llegaría tarde o tenmprano, podrías….¿podrías hacerme un pequeño favor?

-Solo si está dentro de mis posibilidades, ¿Que necesitas?

-Podrías…..podrías permitirme que...me despida de mis cachorros? Por favor- suplicó Delilah.

-*Resoplo* Está bien, tienes 5 minutos, pero hazlo rápido, y por favor….no me obligues a entrar, incluso traigo refuerzos si es necesario que use la fuerza para someterte– dijo señalando con la mirada a dos perros de la brigada policiaca K9 que esperaban discretamente al otro lado de la calle, observando atentos la escena para actuar en caso de algún intento de escape.

-Gracias, te prometo….te prometo que no me tardaré–dijo Delilah. Cerró la puerta y corrió hacia la sala donde se encontraban todos sus cachorros reunidos. Lanzó un agudo aullido para convocar a todos sus hijos, grandes y pequeños, a fin de que pusieran atención a sus palabras.

-¡CACHORROS, ESCÚCHENME! Mis niños, no sé cómo decirles esto, pero debo…...debo irme, solo quiero decirles….que ustedes son todo lo que tengo, los amo con todo mi corazón, deseo que sean felices y obedezcan a sus hermanos en todo, los quiero mucho, adiós a todos.

-Mamá…..que….¿Qué es lo que pasa? -preguntó Dylan.

-Sí, ¿qué sucede? Nos estas asustando- preguntó Dolly.

-No tengo tiempo para explicarles, solo…..solo les pido que cuiden a sus hermanos y a su padre y por favor…. no salgan ni se asomen a la ventana, no quiero que vean lo que va a pasar.-dijo Delilah con voz entrecortada. Tomó a Dorothy, la menor de todos los cachorros, le dio un beso, un breve abrazo y se la entregó a Dolly. Sin decir más, la dálmata salió de la casa y se acercó a donde estaba Perla, mientras los dos rudos perros policías se aproximaban a ellas.

-Estoy lista- dijo la dálmata con resignación.

-Delilah Dálmata, quedas arrestada por el asesinato de Clarissa Corgi, tienes el derecho de permanecer en silencio, todo lo que digas podrá ser usado en tu contra, tienes derecho a un abogado, si no puedes pagar uno, el Estado te lo proporcionará, ¿Entendiste tus derechos?

La dálmata asintió con la cabeza. Ambos perros la rodearon para impedir cualquier intento de escape gruñendo y mostrando sus dientes. De pronto, dos humanos con el uniforme de Control Animal salieron de improviso y se acercaron a la hembra para atraparla. Uno llevaba una pértiga de control canino con lazo metálico, y con un rápido movimiento sujetó a la perra por el cuello, obligándola a acostarse en el piso. Inmediatamente el otro sujeto avanzó para colocarle un bozal cerrado en el hocico, todo esto sin que Delilah opusiera resistencia. Una vez que la dálmata fue sometida, los dos empleados la subieron a una camioneta negra y arrancaron de inmediato. Dylan y Dolly se asomaron por la ventana, alcanzando a ver como se llevaban a su madre, sin comprender lo que pasaba. Sin decir más, Dylan salió corriendo en persecución del vehículo.

-¡MAMÁ! ¡NO SE LA LLEVEN, MAMÁAAAA! -gritó un histérico Dylan, sin dejar de correr.

-¡DYLAN, NOOOO!- gritó Dolly – ¡Dawkins! ¡Sostén a Dorothy, voy por Dylan!

El hermano genio obedeció y sostuvo ente sus brazos a su hermana bebé, mientras Dolly salía corriendo detrás de su hermano, quien por más que lo intentaba no podía alcanzar al veloz vehículo gubernamental. El cachorro iba tan rápido que llegó un momento en que tropezó con sus propias patas, cayendo aparatosamente sobre el asfalto, dando varias piruetas hasta que se detuvo. Su hermana logró darle alcance, encontrando a un sollozante Dylan tirado en el suelo.

-¿Estás bien hermano? -preguntó Dolly con preocupación.

-*Sniff* ¿Por qué?….*sniff*….¿Por qué se la llevaron? Ella no hizo nada malo.

Dolly no supo que decirle, solo atinó a abrazar a su hermano para que pudiera desahogarse apropiadamente. Esperó a que se calmara y luego lo ayudó a incorporarse.

-Ven, vamos a casa, allá te curaremos las heridas -dijo la cachorra al ver los moretones en el pelaje de su hermano. Ambos cachorros regresaron cuando vieron a Doug afuera de la casa. Había llegado corriendo desde la estación de bomberos y se veía notoriamente contrariado.

-¿DONDE ESTA SU MADRE? ¡Me dijeron que Control Animal estuvo aquí!

-Se….se la llevaron papá -dijo Dolly. Doug se quedó boquiabierto al escuchar eso.

-Pero….¿POR QUÉ? ¿A DÓNDE SE LA LLEVARON?- preguntó el dálmata bombero angustiado.

-No tenemos idea, Perla vino por ella con unos perros policías, seguro debe de…- en eso voltearon y vieron a la yegua, quien solo volteo discretamente la mirada.

-Gracias por su colaboración, agente Perla, la veremos en el cuartel de policía –dijo uno de los sabuesos policías. La yegua asintió con la cabeza y estaba a punto de moverse cuando vio que Dolly se le acercaba rápidamente, y en su expresión se notaba que quería respuestas.

-¿PERLA, QUE ES LO QUE PASÓ AQUI? –gritó Dolly suplicante.

-Yo….debo irme –dijo Perla titubeante y salió trotando con rapidez, dejando tanto a Dolly como al resto de los dálmatas con muchas dudas, pero un creciente temor en sus corazones.