Encuentro Predestinado
–Puedes decidirte ya, Lu? –le reprochó una joven de larga cabellera azulada a su mejor amiga, quien no dejaba de ver todos los pasteles que yacían dentro de la vitrina de exhibición–. Se nos va a hacer tarde para entrar a la escuela.
–¡Ay, es que no me puedo decidir! –exclamó con irritación la chica de los caireles de oro al levantar la cabeza y gritarlo al aire–. Todos son muy hermosos, y me imagino que estarán igual de ricos. ¿Verdad señora?
La joven le preguntó a la encargada de la pastelería, quien no dejaba de verla con diversión al ver en la situación que se encontraba la chica rubia.
–En efecto, querida –confirmó la señora con una sonrisa de oreja a oreja–. Todos nuestros pasteles, y digo "Nuestros" porque mi nieto me ayuda a prepararlos... –
La señora señaló discretamente a su izquierda, donde se encontraba la entrada de su cocina, para que sus dos clientas le echaran un vistazo; ahí, un pequeño de apenas nueve años estaba parado encima de un banco que le ayudaba a alcanzar la mesa principal, donde se preparaban todos los pasteles, para trabajar mucho mejor. Se notaba a leguas que el pequeño, a pesar de su corta edad, le ponía empeño al momento de hacer los pasteles.
La dueña sonrió orgullosa y se volvió hacia sus clientas.
–...son elaborados y decorados con gran esfuerzo y dedicación. Así que debes esperar una gran explosión de sabor al momento de comerlos.
–¿Ves, Levy? –inquirió la joven rubia–. Es por esa razón que no me puedo decidir.
–Por el amor de Dios, Lu –la puerta de la pastelería se abrió y golpeó una pequeña campanilla que anunciaba la llegada de un nuevocliente–.note vas a comer la Capilla Sixtina, son sólo pasteles. Sin ofender, Señora.
–Tranquila, hija. No pasa nada –comentó la dueña para calmar los nervios de Levy, pues creía que había ido demasiado lejos con ese comentario–. Imagino que no es la primera vez que la señorita Lu te pone en una situación así.
–Por desgracia no, Señora –confirmó Levy al rodar los ojos–. Siempre me hace esto cuando salimos a comprar algo.
La persona que recién entró a la pastelería se paseó por el local, viendo los diferentes modelos de pasteles, pan dulce, y más antojitos de la misma índole que estaban exhibidos.
–¡En un momento te atiendo, querida! –le dijo la dueña al sacudir la mano de lado a lado a modo de saludo, y para llamar su atención.
–¡No se preocupe, no tengo prisa! –vociferó aquella persona, quien por el tono de voz, y el cómo se refirió a ella la dueña, se trataba de una chica.
La joven Lu seguía meditando, mientras que por otro lado Levy miraba con impaciencia su reloj; sólo les quedaban quince minutos para regresar a la escuela.
La joven recién llegada terminó de ver los pasteles y se acercó a la vitrina donde se encontraban todas, curiosa de saber qué los tenía tan ocupados.
Luego de un minuto, la joven Lu finalmente decidió lo que quería; movió su mano derecha hacia la vitrina, levantó su dedo índice, y señaló una rebanada de pastel amarillo.
–Quiero ese –pidió gentilmente.
–¿Cuánto cuesta ese? –preguntó amablemente la chica que recién entró al local.
En ese momento, ambas se dieron cuenta de que estaban señalando el mismo pastel de la vitrina; las dos levantaron la mirada y se quedaron viendo entre sí, intrigadas por el extraño suceso.
La joven Lu observó detenidamente a la joven recién llegada, cada rasgo de ella: Vestía una blusa guinda de mangas holgadas que en la parte del busto tenía detalles floreados tejidos con hilo blanco, unos pantalones café oscuro que le llegan hasta la cintura con un cinturón negro de gran hebilla plateada, y unos botas negras; pero lo que más impactó a la joven Lu, es que esa señorita tenía el cabello rojizo, no cualquier rojo, pues este era un rojo brillante, como si brillara con luz propia. Incluso para ella, a la joven Lu le parecía atractiva aquella chica.
