Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece le pertenece a Hiro Mashima, la historia romántica y extraña si es mía, yo solo utilice a sus hermosas creaciones. Principalmente al Jerza.

Otra historia que tenía guardada en el baúl,la actualízare cada que pueda,tal y como las otras,jeje.

Gracias,Espero les guste


Capítulo #1

El demonio con el que convive


La joven abrió los ojos en una habitación oscura, no podía ver ni percibir nada, incluso así, nada lograba venir a su mente, era un completo blanco desde hacía unas horas.

Decidió levantarse pero al tratar, sus manos dolieron, fijo su vista lo más que pudo en aquella habitación oscura y sintió los grilletes en sus muñecas impidiéndole levantarse y escapar, aspiró fuertemente ante el terror de no poder moverse como deseaba, se sobresaltó en el momento que sintió algo peludo contra su estómago, unas lamidas en su cachete y un "guauf" le indico que era un perro el que estaba frente a ella, lejos de molestarla, le agrado la compañía que tenia, eso era mejor que estar sola en ese sitio de completa oscuridad.

Miró a la dirección que se suponía estaba la puerta cuando escuchó el traqueteo de alguien tratándola de abrir, después de un momento, se abrió y la luz de afuera se filtró tan pronto que le hizo cerrar los ojos involuntariamente, los abrió de poco en poco y no supo cuándo, pero la persona ya estaba frente a ella, su mente fue a mil por hora, esa no era la primera vez que veía a ese hombre, vino como un estruendo lo que había ocurrido en las últimas horas antes de esta situación...

Horas antes:

Erza Scarlet, era una joven de veintiún años, toda su vida fue feliz, bajo los cuidados de su madre y su amado padre, sin embargo, la vida siempre ha sido injusta, por eso, su padre falleció, la luz más grande de su vida se había extinguido, se había sentido tan desolada y sola... aun así, sabía que no debía desmoronarse, eso no era algo que su padre aprobaría, así que, con todo el dolor que acarrea una pérdida, decidió reponerse y seguir adelante, por los deseos de su padre, los propios de ella, y la futura felicidad de su madre, que era la única que le quedaba en ese momento y nunca la abandonaría.

Que equivocada estaba.

Que ilusa estaba siendo.

Era la creencia y ceguedad del afecto que le tenía a dicha mujer.

Ese día las cosas habían ido tan bien desde que se levantó, parecía que todo iría perfecto y según su curso, sin embargo, los sonidos de la puerta de la casa le avisaron de la visita de alguien, bajo las escaleras en su ropa más aceptable, o sea, una blusa blanca y short negro corto, miro por la perilla, pero no les reconoció, supuso que eran amigos de su madre.

Si alguien le hubiera dicho que esos hombres no eran gente de confianza.

Muy seguramente, ella no habría abierto, pero lo hizo...

Los dos robustos hombres tomaron las muñecas de ella que pareció desorientada de su abrupto accionar por un momento y, de repente, sintió que le esposaban estás mismas, parpadeo incrédula y estaba a punto de revirarse y ver si su madre estaba bien, después de todo, uno de ellos lo vio coger camino hacia adentro de la casa.

—¡Mamá!,¡¡¡Escapa, yo te alcanzó luego!!!—gritó tan fuerte como sus pulmones se lo permitieron, para sorpresa y desdicha de ella, vio cómo su madre entraba campante justo al lado del tipo con una sonrisa de oreja a oreja, un fajo gordo de dinero en sus manos y la expresión más fría y sin emociones que la había visto hacer en su vida. —¿¡Mamá!?—habló confundida de la situación, incluso su cerebro de genio avanzado en todo, parecía haber chocado contra una gran cantidad de trenes y parecía caer a pedazos, desmoronándose poco a poco. —¿¡!Mamá!!!? —alarmada gritó, esta se giró dándole una mirada de asco por última vez, sin importarle para nada lo que estaba a punto de ocurrir con ella.

—Ya era momento de que me devolvieras el favor por cuidarte, y ,¡deja de llamarme madre!, no soy madre de una niña como tú, te cuide por tu padre pero tú eres hija de una amante de él, ahora que ya no está, no tengo porque encargarme de una basura como tú —espeto soltando la mano de la escarlata que no podía creer lo que estaba diciendo su madre, si, en ese momento se sentía confusa y toda sus fuerzas se escaparon de su cuerpo, dejándola a merced de ambos tipos que empezaron a jalar de ella como si fuera un perro directo al matadero.

