Todos los días era lo mismo. Desde que volvió de Hogwarts, todo su mundo estaba patas arriba. El gobierno mágico y los periódicos los llamaban mentirosos a él y al director Dumbledore. Fudge había decidido optar por una política de privacidad, se había rodeado de asesores y había expulsado u hostigado a todo oficial que apoyase al anciano director.
Sus amigos no le contestaban. Si bien las primeras semanas había recibido alguna carta, tras el paso de los días se volvieron intermitentes hasta casi desaparecer. Le grabó lo ocurrido con Dobby en el segundo año. Quizás alguien estaba alterando su correo. A eso se le sumaba el temor al comienzo de una nueva guerra. Con el ministerio centrado en Dumbledore, los mortífagos se movieron con más facilidad entre las sombras y viendo los periódicos, Harry pudo notar sus movimientos. Leyes que mostraron favoritismos con los magos o mayores ganancias en los negocios de los pura sangre. Lucius Malfoy convertido en asesor del gobierno. Y muchas mas cosas.
Aunque no hubiera ataques, la mano de Voldemort se movía lentamente por todo el mundo mágico inglés sin que nadie hiciese nada para detenerlo. Y él, que había sobrevivido a varios enfrentamientos, estaba encerrado en un cuarto, maltratado por sus tíos, sin noticias de sus amigos y con pesadillas recurrentes sobre lo ocurrido en el cementerio. Tendría que haber matado a Pettigrew cuando tuvo la ocasión. Por culpa de eso, Cedric había muerto.
Y su cadáver lo atormentaba todas las noches. Su cuerpo tirado en el pasto mientras él observaba atrapado. Sí, es verdad, que había salvado su cuerpo de cualquier acto horrendo que Voldemort pensase hacer. Incluso había llevado su cuerpo ante su familia como su sombra le había dicho. Pero, ni con eso cesaban sus pesadillas. Pareciera que Voldemort disfrutaba de la tortura psicológica.
Y la única forma de contrarrestarlo era hacer lo que cualquier chico de quince años haría en una noche donde no podía dormir bien. Ese acto que había escuchado durante el año pasado en su dormitorio. Había veces que los cinco llevaban chicos a cabo ese ritual y cada uno podía escuchar los gemidos del otro. Harry no era nuevo en masturbarse, lo solía hacer para poder dormir o antes de los partidos de quidditch. Pero, hacerlo en plena casa de sus tíos le produjo un poco de miedo. Petunia era lo suficientemente cotilla como para verlo en plena paja y pegarle con el cinturón. E incluso Vernon sería capaz de castrarlo con sus tijeras de podar para que no hubiera nada mágico en el mundo. Asi que esa tarde estuvo hacer algo mas arriesgado, si en la casa no pudo hacersela se la hara fuera.
Privet Drive era un conglomerado de viviendas todas iguales y cuyas calles se cruzaban armoniosamente. Normalmente había tiendas, comercios o colegios. Pero, Harry buscó sitios menos transitados y grabó un lugar perfecto. Un parque solitario que se encontraba cerca de la carretera comarcal. Ese lugar estaba abandonado ya que nadie se atrevía a dejar a los niños pequeños cerca de carreteras y polígonos industriales. Allí estaría tranquilo.
Camino por alrededor de veinte minutos esquivando a cualquier persona con la que pudiese cruzarse. Los vecinos eran casi iguales de cotillas que los Dursley y muchos jóvenes tenían miedo de la pandilla de Dudley y no dudarían en chivarse. Al llegar al parque se sentó en una ruleta metálica y se bajó los pantalones.
La ropa muggle del chico siempre le estaba grande y el pantalón que se sujetaba con una correa maltrecha cayo rápidamente. No llevaba calzones ya que Dudley era mucho más gordo y los que le prestaba se le caían así que prefería ir con el pene libre dentro del pantalón. Todo su cuerpo era flaco producto de comer apenas durante sus veranos aunque el ejercicio de quidditch estaba desarrollando una esbelta pero, musculosa figura. Sus brazos y piernas lucían músculos tonificados pero, su cuerpo era tan delgado que a mucha gente le parecía enfermizo. En altura, Harry superaba a la media. Aunque tanto recientemente Neville como Ron lo habían superado. Sus ojos eran de un verde esmeralda y llevaba el pelo negro enmarañado intentando ocultar su famosa cicatriz.