Por otro lado, la chica pelirroja hizo lo mismo que la joven Lu: Ella usaba su uniforme escolar que constaba de un suéter verde oscuro cuyas mangas tenían franjas de diferentes colores, rojo arriba, blanco en medio, y un verde más claro abajo; una falda rosa pastel con líneas verticales en rojo; medias negras; y unos zapatos de vestir negros.
Ambas se quedaron mirando por unos minutos, aún tratando de procesar la situación; viéndose directamente a los ojos. Hasta que la dueña del local pronunció palabra.
–Cuesta 100 Jewels, querida –le informó dulcemente.
Ambas chicas dieron un brinco y reaccionaron, cada quien se apartó en dirección opuesta. La chica pelirroja se volvió hacia la dueña del lugar.
–¿Me...Me puede dar una rebanada? –dijo con voz queda.
La dueña asintió, pero en un segundo su expresión cambió a una apenada.
–Lo siento, linda. Esa rebanada es la última que me queda, y la señorita Lu ya me la pidió.
–¡No, no...! –se apresuró a intervenir Lu sacudiendo las manos con nerviosismo–. E...Está bien, señora. Puede darle la rebanada a ella, no tengo problema.
–¿Segura, querida? –interrogó la dueña del local.
–Sí, claro –aseguró Lu toda sonrisas.
La dueña del local asintió y tomó la rebanada de pastel para ponérsela para llevar a la chica pelirroja; al terminar se la entregó, la chica pagó con el monto exacto, y antes de irse del local volteó hacia Lu y con una sonrisa...
–Muchas gracias –se despidió–. Eres muy amable.
Y se fue sin nada más que decir.
Lu y su amiga Levy la vieron irse, ninguna de ellas dijo palabra alguna.
–Ella suele venir a comprarme rebanadas –comentó la dueña del local, sacando de sí ensimismamiento a las dos chicas–. Me atrevería a decir que es una cliente frecuente quien yo aprecio mucho.
–Entonces viene muy seguido –dijo Lu con un hilo de voz–. Eso confirma que sus pasteles con deliciosos señora.
Ambas se echaron a reír, luego se les unió Levy.
–Ya se lo había dicho, señorita Lu; pero no quiso creerme.
–Ahora le creo. Entonces le dejo a su criterio el pastel que me vaya a vender.
–Muy bien, voy a elegir el que más crea que le vaya a gustar –y así, la dueña del local le vendió a Lu una rebanada de pastel con glaseado blanco, y adornado con una flor roja. Una rosa.
Lu y su amiga Levy se despidieron de la dueña del local con una gran sonrisa y salieron del local, no sin antes dejarle una buena propina por su cálida atención, para dirigirse a su escuela.
En el trayecto, Lu aún seguía con aquella extraña sensación que le dejó aquél encuentro con la chica pelirroja; a pesar de haber sido algo trivial, o incluso común, en el momento que sus miradas se encontraron, Lu sintió algo diferente, algo que...le pareció extraño.
Entonces una pregunta llegó a su mente: ¿Volvería a verla?
CONTINUARÁ...
He aquí un nuevo proyecto que, a diferencia de los demás, es bastante corto en realidad. Me llamó mucho la atención esta idea después de ver el anime de Citrus...no me juzguen.
Así que quise hacer mi propia versión; pero...pero...antes de que digan algo, déjenme aclarar que esta historia será actualizada de manera MENSUAL, y será sólo de cinco capítulos. Si les gusta la idea, déjenme un comentario y, como los demás proyectos que tengo exceptuando la Mágnum Trinity, lo seguiré actualizando. Ya publiqué el prólogo, pero próximamente actualizaré el primer cap, después de eso ya será la siguiente actualización el mes que viene, osease en Septiembre.
Sin nada más qué agregar, me despido.
Raizerbak se larga. Paz