Era increíble, su padre murió hacia no más de dos días y ella se estaba deshaciendo de ella, tan simple como deshacerse de un perro, la vendió, su madre la vendió y ahora, ella no era nada mas que mercancía, la metieron en un carro negro, no pudo verlo por mucho tiempo pues vendaron sus ojos con una venda negra y la metieron en la parte de atrás.

Trató de mantenerse cuerda, lo que se avecinaba estaba segura que sería mucho peor, así que trato de calmar cada una de sus emociones convergentes y descarriladas que empezaban a hacerse presente en su raciocinio, negando cualquier posibilidad de salida fácil de ese sitio, pero lo haría, ella trataría de mantener lo poco que le quedaba como un todo, incluso si sabía, que eso sería lo más difícil de hacer, pues se notaba que nada bueno se veía en su futuro.

«Te extraño papá, ojalá estuvieras aquí» se tragó su decepción, su padre no volvería, ella solo podría encontrarse con este, una vez más, posiblemente cuando muriera si existe dicha posibilidad que se sostenía y mucha gente creía, su padre, de ahora en adelante, solo estaría en sus recuerdos y corazón, pues estaba segura, que sus pertenencias, serían vendidas o botadas por su supuesta madre, nunca recuperaría nada de lo que tenía de recuerdos, solo en su memoria se mantendrían cada uno de los momentos que pasó junto a él...y una verdadera familia, no deseaba creer que todo lo que vivió con su 'madre' fue una ilusión creada por ella, mantendría solo eso, como lo real.

El carro se detuvo abruptamente y la ayudaron a descender de este, si se puede considerar 'ayudar' lo que hicieron esos tipos, la habían tratado como si de un saco de papas se tratara, las esposas aún eran presentes en sus muñecas tal y como la venda negra que cubría sus ojos, a pesar de no ver, sus oídos la hicieron percatarse de que la llevaban a algún lugar, descendió unas largas escaleras en forma de caracol como dirigiéndose a un sótano más grande de lo posible, el piso sonó cuando tocó la última escalera, el sonido de este era como el de madera, su mente supuso que este podría serlo, siguió el camino a oscuras por lo que parecía ser un largo pasillo y fue después de un rato que se detuvieron, la lanzaron bruscamente dentro de lo que supuso sería una habitación y escucho el sonido de sus esposas ser retirada, para luego proceder con la venda.

Ahora que podía ver, vio al tipo frente a ella, no sería un rival peligroso, a ella la conocían como la temida Titania en su antigua escuela y era presidenta del consejo estudiantil y buena en todo deporte, se lanzó contra este pero no previo que trajera cierta arma en su propiedad, un grave impacto de electricidad recorrió todo su sistema y se desmoronó en el suelo retorciéndose de dolor, ¡Sí!, el muy hijo de puta traía un taser y se lo había clavado directo en la intersección de sus costillas con su estómago, el dolor que recorría cada una de sus terminaciones nerviosas era insoportable y era un milagro que se mantuviera consciente, no pudiéndose mover por voluntad propia, fue levantada por el tipo de traje negro y cara cubierta por una máscara negra de la que ni siquiera podía observar sus ojos, era como ver a alguien que estaba totalmente acostumbrado a dichos actos.

La lanzó contra la cama y vió como ese hombre la desnudaba, trató de defenderse, pero su cuerpo inútil no se movió y este deslizó cada prenda de tal forma que sintió repulsión, quitó incluso sus bragas blancas y colocó unas de encaje negro a juego con un par de ajustadores en el mismo tono y costura, el vestido blanco puro, de encaje y semitransparente, fue colocado en su cuerpo, una vez lista, entró otro tipo que maquilló su rostro y peino su cabello, colocó el número diez en un lado del conjunto de ropa y colocó sus esposas una vez más en sus muñecas, seguía aturdida por el efecto retardado de la pistola pero logró caminar, o más bien, ser arrastrada por el largo pasillo de paredes rojas y lozas de entarimado con diseños tan únicos, siguió hasta que vió una luz al final de todo ese camino y se encontró detrás del escenario, no era la única allí presente, había más mujeres de diferentes apariencias y características, pero todas estaban sin esperanzas, dispuestas a aceptar el destino que les acarrearía en ese lugar, ella no se permitiría eso.

