-Los personajes no me pertenecen son propiedad de su respectivo autor Gosho Aoyama
Kudou Shinichi no daba crédito a lo que había escuchado, no, no lo hacía y no lo entendía y maldita sea, no quería razonar el cómo demonios habían llegado a eso.
Heiji Hattori se hallaba de pie mirando al pequeño Conan Edogawa que parecía en estado de shock; tenía los labios levemente separados y miraba a la nada luego de sus palabras. Hattori no se arrepentía, no, en lo más mínimo. Aunque debía de reconocer que aquel no era el momento, mucho menos el instante para dejar saber aquello. Shinichi, en el cuerpo del pequeño Conan giró entonces a verle mientras se le veía aspirar un poco de aire antes de enfrentarle.
—No puedes estar hablando en serio, Hattori.
Entonces el moreno bajó la mirada al no poder sostenersela a su mejor amigo. Mirar esos grandes ojos tan azules y hermosos le hacía estremecer levemente y sabía que con sus palabras había causado un pequeño lío bastante grande.
—Si de verdad crees que bromearía con eso, entonces no me conoces, Kudou.
—¡Es que no le encuentro sentido!—exclamó el pequeño algo contrariado.
—Oh vamos Kudou, ¿Qué es lo que no tiene sentido?—preguntó Hattori sintiéndose un poco ofendido—¿El hecho de que esté enamorado de ti? ¿O qué simplemente no haya podido guardarlo más en secreto?
Hattori pateó la pequeña piedra casi blanca que se hallaba frente a él. Se supone que las palabras por las que Conan se había puesto así tendrían que haber sido, en su justo momento, para Kazuha, no para Conan. Pero no había podido evitarlo; ¿Desde cuándo sentía aquello? No lo sabía. ¿Tenía remedio? Seguramente no.
Un " Creo que estoy enamorado de ti, Kudou " y Shinichi casi se había atragantado. Ambos estaban en uno de los tantos atracos de Kaito Kid y estaban esperando a que el mago ladrón intentara escapar por donde, deducían ambos, lo haría. Ambos esperaban ocultos en la oscuridad, Shinichi en el pequeño cuerpo de Conan había dicho algo, Heiji no supo qué, pero había sido algo que había hecho que sus hermosos ojos azul profundo resplandecieran como zafiros a ojos del detective del oeste, el cual dejó escapar un leve suspiro seguido de las palabras, y el sonido del viento, el ruido de las patrullas y el par de helicópteros que buscaban al ladrón de guante blanco, desapareció por completo.
—No entiendo.. —murmuró Shinichi sin girarse a verle—Qué podría gustarte de alguien como yo con el cuerpo de un.. niño
Conan había dicho aquellas palabras con un tono de voz grave, bajito, lento, que hizo que Heiji se parara a su lado levantando una de sus manos intentando lentamente ir a tocar con esta esa hermosa carita. Conan sintió la calidez del tacto suave en su cara y elevó la mirada encontrándose con el par de esmeraldas que le contemplaban tan profundamente que parecía que Hattori buscaba transmitir sus sentimientos con el solo toque y con la simple mirada y, lo logró.
Los ojitos azules brillaron y las pequeñas y pálidas mejillas se tiñeron de rosa pálido y el detective del oeste se mordió el labio inferior encontrando esa vista terriblemente irresistible. Maldición, Edogawa Conan era hermoso, tan adorable.. ¿Cómo rayos se pensaba el Detective de Beika que él no iba a notar eso?
—Kudou… yo.. —pero las palabras de Hattori fueron cortadas abruptamente por el sonido de pasos presurosos y Conan se giró de inmediato notando que el ladrón de guante blanco corría hacia el final del edificio ya que tanto Kid como ellos dos se hallaban en la azotea.
—Otro día hablamos de esto, Hattori, ¡Por ahora debemos atrapar a Kid!
Y Heiji asintió y echó a correr tras el pequeño Detective quién perseguía al ladrón Kaito Kid sin saber que simplemente el ladrón era tan astuto que lograría escapar, que aún teniendo la ayuda de Hattori, su mente se hallaba tan nublada por la confesión sufrida que no era capaz de concentrarse. Y Hattori no sabía que se quedaría esperando que luego pudiesen volver a tratar el asunto, Heiji tenía esperanzas, sí, las tenía.
Pero nunca volvieron a tratar el tema.
……..
