Capítulo XXXIV: MADRE.


Desde que Skalion le había dado la noticia de su pronta unión con Apricot, el universo se detuvo para Nyu. Ni si quiera era consciente de su entorno que en ese instante poco le interesaba. Para ella, los segundos se habían convertido en minutos que transcurrían frente a sus ojos con agonizante lentitud. Sentía que el oxígeno que respiraba irregularmente por la ira que carcomía su interior, era poco e insuficiente, haciéndole sentir que se ahogaba en su propia sed porque Apricot estaba por arrebatarle lo único que le quedaba en ese maldito lugar. Aún no definía la manera en que la haría pagar por su traición, pero de lo que sí podía estar segura, es que acabaría con ella de una forma tan dolorosa, que rogaría porque la matase de un solo golpe.

La princesa avanzó con pasos firmes a través de los pasillos del palacio con la sola idea de aniquilar a la ex mujer de Tarble. Lo haría. Lo había decidido en cuanto Skalion le habló de los planes que ella tenía para unirse a él. No había nada en ese planeta que pudiese detenerla. La furia que se apoderó de su mente obnubilaba toda clase de raciocinio. Sus pies se movían en automático sin importarle quién se atravesara en su camino. En ese momento, no era consciente de la miradas furtivas de los sirvientes que la veían pasar mientras su cuerpo era preso de la locura más perturbadora de la que jamás había experimentado en toda su vida. Su cuerpo emitía pequeños destellos permitiendo que su ki se elevara al ritmo de sus ansias por eliminar a Apricot para siempre.

—¿¡Dónde está Apricot!? —cuestionó con escalofriante voz hacia las sirvientes que se hallaban en el ala de la ex princesa. Las jóvenes bajaron la mirada reverenciándola, aunque ninguna se atrevió a responderle inmediatamente. Nyu miró a las esclavas y sin pensarlo, se aproximó a una de ellas sujetándola del cuello de su vestido con rudeza —¡DÓNDE ESTÁ ESA MALDITA ZORRA! —gritó fuera de sí soltando a la muchacha que cayó al piso con golpe.

—Princesa, no lo sabemos. Por favor, no es nuestra culpa —rogó la más valiente acuclillándose al lado de la criada, que había sido arrojada al piso, para auxiliarla.

—¡Hablen! ¡o voy a aniquilar a cada una de las que se encuentran en este lugar! —gimió dejando que un flujo de energía se extendiera por su cuerpo rodeándola brevemente.

—Lo único que nos informaron es que lady Apricot fue trasladada, ya no vivirá más en esta ala —respondió la joven agachando la mirada —Ha sido enviada al ala común hasta que contraiga nupcias con… —las palabras quedaron en la boca de la criada, pues la princesa desapareció tan rápidamente como había llegado en cuanto escuchó el nuevo paradero de Apricot.

Maldita, mil veces maldita. Repetía una y otra vez en su mente la primera consorte que caminaba por el pasillo que llevaba a las habitaciones del ala común.

¿Cómo era posible que todo le saliera mal? Primero con Skalion, que se había largado de Vegitasei hacía muchos años atrás sin siquiera darle una explicación. En aquel momento lo había querido con locura, igual o más que ahora, pero con el paso de los años y su ausencia, pudo entonces fijar sus ojos en el único hombre, que con sola presencia, pudo borrar el rastro de dolor que su amor de juventud había dejado.

Desde entonces se trazó la meta de convertirse en la esposa de Vegeta IV, aunque sinceramente, el rey no fue la elección correcta. Quizá el monarca solo le había servido para brindarle un mejor estatus y permitirse los lujos que el título le otorgaba. Pero era eso solamente. Una compañera de apariencia. Ya todos sabían que solo llenaba esa posición por nombre, más no en la práctica. Vegeta despreció su compañía incontables veces, la había herido profundamente con su desinterés, y ahora que había recuperado a Skalion, el guerrero que sí correspondía a sus sentimientos, estaba a punto de perderlo. No lo permitiría.

Su ira estalló en su interior al ver a Apricot. La saiyana se encontraba acompañada de sus dos damas de compañía, así como de un par de hembras más que pertenecían a su círculo social.

—¡Tú! ¡miserable! —la voz de Nyu salió de su garganta en un aullido feroz que alertó a los espectadores de su presencia—pronunció aproximándose hasta quedar frente a ella.

—Esperaba tu visita, princesa Nyu —manifestó Apricot con mordaz ironía. Los ojos de esta observaron la apariencia de la primera consorte. Estaba descolocada, su energía era inestable y parecía que en cualquier momento se lanzaría sobre ella para arrancarle la cabeza.

—¡Estúpida¡ ¿¡cómo has sido capaz!? —gimió Nyu dando un paso más hacia su ahora mayor enemiga. Vio que los labios de aquella infeliz traidora se separaron para darle un respuesta, pero atajó cualquier intento de explicación al alzar la mano y golpearla con rudeza en la mejilla izquierda. Observó a la muchacha retroceder un par de pasos debido a su bofetada.

—¡Esa es la misma pregunta que me hice yo cuando me robaste el sitio en el que ahora estas! —expresó Apricot posando sus ojos furiosos en su antigua compañera, sujetándose el lado golpeado de su rostro que ardía.

—¿¡Es por eso que lo haces!? —cuestionó la princesa elevando su ki. No estaba dispuesta a dejar pasar la insolencia de esa mujer bajo ninguna circunstancia.

—¡Fui una de las candidatas a esposa del rey Vegeta, pero debido a que tú y tu familia se entrometieron usando influencias…! —gritó tensado su cuerpo lista para recibir cualquier ataque de parte de Nyu. Si ella quería batalla, eso iba a darle. Ambas eran guerreras y podían disputar sus diferencias en la arena de combate —...terminé unida a su hermano. ¡Ese imbécil al que le di todo de mí y ahora me desprecia! —habló dejando que una masa de energía rodeara su cuerpo —¡Así que si yo no puedo ser feliz, tú tampoco lo serás! ¡ni siquiera con tu amante! Skalion será mi esposo, te guste o no —respondió Apricot esquivando la patada que iba dirigida a su costado derecho.

—¡Te voy a matar, zorra! —respondió Nyu girándose para atacar nuevamente, pero fue sorprendida por un puñetazo en su abdomen que la hizo caer al piso. Sin esperar, se levantó nuevamente llevando su mano al sitio magullado que respondía con dolor punzante —Estas acabada Apricot. No va a quedar ni siquiera polvo de ti —añadió con la respiración agitada.

Los cuchicheos por parte de las damas no se hicieron esperar.

No puedo creer que sea tan descarada. ¿Cómo pudo traicionar de esa manera a su majestad? —murmuraban entre ellas. Sino lo hubiesen escuchado de la boca de la misma Apricot y Nyu, que aquello parecería un chisme. Uno de esos que solían salir de los labios de la servidumbre y que servían para entretenerlos durante sus largas jornadas de trabajo. Realmente la noticia descolocaría a cualquiera. Pero era solo la verdad, una que en cualquier momento llevaría a la ruina a la princesa que estaba actuando de esa forma tan improcedente e impropia de la mujer del soberano. Era una vergüenza para el reino y aún más para el mismo monarca. Los días de la primera consorte estaban contados, solamente era cuestión de que todo llegara a oídos de Vegeta IV.

—¡Silencio! —gritó la princesa haciendo que las femeninas la miraran desdeñosas. Pensaron en que ni siquiera valía la pena discutir con aquella inmoral mujer —Si cualquiera de ustedes se atreve a decirle algo al rey… —expresó mirando a cada una de las presentes. Notó cómo el ki del cuerpo de Apricot se desvaneció, y alzó su rostro soberbia sonriendo envanecida—…yo misma voy a…

—¿Qué es lo que harás? —las palabras que estaban por salir de su boca, quedaron atrapadas en su garganta al reconocer la voz a sus espaldas. Vio a las damas agachar su mirada al igual que Apricot, acompañando con una reverencia el gesto. Los vellos de su cuerpo se erizaron ante el pavor que recorrió cada una de sus células, y tuvo que apretar su cola para que no se soltase de su cintura debido al miedo que recorrió su espina dorsal.

Lentamente se giró. No quería ver a los ojos al dueño de aquella voz. No si él había escuchado lo que hablaba con aquellas mujeres. Tembló, interna y externamente. Tuvo que cerrar sus manos en puños para evitar que el espasmo que recorrió su cuerpo, la dejara al descubierto en el momento en que quedó cara a cara con el soberano. Tragó en seco cuando sus ojos se cruzaron con los obscuros del gobernante. Sintió que su corazón se paralizaría en ese mismo instante ante aquella mirada inquisidora.

—Majestad… —logró articular sosteniendo por unos segundos sus orbes en los del rey.

—¿Qué es lo que no debo saber? —interrogó él nuevamente con semblante impávido. El monarca, estaba acompañado de Zorn y Bardock, ambos se quedaron a unos pasos tras el rey, observando de la misma manera a la princesa que seguía sin dar respuesta alguna. Simplemente se limitó a descender la mirada, su mente en ese momento ni siquiera podía armar una mentira creíble.

—Si me lo permite, yo podría explicarle lo que sucede, majestad —expresó Apricot, quién dio un paso al frente para quedar al lado de Nyu. La princesa giró su cabeza para mirar a la mujer que estaba a punto de traicionarla. Si ella hablaba, firmaría su sentencia de muerte en ese mismo momento. Vegeta jamás le perdonaría el engaño y todo el planeta estaría de acuerdo en que merecía ser ejecutada.

—¡Cállate! ¿cómo te atreves a interrumpir nuestra conversación? ¡insolente! —bramó la primera consorte con el corazón acelerado. No podía permitir que la maldita arpía se saliera con la suya. Ella no la hundiría, antes de que eso sucediera la mataría.

—Perdóneme, majestad —contestó Apricot bajando la mirada ante el soberano, para luego fijar sus ojos en Nyu —Lo siento mucho, alteza —añadió emitiendo una sonrisa burlona hacia su enemiga —Solo deseo aclarar las dudas del rey Vegeta, ya que la princesa no puede hacerlo.

—¡Atrevida! ¡cómo osas expresarte de esa forma ante el rey y su esposa! —bramó Bardock al observar la desfachatez de la lady.

—Sabes que no puedes hablar ante su majestad sin que él haya dado su autorización —apoyó Zorn mirando con furia a la ex mujer del príncipe Tarble.

—Yo, no quise… —intentó decir, más detuvo su lengua al ver que el monarca alzó la mano silenciándola.

—Bardock —llamó al soldado que situó al lado del rey —Encárgate de resolver cualquier problema que aquí se esté dando —ordenó hastiado. Sabía que entre esas dos siempre había roces, pero no estaba de humor para tolerarlo.

—Eso haré, majestad.

El rey tomó su marcha hacia el salón del trono seguido de Zorn, donde minutos después accedió.

El Consejo, que había solicitado una asamblea de emergencia, murmuraba entre si hasta que vieron entrar al monarca para tomar posesión del trono. Guardaron silencio. Algunos realmente dimensionado con extremosidad lo que estaba pasando; por supuesto que la situación no era para tomársela a la ligera, por ello, otros esperaban intranquilos por la reacción del monarca cuando le dijesen lo que estaba ocurriendo. Todo estaba sucediendo demasiado rápido y la situación había ameritado una reunión inmediata con el soberano.

—Majestad —el Consejero delegado dio un paso al frente, seguido por el General Nappa, sulfurado con la situación. Se preguntaba seriamente a qué se estaban enfrentando. Si se trataría solamente de un grupo de bandidos que intentaban sacar algún provecho del planeta, o meramente de opositores al gobierno que buscaban desestabilizar la tranquilidad de los pobladores —Hay informes urgentes que debemos hacerle saber. Es de suma importancia que se actúe con prontitud —habló el saiyajin, mirando por un instante al mandatario que lo observaba fijamente.

—He leído el motivo de la solicitud de tu petición, junto al informe adjunto… —respondió Vegeta, recordando que hacía un poco menos de una hora, el Consejo había enviado la diligencia directamente a sus manos en donde requería su presencia para deliberar sobre los ataques foráneos, pero numerosos, que había estado sufriendo en las lejanías de la ciudad —…y lo que me sorprende —el monarca se puso de pie mirando severamente al Delegado —¡Es que sea hasta este momento que me informan sobre lo que está sucediendo!

—Creímos tener controlados a los saqueadores —respondió rápidamente el saiyajin, que rápidamente detuvo sus palabras al darse cuenta que no era la mejor respuesta que debía darle al rey.

—¿Creían? —una sonrisa baja resonó en la sala —¡Tú trabajo, y el de todos, no es creer! —alzó su voz mirando a todos los presentes.

—Majestad —Nappa tragó en seco cuando los ojos obscuros del saiyajin real se posaron en él —Ordené que las zonas francas del planeta fueran cubiertas por vigías. Los bandidos deberán caer en cualquier momento —explicó.

—¡Kakaroto! —la mano derecha del rey, que se encontraba tras él, se situó a su lado al ser llamado —Encárgate personalmente de atrapar a esos infelices, no importa si son saiyajin o forasteros, van a pagar por revelarse contra las leyes de mi reino —dispuso poniéndose de pie —Vamos, Zorn —con ello, salió de la sala seguido del comandante. No podía perder el tiempo hablando cuando lo que debía hacer, era actuar.

.

.

Al día siguiente en algún lado de los suburbios de Vegitasei…

—Así que ya haz comenzado el juego —la mujer que estaba tendida en la cama, se movió para quedar sobre espalda observando al guerrero de pie frente a la ventana de la habitación.

El saiyajin, se giró para ver a la hembra su lecho. Sus ojos se pasearon sobre su cuerpo desnudo, al que momentos atrás, acababa de hacer suyo. Okra, había sido la aliada perfecta para llevar acabo sus planes, por supuesto que ella había exigido obtener grandes beneficios una vez concretara sus planes, pero mientras eso sucedía, no iba a dejar pasar la oportunidad de divertirse con ella.

El hombre, caminó hasta el borde de la cama, en donde se inclinó para tomar del tobillo a la femenina que rió al ser halada de forma brusca hasta quedar frente a él.

—No va a quedar ni rastro de este gobierno, mucho menos de Vegeta IV, eso te lo puedo asegurar. Tomaré todo lo que mi padre no pudo tomar —respondió el saiyajin llevando una mano tras la cabeza de la mujer, de donde la sujetó firmemente del cabello para besarla con fiereza, a lo que ella correspondió sin pensarlo.

.

.

Los días pasaban. Los ataques que en un principio fueron llevados acabo en las lejanías de la ciudad principal de Vegitasei, donde el palacio se situaba en las tierras altas de ésta, se fueron intensificando.