El hombre que hacía de presentador golpeaba el martillo fuertemente cuando se lograba una buena puja, todos los presentes llevaban máscaras cubriendo sus rostros, después de un rato, vió como tomaban a una de las mujeres, tenía cabellos negros y ojos azules, esbelta, bastante bonita, de figura exótica, la puja por ella empezó cuando el número llego a setecientos, dejaron de pujar, Erza se sintió temblar, el tipo que la compró era obeso y estaba segura que detrás de esa máscara, sus ojos mostrarían la más repulsiva promesa de lascivia hacia la joven, ella no deseaba ese destino.

Poco a poco, fueron llamándolas, hasta que fue su turno, parada frente a todos esos tipos bien vestidos, sintió la más grande repulsión hacia el ser humano como nunca, sin embargo, no flanqueo y dirigió a cada basura allí presente su mirada más furtiva y asesina que pueda existir, la piel de muchos se erizó y otros quedaron casi sin respiración ante la imponente mujer esposada.

—¡Esta es una de las más nuevas, pero podemos asegurarles de que será de su mejor beneplácito, solo pruébenla—anunciaba el tipo con una gran sonrisa —¡Podemos asegurarles de que no ha sido tocada por ningún hombre! —esa sola palabra pareció alentar a muchos ya que los números empezaron a dispararse hacia arriba. —Cálmense la subasta empieza en dos millones de dólares—con eso dicho, los presentes empezaron a levantar sus números ofreciendo cada uno una cifra mayor.

—Tres millones—alzó uno.

—Tres millones doscientos cincuenta—espetó más eufórico otro.

—Tres mil quinientos millones—otro más rebatió los anteriores.

—¡Oh, ahora escucho cuatrocientos!¡Cuatrocientos mil millones de dólares por el hombre del antifaz verde!¡Vamos, vamos! —decía el hombre animadamente, la mirada furtiva de la joven hacia que muchos de estos dudarán y eso la complacía, no se dejaría utilizar por estos asquerosos y no dejaría que sabotearan su libertad, ella no se sometería a ninguno de esos estúpidos.

—Ocho mil millones—dijo una voz masculina, pareció más joven de lo que lo eran todas las demás que se habían escuchado y nadie siguió pujando, todos quedaron atónitos ante la cifra absurdamente alta que había espetado el tipo que se acercaba a la tarima poco a poco.

—¡Ocho mil millones a dicho!¡A la una!¡A las dos!,¡A las tres!,¡Vendido al hombre del antifaz azul por ocho mil millones de dólares!—dictó con la voz tan energética con la que lo había estado familiarizando tanto esta noche a este horrible tipo, el rostro de Erza se deformo en horror por dentro pero por fuera ardía en ira hacia el tipo frente a ella, ese loco no sabía en qué se había metido, tomó su barbilla sin miramientos y la hizo mirarlo directo a los ojos, sus orbes serios, fríos y calculadores retaron a los de la Scarlet como si de un juego se tratase, sonrió para sí y quedó frente con frente a la chica, para él fue una exquisitez su rostro, orbes marrones y cabellos ardientes desbordantes, piel clara y sin marcas, un buen cuerpo dotado, desprendía todo el aire de una dama de alta clase y no perdería algo como eso, incluso la fiereza, la hacía ver más atractiva para sus ojos, incluso si muchos lo creyeran loco por su decisión, él estaba seguro de esta, después de todo el ya...

Se dirigió a la parte trasera y completo el pagó, los documentos le fueron entregados y los firmó confirmando la clausura de que ella desde ahora en adelante le pertenecía y podía hacer todo lo que quisiera con ella que nadie intervendría, tampoco era como si pudieran hacer algo contra él, salió con esta caminando, o más bien siendo arrastrada a sus espaldas a paso lento, se molestó y tiró de ella hacia su carro, esta trataba de detenerse pero le era imposible, el azulado la tiraba con más fuerza lastimándola con mayor ahínco en sus muñecas, su rostro estaba oculto por la máscara que traía y una vez en el hermoso Toyota azabache se la quitó, la chica casi perdió el aire, no era viejo, tal como su voz le había dictado al principio, no solo eso, tenía unos orbes preciosos, había escuchado sobre ese color antes, eran de un avellana increíble y atrayentes, para completar su faceta de hombre místico, un tatuaje que recorría desde su frente cubierta por mechones azulados por entre el ojo y hasta la mejilla en el lado derecho de su cara, rojo sangre, casi como el de ella en su cabello.

