Naruto trató de tener el control de la pelea y ser de quién dependiera cuando empezaría la acción. De verdad lo intentó, pero su contrincante tenía otros planes. Antes de darse cuenta ya había sido acorralado contra el borde, por lo que tuvo que tomar una decisión: Dejarse arrinconar aún más y arriesgarse a que Takao se lanzara a por él para así aprovechar para dominarlo a último minuto o poner resistencia de inmediato. Por algún motivo su sangre enardecida deseaba más la segunda opción, buscando gastar adrenalina intercambiando algún que otro golpe y presentar un buen show al público que aclamaba por su derrota, por lo que eso hizo.

Primero, comenzó con una serie de golpes que solo tocaron aire mientras eran esquivados por Takao, pero que sirvieron para que el muchacho pusiera algo de distancia y le diera más espacio para maniobrar. Luego, Naruto se le acercó tentativamente, descifrando que rango de alcance tenía el otro chico y que distancia era segura. Aparentemente (a pesar de su seriedad profesional, mezclada con furia a flor de piel), Takao optó por seguirle el juego, tirando algún que otro puñetazo o patada en su dirección, pero sin la intención obvia de querer golpearlo. Quizás lo que buscaba era más hacerlo retroceder al borde de la arena de nuevo, pero Naruto no lo iba a permitir. No ahora que sabía su alcance. O su supuesto alcance. En el instante que demoró en pestañear, el rubio se encontró con un puñetazo dirigido directo a su cara que logró bloquear por poco y a continuación tuvo al chico en su cintura tirándose en busca de atrapar sus piernas, lo que lo dejó indefenso y saltando hacia atrás antes de ser arrojado de espaldas al suelo con un golpe seco, fuera de la arena.

Diablos. Así como lo marcó después el hombre de las cicatrices de quemadura (que hacía de árbitro), Naruto perdió la primera ronda y fue más que nada por confiarse que Takao no lo atacaría fuerte desde el principio. Grave error de su parte. Tenía que tomarse esto en serio. Después de todo se estaba jugando la libertad de su amigo de ir a donde quisiera sin ser identificado como un criminal a primera vista.

— ¿Todo bien, Fiera? ¿Te duele y quieres retirarte o puedes seguir otro poco? —dijo el hombre de cabello largo y cicatrices, con tono burlón, agachado frente suyo para mirarlo a los ojos, a lo que Naruto se arrodilló con una pierna y apenas entrecerró los ojos en su dirección.

—Estoy bien —acotó secamente, para a continuación ponerse de pie, limpiándose las manos entre ellas e ignorando como ya estaba cubierto de pies a cabeza en tierra y polvo caía de su cabello con cada movimiento, mientras avanzaba de nuevo al centro de la arena, poniéndose en posición (al igual que Takao) una vez más.

—Si tú lo dices, será verdad… —El árbitro también se levantó y camino con paso relajado y confiado hasta su lugar. Acto seguido, volvió a poner su brazo en medio de los dos muchachos, demoró un momento observándolos a ambos y con una sonrisa de costado dio un paso atrás.

— ¡Adelante!

Apenas el hombre dio luz verde a la segunda ronda, Naruto se lanzó contra su oponente sin piedad. Dio una serie de golpes que hicieron contacto, al estar Takao bloqueándolos y evitando que hagan más daño, tratando de superar su defensa y no darle tiempo de respirar (después de todo, si algo era su especialidad era molestar hasta el cansancio a la gente). Más, sin importar que tanto deseara que no fuera así, el niño estaba en desventaja contra alguien más alto y claramente en mejor forma que él. En un instante de pausa entre un puñetazo y una patada, Takao metió una patada propia a la pelea, con la que golpeó de lleno a Naruto en la pierna que le estaba sirviendo de soporte y lo desestabilizó, mandándolo al suelo. Una vez allí, el campeón se le tiró encima y lo agarró en una llave, hasta que el tirón casi desgarrador en las articulaciones de su brazo fue demasiado para él y tuvo que rendirse con un par de golpes repetitivos al suelo.