Tras semanas de haberse confesado, tras haber guardado silencio esperando que el pequeño Detective volviera a sacar el tema, eso no pasó. Parecía que Conan simplemente evadía el asunto, no le llamaba, no le buscaba, Hattori solo esperaba pacientemente en casa sin atreverse a buscarlo él mismo, trataba de darle su espacio. Pero el tiempo de Conan, de Shinichi, su tiempo y concentración se iba en tratar de destruir a la organización oscura, y, según le parecía, en Ran Mouri y.. de cierta manera lo entendía, Shinichi estaba siendo sujeto a mucho estrés; entre la organización oscura, y lo que Hattori le había confesado.
Y un día, el teléfono sonó.
—¡Heiji! —llamaba Kazuha, quien había ido de visita a casa de Heiji—Te llama Conan-kun por teléfono.
Hattori se levantó cual resorte de la silla donde se hallaba sentado y algo somnoliento.
—¿Kudou? —preguntó sorprendido a lo que Kazuha levantó una ceja algo confundida.
—¿Heiji de qué hablas? Dije Conan-kun.
El detective del oeste soltó una risita tonta tomando el teléfono de manos de su amiga de la infancia y la miró feo con lo que la chica tuvo que comprender que el detective quería hablar en privado.
—¿Kudou? —preguntó luego de que Kazuha se había retirado a regañadientes.
—¡Hattori! —el pequeño parecía feliz y Heiji no pudo evitar preguntarse a qué se debía —¡Haibara por fin a logrado completar el antídoto!
—¿Cómo?
…………
—Hey.. ¡Kudou!
Hattori Heiji se alarmó un poco, Edogawa Conan se había dejado caer a la cama mientras se abrazaba a sí mismo en lo que perlas de sudor surcaban su frente cuando en su bello rostro se reflejaba el dolor. Hattori lo escuchó gritar, gritar con desesperación mientras Shinichi se agitaba en la cama sin poder contenerse. Si que estaba costando. Haibara, quien estaba parada en la puerta, lo había dicho. 'Iba a doler, iba a doler como nunca antes'.
El detective de Osaka había arribado a la casa del profesor Agasa, dónde Conan, se encontraba después de despedirse de Ran y su padre, después de informar que volvería con sus padres y la muchacha lo abrazaba con todo el cariño del mundo diciendo cuánto iba a extrañarlo.
Haibara no había parado hasta tener al fin completo el antídoto que lo volvería a su cuerpo normal. Por fin Conan Edogawa volvería a ser Kudou Shinichi y este último estaba tan feliz que había llamado a su mejor amigo para contarle y Hattori Heiji había corrido inmediatamente a su lado.
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Ahora le veía ahí, retorciéndose en la cama luego de haber tomado aquella cápsula que anulaba el efecto del Apotoxin 4869 por completo, pero por el hecho de ser definitiva era que dolía mucho más el cambio.
—¡Sujétalo! —escuchó Heiji que gritaba la pequeña Haibara y Heiji no tardó en acercarse al pequeño sobre la cama y le acunó contra su pecho abrazándolo de tal forma que Conan se retorció en sus brazos.
—¡Hattori! —se quejaba Conan sintiendo el cómo el detective lo abrazaba con fuerza. Al moreno no le gustaba verle así, no le gustaba en absoluto ver sufrir a Conan— ¡Ahh!
—Cálmate Kudou.. —murmuró al presionarle más mientras el mini-detective dejaba de serlo sintiendo como si su interior ardiera y sus huesos se derritieran, el dolor era fuerte pero, de alguna manera, la presencia de Hattori lo tranquilizaba un poco, lo distraía del dolor.
Los ojos verdes del moreno se abrieron sorprendidos al ver cómo el pequeño Conan Edogawa a quien tanto sentía amar se iba transformando de a poco en el gran detective Shinichi Kudou y, cuando se quiso dar cuenta, tenía abrazado a un atractivo joven de ropa hecha tirones. Heiji sonrió ampliamente cuando los ojos del Detective Kudou miraron los suyos mientras respiraba agitadamente cual si hubiese hecho una larga carrera.
—Bienvenido Kudou. —saludó mientras veía al joven colocarse en pie al apartarse de él y sentándose el la cama mirando sus manos. Haibara había ido por su ropa. Shinichi estaba feliz.
—Por fin.. —sonrió al girar a ver al ojiverde—Por fin soy yo, Hattori.
Hattori iba a contestar pero se calló cuando al instante, Haibara había lanzado la ropa del detective la cual le había caído justo en la cara y Shinichi se quejó.
