Actualización: 8 de mayo del 2006

PODER DE PERSUASIÓN

2. LUCHANDO CONTRA LA CURIOSIDAD

Lily se levantó pronto, incapaz de pegar ojo, por un tema que llevaba rondando por su cabeza durante toda la noche.

No voy a ir, no voy a ir. No quiero verle.

Lily se llevaba diciendo esto a ella misma durante toda la noche, desde que había dejado colgada a Emi.

Este tema no puede preocuparme tanto. Por dios, es James Potter... la persona a la que no soporto. No me lo tendría ni que pensar dos veces

Desayunó ligeramente y se fue al baño, para prepararse para otro día de trabajo. Al mirarse al espejo pego un bote.

-¡Arg! Vaya ojeras...

Mira que ojeras. ¿Como voy a ir a la cita con estas ojeras? Pero qué digo... ¡Si no voy a ir! Todo es tu culpa James. ¿Por que me tuviste que mandar esa asquerosa carta?

Poco después se veía salir a Lily del edificio en el que vivía. Se había maquillado, cosa que casi nunca hacía, para disimular la mala noche que había pasado. Se fue andando al Ministerio de Magia.

Un paseo matutino me vendrá bien. Me tengo que relajar...

Llegó al trabajo en unos quince minutos y se fue a su departamento. Pronto se dio cuenta de que el otro empleado, Tony Hartnell, no estaba. Siempre, desde que trabajaba allí, había llegado antes que Lily.

-Perdone, señor. ¿Ha visto a Hartnell? -preguntó a su jefe. Él estaría enterado de lo que había pasado con Tony.

-Sió señorita Evans. Lamento decirle que ha dimitido. Su madre parecía estar muy enferma... Creo que tendrá usted mucho trabajo hasta que encontremos a otra persona.

Lily se dio la vuelta rápidamente. Ella era bastante eficaz y podía realizar mas trabajo que cualquier otra persona pero ¿todo el trabajo de Tony? Él llevaba mucho más tiempo que ella en el Ministerio y se ocupaba de muchos asuntos importantes.

Bueno, ahora sí que me tengo que relajar y poner manos a la obra. Hoy va a haber mucho trabajo.

Por lo menos el asunto de la dimisión de Tony le hizo olvidarse de la cita con James, y eso que era esa misma noche. A las ocho de la noche el trabajo se había reducido, pero todavía tenía para dos horas por lo menos.

¡La cita con James! Era hoy... pero si no voy a ir¿para qué me preocupo? ... ¿Me pregunto si habrá cambiado?

-¡Señorita Evans! Tiene que hacer un recado.

Tony, te necesitamos.

-Ya voy, señor.

Las nueve, las diez... y Lily seguía en el Ministerio, agotada. Por fin dejo todo más o menos arreglado y rogó para que al día siguiente su jefe encontrara a otro ayudante. Ella no podía pasar mas días como éstos.

-Me voy ya, señor. Buenas noches.

Lily salió a la calle. Miro el reloj: las diez y media. Estaba lloviendo bastante fuerte.

Se me olvida algo. ¿El que?

Iba andando despacio, sin prisa, a pesar de que cada vez estaba más mojada. Pero le daba igual... le gustaba la lluvia.

-¡JAMES!