Una vez en la seguridad de su carro con las ventanas polarizadas subidas, sin dejar ver hacia dentro del vehículo que se puso en marcha por el chófer, este se sentaba delante sabiendo que no debía de prestar atención a nada de lo que ocurriera en los asientos traseros del carro por cualquier circunstancia, no debía de hacerlo.

Se giró y tomó su boca en un beso arrasador, tomó todo de ella como si de agua se tratase, la apegó a su cuerpo y pudo sentir todo el calor que emanaba el cuerpo femenino, su mano derecha se enroscó en su cabeza, obligándola a no despegarse de su sección de besos, su mano izquierda fue a parar a su cintura y la apretó con fuerza contra él ,tomaría todo de ella para sí, su mano bajo y se coló allí donde sus piernas se unían, sintió el calor por encima de sus bragas y sonrió en el beso, rodeó por encima de sus bragas en círculos haciéndola proferir un gemido que este se tragó en su beso, le chupó el labio dejando una marca roja y movió sus bragas, coló uno de sus dedos sin pleno aviso en la entrada de la escarlata y empezó a moverlos, los gemidos no se hicieron esperar y este sonrió, dejó de besarla y se deleitó con las expresiones de esta mientras la embestía con dos de sus dedos, bajo la mano que agarraba su cabello y sacó ambos pechos de la parte superior de la prenda, vió como ambos rebotaron de tal placentera forma y se llevó uno de estos a la boca, chupándolo y sorbiéndolo mientras que con su mano pellizcaba el derecho, tocó un punto dentro de la joven haciendo que esta llegara al orgasmo con los dedos de él, le había encantado la manera en que sus paredes lo habían apretado antes de llegar al clímax, había sido tan placentero que sintió su propio miembro doler por no metérsela y aliviarse, sonrió mientras que Erza trataba de recuperarse, sacó sus dedos dirigiendo su mano a su pantalón y soltando la bragueta, metió la mano y sacó su miembro duro y palpitante, esta al verlo pasó a un rojo que se fundió con su cabello, tomó su barbilla haciéndola mirarlo.

—Chúpalo—ronroneo en su oído con voz sensual y de mando, la escarlata se iba a negar, ella nunca había hecho algo como eso y este al ver su negación, continuo. —Si no me la chupas, te la meteré en esa vagina tuya y me correré dentro de ti tantas veces que estoy seguro quedarás embarazada, ¿Qué prefieres?—su voz se mantuvo sensual pero aquellas palabras la hicieron temer, no deseaba ninguna de las opciones pero era preferible la primera que la segunda, nunca se sabe, y para su desgracia mayor, ella no estaba en sus días seguros, un mal movimiento y todo lo que le queda, lo perdería aún más.

Bajo su cabeza quedando frente al miembro del hombre, tragó fuerte al ver el tamaño con aprehensión y trató de recordar las historias que leía sobre cómo hacerle una felación a un hombre y que este quedara satisfecho, paso su lengua por la punta y este se movió, haciéndola sobresaltar un poco por la impresión, suspiro fuerte y se acercó más, metió el miembro erecto dentro de su boca tratando de que sus dientes no le tocaran demasiado dificultándosele bastante y empezó a mover la boca de arriba a abajo, simulando una penetración, unió sus manos y empezó a jugar un poco con la bolas de este, estaría mintiéndose a si misma si dijera que no le estaba gustando, chupó más fuerte y sintió que este se agrandaba en su boca, no se detuvo y aumentó la velocidad de su mamada, Jellal sintió una contracción y estaba seguro que pronto llegaría, sonrió con malicia para sí mismo sin sospechar nada la joven que llevaba a cabo dicha acción, llevó una de sus manos a su cabello ardiente y la hizo profundizar más la acción, la Scarlet se sonrojo y este llegó en la boca de ella, llenando su boca con toda su semilla, lejos de detenerse, la hizo levantar la cabeza mientras Erza trataba de tragar todo su semen expulsado, la acercó a sus labios besándose con su propia esencia, no le asqueaba, al contrario, lejos de querer detenerse, deseaba estar dentro de esa acalorada joven y que ella recibiera todo el placer que ella le había causado.

