Vivíamos en una casa rural que se encontraba en un pueblo alejado de la zona metropolitana rodeado de bosques y montañas. Desde antes que se supiera que podíamos entrar en guerra Mamoru y yo habíamos hablado el como nos gustaría vivir a futuro y ambos estábamos de acuerdo en que nuestro lugar soñado sería alejado de las ruidosas y sofocantes urbes. Al final, cuando comenzó la guerra el lugar nos protegía debido a lo alejados que estábamos de la civilización las cosas llegaban más tarde y nos permitía reaccionar antes, eso y que Mamoru tenía información gracias a sus contactos.

Gracias a lo anterior pudimos salir de casa antes de que "los agentes de la paz" llegaran al pueblo, Mamoru cargaba nuestra única maleta con estrictamente lo necesario y yo a nuestra hija. Decidimos huir a pie, internándonos en el bosque para atravesarlo así reunirnos con nuestro contacto, quien nos sacaría de la pesadilla en que se había convertido nuestro país.

Caminamos por horas, apenas deteniéndonos a descansar un poco. El camino era pesado ya que no traíamos equipo adecuado con nosotros, además traer a una niña pequeña complicaba mucho las cosas.

—Pronto anochecerá…— dijo Mamoru de pronto, el iba detrás de nosotras, vigilando que no nos siguieran. —… y la oscuridad se volverá nuestra aliada, seguirnos será todavía más difícil. Además ya no falta tanto, en unas horas estaremos en un lugar seguro.—

Sonreí pese a que ya no aguantaba las piernas y los brazos, la idea de caminar más tiempo me resultaba dolorosa pero era mejor a que me dijera que aun faltaba mucho. Me aferre a mi hija y le bese la cabeza, se había portado de maravilla todo el viaje, sin tener alguna objeción propia de un infante o mostrarse cansada; incluso había caminado a mi lado por unos kilómetros hasta que se cansó y me pidió nuevamente brazos ya que el último en cargarla había sido su padre. Mi motivación más grande era ella, obviamente también tenía miedo por mi pero creo que si solo fuera yo hace mucho me hubiera rendido.

Cuando estaba por anochecer nos detuvimos a descansar, comer algo y tomar agua. A partir de ahí no nos detendríamos pues queríamos llegar lo más pronto posible. Estaba haciéndome un masaje en las piernas cuando escuchamos un ruido. Le hice una seña a ChibiUsa para que guardará silencio para que nos dejará escuchar bien.

—Toma a la niña y adelantate. Yo ahorita las alcanzo. Solo ire a revisar.— dijo mi esposo intentando sonar tranquilizante, pero había algo en su mirada que me decía que aquello era una despedida.

—N-No— estaba asustada —Podríamos perdernos, esta por oscurecer y el bosque es muy espeso. Te espero aquí.—

—Usagi.— me tomo el rostro con ambas manos, mirándome con seriedad —Estamos a solo cinco kilometros de salir del lugar de encuentro. Si no nos encontramos aquí será allá afuera. Yo las alcanzo. — me beso, beso a la niña y se alejo.

Me costo ponerme de pie pero lo hice, cargue a mi hija, le dije que se mantuviera muy callada y emprendí el camino casi corriendo. 5 kilometros no eran nada a comparación de lo que habíamos recorrido y entonces un poderoso sonido hizo que me detuviera en seco. Un disparo. Mi hija asustada se aferro a mi y aún así no soltó ni un sonido. Pude sentir como las lagrimas se amontonaban en mis ojos y estuve a punto de regresar y ver que había pasado pero me controle, respire hondo pese a que temblaba aterrada.

—Tranquila— le susurre a mi hija y comencé a correr, entonces escuche que alguién corría atrás de nosotras, y yo acelere la marcha. La oscuridad comenzaba a hacer acto de presencia y yo veía para todos lados buscando un lugar donde esconderme, entonces vi un tronco caído, era muy grueso y decidí meterme junto a ChibiUsa. —Guardemos silencio.—le dije intentando sonreírle pero seguramente fracase, el escondite había sido muy oportuno pues pude escuchar personas muy cerca, hablándose en voz baja y buscándonos.

Los pasos estaban muy cerca del tronco, yo me encogía en su interior abrazando a mi niña. Las hojas crujían tan cerca que me parecía que tarde o temprano nos verían pero no fue así, espere un momento y motivada con que sabía que estábamos muy cerca salí del escondite junto a ChibiUsa, camine lo más rápido que pude intentando no hacer ruido hasta que la voz asustada de mi hija me susurro al oído: —Mamí, ya vienen—. Nos habían visto. Intente correr, pero estaba cansada y termine tropezando entonces esos hombres de negro nos alcanzaron y me arrebataron a mi niña que empezó a llorar enseguida.