Su entrepierna irónicamente estaba depilada. Harry había hecho un caso en ese aspecto a la moda del mundo mágico y se había depilado todo el cuerpo. Muy pocos magos acostumbraban a hacer eso ya que se esperaba que tener pelo prominente era señal de poder. Sin embargo, la depilación hacía que sus testículos pareciesen más grandes y voluminosos como si estuviesen cargados de esperma mientras que su pene en media asta era delgado pero, muy duro. El prepucio rodeaba al glande cubriéndolo casi en su totalidad. Con un movimiento, el chico descorchó su miembro dejando ver un glande afilado, listo para penetrar su primera vagina. Harry comenzó a mover su brazo rítmicamente sin preocupación por nada hasta que su pene llegó a su máxima potencia. El miembro era largo, duro y delgado, aunque tampoco era nada del otro mundo.
Teniéndolo listo, Harry comenzó a pensar en todos los errores que había hecho con las chicas y en cómo podría haber aprovechado esos momentos. Pensó en todos los atributos de las mejores hembras que conocía.
Mientras su mano subía y bajaba excitando progresivamente a su miembro, Harry notaba como el sudor del roce hacía que era mucho más placentero. Su mente divagó rápidamente hacía todas las mujeres que algún día había deseado en la soledad de su cuarto en la Torre de Gryffindor.
Primero se llevó a su primer año, en el momento en que Hermione había ido llorando al baño de chicas. Justo en el momento en el que Quirrell había liberado a aquel troll. Si Ron no le hubiera acompañado, Harry podía verso a sí mismo consolando a Hermione aquella noche y progresivamente tomándola aquel día. Habría agarrado el tupido cabello castaño de su mejor amiga y la hubiera obligado a chuparle la polla. La joven tenía una enorme paleta que podría suponer un problema en la mamada pero, él se encargaría de guiarla. Y con suerte se correría encima de sus pechos. En aquel momento no eran excesivamente grandes pero, Harry recordaba como durante sus años de escuela las tetas de Hermione se habían vuelto enormes y jugosas. Haberla convertido en su esclava sexual a tan corta edad hubiera sido una gran ganancia a futuro.
La siguiente chica que se le vino a la mente fue el cabello anaranjado de Ginny. Harry había interactuado con ella en el verano del segundo año y la chica se impresionaba continuamente. Al parecer se había enamorado de la idea del salvador del mundo mágico. Algo que Harry comprobó que les había sucedido a muchos jóvenes. Ese año, la pelirroja había sido una admiradora voraz a la que le encantaba estar con él, cumplir parte de sus deseos y que se sonrojaba ante cualquier cumplido. A Harry le incomodaba esto pero su mente del futuro supo sacar provecho a ese recuerdo. Podría forzar la penetración con la chica en plena Madriguera rodeada de sus hermanos y su gorda madre o simplemente podría haberla tomado en la Cámara de los Secretos. La idea de que la joven niña cabalgase su polla frente al cuerpo muerto de la serpiente de Slytherin hizo que su miembro vibrase y tuvo que parar de masturbarse. El pensamiento de los gemidos de la niña retumbando por las tuberías del colegio eran demasiado atrayentes. Así como la visión de su sangre virginal corriendo por su polla y mezclándose con la del basilisco y la tinta del diario.
Sin embargo esas situaciones eran demasiado irreales e incluso ilegales tanto en el mundo mágico como dentro del castillo. Sin embargo, cuando descubrió su sexualidad pudo haber perdido la virginidad en su cuarto año y perdió la oportunidad en muchas ocasiones.