Vegeta tuvo que ordenar al General de la Tropa de Choque Terrestre, que personalmente se hiciera cargo de frenar a los desleales que osaban desafiar intransigentemente las leyes. Los quería vivos. Deseaba ser él mismo quien se deshiciera de ellos ante los ojos de los pobladores, como una muestra de lo que podía pasarles si traicionaban sus mandatos.

Los ciudadanos conocían sus alcances. Desde que era un pequeño príncipe se había formado una reputación que hasta el día de ahora, era temida por cualquier ser en la galaxia que escuchase su nombre. Por ello, bajo cualquier método, y sin importarle lo que tuviera que hacer para detener los ataques que estaban causando los infieles, iba hacerles entender que mientras él fuese el rey, nada, ni nadie, podía desafiar las bases de las creencias saiyanas que habían dado lugar para erigir lo que ahora era Vegitasei.

Bardock ya le había informado que descubrió que algunos de los traidores que encabezaban las revueltas, se trataba nada más que de saiyajines. Seres de su misma raza que se atrevían a ir en contra sus propias normas y costumbres. Era por eso, que esa misma tarde les había mostrado a sus pobladores, que ningún forastero, y mucho menos los saiyajin, podían salirse con la suya. Tuvo que manifestar un poco de su poder, al eliminar al menos veinte sujetos en cuestión de segundos. El baño de sangre solo había sido un incentivo para que los detractores detuvieran sus atracos. Haría pagar a cada uno, y sobre todo, iba a dar con el cabecilla que seguramente estaba armando todo el plan de rebelión.

.

Era de noche. Todo lo que estaba ocurriendo en la actualidad lo mantenía completamente ocupado. Cualquiera que no estuviera en su lugar, quizá desearía ser el gobernante de Vegitasei. Siendo el monarca, tenía a disposición cualquier cosa que desease sin siquiera tener que mover un solo músculo. Pero no era tan sencillo como se podía pensar. Tener en sus manos el mandato de un imperio tan colosal, era una cuestión que también requería de una ocupación monumental. Por suerte, Vegeta IV fue criado desde niño para gobernar y enfrentar esos problemas, mismos que pasaron su padre, su abuelo y los anteriores reyes.

Desde el momento en que nació, había sido elegido como sucesor a la corona. Fue instruido para ello, para ser el mandatario que llevase a la gloria a su raza. Pero ni con toda la preparación que de la que gozaba, lo había predispuesto para lo que verdaderamente significaba ser el gobernante de uno de los reinos más poderoso del universo. Aún así, ser el rey de Vegitasei estaba en su linaje. Lo llevaba en la sangre.

Kakaroto y Brocco, que se hallaban custodiando el ala real, así como un par de soldados más, y dos ujieres que se hallaban a los costados de la entrada principal, se inclinaron ante la presencia del soberano. Manteniendo su cabeza inclinada, abrieron la puerta para darle acceso al monarca, el cual accedió al recinto en donde se encontraba lo más preciado que poseía.

Avanzó por el lugar con un único objetivo en mente, ver a su humana. Esa que se había adueñado de cada una de sus emociones. Sentimientos que en algún momento deseó soterrar. Porque esa clase de afecto siempre fue una emoción desconocida. Porque jamás lo había sentido. Porque seres de su naturaleza no estaban hechos para dejarse arrastrar por ese tipo de sensaciones, que en algún momento tuvo la convicción que de permitirse desarrollarlos, solo lo harían endeble. Por más que se negó a sentirlos, no pudo ser inevitable que se apoderaran de él, y poco a poco, descubrió que amar a una mujer, como la amaba a ella, no era un signo de debilidad, sino de fortaleza. Saber que había alguien por quien daría todo lo que poseía, incluso su propia vida, era algo que estaba fuera de todo límite. No había nada que no hiciera por ella, no había nada que le negaría. La terrícola lo había hecho descubrir un lado de él que desconocía por completo.

Cuando accedió a su alcoba al interior de su cámara privada, sus ojos se desviaron automáticamente hacia la cápsula que estaba situada a solo unos metros de su cama. Ahí se encontraba ella. Tan serena, apacible. Ajena a cualquier peligro exterior. Sin pensarlo, Vegeta sonrió al fijar sus orbes obscuros en el rostro de la joven. El cabello turquesa de la científica hondeaba en el agua, acariciando de vez en cuando, delicadamente la piel de sus mejillas.

Bulma, no solo era su compañera, o la madre de sus hijos, también era una mujer a la que admiraba. A pesar de todo lo que ella tuvo en contra desde que su raza purgó su planeta, supo cómo lidiar con las adversidades. No solo su destacada belleza la hacía sobresalir por entre las demás hembras, sino su inteligencia, que podía asegurar certeramente que pocas poseían tal cualidad.

Bajó su escudriño al vientre agrandado de la muchacha. Ansiaba el momento en que ella pudiera parir a sus hijos. De ser ambos varones, ella se convertiría en su reina. No faltaba demasiado para que la gestación llegara a término, por lo que mañana, enviaría una invitación para reunir al Consejo Real, a la Familia Imperial, y a los saiyajin de alta cuna que representaban a cada familia importante de la Ciudad Principal. Les daría a conocer de una vez por todas que su esposa daría a luz a gemelos.

.

.

Eran alrededor de las diez de la mañana del día siguiente. A primeras horas, a cada miembro importante se le había hecho llegar una invitación donde claramente se manifestaba una junta de carácter urgente.

—¿Qué es eso tan importante que debe decir su majestad como para haber organizado esta reunión tan apresurada? —preguntó Apricot, que se encontraba junto a Skalion. La joven, se había sorprendido grandemente al ver a toda la nobleza saiyajin hacerse presente en el salón del trono, donde habían sido citados expresamente.

—No deberías ser tan curiosa —respondió el guerrero sin mirar a la hembra a su lado. Su compromiso había sido anunciado oficialmente, tan solo un par de días después de que el rey le informara sobre su decisión de haberlo elegido como la próxima pareja de la ex mujer del príncipe Tarble. Era por ello que ante los ojos de la sociedad, debían aparecerse juntos en la reunión.

—¡Oh cállate! No me digas que a ti no te intriga saber el motivo de tan… —la femenina apartó la mirada de su prometido, para observar a los saiyajin de clase alta que se paseaban por el lugar hablando entre ellos, mientras esperaban la llegada del monarca —…fastuosa recepción —expresó volviendo su atención al hombre a su lado —¿O es qué acaso tú ya lo sabes?

—No —contestó él, moviendo su mirada hasta Apricot —Y aunque lo supiera, no te lo diría —finalizó satisfecho al ver que la saiyana rodó los ojos con hastío ante su respuesta.

/

—¡Prostituta barata! —bufó Nyu, que no había podido quitarle los ojos de encima a Apricot, desde que había aparecido en el salón junto a Skalion.

—¿Sucede algo, princesa? —cuestionó Cilantria, que acompañaba a la primera consorte para asistirla en todo momento.

—No sabes cuánto la odio —gruñó sintiendo la rabia casi dominar sus sentidos. De no ser por la presencia de todos los que habían atendido el llamado del rey, que no dudaría ni un segundo en aniquilar a aquella infeliz que estaba disfrutando el estar al lado de Skalion, mientras ella tenía que fingir desinterés en el soldado y en lo que significaba que pronto estaría legalmente unido a otra mujer por decisión del soberano —No sé a cuál de las dos odio más, si a la zorra terrícola, o a esa escoria que pretende quitarme a mi hombre—pronunció en voz baja para que solo su sirvienta la escuchase.

Cilantria, posó sus ojos en la hembra de la que su señora hablaba. Realmente aquella femenina no tenía decoro. Fue nada más y nada menos, que la esposa del príncipe menor, el cuál la convirtió en princesa al unirse a ella. Pero ahora que el joven se había encargado de dejar su reputación por los suelos al tacharla de infiel y rechazar a la hija que esta le había dado, ella se conformaba con pasar a ser la mujer de un simple soldado que la mayor parte de su vida, se crío fuera de Vegitasei.

La reputación de Apricot estaba en boca de todos. Había escuchado que para la familia de ésta, la que una vez fue candidata para ser esposa del entonces príncipe Vegeta, ahora solo les había traído vergüenza y rechazo.

—Verdaderamente lady Apricot es digna de sentir… —Cilantria torció sus labios buscando la palabra adecuada —…lástima —respondió la femenina desviando su vista hacia Nyu, que frunció la cejas ante el comentario de su esclava.

—¿¡A qué te refieres!?

—Verá, mi princesa. He escuchado que la familia de Apricot la ha expulsado de su núcleo. No quieren saber nada de ella o de la hija que está en duda de ser descendiente del príncipe Tarble —contestó sinceramente —A pesar de eso, lo tiene bien merecido. Siempre ha sido un estorbo en sus planes —añadió.

—Desde que era mi compañera de escuadrón se ha interpuesto en mis planes, así que te prohíbo siquiera sentir pena por esa maldita —expresó la primera consorte volviendo su atención a su rival. No iba a permitir bajo ninguna circunstancia que la unión entre esa arpía y Skalion se llevara a cabo.

/

Desde el otro lado del salón, la mirada inquisidora del príncipe Tarble se paseó por los invitados a la reunión. Se sintió fuera de lugar. No importa que su título fuese el segundo más importante de Vegitasei, nunca se le informaba nada, ni se le hacía participe de decisiones importantes. Era como sino fuese parte de la dinastía real. Vegeta no tomaba en cuenta ni una sola de sus opiniones, tampoco le informaba demasiado con respecto a la gobernanza del planeta. Por ello lo odiaba tanto. Por desplazarlo, por sentirse superior.

Su padre, el fallecido rey Vegeta III, siempre tuvo consideraciones para si, aún sabiendo que él no poseía un poder alto. Pero el actual monarca, simplemente lo había relegado a ser casi un inútil que no estaba preparado siquiera para ser parte de su Consejo.

—Alteza —Broly, lo llamó aproximándose a él, momentos atrás, lo había enviado fuera del salón para que le avisase sobre la llegada de su hermano mayor.

—¿Él está aquí? —cuestionó girándose para ver al soldado asentir.

—Está llegando —dijo el guerrero al momento en que según Tarble, los perros de su hermano mayor entraron para situarse a los lados de la puerta para esperar su ingreso.

—¡Atención! ¡El rey Vegeta IV está aquí! —dijo uno de los soldados parte de la comitiva del mandatario.

Vegeta cruzó el umbral de la enorme puerta del salón, seguido de Zorn, Kakaroto, Bardock y Brocco. Todos, inclusive Tarble, aún muy en contra de querer hacerlo, guardaron silencio y se inclinaron ante el soberano.

Cada vez que el príncipe agacha a la cabeza frente al rey, sentía su sangre hervir hasta el punto de ebullición. Reverenciarlo, solo le recordaba el hecho de que Vegeta estaba que estaba muy por encima suyo, y que él, toda su vida sería un súbdito que debía obedecer sus órdenes. No quería eso, no lo aceptó nunca, ni siquiera cuando su fallecido padre vivió recordándole constantemente lo fuerte que se estaba volviendo su hermano mayor a medida que transcurrían los años. Un logro que para él nunca fue posible, ya sea por la maldición de haber nacido débil, o porque era el segundo en la sucesión y jamás pudo aspirar a ser el heredero a la corona. Vegeta IV siempre lo superó, y eso era algo que no iba a perdonarle nunca.

El príncipe, vio a su hermano avanzar hasta subir el pedestal y sentarse en el trono. Apretó sus puños conteniendo su ira, descendiendo su mirada hasta el piso —Algún día me pagarás cada una de tus humillaciones, hermano —pensó posando su mirada nuevamente hacia él —Espero que tenga algo bueno para decir —susurró enseguida hacia Broly, que tampoco había asistido con agrado a la reunión. El soldado, observó al gobernante, sintiendo odio profundo. Verlo ahí, sentado en el trono, tan altivo y poderoso, solo lo hacía sentirse más miserable. No porque deseaba su grandeza o poderío, sino porque él poseía lo único que deseaba más que a su propia vida, a Bulma.

—Majestad —habló un miembro del Consejo, les había parecido tan apresurada la convocatoria a la reunión, que realmente pensaban que algo muy malo debía estar sucediendo en el planeta.

—Habla —ordenó Zorn al sujeto situado al pie del pedestal que elevaba el sitial, después de obtener el asentimiento del monarca.

—Estamos muy preocupados, por favor díganos que sucede —expuso con voz intranquila. El rey, desvió la atención del miembro del Consejo, para observar a los presentes, que esperaban inquietos lo que tenía para decir.

—El motivo por el que los cité esta mañana, es para informarles sobre el estado de lady Bulma —comenzó a decir. El salón que se encontraba en silencio, se volvió un cúmulo de susurros que resonaban en el lugar —Como es de su conocimiento … —continuó, por lo que los presentes guardaron silencio una vez más —…mi segunda consorte le ha dado al imperio a tres príncipes y una princesa. Y pronto dará a luz una vez más.

—¡Qué! ¿¡para hablarnos de esa ramera nos citó aquí!? —musitó Nyu con voz indignada, desde una de las esquinas del sitio, siendo escuchada solamente por su criada .

—Debe ser algo importante —contestó en el mismo tono bajo Cilantria.

—Nada que tenga que ver con esa mujer es importante —declaró la saiyana con el entrecejo fruncido. Estaba harta de las consideraciones con las que su marido trataba a la humana —¡Ojalá y se muera en el parto!

—Por favor princesa, alguien puede oírla —respondió Cilantria observando a su alrededor, verificando que nadie estuviese lo suficientemente cerca para escucharlas.

—¡No me importa! ¡me largo de aquí! —Nyu se dio la vuelta para dirigirse hacia la puerta. Estar en ese lugar escuchando a Vegeta hablar de su corriente terrícola, era todo menos agradable.

—Ahora ella no solo me dará un hijo más, sino dos. Dentro de pocos días, Bulma parirá gemelos, y como indica la ley, si son dos varones más, ella se convertirá en la reina del imperio saiyajin —todos se quedaron paralizados al escuchar las palabras del soberano.

La princesa, detuvo sus pasos a la vez que desenroscó la cola de su cintura. No podía creer lo que acababa de escuchar.

Se giró lentamente para ver al rey. Su rostro estaba sereno, tranquilo. Sin rastro alguno de que aquello fuese una mentira. Nyu, negó meciendo sutilmente su cabeza. No quería creerlo ¡no podía! ¿cómo es que ella estaba viviendo esa pesadilla? Porque de eso trataba, de un maldito delirio. Quizá su mente le estaba jugando una repugnante broma ¿acaso se estaría volviendo loca?

—¿Alteza? —la voz de Cilantria la hizo reaccionar, y hasta entonces pudo notar el murmullo de los presentes.