El chico más grande se alejó de él después de eso, volviéndose a colocar en posición, con el pecho agitado de respirar intensamente por la actividad física, pero sin señales obvias de cansancio. Por otra parte, Naruto permaneció unos segundos más en el suelo mirando al cielo, respirando fuerte, previo a que una sombra de un cuerpo bloqueara su vista. Pero cuando eso sucedió, él no vio la cara seria del árbitro que venía a comprobar su estado. No, Naruto vio a otra persona. Su antiguo profesor, Mizuki, estaba mirándolo con esa cara burlona y estúpida que tantas veces le había tocado presenciar en la Academia cuando era vencido y el ninja le preguntaba si se encontraba bien, lo que lo irritaba a más no poder sabiendo ahora que su respuesta le importaba un comino. Aún más calor fue subiendo por la nuca y rostro de Naruto ante esto, recordando esos momentos en los que se había prometido no perder, pero igual había sido derrotado, sumado a la frustración de estar pensando sin querer de nuevo en ese imbécil bueno para nada.

Con la sangre hirviendo, Naruto se levantó del suelo haciendo una acrobacia y avanzó decidido hasta el centro de la arena, ignorando al hombre mayor que él que le había ofrecido una mano para levantarse. Luego, le tocó esperar unos segundos que se hicieron eternos a que éste diera comienzo a la tercera ronda.

Una vez que la etapa final de la pelea comenzó, Naruto se lanzó con todo contra su oponente sin guardarse nada. La libertad de su amigo era todo lo que importaba y lucharía hasta el fin por ella. Mentalizarse así le permitió agudizar sus sentidos y logró esquivar completamente golpes de Takao que de otra forma habría tenido que bloquear para pararlos. Ni siquiera se sentía cansado, sacando energía de vaya a saber dónde para seguir peleando. En un momento determinado, incluso llegó a ser salpicado en sus puños por unas gotitas de sangre fresca provenientes de la nariz de su contrincante, que se descuidó al tratar de devolverle un golpe.

Pero la buena racha de Naruto no podía durar mucho, ya que finalmente Takao encontró una apertura en su ofensiva y se lanzó a por él agarrándolo de la cintura y alzándolo en el aire, a lo que el niño solo pudo pegar puñetazos a la parte de arriba de su cabeza para tratar de detener lo que sabía que iba a pasar, aunque no pudo hacer mucho. Dando una serie de pasos, con dificultad al tenerlo en brazos, el campeón lo arrojó del otro lado del límite de la arena, dejando que Naruto intentara caer bien, más no consiguió recuperar el equilibrio y rodó un trecho por el césped.

Aun así, el niño no se dio por vencido ya que todavía quería más acción. Más tiempo desquitando el odio que sentía por las cosas por las que había pasado y por la vergüenza por la que habían hecho pasar a su amigo. De un salto se incorporó otra vez y quiso salir corriendo hasta Takao, pero una serie de manos lo agarraron por detrás de los hombros y pecho, evitándole seguir avanzando. Cuando miró quienes lo estaban deteniendo, se encontró con miembros del público que le estaban gritando cosas incomprensibles entre tanto barullo.

— ¡Ey, ey, ey! Tranquilo, Fiera. La pelea ya terminó —Intentó calmarlo el hombre haciendo de árbitro, que se acercó con las manos delante de él moviéndolas de arriba hacia abajo, haciéndole señas para que se tranquilizara. No hizo efecto de inmediato, sin embargo, ya que Naruto forcejeó otro poco más con sus captores, hasta que la energía se fue drenando de su cuerpo y lo dejó decaído con su pecho agitado.

— ¿Y? ¿Nos vas a dejar ir ahora como dijiste? —cuestionó casi sin aliento Naruto al hombre, sin confiar en que mantendría su palabra. Ryuu, aún algo pálido, se puso de pie con cuidado de dónde no se había movido.

El hombre pareció no escucharlo, estando más concentrado en observar a Takao siendo atendido por un par de hombres que estaban comprobando que estuviera bien y dándole algo para que se tapara la nariz hinchada de la que salía un hilo de sangre que bajaba por su barbilla y manchaba su ropa.