—¡No!—grite tan alto que la garganta me dolió —¡No le hagan daño! ¡Es una niña! Devuélvanmela…— intente luchar con todas mis fuerzas, pero ellos eran más, uno me golpeo en la nuca. Entonces hubo oscuridad.

Recuerdo que abrí los ojos una vez más, vi el cielo pintado de colores naranjas y violetas antes de la completa oscuridad nuevamente.

XXX

La habitación era modesta. Una cama, una silla, una mesa, una lámpara y una ventana con cortinas blancas. El vidrio de la ventana es irrompible, pero no porque teman que su huésped escape, al menos no a esa clase de huida. Le temen a otra clase de salidas, como las que puedes hacerte tu mismo con el filo de el vidrio o con una sabana y un candelabro.

Una joven se encuentra sentada a un costado de aquella pulcra cama, mirando por la ventana, intentando no recordar el pasado porque lastima y ella trata de no pensar en esas fatídicas salidas. La mantiene aquí algo, más bien alguien. Lleva un vestido color rojo sangre y un sombrero blanco de puritana, sin embargo puede verse que es rubia gracias a algunos cuantos cabellos que se le escapan. Tiene unos ojos azul celeste que se pierden en la lejanía, como si fantaseara con que de pronto le salieran alas para poder irse de allí porque sería la única forma ya que una criada no llegaría muy lejos por si misma.

Se llama DeDiamante. Antes tenía otro nombre pero ahora esta prohibido.

La joven mujer parpadeo, estaba perdida en sus pensamientos, disociando.

XXX

Aún recordaba el día en que había llegado a aquella casa. La señora de la casa la recibió en la sala. Era una mujer alta y bonita, con un vestido celeste -en honor a la virgen María- que le llegaba a las rodillas, zapatos del mismo color con un tacón no mayor a cinco centímetros. Sus ojos eran purpura y el cabello negro, parecía bastante frondoso pero no podía saberlo exactamente pues lo llevaba recogido en una cebolla simple, muy bien relamido, dándole una apariencia estricta.

—Siéntate. No suelo hacer esto pero quiero saber sque tan preparada vienes. — le ordeno apenas llego y la de rojo obedeció sin titubear, dispuesta a escuchar —¿No funciono con el señor comosellame?— preguntó mirándola fríamente.

—No, señorita.— contesto tras sentir, sin mirarla a los ojos, mostrándose sumisa.

—Que desafortunado.— suspiro, porqué aquello era una verdadera pena. —Entonces esta es tu segunda residencia ¿Verdad?—

—Así es señorita.—

—Bien. La anterior era nueva y era peor que tratar de adiestrar a un perro. ¿Conoces las reglas?—

—Si, señorita.—

—Señora.— le corrigió enseguida la pelinegra —No eres una Martha para llamarme señorita. —

El sonido de la puerta abriéndose las interrumpió, DeDiamante se puso de pie inmediatamente e hizo una reverencia con la cabeza al hombre que había llegado. Era un hombre muy bien parecido, de cabello blanco y ojos también purpura.

—Miren lo que trajo la corriente.— comento Rei, con una sonrisa forzada, no estaba muy feliz de que se conocieran y es que ella era sumamente celosa con su marido. Al menos eso susurraban algunas Marthas. —Ella es la nueva.— la mujer observo a su marido, como si estuviera impaciente de su reacción.

El hombre asintió, miro a la rubia muy por encima y saludo: —Bendito sea el fruto—

—Que el señor madure— contesto inmediatamente DeDiamante, evitando mirarlo.—

—Soy el Comandante Diamante Blackmoon. Tengo unos asuntos pendientes que atender, así que me retiro. Un gusto en conocerte.— el hombre se dio la media vuelta y se dirigió a la puerta, era como si luchara por no mirarla demasiado y por eso prácticamente huía de ahí.

—Igualmente— respondió la ojiazul, sonriendo y es que era algo que le respondía a quien fuera de manera natural. Agacho la cabeza en cuanto se dio cuenta, la mujer frunció el seño y aunque Diamante se detuvo unos segundos por la sorpresa de escuchar aquello, simplemente abrió la puerta y salió del lugar.

La señora de la casa se acerco a la rubia, la fulminaba con la mirada —Quiero verte lo menos posible por aquí ¿Entiendes?—

—Si señori…— contesto DeDiamante mecánicamente, callando cuando se dio cuenta del error que había cometido.