—¿Cómo puede ser eso posible? —preguntó uno de los nobles.

—¿Gemelos? ¿La humana dará a luz a dos cachorros? —preguntó otro saiyajin incrédulo.

—La ley saiyajin hecha durante el tiempo del Viejo Rey está vigente y es clara. Si una de las esposas del rey le pare cinco hijos y él decide elevarla al estatus de reina, el Consejo de Ancianos y Maestros debe aprobarlo —expresó contundente Shitsuji, el mayordomo del rey, y uno de los saiyajines más versados en las leyes del planeta.

—¡Pero majestad! —exclamó uno de los Ancianos del Consejo —No es que pongamos en duda su palabra… —comenzó a hablar dando un paso al frente para sobresalir de entre los demás. Vegeta, hizo un ademán hacia Zorn. Sabía que no sería fácil convencer a todos esos ineptos puristas —…es solo que, se nos hace muy difícil de creer tal acontecimiento. No es habitual que las mujeres de nuestra raza den a luz a dos críos a la vez, son casos muy remotos, y para una humana, sería imposible… —continuó el hombre intentando buscar una explicación —Moriría de ser así.

—Ciertamente se han dado algunos casos en mujeres saiyanas —expresó uno de los miembros progresistas del Consejo, que estaba a favor de la mixtura de razas —¿Tenemos a la princesa Nyu, no es cierto? Turles es su hermano gemelo —añadió virando sus ojos por un momento hacia la primera consorte, que no salía de su estupefacción al saber que la humana le había ganado la carrera por la corona al reinado. Nyu estaba totalmente petrificada. Sumida en un shock súbito que ni siquiera le permitía huir de aquel lugar.

—Pero ahora estamos hablando de una terrícola, que anteriormente ya tuvo problemas al parir a todos los príncipes —contradijo otro sujeto.

—¡Eso es cierto! —aseguró un segundo saiyan en apoyo.

—No hagan aseveraciones que no conocen bien —interrumpió Shitsuji —Lady Bulma solo tuvo problemas dando a luz al príncipe Vegeta y la princesa Bra. En el caso del príncipe Trunks, solo la dejó exhausta por ser primeriza, y sobre el príncipe Baserk, sabemos que fue el mejor de sus partos.

—Es extraño —alegó Tarble mordaz, sin salir de su asombro —Es muy raro ver gemelos en Vegitasei, actualmente en este planeta solo conocemos el caso gemelar de Nyu y Turles, y ya pasaron 35 años desde eso.

—Lady Bulma dará dos hijos del rey, y puedo brindarles todas las pruebas necesarias para que se convenzan de ello —manifestó Nion, que en ese momento accedió al recinto por orden del monarca. Tras ella, caminaba la médica encargada del estado gestante de la peliazul. Zorn las había llamado segundos atrás.

—¡Pero es una débil humana! —se escuchó el reproche de un individuo al fondo.

—¡CIERRA LA BOCA! —la voz del mandatario, silencio a todo aquel presente en la habitación —¡No admito una sola falta de respeto hacia mi esposa! ¡ella lleva en su vientre a dos de mis descendientes, y no me interesa si lo creen o no! —rugió harto de tanta palabrería estúpida que salía de aquellos viejos buenos para nada.

—Su majestad tiene toda la razón —acordó Nion —Parece que para convencer a los señores nobles miembros del Consejo, es necesario recurrir a la ciencia —declaró la científica de cabello añil alzando la voz. Imaginó que los puristas no aceptarían la noticia y buscarían por todos los medios encontrar algo qué enjuiciar. Además, no podían permitir que esas sospechas fueran instaladas en aquellos que se mostraban a favor de la mixtura de razas y que por ende, estaban de acuerdo con que una hembra que no fuera de su raza se convirtiera en su reina.

—La científica Nion y yo, nos hemos encargado de brindarle todo el apoyo posible a lady Bulma, para que ella, ni los fetos, mueran antes de que pueda parir —intervino la médica. La femenina llevaba en sus manos varias carpetas que contenían el informe sobre la evolución del estado gestante de la segunda consorte. Desde el inicio de su embarazo, hasta la descripción precisa sobre sus avances obtenidos dentro de la novedosa cápsula nutrimental que se había creado especialmente para cubrir las demandas que su embarazo exigía —Esto que ven aquí señores… —continuó Vetch tomando uno de los folios para alzarlo sobre su cabeza, agitándolo ligeramente —…es la prueba efectiva de que todo lo que se ha dicho aquí es la verdad. Cualquiera de sus doctores o científicos puede verificar la información que contienen estos documentos.

—Aunque así fuera ¡la segunda consorte morirá en el intento! —bramó otro purista, preso de la ira de tan solo imaginar que esa mujer pudiese darle al rey más críos híbridos ¡mestizos que solo serían la vergüenza de su raza! —Además, ¿cómo sabremos con certeza que ella parirá dos varones? —aseveró fijando su mirada intimidatoria en la doctora. Ni él, ni ningún otro saiyajin que respetara sus raíces y costumbres, iba a aceptar que una foránea intrusa fuera elevada a un cargo que solo le pertenecía a una verdadera hembra saiyana ¡era tan deshonroso y humillante!

—¿Y quién nos asegura que es la reina que Vegitasei necesita? —esta vez, fue Tarble quien intervino ¿su hermano se había vuelto loco? ¿cómo era posible que enfrentara a toda la clase alta del planeta por una mujer tan inferior? Era absurdo siquiera pensar que esa ordinaria terrícola fuese ascendida a tan importante categoría.

—¡BASTA! —la voz del soberano atravesó el salón como un potente rayo. Ni su hermano, ni los puristas, ni nadie en absoluto, iban a evitar que sus planes se llevaran acabo. Vegeta se levantó del trono, observando a la concurrencia que calló ante su presencia. Había estado conteniéndose por no mandar al infierno a todo aquel que se opusiera a su decisión. Era su pueblo, tenían derecho de expresar sus preocupaciones o contrariedades, pero no iba a permitirles una osadía como la que estaba presenciando. Nadie podía oponerse a que Bulma ocupara el sitio que le correspondía por ley, y que él deseaba otorgarle —Es de conocimiento público que la compañera que el Consejo eligió para mi es estéril —algunas de las miradas curiosas se dirigieron con reserva hacia Nyu, otros, se limitaron a desviar su vista hacia algún punto en el piso —He tomado a lady Bulma como esposa, y ella, aún siendo terrícola le ha dado al imperio descendientes poderosos, mucho más que los cachorros puros de clase alta —dijo firmemente bajando los escalones del pedestal, seguido de Zorn, Kakaroto, Bardock y Brocco —Por ello, todo dependerá del destino si ella será reina o no.

—¡La reunión ha finalizado! —anunció Zorn cuando el monarca atravesó el umbral del salón del trono.

—¡Lo que me faltaba! Esa basura ahora tendrá más hijos —bramó la princesa saliendo hasta el pasillo, viendo a su marido alejarse con sus escoltas tras él. Sin esperar, tomó el camino contrario para ir directamente hasta su habitación en su ala privada.

—¡Te odio! ¡arruinaste mi vida, maldita humana! —gritó la saiyana fuera de si entrando a su recámara. A su paso, empujó la mesa del recibidor tirando el jarrón que estaba sobre este.

—Princesa, por favor… —intentó calmarla Cilantria. Temía que cualquier pudiera escucharla y llegara a oídos del gobernante.

—¡Me han humillado de todas las formas posibles! ¡Apricot, esa infeliz de Bulma y además Vegeta! —chilló sintiendo que las lágrimas hicieron arder sus ojos.

Nunca había sido una mujer de carácter exánime. Pero la revelación de la que acababa de enterarse la había superado. Jamás imaginó que algo así pudiera suceder. Si aquella mujerzuela daba a luz a dos varones, era su fin. Perdería el apoyo y el favoritismo de los puristas ¡su posición como princesa estaría relegada ante el título de reina que la humana obtendría!

—Alteza…

—¿Lo escuchaste Cilantria? ¡Vegeta me dejó en ridículo ante todos! —gimió reprimiéndose —¡Te juro que los dos me la van a pagar muy caro! —finalizó alzando su mano derecha, para limpiar la única lágrima que bajó por su mejilla.

.

.

La reunión que se había llevado acabo dos días atrás, en donde se anunció el estado gestante de la segunda consorte y los cambios que habrían si ella paría dos varones, no solo había servido para redundar en el criterio en que se basaban los puristas sobre la mixtura de razas, sino que también, del intercambio de palabras que habían tenido lugar durante la discusión, surgieron algunas interrogantes. Y otras más, luego de haber mantenido una conversación privada con su suegro, el doctor Briefs.

El científico le había revelado más tarde, ese mismo día, que en el estudio de ADN realizado a sí mismo y a Bulma, no existía antecedente gemelar en ninguna de las generaciones pasadas de los Briefs, o de su difunta esposa. Vegeta le había pedido que hiciera esa investigación de forma secreta, luego de las dudas que se sembraron en él durante dicha reunión con los miembros del Consejo. Descubriendo entonces que esos gemelos venían por parte de la herencia genética de los reyes Vegeta, y precisamente eso era lo más extraño, ya que no recordaba ningún caso gemelar por parte de las reinas, consortes, concubinas, esclavas o amantes de los antiguos monarcas. Eso hubiese sido un acontecimiento memorable dentro de la sociedad saiyana, y claramente hubiera estado escrito en la base de datos histórica, o en los antiguos libros. Por lo que para resolver de una vez por todas esas incógnitas, debía hablar con Shitsuji. El saiyajin que había servido a la familia real durante tanto tiempo y que seguramente, estaba enterado de cosas que él desconocía.

La puerta del estudio privado del rey, se abrió para dar paso al mayordomo real, que entró a la habitación alrededor de las diez de la mañana.

—Majestad —saludó Shitsuji, aproximándose al fondo de la estancia donde se hallaba el monarca sentado tras el escritorio —¿En qué puedo servirle?

—Anciano —pronunció Vegeta poniéndose de pie sin apartar la vista del saiyajin mayor —Necesito que investigues en la base de datos general de los saiyajin, en qué familias se han dado los casos de preñez gemelar.

—¿Embarazos gemelares? —preguntó el hombre un tanto extrañado por la orden del soberano.

—Me interesa saber exactamente de qué familia dentro del círculo de los reyes Vegeta, por el lado materno, han descendido nuestros niños gemelos —dijo convencido de que era la mejor forma para llegar al fondo de todo —De igual manera revisa los libros antiguos. No quiero que omitas ningún dato que tenga que ver con estos casos.

—Como ordene, majestad ¿hay algo más a lo que debo prestar mayor atención? —cuestionó intentado obtener más información que le fuera de utilidad. Por supuesto que como cualquier sirviente, debía acatar la orden sin requerir motivos o mayores explicaciones. Pero si el monarca estaba solicitándole realizar tales indagaciones, es porque algo tenía en mente. Vegeta era demasiado inteligente, no actuaba deliberadamente y por lo que acababa de pedirle, estaba comenzando intuir la verdadera razón de su pedido.

—No —respondió, sabiendo que dentro de esas familias se hallaba la de su primera consorte. Lo habían mencionado en la reunión con el Consejo de Ancianos y Maestros. Ella tenía como hermano gemelo a Turles. Pero ese linaje nada tenía que ver con su estirpe real. Y lo que en ese momento necesitaba entender, era de dónde provino su particularidad para engendrar a Bulma con dos críos a la vez. Porque debía estar en su sangre, ya que sabía por Briefs, pues anteriormente se ocupó de hablar con él, que ella y sus parientes terrícolas no eran los responsables de poseer esa característica —Nada de lo que está sucediendo es al azar —añadió.

Antes ya se había dado la gran incertidumbre del por qué la hija de Tarble nació con el rasgo tan singular de su cabello añil. El príncipe inclusive había desconocido como suya a la chiquilla, pues la particularidad no era una mutación inusual. La única que poseía la misma similitud era Nion. Pero ella no compartía ningún parentesco con su medio hermano menor.

—¿A qué se refiere, rey Vegeta? —Shitsuji tuvo que tragar lentamente al darse cuenta de la dirección que estaba tomando el monarca.

—He llegado a pensar muchas cosas, pero aún necesito confirmarlas —dijo rodeando su escritorio para ponerse frente a él —Sé que si le pregunto directamente no dirá absolutamente nada. Por eso necesito estar seguro antes de confrontarla ¿Tú qué sabes sobre el pasado de mi tía Nion? —interrogó.

—Bueno, majestad —el mayordomo apenas y pudo controlarse para que su voz saliera lo más neutral posible, al recordar los días de desasosiego que había vivido junto a la científica de cabello añil —La historia de lady Nion no es algo que todos conozcan.

—Habla entonces. Sin omitir absolutamente nada —expresó seriamente, recargando su cadera al filo del escritorio y cruzando sus brazos frente a su pecho, dispuesto a escuchar todo lo que el saiyajin tenía para decir.

—Verá —habló el saiyajin mayor procurando que todo lo que estaba apunto de decir, no revelara demasiado, como para ser él quien descubriera el secreto que tan recelosamente Nion había guardado, pero tan poco, como para no aclarar las dudas que rondaban la mente del gobernante —Es muy cierto que lady Nion fue criada como una de las hijas del poderoso sabio miembro del Consejo, en el tiempo que el rey Vegeta II gobernaba… —el anciano bajó la mirada al darse cuenta, que hacía demasiados años que no hablaba de lo que en aquel momento ocurrió —…pero ella no era su hija biológica —hubo silencio. El monarca arrugó el entrecejo manteniendo su postura ¿¡qué demonios estaba diciéndole ese anciano!?

—¿Quién era su verdadera familia? —preguntó taciturno. Siempre intuyó que había más sobre la vida de la saiyana que se desconocía.

—Ellos provenían de familias nobles de la más prestigiosa esfera. Ambos eran de clase alta, pero no quisieron dedicarse a la guerra, sino a la ciencia —declaró recordándolos —Gracias a sus adelantos científicos, el viejo rey vivió una época de mucha prosperidad. Contribuyeron con grandes avances en materia militar y arquitectónica. Incluso fueron los padres de lady Nion quienes diseñaron y construyeron este castillo, el domo del Consejo de Sabios, y otras grandes estructuras —añadió alzando el rostro para observar la estructura del techo que se elevaba sobre ellos —El rey Vegeta III me contó que cuando ellos murieron, su padre y la reina Tekka quedaron muy abatidos —finalizó descendiendo su mirada.

—¿Qué fue lo que les sucedió?

—Murieron durante la guerra de conquista del rey Vegeta II. Él les tenía una estima especial, por eso le pidió al sabio del Consejo que cuidara de Nion, que apenas tenía cuatro años de edad —explicó el mayordomo con total sinceridad.