La primera chica con la que perdió una oportunidad fue con la asiática Cho Chang. Cho era un año mayor y le rechazó para ir con Cedric. A pesar de eso, Harry había desarrollado una pequeña atracción hacia ella. Atracción más allá de lo sexual aunque no quiere decir que no se interesase en eso también. Chang era una chica con pelo liso, largo y negro. Recortado de manera angulosa y que no poseía mucho pecho. Su cara tampoco era del todo hermosa. Su piel era pálida. Lo único que Harry necesitaba de ella aparte de que era popular era su culo. La chica practicaba quidditch y gracias a eso tenía una fina cadera pero, musculosa preparada para montar todo tipo de instrumento. Harry podía imaginarse a la chica cabalgando su miembro o simplemente a cuatro patas. Cho era bastante sumisa con sus conocidos así que Harry esperaba poder azotar sus mejillas con su miembro. Tristemente pensó que como Cedric había muerto podría conseguir lo que había perdido el año anterior.
La otra mujer era Parvati Patil. La belleza india le había acompañado al baile pero, por culpa de su mala destreza como bailarín ya la presión del torneo había pasado de su belleza exótica y de sus curvas danzantes. Parvati era popular y chismosa, pero, con todo era de las mujeres más hermosas. Su piel un poco oscurecida hacia que sus grandes caderas y sus nalgas rellenas fueran mas hermosas de lo normal. Sus pechos aunque modestos tampoco eran nada desdeñables. Harry podría haber bailado con ella toda la noche, emborrachándola con whisky de fuego o cerveza para luego acompañarla a un armario de escobar y poder besar su agujero más recóndito. Un trasero como ese debe de ser follado asi. A cuatro patas y bruscamente preocupándote por tu gozo e ignorando las suplicas de la chica culona.
Su pensamiento voló al último gran momento. El momento en el que pudo salir con la suya con una diosa. Una diosa hecha mujer. La mujer Fleur, una francesa con herencia veela era la cúspide del deseo. Alta, blanca, rubia, ojos azules. Sus pechos y su culo eran extraordinarios pero, sin llegar a rebosar. Si bien Hermione y otras chicas tenían pechos más grandes u otras como Angelina o Parvati la superaban en la parte trasera, Fleur era la perfección. La armonía total. En el laberinto la había tenido una su merced, atada por enredaderas y con la ropa deshilada. El miedo que vio en sus ojos apareció poco pues un Desmaius la dejo noqueada. Harry podría haber disfrutado de ella en ese estado pero, no fue capaz. La otra vez fue debajo del agua, Fleur había sido atacada por criaturas marinas en su intento de rescatar a su pequeña hermana. Su encanto la atrapó debajo del agua y pudo presenciar su derrota dejándola a merced de aquellas criaturas. Harry podría haberla salvado pero, eso haría que no tuviera tiempo de completar su misión. Así que lo único que se llevó ese día fue un toque superficial de los pechos de Hermione antes de que Krum la rescatase. Y su premio mayor. La braga de la pequeña hermana de Fleur. Gabrielle debía de ser pequeña pero, al tener sangre veela ya era hermosa y sexual. Harry usaba sus bragas para masturbarse en el dormitorio. La braga de la pequeña hermana de Fleur. Gabrielle debía de ser pequeña pero, al tener sangre veela ya era hermosa y sexual. Harry usaba sus bragas para masturbarse en el dormitorio. La braga de la pequeña hermana de Fleur. Gabrielle debía de ser pequeña pero, al tener sangre veela ya era hermosa y sexual. Harry usaba sus bragas para masturbarse en el dormitorio.
Pensando en cómo había visto el coño blanco de la chica recubierto de vello dorado mojado, Harry se corrió manchando su mano. Una vez acabado, respiró duramente mientras se ponía el pantalón de nuevo. Cuando fue a salir del parque, la pandilla de Dudley lo rodeó.
Su primo se acerco. Harry pudo ver lo ancho y fuerte que el gran D se había vuelto en el último verano. Él había crecido en altura pero seguía estando casi desnutrido.
