Capítulo 3: Sin ética moral
Kudou Shinichi estaba desconcertado. Kaito Kid, el ladrón vestido a blanco por el que recientemente había descubierto tener ciertos sentimientos adornados de deseos inconfesables, le sonreía como si planeara algo que no le diría hasta que estuviera hecho.
—¿Puedo confiar en ti, detective?
—¿A qué te refieres? —Shinichi no se fiaba, contestó con otra pregunta.
Mientras el joven y atractivo ladronzuelo se le acercaba invadiendo su espacio personal, podía sentir su respiración tibia chocar con su cara y estaría mintiendo si se atrevía a decir que aquello no le hizo estremecer.
Con miedo giró suavemente la mirada desviándola de los cristalinos ojos violetas buscando en la oscuridad una razón coherente para no dejarse llevar.
Gracias a los dioses, ésta llegó a él en forma de Hattori Heiji que inundó su mente al hacerle recordar aquella vez que durmió tan profundamente a su lado como si no hubiera dormido bien en días y solo pudiera hacerlo cerca de él.
—Me obsesioné con el taitei-kun..—Shinichi frunció el entrecejo ya que con esas palabras, Kid lo atrajo a la realidad—. De alguna forma quería saber más de él, no podía sacarme de la cabeza que un niño así de inteligente, lindo y pequeño, no podía ser normal.
El detective parpadeó extrañado al ver que el ladrón se llevaba la mano al sombrero y daba señales de intentar quitárselo.
—Espera.. —casi tragó saliva ante los delicados movimientos de Kid quién le sonreía—. ¿Qué estás haciendo?
Pero el ladrón fingió no escuchar y siguió hablando mientras apartaba con un suave y elegante movimiento el sombrero de su cabeza.
—Y el problema empezó cuando no encontré nada.. la base de datos no contiene nada sobre él.. solo pequeños recortes de periódico junto a sus amigos, esos pequeños intentos de detectives.. Me obsesioné aún más.
El sombrero del detective quedó encima de uno de los muebles de Shinichi, quien, en un auto reflejo se tapó la boca con la mano al ver al ladrón sin este.
Era como si Edogawa Conan no existiera —continuó Kid mirando fijo a Shinichi llevando su mano derecha al monóculo cosa que de verdad alarmó al detective—. Así que empecé a vigilarlo.. a seguirlo..
El detective quedó tan sorprendido al ver al ladrón ahí, frente a él, sin sombrero y sin monóculo lo que le permitió ver sus ojos tan claramente como si la poca iluminación no fuera un problema. La capa blanca del mago se movió suavemente y Shinichi casi hiperventiló cuando la mano enguantada del mago a blanco se le acercaba a la cara y le quitaba la mano de la boca para acercársele suave y seductoramente como si buscara quedarse grabado a fuego y pasión en los ojos zafiros de Shinichi Kudou.
Pronto descubrí que mi mini-detective estaba detrás de cada caso resuelto por Kogoro Mouri y que su verdadera identidad era la del famoso Detective, Kudou Shinichi.. mi tan amado Meitantei..
Shinichi sintió el cómo esos labios rozaban los suyos creando calor, y una ansiedad por abrazarle y besarle se apoderó de él.
—Kid..
—Kuroba Kaito. —se presentó el ladrón al segundo de besarle pasando su mano izquierda por su nuca atrayéndole de esta a él intensificando el beso con el que el detective tembló de pies a cabeza.
Shinichi se dejó besar sin oponer resistencia, ya que al momento de recibir el nombre de civil del mago, se sintió tan dueño de él que el ser besado por éste se sintió tan natural y correcto que se pegó a él pasando sus manos por la cintura del alucinante sujeto que lo había cautivado desde hacía tanto tiempo.
—Ahora estamos a mano mi detective.. ¿Qué me espera? —preguntó con una sonrisa, refiriéndose a su identidad—. ¿La cárcel o tu corazón?
Kudou se ruborizó de golpe y se alejó desviando la mirada hacia otro lado.
El mago, ahora Kuroba Kaito, vió la dirección que tomaron los ojos de su tan amado Detective y le encontró mirando a la nada, así que le acarició la mejilla y sabiendo sus pensamientos, murmuró:
—Te dije que había encontrado la solución..
Los ojos azules del detective lo miraron y Kaito sonrió.
—¿De qué hablas?
—No quieres herir a tu amigo.. —articuló haciendo un movimiento cubriéndose a sí mismo con su capa para enseguida descubrirse y mostrarse usando ahora el uniforme de colegio que Kaito solía usar, y con un pequeño aplauso, la luz de la habitación de Shinichi se encendió y los ojos atónitos de Kudou se sorprendieron aún más.
Si Kaito Kid era elegante, atractivo y seductor, con esencia casi sobrenatural y mágica, Kaito Kuroba no se quedaba atrás: el brillo de sus ojos violetas y sus castaños cabellos un tanto desordenados le daban un aspecto sexy con tinte dulce y un toque travieso y atrayente, que hacía sonreír a cualquiera con esa mirada mágica y liosamente revoltosa. 'Encantador', pensó Shinichi, más luego sacudió la cabeza intentando ignorar sus pensamientos.
—Llámalo —sonrió a ojos cerrados— Y le pondremos fin a esto de manera que los tres estemos contentos.
Shinichi, que aún estaba respirando lentamente ante el hecho de saber ahora quién se ocultaba tras Kaito Kid, se preguntó curioso si aquello podía ser verdad.
‡‡‡‡
—¿Qué demonios? —exclamaba Shinichi cuando logró captar a su mejor amigo abrazando a una versión suya, una muchísimo más pequeña y que él conocía hasta el cansancio, la había visto muchas veces en el pasado y esperaba no volver a verla jamás y menos de esa manera— ¿Qué significa esto?.. ¡Kaito!
El joven y atractivo ladrón estaba de verdad sorprendido. Había visto a la mini versión de su amor apenas se había desvanecido los puntos de luz y había notado cómo el detective de ojos verdes se había acercado a este a paso lento como si creyera que soñaba y el pequeño Conan fuera a desaparecer en cualquier momento.
—¿Era eso? —se dijo con una sonrisa de burla al ver la escena al mismo tiempo que escuchaba a Shinichi llamarle.
Shinichi, mirando a Kaito a los ojos después de ver que Hattori abrazaba a Conan, no sabía qué hacer, si ir directo a Heiji y comprobar que ese "Conan" era real o caminar donde Kaito para reclamar. Observó a Hattori y no le fue nada difícil darse cuenta que el moreno estaba viviendo un momento de verdad especial y supo que no quería arruinárselo. Así que estaba por caminar donde Kaito viendo a este negar con la cabeza conteniendo una carcajada, y justo entonces, el teléfono del mago sonó, por lo que este alejó unos pasos más para contestar mientras Shinichi se quedaba ahí, incrédulo, volviendo a mirar el cómo Hattori parecía no querer soltar a Conan.
