El constante susurro que hacían las gotas de lluvia al estrellarse con el techo de madera ya le habían hecho despertar desde antes que escuchara la voz del monje Miroku justo afuera de la cabaña que compartía con su esposo, por eso no protestó cuando sintió como InuYasha se movió entre las sábanas, con la intención de levantarse.
—No creo que haga falta que te levantes —le pidió InuYasha al darse cuenta que estaba despierta, justo cuando encendió una de las lámparas de aceite para mitigar un poco la oscuridad de la noche—. No tardo —Kagome sintió la mano de su esposo posarse delicadamente sobre su cintura para evitar moverla cuando él se levantó del futón que compartían para atender a su amigo que, a juzgar por que ni siquiera había comenzado a amanecer, sin duda se trataba de algo peligroso o urgente, o ambos.
La joven sacerdotisa se incorporó despacio para poder sentarse en el lecho para así poder dirigir su atención a la cortina de paja que protegía la entrada de su hogar, cuando su esposo la hizo a un lado para cruzar el umbral pudo ver fugazmente el rostro del monje Miroku, serio como si estuviera tallado en piedra.
También llamó su atención que, justo a la derecha de su amigo, estaba otra persona que no reconoció de nada. ¿Un fuereño, tal vez?, ¿o quizá era por la casi nula iluminación que no logró identificarle?, fuera como fuera, todo aquello le comenzaba a inquietar al grado que una pesada sensación en el fondo del vientre le hizo llevar ambas manos hasta la parte baja del abdomen, apenas visiblemente hinchado por sus recién cumplidos cuatro meses de embarazo, haciendo instintivamente una leve presión con sus dedos al mismo tiempo que cerró los ojos y suspiró, buscando tranquilizarse.
Dejando su mano izquierda sobre su vientre, llevó los dedos de la derecha hasta el borde de su labio inferior, queriendo concentrarse en la conversación que los tres hombres que mantenían justo en el pórtico de su casa pero el hecho de que estuvieran hablando prácticamente en quietos murmullos, además de la insistente lluvia que no dejaba de caer, le habían dificultado severamente la tarea.
Dio un ligero sobresalto al ver como InuYasha cruzó de nuevo la entrada, su semblante tan ceñudo definitivamente no la ayudó a apaciguar la creciente preocupación que se le arremolinaba en el pecho.
—¿Qué pasa? —quiso saber—, ¿es algo muy grave?
El medio demonio no respondió de inmediato, primero se sentó frente a ella sobre el futón, tan cerca que pudo tomarle un mechón de su negro cabello y juguetear con él con sus afiladas garras.
—¿Tan grave como para que un pobre sirviente tuviese que cabalgar todo el día, sorteando tremenda tormenta por orden de su amo?, parece ser que sí —comenzó distrayendo su vista en las hebras azabache de su mujer—. Dice que la esposa de su señor ha sido poseída por algún molesto demonio así que, bueno, le han ordenado que venga a buscar a Miroku.
—Tal vez yo debería ir también —sugirió con suavidad.
—No —sentenció InuYasha soltando el mechón con el que jugueteaba, dedicándole a su esposa una mirada tan firme que Kagome tuvo que apretar fuertemente los labios para contener el escalofrío que le había recorrido la espalda—. No quiero exponerte en tu estado.
—Pero si es un asunto tan delicado como parece serlo, tal vez… —intentó debatir con tacto.
—Seguramente no es nada y ese lacayo solo quiere quedar bien con su amo —InuYasha relajó los hombros, tratando quitarle peso al ambiente—. Bastaremos Miroku y yo para acabar con esa plaga.
—¿Estás seguro? —preguntó suavemente descansando sus manos en su regazo cubierto por las sábanas, sintiendo un suave cosquilleo cuando InuYasha las tomó entrelazando sus dedos.
—Confía en mí, Kagome —le pidió al mismo tiempo que le acarició afectuosamente los nudillos—. Saldremos ya mismo. Si todo sale bien, estaremos aquí mañana antes de que anochezca.
Kagome asintió en silencio—. Por favor, cuídate mucho —le rogó sin poder deshacer el nudo que de pronto se le formó en la garganta. No le tomó por sorpresa cuando InuYasha le soltó las manos para tomarle la mejilla derecha.
