El reloj de la celda marcaba las siete horas con cincuenta y seis minutos. Delilah observaba las manecillas con una mezcla de impaciencia, miedo, y alivio. Las últimas semanas estuvo inquieta por lo sucedido con Diesel y Clarissa, como la muerte de uno trajo el fin de la otra. Angustia por un lado y retribución por el otro, pero eso no traía paz a su atribulado corazón.

-*Suspiro*, me hubiera gustado despedirme del resto de mis hijos, todos son prodigiosos y únicos a su manera, los extrañare mucho: sus sonrisas, sus travesuras, sus lindas caritas llenas de felicidad- pensó Delilah con melancolía al recordar a todos y cada uno de sus cachorros.

El reloj de la celda marcaba las siete con cincuenta y siete minutos. La espera era insoportable, cada segundo se volvía eterno, cada minuto era una tortura. Delilah quería que toda esa angustia terminara, y ante el inminente final, decidió que era mejor aprovechar esos breves momentos para rememorar a cada uno de sus hijos, a quienes les dedicaba sus últimos pensamientos.

-Da Vinci es muy talentosa, tal vez será una gran artista; DJ es un gran músico, seguro compondrá hermosas canciones; mis trillizas tal vez sean estrellas reconocidas en el cine; mis Dimitris….no se a que se dedicarán, pero espero sus travesuras no los metan en tanto problemas; Dizzi y DeeDee, tal vez lleguen a ser bomberas como su padre, o doctoras, seria hermoso que alguna de ellas retomara mis pasos; Deepak….es alguien maduro aunque algo nervioso, ojala encuentre esa paz interior que busca, ha sido difícil para él desde la pérdida de Diesel; Dante…es un buen chico, espero pase su etapa gótica y aprenda a ver la vida de una forma más optimista; Dawkins es un cachorro muy inteligente, callado pero dedicado en sus labores, no creo que tenga problemas para encontrar algo en que desempeñarse. Y el resto de mis hijos, tienen un gran potencial por explotar, seguro serán exitosos y prósperos. *Suspiro* extrañare a todos, pero en especial a Dorothy, hubiera deseado verla crecer. Pobrecita, espero que al menos me recuerde con cariño- pensó Delilah, enjugando una lágrima de su rostro al pensar en la pequeña cachorra quien tenía una vida por delante, la cual tendría que vivir sin la compañía de su madre.

El reloj de la celda marcaba las siete con cincuenta y ocho minutos. Conforme avanzaban los minutos, su corazón latía con más fuerza, pensando en las cosas que dejaba detrás, todo lo vivido y lo que ya no podría vivir, pero estaba más preocupada por los asuntos que dejaba pendientes.

-Dolly….es impulsiva e imprudente, pero tiene un carácter muy fuerte, no se deja derrotar por nada, tal vez lo supere rápido; pero Dylan….mi pobre Dylan, realmente me preocupa, sé que sufrirá mucho, es listo, pero a veces es demasiado introvertido, le falta confianza, será una prueba muy difícil para ambos. Lamento dejarlos con toda esta responsabilidad, y Doug, perdóname por dejarte con toda esta carga, deseo que encuentres alguien que te haga feliz como yo lo hice.

El reloj de la celda marcaba las siete con cincuenta y nueve minutos. El fin de la dálmata estaba cerca, su vida estaba por terminar, pero aún tenía tiempo para recordar por un momento a un cachorro en particular: a Diesel, su pequeño hijo a quien le fue cruelmente arrebatada su vida.

-*Sniff*, mi pequeño Diesel, no merecías morir de esa forma tan horrible, eras inofensivo, gentil e inocente, siempre lleno de lodo y mugre, pero siempre con una sonrisa en tu rostro, así quiero recordarte. Tranquilo amor, mamá pronto estará contigo y desde el cielo cuidaremos a la familia.