—Señora BlackMoon. Rei Blackmoon.— completo con severidad la mujer, la miraba con desprecio —El es mi marido. Hasta que la muerte nos separe y será mejor que no te hagas ideas raras. Si haces problemas obtendrás problemas. —

DeDiamante asintió nerviosa, apretando los puños por los nervios y el coraje, no podía creer que la pusiera celosa una simple cortesía.

XXX

La chica sentada frente a la ventana suspiro al recordar eso que vivió al llegar a esta casa. Se puso de pie, salió de su habitación y fue a la cocina donde estaba Makoto, la Martha de la casa, haciendo pan a mano. Justo como se esperaba de ellas, que regresaran a las bases para que todo fuera más "puro".

La mujer, que iba vestida con ropas propias de una sirvienta del siglo pasado en tonos verde militar, se giro al verla entrar entonces alejo sus manos de la masa para irlas a limpiar —Necesito que traigas huevos frescos, así le gustan al señor Blackmoon. La ultima vez no lo estaban.— cuando tuvo las manos limpias busco en su delantal un fajo de cupones para darles los que necesitaría para las compras —Si tienes problemas en que te atiendan bien diles que eres propiedad Blackmoon y veras como todo cambia.—

Las llamadas Marthas tienen un rango más alto que las criadas, se asignan a los comandantes como sirvientas y no como esclavas sexuales y reproductivas. Su estatus bajo, infertilidad y lealtad al estado les permite tener este rango.

La castaña observo por un momento a DeDiamante y sonrió con tristeza, era como si sintiera pena por la criada de la casa pero no podía saberse a ciencia cierta, las Marthas solían ser fieles a muerte a New Tokio. —Apresúrate, tu amiga te espera afuera.—

DeDiamante asintió y salió de la cocina, le hubiera gustado decirle que DeZafiro no era su amiga, que le parecía una santurrona con un palo metido en el culo y que no habían intercambiado más de cincuenta palabras en los dos meses que tenía al servicio de los BlackMoon.

Salió de la casa ataviada con un gorro blanco que la cubría para que nadie pudiera verle la cara y una capa roja que la protegía del clima y las miradas indecorosas. Antes de llegar al portón de salida, donde la esperaba DeZafiro, se topo con Seiya, el chofer de la familia, pero que también hacía trabajos que se necesitarán en la casa. Por ejemplo, hoy estaba trabajando en el jardín y la carretilla que usaba impedía el paso de la escalinata que daba a la puerta de salida.

—¡Ah, lo siento!— exclamo el hombre en cuanto se dio cuenta, dejo lo que hacía para mover la carretilla y darle paso a la mujer —¿Vas al centro comercial?—pregunto el pelinegro de cabellos largos, su voz denotaba que no estaba acostumbrado a los trabajos que implicaban fuerza bruta pero a los de clase baja no les quedaban muchas opciones, además servir a un comandante era un buen trabajo, muy bien pagado.

—Si— contesto la ojiazul, con una suave sonrisa, la amabilidad era inherente en ella y había sido así durante tantos años que le costaba muchísimo dejar de serlo. Además pensaba que quizás se sentía solo viviendo en el almacén de aquella gran casa, al ser de clase baja no se le había asignado ninguna mujer aún.

—Procura mantenerte alejada del pollo, he oído que últimamente hay muchos casos de salmonela.— comentó el chico, sacudiéndose las manos llenas de tierra.

—Hoy no voy a las carnes, toca pescados y pan.— DeDiamante sonrió levemente.

—Bueno, entonces aléjate del atún. — prosiguió el pelinegro, mirando a su alrededor para ver con que continuaba.

—¿Por qué? ¿Quizás por el mercurio? — preguntó interesada DeDiamante, ladeando el rostro.

—No, simplemente no me gusta el atún.— sonrió ampliamente.

La rubia sonrió y continuo con su camino para reunirse con la pesada DeZafiro, que la esperaba pacientemente afuera con una canasta en manos y vestida exactamente igual que ella.

—Siento la espera.— murmuro tras cerrar el portón, ya estando a su lado.

—Bendito sea el fruto.— la mujer frente a ella era bastante más alta que ella, tenía los ojos tan azules como ella y también era rubia solo que en un tono más oscuro. Su voz era gruesa y tenía un rostro andrógino.

—Que el señor madure.— contesto DeDiamante, con tristeza y hastió de no poder tener una conversación normal ni si quiera con una de las suyas.

XXX

Notas de la Autora: Buenas! Empezamos el primer capitulo fuerte. Tengo meses con esta idea en la cabeza y al fin me digne a escribirla. He decidido tomar la historia base de la criada para escribir este fic, pero de a poco ira distando se la original. Si te gusta el drama, llorar a moco y odiar a la autora este es tu lugar. Si te gusto agradeceria que lo demostraras con un comentario o un Kudos.