— ¡EY! ¡Tú, cómo te llames! —Intentó llamar su atención.

— Sí, sí, te estoy escuchando. Quería ver si mi pupilo se encontraba bien —El hombre se volteó hacia él—. Ah… Y dime Hermano Mayor o algo parecido… Todos lo hacen.

Naruto se tragó las palabras que iba a decir y solo lo miró, sorprendido por el apodo extraño.

—Como digas. Lo que quiero saber es si vas a cumplir tu parte del trato —Hizo un último intento de liberarse de las manos de quienes lo tenían agarrado y estos, aparentemente viendo que ya estaba más relajado, lo soltaron.

—Esa es la cuestión, amiguito. Todavía no terminaste con tu parte del trato.

— ¿De qué estás hablando? ¡Peleé como querías!

—Y lo hiciste muy bien, debo decir. Te recuerdo de ayer y si te hubieras sumado a las peleas durante el festival nos habrías ayudado a dar un aún mejor espectáculo. Pero esto —dijo, señalando ampliamente la arena de pelea—, esto era el primer requisito con el que tenías que cumplir para que los dejemos ir así como así, ¿recuerdas?
»Lo que tienes que hacer, ahora que ya sé que vales la pena, es llevar a cabo un simple trabajito para mí cuyo pago es el mismo monto en bolsas de arroz que la gente de este pueblo tan arduamente recolectó y que tu amigo aquí presente desperdició—Señaló a Ryuu con su mano, antes de darse vuelta en dirección al Ojos de Serpiente y hacerles una seña con la mano para que lo siguieran— Vengan conmigo y les explicaré los detalles adentro.

Naruto y Ryuu se quedaron mirando al hombre y entre ellos, tratando de comunicarse mentalmente con un mensaje obvio, pero apenas movieron un músculo en una dirección contraria al bar se encontraron con una muralla formada por los miembros del público, con algunos cruzados de brazos, que bloqueaban cualquier camino que no fuera el que Hermano Mayor indicó.

—Ni lo piensen.

—Vamos, avancen mocosos.

— Derecho, derechito caminen que no se van a perder.

Y así fue como ambos niños suspiraron profundo antes de seguir, derrotados y con Ryuu claramente temeroso comparado con Naruto, el camino marcado hasta la puerta lateral que les permitiría entrar al Ojos de Serpiente.


El interior del establecimiento no poseía nada especial que le volara la cabeza a Naruto comparado con otros locales que pudiera haber visto desde afuera en Konoha (con todo eso de ser odiado y que su presencia no fuera deseada en la mayoría de negocios). A primera vista, el lugar parecía un típico restaurante tradicional, de paredes blancas con secciones de madera de cerezo y pisos de nogal oscuro, pero si se avanzaba unos pasos se podía distinguir que cerca de la entrada principal había una zona destinada a ser el bar del lugar con una barra y banquetas negras. La decoración oscilaba entre rústica y antigua, con piezas decorativas hechas a mano o recicladas y en la pared al lado de la barra se ubicaba una pizarra grande donde alguien había escrito con tiza lo que se vendía, el precio de cada cosa y había hecho pequeños dibujos en los márgenes (algunos de mejor calidad que otros).

Hermano Mayor se había puesto cómodo en una de las mesas blancas con sillas negras del local cerca del bar y les hizo señas a Naruto y a Ryuu para que tomaran asiento junto a él. Una vez que se sentaron, con el rubio teniendo que mover la silla de Ryuu por él ya que éste todavía estaba atado, el hombre se puso de pie con un cuchillo en la mano, lo que tensó de inmediato a ambos niños e hizo que Naruto se parara de un salto listo para intervenir en lo que sea que fuera a suceder.

—Relájate, Fiera. Sólo quiero liberar a tu amigo de sus ataduras —Dicho esto, el hombre de cabellos largo hizo un corte veloz en la soga y se volvió a sentar, dejando a los chicos que tenían el corazón en la garganta que se comunicaran con las miradas y se volvieran a sentar lentamente, con Ryuu quitándose la cuerda y dejándola caer al piso.