Y todo sucedió en cuestión de unos cuántos segundos:
—Hola.. ¿Akako? —rio el ladrón como si hubiese conseguido toda una hazaña— A qué no sabes qué.. ¡Pude conseguirlo!
Kaito escuchó el corte de respiración en el teléfono.
—Kaito, dime que no hiciste lo que estoy pensando —el tono de la bruja parecía preocupado. —Dime que no lo hiciste.
Kaito soltó una risita de burla.
—¡Haa! Dijiste que nunca podría tenerla. Pero pude conseguirla y solucionar el problema del amigo de mi detective. —Un silencio, tenso y pesado, se apoderó de la bruja—. ¿Akako?
—¡Kaito idiota! —gritó la muchacha, y fue tan fuerte, que Kaito casi tuvo que alejar el teléfono de su oreja— ¡Te advertí claramente que no la usaras!
—No.. —repeló el ladrón— Lo que dijiste fue que nunca podría usarla. ¡Aún no puedo creer los resultados!
—¡Dime qué esa piedra no generó una copia! —ella parecía algo asustada.
—¿Cómo lo supiste?
—Maldición Kaito, ¿Por qué nunca escuchas lo que se te dice? —refunfuñaba la bruja al instante que soltaba de la forma más sería posible —escúchame bien ladrón de cuarta.. ¡Tienes que remediar eso, eliminar lo que esa piedra azul halla creado!
—¿Estás loca? ¿Por qué iba a hacer eso? ¡Es una persona! Y Hattori-kun está feliz, es lo que importa.
—¡Eso no es una persona!
—¿Qué? —El mago lucía en verdad confundido.
—Los primeros cinco minutos no lo es, es frágil, solo magia condensada con forma humana, debes dispersarla porque después de cinco minutos será permanente y entonces será difícil exterminarle.
—Pe-pero..
Y a continuación vinieron las palabras que Kaito nunca pensó que la bruja le diría:
—Te lo dije, 'nunca se sabe con exactitud qué hará feliz a una persona ni la solución que dará esa gema mágica' pero cuando se trata de copiar una persona, la copia pronto se da cuenta de que para poder seguir existiendo debe tomar el lugar de la persona original. ¡¿Sabes lo que eso significa?!
Kaito escuchaba aquellas palabras mientras sus ojos titilaban de miedo al girar a ver a Conan y enseguida a Shinichi.
Si Akako tenía razón, ese pequeño niño, Edogawa Conan, ¿querría matar a Shinichi Kudou, a su Detective?
Eso, lo aterró.
Un mundo donde Shinichi no existiera era una completa pesadilla para Kaitou Kid.
El tiempo corría
Colgó el teléfono y sacó de entre sus cosas la pistola de cartas, apuntó a Conan y disparó temiendo por las palabras de su compañera de clases.
Conan se movió ágilmente alejándose de Hattori quién veía desconcertado el cómo un naipe, que reconoció como los que usaba el mago ladrón, se atravesaba entre él y Conan.
—¡Kudou! —gritó, y ambos, Conan y Shinichi giraron a mirarle—¿Estás bien?
—Kid ¿Qué demonios estás haciendo?— exigió saber Shinichi al ver qué su amigo solo estaba interesado en su versión más joven.
El mago se movió lo más rápido posible.
—¡No tengo tiempo para explicarlo!— declaró mientras Shinichi encendía las luces. Kaito volvía a apuntar a Conan y a dispararle varias veces con su pistola de naipes—. Él no es humano, debe desaparecer.
—¡No!
De verdad que Conan, ni nadie, esperaba aquello, de pronto, tratando de cavilar aprisa y buscando la manera de protegerse, Conan se sorprendió en demasía al sentir el cómo Heiji Hattori le abrazaba de nueva cuenta, está vez, envolviéndole por completo y protegiéndole.
—¡Hattori! —Shinichi no pudo impedirlo, los naipes lastimaban a su amigo para al final terminar ensartados en la pared cuál si fuesen filosas navajas.
En esos instantes, Kaito se encontraba con la mirada furiosa de Heiji quien se colocaba en pie con un sorprendido Conan en brazos.
—¡Déjate de estupideces, no vas a tocarlo! —bramó, en verdad se le veía muy molesto sintiendo cómo los cortes, nada profundos, de los naipes, le hacían arder la piel.
—Hattori.. —la voz grave de la mini copia emergió tan bajito que nadie la escuchó, su dueño estaba pasmado mirando a Heiji, y en segundos comprendió el motivo de su existencia y a quién pertenecía el deseo que lo trajo a existir como un ser independiente. Sonrió para sus adentros al articular con aquella encantadora voz infantil tan suya— Heiji~niichan..
Hattori se estremeció, y miró entonces al pequeño en sus brazos el cual le tocó la cara con sus manitas, acariciándosela mientras le sonreía para al segundo juntar su frente con la suya.
El pequeño y lindo cristal rojo que prendía del aro dorado en su oreja, centelló, cambiando a un tono verde esmeralda brillante haciendo resplandecer al mismo tiempo los ojos de Hattori. Todo fue tan rápido que cuando quisieron notarlo, el cristal rojo se había tornado azul zafiro profundo. Heiji no supo cómo, pero quedó claro para él, que el lazo que lo unía al menor acababa de tornarse totalmente irrompible.
—Kudou.. —susurró sobrecogido ante la hermosa visión de Edogawa Conan mirándole con sus grandes ojos brillantes e inocentes.
Y maldita sea, Heiji no podía con eso.
Todo lo que esos ojos le provocaban no podía ser contenido dentro de su pecho; era intenso, demasiado y fue peor cuando el sentimiento comenzó a inundarlo tan profundamente que se sintió perdido.
—Tú eres mío ahora Heiji~niichan.. —declaró bajito mientras sonreía levemente de forma tan adorablemente perversa.
Hattori asintió completamente ido, como hechizado, dejándose llevar por esos ojos tan azules y hermosos:
Claro. Sí, por supuesto que sí.
Al diablo.
Al mierda con todo.
Todo mundo podía irse al demonio; Porque comparado con esa mirada del color de la tanzanita, todo: La vida, la luz y el aire, absolutamente todo se quedaba sin valor a sus ojos.
Heiji sabía que sería su esclavo si él se lo pidiera. Que haría todo cuanto Conan deseara.
Heiji Hattori estaba dispuesto a morir por él si fuese necesario.
—¡Déjame hacerlo, Meitantei, por favor!
—¡Maldita sea, Kid, basta ya!