—¿Qué más sabes de ella? —la pregunta no tomó por sorpresa al anciano. Vegeta IV no se conformaría con saber solamente sobre el origen de Nion. Lo podía notar en su postura. Él indagaría hasta llegar a la respuesta que seguramente estaba buscando, pero que él, no debía confesarle con todas sus letras. No le correspondía. Pero sí podía encaminarlo por la senda correcta para que pudiese descubrir lo que verdaderamente estaba buscando.

—Sé que, no solo ella, sino varios miembros de esa familia, tenían como mutación su particular cabello añil. Era una característica difícil de pasar por alto.

—Muy bien —manifestó Vegeta sin permitirse mostrar reacción alguna ante las palabras de su mayordomo —Cumple mi orden de empezar la investigación, y hazme saber cuando tengas la información completa —manifestó mirando al anciano salir del recinto.

Se quedó un momento de pie junto al escritorio. Desde que era un chiquillo, ciertas cosas que en su momento no comprendía, pero que naturalmente notaba, fueron tomando forma conforme el tiempo pasaba. Sabía que la naturaleza general tanto de hombres, como de mujeres saiyajin, era todo menos afectuoso. Y estaba bien visto. Ser de carácter férreo era parte de su idiosincrasia. Era innato. Aunque, el desinterés y desapego de la reina Seed hacia él, en contraste a la manera en que su tía siempre lo trató, era totalmente discordante. Por ello, debía estar seguro ante la duda real que rondaba en su cabeza, y que el relato de Shitsuji, solamente la había reforzado.

.

.

Una semana después…

Shitsuji no había descansado desde que el monarca le pidió investigar todo rastro sobre los antecedentes de embarazos gemelares que habían existido a lo largo de la historia de Vegitasei. Había revisado cada uno de los cientos de libros existentes en la biblioteca de archivos del reino.

Una corriente eléctrica lo había atravesado como fuego ardiente cuando el rey le habló de las consistentes dudas que tenía sobre Nion, y lo casi seguro que estaba, sobre su relación directa de consanguinidad con la femenina.

Por supuesto que no le había asombrado en absoluto el hecho de que Vegeta lo haya deducido por sí mismo. El soberano era demasiado perspicaz como para obviar todas las señales que le podían afirmar que Nion era su verdadera madre. Lo que sí le inquietaba era el no saber qué sucedería una vez todos lo supieran, en caso de que el gobernante decidiera hacerlo público.

Por su parte, solo le había quedado obedecer, y callar el resto de la verdad al hablarle sobre la herencia genética que llevaba en la sangre la familia biológica de lady Nion. Además de la mutación que los hacía poseer la característica tan particular de nacer con su cabello añil.

Sinceramente no le concernía aclarar las sospechas del monarca. No porque no quisiera, o no pudiera. Sino más bien, porque no debía. Hacía décadas atrás, le había hecho una promesa a la científica saiyana, cuando esta era aún la concubina del fallecido Vegeta III. Desde luego que su lealtad siempre había sido para el entonces soberano. Su familia había servido siempre con fidelidad devota a la dinastía real de Vegitasei. Pero se vio obligado a enmudecer cuando Nion, lo amenazó con ventilar su más grande secreto. Él también tenía una verdad oculta que no deseaba desvelar. Por lo que muy en contra de sus deseos, tuvo que ser cómplice del engaño en la que no solo se vio envuelta lady Nion, sino también su hermana de crianza, la reina Seed.

—Majestad —dijo inclinándose ante el monarca. Shitsuji llevaba en sus manos, una carpeta de color gris, la cual contenía el resumen de la información que había recolectado de los archivos del imperio. Tal como el gobernante se lo había ordenado —La investigación ha finalizado.

—¿Qué descubriste? —preguntó directamente Vegeta. Al parecer, hacía un par de días que concluyó con la investigación, pero en ese momento habían demasiadas cosas por resolver en el imperio, que postergó su necesidad de enterarse de la verdad. Los ojos negros del saiyajin real, se posaron en el mayordomo, que se irguió para mostrar el documento en sus manos. Para ese punto, realmente no sabía con certeza, si quería comprobar lo que siempre había pensado.

—Tengo en mis manos el resultado —manifestó el saiyajin mayor aproximándose hacia el sofá, donde se hallaba sentado el monarca, dentro de su alcoba real —De cuerdo a su petición, revisé exhaustivamente los libros antiguos y la base de datos saiyajin. Estos proporcionaron los siguientes datos —dijo abriendo la carpeta en sus manos —Así como se mencionó en el Consejo y que es de conocimiento público, la familia noble perteneciente a la primera consorte solo ha presentado un caso gemelar, producto de ello, la princesa Nyu y el soldado Turles. Otro caso fue el de la familia de la reina Maple, la segunda esposa del rey Viejo Rey, Vegeta II, pero como sabe, ella no tenía relación sanguínea con la familia real, y todos sus hijos murieron.

—Eso ya lo sé —dijo Vegeta —Prosigue.

—También se dio un caso gemelar en la familia de una concubina que tuvo el rey Vegeta I, cuyos descendientes llegan hasta los soldados Onion y Pumkin, con la cual jamás se tuvo contacto ni descendencia real —Y finalmente está… —pausó por un segundo, dudando de las palabras que diría a continuación —…la familia biológica de lady Nion —el soberano que había desviado su vista mientras escuchaba la lectura de los resultados, volvió a fijar sus ojos obscuros en Shitsuji — Según los reportes, en la familia biológica de lady Nion, hubo un caso de preñez gemelar —confesó observando con cuidado la reacción del soberano, aunque no notó perturbación alguna en su semblante, por lo que continuó —Su bisabuelo era gemelo. Uno murió en batalla, y el otro tuvo como descendiente al abuelo de lady Nion, todos ellos eran científicos.

—Así que —habló Vegeta con expresión seria —No hubo registro provenientes de la familia de la reina Seed.

—En absoluto, majestad —para ese momento, Shitsuji entendió que el monarca ya había sacado sus propia conclusiones —En su familia no existe tal acontecimiento.

—Buen trabajo —dijo pensando claramente en lo que tenía que hacer —Dile a Briefs que en media hora lo espero en mi despacho privado, tú presencia también será requerida —manifestó.

El mayordomo salió de la alcoba real, dispuesto a cumplir con su pedido. Solo esperaba que todo lo que estaba ocurriendo, fuese algo favorable para la científica saiyana. Nion se lo merecía. Había sacrificado demasiado al haberle entregado su cachorro a Seed. Y aunque había sido un acto más de gratitud y retribución hacia su padre adoptivo, ya que él mismo fue quien le pidió renunciar a su propio hijo, la había visto sufrir en demasía durante muchos años.

Una vez solo, el saiyajin real se puso de pie. Hacía tanto tiempo que había postergado algo que probablemente en el interior, ya presentía. Y ahora, deseaba saber el motivo por el cuál se le fue impuesta a la reina Seed como madre. Necesitaba llegar al fondo de todo, y conocer la verdad de la boca de su auténtica progenitora.

.

Tiempo más tarde, se encontraba en el despacho real. Si todo salía de acuerdo a como lo había planeado, obtendría la respuesta definitiva esa misma noche.

—Rey Vegeta —pronunció el Dr. Briefs al acceder a la habitación. Shitsuji que venía tras el padre de Bulma, saludó de la misma manera.

—Imagino que para este momento, Shitsuji ya conoce el motivo por el cuál estoy haciendo todo esto —declaró posando su mirada en el mayordomo, que asintió descendiendo su vista. Al comprobar sus suposiciones, Vegeta desvió su atención hacia el científico terrícola —Necesito cuanto antes que tomes muestras de lo que ustedes le llaman ADN, tanto mías, como del príncipe Tarble y de los dos hijos que tuvo con Apricot, para que sean comparadas con el ADN de lady Nion. Por supuesto, sin que nadie se entere de esto, ni alguno de los científicos, y mucho menos Nion.

—Entiendo lo que me pide, majestad —comenzó a decir el científico —No habrá problema con el príncipe Tarble y los príncipes, ya que parte de su muestra de ADN reposan en la unidad científica de la familia real, debido al caso presentado por lady Apricot en cuanto a la paternidad de su hija —explicó el Dr. Briefs pensando en lo que se debía hacer —De la misma manera tenemos registrada su secuencia de ADN, por la comparación que se hace por ley con los bebés cada vez que la compañera de un rey da a luz —dijo sabiendo que según las normas, era obligatorio hacer el análisis de compatibilidad del ADN del monarca con el de sus vástagos recién nacidos —…pero con respecto a lady Nion… —dudó el Dr. Briefs, pensándolo un momento. No sería nada fácil conseguir la huella genética de su colega. Ella era muy astuta, y de hacerlo abiertamente, podría sospechar y darse cuenta que algo no andaba bien —…obtener la muestra esa muestra será un poco difícil.

—Ya he pensado en eso, no te preocupes —respondió Vegeta como un niño que planeaba una travesura —Shitsuji y yo nos encargaremos de enviarte algo con lo que puedas hacer la comparación —manifestó seguro el soberano.

Claro que ya tenía todo previsto para que la prueba definitiva se llevase acabo. No habrían más atrasos ni aplazamientos de la verdad que le fue oculta desde el día de su nacimiento.

—Shitsuji, ya sabes qué hacer.

—A la orden, rey Vegeta —respondió el saiyajin mayor, escuchando atentamente las indicaciones del gobernante.

.

Eran alrededor de las seis de la tarde. El mayordomo había preparado todo para cumplir con el mandato del soberano. Por lo que en ese momento estaba llegando al ala perteneciente a la científica saiyana. El rey había sido puntual en lo que debía hacer para lograr su propósito. Así que su trabajo consistía solamente en actuar de la manera más natural, para evitar que Nion notara algo fuera de lo común.

—Shitsuji —la femenina abrió la puerta después de un par de toques. Bajó su mirada por un segundo, pues el saiyajin mayor sostenía en sus manos una bandeja de plata, en la cual estaba dispuesta una botella junto a un par de copas de cristal, para luego volver su atención hacia el mayordomo. Nion sonrió complacida, el anciano siempre había sido una buena compañía, y apreciaba que se tomara el tiempo para ir a visitarla.

—Lady Nion —dijo apretando un poco la bandeja, observándola. Ahora que el monarca estaba apunto de descubrir lo que nunca debió suceder, recordó exactamente el momento en que la hembra entregó al pequeño Vegeta IV en brazos de Seed, quién no sintió pena por su hermana, ni remordimiento alguno al mentirle tan descaradamente al rey Vegeta III, al decirle que ese niño era el que había parido. Su deseo por obtener el trono de consorte real, había sido más grande que cualquier otra cosa, sobre todo para su ambicioso padre.

Como compensación al sacrificio de su hermana, Seed le había permitido a Nion estar cerca del príncipe. Y a pesar todo, y de que esta nunca pudo escuchar la palabra "madre" dirigida hacia ella de la boca del pequeño Vegeta IV, no dudó ni un segundo en cuidarlo con esmero y cariño.

—Por favor pasa —la voz de la mujer, lo sacó de sus recuerdos.

—Terminé mis tareas más temprano que de costumbre. Quise pasar a saludarla y compartir un poco de este vino con usted —comentó mientras se adentraba a la estancia.

—Por supuesto. Sabes que puedes venir cuando quieras —manifestó Nion dirigiéndose a la sala de estar —Por favor siéntate —agregó caminando por la estancia —¿Qué clase de vino es? —preguntó, tomando lugar frente al sofá donde Shitsuji se había sentado segundos atrás.

—Realmente fue un obsequio de su majestad —confesó dejando la bandeja sobre la mesa de centro, para tomar la botella y abrirla con facilidad —El gobernante del planeta Omicrón le ha enviado como presente una dotación bastante generosa —explicó, inclinándose sobre la mesa de centro para servir en las copas el líquido rojizo.

—Parece muy fino.

—Pruébelo, por favor —dijo entregando una de las copas a la científica. Para Nion, no era nada extraño que el mayordomo le ofreciese compartir una botella, pues él conocía muy bien su buen gusto por los vinos, y este sin duda, provenía del planeta donde existía el mejor viñedo de la galaxia. Shitsuji, tomó un sorbo de su propia bebida. Previamente el líquido había sido probado por varios catadores antes de ser admisible para el consumo. La saiyana, alzó la copa moviéndola en círculos, llenando su olfato del exquisito aroma para luego llevarla a sus labios.

—¡Es delicioso! —chilló extasiada, cuando el vino se deslizó sobre sus papilas gustativas. Realmente era apetitoso. El saiyajin mayor sonrió disimuladamente, al ver que había conseguido su propósito.

Charlaron durante casi una hora, recordando las pocas etapas felices del pasado, y al final el anciano pidió un brindis por los años venideros.

—Gracias Shitsuji —dijo volviéndole a dar otro trago a su bebida —Siempre has sido un amigo que ha querido la felicidad para mí. Se que vendrán mejores días, y más cuando Bulma sea la reina de Vegitasei —finalizó convencida de su pensamiento.

Más tarde, Shitsuji se retiró del lugar, llevando consigo la copa medio vacía de la científica saiyana, para ser llevada directamente al laboratorio en donde el Dr. Briefs analizaría la muestra de saliva obtenida.

.

.

Al día siguiente, cuando la junta semanal que se llevaba acabo con los Ancianos y Sabios del Consejo dio por finalizada, Vegeta salió de la sala de reuniones con sus escoltas personales, Zorn y Bardock, y su mano derecha, Kakaroto, tras de él, para dirigirse directamente a su despacho privado donde el Dr. Briefs y Shitsuji debían estarlo esperando para entregarle el resultado de la prueba de ADN. Mientras que Brocco, que también era parte de su comitiva, y Raditz, se hallaban vigilantes de su humana que se encontraba dentro de la cápsula de alimentación en su alcoba real.

El día de ayer por la noche, cuando Shitsuji le informó al soberano del éxito en la obtención de la muestra de ADN de lady Nion, el monarca había llegado a una sola conclusión. De resultar positivas las comparaciones genéticas, la suya y la de Tarble, con la de Nion, tendría que revelarle la verdad a su hermano menor. Para ello, el gobernante necesitaba pruebas contundentes que demostraran la veracidad de los hechos. El príncipe había vivido engañado toda su existencia, ya que su figura materna siempre fue representada por una falsa mujer de la que no corría ni una sola gota de su sangre en sus venas. Así mismo, no era un secreto que Nion había sido la principal sospechosa del asesinato de Root, por ende, Tarble la odiaba con cada fibra de su ser.

