Al verla huir con ese miedo en la mirada supo que era inútil perseguirla y que solo empeoraría las cosas. Así que solo se limitó a verla alejarse. Mientras tanto el se recargaba en la pared, arrepentido por su abrupta reacción, deseando no haberlo hecho, pero al mismo tiempo con la bella sensación agridulce de ese beso.

En lo que quedó de la tarde, mandó un patronus a Harry para saber si Hermione había llegado bien a casa, y al estar seguro de ello, regresó a su mansión, al tiempo que esperaba a que se tranquilizara para poder abordarla, ya que de lo contrario solo lo rechazaría.

Tan distraído estaba en sus propios pensamientos que no escuchó en qué momento su madre entró a su recámara, hablando de la familia Greengrass y de como Hermione era culpable de todas sus desgracias. Narcisa Se sentó a su lado sin parar de hablar.

—¡Esa mujerzuela quiere meter a la tumba a la pobre de Astoria y no conforme con eso, casi hace que esa muchachita imprudente de su hermana te hechizara! — concluyó, y esperó unos segundos por una respuesta que nunca llegó, pues su hijo se encontraba pensando en Hermione.

—¡Pero es que no vas a decir nada!¡Esa mujer es un peligro!¡Está maldita!

Él, harto de escucharla despotricar en su contra, se levantó de la cama y dijo:

—¡Ya basta, madre!¡Ya basta! — tomó aire y continuó —¡Quédate callada por una vez!

Su madre abrió los ojos sorprendida por los malos modos que mostraba su hijo e intentó replicar. Pero él se lo impidió.

—¿Sabes lo que hizo hoy tu odiada Hermione?

—A ver… ¿Qué hizo?

—Se puso delante de mío para recibir el impacto del hechizo.

Narcisa boquiabierta se incorporó como un resorte junto a su hijo.

—¿Qué?

—Así como lo oyes. Y antes de que te emociones pensando que está muerta, déjame decirte que no… Para tu mala suerte, no lo está.

Al decir estas palabras dejó a su madre con la palabra en la boca y pasó de ella hacia la salida, sin saber muy bien a dónde iba, pero con el claro propósito de alejarse de ella.


Hermione apenas si pudo probar bocado antes de irse a dormir junto a su pequeño. Intentaba conciliar el sueño igual que su hijo, pero eran inútiles sus esfuerzos. Le daba vuelta a la almohada una y otra vez, se cambiaba de posición, se quedaba viendo el techo sin dejar de rememorar aquel beso en el callejón diagon.

—¡Por qué lo hiciste!¡Eres una estúpida! —se recriminaba a sí misma, llevando una mano a su cabeza.

Así pasó varias horas hasta que harta de esa situación se levantó de la cama y bajó a la sala con cuidado de no hacer ruido para no despertar al Señor Lovegood y a Hugo. Se sentó en un pequeño sofá y tomó un libro de la mesita de centro, buscando refugio en los libros.

Estuvo leyendo hasta que un golpe en la puerta la hizo sobre saltar. En un principio tuvo miedo, pero al escuchar que se trataba de Draco, ese miedo se transformó en nerviosismo y no sabía cómo actuar. Estaba tentada a girar el pomo de la puerta, pero pensó "no abriré la puerta, no tiene manera de saber que estoy detrás de ella".

Pero como si él hubiera leído los pensamientos, se escuchó su voz detrás de la puerta:

—Sé que estás ahí, Granger—dijo con voz segura—ahora abre la puerta o la derrumbare.

—Maldita sea mi suerte —dijo entre dientes antes de abrir la puerta.

Tomó aire y se armó de valor para poder tener la valentía de mirarle a los ojos y no flaquear en el intento. Abrió la puerta y ambos se quedaron viendo por largos segundos hasta que ella se aclaró la garganta y preguntó:

—¿Qué… qué estás haciendo aquí?

—Solo vine a preguntarte algo—dijo en tono normal, y eso hizo que la chica se relajara— ¿Te quedarás verdad? —preguntó con esperanza en sus ojos.

—¿Por eso apareciste a mitad de la noche? —preguntó con algo de decepción en su voz, que trató de disimular lo mejor que pudo.

—¿Por qué preguntas eso? —suspiró mirando hacia otro lado—¡Sí! Es por eso que estoy aquí.

Ella bajó la mirada—Sabes bien lo que pasó esta mañana… La familia Greengrass me odia ¡No podría quedarme! Cuánto más intentas protegerme, peor se ponen las cosas.