Finalmente, el reloj marcó las ocho de la noche. A lo lejos podía oírse al emblemático Big Ben sonando con puntualidad inglesa sus campanadas. Cada una sellaba el cruel destino de Delilah, quien ahora solo esperaba el momento en que pondrían fin a su existencia. Sin sacerdote, sin última cena, sin última voluntad, sin últimas palabras, sin siquiera un juicio justo para defender sus actos, era algo más parecido a un trámite burocrático: frio, brutal, rutinario, implacable, una firma, una inyección letal y un perro menos en las calles. La dálmata se volvería solo una estadística más en la eterna lista de perros anónimos que son sacrificados cada año en la ciudad.

-Al menos ya no habrá más sufrimiento, no más incertidumbre, no más culpa. Será un gran sacrificio, pero mi familia lo vale, si con eso los dejan en paz, que así sea. Que vengan y tomen mi vida, con gusto se las entrego -pensó la abnegada dálmata. De pronto, la puerta se abrió y vio entrar a dos hombres, ambos ataviados con el oscuro uniforme de Control de Animales.

-Vamos a ver: orden de neutralización de un espécimen canino: hembra, raza dálmata, señalada a las ocho horas, todo en orden, debe ser la que está en esa jaula, es la única que hay aquí.

-No se ve tan peligrosa, parece una mascota ordinaria, incluso se ve apacible y tranquila.

-Eso no nos interesa, órdenes son órdenes y hay que acatarlas. Vamos, es la última de la noche y quiero acabar temprano, prepara la pértiga, yo le pondré el bozal.

Los dos sujetos se acercaron a la jaula. La dálmata se replegó al otro extremo con temor, pero uno de los empleados logró alcanzarla con la pértiga, arrastrándola para que su compañero le colocara el bozal. Doug y sus hijos solo podían ver con enojo e impotencia como Delilah era sometida como un animal salvaje. Luego abrieron la jaula, tomaron a la perra y se la llevaron a otra habitación. Dylan vio un ducto de ventilación, así que le hizo señas a su padre y hermana para subir. Con ayuda de unas cajas, alcanzaron la rendija, se introdujeron y se arrastraron en el pequeño espacio hasta que llegaron a una estancia más pequeña. Era el salón de interrogatorios de la comisaría, la cual fue temporalmente acondicionada para llevar a cabo la ejecución. En el centro había una mesa metálica y algunas sillas alrededor. Ahí vieron como los dos empleados colocaban a la dálmata sobre la mesa. Con rapidez ataron sus patas con cintas plásticas para que no se moviera y por último la sujetaron a la mesa con unas correas que pusieron alrededor de su cuerpo. Minutos después, la dálmata estuvo asegurada y totalmente inmovilizada, así que los empleados salieron de la habitación. Todo permaneció en silencio, hasta que la puerta se abrió nuevamente y entraron dos humanos. Uno era alguien conocido para los dálmatas: Hugo, su vecino y el dueño de Clarissa, acompañado de un corpulento y varonil sujeto, alguien contrario al frágil y delicado diseñador. Era el jefe de policía de Candem, Robert Guinness, acompañando al afligido Hugo, quien sostenía un pañuelo de seda con el que secaba su constante llanto.

-Ahí está, ella es a quien buscábamos –dijo el rudo policía, señalando a la dálmata.

-*Sniff* sigo sin creer que ella fue quien me arrebató a mi Clarissa, vive al lado de mi casa y se veía que era una perra muy tranquila con todos.

-Los animales son impredecibles Hugo, tal vez enloqueció por la edad o tu corgi la provocó.

-*Sniff* mi Clarissa siempre fue alguien refinada y educada, no creo que pudiera hacer algo contra alguien más, de cualquier forma, no podré recuperarla, solo quiero que esto acabe *sniff*.