Shinichi apenas podía detener al ladrón quien insistía en atacar a Conan, pero él ya se sentía seguro en los brazos de Heiji por lo que solo ocultó la mirada en el pecho de éste. Hattori le abrazó mirando la escena, sorprendiéndose y abriendo grande los ojos al captar, al ver a Shinichi, a quién por primera vez, desde que había empezado todo aquel extraño lío, se daba cuenta de que también estaba ahí. Por un rato había llegado a creer que Conan era él que se había encogido de nuevo, al notar que no era así, parpadeó confuso..
—¿Qué rayos, cómo es que tú.. qué está pasando aquí? —le exigió saber al detective y mago, mirándoles fijo pero teniendo a Conan fuera de sus campos de visión— ¿Qué fue lo que hicieron? ¡Kudou!
Kaito notó la hora y cayó de rodillas al piso, su pistola de naipes hizo un ruido sordo al estrellarse contra el suelo al mismo tiempo que se cubría la cara con ambas manos.
—Es tarde.. —murmuró— ¡Maldición, es tarde!
Se había terminado los cinco minutos.
—¿Quieres explicarnos qué demonios pasa? —se hartó Shinichi al mismo tiempo que señalaba a Conan, notando que la gema azul, había desaparecido, al igual que el trio de pequeños cristales que el ladrón había colocado en la ventana—. ¿Quién es él?
Kaito, no quedándole de otra, aspiró una bocanada de aire recomponiéndose todo lo que podía, fijó sus ojos en Conan, quien, al sentir su mirada, la correspondió con una de burla, y pidiendo con una seña a Heiji que lo bajara, este, dudoso, lo hizo.
—Edogawa Conan, detective. —se presentó formalmente ante todos.
Kaito tragó saliva y Shinichi se alteró.
—¡Imposible! —gritó— ¡Yo soy Conan! ¡Yo lo cree!
—Tú eres Shinichi Kudou. —atacó el pequeño.
—¡Kid!
—Él tiene razón, Meitantei —El mago colocó sus brazos en los hombros del detective al murmurar cerca de su oído—. La gema azul, la Shappire Magic era una gema que había existido por años, crea soluciones a los problemas.. tú amigo Hattori estaba triste porque no podías corresponder a sus sentimientos. Y la gema solucionó eso.
Shinichi parpadeó varias veces hasta que pudo comprender, a pesar de su gran inteligencia, lo que el mago acababa de decir. Él no creía que la magia fuese real, pero entonces, ¿Cómo rayos se llamaba lo que acababa de contarle?
—¿Por qué Conan? —preguntó de manera tajante quitándose al mago de encima.
—Porque en realidad es de él —confesó el ojiverde al inclinarse a la altura de Conan tocando sus cabellos—, de él, de quien estoy enamorado..
—Pero, Hattori.. —Shinichi no podía creerlo.
¿Su mejor amigo amaba a su versión más joven?
¿Por qué?
Hattori Heiji tenía diecisiete años, Edogawa Conan apenas unos siete, la diferencia de edad era brutal..
Observaba el cómo Hattori, luego de haber quedado a la altura de Conan, le acariciaba los cabellos mirándole con adoración callada. Rayos sí, recordaba perfectamente que Heiji siempre le miraba a él de esa manera cuando tenía el cuerpo de un niño.. ¿Cómo rayos no lo había notado antes?
—No soy ningún pederasta, Kudou. Sé lo que estás pensando —articuló el moreno al incorporarse y soltar un largo suspiro— Hoy mismo me acabo de dar cuenta de lo que siento, hasta ayer, creía que mis sentimientos eran por ti, pero no.. la realidad es que me gusta ese niño de lentes.
—Te estás armando una bomba de tiempo, Hattori.
—¿Crees que no lo sé? —reclamó este.
Mientras ellos hablaban, Kaito miró a Conan con una pizca de recelo. Se inclinó un poco a su lado. Conan solo entrecerró los ojos.
—No vas a hacerle daño a Shinichi, taitei-kun, Nunca lo harás.
—¿Y quién lo dice? —soltó el menor con voz suave y fría, mirándole de manera perversa.
Kaito Kid parpadeó mientras sus ojos se llenaban de un poco de asombro aunque intentó no demostrarlo, se incorporó sin notar que justo en ese instante, Conan arremetía contra él, soltándole con fuerza una patada a una de sus piernas. El mago hizo un gesto de dolor pero no produjo ningún sonido, sólo se tambaleó un poco resistiendo de manera magistral.
—Estúpido mago de quinta —soltó en un tono grave, frío y venenoso, en lo que Shinichi y Heiji giraban a mirarlo—. No me digas lo que tengo o no tengo qué hacer, o para la próxima.. activaré mi zapatilla y romperé cada uno de tus huesos..
—¡Kudou! —le llamó Heiji al levantar al pequeño en brazos, este se zarandeó quejándose como niño pequeño.
—¡Yo no soy Kudou, idiota!
Hattori sólo lo abrazó mientras el ladrón le miraba con rabia soportando el dolor de su pierna y Shinichi no sabía qué hacer para calmar los ánimos
Kid sabía que estaba en problemas, no sabía qué hacer, ya no podía atacar a ese Conan, pero ese niño.. maldición ese niño.. soltó el aire que había aspirado en una bocanada. Akako se lo había advertido y no prestó atención, lo único que quería era tener al detective a su lado, pero no espero que la solución, dígase Conan, pudiera quitárselo.
El tiempo para remediarlo se había acabado, y no importaba que tan mala actitud tuviera el mocoso, ahora era un ser vivo y él no lastimaba a las personas. Pero tenía que dejarle claro a ese Conan que no iba a permitirle tocar a Shinichi.
—Cuando la gema que usé, crea una copia.. —habló sin despegar los ojos de Conan—. Esta tiene tantos deseos de existir que elimina a la original para ocupar su lugar..
Shinichi se sorprendió mirando a Conan de golpe y Conan le miró a él como si le retara con la mirada, Shinichi reconoció esa mirada al igual que Hattori; era la misma que tenía siempre que un caso emocionante estaba delante de ellos.
—Hey, no puedes hablar en serio —se quejó Shinichi mirando al menor ahí, acercándosele a su altura en lo que Heiji colocaba una mano en su cabecita como con recelo—. Yo nunca tuve ese tipo de pensamientos cuando era Conan.
Shinichi quiso tocar el hombro del menor pero este dio un paso atrás y cuando Shinichi quiso avanzar, Kaito le detuvo.
—Él no es el que solías ser tú —declaró cuando Kudou se incorporaba y le miraba— A este niño lo creó la gema azul porque eso solucionaba el problema de Hattori-kun..
Míralo.. —los dos detectives observaron al menor el cual se cruzó de brazos—. Imagino que Sapphire Magic sólo extrajo de ti lo que Hattori necesitaba. Según investigué por mi cuenta, la solución puede ser lo más cercana a lo que la persona necesita pero advertía que un punto en esta podría ser invertido.