—Tú no te preocupes por nada de eso. Yo voy a resolver esta situación—respondió seguro de sí mismo mientras ella lo observaba curiosa, lo cual lo puso nervioso y fue inconsciente de lo que sus manos hicieron a continuación.

—Abrocha tu chaqueta… Está haciendo frío —le dijo mientras acortaba la distancia y le cerraba la chaqueta, ante la mirada ruborizada y nerviosa de la joven.

Draco se percató de eso y instintivamente alejó sus manos como si lo quemara.

Perdón. No quiero incomodarte— dijo con pudor.

—Descuida. Gracias por preocuparte. Es tarde, será mejor que regreses…

Esas palabras hicieron que un abismo se abriera en sus corazones, ya que en el fondo deseaban que el tiempo se detuviera un poco para no separarse.

—Tienes razón. Es mejor que regrese, o tendré que soportar a mi madre. Adiós Hermione— dijo dando media vuelta y alejándose de la propiedad.

" te amo" susurraron ambos de modo apenas audible a sus propios oídos, y en aquel momento, Draco desapareció con una lágrima asomando de sus ojos, mientras otra lágrima escapaba rabiosa en Hermione al verlo esfumarse…


La mañana siguiente, los problemas, lejos de alejarse, se afianzaron con fuerza en casa de los Malfoy, pues una iracunda Hermione haría acto de presencia junto con su hijo.

—¡EXIJO EN ESTE INSTANTE HABLAR CON LA SEÑORA MALFOY! — gritaba furiosa.

—¿Pero que es ese griterío? ¿Con qué derecho te apareces aquí alzando la voz y exigiendo? — retrucó con altanería la dueña de casa.

—¡CON EL DERECHO QUE ME DA LO QUE ME ACABO DE ENTERAR ACERCA DE SU ACCIONAR, SEÑORA… AUNQUE ESE TÍTULO LE QUEDA DEMASIADO GRANDE!

—¿Qué está pasando? ¿Por qué te diriges de esa forma a mi madre? —se escucha a Draco preguntar, a medida que se iba acercando.

—Habla, Hugo. A ver si así se le cae la careta a esta mujer.

—Cuidado, Granger…

Hugo, al escuchar el tono de voz amenazante de Draco, retrocedió hasta colocarse detrás de su madre, quien rápidamente lo cubrió en actitud protectora. Malfoy, al notar que sus modos asustaron al pequeño, se agacho y le ofreció su mano cariñosamente.

—No tengas miedo, amor. Tu hablaste con la verdad. Ahora solo tienes que repetir lo que me contaste hace un momento.

Draco extrañado del cambio repentino de Hermione, le pide a Hugo que lo acompañe para contarle.

Cuando vio a Hugo y Draco alejarse, retomó la furia con la que había entrado y se acercó peligrosamente a Narcisa.

—Todo este tiempo intenté no ocasionarle contratiempos con su hijo, porque soy madre y me ponía en su lugar. Pero se metió con lo más preciado que tengo, y eso echa por tierra todo el respeto que traté de tenerle. Pero aquí se terminó su farsa…

—No sé de qué me estas hablando. Tú has estado tratando de meterte por los ojos a mi hijo utilizando al tuyo como herramienta, aprovechando a ese crío para obtener ventaja de todo… Eres una cualquiera, capaz de escudarse en lo que pueda inventar una criatura para…

La frase de la mujer se vio interrumpida por la bofetada que le propinó la joven, justo en el momento en que Draco y Hugo aparecían ante ellas.

—¡No voy a permitir que hable así de mi hijo! ¡Él no dice mentiras! A diferencia suya… Y yo no me escudo en nadie. Hablo con la verdad…

—¡HERMIONE, DETENTE! —dijo Draco de manera enérgica — Hugo acaba de hablar conmigo, y ahora necesito escuchar la versión de mi Madre. Por favor, vuelvan a casa de Lovegood.

Hermione tomó a su hijo de la mano, y lanzándole una mirada de tristeza al hombre, desapareció…


Al regresar a la casa Lovegood, Hermione y Hugo subieron a su habitación y el niño se recostó en el regazo de su madre, sintiendo una mezcla de tristeza y culpa por haber ocasionado problemas entre Draco y su madre.

—Por eso no quería hablar…ahora Draco me odia ¿Verdad, mamá? —dijo soltando una lágrima.

La joven depósito un beso en su cabeza y le habló con dulzura:

—Claro que no, mi amor, ellos estarán bien…Además, ya sabes lo que te he dicho respecto a guardarme secretos.

—Que no lo haga.

—Así es, porque yo siempre te voy a cuidar de todo y de todos.

