PRIMERA PARTE: REMINISCENCIA

Recuerdo vago e impreciso.

PRÓLOGO

Si Hange tuviera que señalar el momento en que las cosas empezaron a carecer de sentido diría que fue aproximadamente hace un mes. En las conversaciones con sus colegas e incluso las reuniones que sostenía con oficiales de otras ramas del ejército, había incongruencias y extraños silencios que dejaban con la cara en blanco a los demás pero que después de una sacudida de sus cabezas retomaban la conversación como si aquellos inquietantes momentos carecieran de significado.

¿Qué fue aquello?

Cuando Hange quería retomar la conversación al rumbo que llevaba a esos momentos los demás simplemente negaban con su cabeza, ignorándola casi como si no la escucharan o no entendieran de lo que les estaba hablando. No importa cuánto insistiera o intentara guiar la conversación a… no lo sabe, simplemente sus esfuerzos se veían truncados por un callejón sin salida, sin el más mínimo detalle que le diera la más insignificante pista de lo que sea que se estaba perdiendo.

Claro, al principio no le tomo la menor importancia. Ella encogía sus hombros y seguía su día como requería su agenda. Pero las coincidencias dejaron de serla, para convertirse en un patrón. El patrón la llevo a la duda, la duda a la incertidumbre y a preguntas. A preguntas sin respuesta. Eso claramente la llevo a un estado de frustración, y la frustración… hay que admitirlo: a la paranoia.

¿Acaso me he vuelto loca? ¿He perdido la razón definitivamente? ¿Por qué esto es algo que solo yo puedo ver?

Para Hange había una gran, grandísima sospecha de que algo crudo estaba pasando, no solo a ella sino aparentemente a todos. Pero ¿Cómo conseguir las respuestas a preguntas que ni siquiera ella sabía formular? Todo era un callejón sin salida. Por primera vez se sentía perdida, confundida y abatida sin saberlo.

Todo empeoró cuando intento hallar solaz en sus antiguos diarios de sus primeros años como líder de escuadrón, cuando su tiempo no se veía opacado por reuniones y papeleo sino por sus estimadas investigaciones.

No hallo nada. Vacío. Es decir, sus cuadernos, carpetas y diarios estaban ahí, archivados y resguardados como recuerda muy diligentemente haberlos guardado. Pero su contenido… vacío. Un montón de páginas en blanco, muchas frases sin sentido, espacios sin contenido y más páginas en blanco.

No es posible. ¿Qué es lo que había acá?

A Hange ni siquiera le paso por la cabeza la idea de que el récord de su trabajo fuera así: tan insípido, vacío, incoherente. La luz vino cuando se encontraba en tal estado errante de desesperación. La luz vino en forma de un gruñón capitán de la Legión de Reconocimiento que venía a exigirle que dejara la actitud de detective y se enfocara en su trabajo. Al parecer al verla en tal estado de decaimiento, mantuvo a raya su actitud y permitió que ella se desahogara con él.

Fue ahí cuando las cosas empezaron a dejar de parecer tan torcidas cuando después de su extensa diatriba de sus angustias, Levi, taciturno y frio como siempre, pero ligeramente turbado como raras veces, le confió y le hablo de sus similares experiencias.

Recuperada su compostura Hange comprendió que había un misterio por resolver, un gran e incomprensible misterio. Y la investigadora en ella sintió (por primera vez desde hace mucho tiempo, eso cree) que era su deber resolverlo.

Después de todo no estaba loca, al parecer los demás lo estaban.