—¿Y eso qué se supone que significa? —interrogó Hattori viéndole con ojos molestos, aún no le perdonaba lo que había intentado hacerle al menor.
—Que ese mocoso fue creado teniendo a Shinichi como base, la mayoría de lo que es Shinichi está en él, no será un niño ordinario, su mente cuenta con más años que su apariencia, pero.. —Kaito se detuvo unos segundos, no sabía cómo decirlo, lo había comprobado después de ver cómo le trató el menor hacía unos minutos—. Este Conan no cuenta con una sola gota de la ética moral que compone a Shinichi.
Los tres jóvenes ahí giraron a ver al menor quien presentaba una mirada ofendida. No le importaba lo que esos tres dijeran. Él era Conan y ahora estaba libre de Kudou y pensaba vivir su vida como le diera su maldita gana.
—Aunque digas eso no creo que sea capaz de hacerme daño.
—Pero Shin-chan..
Shinichi miró con malos ojos al mago ante el apelativo que no le había permitido. Heiji se acercó a Conan acariciando sus cabellos al segundo de levantarle en brazos.
—No lo hará —afirmó el moreno y Conan soltó una risita de burla que hizo que todos volviesen a observarlo.
—¿Y cómo puedes estar tan seguro, Heiji-niichan? —A Kaito Kid le recorrió un escalofrío ante la burla del menor que justo en ese momento, tenía una expresión de odio aunque el "apelativo" de Hattori lo había pronunciado con su voz dulce y tierna a diferencia del resto de las palabras que componían la pregunta.
Ninguno había notado que ya pasaban de las nueve de la noche, que el cielo afuera se llenaba de nubes que amenazaban con lluvia o que el viento recorría la habitación con el fresco aroma a humedad.
—Porque tú mismo lo has dicho.. —le habló Heiji y Conan parpadeó con ojos inocentes al mirarle serio— Tú eres Conan, no Shinichi, eres Edogawa Conan primo lejano de Shinichi. Kudou ya te creo tu propia identidad hace bastante tiempo, no hace falta que Kudou no exista porque no necesitas su lugar.
Kid cayó en la cuenta de que no había notado eso y suspiró profundo, relajándose un poco mirando a Shinichi mientras una sonrisa se dibujaba en su rostro.
—Mn..—Conan fingía parecer indeciso—. Tienes un punto, lo pensaré.
Hattori iba a agregar algo más pero Shinichi soltó a reír y las cosas parecieron menos tensas. Quizá Conan no era lo que Shinichi fue, pero no podía ser tan malo.. ¿Verdad?
—Bien, ahora que todo parece estar más en paz —habló el ladrón sujetando su sombrero de forma misteriosa—, Mi estancia aquí, terminó —tras las palabras sonrió a ojos cerrados y haciendo aparecer una bella rosa azul en sus manos, la entregó al detective que parpadeaba ruborizándose.
—Tú.. qué diablos. —no sabía qué decir solo miraba la rosa.
—Volveremos a hablar pronto, Meitantei —Kaito logró que Shinichi le mirara a los ojos, entonces le guiñó un ojo y desapareció en una leve explosión de humo mientras el viento mecía las cortinas empapándolas un poco con gotas de lluvia.
Y fue cuando en la habitación se formó un silencio tenso. Heiji miraba a su amigo detective mientras sostenía a Conan en brazos, este último presentaba una de sus típicas miradas de "no me gusta nada esto".
—Prepararé café —soltó Shinichi en un suspiro, y sujetando aquella rosa salió, de la habitación dejando al par solo.
Heiji bajó a Conan y este caminó un poco por la habitación. Era enorme, parecía un tipo salón de estudio, algo así como una oficina. Conan sabía perfectamente que era la oficina de su padre, bueno el de Shinichi, ese era el lugar donde Kudou Yusaku había empezado a crear esas novelas que lo habían vuelto tan famoso.
Pronto escuchó un leve gemido como de dolor y volteándose a ver al moreno, encontró a este quejándose luego de haber cerrado la ventana, Conan miró en él cada una de las tantas heridas que había provocado la pistola de naipes de Kid, y enseguida, sin decir nada, se fue a sacar un pequeño botiquín de primeros auxilios que la familia de Shinichi guardaba en una cajonera de la habitación. Heiji notaba como era que el niño realmente se movía como si conociera bien dónde estaba cada cosa en la mansión, pronto se paró a su lado y le hizo sentarse sobre un sofá cercano.
—¿Te duele? —preguntó indiferente.
Hattori sintió ternura al ver que tras la indiferencia en la pregunta, en esos lindos ojos se encontraba la preocupación pues el menor abrió el botiquín y sacando alcohol y algunas gasas de algodón, comenzó a limpiar y desinfectar las heridas del mayor, este se había quedado callado observando cada uno de los movimientos de Conan.
El alcohol ardía en su piel viva, pero ese pequeño Kudou lo trataba con tanto cuidado que sentía a su corazón derretirse.
—Listo, al menos de esta forma no se infectarán.
—Gracias —sonrió el mayor al ver atendidas y vendadas el total de sus heridas.
—Las recibiste en mi lugar, es lo menos que puedo hacer —contestaba Conan al irse a guardar el botiquín sabiendo que el moreno le seguía como si quisiera hacerle una pregunta.
—¿No intentarás hacerle daño a Kudou, verdad?
Conan se giró luego de cerrar la cajonera y vio a Hattori frente a él, observó sus ojos fijamente y entrecerró la mirada: no le había gustado la preocupación en la voz del moreno, así que simplemente regresó a sentarse a uno de los pequeños sofás de la habitación. Ante su silencio, Hattori ocupó lugar a su lado.
—Kudou.. —insistió
—¿Tanto te importa? —dejó salir con su habitual voz grave.
—Claro, es mi mejor amigo, no quiero que nada le pase, no sé si lo entiendes, pero, no quiero que tú, niño de lentes, le haga daño.
Hattori lo vio girar la mirada hacia la ventana en completo silencio
Conan siempre había odiado cuando Heiji se dirigía a él de esa manera, así que prefirió ignorarlo y fingir que encontraba más interesante el cómo la lluvia arreciaba y creaba su característico golpeteo en los cristales de la ventana, chasqueó la lengua en un sonido débil al pensar que realmente odiaba que ese muchacho, que le había mostrado con hechos que sería capaz de todo por protegerle, mostrará interés por alguien que no fuese él, cuando de pronto se sobresaltó un poco, Heiji había acariciado su oreja izquierda justo donde brillaba aquel pequeño piercing dorado en forma de aro. Heiji lo acariciaba con un dedo; lucía tan bonito ahí que no pudo evitarlo, cuando Conan giró la cabeza, el aro brilló y no pudo evitar llevar sus dedos a él.