-Está bien, solo esperamos a que llegue el doctor, tuvimos que improvisar por la premura del tiempo, el veterinario de Control Animal está de vacaciones y se llevó la llave de la gaveta donde se guarda la pistola de sacrificios y no había ningún otro veterinario disponible, pero conseguimos a alguien libre para realizar la ejecución, será rápido, no te preocupes amigo.

Mientras hablaban, la puerta se volvió a abrir y entró otro humano, vistiendo bata médica y anteojos. Llevaba una maleta médica y hablaba por el celular. Dylan y Dolly lo identificaron inmediatamente, era el doctor David, el humano para quien trabajaba su madre en el hospital.

-Si amor, estoy en un encargo, cuando termine pasaré al "Poundland" y compraré un paquete de pastelillos "Jaffa", sé que te encantan. Arropa a los niños en lo que llego, espero no tardar…..si, también te quiero…..¡Adiós amor!-dijo David colgando la llamada.- Muy bien, aquí estoy, que es lo que…..Oigan, yo conozco a esa dálmata, ¡Es mi asistente! ¿Qué pasa aquí?

-¿No le explicaron a qué venía? –preguntó el oficial, extrañado por la respuesta del médico.

-Si, me dijeron que necesitaban a un doctor para sacrificar a una "bestia salvaje", pero ella no es una fiera, trabaja conmigo, es una perra muy tranquila, a menos que se metan con su familia.

-¡Esa demente mató a mi Clarisa! ¿No es prueba suficiente para saber que es un monstruo?

-Mire, yo la conozco, es una asistente del hospital muy eficiente, y como madre es muy territorial, si su mascota le hizo algo a uno de sus cachorros, estoy seguro que la atacó por un buen motivo.

-¿COMO SE ATREVE A CALUMNIAR A MI PRECIADA CLARISSA? ¡ELLA ERA UN ÁNGEL!

-Tranquilo Hugo –dijo el jefe Guinness, consolando al sollozante diseñador-. Escuche doctor, solo cumpla con su trabajo y se le pagara su cheque como se le prometió, ¿entendió?

-¿No hay otra forma de arreglar esto? No sé, tal vez una multa o dejarla ir con una advertencia.

-No encontramos ningún dueño que pudiera responder por ella, a pesar de que tiene placa, y lo que hizo fue muy serio, si mató a uno de su especie, no dudo que pueda lastimar a un humano, además, ya se determinó su ejecución, no voy a posponerla hasta que aparezca alguien que la reclame, a menos que usted pague por el daño ocasionado ¿Cuánto te costó tu corgi, Hugo?

-¡MI CLARISSA ERA INVALUABLE, NO ERA UN OBJETO DE POCA MONTA QUE PUEDA COMPRAR EN UNA TIENDA! Además, ninguna cantidad de dinero me la devolverá *sniff*.

-*Suspiro* Está bien, acabemos con esto, ¿podrían quitarle los amarres?

-Lo siento, es parte del protocolo, no la podemos desatar -dijo el fornido policía.

-Bueno, al menos quítenle el bozal, ella me conoce bien, le prometo que no se pondrá agresiva.

-Mmmhhhh…de acuerdo, ¡Muchachos, quítenle el bozal!- ordenó el oficial. Uno de los agentes de Control Animal entró y con cuidado retiró el bozal del hocico de la dálmata, quien al ver al doctor movió animadamente la cola. David se acercó y la perra le dio un lengüetazo en la mejilla.

-Hola Delilah. Mira….lamento verte en estas circunstancias y que sea yo quien tenga que "ponerte a dormir", pero no te preocupes, te prometo que haré esto lo más rápido e indoloro posible.

La dálmata ladró en señal de aprobación, o al menos así lo interpretó el humano. De su maletín sacó un par de frascos y una enorme jeringa que puso sobre una bandeja metálica, listo para iniciar la ejecución. Tomó la enorme jeringa y extrajo la mitad del líquido de uno de los frascos y luego llenó la otra mitad con el contenido del otro frasco, luego procedió a agitar la mezcla con fuerza. Mientras el doctor preparaba el coctel para la inyección letal, Delilah volteó hacia el ducto de ventilación y distinguió a Doug junto a sus hijos observando con tristeza y resignación la escena. Les dedicó una tierna mirada, antes de que ocurriera lo inevitable.