Sea-Ejem —habló éste último, con la voz quebrándose—. Sea lo que sea que nos vas a ofrecer, no nos interesa. Nada de nada. Llama a los guardias esos de los que hablas y pídeles que me tatúen, no me importa-

— ¿Qué estás diciendo? —Naruto interrumpió el parloteo de su amigo con una patada bajo la mesa para nada sutil que dejó a Ryuu agarrándose la pierna mientras se quejaba del dolor por haber sido golpeado justo en el hueso—. Si nos interesa lo que vayas a decir, viejo. A mí me interesa —agregó, mirando directamente a su amigo y luego a Hermano Mayor—. Dime que tengo que hacer de una vez para que pueda hacerlo rápido e irnos de aquí.

El hombre parecía entretenido observándolos a ambos, con una postura abierta y un brazo apoyado detrás del respaldar de su silla, dando pequeños golpecitos en la mesa con los dedos de su otra mano.

—Sii… con respecto a eso, me lamento que tengo una buena y mala noticia —El hombre se incorporó y se sentó correctamente, dejando su mano sobre la mesa quieta y llevándose la otra a su barbilla—. Por un lado, tu amigo aquí presente será nuestro invitado hasta que esta situación se resuelva (con comida, bebida y un espacio para dormir, incluidos) para asegurarnos que no salimos perdiendo en esta situación. Lo entiendes, ¿no? Y por el otro lado, un conocido que también tiene asuntos pendientes conmigo te acompañará para asegurarse que todo salga bien y vuelvan en una pieza.

— ¿Y cómo sé yo que van a tratarlo bien mientras no estoy? ¿Creen que estoy loco como para dejarlo bajo su poder?

— ¡Exacto! ¡Yo no quiero quedarme aquí!

— Chicos, chicos, cálmense. Piénsenlo como un acuerdo de negocios. Ustedes no confían en mí y yo no confío en ustedes, ¿de acuerdo? Por eso ponemos condiciones para asegurarnos que todo salga como queremos. Yo les pido mantenerte donde el pueblo pueda cuidar que no te escapas, ya que no tenemos comisaría (créeme, no quieres ver la única celda que tenemos y para qué tipo de gente la usamos) —dijo en dirección a Ryuu, quién tragó audiblemente—. Y en cuanto a ti —Miró a Naruto—, quiero saber qué hiciste un buen trabajo para ganarte el derecho a reclamar la libertad sin castigo de tu amigo. ¿No les parece razonable?

— ¿Y qué condiciones ponemos nosotros? —preguntó el rubio.

—No sé, ustedes díganme y lo charlamos. Aunque debo decir que me sorprende que no me hayan preguntado qué mala noticia tenía para darles.

— ¿Qué? ¿Ninguna de esas era la mala noticia? —cuestionó Ryuu, con los ojos abiertos como platos.

— ¡Obvio que no! Lo que les dije era todo parte de la buena noticia… Lo malo es que en realidad no sé con precisión cuánto tiempo va a tomar este trabajo que tengo para darte, Fiera, así que podrías estar de viaje por varios días.

— ¡¿Tengo que estar días aquí?!

—Incluso si decides entregarte a la guardia del Señor Feudal, Pichoncito, tendrías que esperarlos en la celda —El hombre se encogió de hombros—. Si lo piensas, estoy siendo generoso dejándote quedar aquí.

Naruto se inclinó hacia Ryuu y bloqueo su vista de Hermano Mayor con su brazo, tomándolo por el hombro y arrastrándolo a que tuvieran una conversación privada a espaldas del hombre, estando en la misma mesa.

—No hay manera de que te deje aquí solo tanto tiempo.

— ¿Qué podemos hacer? Ya escuchaste lo que dijo. Estoy condenado de cualquier forma.

— ¿Es obligatorio prestarle atención a lo que dice?

— Habla por un pueblo que lo apoya casi completamente, yo diría que sí… Oh. ¡OH! ¡Tengo una idea!