—Majestad —reverenció el científico terrícola junto al mayordomo, al ver que el rey se aproximaba a través del pasillo, hacia la entrada de su despacho privado. La noche anterior, el análisis del ADN se había realizado tan diligentemente como había sido posible en cuanto el Dr. Briefs recibió la muestra de donde obtendría la secuencia genética de lady Nion. El científico, sabía cuán importante era para el soberano el resultado obtenido de dichas pruebas, por lo que estuvo trabajando toda la noche y parte del día siguiente en obtener una respuesta.

—Zorn, sígueme —ordenó el monarca, dejando en el pasillo al resto de su comitiva, e hizo un ademán a Shitsuji y su suegro para que ingresaran tras él.

Para el escolta privado del rey, había sido una sorpresa enterarse de la investigación que se estaba llevando sobre lady Nion. Su padre le comentó que la información debía manejarse con extrema reserva, ya que se trataba de un asunto personal del gobernante y por ende, todo quedaba en absoluta discreción.

—¿Y bien? —cuestionó el rey dirigiéndose hacia su escritorio en donde tomó asiento, clavando su mirada en el científico terrícola que movió los dedos de su mano derecha para abrir el sobre amarillo que contenía los resultados del estudio.

—Debo decirle majestad, que todas sus sospechas resultaron ciertas —confesó sacando del sobre varias hojas —Lady Nion es su madre biológica.

—¡Lo sabía! —indicó con una sonrisa ladina. Aunque, haber dudado tanto tiempo sobre aquella evidencia que por mucho tiempo presintió como auténtica, era totalmente distinto a saber que ciertamente era real. Había podido comprobarlo irrefutablemente. Pero tenía tantas interrogantes. ¿Por qué su madre accedió a entregarle su hijo mayor a su hermana? Pensándolo bien, Seed ya tenía cuatro hijos en ese entonces, y posiblemente esta debió haberla presionado a hacerlo debido al interés por obtener el título de reina, el que consiguió con éxito después de su nacimiento.

—No solo eso, majestad —interrumpió el científico aclarándose la garganta —Lady Nion también es la madre del príncipe Tarble, y de la misma manera el príncipe Pinich y la princesa Nira resultaron positivos al análisis de compatibilidad tanto con su padre, como con… su abuela.

La sala quedó en silencio durante algunos segundos. La impresión que el soberano experimentó intrínsecamente ante las afirmaciones de su suegro, apenas las manifestó de forma visible. Sus orbes negras, que seguían fijas en el humano, se desviaron por un segundo hacia el saiyajin mayor, notando en su expresión que Shitsuji siempre supo la verdad.

En el peor aspecto se encontraban las preguntas que en ese momento surgieron en la mente del gobernante con respecto a Tarble — ¿De qué manera la bruja mentirosa de Root logró quedarse al príncipe menor para hacerlo pasar por su hijo? ¿y cómo el inútil de su padre no se dio cuenta? —se cuestionó. Ambas mujeres habían sido unas completas arpías que no solo le arruinaron la vida a su legítima madre, sino que también, distorsionaron su relación con su hermano, ya que entre ellos siempre existió una rivalidad arcaica. Él siempre menospreció al menor por ser el hijo bastardo de una de las rameras de su padre, mientras que Tarble lo odiaba debido al favoritismo que el rey Vegeta III tenía hacia su persona.

El monarca arrugó el entrecejo con rabia al pensar en la vida llena de infortunio que Nion había tenido que sufrir por culpa de ambas mujeres, ya muertas, y sus conspiradores. Seguramente algunos aún vivían, e iba a averiguar quiénes habían sido esos infelices, para hacerlos pagar con sangre.

—Aquí se detallan los cuadros de los marcadores correspondientes a cada perfil de las personas sometidas a la comparación genética —explicó el científico terrícola, acercándose al escritorio para entregarle el documento. El rey volvió su vista hacia él, sujetando el papeleo que le fue entregado para dejarlo enseguida sobre el escritorio. Tenía que hablar con Nion para aclarar cada duda que martillaba su mente, y lo haría en ese mismo momento.

—Shitsuji —habló Vegeta con determinación —Trae a lady Nion, ahora.

—Como ordene, majestad —respondió el anciano dándole una vista rápida a su hijo Zorn, el cual se había mantenido expectante de cada palabra dicha por el humano científico. Dándose cuenta de la verdad que la saiyana madre había estado ocultando desde siempre, así como también, de que Apricot fue acusada injustamente por Tarble. El príncipe la había sentenciado no solo de una forma arbitraria, sino que además, había mancillado la honorabilidad de su esposa frente a todos, al creerla una adúltera, cuando la verdad era que Nira era su fidedigna descendiente.

El saiyajin mayor, no tardó demasiado en llegar hasta el laboratorio donde lady Nion estaba trabajando a esa hora del día. Le había dicho que el soberano deseaba hablar con ella en su despacho privado, por lo que ahora ambos se dirigían hacia ese lugar.

Shitsuji lamentaba que el monarca hubiese descubierto de esa manera el secreto que tan cuidadosamente la científica había guardado. Quizá lo mejor hubiera sido que ella se sincerara. El padre de su hijo había muerto, así como también su hermana, la reina Seed. Nada podría impedirle revelarle la verdad. Por eso, en el fondo al anciano le daba gusto que la mentira no prosperase más.

El mayordomo conocía a Vegeta IV desde que era un cachorro recién nacido, e intuía que probablemente este tendría algunos reproches que hacerle a la saiyana por haberle ocultado algo tan importante, pero de igual manera sabía que él la quería. El gobernante actual sentía un profundo cariño hacia la mujer que lo había cuidado desde que era un bebé, hasta la edad de ocho años, cuando Vegeta III decidió expulsar a Nion lejos de Vegitasei, específicamente al planeta Tech-Tech, buscando la manera de protegerla, pues muchos pensaron que ella había sido la culpable de la muerte de Root, y temía por la seguridad de la hembra que más quiso en toda su vida.

Tanto a Kakaroto, como a Bardock, les extrañó lo que sucedía. Dentro del despacho privado del rey, habían muchas personas conversando con él, en una especie de reunión, y ahora Shitsuji, escoltaba a la científica, posiblemente por órdenes del soberano.

Los pasos del mayordomo se detuvieron completamente, cuando Bardock, quien cruzó miradas con Nion, abrió la puerta para darles acceso al estudio. El anciano saiyajin dejó salir el aire contenido en sus pulmones, intentando liberar la tensión que sentía por dentro, y se giró para ver a la mujer tras él.

—Lady Nion lo siento mucho —dijo Shitsuji sin moverse de su sitio. La hembra alzó una ceja extrañada por la actitud del anciano —Pero su hijo, el rey, resultó incluso más inteligente que usted. Tarde o temprano se iba a dar cuenta. No ha sido culpa mía —finalizó, accediendo al recinto junto a ella.

—¿De qué hablas Shitsuji? —susurró ella atravesando el umbral. Su mirada rápidamente escaneó el sitio, notando la presencia de Zorn y el Dr. Briefs. Cuando sus ojos azabaches se fijaron en el monarca, pudo ver en su expresión algo que no supo descifrar con exactitud, quizá irritación o confusión, lo que sea que estuviera pasándole no presagiaba nada bueno —Aquí me tiene, majestad ¿en qué puedo servirle? —reverenció.

La interrogante incomodó a Vegeta pensando en cuántas veces Nion le había hecho la misma pregunta. Ahora sonaba tan fuera de lugar ¡ella le había dado la vida con un demonio! ¡no era una criada que debía estar a su servicio! Necesitaba saber tantas cosas, como ¿qué había sucedido para que ella decidiera renunciar a desempeñar su rol como madre? ¿acaso su padre la habría obligado a hacerlo? No se iba a quedar con ninguna duda.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó el gobernante desconcertando a los presentes, especialmente a quien iba dirigida la pregunta.

—¿A qué se refiere, majestad…? —Nion detuvo sus palabras al ver a Vegeta ponerse de pie de golpe. El rey arrugó aún más el entrecejo y tomando los papeles que había dejado sobre el escritorio, rodeó el mueble para caminar hacia la saiyana.

—¡No es necesario que mientas más! —pronunció con seriedad deteniéndose a un metro frente a ella —¡Seed no es mi madre!

La científica negó con la cabeza, como si con ese gesto pudiera borrar las palabras que él acababa de decirle.

—¿¡No sé de qué está hablando!? —expresó diciendo lo primero que vino a su cabeza, en un intento de seguir cubriendo su engaño. Sintió cómo un escalofrió recorrió su columna vertebral erizando cada vello de su cuerpo, ante la revelación de Vegeta.

Entonces ¿era a eso que se refería Shitsuji? ¡pero cómo su hijo había descubierto su más inescrutable secreto? De pronto, sus orbes azabache cayeron en las hojas que él tenía en sus manos, haciéndola dudar temerosamente.

Shitsuji posó su vista en el piso de la habitación, percibiendo el miedo en el tono de voz de la científica. En tanto Zorn y el Dr. Briefs, se limitaron a escuchar con atención cada palabra.

—¡Por supuesto que lo sabes! ¡eres la mujer que me dio la vida, no esa mentirosa de Seed! —dijo detallando a la hembra evitar su mirada. Podía sentir su miedo y notar lo nerviosa que la había puesto su descubrimiento —No intentes querer engañarme más, porque tengo pruebas que constatan lo que he dicho.

—¿Pruebas? Debe ser un error. Seed es su madre —enunció la femenina aparentando indignación. Nion alzó el rostro estrechando su mirada para ver al soberano ¿de qué malditas pruebas él le estaba hablando? ¿cómo podría demostrarle que ella era su madre? Si había guardado el secreto tan ocultamente, que podía contar con los dedos de sus manos a las personas que sabían sobre esa verdad.

Por un instante, viró sus orbes en dirección a Shitsuji, él ni siquiera le dio la cara. Antes de entrar él le había dicho, que no había sido culpa suya que el monarca lo supiera ¿pero cómo podía afirmar que así era? En ese momento sintió una profunda rabia hacia el mayordomo ¡él le había prometido no hablar nunca sobre eso! Era un hombre de palabra por supuesto, pero más grande era la lealtad que el anciano profería hacia el monarca.

—Esto… —expuso el gobernante, estirando su mano para ofrecerle el documento que respaldaba irrebatiblemente su investigación —…son los análisis genéticos que comprueban que tú eres mi madre biológica, y no la última reina de Vegitasei —la saiyana sintió cómo su corazón casi se detuvo dentro de su pecho al tiempo en que su cuerpo tembló internamente, tomando con dedos temblorosos las hojas. ¿En qué había fallado? Incluso tuvo que amenazar a Shitsuji para que callara el día en que le entregó a su cachorro a su hermana Seed, ya que el mayordomo quiso hacerla entrar en razón y que se retractara de su decisión.

—Debe… —respiró profundo antes de continuar —…ser un error —miró al rey intentando que su voz saliera lo más calmada posible. Tenía los papeles con el resultado de dichas pruebas en sus manos, y aún así, no se atrevió siquiera a mirarlas —Usted y yo no tenemos esa clase de parentesco ¡soy solo su tía! —arrugó sus delgadas cejas fingiendo una convicción que en su interior se hallaba desértica.

—No hay ningún error, Lady Nion, y usted lo sabe. Yo jamás me equivocaría en algo tan serio —fue el Dr. Briefs quién habló. El soberano lo miró aproximarse a ellos hasta quedar a su lado, delante de la científica de cabello añil que lo escudriñaba con semblante suspicaz —Yo mismo me encargué de hacer las pruebas de ADN verificándolas varias veces. Puedo asegurar que el resultado es verídico.

—¡Que clase de falsedad es esta! —giró su rostro para mirar a Shitsuji —¡Tú! ¿¡cómo te atreves a prestarte a esta mentira!? Vegeta IV es hijo de los reyes guerreros Vegeta III y Seed ¡héroes recordados por todos! —chilló colérica sintiendo un nudo en su garganta. Ciertamente no quería que su majestad lo supiese nunca. Él había crecido como el príncipe heredero, hijo legítimo del rey Vegeta III, de linaje real, y la reina Seed, hija de una familia aristócrata muy influyente en el gobierno, mientras ella no tenía nada que ofrecerle. Es cierto que descendía de una familia de científicos respetados, pero ellos habían muerto con más pena que gloria, no había nadie que respaldase su estatus.

—No solo se comprobó que eres mi madre biológica, también lo eres del príncipe Tarble ¿aún así te empeñas en seguir negando la verdad? —Nion palideció ante las acusaciones de su hijo.

Se giró dándole la espalda para no ver más su rostro ¿cómo era posible que estuviese viviendo esa pesadilla? ¿cómo podría soportar los reproches de su hijo menor? Sus ojos automáticamente ardieron y sus lágrimas amenazaron por salir, realmente quería correr lejos de ese sitio y largarse nuevamente a Tech-Tech. Durante el tiempo que estuvo exiliada en aquel planeta, extrañó cada segundo a sus retoños y solo deseó regresar para volver a verlos, más nunca quiso que ellos supiesen la verdad. La científica arrugó las hojas en sus manos y suspiró controlando sus emociones tanto como le fuera posible en ese momento, lo último que quería era ver reflejado el descubrimiento de su mentira en aquellos papeles que tenía en sus manos.

—¿¡Cómo es posible que se urda tanta mentira en contra de la reina Seed y de la consorte Root!? —dijo girándose para encarar al saiyajin real.

Vegeta, endureció sus facciones al ver cómo Nion rechazaba con todas sus fuerza el lazo sanguíneo que los unía. Eso lo descolocaba, lo enfurecía.

—¡Shitsuji! ¡ve por Tarble y lady Apricot, tráelos ahora mismo! —ordenó sin apartar los ojos de la saiyana mientras el mayordomo se apresuró a cumplir su mandato.

El soberano pudo notar que la expresión de confusión que ella tenía, mutó a una de… ¿asombro? ¿miedo?. Lo más seguro es que una mezcla de ambas. Pero lo importante era saber el por qué de su reacción ¿nunca los habría querido como hijos? Quizá su padre la tomó a la fuerza y el resultado pudo ser él y el príncipe Tarble ¡una razón tendría que haber para que ella se resistiera con tanto fervor a aceptar la verdad!

—¡No es necesario exponerme de esta manera! ¡yo…!

—¡BASTA! —el rugido del monarca resonó por todo el lugar atajando las vanas excusas de la científica —Tienes que parar de mentir, Lady Nion, porque con cada mentira me decepcionas cada vez más.

Nion pudo sentir cómo su vista se volvió turbia cuando sus párpados se llenaron de lágrimas y estas salieron sin poder contenerlas más. En ese momento no supo distinguir qué era peor, si enfrentarse a los reproches de su hijo mayor, o tener que escuchar lo que Tarble le diría cuando le reclamase su engaño. ¡Él la odiaba! La creía la culpable de la muerte de su "madre Root". ¡Sabía que no podría verlo a la cara y confesarle lo que en realidad había sucedido! No era tan fácil, y menos cuando todos estaban ahí, siendo testigos de la gran mentira que tejió alrededor de sus dos vástagos.