—¡Haibara!
—No te quejes y vístete de una vez.—exigió ella.
Heiji no hizo más que reír con lo que Shinichi se vistió de mala gana.
Cuando Shinichi terminó de vestirse apropiadamente y se puso de pie, Heiji no fue capaz de sacarle la mirada de encima. Sin duda Shinichi era hermoso, sus ojos eran tan brillantes y de un azul profundo cuál Tanzanita incrustada en entalladuras de oro. Estaba completamente seguro que jamás iba a encontrar un ser con tanta belleza en ninguna parte y sin embargo, algo no estaba bien.. no, nada bien.
……..
Haibara lo sacó de su ensimismamiento mientras terminaba de colocar la mesa de la cena.
—No esperes a que él diga lo que quieres escuchar—habló la pequeña mientras colocaba servilletas en la mesa y el ruido de los pasos del profesor bajando las escaleras se dejaban escuchar—Kudou tampoco sabe bien cómo abordar el tema, así que hazlo tú.
Hattori la volteó a mirar un tanto sorprendido.
—¿De qué hablas?—intentó hacerse el desentendido olvidando por un segundo que el que Haibara tuviera cara de niña no quería decir en absoluto que lo fuera.
—Te gusta Kudou-kun ¿No? —dijo al mirarle mientras dejaba lo que hacía—Diselo.
Hattori se había quedado helado por un segundo, pero luego giró a ver a otro lado como si la mirada de la niña le incomodara.
—Ya lo hice. —murmuró sin mas.
—Hazlo de nuevo.
—Pero..
Agase los interrumpió al empezar a colocar la cena sobre la mesa con una sonrisa ajeno a la conversación de los chicos.
—Listo. Ya está la cena ¿Alguien puede ir a avisarle a Shinichi? —preguntó con una sonrisa que enseguida diluyó al ver las caras serias de los chicos—¿Pasa algo?
Hartori negó con la cabeza y fingió sonreír para aliviar la tensión y no tener que contestarle al profesor Agase de qué estaban hablando. Haibara frunció el entrecejo, los hombres podían ser tan tercos.
—Iré yo—contestó Heiji yéndose enseguida del lugar dejando al profesor algo extrañado.
—¿Le sucede algo?—preguntó pero Haibara solo se encogió de hombros.
Heiji subía las escaleras hacia la habitación de Shinichi muy lentamente. Afuera era de noche, el reloj casi marcaban las nueve en punto y la luna llena brillaba en el cielo iluminando las calles mucho más que todas las farolas.
—Kudou.. —Heiji tocó suavemente a la puerta de la habitación como esperando no incomodar al muchacho que la habitaba, pero este no respondió.
Sumido en sus pensamientos trataba de saber cómo se sentía respecto a la transformación de Shinichi. Sabía bien que jamás volvería a ver a Conan e intentaba averiguar porqué aquello le incomodaba; una parte de él estaba triste y la otra se sentía feliz por su amigo, pero existía una tercera, una tercera oculta en la profundidad de su interior, otra que estaba molesta, enfadada sería la palabra y lo peor de todo es que no sabía ni siquiera porqué.
Quiso volver a tocar la puerta al no recibir respuesta la primera vez. ¿Quizá Shinichi se habría quedado dormido? no lo sabía por lo que giró la perilla y abrió la puerta lentamente, ingresando a la habitación sin esperar siquiera lo que se iba a encontrar en ella.
Las luces estaban apagadas.
La ventana abierta ocasionaba que las cortinas se mecieran suavemente por el viento del anochecer y la luz plateada de la luna se filtraba a través de ella iluminando tenuemente el interior. Y ahí estaba Shinichi de pie a unos pasos de la ventana y no estaba solo.
Heiji retrocedió un poco al notar el cómo Kaito Kid, el carismático ladrón de guante blanco, sujetaba de la cintura a Shinichi mientras ambos se besaban apasionadamente. Podía ver el cómo las manos del antes mini-detective se presionaban en los hombros del mago.
—Kudou.. —murmuró tan bajito que Shinichi logró escucharlo y se apartó del ladrón solo para ver la tristeza reflejada en esos ojos esmeraldas.
Ver aquellos ojos verdes teñidos de dolor, en verdad le gustó en absoluto.
……...
Esta pequeña historia está dedicada a esa personita especial que me ayudó entre risas a crear muchos aspectos de este relato.
By Yahir Abisai
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