Se separó de Erza y se acomodó los pantalones una vez más, estaba complacido por la forma en que ella lo había satisfecho, le dio una sonrisa y vio que la joven ya había acomodado todas sus ropas, la tensión entre ambos era grande y Jellal deseaba llegar pronto a casa y seguir con su placentera acción de recibimiento para la dama con la que ahora conviviría.

—¿Por qué me compraste? —fue tan leve el hilo de su voz que creyó no haberla escuchado bien, pero lo hizo y tomó su barbilla y la hizo verlo a los ojos, tan fijamente y retadora ella le devolvía la mirada sería, ella era justamente la clase de mujer que deseaba.

—Tu respuesta te la daré mañana, hoy tú y yo vamos a disfrutar al máximo de nuestros cuerpos en la cama—un ronroneo sensual fue captado por los oídos de Erza, sus mejillas se colorearon y su cuerpo paso a ponerse nervioso y caliente, aunque no deseaba nada de lo que pasaba en su vida en ese momento.

—No te entiendo—dijo en un susurró, Jellal sonrió para sí y la acercó, se sorprendió un poco de ese repentino acercamiento inocente, sin embargo, no protestó y acabo quedándose dormida en sus brazos, lo mejor era no enojarlo y causar su presunta destrucción antes de tiempo.

—0—

Su llegada a casa de este fue más precipitada de lo que creyó, tomó sus brazos esposados por la cadena y jaló de ella fuera del carro negro de ventanas polarizadas, sin más preámbulos la cargo en estilo nupcial y la llevó a su habitación, o por lo menos, eso creía ella, fue tan rápido como un meteoro que al entrar la colocó en el suelo y la pegó contra la pared en un rápido zarpazo, incapaz de escapar, encapsulada entre sus dos brazos, colisionó sus labios en una batalla deseosa por degustar la boca de la mujer, estaba complacido de ver sus orbes destilantes entre el odio y el placer, luchando por sacárselo de arriba proporcionando golpes en su pecho que no se movía ni un milímetro y trataba de controlar sus brazos, los interceptó y los colocó sobre sus hombros para que encerrase sus caras más cerca y degustar con mayor facilidad de su agresiva boca, con un gemido satisfactorio de ella, profundizó aún más su cercanía y chupó su labio inferior pidiendo entrada, que obviamente, fue negado por ella, sonrió y ahueco con una de sus manos su pecho derecho, un apretón fuerte y su boca se abrió cediendo el dominio de su cavidad al hombre que enroscó su lengua con la propia con mayor fervor, era tan cálida y deliciosa que no podía parar, debía continuar y tomar cada cosa de ella que pudiera encontrar, pero no tomaría el dulce por completo en ese momento, no era buena idea, dejaría la emoción progresar en ambos organismos y solo tantearía por encima de ella cada parte de piel que estuviera a su paso.

Con ese pensamiento, coló su mano por debajo del vestido color pastel y tocó el lateral de las pantis de encaje negro que la habían obligado a usar desde la subasta, sonrió complacido de la elección de esos bastardos, aunque una parte de él, rebosaba en molestia al saber que ella había sido vista por otros hombres, decidió seguir en su faena y lo bajó lentamente de tal manera que sus dedos rozaban su piel, se erizó y su cara se puso más roja cuando la prenda cayó al suelo, sentía casi el aire corriendo por debajo de sus partes íntimas, era una vergüenza para su orgullo que caía pedazo a pedazo, la sonrisa del azulado no se hizo de esperar y rozó más su piel, otro gemido cayó en sus oídos y complacido movió su mano a su ingle, era tan cálida y estaba tan húmeda,seguro que eso venía desde el carro, desde que había empezado a toquetearla y tomar de ella cada cosa.

Sonrió.

Sus dedos tocaban hábilmente esa parte que nadie debería de ver o tocar, esa parte tan íntima de ella, no pudo evitarlo y lágrimas furtivas escurrieron de sus orbes chocolates, esas lágrimas tiraron de una fibra olvidada en su ser y se detuvo, tan abruptamente que Erza cedió al suelo de lozas blancas de la habitación.