Por otra parte, pronto Apricot también se daría cuenta de todo, y sabría que no tuvo el suficiente coraje para hablar con la verdad y decir que la pequeña Nira había nacido con la característica del cabello añil ¡debido a que la legítima madre de Tarble era ella! Y que bien pudo ponerle fin a la desconfianza del príncipe y no permitir que las habladurías sobre una supuesta infelicidad por parte de la mujer de su hijo menor, se extendiera por todo el reino.

El gobernante observó a la mujer. Tenía su rostro agachado, sus hombros temblaban ligeramente y podía escuchar sus sollozos amarescentes, cuestionándose el por qué ella se resistía a confesarle lo que ya no podía mantener oculto. El llanto de la saiyana provocó en el rey un impulso de protección, quiso ir hasta ella y consolarla, pero aún en su cabeza seguían rondando muchas preguntas que dudaba que Nion respondiese de buena manera.

—No debió enviar por el príncipe Tarble, yo… no tengo nada que decirle. Mucho menos a su ex esposa —manifestó la científica limpiando las lágrimas de sus mejillas, para poner sus ojos sobre su hijo mayor. ¿Por qué él estaba haciéndole eso? ¿es que acaso no se daba cuenta que era humillante para ella? Lo mejor para todos sería que su majestad continuará creyendo que su madre fue una reina, y que tampoco Tarble supiese la verdad, aunque el precio a pagar fuese su indolencia y que todos dudaran de que Nira era descendiente de la dinastía real saiyajin.

—Respóndeme, Nion, ¿qué te llevó a permitir que Seed me tomara como su hijo? —cuestionó el saiyajin real examinando detenidamente la expresión turbada de la femenina —¡Solo quiero la verdad! —exigió frustrado por la actitud usurera de su progenitora ¿es que ella no comprendía cuánto necesitaba darse cuenta de la verdad? ¿qué la había motivado a concederle el derecho a la reina para acogerlo como su propio vástago?

—¡No me preguntes! —gritó la científica cerrando los ojos y llevando sus manos a sus oídos, con la única finalidad de autoprotegerse del cuestionamiento de su hijo mayor.

—Tengo derecho a saberlo.

—Probablemente… —respondió abriendo sus párpados para fijar su vista en los orbes obscuros de Vegeta, sintiendo que sus lágrimas incesantes abandonaron sus ojos —¿¡Pero me creerías!? ¿¡cómo podrías saber que te estoy diciendo la verdad y no inventando cualquier tontería para liberarme de tus reproches!?

—Porque confío en ti —la respuesta del mandatario la destruyó. Apretó sus dientes en un gesto de suplicio, y su semblante tormentoso que luchaba internamente contra la tempestad que esas palabras desataron en ella, no logró dominarlo más.

—¡El padre de Seed me presionó a hacerlo! —gimió con fuerza apartando la vista del soberano. Si lo miraba en ese instante, su corazón se rompería en mil pedazos —Dijo que Seed estaba pasando por un momento angustiante debido a que su embarazo se mal logró, y pocas semanas antes ¡sus otros cuatro vástagos habían muerto en una atroz guerra! —confesó con sufrimiento —Si tu padre se enteraba incluso podría haberla despojado de su título de princesa ¡y por eso te entregué en sus manos! ¡yo le debía mi vida a su familia! —el llanto incontrolable de Nion era lo único que se escuchaba en el recinto. Hasta que el monarca se acercó a ella.

—La reina Seed —pronunció el soberano con osca burla —¡Ella solo me utilizó para ascender escaños! Siento que hayas sido víctima de sus mentiras —dijo mirando con afecto a la mujer que debido a las circunstancias lo entregó en manos de otra, y que pesar de eso, jamás lo descuidó y supo darle el cariño y las atenciones de una verdadera madre —Pero ahora nadie podrá negarte el lugar que siempre debiste tener —la científica levantó hasta entonces su mirada sin saber qué decir ¿realmente él no la culpaba por lo sucedido? Porque siendo sincera, ella si lo hacía. Siempre consideró que pudo hacer mucho más.

Al cabo de unos minutos, que para Nion fueron interminables, se abrió nuevamente la puerta del estudio dando acceso a Tarble y Apricot, detrás de ellos entró el anciano saiyajin padre de Zorn, mientras Broly, escolta personal del príncipe, se quedó en el pasillo esperándolo junto a Kakaroto y Bardock que seguían pendientes de la situación.

—¿Qué es lo que está pasando? ¿por qué envías por mi? —habló el príncipe extrañado, pues Shitsuji le había dicho que se trataba de algo urgente.

Miró a todos en la sala, y rápidamente su atención se desvió hacia esa mujer de cabello añil que aborrecía con todas sus fuerzas. La asesina de su madre, la que le desgració la vida al obligarlo a crecer sin el cariño de su progenitora. La saiyana ni siquiera se dignó a mirarlo.

—Majestad —pronunció Apricot quién se posicionó al lado de su ex esposo, reverenciando al soberano. Había sido abordada en uno de los pasillos por el mayordomo real, y aunque le pareció extraño ver a todas esas personas en ese sitio, decidió esperar con calma lo que el monarca tenía para decirles.

—Hay algo muy serio de lo que debemos hablar —respondió Vegeta mirando al príncipe, que alzó ambas cejas escuchando atentamente al gobernante —Se trata de tu madre.

—¿Qué sucede con ella? —expresó mutando su semblante neutral a uno molesto —¿¡Por fin decidiste hacerle justicia a mi madre y te desharás de esta maldita que la asesinó!? —preguntó alzando la voz sintiendo cómo la rabia obnubiló sus sentidos, dejándose llevar por el odio que sentía.

—¡CÁLLATE TARBLE! —bramó el rey aproximándose a su hermano menor que apretó sus manos en puños.

—¿¡Por qué debería!? Sabes lo que ella hizo ¡todo el maldito planeta lo sabe! ¿¡cómo puedes permitir que su delito quede impune!? —gritó ofuscado sintiendo que la ira estalló en su cabeza.

—¡Viviste engañado toda tu vida, y debido a eso sembraste odio en contra de Nion cuando ella solo merece respeto de tu parte! —vociferó el monarca perdiendo la poca paciencia que le quedaba.

—¿¡Respeto!? ¡De qué me estás hablando! —gritó el príncipe fuera de sí. Sino estuviese su hermano frente a él, lo más probable es que ya se habría lanzado sobre la zorra que en ningún momento lo miró a los ojos.

—Lady Nion es mi madre —dijo mirando a la mujer de cabello añil, que alzó su vista buscando un poco de piedad en el rey, aún estaba a tiempo de callar y no decirle nada a Tarble, hace momentos atrás le había sido tan difícil confesarle lo sucedido con él y Seed, ahora no quería enfrentarse a su otro hijo —Y también es tu madre —por primera vez, la científica ladeó el rostro hacia su vástago menor para poder ver su reacción apartándola nuevamente, sintiendo como si agua fría hubiese sido derramada sobre ella.

—¿Qué…? —el monosílabo salió automáticamente de la boca del joven saiyajin ¿qué diablos había dicho su hermano mayor?

—Estoy harto de engaños. Nion es tu madre, y también la mía —comenzó a decir desviando nuevamente sus orbes obscuras hacia Tarble —Las pruebas de ADN que se hicieron resultaron positivas. Root jamás compartió lazos de sangre contigo —Apricot tuvo que llevar su mano derecha sobre su boca al escuchar las declaraciones del soberano. Conocía lo mucho el príncipe odiaba a su tía y cuánto deseaba poder vengar la muerte de Root. De ser cierto lo que el mandatario estaba diciéndole, sería realmente un duro golpe para Tarble enterarse de esa mentira tan cruel.

—¿¡Crees que soy tan estúpido para creer lo que dices!? —alegó el príncipe depositando la vista en la saiyana científica, que hasta en ese momento, pudo levantar su mirada para observar a Tarble. Nion pudo notar la enorme aversión que él profería hacia ella, y fue incapaz de contener las lágrimas que se escaparon de sus ojos una vez más, recordando el día en que trajo al mundo a su segundo vástago.

Ese instante, en que tuvo por primera vez en sus brazos el frágil cuerpo del pequeño, se sintió tan inmensamente dichosa. El amor tan grande que su corazón experimentó por su hijo menor, era tan descomunal como el odio que él tenía hacia ella en ese momento. Por supuesto que no lo culpaba, de hecho, lo entendía. Cualquiera en su lugar también querría vengar a su madre, o en este caso, a la que él creía que lo era.

Ahora que se había descubierto la verdad, solo deseó poder borrar el dolor y la tristeza que probablemente Tarble sintió. Aún era pequeño cuando su supuesta progenitora murió, debió ser demasiado doloroso para él.

—¡Por favor príncipe Tarble! Escucha al rey Vegeta —intervino Shitsuji caminando hacia él. Como sirviente leal de la familia imperial desde hacía varias décadas, había visto nacer y crecer a los hijos de Vegeta III. Conocía a los vástagos desde siempre, les tenía afecto y solo deseaba lo mejor para ellos. Le dolía verlos sufrir, le causaba angustia sus problemas. No era posible quedarse al margen de lo que estaba pasando.

—¿¡Tú también vas a defender a esa hija de put…!? —el príncipe fue silenciado por el monarca de una sólida bofetada que le giró con fuerza el rostro. Él quiso protestar, pero fue golpeado nuevamente en la otra mejilla sin darle tiempo a reaccionar.

—¡JAMÁS VUELVAS A REFERIRTE ASÍ A NUESTRA MADRE! —bramó con su potente voz haciendo que los observadores agacharan la mirada.

—¡Rey Vegeta no lo haga! ¡no golpee a su hermano por mi! —gimió Nion moviéndose hasta su hijo mayor para sujetar la mano con que había castigado al príncipe —¡No ve que esto me hiere! —dijo llorando frente a todos. Sin importarle quién o cuántas personas estuviesen presenciando su quiebre.

—¡NO! Él debe respetarte como lo que eres —respondió Vegeta con la rabia subida a su cabeza.

Tarble no sabía a qué venía toda esa locura que estaba sucediendo. Apricot más atrás temía que todo se fuese a salir de control.

—¡Zorn, trae a las mujeres! —dijo el rey —Voy a demostrarle a este idiota que lo que dije es la verdad —ordenó decidido a llegar al fondo de esa incordiante situación.

—A la orden, majestad —respondió el soldado apresurándose a cumplir con el mandato del gobernante.

—Hagas lo que hagas, no caeré en ninguna clase de mentira —aseveró Tarble dispuesto a defender la memoria de Root —¿¡Es que haces esto para hacerme desistir de mi venganza!?.

—¡Soy el rey, Tarble, deja de insultar mi inteligencia! —vociferó el soberano con expresión iracunda. Dejó salir un resoplido procurando que su ira decreciera, pues alguien tenía que actuar con sensatez en ese momento —Me conoces, sabes que no doy un solo paso sin haberlo previsto antes. Así que por un momento sé un poco inteligente y piensa —el monarca se movió de un lado a otro mientras hablaba, alternando su mirada entre su hermano y su madre —De no haber comprobado la información, no estaría haciéndotelo saber ahora.

—De ser cierto lo que dices ¿¡por qué mi padre jamás mencionó nada!? —preguntó volteando su cabeza hacia Nion, que decidió apartar su vista de su hijo menor en un intento por evadir sus ojos inquisidores —¿¡Acaso piensas que él también mintió!?

—No lo creo. Pero ya no está para aclararnos esto ¡así como tampoco la ramera de Root!

—¡No la llames así! —las puertas del despacho privado se abrieron una vez más, haciendo que el príncipe callara y se girara para ver quién había entrado al lugar.

—Aquí están las testigos, rey Vegeta —expresó Zorn accediendo al sitio.

Tras él, un par de soldados traían a las mujeres que desde su captura las mantuvieron prisioneras en una celda de los calabozos del palacio. Nion desvío sus ojos hacia las hembras. Una de cabello cobrizo lacio, y la otra de cabello negro corto. Sintió cómo su corazón se aceleró al reconocerlas, percibiendo el miedo instalarse en ella al intuir lo que estaba apunto de suceder. Su hijo mayor iba a interrogarlas, y cuando lo hiciera, se revelaría lo que realmente sucedió con Tarble.

—¡De rodillas! —gritó Zorn acercándose a una de ellas para empujarla con rudeza hacia el piso —¡Se encuentran frente a su majestad!

—¡Rey Vegeta, nosotras no hemos hecho nada! —chilló la de cabello cobrizo hincándose sobre el frío piso, posando sus ojos en el monarca de orbes obscuras y temibles. Ni siquiera les habían dicho por qué fueron llevadas hasta el castillo. Ellas solamente eran dos mujeres que se dedicaban a la tierra, por ello vivían en el área agrícola al sur de la ciudad principal.

—¡Silencio! ¡limítate a responder solo cuando su majestad se dirija a ti! —el golpe conciso resonó en el sitio cuando el escolta personal del rey abofeteó a la mujer, haciendo que la sangre se escabullera en segundos de la boca de la femenina, goteando en el piso de la sala —¡Y baja la cabeza! ¡no puedes ver al rey Vegeta a los ojos! ¡insolente!

El Dr. Briefs que observaba todo el silencio, apartó la mirada de las pobres infelices. A pesar de tener muchos años viviendo en ese planeta, no terminaba de acostumbrarse a presenciar la barbarie de los saiyajin.

—Voy a ser claro con ustedes —dijo el monarca dirigiéndose a la hembras arrodilladas a unos metros de él, mientras volvía a sentarse en su silla —Si descubro que mienten, haré que su muerte sea terriblemente dolorosa y lenta —amenazó —Sé que fueron criadas de una esclava que llegó a ser consorte de mi padre, el rey Vegeta III.

—Hace… años —respondió la pelinegra con voz temblorosa. Apenas y podía controlar los espasmos de su cuerpo. Durante el tiempo que trabajó en el palacio, había visto muchas veces a Vegeta IV cuando era solo un cachorro. Desde que era príncipe, su reputación eran tan conocida como temida, y ahora que se había convertido en el rey de todos los saiyajin, no solo era un gobernante poderoso, sino también despiadado, cruel, sanguinario. Estar frente a él era sumamente aterrador —Servimos directamente a la princesa Root.

—¿Princesa Root? No me hagas reír —manifestó el monarca con una sonrisa ladina burlesca —Ella usaba ese título sin que mi padre se lo hubiese conferido legalmente —sentenció con sorna —¿Cómo fue que el príncipe Tarble, hijo de lady Nion, terminó siendo reconocido como hijo de Root?.