—¿Y esto? —preguntó con curiosidad, tocándolo con suavidad— Nunca creí que fueras de los que les gustan estás cosas.
Conan aspiró aire y se mordió el labio inferior, no sabía porqué, pero el hecho de que Hattori tocara ese accesorio se sentía tan bien.
—Fui creado con él —murmuró cerrando los ojos casi conteniendo un leve gemidito— Supongo que es parte de mí. ¿Quieres dejar de tocarlo?
Hattori captó que aquello incomodaba al pequeño y alejó su mano, mas el mini-detective la sujetó de la muñeca antes de que se alejara por completo. Las miradas se encontraron.
—Kudou.. —murmuró bajito.
Conan jaló de su brazo hacia él y, deseándolo, Heiji se dejó hacer. Juntó su frente con la suya y le miró con completa adoración que al menor le fascinó.
—Bésame, Hattori.
El moreno abrió grande los ojos y le miró extrañado por tan extraña petición.
—¿Có-cómo podría yo..?
—Hazlo. —ordenó de malas.
El mayor se estremeció un poco luciendo un tanto exaltado ante la idea de besar a Conan. Diablos, ¿Qué hacer?
¡No podía besar a un niño de siete años!
Es cierto que este Kudou seguía teniendo la mente de un adulto pero, pero.. maldición, lo peor es que dentro de sí no podía evitar desearlo, quería tocarlo y entendía que eso no estaba bien.
—¡Hattori! —reclamaba Conan quién se impacientaba. Captaba que Hattori tenía demasiado pudor y moral, pero en su opinión, aquello no servía para nada, eran pura basura.
—Kudou.. es que yo..
Conan se hartó de esperar a que el mayor dejara de lado sus principios inútiles y le tomó de la ropa acercándole, pegando sus pequeños labios a aquella boca, besándole él mismo.
Se daba cuenta que tenía que tomar el asunto en sus manos y enseñarle con acciones a hacer las cosas por él mismo.
Hattori estaba asombrado, ¡Esas no eran las acciones de un niño! Ah, lo olvidaba, ese pequeño demente de ojos bonitos que tenía su boca pegada a la suya, no era lo que se decía un 'niño'. De verdad que no entendía cómo sus labios, los de ambos, a pesar de ser tan distintos, se complementaban a la perfección, como si ya se hubieran besado montones de veces, 'quizá en otra vida' pensó el moreno al ver esos grandes ojos azules mirarle, porque sí, ninguno había cerrado los ojos y ambos se miraban mientras sus labios se rozaban. No podía mentirse, ese calor y ese sabor le sabían tan bien, el beso no era dulce pero.. Ese pequeño diablillo tenía un sabor tan delicado y atrayente, casi cerraba los ojos disfrutándolo cuando el ruido en la puerta los separó de inmediato.
—¿Bajan a la cocina?
Ambos le miraron. Shinichi los encontró sospechosos pero, dios no quería preguntar qué estaban haciendo.
‡‡‡
Los tres bebían una taza de café, y Conan estaba feliz de que no le dieran ese ridículo vaso de jugo en el que siempre se empeñaba Ran creyéndole un niño.
Shinichi había preparado la cena, algo sencillo y simple y ahora se encontraban cenando; los tres se hallaban sentados rodeando la pequeña mesa de madera de la cocina. Heiji y Conan habían visto el pequeño florero de cristal en el centro de la pequeña mesa, este era adornado por una hermosa rosa azul que ambos identificaron como la que Kid le había regalado a Shinichi, sabían que era esa, pero simplemente no dijeron nada.
Segundos más adelante, Conan se sintió observado y se encontró con la mirada de Kudou sobre él. Para éste último, aún resultaba extraño verse así mismo frente a él. Kaito había hecho toda una estupidez y estaba molesto por eso, pero no podía evitar que se le dibujara una media sonrisa en la cara al ver esos ojos tan llenos de amor e ilusión con los que Hattori miraba al menor, cuando creía que nadie le veía. Era tan obvio..
—¿Y bien? —preguntó rompiendo el silencio al apartar su plato vacío de su lado. Había terminado de comer—. ¿Qué se supone que haremos ahora?
Ambos le miraron sin entender.
—Sí —continuó al ver las caras de interrogación de los otros dos— Para todos aquí, Edogawa Conan volvió con sus padres, no le he dicho a nadie, ni a Ran que yo era Conan lo cual parece ser lo más razonable si tenemos en cuenta los últimos acontecimientos. Puedes quedarte aquí conmigo si quieres.—sugirió dirigiéndose a Conan y este miró a Heiji unos segundos, luego miró a Shinichi algo extrañado.
—¿Me dejarías vivir aquí?
—Si prometes no asesinarme mientras duermo, claro que sí. —contestó a base de broma.
—Sabes que no puedo prometer algo así.
Shinichi tragó saliva y siguió hablando queriendo ignorar esas palabras.
—Primero tendría que preparar a todos, y por supuesto, avisar a mis padres que recuperé mi cuerpo y ponerlos al tanto de esto, necesito unos días.
Heiji dejó la cuchara en el plato y lo alejó de sí al empezar a hablar.
—Yo lo cuidaré esos días.
—¿Ah? —Shinichi parpadeó preguntándose si el Detective del oeste tendría el tiempo y la paciencia para cuidar a un niño.
—Él no es un niño y lo sabes.
Shinichi sintió como si le hubiesen leído la mente y se sonrió. La verdad es que no quería que su amigo terminara tras las rejas porque sabía lo impulsivo que podía ser, y se conocía bastante a sí mismo para saber que esa mini-copia era terca y obstinada, y dado lo que había dicho Kid, estaba seguro que el afecto, que él mismo como Shinichi, sentía hacia Heiji, también se albergaba en ese mocoso de lentes, pero de una forma torcida y antinatural.
—Pero no quiero que termines en la cárcel, Hattori. —se le escapó.
—Ahh ¿Qué se supone que eso significa, Kudou? —preguntó sintiéndose ofendido y cruzándose de brazos.
—¡Ambos sabemos de qué hablo!
Atacó Shinichi y Heiji se puso de pie, Shinichi lo imitó y ambos empezaron a discutir mientras Conan les miraba con ojos molestos, cansados y entrecerrados al momento que se levantaba de la silla dejando a ese par de locos y, sin hacer ruido, se iba a buscar algo a los cajones de la cocina donde se guardaba los cubiertos. Encontró lo que buscaba y giró a mirar al par que discutía al mismo tiempo que apoyaban las manos en la mesa. Caminó de regreso y se subió a una de las sillas y cuando la deliberación se elevó con un Shinichi acusando a Hattori de que se dejaría llevar fácilmente por Conan, y Hattori defendiéndose al decir que eso no era su problema, un ruido seco y fuerte les espantó y ambos se alejaron un poco de la mesita, el florero en esta había caído al suelo. Conan había clavado un cuchillo en medio de la mesa con tanta fuerza que cualquiera afirmaría que la madera se astilló y casi se partió por la mitad, pero eso no pasó y el cuchillo grande y afilado se quedó ahí, clavado en el centro. Shinichi y Hattori sintieron que, un poco más, y Conan hubiese sido capaz de ensartarles el cuchillo japonés en las manos a cualquiera de ellos.
