Rubius y WillyRex se quedaron callados, con la mirada distante y la cabeza hacia uno de los lados. Ambos intentaban escapar de los ojos afilados de Vegetta, que, sin decir nada, les volvían a reprochar su comportamiento.
-A ver si yo soy el tontito y vosotros no. Los dos héroes-policías de Karmaland, los dos únicos héroes-policías, y en su primer día, tienen que resolver un robo que ellos mismos han causado.
-¡Vegetta! Que yo no he sido, joder. A sido él.
-Cállate doblas. No quiero oír nada de ti, primero mataste a mi… al cuervo que yo iba a domesticar, después robaste, el cuadro que tenía en mi casa, y a saber, de todas las ilegalidades que has cometido desde que volvimos. A si que, calladito estás más guapo, bombón.
Rubius volvió a echarse hacia atrás, poco podía hacer cuando al rey de la mansión se le acababa la paciencia.
El de cabello negro azabache tenía ya la cara colorada, tonos que cambiaban de rojo a azul mientras hablaba e intentaba respirar. Ya había comenzado a sudar, incluso con la poca ropa que siempre llevaba, Vegetta terminaba echando humos siempre que dos o más héroes de Karmaland se juntaban. Después de todo, hombres de casi cuarenta -ignorando al pequeño Quackity que él si se comportaba como personas de su edad- se comportaban como niños chicos. ¡Que si explosiones, que si minas, que si trampas…! Todavía tenía que mirar a los alrededores cuando llegaba a su casa porque todo estaba plagado de agujeros.
Sus perros se comportaban mejor que ellos.
Willy apretó su gorra de policía en su cabeza. Era raro sentirse molesto por las palabras de cariño del ojimorado al oso cuando a él mismo le incómodaba recibir esas palabras. Aún así, odiaba que Vegetta se refiriera a otros amablemente; en ese caso, todos verían lo buena persona que era el rey de Minecraft, que agradable era estar a su lado y compartir misiones, y eso Willy no podía soportarlo, él había sido su primero, quien había luchado con él en los mundos de Apocalipsis.
No era nada justo.
Vegetta debería poner fotos del Wigetta, de ellos dos solos, no de la tonta reina Rubius vestida de rojo. Aunque si lo admitía -pero nunca lo haría, ni a los demás ni a él- Vegettita estaba completamente hermoso, imponente como le gustaba decir al pelinegro.
-Vegetta, vamos, no te lo tomos demasiado en serio. Lo hicimos antes de las pruebas de policías, eso no puede contar.
-¿Hicimos? ¿¡Ah!? No me metas a mi por el medio. Tu fuiste completamente el culpable, yo no.
-Que rata eres… No. Ya todos sois cómplices, me habéis ayudado.
-¡Te ayudado porque lo pediste! ¿Que es lo que dijiste? Ha…
Vegetta rodó los ojos. La discusión era una total pérdida de tiempo. Todavía tenía que terminar de domar a sus lobos, las luces del castillo, tenía que volver a usar la maquinaria de arriba para hacer su brazo extensible… poco tiempo tenia y muchas cosas por hacer.
Los dos rubios seguían peleando, todavía con palabras, pero conociendo a los dos tontitos, poco faltaría que su casa de nuevo fuera un tierra de minas.
-Marcharos, ¡vamos! ¡Fuera! Si vais a hacerme perder el tiempo, largaros. Algunos queremos que el día sea productivo. ¡Venga, venga!
Él dio varios empujones a los otros, con la mano y no con su espada, pero ganas no le faltaba. Con más quejidos, y chillidos, Vegetta arrastró a los demás desde su pasillo principal hasta la entrada. Luzu y Alexby, se habían marchado ya hace rato, junto con Titi, ellos seguían buscando alguna pista que Vegetta dudaba que encontrasen. Willy podía no darse cuenta de muchas cosas, por ejemplo de la hermosa risa tonta que tenía cuando estaba preparando una trampa, pero, a partir de allí, para cualquier maldad, parecía que lo hacía todo a la perfección, un increíble cuadro de pistas falsa y sin ninguna huella que seguir. No como el Rubius, que tontito era cuando quería, aunque hiciera la mejor trastada, siempre se le notaba cuando estaba planeando alguna ilegalidad. Un bobo si, pero también era algo lindo.
-¡Espera, Vegetta!
-¿Que quieres Guille?
Willy sintió que le recorría un escalofrío. No podía amar-odiar más su nombre cuando él lo decía. Con los ojos cansados pero brillantes, y la boca medió doblada pareciendo un puchero, casi deseó aplastar sus labios con los suyos.
Él no podía hace eso. No. A él no le podía gustar Vegetta.
Apretó fuertemente la mano del héroe violeta, ya sea para que no lo echase o para tocar sus músculos al descubierto. Cuando ya no lo empujo más, siguio buscando alguna excusa mientras acariciaba por encima su brazo.
-Solo… gracias por no decirle nada a Luzu y a Alex. Hubiera sido muy dañino para mi recién carrera en la policía.
-Algún día me dejaréis calvo… Pero si, no hay de que bobo, lo que sea por mi Willy. Pero, no más de esto eh. Que todavía sigo buscando las trampas que tú y Fargan pusisteis.
El rubio de ojos achinados sonrió, divertido y sonrojado. Ese había sido un buen día, había puesto un mogollón de minas y había visto a Vegettita, ¿que más podía pedir? Bueno, que en vez de caer Fargan al agujero, fuera la rata de Rubius.
-Si, bueno, bueno no eran para ti.