Sus mejillas no paraban de escurrir lágrimas y Jellal se quedó estático, no sabía que accionar tomar en ese momento, su mano derecha fue a parar detrás de su nuca y se rascó el cabello en un claro gesto de nervios por parte de la joven que yacía de rodillas en el frío piso enlozado de brillantes baldosas, se arrodilló frente a ella y colocó una de sus manos en su hombro, trató de calmarla pero Erza se negaba a mirarlo cubriendo como podía sus destellantes e indisciplinadas lágrimas que se escapaban en completa libertad contra su voluntad.

Había tratado de reprimir esa parte vulnerable de ella pero no lo había conseguido y se había derrumbado, se sentía tan débil y sollozo sin poder controlarse, Jellal aguantó el gruñido de molestia de sí mismo y abrazó a Erza, la chica se sobresaltó pero pronto se dejó envolver en la calidez de ese hombre que era el causante de su dolor en ese momento, más no el causante de toda su actual desdicha, el solo era un punto de inflexión de su tristeza, ella llegó a manos de él por cuentas de su madre, incluso si la mujer le decía que no lo era, no podía creer que la persona con la que convivió tantos años, le hiciera eso, por eso lloró, todo lo que reprimió en unos días, lo acabo liberando en brazos de este, ella no lo deseaba, pero no pudo evitarlo.

—Todo estará bien—dijo la voz de Jellal en un susurró tranquilizador, tratando de mantenerla firme, sus ansías de juego se habían esfumado y trataba de apaciguarla, se levantó y está lo miró atónita por su abrupta acción, la tomó en estilo nupcial una vez más y la colocó en la cama tamaño King, las esposas las mantuvo presionadas allí y la acostó, tapó su cuerpo con las mantas y Erza se mantuvo inquieta por su actual forma de actuar. —Solo duerme, no te tocaré... por ahora...—terminó con un largo suspiro y se levantó y puso marcha a la puerta, apagó la luz dejando las ventanas igual de cerradas que cuando entraron y cerró la puerta, toda la habitación se quedó en un absoluto silencio y Erza fue arrastrada por el mundo de morfeo.

Ella era una mujer fuerte, sí, pero todos los seres humanos tienen un límite de lo que pueden soportar sin tomar acciones.

Ella se quebró, su vida dio un vuelco en menos de veinticuatro horas demasiado grande y había tratado de mantener todo bajo control, más no pudo...

El acto final de Jellal de tratar de violarla, solo fue el catalizador de su derrumbe...

Nadie debería culparla, todos somos humanos al fin y al cabo y aunque por fuera seamos fuertes, por dentro, siempre somos diferentes...

Actualidad:

Erza miraba a Jellal que estaba frente a ella, el animal se había soltado de ella y meneaba la cola de un lado a otro en un claro gesto de felicidad hacia su dueño, Jellal miró al animal que salió de la habitación dejando a ambos allí solos, la luz ya estaba prendida y la Scarlet ya podía ver nuevamente el rostro del hombre, se permitió apreciarlo un poco, si bien sus fracciones masculinas era un gusto para la vista, el cuerpo atlético del hombre también era algo interesante, era alto, más alto que ella, ya lo había comprobado, y su altura no era nada despreciable, un metro setenta siendo la chica más alta de su clase siempre, siempre fue más alta que sus amigas, Juvia, Lucy y Mirajane siempre fueron más bajitas que ella y se sentía como la madre protectora, ¡Incluso era tan alta como varios chicos o les pasaba en estatura, el hecho de que ese hombre fuera más alto que ella, la hizo sentir bien, un muy extraño sentimiento par alguien que la compró y casi viola si se permitía recordar, y ciertamente, no era algo que deseara recordar.

—Mi nombre es Jellal Fernandes, un placer conocerte—se presentó educadamente y Erza casi se le cae la cara al escuchar su nombre y voz tan tranquila y diferente a la sensual y asesina de hacia unas horas, y bueno, ese nombre era bastante conocido en el mercado mundial y de armamento militar y otras cosas que no recordaba, pero en ese momento no lo traería al caso.

—…—se mordió el labio, sabía que debía presentarse, tomo aire y lo dijo lo más calmada posible. —Erza Scarlet, un placer, Jellal—su nombre pronunciado por los labios de la mujer mandó una sensación tan placentera por todo su cuerpo que casi la besa en un instante de locura, calmó a aquel demonio calenturiento y decidió seguir con las formalidades.