—¿Qué estás haciendo? —se exaltó Shinichi.
—¿Terminaron de discutir o les tengo que cortar la lengua a ambos?
Shinichi se estremeció. Ese niño era peor que Haibara.
Hattori soltó una risita nerviosa y se alejó un poquito mientras Shinichi musitaba un "cobarde" entre dientes.
Había sido todo un lío el decidir dónde dormiría cada uno. Conan quería dormir con Heiji, este último estaba indeciso, pero se le notaba el anhelo en los ojos, mas Shinichi les retó a ambos y los envió a dormir en habitaciones separadas, advirtiéndoles que no se cometería ningún crimen en su casa, y ambos, ofendidos, cerraron con fuerza las puertas de sus habitaciones.
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Hattori había salido muy temprano de la mansión de los Kudou para llegar donde el aeropuerto, y abordar el primer avión para Osaka. No regresaba solo, llevaba a Edogawa Conan de la mano y este le miraba con una sonrisa dulce haciendo que su corazón brincara en su pecho. Jamás se imaginó que las cosas terminarían así una vez que había levantado el teléfono, y había escuchado a través de este a Shinichi Kudou pidiéndole que por favor fuera a su casa, que tenían que hablar y aclarar muchas cosas. Hattori, sabiendo que el detective del este tenía razón, tomó el primer vuelo dejando de lado a Kazuha que había insistido mucho en acompañarlo, pero él se negó diciéndole que eran asuntos personales muy importantes. Y entonces ella lo había dejado ir esperando recuperar al antiguo Heiji una vez hablara con Kudou, porque estaba segura: Heiji tenía un problema con su amigo y era mejor que lo resolvieran a solas.
Había abordado el avión con pensamientos nefastos creyendo que tendría que animar al detective a aceptar sus sentimientos por Kaito Kid, porque era completamente obvio para él que Kudou estaba enamorado del ladrón y no quería reconocerlo para no hacerle daño a él, y ciertamente él no quería ser quien impidiera la felicidad de su amigo, aunque le doliera.
Arribó a la mansión de los Kudou sintiéndose triste y vacío, y creyendo erróneamente que amaba al detective ojiazul, se encontró con la absurda e innegable realidad de que, a quién amaba, de quien estaba enamorado, era de Conan. simple y sencillamente de él y maldita fuera su estúpida suerte, no había forma de arreglar eso ni en un millón de años.
Ahora, increíblemente, regresaba a Osaka llevando a Conan a su lado. No podía dejar de sentirse feliz e ilusionado, más ilusionado y feliz de lo que se había sentido en toda su vida. Pero tenía que fingir que el mundo, su mundo, no brillaba ni estaba lleno de estrellas maquilladas de ilusiones o brillantes pensamientos de amor por Edogawa, porque a Kudou aún no le parecía que fuera buena idea que estuviera demasiado cerca él.
—Espero que tengan un buen viaje —les deseaba Shinichi con una sonrisa.
Conan y Heiji escucharon el sonido de los altavoces anunciando por dónde debían abordar el avión que iba a Osaka.
Shinichi los había acompañado al aeropuerto y ahora se despedía de ellos diciendo que les llamaría en cuanto todo estuviera listo para que Conan se mudara a su casa.
—Gracias, Kudou —agradeció Hattori observando a Conan a través de su vista periférica— Por todo.
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Una media sonrisa adornó la cara de Hattori, al mirar que el menor se había quedado dormido a mitad del vuelo; sus ojitos azules se habían cerrado y Heiji no podía encontrarlo más hermoso y tierno, que sin poderlo evitar, llevó una de sus manos a aquella carita y la acarició muy sutil y dulcemente. No le importa nada lo que dijeran nadie; ese Conan fue creado para él, era suyo, completamente suyo, que incluso dudaba quererlo devolver a la casa de los Kudou; quería quedárselo, quería cuidar de él toda su vida, con todos sus altibajos, cualidades y defectos...
—Me fascinas, Kudou.. —musitó bajito, solo para él, queriendo penetrar en sus sueños y convertirse en el centro de todas sus fantasías, porque él ya lo era de todas las suyas— Todo cuanto eres tú..
¿Qué le importaba que Kid dijera que ese niño no tenía una sola gota de ética moral si él mismo se cuestionaba la propia? ¡Conan tenía siete años, por dios! Y él sentía que el corazón le explotaba en el pecho cada que lo veía sonreír. Sí, ahí la única persona sin ética moral era él mismo.
Se mordió los labios en una expresión de ansiedad, cuando uno de sus dedos tocó a aquellos pequeños y suaves labios mientras a su mente llegaba el recuerdo de tener a esa pequeña boca pegada a la suya, aquella vez en la casa de Shinichi.
'Señores pasajeros se les informa que estamos a punto de aterrizar por lo que les pide que abrochen sus cinturones inmediatamente..."
Escuchó decir a la azafata por los altavoces del avión y se alejó del menor solo para abrocharle el cinturón y luego hacer lo mismo con el propio.
—Kudou.. —le llamó bajito mientras le movía despacito para despertarlo, pero el menor parecía tan profundamente dormido que Heiji sólo suspiró preparándose para el aterrizaje.
Algunos minutos más tarde, cuando los pasajeros comenzaron lentamente a descender del avión, Heiji se colocó en pie y desabrochó el cinturón de un Conan que seguía dormitando y enseguida, sin haber intentado de nuevo el despertarlo, le tomó gentilmente en brazos notando que el menor rápidamente colocaba la cabecita en su hombro abrazándole con sus manitas al seguir durmiendo haciendo que Hattori casi muriera de amor. Luego de recuperarse un poco, Heiji también se hizo de su pequeño equipaje y echándoselo al hombro derecho, salió del avión cargando con este y con Conan.
En la sala principal del aeropuerto, atenta a todos lo que pasaban, llegaban y se iban, Kazuha miraba entre la gente buscando a Hattori sin éxito. Le había llamado al muchacho la noche anterior preguntándole cómo se encontraba y cuándo regresaba. Cuando éste simplemente contestó que regresaba al día siguiente, Kazuha se puso feliz y más al escuchar ese tan característico tono en la voz del muchacho con acento de Kansai; Heiji se escuchaba alegre y tranquilo, como si todas sus tristezas hubieran desaparecido. Por fin pudo respirar aliviada al notar que ya no sonaba deprimido y triste sino todo lo contrario. Así que en un segundo decidió que iría a recogerlo al aeropuerto para acompañarlo a casa.