-¿En mi casa y no son para mi? ¿Y el sentido?
Agitando la cabeza, Willy no dijo nada más. Con una sonrisa, él echo un pequeño vistazo a su compañero policía. Para huir cada vez que Vegetta decía una frase bonita, tenía el rostro serio, mirando fijamente donde sus pieles se estaban tocando.
Willy ya conocía a las personas así, Alexby, en un principio también había sido así, así que él había terminado por estar aún más pegado al ojimorado para que Alex supiese que por mucho que Vegetta fuera un ligón, interés cero tenía en él, el coqueteo solo era una broma entre amigos, siempre que no se tratase de su mejor amigo y compañero Willy.
Fargan y Fran, ellos si aceptaban el coqueteo burlón de Vegetta, y lo devolvía con más fuerza, que si, era porque ellos dos estaban medio enamorados del rey del castillo, ¿y quien no? Pero, se habla pero no se toca. Con Fargan ya había discutido ese tema con él, y él había aceptado por las buena; después de todo no quisieran que el queridísimo señor llegalisimo se enterase de sus trapos sucios. Y Xtaxx, eso era un problema para otro momento. Era una lástima, había estado muchos años tranquilo.
Al final, por mucho que intentara fingir Rubius -y Willy a sí mismo también- todos caían rendido ante el mayor héroe de Karmaland.
-De todas formas, Vegettita, déjame recompensarte ¿si?
-Guille, que no hace falta tío. Joe'. No te metas en más problemas, anda, que tienes que terminar tu odiosa tortuga, que quiero verla finalizada.
-¿Ves? Al final si te gusta Tortuman.
-… No. Es horripilante, lo peor que has podido hacer. Y yo pensando que ya me libraría de él.
El de ojos morados termino sacándole la lengua, mientras que el otro, se quedó callado.
Aún así, Willy siguió tirando de la mano de Vegetta hacia arriba de las escaleras principales. Nunca antes hubiera tenido esa idea, pero, ahora… Había estallado. No dejaba de pensar que cosas hubiera podido hacer Vegetta cuando estaba solo… cuantas personas habían podido disfrutar el tocar la piel del héroe, disfrutar de sus sonrisas hermosas o sus ideas extravagantes, de dormir a su lado o pelear por tonterías como un viejo matrimonio. Ese era su lugar, y muchas personas intentaban robarselo.
-¡Oye! ¿¡Y yo que!? ¿No recibo nada a cambio?
Willy giró la cabeza hacia el rubio con tranquilidad. El flequillo tapó sus ojos, dándole una mirada aún más seria. Esa rata volvía a intentarle quitar la atención de Vegetta.
-Claro. No enseñar tus fotos.
-¿Eh? ¿¡Que!? ¡Eso no es justo! Dile algo Vegettita, ¡que yo también he ayudado!
-¡No empecéis a pelear bobos!
Willy lo pensó unos instantes, aunque Rubius estaba siendo uno de sus principales rivales, sabía que a la larga no serviría el chantaje. Ahora, ¿por que no matar dos pájaros de un tiro? Recordaría a Vegetta quien era su verdadera pareja, además de enseñarle a la rata con quien se estaba metiendo.
Sonrió un poco mientras soltaba al ojimorado. Con las manos metidas en los bolsillos de su vaquero, se acercó hacia él, para susurrarle al oído.
-Escuchame, Rubius, voy a hacerle una diminutisima broma a Vegettita. No hay regalo alguno.
-Pues, mejor me lo pones. Yo también quiero verlo.
-Bien. Vete y escóndete en su habitación. Ahí después iremos.
-¿En la sex dungeon?
-¿Que? ¿En la que? En su dormitorio, ¿que no entiendes de eso rata?
-Si, si, vale. Joder tío, estamos irascibles. Mas te vale que sea divertido, Vegetta y yo tenemos planes.
-…
Willy se dio media vuelta. Enfadado. ¿Planes? ¿Que mierda? No iban a tener ninguno estando él, reclamaría lo que debería ser suyo hace mucho, y ya está. Adiós ratas, adiós héroes; Vegetta sería inalcanzables para todo ellos, menos para él -aunque Willy tampoco se creyera merecedor del ojimorado, ¿quien en su sano juicio lo pensaría?-.
Con más ánimos que antes, alcanzó al héroe en los inicios de la escaleras.
Con la pizarra profunda, negra, y sin demasiada iluminación, los ojos morados brillaban como dos elegantes gemas, con mil y un reflejos que parecían dos espejos distantes. Era hermoso.
-Nunca tramáis algo bueno, ¿algo que hayáis estado cuchicheando y que yo no me entere hasta que Karmaland vuelva a estallar en pedazos?
Tuvo que tragar antes de contestar nada. Quería tanto guardarlo en un bote de cristal, fuera de las manos de todos, fuera de los monstruos y las preocupaciones, solo, Vegetta en su máximo esplendor; un Dios en lo más alto del Olimpo.
-Nada de que preocuparse, Vegettita. Ya se iba.
-¿De verdad? Entonces, ya te llamaré cuando terminemos aquí, Principe. No me añores.
-Si, si…
Los dos siguieron subiendo las escaleras, con Willy sin separarse un centímetro de su piel.
-¿Estamos pegajosos hoy, no?
-Para nada. ¿Por que no vamos a tu cuarto? Lo que tengo será idílico para ello.
-¡Ey! ¡Guille! Esa es mi frase. Aunque, todo lo que tú me des, será genial. Mientras no sea la tortuga esa.