Dudley le miró y riéndose dijo— ¿Qué haces aquí?
Harry frunció el ceño e incluso se puso rojo recordando la paja que se acababa de hacer pensando en varias chicas. Contestó bruscamente— A ti que te importa.
Avanzó para irse pero, Dudley le detuvo diciendo— Se lo que has hecho. Estabas follando con Cedric.
Ese nombre detuvo a Potter quien lo miro intrigado y asustado. El primo sonrió descaradamente y mirando a sus amigos— Potter sueña por las noches. Lo escuchó todo— miró a su compañero y dijo— ¡Deja en paz a Cedric! ¿Quién es Cedric? tu novio
Harry se enfadó pero, todo fue a peor cuando los amigos de su primo sacaron a insultarle ya darle collejas. Harry aguantó mientras retenía su varita debajo de la manga por si hacía falta.
La voz de Dudley le sacó de sus casillas diciendo— Bueno. No pasa nada si eres gay, Potter. Pero, preséntame a tus amigas. Esas chifladas que van a ese colegio tuyo— miró a Harry y luego les dijo a sus amigos— El pobre va a un manicomio. Pero, hay que admitir que las locas están tremendas. Vamos, preséntamela a la pelirroja le hace falta una buena varita.
El juego de palabras hizo que sus amigos se rieran mientras Dudley sabía que no era una simple metáfora. Harry enfadado por lo que había dicho sobre Ginny, sacó su varita pero, antes de que los otros chicos la viesen, huyeron.
Dudley miró a sus amigos y luego un viento hizo que su vello se pusiese de punta. El frio lo congeló todo. Asustado por el clima dijo.
—¿Qué hiciste?
Harry miró el cielo y la sensación tan familiar y dijo— Yo no he hecho nada.
Sabiendo que Voldemort podría acechar dijo— Corre. Volvamos a casa— al menos allí Dumbledore tiene algún tipo de protección especial.
Ambos corrieron hasta llegar a la boca de un túnel que cruzó la carretera en dirección a Privet Drive. Ambos la atravesaron, Dudley iba primero pero, algo le detuvo. Harry no sabía que era pero, al parecer el frío había causado algo extraño en su primo. Pronto vio de que se trató. Dos dementores los habían acorralado y estaban atacando a Dudley.
Cuando uno lo vio se deslizó hasta él y empezó a catarlo. Su mente se llenó de imágenes terribles. El dolor del colmillo de basilisco, Ginny muerta, Hermione petrificada, Sirius muerto, Voldemort matando a Cedric. Lucius burlándose de él frente al ministro. Todos los pensamientos tristes se acumularon hasta que llegó la muerte de su madre. Harry alzó la varita pensando en algo remotamente feliz. A su mente vino la imagen de una chica embarazada y de su varita salió un ciervo centelleante que cabalgó y expulsó a ambas criaturas.
Harry miró a Dudley y acercándose dijo— ¿Estas bien?
Dudley no respondió, así que lo cargo como pudo de regreso a la casa. Nada más verlo, Petunia pegó un grito mientras que Vernon chillaba histérico diciendo.
—Esta vez te has pasado chico. Nos lo ha dejado bobo.
Vernon miró a su hijo y enfadado dijo— Como no se recupere, te prometo que te matare.
Justo en ese momento una carta voladora aterrizó frente a Vernon y Petunia. La carta comenzó a abrirse sola hasta formar algo parecido a unos labios. Ambos estaban impresionados mientras que una voz femenina y madura iba diciendo.
— Querido Sr Potter: el Ministerio ha recibido información de que usted obtuvo el encantamiento patronus a las 21:23 de la tarde en presencia de un muggle, la gravedad de esta infracción del decreto para la moderada limitación de la brujería en menores de edad ha ocasionado su expulsión del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Con mis mejores deseos, Madame Bones.
Vernon sonrió bruscamente para consternación de Harry— Te expulsaron. Justicia, Potter. Pronto estarás encerrado en un manicomio como los de tu especie.