El niño asintió, sintiendo las caricias de su madre sobre su cabello, logrando tranquilizarlo.

….

—¿Es verdad lo que dijo Hugo? — preguntó temiendo saber la respuesta —¡¿Te atreviste a entregarlo a ese imbécil?!!

Narcisa soltó un suspiro de resignación y finalmente habló, sin perder la compostura.

—No lo negare, es verdad.

Draco se vio presa de la más absoluta decepción hacia su madre y la observó cómo si fuera una desconocida. Su madre para protegerlo había sido capaz de recibir a mortifagos en su mansión y aguantar que hicieran destrozos en su hogar, pero nunca la creyó capaz de entregar a un niño inocente a su verdugo.

—¡No, no es cierto! — gritó con ira.

Narcisa bajó la mirada por unos segundos, no muy orgullosa de su actuar, pero pronto se recompuso.

—Es verdad y lo volvería a hacer de ser necesario — contestó, acercándose a su hijo e intentando tomarlo de la mano a lo que esté se negó.

—¡No me toques!

—Hijo, escúchame—lo agarró del brazo—lo hice por tu bien, si no lo hacía ese psicópata te hubiera matado ¡Entiéndelo!

El se deshizo de su agarre con brusquedad y negando con la cabeza se alejó de ella.

—¡Te desconozco, madre! Cómo te atreviste a mentirme ¡A engañarme! —la observó con gran decepción —Agradece que eres mi madre o de lo contrario….

—¡Hijo!

Draco se sintió traicionado por la persona que menos pensaba y dejando salir un suspiro salió de la mansión en busca de un lugar tranquilo donde pudiera pensar.


Al día siguiente la joven de ojos de caramelo estaba en la cocina, sirviendo el té para el desayuno, sin dejar de pensar en Malfoy, ya que no había recibido noticias suyas.

Xenophilus entró a la cocina y al verla con la tetera en la mano se apresuró a quitársela de la mano.

—Querida niña, haces todo con una mano ¡Me siento mal por eso!

—No se preocupe, ya estoy mucho mejor—dijo quitándole la tetera y sirviendo el té.

—Pero hija, te puedes quemar.

—Estaré bien, además, hoy me quitan el yeso—dijo con una sonrisa y el hombre asintió.

Hermione dejó la tetera de lado y se aclaró la garganta antes de hablar.

—Draco me pidió que me quedará y yo acepte, pero …

—Nada de peros hija, ese muchacho hizo muy bien, por primera vez actuó con inteligencia.

Ella no muy convencida asintió con la cabeza.

—Estuve pensando las cosas y necesitaré un trabajo y una casa, soy consciente que no debo de abusar de su hospitalidad.

El hombre le sonrió —¿Sabes? Antes solo tenía a Luna, pero ahora te tengo a ti—Hermione sonrió agradecida—¿Tu considerarías está casa como tú nuevo hogar?

Las lágrimas de agradecimiento hicieron su aparición en sus ojos y movida por el sentimiento, abrazó al hombre que la había acogido y protegido como a una hija.

—Se lo agradezco tanto.

—No hay nada que agradecer —le respondió, palmeándole la espalda.

Hugo los observó desde el umbral de la puerta, sonriendo. Y haciéndole señas al señor Lovegood le pidió que lo siguiera, sin que su madre se diera cuenta del intercambio de señas cómplices entre ellos.

Se separaron del abrazo y Xenophilus le pidió a Hermione que terminara de preparar el té. Seguido de eso salió de la cocina, donde el niño ya lo esperaba, lo tomó de la mano y lo guío hasta la mesa del comedor, se sentaron y Hugo le explicó:

—¿Se puede comer mi huevo y decirle a mi mamá que yo me lo comí?

—Claro que no —le respondió con una sonrisa.

—Pero ¿Por qué no?

—Porque eso sería mentir y no es bueno, muchacho.

Hugo hizo un puchero y respondió — Pero Draco se lo comía.

—Y eso está muy mal— le dijo el hombre, con paciencia—No debes mentir a tu madre.

—¡Pero no me gusta el huevo!

En ese momento Hermione llegó con una bandeja de té, depositándola en la mesa y sirviéndoles a ambos la bebida caliente, sin dejar de percatarse en las miradas cómplices de ellos.

—Ustedes dos ¿Están tramando algo? —dijo divertida.

—Nosotros no podríamos engañarte, nos atrapas siempre, mamá.

La aludida sonrío orgullosa y acaricio el cabello del niño.

—Anda come o ¿estás esperando que Draco venga a comerse tu huevo?