—El placer es todo mío, bueno—dio dos palmadas y dos mujeres entraron, dos albinas vestidas con trajes de maid, una de ellas tenía el cabello blanco hasta la cintura y ojos azules, curiosamente su traje de maid tenía vuelos que asemejaban las plumas de un ángel, la otra, tenía el cabello igual pero más corto y orbes marrones, eran similares pero una de ellas se veían más mayor que la otra. —Que este presentable para la cena, Sorano, Yukino—ordenó a ambas que asintieron con la cabeza, una vez más, una más que la otra, pues "Sorano" parecía molesta con el hombre por alguna razón pero hacia lo que este pedía. —Espero que te guste lo que prepare para ti, Erza—su voz y tono fue de manera tan sensual al pronunciar su nombre que todos los pelos se le erizaron de la impresión, se retiró de la habitación dejando a la Scarlet con ambas mujeres, Yukino se veía emocionada mientras que Sorano se notaba molesta.

—Uugghh, no me puedo creer que trajera a otra más—comentó Sorano mirando a Erza de manera despectiva, sin embargo, estaba haciendo lo que le mandaron, buscaba un vestido entre la gran y abundancia de trajes elegantes de todo tipo y para cualquier ocasión que estaban en el armario de la pared del que Erza no se había ni fijado desde que entró en esa parte del recinto.

—Sorano-nee, no seas así con la nueva invitada de Jellal-sama, sabes que se enojará si haces algo mal—trató de detenerla Yukino, Erza solo las miraba callada, no sabía qué hacer, ella sabía vestirse sola y hacer todo ella misma, no requería de la ayuda de ellas, se levantó y puso marcha al que supuso era el baño, y tal como pensó, lo era, se coló allí, puso la ducha en cuatro, el agua caliente cayó por toda su piel limpiando toda la suciedad, más no el daño que le causaron esos asquerosos hombres, eso lo recordaría por siempre, la vergüenza y humillación a la que la forzaron.

—Te dejamos las prendas aquí, parece que tu sola puedes hacerte tus cosas—escuchó la voz de Sorano gritando, sonrió para sí, complacida de que la dejarán conservar su dignidad como mujer.

—¡Sorano-nee!—la regaño la menor, Erza rió bajito y escucho las puertas del cuarto cerrarse, supuso que se habían retirado, se pasó el jabón creando mucha espuma por todo el cuerpo, feliz de sentir algo tan común por su piel, incluso el olor de vainilla de este le encantó, y eso que ella era más amante de las fresas, cerró la ducha y se secó con la toalla, una vez seca, se envolvió con la misma y salió del cuarto de baño, vio la prenda que debía usar sobre la cama, un vestido de seda morado con un gran escote en los pechos y abierto en la espalda, tenía una gran abertura por el lado derecho de las piernas hasta la cintura, tenía unos tacones negros y un liguero que supuso iría en el lado que estaba abierto y mostraba toda su pierna y muslo, debía de admitirlo, era un hermoso conjunto, su mirada se posó en los guantes que llegaban hasta encima del codo en un blanco pastel puro, se sonrojo al ver las bragas de encaje negro que deseaba y a la vez no, que le quedarán, más vergüenza no podía sentir de que Jellal ya supiera incluso su talla de tal exacta forma.

Para su suerte y decepción, las bragas le quedaban y debía de admitirlo, si las eligió él, tenía buen gusto, sus mejillas se colorearon y trató de apartar esa línea de pensamiento de su sistema, se colocó todas las prendas, se peinó el cabello suelto, se puso un poco de maquillaje y listo, se miró en el espejo, el vestido no solo era cómodo y elegante, sino que resaltaba todas sus curvas femeninas y belleza natural, suspiró y decidió salir y enfrentar al hombre, fuera de la puerta la esperaba Yukino que la llevó directo al comedor, todo era tan elegante y fino, las paredes de blanco y con diversos cuadros de pintores famosos colgados, floreros e incluso una lámpara de araña en el techo, de cristales brillantes y joyas que se asemejaban al oro...o podrían serlo, no estaba segura, el piso enlozado de mármol negro y no había ninguna salida, parecían estar muy dentro de la casa, también se apreciaban puertas de roble macizo por cada pasillo que pasaban, una vez en el comedor, quedó atónita por el tamaño de la mesa y la cantidad de alimentos servidos allí, dispuestos solo para dos personas, bueno, ese parecía ser el caso.

Jellal se acercó y tomó una de las sillas, la movió y Erza se sentó allí, con ella sentada, movió la silla acomodándola a una distancia asequible de la mesa en un claro gesto de educación, se sentó justo a su lado y le dio una galante sonrisa.