— ¿Cuál es?

— ¡Consigamos un aliado! Hay gente que no se lleva bien con… —Ambos niños asomaron la cabeza de su charla privada para ver que hacía el dueño del bar y notaron que estaba hablando con alguien más pidiéndole una bebida, así que volvieron a darle la espalda—, ya sabes quienes. Sé de un par de personas a las que escuche quejándose en secreto que quizás me tratarían mejor de lo que espero que lo hagan aquí.

Podemos utilizar a alguno de ellos como mi protector que se asegure que no me pase nada.

— ¿Sabes sus nombres?

— No, pero con el caos que armamos juntos deben de estar allá afuera esperando para enterarse de que sucedió aquí. Puedo señalar a alguno.

— ¿Y te parece bien quedarte días con un desconocido?

—Es eso o pasar vaya a saber cuántos días en la celda de la que hablaba él.

Naruto pensó por unos segundos, tratando de que se le ocurriera una mejor alternativa a la encrucijada en la que se encontraban, pero tenía la mente en blanco por lo que dio un suspiro largo agotado.

—Entonces, ¿tenemos un plan?

—El mejor que se me ocurre ahora mismo.

Ambos niños se sentaron apropiadamente en sus sillas de nuevo, enfrentando a Hermano Mayor que los esperaba relajado otra vez contra el respaldar de su silla y su brazo arrojado sobre y detrás de ésta, con una sonrisa despreocupada en su rostro.

— ¿Y bien? ¿Se pusieron de acuerdo, muchachos?

—Sí. Ya tenemos una condición —dijo Ryuu, a lo que el hombre movió la mano sobre la mesa y les mostró su palma abierta, invitándolos a que siguieran hablando—.

Queremos que yo pueda quedarme en la casa de quien yo elija, en vez de tener que estar aquí.

—Mmmm… No, no me gusta. No hay trato.

— ¡¿Qué?! —intervino Naruto— ¡No dijiste que podías decir que no!

— ¡Esto es una negociación! —dijo Hermano Mayor riéndose—. Por supuesto que puedo decir que no. Pero quiero hacerles una contraoferta: Pichoncito se queda aquí y una persona que ustedes elijan tiene total acceso a cualquier hora a comprobar que se encuentra bien —El hombre dejó que el silencio se asentara entre los tres mientras Naruto y Ryuu intentaban comunicarse con miradas—. ¿Qué me dicen?

Naruto frunció mucho las cejas e hizo que sus ojos fueran intensos para expresar lo que sentía respecto a la nueva oferta, pero Ryuu, por su parte, fruncía los labios y tenía los ojos abiertos por completo, no dejando de señalarle con ellos a Hermano Mayor, dejándole claro a Naruto que lo único que estaba seguro que ambos podían concluir era que tenían que trabajar en su comunicación sin palabras porque era imposible entenderse.

—Trato —dijo finalmente Ryuu, extendiendo su mano hacia Hermano Mayor, que gustoso la aceptó y sacudió con la suya, antes que Naruto, que se había quedado con la boca abierta, pudiera decir nada.

—Perfecto. Me alegro de que hayamos llegado a un acuerdo. Ahora si me siguen… —El dueño del lugar se puso de pie y espero a que ellos hicieran lo mismo, con Naruto siguiéndole la corriente a pesar de seguir impactado por la decisión de su amigo, antes de guiarlos hacia un par de hombres que estaban parados cerca charlando entre ellos.

—Pichoncito, estas personas te van a escoltar para que encuentres a tu cuidador personal y le expliques la situación —explicó, golpeando ligeramente con su mano el hombro de uno de ellos—. Tu amigo no irá contigo, sin embargo, ya que vendrá conmigo a la barra a conocer a su acompañante con el que viajará estos días. ¿Estamos de acuerdo?

—Por mí, bien —Tanto Ryuu como los hombres miraron a Naruto, como si estuvieran esperando que dijera algo.