La pregunta fue directa, la femenina de cabello rojizo alzó su vista por un instante antes de volverla al piso ¿entonces de eso se trataba todo? ¿el rey sabía que Tarble no llevaba la sangre de su señora? Quiso llorar en ese momento. Vegeta IV las liquidaría ahí mismo si se enteraba de todo lo que hicieron para alejar al crío de su verdadera madre.

—No…, no lo… recuerdo —contestó con la voz entrecortada.

—Yo tampoco recuerdo —dijo la otra.

—¿No lo recuerdan? —Zorn emitió una risa helada —¿Creen que esto les haga recordar? —habló sujetando por el cuello a ambas mujeres, haciendo que se levantaran de sus rodillas para quedar de pie. No podían respirar.

—¡NO POR FAVOR! ¡NO! —desde el pasillo, los gritos aterrados de la mujer hicieron que Kakaroto, Bardock y Broly se mirasen unos a otros.

—¿Qué está sucediendo ahí adentro? —preguntó el escolta del príncipe Tarble.

—Ni aunque lo supiéramos te lo diríamos —replicó Bardock mirando de mala manera al héroe legendario, que le devolvió el gesto de la misma manera. El general del escuadrón de choque, también sentía curiosidad por lo que estaba sucediendo, sobre todo porque su Nion se hallaba inmiscuida en el asunto.

Zorn, apretó el agarre en los cuellos, y las alzó lentamente en el aire hasta dejarlas a su altura, con los dedos de sus pies descalzos apenas rozando el piso. Las mujeres se removieron en busca de terminar con aquella agresión, aunque solo consiguieron que su verdugo apretara más el agarre. Ellas comenzaron a toser ante el ahogamiento e intentaron hablar, pero les fue inútil, el color de sus rostros mutaron a un tono violáceo debido a la falta de oxígeno.

—¡Por favor basta! —bramó Nion que observaba todo con horror. Vegeta hizo una seña y Zorn las tiró a ambas al piso, buscando que el aire llegase a sus pulmones.

—¡No nos castiguen! ¡no hicimos nada! —gritó la pelinegra sintiendo los espasmos recorrer su cuerpo, producto del temor del que en ese momento era presa.

Zorn sonrió burlesco observando el miedo en los ojos de la que no quería hablar, y sin dudarlo, tomó nuevamente a la hembra rebelde sujetándola por el cabello, haciendo que se pusiera de pie y de su bota, extrajo una navaja filosa que sin dudarlo la llevó al rostro de la mujer. Lentamente y disfrutando de lo que hacía, el comandante cortó la mejilla de la joven, desde el puente de su nariz hasta su oreja, mirando y escuchando cómo ella se retorcía y gritaba de manera desesperada mientras la sangre brotaba abundantemente de la herida.

—¡Rey Vegeta detén esto! —intervino Nion dando un par de pasos hacia su hijo que miraba toda aquella tortura sin inmutarse. Tarble y Apricot por su parte, solamente observaban en silencio, expectantes de lo que próximo que ocurriría.

—Si hubieses dicho la verdad desde un principio, nos hubiéramos ahorrado todo esto —respondió el monarca posando sus orbes negras en Nion, que solo se limitó desviar la vista de él.

—No intentes mentir, porque lo próximo que esta navaja corte será tu cuello —sentenció Zorn soltando con desprecio a la hembra presa de su tortura.

La femenina cayó hacia atrás con golpe, quedando sentada en el piso. Respirando agitada tratando de llevar aire a sus pulmones mientras hacía un esfuerzo inútil por liberarse del amarre en sus muñecas, el dolor en su rostro era insoportable y solo quería que toda esa pesadilla acabara.

—¡Diré todo lo que quieran pero por favor no nos lastimen más! —expresó la pelicobrizo. En el pasado ambas habían servido a Root con lealtad incluso en los delitos que cometió, pero ahora no podía permitir que su hermana menor sufriese por ello. Aunque tuviese que confesar y ser castigada por los horrores que se habían visto obligadas a cometer por órdenes de aquella mujer.

—¡Habla! —exigió Vegeta hacia la pelicobrizo que temblaba con pavor.

—Root nos obligó a hacerlo, le aseguro que nosotras solo obedecíamos órdenes —dijo entre sollozos la mujer sabiendo que con ello estaba firmando su sentencia de muerte.

—¡Habla claro! ¿¡qué es lo que mi madre te obligó a hacer!? —esta vez fue Tarble quien se movió rápidamente hasta la femenina para sujetarla sin delicadeza por el cuello de su vestido.

—¡No le digas nada! ¡ellos nos mataran de todas formas! —gritó la pelinegra intentando que su hermana mayor no hablara sobre lo que una vez juraron no decir jamás.

—¡Cállate! —uno de los soldados que vigilaba a las criadas le propinó una pasada al costado de su abdomen, lo que la hizo caer de costado quejándose con dolor.

—¡Habla de una maldita vez! —mugió el príncipe zarandeando a la mujer.

—¡Root no era su madre! —gritó gimiendo con angustia la pelicobrizo, haciendo caso omiso de las súplicas de su hermana menor que se retorcía sobre el suelo —Esa mujer que está ahí… —añadió señalando en un gesto con su barbilla a la saiyana que estaba al lado del soberano —...Root sentía celos porque el Rey Vegeta III amaba a esa mujer científica, y por eso el día en que usted nació nos ordenó robarlo, y reemplazarlo por el hijo muerto que ella había parido la noche anterior. Todo fue en complicidad con la vieja Hiedra —confesó viendo cómo Tarble la soltó al escucharla, retrocediendo un par de pasos para girarse y ver a su auténtica progenitora —¡La verdad es que Lady Nion es su madre biológica, no Root! —afirmó la hembra sintiendo cómo el peso de ese secreto por fin se había liberado.

—¡Hiedra era tía de Root, ellas lo planearon todo. Lo juro! —indicó la otra resignada. Ya su hermana había comenzado a hablar y no admitiría que ella sola cargara con la culpa.

—¿Hiedra? ¿la bruja que Nyu eliminó? ¿eso, es… cierto? —preguntó el príncipe dirigiéndose hacia Nion, negando con su cabeza lo que acababa de escuchar.

La científica de cabello añil no pudo más, se desplomó en el piso cayendo de rodillas y sin poder seguir negándolo más, llevó sus manos hacia su rostro llorando amargamente.

—¡Por favor dime que no es cierto! —Tarble se acercó acuclillándose frente a ella y la sujetó de los hombros —¡Dime que es mentira!

—Es la verdad Tarble. Yo soy tu madre —confesó sintiendo un enorme vacío al recordar el dolor por el que tuvo que pasar cuando ella misma se enteró de que Root le había arrebatado a su hijo menor.

El príncipe se irguió para quedar de pie. ¡Todos esos años había vivido odiando a la mujer que lo trajo al mundo! Deseando aniquilarla él mismo, anhelando cumplir con su venganza y hacer desaparecer todo rastro de ella de Vegitasei por culpa de una bruja asquerosa y de la mujerzuela de Root.

Sintiendo la sangre arder en su interior, el príncipe se giró para ver a la canalla que acababa de confesarle la verdad, y llegando hasta ella, de un solo movimiento atravesó el cuerpo de la femenina con su mano derecha arrancándole el corazón, que estrujó haciéndolo estallar en su palma. El cuerpo sin vida se desplomó en el piso, sobre el charco del líquido escarlata que se formó a su alrededor.

—¡NOOO! —apenas el grito salió de la garganta de la pelinegra, cuando Tarble ya se encontraba frente a ella y sin permitir que dijera algo más, la tomó por el cuello quebrándoselo sin piedad alguna. En ese momento, el príncipe apenas podía controlarse, su ira era tan grande, que deseaba destruir todo a su paso ¡era inconcebible haber sentido ese odio tan profundo por la mujer que le dio la vida! ¡y todo se lo debía a zorra que siempre creyó su madre!

Vegeta, inmutable, dejó que su hermano descargara su ira. Lo entendía. Había vivido una mentira aún peor que la suya, y en el proceso algo en su interior se quebró al saber tanto la mentira como la verdad.

—¡Broly! —gritó Tarble haciéndose escuchar hasta el pasillo, e inmediatamente el héroe legendario se adentró al recinto al oír el llamado del príncipe.

—Alteza —pronunció al entrar y sus ojos fueron de las mujeres inertes en el suelo, hasta el monarca, y luego a Nion que estaba sollozando — ¿Qué demonios está pasando aquí? —se preguntó internamente.

—Quiero que averigües el lugar donde residían estas basuras y destruyas todo a la redonda —manifestó aún iracundo —¡También busca a su familia y mátalos a todos! ¡que no quede rastro de sus antecesores ni de sus descendientes! —vociferó totalmente indignado.

—Como ordene, Alteza —pronunció mirando al par de soldados que arrastraron los cuerpos fuera del despacho.

Tarble, ladeó el rostro al ser consciente del llanto de Nion, ella seguía arrodillada en el piso, dándose cuenta que la declaración de aquellas mujeres no le había afectado demasiado como a él. Pero… ¿por qué? ¿es acaso la científica de cabello añil ya lo sabía? De ser así ¿por qué nunca le dijo nada? ¿por qué ella permitió que su rencor siguiera creciendo y avivándose?

—¿Cómo te enteraste de lo que Root había hecho? —preguntó sin siquiera poder mirarla. Sentía un cúmulo de sentimientos en su interior.

Vegeta que estaba cerca de la saiyana, se aproximó hacia ella tomándola de las manos para ayudarla a ponerse de pie. Shitsuji inmediatamente acercó una silla y un vaso de agua para que se calmara.

—Siempre tuve mis dudas —admitió con un nudo en su garganta —Mi embarazo fue muy tranquilo, mientras que el de ella era de alto riego —explicó elevando su mirada para ver al príncipe que estaba de espaldas a ella —Por eso dudé al saber que mi supuesto hijo había nacido muerto, pero me fue muy difícil probarlo ya que Root nunca permitía que me acercase a ti. Así pasó el tiempo hasta que cumpliste cuatro años —explicó recordando lo sucedido —Ella había quedado embarazada nuevamente, y una de mis espías me dijo que la escuchó hablar de que una vez tuviera a su verdadero hijo, Root iba a envenenarte a ti, y luego seguiría tu hermano Vegeta. Yo quedé horrorizada. Sin embargo, a la vez me di cuenta que no eras su hijo. Pude conseguir una muestra de tu ADN y hacer el análisis, pero era muy tarde, tu padre me exilió a Tech-Tech justo el día en que obtuve los resultados de la prueba. Aun así no podía permitir que siguiera con vida, ella iba a asesinarlos a ambos, tal como hizo con Seed. Por eso envenené a Root. Era ella, o eran ustedes.

—¿Root también envenenó a Seed? —preguntó Vegeta con asombro.

—Sí —dijo con pesar —Lo hizo parecer como la picadura de algún animal venenoso. Pero la autopsia reveló que el veneno ya tenía cuatro horas dentro del cuerpo de Seed antes de ser picada. La reina presentía que esa arpía tramaba algo. Esa mujer era la única experta en posiciones en todo el castillo.

—¿Mi padre, lo sabía? Lo que sucedió conmigo —Tarble entrecerró sus párpados pensando en que su progenitor nunca le dio la pauta para imaginar que mentía sobre su origen. De haberlo sabido quizá se lo hubiera confesado, se resistía a creer que se prestara al juego de Root.

Nion negó meciendo su cabello corto, a la vez que se limpió las lágrimas que corrían sobre sus mejillas.

—Estaba dispuesta a decírselo antes de irme a Tech-Tech —se giró en su silla dándole la espalda a su hijo menor, era demasiado doloroso para ella tener que hablar de todo eso. De cierta forma, inclusive le resultaba vergonzoso, pues se sentía culpable por no haber tenido la valentía suficiente para luchar por sus cachorros —Pero una vez muerta Root, y ya en ese planeta pensé que lo mejor era que crecieras al lado de tu padre. Si él se hubiese enterado, te habría enviado conmigo —llevó una mano a su boca para ahogar su clamor. Evocar a su mente esos recuerdos dolía como si estuviese viviéndolos por segunda vez en ese mismo instante —¡Yo asesiné a Root!, esa es la verdad. Además, no tenía nada que ofrecerte. Ni a ti, ni a tu hermano mayor —manifestó volviéndose hacia Tarble, alternando la vista entre él y el monarca que la observaba con atención —Solo era una exiliada ¡ni siquiera podía regresar a Vegitasei ya que corría el riesgo de ser asesinada por la facción que siempre apoyó a Root!

—Nion —llamó Vegeta a la saiyana que inmediatamente fijó su mirada en él —Al menos debiste decirle a mi padre.

—Lo hice para protegerlos a ambos. Tu padre era muy impulsivo—confesó cerrando los ojos y aspirando profundo entre tanto sus lágrimas no suspendieron su descenso. Nion percibió cómo su interior se liberaba poco a poco conforme hablaba sobre la carga que tuvo que llevar todos esos años acuestas. Siempre imaginó que revelar la verdad sería más contraproducente que favorable, debido a que el principal motivo de haber callado la verdad, había sido superior a todo —Tu padre lo hubiese gritado a los cuatro vientos, y si la facción que apoyaba a Root hubiesen sabido que yo era tanto tu madre biológica, como de Tarble, me habrían inculpado no solo de la muerte de Root, sino de también de la de Seed —manifestó sin apartar los ojos de su hijo mayor, sabiendo que de haber hecho aquello, habría tenido que pagar por un crimen que en el caso de Seed, no cometió. Ella sería condenada por regicidio, y estaba segura de que a la larga, la familia de Root atentaría contra sus niños.

—No puedo creer por todo lo que tuviste que pasar —pronunció Vegeta observando con comprensión a la saiyana —Sé que hiciste lo que creíste conveniente en ese momento.

El príncipe se quedó escudriñando en silencio a la saiyana científica, que asintió a las palabras del monarca. Sabía que el soberano le había mostrado pruebas sólidas sobre la veracidad de los hechos, sin embargo, ¿por qué no podía ver a Nion como una figura materna aunque ella justificara todo lo sucedido?

No es que pusiera en duda lo que ella decía, pues su relato era sumamente convincente. Podía notar que decía la verdad en la manera en que se expresaba, en la forma en que exteriorizaba su sufrimiento, en el modo en que lo miraba. Ella lo observaba con una ternura tal, que lo hacía luchar contra el conflicto interno que se desenvolvía como un combate en su interior. Había crecido al lado de una mujer que sembró odio en contra de su propia madre, pues a pesar de tener una corta edad, recordaba con claridad determinados incidentes. Root no perdía oportunidad para envenenar su corazón y ese rencor creció aún más cuando culparon a la científica de haberla asesinado.