—Te ves hermosa, Erza—halagó a la dama de cabellos ardientes que casi se atraganta por el halago imprevisto de este.

—Gracias—respondió algo avergonzada, pero evitando que el mar de vergüenza se la tragara y arrasará con ella una vez más, no podía creer que éste era el mismo hombre de hacia unas horas, ¡¡era increíble!!, simplemente increíble de creer, si no lo estuviera viendo, claro está.

—Disfruta de la comida, nuestra chef es una de las mejores que he conocido—dijo orgulloso, la mujer sonrió orgullosa y dejó de servirse por un momento prestándole absoluta atención a su rostro masculino.

—Ja, ¡Eso es porque aún no has probado la comida de Mira! —debatió su anterior comentario, los orbes de este la miraron atónitos por un momento, pero no dijo nada, tamborileo los dedos en la mesa y no pudo contener más sus razones.

—Seré honesto contigo Erza—la mujer le prestaba atención a sus palabras mientras se servía algunas cosas que estaban servidas en la mesa para degustarla. —Mi razón para comprarte no era solo por mero placer...—la mujer se sonrojo al recordar que solo meterla al carro la había besado y obligado a... dejó la línea de pensamientos no queriendo recordar más a fondo aquella situación... —¡Quiero que te cases conmigo!,¡No!, en realidad,¡¡Tú serás mi esposa, lo quieras o no!!— fue tan abrupto que el pedazo de muslo de res que se estaba sirviendo se le escurrió del cubierto, giró la cabeza tan lentamente hacia él con los ojos abiertos como platos creyendo que escuchó mal pero el rostro serio de él la dejó sin palabras ni como contestar, lo único que pudo proferir fue un extraño —¡¿Eh!?—de pura confusión y extrañeza.

—Te lo repetiré si no me entendiste, ¡Te vas a casar conmigo! —espeto más serio que la primera vez y la mujer cayó sentada en la silla -aunque ya lo estaba- mirándolo con los ojos casi fuera de la cuenca y loca por la locura que esos -sexys-, -carnosos- y -calientes- labios, habían dicho.

—¿¿¿¡¡Eeeeeeeehhhhh!!!????—el tomate de rostro de la mujer, fue algo que hizo reír a la albina mayor que se burlaba escondida en una esquina del comedor, siendo indetectable para cualquiera de los dos miembros en ese momento allí sentados discutiendo semejante tema el primer día de conocerse.

—¿Qué está pasando allí?—la albina se tensó al escuchar esa voz a sus espaldas y se giró, encontrándose cara a cara con una de las mujeres más terroríficas de esa sociedad y dicha casa, ajena a la discusión en el comedor y ajena a la mujer de ardientes cabellos allí presente, la albina, estaba ahora atrapada en las garras de una fiera y de un demonio y nadie sabía eso, solo ella que presenciaba a la fiera frente a sus narices y al demonio a sus espaldas, tragó fuerte y trató de buscar una salida, no sabía cómo pero el sonido de algo impactando contra otro las hizo asomarse a ambas y vieron la escena de una mujer de cabellos escarlatas habiéndole pegado una bofetada en la mejilla derecha al hombre y está furiosa, bramaba enojada con una mirada fulminante al hombre que estaba en el suelo tocándose la mejilla agredida.

—Jellal, ¿¡Me vas a explicar que está pasando aquí!? —dijó molesta dirigiéndole una mirada furtiva a la mujer que se veía conmocionada por no saber quién era la recién llegada y el hombre parecía refunfuñar en su interior sin despegar la mirada de la mujer que lo veía intrigada desde una distancia bastante grande. —¿Quién eres tú? —preguntó refiriéndose a Erza señalándole con un dedo y acusadoramente, la Scarlet iba a responder, pero Jellal se adelantó dejando a todas las mujeres atónitos.

—Meredy, ella va a ser mi futura esposa—


Qué les pareció,a mí me gustó bastante...disculpen el lenguaje vulgar pero bueno,jeje,ya es muy tarde de retirarlas,Jellal tiene una actitud bastante peculiar y no será tan o puede que sí sea similar al del manga,o sea,al de Mashima-sensei,así que no me quemen tanto si no está 100% fiel.

Espero les haya gustado y espero reviews jiji.