—Tú también, cuídate mucho —le dijo al mismo tiempo que acercó su frente a la suya hasta que piel y piel se tocaron. Kagome no se dio cuenta que sus ojos estaban cerrados hasta que volvió a abrirlos cuando sintió la otra mano de su esposo colocarse sobre su vientre—. Y cuídalo…
La emoción casi la rebasó al sentir como InuYasha se aferró a las sábanas que le cubrían el vientre, entendió perfectamente que su verdadera preocupación eran ella y el bebé que ambos esperaban su llegada ese invierno. Gentilmente acercó su mano hasta la de su esposo, entrelazó sus dedos y ambos presionaron con cariño su abdomen. Aún cuando sus labios estaban tensos, fue capaz de sonreír con ternura al sentir como el pequeño ser dentro de ella se movió despacio, como si se hubiese despertado él también y aceptaba de buena gana los mimos de sus padres.
Por un momento, ambos permanecieron en silencio, solo dejando que el intenso caer de la lluvia justo afuera del hogar que compartían, así como el ocasional retumbar de los truenos a la lejanía, pero fue con el fuerte sonido que ocasionó uno de ellos que InuYasha tomó la decisión de soltarle la mano. Kagome abrió los ojos despacio cuando lo escuchó incorporarse para acomodar correctamente a Tessaiga en su cintura. Listo para marcharse.
—Ya. No me mires así —le habló en ese tono lleno de una determinación que solo le pertenecía a él, sonriéndole en un modo que otros podrían considerar fanfarrón pero que ella tanto amaba—. Estaré de regreso tan pronto que ni te darás cuenta de cuándo me fui.
Sintió la alegría dibujarse en su rostro, llena de nuevo de la confianza infinita que tenía en su esposo.
—Me voy —le dijo cuando llegó al umbral, acercando su mano hacia la cortina para hacerla a un lado, Kagome sintió un escalofrío que le recorrió la espina dorsal cuando InuYasha volteó para verla de nuevo
La joven sacerdotisa asintió con un suave movimiento de su cabeza—. Buen viaje. Te estaré esperando.
InuYasha le regaló una nueva sonrisa antes de salir por fin a reunirse con quienes serían sus compañeros de viaje.
En el silencio que invadió su hogar, Kagome no pudo evitar aferrarse con todas su fuerzas a la sábana que le cubría de la cintura hacia abajo, sintiendo la tela hacerse nudos bajo sus dedos. Cerró los ojos una vez más para concentrarse de nuevo en el sonido del caer de agua, ahora también mezclado por los galopes de un par de caballos haciendo sonar la tierra húmeda mientras se alejaban con prisa.
No pudo evitar llevar la sábana que aún sujetaba hasta su pecho, presionando nerviosa la tela contra su cuerpo cuando también fue capaz de escuchar el andar de unos pies desnudos que, en su trayecto, salpicaron ruidosamente los charcos formados por la lluvia.
¿Por qué se sentía tan nerviosa?, ¿qué era esa mala sensación en lo profundo del pecho? que, como si fuese una espina, se clavaba en ella hasta hacerla sangrar.
Tomó todo el aire que sus pulmones le permitieron y lo dejó ir con un suspiro que la ayudó a tranquilizarse, o al menos lo intentó.
—Buen viaje —repitió en un tono de voz claro, a pesar de saber que nadie más estaba cerca para escucharla—. Te estaremos esperando.
Cuando el sonido de la lluvia fue de nuevo lo único que podía escuchar afuera, balanceó despacio su cuerpo de un lado a otro y llevó una vez más sus manos hasta su vientre, alegrándose con la sensación que le provocó la presencia de su bebé.
Una presencia que, pensar de una lluvia tan intensa como la de esa madrugada, le llenaba sus días de sol.
Han sido meses un poco caóticos para mí, entre un bloqueo creativo bastante difícil, un síndrome del impostor que se empeña en decirme que no y atormentarme y ADEMÁS DE TODO una boda que planear (porque, madre mía, alguien quiere casarse conmigo este año), he sido un nudo enorme de ansiedad. En mis ejercicios por librarme de tal nudo, nació esta historia en mi cabeza. Con un tema que no sé por qué, no ha dejado de darme vueltas suplicándome que lo escribiera y, bueno, aquí está.
No me olvido de mis otros fics (si estás por aquí preguntando por Flores de Cementerio, principalmente), estoy trabajando en el próximo capítulo y les agradezco a todos su paciencia.
Este fic es corto, y está fluyendo muy bien así que probablemente no tarde mucho en actualizar.
Un beso.
-Kao