Y pronto, luego de una larga espera, alcanzó a verlo entre la gente y entusiasmada le hizo señas con las manos y corrió a él con una sonrisa.
Heiji puso cara de "no puede ser" que ella no alcanzó a ver.
—¡Heiji!
—Si serás tonta —la regañó al verla acercarse—. Te dije que no tenías que venir.
Ella quiso abrazarle pero entonces notó que el moreno cargaba a alguien con él y se detuvo mirándole extrañada.
—Heiji, ¿A quién traes contigo?
Hattori suspiró profundo, ella se acercó más y examinó a esa pequeña personita sorprendiéndose un poco al notar quién era.
—¿Conan-kun? —parpadeó mirando lo adorable que lucía el mini-detective, que quiso tocar una de sus pequeñas manos, Heiji entrecerró los ojos con recelo mas luego sonrió con burla al ver qué el menor reaccionaba, abriendo los ojos y alejando de golpe su mano, dejando a la muchacha sorprendida.
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—¿Y simplemente sus padres le dejaron venir contigo?
Heiji asintió.
Kazuha miraba el cómo Conan se entretenía, sentado y leyendo un libro de casos de misterio que había bajado de la estantería de la sala de estar de Heiji e ignoraba por completo el programa infantil que ella le había puesto en la televisión.
—Pero, Heiji, ¿Cuántos años tiene Conan? —ella no entendía—, ¿Seis, siete? Entiendo que lo dejaran con Ran y su padre, porque son amigos de la familia. Pero tú..
Habían llegado a la casa de Heiji y este les había dicho a sus padres que traía a un amigo con él y que se quedaría unos días. Ambos, Shizuka y su esposo, se sorprendieron mucho de ver al pequeño que Heiji les había puesto al frente; los dos lo conocían. Aun así, Conan se presentó de la forma más formal y encantadoramente posible, usando esa vocecita adorable de niño bonito y dulce, que Hattori solo entrecerró los ojos no pudiendo con la adorable desfachatez que mostraba ese pequeño embustero, con tal de caerles bien a sus padres, y lo peor es que había funcionado, ambos estaban encantados con él y le habían dicho que se quedará todo el tiempo que quisiera, Heiji hizo una mueca de molestia cuando su madre le había comentado a Conan que quizá podría enseñarle modales a su hijo con lo que Heizo Hattori estuvo de acuerdo.
—No sé si los Mouri estarían disponibles —explicaba Hattori harto de la conversación— Pero Ku- Conan no quiso darles ningún inconveniente, porque hacía poco que había regresado con sus padres.
Kazuha respingó porque no dejaba de encontrar extraño todo el asunto. Pero decidió dejarlo por la paz.
—Conan-kun —le llamó ella con voz entusiasta mientras tomaba el control de la tele y la apagaba en medio del programa de turno, que era favorito de los niños de la edad de Conan, este último la miró al pasar la página de libro que leía—. ¿Te gustaría comer algo? ¡Voy a preparar algunas galletas, para ti y Heiji!
Heiji, quién se preguntaba a qué hora se marcharía, y Conan que comenzaba a notar lo mucho que detestaba oírla hablar, la vieron apresurarse adonde la cocina.
—Es una molestia. —bufó Conan y Heiji asintió dándole la razón inconscientemente.
—Bienvenido a mi mundo. —dijo en una sonrisa— Aunque deberías darle una oportunidad, es una buena chica y es mi mejor amiga.
Conan entrecerró la mirada escuchando como de la cocina se dejaba venir el sonido de platos y refractarios moviéndose de aquí para allá.
—Supongo entonces que ella encabezará mi lista negra —susurró el ojiazul de una forma que lo hizo sonar un tanto frío y calculador.
Heiji no supo lo que eso significaba pero sinceramente no quiso preguntar. La mirada de Conan al decirlo le hizo sentir un escalofrío en la espina dorsal.
—Kudou.. creo que —cuando quiso decir algo, Conan soltó el libro que al parecer había terminado, y dejándolo donde lo había sacado, salió de la sala de estar y caminó hasta la habitación del mayor, quien sin entender, le siguió— ¿A dónde vas?
La puerta se cerró tras ellos, y Heiji vio a Conan casi saltar a la cama desde donde le indicó con la mirada que le acompañara, así que lo hizo.
—¿Qué sucede?
Conan se subió a su regazo y usando su peso, le recostó sobre el colchón, Heiji, sin captar aún lo que sucedía, miró un segundo el techo sin comprender.
—Dime, ¿En qué estábamos aquella vez antes de que Shinichi nos interrumpiera? —interrogó con una linda sonrisa. Heiji notó que hablaba en serio.
—¿Estás loco? —se alarmó e intentó levantarse, pero Conan no se lo permitió—. ¡Mis padres y Kazuha están en la casa!
—Ohh —se burló el pequeño— ¿Entonces si no estuvieran en casa, estaría bien?
—¡No dije eso!
Conan se rio suavemente dejando ido al mayor que observaba su carita al seguir intentando incorporarse.
Pero Conan fue más rápido y le saltó encima.
—¡Oh vamos, Kudou! —ante el movimiento, el detective del oeste no pudo evitar alarmarse pues de buenas a primeras estaba nuevamente tendido sobre la cama con el pequeño encima— ¡Kudou!
Conan sonrió ante la mirada del mayor y un brillo perverso adornó su hermosa carita de manera magistral mientras le gateaba encima cual gatito en busca de mimos.
—Vamos Hattori, no me creo ni por un segundo que nunca lo hayas pensado.
—¡Claro que lo he pensado! —Heiji intentaba levantarse pero el menor se le sentó encima y con ambas manos le sujetó de los hombros mirándole a los ojos— ¡Lo he hecho y ese es el verdadero problema Kudou, soy diez años mayor que tú!
Hattori repelaba todo lo que su conciencia le reclamaba pero no podía negar que la mirada tan dulce e intrigante y perversa del menor le provocaba un cosquilleo por todo el cuerpo.
—Solo en apariencia querido Hattori, mentalmente puedo ser incluso mayor que tú.. ¿No lo crees así? —Conan, mostrándose muy concentrado, deslizaba una de sus pequeñas manos por todo su hombro llevándola hasta su cuello mientras presionaba con sus dedos sobre la cálida piel de una manera tan suave y táctil, mirándole fijo a los ojos y de forma tan sutilmente atrevida y encendida que Heiji se estremeció al verle morderse los labios y sonreírle de manera tan sugestiva lo que casi lo hizo asustarse.
—¡A-Ah.. Kudou!
