El sol arrancaba brillos del hermoso vestido blanco que usaba, logrando exaltar el color de su piel y su cabello castaño, aunque en ese momento, lucia del color del crepúsculo, un nuevo día terminando, el fin de un proceso, el fin de sus ilusiones y esperanzas.
Tuvo que respirar profundamente varias veces para tranquilizar sus sentimientos y dibujar la sonrisa que todos esperaban ver en su rostro ante este acontecimiento tan importante en sus vidas
La marcha nupcial marcaba su paso, lento y acompasado, su padre y ella caminando con seguridad hacia el altar, el sonido llenando la iglesia, y para el era mas como la marcha fúnebre
Cada paso que daba lo acercaba mas a la tumba y aun así el debía permanecer sonriente, extasiado por la ceremonia mientras su corazón se convertía en cenizas ante la cercanía.
Su padre se detuvo, sus ojos llenos de lagrimas y una sonrisa orgullosa dibujada en sus labios mientras se volvía parcialmente a la joven, acariciando con suavidad el rostro oculto por el suave y delicado velo blanco antes de extender la mano que sostenía frente a ellos.
Sus extremidades temblaron y tuvo que luchar contra si mismo para no extender su mano, tomar la delicada muñeca de la novia y correr juntos hacia el lado contrario, sin mirar atrás. Ella tomo dos pasos hacia enfrente, su cuerpo ingresando al área del altar, donde el sacerdote asentía con aprobación ante la unión de ambos.
Sus piernas querían acercarse y susurrarle al oído cuan hermosa era, quería inclinarse y besar su mejilla, decirle...
- Eres la mujer mas hermosa que he visto en mi vida... - el susurro ahogado interrumpió sus pensamientos, hiriéndolo al reconocer la voz de la persona que amaba mas que a la mujer frente a el. Su hermano menor
Aquellas dedos, marcados por las tantas travesuras que habían hecho juntos en los días en que aprendían esgrima, se cerraron con delicada firmeza en la fina mano de la novia, que aun estaba siendo ofrecida por su padre, coronados por el caro anillo de diamante que había sido de su madre y de su abuela antes de esta, generación tras generación de mujeres Kirigaya lo habían usado y en teoría, eso debió pertenecer a su esposa, al ser el heredero del titulo nobiliario de su familia, pero el rechazo la oferta e insistió en que su querido hermano lo entregara a su prometida, la única mujer que había amado en toda su vida, y es que una parte de el sabia que ese anillo, le pertenecía a ella y a nadie mas
Sin pensarlo siquiera, su hermano se inclino y beso con reverencia el dorso de su mano antes de levantar con cuidado el velo, rebelando un par de ojos ámbar que brillaban con emoción y una sonrisa encantadora que era dedicada para su prometido.
Su corazón latió dolorosamente mientras ambos volvían la mirada al sacerdote, dando inicio a la ceremonia, y mientras cada palabra era dicha, cada gesto realizado, su alma se sumía cada vez mas en la desesperación.
- Eugeo Kirigaya, aceptas a esta mujer para amarla y respetarla por el resto de tus días, en salud y enfermedad, hasta que la muerte los separe? - pregunto con solemnidad?
- Acepto. - fue la firme respuesta del rubio, quien se limito a apretar con incluso mas fuerzas las manos de la novia.
La pregunta fue repetida con dirección a la chica, sin embargo, al contrario del joven, ella no contesto al momento, y por primera vez en todo el día, los ojos ámbar se dirigieron a los grises, pertenecientes al padrino, llenos de duda.
Los segundos de duda se alargaron, solo los directamente afectados conscientes de ellos, Kirito podía ver la tensión en los hombros de su hermano, pero el sabia, conociéndolo como lo hacia, que las verdes iris, herencia de su madre, no mostrarían mas que comprensión y apoyo, haciéndole saber a su prometida que no tenia que decir las palabras si no lo quería.
Podía sentir la incredulidad de su padre, sentado justo en primera fila o la desesperación de los padres de la novia, quienes solo esperaban ese matrimonio para pertenecer a la socialite de su ciudad.
La sonrisa en el hermoso rostro tembló solo una vez, sin despegar sus ojos de los suyos, llenos de dudas.
- Asuna - nunca supo si fue una suplica, una forma de animarla o sencillamente la oración que era su nombre para el, pero pareció ser todo lo que ella necesitaba para decidirse.
- Acepto - salió de sus labios con seguridad mientras las orbes ámbar se fijaban con algo parecido al amor en el rostro del chico frente a ella.
El cura sonrió y sello la ceremonia con el clásico "puede besar a la novia". Eugeo tomo con adoración el talle de su ahora esposa y con delicadeza la halo hacia si, inclinando el rostro con nerviosismo mientras sus labios se unían con una suave caricia que tuvo la virtud de hacer sonrojar a los festejados. La audiencia estallo en aplausos, llenos de jubilo, todos de pie.
Mecánicamente el se unión a la ovación mientras su alma se sumía en la desesperación.