-Los quiero mucho– alcanzó a susurrar la hembra. Los tres dálmatas se entristecieron al oír esas palabras tan dulces pero tan dolorosas, fue como si un enorme puñal atravesara sus corazones y desgarrara sus almas mientras veían a la dálmata despedirse de su familia. Mientras tanto, el doctor David terminó de mezclar los compuestos, tomó la jeringa y se acercó a la perra, acariciando lentamente su cabeza para reconfortarla.

-Tranquila, esto solo te dolerá un momento –dijo con tristeza el humano. Con rapidez sujetó la cabeza de la dálmata y la inyectó en su cuello. Delilah dio un leve chillido y se estremeció cuando la aguja entró en su cuerpo, sintiendo un leve dolor cuando la letal sustancia entró en su torrente sanguíneo. Unos instantes después, su cuerpo comenzó a convulsionarse, algo que aterró a sus hijos. Doug no pudo aguantar y cerró los ojos para no ver la escena, mientras Dylan y Dolly se abrazaban aterrados al ver como su madre era cruelmente ejecutada frente a sus propios ojos.

-Descansa, pronto acabara todo, fuiste una gran asistente, te extrañare mucho –dijo David con tristeza, frotando el lomo de la perra mientras el fármaco surtía efecto y terminaba con su existencia. La dálmata se sentía más débil a cada segundo, sabía que su vida estaba a punto de acabar, así que volteó hacia la rendija y reuniendo sus últimas fuerzas, le dedicó una última mirada a su familia. Al menos quería llevarse al más allá la imagen de su fiel Doug, su querida Dolly, y su amado Dylan, un último y agradable recuerdo para morir con tranquilidad y orgullo.

-A…di…..os… -susurró Delilah con su último aliento, en ese idioma inaudible para los humanos pero perfectamente comprensible para los perros. Un instante después dejó de respirar. Su cuerpo se quedó quieto, sus ojos se quedaron mirando fijamente al vació, opacos y sin vida. Su lengua sobresalió levemente de su hocico, y un par de lágrimas alcanzaron a rodar por su rostro. Esa imagen hizo que los tres dálmatas se abrazaran llorando en silencio ante la desgarradora escena. La habitación quedó en silencio, solo interrumpido por la voz del doctor.

-Hora de la muerte: ocho horas con quince minutos de la noche- dijo David de forma casi mecánica mirando su reloj-. Bueno, si me disculpan, iré con mi familia, quiero llegar a tiempo para la cena y necesito descansar, además, mañana tendré que buscar un nuevo reemplazo en el hospital, será difícil encontrar una asistente que sea igual de eficiente como ella.

-Descuide doctor, le enviaremos su cheque a primera hora, que tenga un buen viaje -dijo el jefe Guinness-, bueno, la justicia ha sido impartida, caso cerrado, espero que esto te ayude Hugo.

-*Sniff sniff*, bueno, supongo que con esto se hizo justicia por Clarissa, aunque esto no me la traerá de vuelta, hasta siento pena por esa pobre dálmata.

-A veces la justicia no es justa para todos, viejo amigo, pero como decía un abogado colega mío: "dura lex, sed lex", la justicia es dura, pero es la ley, incluso para los perros, ahora solo queda que Control Animal se encargue de los restos, ¡MUCHACHOS, ES SU TURNO!