El menor terminó por recostársele encima mirándole a los ojos a poca distancia. Hattori luchaba con la idea de abrazarle, de verdad utilizaba todo su autocontrol, pero no podía negar que ese pequeño demonio sobre él, era la cosa más bella ante sus ojos. Maldición, le era casi imposible resistírsele a ese niño y no era que Conan fuese más fuerte que él físicamente, pero le gustaba tanto, tanto y tanto como para que le fuera casi imposible llevarle la contraria, y lo peor no es que fuera consiente de eso, sino que Conan lo sabía y se aprovechaba de esa debilidad que causaba en su persona.
—Kudou, Kudou —se quejaba Conan con voz grave y algo enfadada según le pareció a Hattori— Ya te lo dije, que el que sea parte de tu querido amigo no quiere decir que sea él, solo conservo sus recuerdos, pero yo soy yo mismo, diecisiete de mente aunque podría jurar que te supero en eso.. así que deja de llamarme Kudou, soy Conan.. Heiji-niichan..
La voz usada en las últimas palabras había sido la que Conan siempre usaba al resolver un caso cuando no había adultos presentes.. esa voz tan grave, sofisticada y sexy que Heiji no pudo resistir cuando el menor murmuraba aquellas palabras contra su cuello, sentía su aliento, que inconscientemente soltó un gemido que hizo sonreír al menor que dejaba besos en su cuello. Heiji se incorporó un poco, lo suficiente como para acariciar el rostro del menor con ambas manos al murmurar con voz casi ronca:
—Maldición Conan.. sabes que esto es ilegal ¿Verdad?..
Conan se mordió el labio inferior al murmurar acercándose a sus labios con claras intenciones nada inocentes
—He resuelto casos criminales desde que tengo uso de razón, lo que quiero ahora es ser yo quien cometa el crimen.. —y le besó echándole los brazos al cuello.
Heiji perdió la cabeza ante aquello y correspondió al beso de forma demandante mientras elevaba los brazos y le abrazaba fuertemente recorriendo su pequeño cuerpo con ambas manos sintiendo la calidez que el menor desprendía. Para él todo Conan era un maldito y peligroso afrodisíaco que no tenía forma de rechazar, de no amar, de forma que no le importaba nada más. Pronto Hattori se levantó solo para colocar al mini detective contra la almohada observándole como si él fuese el ser más bello del planeta, para él, eso era Conan.
—Hattori..
—Maldición Kudou, no puedo contigo.. —murmuró al besarle el cuello con lo que el pequeño se retorció complacido y exhaló un pequeño gemido cuándo sentía cómo parecía que Heiji intentaba morderle la piel caliente.
Hattori ya no quería luchar, ese maldito ángel perverso de carita adorable podía ser tan sugestivo y atrayente como un potente imán sentía que el menor temblaba sin poder ni querer evitarlo.
—A-Ah, ¡Hattori!
—Eres una endemoniada joya..
Las miradas eran tan intensas que nada más importaba, Heiji se había perdido de una manera tan irracional que solo podía ser provocada por Edogawa Conan. Y justo cuando parecía que irían más lejos, alguien tocó la puerta y Conan giró rápidamente a verla.
—Heiji, Conan-kun, les traje unas galletas.
—¡Ah, gracias Kazuha-nee-chan! —su carita lucía inocente y dulce al ver a Kazuha entrar a la habitación con una bandeja de galletas recién hechas junto a algunos vasos con leche.
—Ah, ¿Qué le sucede a Hattori? —preguntaba ella al colocar la bandeja sobre la pequeña mesita a dónde el pequeño se acercó tomando una galleta girando a mirar con ojos malvados impregnados en burla el cómo Hattori se hallaba sobre la cama como desubicado.
—No lo sé —expresó con su vocecita infantil al caminar hasta donde el moreno se sentaba sobre la cama— ¿Heiji-nii-chan estás bien?
Hattori se llevó ambas manos a la cabeza al comprender lo que casi había hecho, mirando la hermosa carita de ojos grandes y azules de Conan mientras le acercaba una galleta en una sonrisa. Se jaló del pelo y corrió a encerrarse al baño
—¡Heiji! —gritaba Kazuha— ¿Qué demonios pasa contigo?
—¡No te importa! —gritaba el detective del Oeste detrás de la puerta en lo que Conan se reía interiormente al ver a Kazuha con recelo.
—Inoportuna.. —murmuró.
Del otro lado de la puerta del baño. Hattori caía al suelo resbalando por está al cubrirse la cara con ambas manos.
"¿Cómo demonios es que me dejé llevar por esto?"
Se preguntaba en su mente al recordar todo cuanto sintió al tener al menor sobre él e incluso debajo de él. Maldición era un completo y maldito paraíso, un edén a sus todos sentidos.
Se jaló del cabello con desespero.
"Tiene que ser una broma, esto es peligroso, ese niño de verdad puede hacer que haga cosas que no debo, ¿Por qué rayos tiene que gustarme tanto?"
Y mientras Hattori enloquecía tras la puerta del baño, Conan miraba de manera fulminante a la muchacha que no dejaba de observar la puerta del baño.
—Ya me encargaré de que desaparezcas.. —musitó en voz bajita—. Heiji es mío ahora, supéralo..
Kazuha giró enseguida a ver a Conan como si hubiese escuchado lo que el menor había soltado y un escalofrío la recorrió, cuando Conan le sonrió inocentemente, no sabía porqué, pero sentía que estaba viendo a un adorable y malvado demonio sonreír de la forma más dulce, aquello daba miedo.
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Kaito acariciaba suavemente una de la manos de Shinichi para enseguida depositar un beso en ella, haciéndolo temblar imperceptiblemente. Shinichi al fin había dado una respuesta positiva a la declaración de ese mago que no dejaba de aparecer en la ventana de su habitación. El detective sintió como este le atrajo de la cintura hacia él y le besó profundamente, acariciando sus labios con su lengua traviesa y recorriendo su espalda con sus hábiles y mágicas manos. Por fin, al fin el Meitantei era suyo, completamente suyo.
—Te amo, Shinichi.. —murmuró a su oído.
Kaito Kid vio que su detective sonrió, un poco ruborizado, pero cuando parecía que iba a responder algo similar, sus pupilas se dilataron agradándose con algo de sorpresa. Kaito se viró curioso para averiguar qué era aquello que había puesto así a su ahora novio.
—¿Esto es en serio Shinchan? —preguntó una voz femenina que parecía a punto de soltar a reír.
—Hola mamá. —Shinichi se cubrió la cara con la palma de la mano al musitar para sí mismo—. Cuándo dejaré de meterme en estas situaciones.
Kudou Yukiko soltó una carcajada limpia mientras Kaito presentaba un leve estado de.. shock.
Nunca pensó que tendría que enfrentar a su suegra tan rápido.
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By: Yahir abisai