—Y supongo que, por mí, también —Se resignó Naruto, a lo que su amigo le dio una sonrisa insegura y tímida, antes de ofrecerle el puño. El rubio lo miró, luego a su mano y después a él de nuevo, dudando por un momento, pero, como ya se había mentalizado con antelación, ofreció su propio puño y los chocaron por fin, causando que Naruto sonriera ligeramente por primera vez en el día.

—Todo va a estar bien, ya verás —Le aseguró Ryuu, antes de que los hombres lo guiaran hacia la puerta lateral por la que habían entrado, más una vez que estuvo de espaldas se volteó un segundo para verlo. En ese instante, se le notó como estaba serio, con ojos nerviosos y apretando los dientes, como si lo que dijo hubiera sido más para calmarse a sí mismo que a Naruto. Luego, volvió a mirar hacia adelante y salió por la puerta.

— ¿Vamos? —preguntó detrás suyo el dueño del bar, a lo que Naruto no dijo una palabra y se dirigió hacia la barra por delante de él. Cuando lo alcanzó, el hombre hizo una seña al encargado de los tragos y éste le pasó un vaso con una bebida color miel de la que Hermano Mayor tomó un par de tragos cortos, antes de exhalar, limpiarse la boca con el brazo y apuntar su dedo en una dirección—. ¿Ves a ese señor?

Naruto miró hacia donde le señalaron y se encontró con un viejo canoso de larga cabellera que le resultaba conocido, aunque no sabía de donde, que estaba sentado en el otro extremo de la barra charlando feliz con la gente a sus costados y tenía en sus manos un libro firmado que le entregó a la mujer a su izquierda, quien, notablemente agradecida y emocionada, se lo llevó al pecho y abrazó. Fue ahí que el viejo aprovechó la distracción de la señora y le dio una buena ojeada a su cuerpo, riéndose bajito para sí mismo.

—Ese es tu escolta para tu misión —completó el dueño del bar.

Oh genial, su compañero de viaje no era ni nada más ni nada menos que un viejo verde patético. Y así lo expresó en voz alta, incitando que Hermano Mayor se riera con una carcajada y el viejo los notara mirándolo.

— ¡Ese! —Naruto fue señalado por el hombre mayor—. ¡Ese es el mocoso de ayer que tiró mi bebida! —Bajándose de un salto de la banqueta y revelando su altura superior, se acercó a ambos haciendo crujir sus nudillos, provocando que el rubio se pusiera en alerta y subiera la guardia, a lo que Hermano Mayor intervino ubicándose entre los dos con los brazos extendidos para generar distancia—. Ustedes solucionaban las cosas con un huevo y un poco de tierra, ¿no? Quisiera pedir uno de la cocina y si lo mantienes a él por un momento, ya mismo voy a buscar un puñado del patio.

— ¡Quiero verte intentar tirarme algo, viejo pervertido!

— ¡Oh! ¡Encima es un calumniador! Olvida el huevo y la tierra. Yo le enseñaré como lidiamos con los mocosos de dónde vengo.

—Nadie va a enseñarle nada a nadie —dijo Hermano Mayor aun riéndose ligeramente—. Sabio de la Pluma, éste es Fiera. Fiera, éste es el Sabio de la Pluma, un autor famoso. Ustedes van a trabajar como compañeros así que les sugiero que se lleven bien por ahora. Después, cuando el trabajo esté completado, hagan lo que quieran. ¿Les parece?

—Pero-

— Y no me pidas a alguien más —interrumpió Hermano Mayor al Sabio de la Pluma con la palma de su mano hacia él—. Si quieres lo que buscas, te lo daré, pero bajo mis condiciones. Y para ti, lo mismo —dijo, en dirección a Naruto.

Ambos, niño y hombre, se cruzaron de brazos y miraron en direcciones opuestas, enfurruñados reprochando en voz baja, antes de hablar al mismo tiempo.

—Como quieras.

—Bien, lo que sea.

Hermano Mayor se tomó de las manos, dando un aplauso, y luego puso una mano en el hombro de cada uno, a pesar de las grandes diferencias de altura.

—Muy bien, así me gusta. Ahora, acompáñenme afuera que está todo listo para que partan.