-No se preocupe jefe, nos encargaremos de ella– dijo uno de los empleados. Con rapidez los dos humanos desataron a la dálmata, colocaron el cuerpo en una bolsa negra con el logotipo de Control Animal y salieron de la habitación, seguidos del policía y del diseñador. Los tres dálmatas se apresuraron para regresar al ducto que daba al área de las jaulas. Una vez que llegaron a la estancia se dirigieron al panel de control y oprimieron el botón de la reja para salir y esconderse en unos arbustos, esperando a que salieran los dos empleados gubernamentales. Unos minutos después aparecieron ambos humanos, dirigiéndose a la parte trasera de la comisaría y se acercaron a un contenedor de desechos donde arrojaron la bolsa con el cuerpo de la dálmata.

-Listo, un pendiente menos, solo recuérdame que pasemos mañana a recogerla, sino esto va a apestar a perro muerto y nos reportaran con el ayuntamiento–dijo uno de los humanos.

-No te preocupes, no creo que vaya a ninguna parte, esta tan fría como una botella de "London Pride" -dijo en tono de burla su compañero. Por suerte terminamos temprano, vamos al pub, yo invito una ronda de cervezas, estas ejecuciones me deprimen.

Ambos humanos celebraron chocando sus manos y se alejaron para buscar la salida y disfrutar de una noche de copas, momento que los dálmatas aprovecharon para entrar al contenedor y sacar la bolsa. La colocaron con cuidado en el suelo, esperaron un momento, y casi con temor y reverencia abrieron el cierre para revelar su contenido. Los tres canes contemplaron el cadáver de Delilah: su rostro estaba tranquilo, su cuerpo aún estaba tibio, aunque comenzaba a ponerse rígido. Aunque no respiraba, daba la impresión de que estaba profundamente dormida y despertaría en cualquier momento, pero ellos sabían con tristeza que eso no sucedería.

-Descansa amor, pronto te llevaremos a casa– dijo Doug con la voz entrecortada. Le dio un lengüetazo en la mejilla a su esposa, cerró la bolsa, y se dirigió a sus hijos.

-Dylan, Dolly, busquen una soga y algo con ruedas que nos sirva para transportar a su madre, y no hagan ruido, no quiero que los descubran- dijo el dálmata bombero. Ambos cachorros se separaron para buscar las cosas que su padre les encargó, mientras Doug se quedó custodiando el cuerpo de su esposa, aprovechando ese momento de intimidad para desahogarse.

-Delilah…yo….no sé si pueda vivir sin ti….tú llegaste a mi vida en un momento muy difícil, pero me animabas a seguir siempre adelante, me alentaste a superar mi anterior matrimonio, pero ahora, ¿quién me ayudara a superar tu pérdida? Yo….quiero ser fuerte, pero…no sé si pueda lograrlo *sniff sniff* mírame, apenas van unos minutos y ya te extraño. Me duele verte así….inerte y sin vida…por todos los perros, ¡esto es tan difícil! Por favor, donde quiera que estés mi amor, dame fuerzas para seguir adelante porque…..no sé qué hacer sin ti– sollozó Doug. Agachó la cabeza y derramó abundantes lágrimas sobre la bolsa mortuoria, llorando en silencio su pérdida. Permaneció así por algunos minutos hasta que se percató que Dylan y Dolly se acercaban. Ambos aparecieron con un carrito oxidado de supermercado y unas sogas. Discretamente se limpió las lágrimas y se levantó, tratando de mostrarse lo más tranquilo posible.

-Bien hecho hijos, ayúdenme con esto- dijo Doug. Con cuidado colocaron la bolsa en el carrito, sujetándolo con una de las sogas. Luego amarraron el otro tramo de cuerda al carrito y ese extremo lo ataron al lomo de su padre para que pudiera jalarlo con facilidad.

-Listo, vámonos –dijo Doug. Estaban a punto de salir cuando dos presencias salieron de entre las sombras: eran los dos perros policías del escuadrón K9, Bucky y Holmes, quienes volvieron a salir a su encuentro, impidiéndoles el paso.