—Claro que no —bajó la mirada —el está enojado conmigo.

Ella levantó su barbilla y le habló con dulzura —No, no es así mi amor, el solo necesita tiempo para entender lo que su madre hizo ¡Eso es todo!

—Tu mamá tiene razón, Hugo, cuando el resuelva sus asuntos con su madre, vendrá. Ya lo verás.

Hugo sonrió y muy a fuerzas tomó un pedazo de huevo y se lo comió.

De pronto alguien tocaba a la puerta y el estómago de Hermione se volcó al presentir que se trataba de Draco y Hugo sonrió de oreja a oreja.

—¡Urra!¡Draco llegó por fin!

—Comete tu huevo o no lo dejaré pasar—le advirtió sonriente.

La joven se dirigió a la puerta y tomando aire antes de abrirla dijo:

—Draco, más vale que...

Pero la frase se quedó en el aire y la decepción se reflejó en su rostro al ver que no era Draco quien tocaba la puerta, sino Ginny, Luna y George acompañado de Neville.

Ginebra no paso por alto el semblante de decepción de su amiga y sonrió pícara —¡Uy! ¿Qué pasó Hermione? ¿Acaso esperabas a otra persona?

—Mírala se desilusionó —dijo Luna y Hermione solo pudo sonrojarse, aunque intentó disimular.

Neville y George sonrieron y el pelirrojo habló primero:

—Pero ve nada más se puso más roja que un tomate.

—Si quieres mi opinión, se ve muy triste… tal parece que estaba esperando a un príncipe azul y solo somos nosotros.

—Solo nosotros, unos sapos.

—¿Te disgustan los sapos, Hermione? — preguntó Luna con interés.

Finalmente, Hermione se recompuso y sonriente los dejó pasar:

—¡Vaya, un huracán llegó a mi puerta!

Todos rieron.

—¿Vamos ya estás lista? — preguntó Ginny y su amiga no supo a qué se refería.

—¿Lista para que?

—¿Cómo que para que?¡Iremos a cambiar tu domicilio, tontuela!

—Espera un minuto ¿Cómo sabias que me quedaría?

Ginny rodó los ojos y explicó—Lo que pasa es que Draco se apareció anoche en nuestra casa, por cierto, casi infarta a Harry del susto —dijo riendo —y me dijo "cambia el domicilio de Hermione" y heme aquí.

—También apareció por mi casa—empezó Luna—Quería asegurarse de que Ron no pudiera acercarse a ti y mira —le tendió un papel— aquí tienes la orden de alejamiento, el no podrá acercarse a ti a más de doscientos metros.

Hermione recibió el documento con una sonrisa triste.

—Y a nosotros nos despertó echándonos agua— relató George, mientras Neville asentía.

—Si, y nos dijo que te lleváramos a San mungo para que te quiten el yeso — terminó Neville.

—Gracias chicos—dijo agradecida, pero no pudo evitar preguntar—pero ¿Draco dónde está?

Los cuatro se encogieron de hombros y Hermione suspiró resignada.


La noche anterior Ronald había recibido una visita más que esperada y que le beneficiaria a sus planes para recuperar a Hermione y Hugo.

Tenía que admitir que a pesar de lo fastidiosa que podía llegar a ser Lavender Brown, esa noche llena de caricias y besos era lo mejor que tuvo en esos días llenos de furia.

Observó dormir a su acompañante y chasqueó la lengua ante el pensamiento de que Hermione no estaba a su lado y nunca estuvo tan complacida en compartir la cama con él, como lo hacía Lavender.

Pronto apartó las sábanas de la cama y se sentó, llevando sus manos a la cabeza en un fútil intento de alejar los pensamientos sobre Hermione, hasta que sintió como la joven se incorporaba y depositaba algunos besos en su pecosa espalda.

—¿Qué pasa "Won-Won? —dijo ella divertida.

El furioso por el apodo infantil que le dedicó, de un movimiento la tumbó sobre la cama, apresando su cuello entre sus manos, a lo que ella le veía con gran sorpresa y algo de miedo.

Finalmente la soltó no sin antes advertirle que no volviera a llamarle de ese modo.

—No sabía que te gustaba jugar rudo— respondió sonriendo.

El soltó una leve risa—No tienes idea—notó, que la joven quería seguir con el juego así que se levantó de la cama —Después jugaremos todo lo que quieras. Ahora debemos poner en marcha el plan ¿Estás lista?

Él se trono los dedos, sonriendo.


Feliz cumpleaños atrasado a nuestro querido Tom Felton.

¡Nos leemos!