-¡ALTO AHÍ, NO PUEDEN PASAR! –grito el agente Holmes

-¡DEJEN ESA BOLSA, ES PROPIEDAD ESTATAL!- grito el agente Bucky. Los dos canes se acercaron amenazadoramente hacia los dálmatas, mostrando sus colmillos y listos para atacar. Instintivamente, Dylan y Dolly se ocultaron detrás de su padre, quien solo se quedó quieto.

-No…..no quieren que nos llevemos el cuerpo de mamá -sollozó Dylan.

-¿Que hacemos papá? -dijo Dolly, mirando a su padre, quien solo se mantenía en silencio y con la cabeza agachada. Doug permaneció así por unos momentos. De pronto, el dálmata bombero se quitó la soga y avanzó directo hacia los perros policías para confrontarlos.

-Esperen aquí -dijo Doug secamente. Caminó sin detenerse, mientras los dos canes lo rodeaban.

-¡DETENTE AHÍ DALMATA!- gritó Bucky-, ¿O QUIERES QUE TE DE UN ESCARMIENTO?

Doug no obedeció a la orden del pointer inglés, solo se limitó a avanzar lentamente con la cabeza agachada y sin levantar la mirada, lo que provocó que ambos canes se enfocaran en él.

-¿ACASO ESTAS SORDO? MI COMPAÑERO TE ORDENÓ QUE…..gritó Holmes pero fue interrumpido cuando Doug, con un rápido movimiento, y usando sus potentes patas, sujetó a los dos perros policías por el cuello y los alzó con su enorme fuerza. Podía oírse como el dálmata apretaba las gargantas de los dos perros canes, quienes miraron con atención a su atacante, quedando aterrados: el semblante de Doug era totalmente distinto al habitual: su rostro estaba serio, esbozando una mueca de molestia y gruñendo ruidosamente. Sus ojos estaban enrojecidos, emanando una furia inmensa y mostraba sus colmillos con ferocidad. Incluso sus hijos se vieron intimidados por esa imagen que nunca antes habían visto en su padre, a quien todos conocían en la ciudad como alguien de carácter amable y tranquilo. En ese momento, Doug miró a los dos perros policías y les habló con una voz profunda e imponente.

-¡ESCUCHEN BIEN IMBECILES! PORQUE SOLO LO DIRE UNA VEZ: ACABO DE PERDER A MI AMADA ESPOSA Y SOLO QUIERO LLEVÁRMELA PARA DARLE UN ENTIERRO DIGNO, ASI QUÉ SI NO SE QUITAN DE NUESTRO CAMINO ¡JURO QUE LES ARRANCARÉ LA CABEZA Y LUEGO LOS METERÉ EN ESA BOLSA! NO ME IMPORTA SI ME EJECUTAN, YA PERDI AL AMOR DE MI VIDA, NO TENGO MAS QUE PERDER, PERO ESO NO ME IMPEDIRA QUE LOS MATE A USTEDES PRIMERO, ASI QUE SE HARAN A UN LADO Y NOS DEJARAN PASAR, ¿LES QUEDÓ CLARO, PAR DE BRAVUCONES?

Los dos canes apenas podían respirar, pero asintieron con la cabeza a las palabras del dálmata.

-Y solo como advertencia para que no vuelvan a meterse con mi familia…...- Doug sujetó a los dos perros y chocó sus cabezas entre sí, con tanta fuerza que los dejó inconscientes. Luego los cargó y los arrojó directamente hacia el contenedor de desechos. El dálmata adulto regresó con sus hijos, se amarró nuevamente la soga a su cuerpo y respiro profundo para tranquilizarse.

-Vámonos hijos, volvamos a casa -dijo Doug en un tono más serio de lo acostumbrado. Los dos hermanos solo intercambiaron miradas, se acercaron a su padre y salieron de la comisaria con su valiosa carga. El día terminó, al igual que la vida de la dálmata y los tres perros solo querían llegar a su hogar para descansar y prepararse para afrontar un futuro sin la abnegada Delilah.