Apretó los puños y sus dientes. Ese instante se odió a sí mismo ¡cuántas veces había humillado e insultado a Nion de la forma más despiadada! La acusó innumerables ocasiones por algo que ni siquiera estaba comprobado. No tenía perdón por su funesta manera de actuar, y sin embargo, ella solamente sufría por haberle mentido todo ese tiempo, sin importarle cuán mezquino y ruin fue su proceder ¿así de grande era su cariño de madre hacia su persona? ¿podría él algún día concederse el perdón de su progenitora? Porque aunque ella lo perdonarse por todo el mal que en su momento le deseo, su conciencia no lo dejaría tranquilo y se impondría a que aceptara ser exonerado por su conducta aberrante.

Por otro lado, Apricot que como espectadora se mantuvo pendiente de cada intercambio de palabra, negó meciendo su mechones azabaches de su larga cabellera lacia, recordando las tantas humillaciones a las que había sido expuesta por la negatividad de Tarble en aceptar que Nira era su legítima descendiente, debido a su particular color de cabello.

Cuando ella le había hecho saber a su marido que había parido una niña, ya que en el momento de dar a luz él se encontraba fuera del palacio arreglando algunos asuntos de estado, enterándose hasta su regreso, la había aceptado sin réplicas de ninguna naturaleza. Pese a que los hombres de su raza tenían predilección sexista por los vástagos machos. Todo había cambiado en cuánto vio a la criatura, notando que la pequeña distaba del distintivo color de cabello oscuro que poseían casi todos los saiyajin puros. El príncipe había negado rotundamente la paternidad, incluso cuando se demostró lo contrario mediante una prueba de ADN, llegando hasta los extremos de tacharla arbitrariamente de adulterio. Su reputación había quedado destrozada ante los ojos de la mayor parte del pueblo, que aún existiendo un análisis previo de compatibilidad, algunos creyeron más en la contundente sentencia de Tarble. Entre ellos su familia, la cual se sintió completamente avergonzada de ella ante aquel juicio.

Apricot, sintió sus ojos arder ante lo injusto que había sido el actuar de su ex esposo hacia ella. Su honra y dignidad habían sido mancilladas sin reparo alguno, y aunque más que a nadie culpaba a Tarble por ello, también existía una segunda persona que probablemente compartía la misma carga de responsabilidad ante su desprestigio .

Sintiendo la furia acumularse en su cabeza, la ex princesa giró su rostro para detallar a Nion. Ahí estaba esa mujer, con aspecto pesaroso en su rostro pero que en su interior solamente era una perra hipócrita. No había manera en que pudiese justificar la crueldad de esa serpiente, ella había llegado hasta el punto, en que no le interesó más que seguir manteniendo su secreto oculto con tanta hermeticidad, que no le importó a quien se llevara por delante ¡ella era realmente un ser repugnante y egoísta al ocultar el lazo sanguíneo que compartía con Nira!

—¿¡Lady Nion, cómo pudiste!? —cuestionó alterada dirigiendo su mirada ofuscada hacia la femenina que ahora resultaba ser la madre de Tarble.

—¿De qué hablas? —interrogó Tarble al darse cuenta del semblante furibundo de la joven.

—¿¡Es que no te das cuenta!? —estalló alzando su voz con furia evidente —¡Ella lo sabía! —gritó mirando a Nion con un odio tal, que solamente sintió el deseo de lanzarse sobre ella y ahorcarla en ese lugar —¡Siempre dudaste de mi fidelidad! ¡cuando en realidad Nira nació con el cabello azul debido a sus genes! —añadió levantando su mano derecha para señalar con su índice a la segunda culpable de su desgracia —¡Se quedó callada cuando bien pudo solucionar el problema!

—¡CIERRA LA BOCA INSOLENTE! —la voz imponente del mandatario, hizo que Apricot bajara la mirada hacia el piso silenciando sus reclamos en seguida —¡COMO TE ATREVES! ¡NO ERES NADIE PARA HABLARLE DE ESTA MANERA A MI MADRE!

Apricot echó dos pasos para atrás y cayó de rodillas asustada por el enorme llamado de atención del rey.

—Lo siento, majestad —manifestó la joven saiyana con lágrimas en los ojos —No fue mi intención. Es solo que con todo esto salí muy perjudicada y mi familia me odia. No volverá a suceder este exabrupto.

—Sé que fue difícil para ti —habló Nion alzando el rostro para observar a la que había sido su nuera —Pero te recuerdo que yo misma le realicé la prueba genética a la princesa Nira donde se comprobaba que era hija del príncipe Tarble. A ambos les di la prueba y les insistí en que la ciencia no se equivoca —Apricot apretó sus manos en puños sintiéndose impotente al no poder hacer nada en contra de todos los que le hicieron daño.

—Yo misma te mostré esos resultados, príncipe, y tu decidiste no creerme —inculpó Apricot oprimiendo sus dientes con la rabia creciendo dentro de si —¡Te odio Tarble! ¡no quiero saber nada de ti! —gritó dejando que más lágrimas apresadas salieran sin dominio, conteniendo las inmensas ganas por cobrarse con creces cada una de las humillaciones de ese cretino infeliz.

El príncipe la escuchó cuidadosamente manteniendo su rostro ladeado al sentir la culpa sobre él. Apricot tenía razón, ella y su pequeña solo habían sido víctimas en toda esa intriga. Ellas menos que nadie jamás debieron ser blanco del rencor desmedido que se acumuló dentro de él durante años, al creer que Nion se había ocupado de quitarle la vida a su madre, y que debido a eso, repudió rotundamente a su cría tan solo por el parecido en el color de cabello añil. Tarble respiró profundo llenando aire sus pulmones. No tenía el valor suficiente para ver a la cara a Apricot y pronunciar un "perdóname". Porque ni siquiera eso bastaba para reparar su falta y devolverle a su ex esposa el pundonor del que la había despojado con sus calumnias, que lo llevaron a deshacer su unión con ella.

Finalmente el príncipe viró su mirada a las dos mujeres a las que había agraviado enormemente, y no pudo soportar un segundo más en el mismo lugar. Sus ojos ardieron ante el tormento que le causaba el haber lastimado a los seres que menos tenían culpa por su delirio de venganza.

—Necesito tiempo para digerir todo esto —dijo decidido, girándose para salir de la estancia, a tiempo de que alguien fuese partícipe de la única lágrima que salió libre de uno de sus ojos.

Nion, quiso dar un paso para ir tras él al verlo retirarse tan afectado.

—Un momento, lady Nion —escuchó a su hijo mayor deteniendo sus movimientos para girarse hacia él —Tú y yo aún tenemos mucho que hablar.

—Majestad —hablo Apricot con la voz quebrantada —¿Puedo retirarme? —interrogó descendió su vista, llevando ambas manos a sus mejillas para limpiar los rastros de lágrimas sobre estas.

—Aún no —respondió el soberano —Debo decirte que tu compromiso con Skalion ya no será posible —declaró haciendo que ella alzara sus ojos rápidamente, observando al rey con una expresión de confusión —¡Zorn! Ve por Skalion y por el general Nappa, tráelos ya mismo.

—En seguida, rey Vegeta —pronunció el guerrero antes de dirigirse a la salida para cumplir con el mandato.

—Pero… solo falta una semana para la ceremonia… —se quejó la joven saiyana sintiendo cómo todo su mundo estaba rompiéndose en pedazos —Mi familia ya está enterada del compromiso y sino se lleva a cabo quedaré imposibilitada para tomar marido nuevamente —esta vez lloró ante la vergüenza que percibió. Su primer esposo había exigido la anulación de su unión tildándola de adúltera y rechazando a la segunda cría que le había parido, ahora Skalion ya no podría desposarla ¡todos se preguntarían el motivo y lo más seguro es que también la culparan de ese suceso! Estaba completamente acabada ante la sociedad saiyana ¡nadie querría de esposa a una mujer con su pasado! Las costumbres felócratas de los machos de su raza jamás les permitirían tomar a una hembra con la honra tan manchada como la suya.

Vegeta se estaba hartando de los constantes llantos y berrinches de Apricot. En el pasado hubieron ocasiones en las que se arrepintió de no escogerla a ella como primera consorte en vez de Nyu, pero ahora agradecía no haberlo hecho. Nyu al menos no era una chiquilla berrinchuda que lloraba a la primera, como esa cretina que tenía frente a él.

—Cuando haya tomado una nueva decisión te la haré saber. Por ahora hay otros asuntos por resolver —manifestó el saiyajin real con seria mirada que desvió hacia Nion, contemplando en su gesto un reflejo de consternación ante la reciente orden que él acababa de admitir.

La saiyana científica percibió su pecho oprimido intuyendo lo que el rey pretendía al enviar por Skalion y Nappa. Siempre pensó que existía la posibilidad de que Nappa lo descubriera en algún momento, y aunque no le preocupaba la reacción de Skalion pues ella misma le había confesado quién era su padre cuando este tenía diez años, temía por lo que pudiese pensar el general del ejército saiyano. No solo porque Root se deshizo del crío en cuanto nació y nadie de los que lo sabían pudo informárselo, sino porque ella en secreto, había rescatado al niño que se encontraba en una cápsula de contrabando en una casa de críos desplazados, los cuales eran enviados, a espaldas de Vegeta III, a planetas inhóspitos donde no sobrevivirían.

Pese a todo, no se arrepentía de haberlo acogido como suyo. Skalion fue su fortaleza en Tech-Tech, sin él, no habría podido sobrellevar la añoranza por sus propios retoños que la agobiada día con día. De no ser por su presencia, su vida no habría tendido sentido en aquel planeta robótico con el que nunca llegó a familiarizarse del todo, pues parte de su corazón y sueños, se habían quedado en Vegitasei.

La mirada que tenía puesta en el mandatario, de pronto se volvió borrosa. Quiso dar un par de pasos pero su cuerpo no obedeció y se desplomó ante los ojos del monarca que logró sujetarla antes de que pudiera tocar el piso.

—¡Kakaroto, Bardock! —bramó llamando a los escoltas que se hallaban en el pasillo. Ambos entraron inmediatamente al escuchar la voz impetuosa de su superior —¡Llamen a la médica! —ordenó al ver el tono pálido en el rostro de la femenina.

En cuanto se adentró al recinto, una opresión se instaló en el pecho de Bardock al detallar a la mujer que el gobernante sostenía en sus brazos. Era Nion. Dio un paso al frente, que frenó instantáneamente antes de cometer un error. Habría querido correr hacia ella y auxiliarla él mismo, pero de hacerlo levantaría sospechas, sobre todo porque su hijo se encontraba en el mismo lugar, y él conocía por boca de Gine, que la científica en algún tiempo significó todo para él, al igual que ahora claro estaba, solo que nadie se había enterado hasta el momento.

—Estoy bien —murmuró con tono débil la científica, sacando de sus pensamientos al general del escuadrón de choque que tragó aliviado al escucharla. Nion posó su vista en su vástago mayor que la había alzado en sus brazos —No necesito que me revisen —respiró profundo recobrando el conocimiento que no logró perder del todo.

—¿Majestad? —fue Shitsuji quien llamó al saiyajin real esperando la próxima orden.

—Traigan otro vaso de agua para lady Nion —manifestó llevando a la saiyana hacia la silla que estaba tras su escritorio que era más cómoda, y en donde la depósito con delicadeza.

—¡En seguida! —expresó el anciano

—¿Se siente mejor lady Nion? —se apresuró Apricot al lado de la científica que asintió con una débil sonrisa. Después de todo, la mujer era la abuela de sus dos hijos, aunque ella no haya actuado aquella vez al rechazar a Nira por el repudio de Tarble.

—Sí. Muchas gracias, Apricot —respondió mutando su expresión a una más seria, al ver que Zorn accedió a la estancia junto a Skalion y Nappa.

—Rey Vegeta —ambos guerreros se inclinaron ante el monarca, que caminó delante de su escritorio para hablar con los saiyajin. Skalion en seguida posó su vista en la hembra sentada tras el mueble de madera, preguntándose con curiosidad qué demonios estaba pasando ahí ¿por qué su madre tenía aspecto lúgubre?. Sus ojos se desviaron hacia la ex esposa del príncipe, que no tenía mejor semblante que la científica.

Nappa por su parte le pareció extraño todo aquel panorama y sinceramente, no supo descifrar el motivo por el que el mandatario demandó su presencia en su despacho privado donde evidentemente no se encontraba solo.

Shitsuji llegó en ese momento, y fue Apricot quien se encargó de tomar la jarra de agua y el vaso, para servírsela a la madre del monarca que aún seguía un tanto aturdida.

—He permitido que todos estén presentes, porque hoy es el día en que todas las mentiras se acabarán —declaró el saiyajin real con los ojos de todos los presentes puestos en él.

Ese día para todos los presentes parecía interminable.

—Skalion —llamó al soldado que asintió en señal de respeto. En ese momento la científica de cabello añil sujetó con fuerza el vaso de agua que le fue entregado por Apricot, temblando internamente por el miedo de lo que pudiera suceder con su hijo adoptivo —Todo Vegitasei está enterado que eres el hijo adoptivo de Nion ¿pero sabes quiénes son tus verdaderos padres? —preguntó el rey observando al soldado que fijó su vista en él. El guerrero, dudó un segundo antes de poder responder.

—Sinceramente majestad, conozco quién es mi padre —respondió sintiendo el pulso acelerado, pues a su lado, estaba aquel infeliz que lo supo engendrar más no cuidar de él —Pero desconozco la identidad de mi madre.

—Majestad —el llamado hizo al monarca girar su cuerpo, para ver a Nion tras su escritorio ponerse de pie e ir a su lado —Si revela quién es la legítima madre de Skalion, habrá un serio problema con el príncipe Tarble —expresó con sinceridad al pensar en que cuando su vástago menor supiese sobre la procedencia de su hijo no biológico, querría tomar venganza hacia él, debido a sus lazos sanguíneos con Root.

—¡Tarble deberá dejar su estupidez a un lado y aprender a enfrentar las cosas! —fue la respuesta de Vegeta antes de volver su atención a Skalion —Hace unos días, ordené a un investigador que realizara algunas pruebas de ADN —comenzó a decir el saiyajin real mirando a todos los presentes en la habitación, que tenían su atención puesta en lo que decía —Y el resultado de dichas comparaciones genéticas confirmó, que lady Nion es mi legítima madre, y también lo es del príncipe Tarble —declaró ante la sorpresa de Skalion, Kakaroto y Nappa.

Bardock abrió ligeramente sus párpados ante el asombro. La científica de cabello añil hace tiempo le había confiado su secreto, y aunque él la había animado para que le confesara la verdad a sus hijos, ella se rehusó rotundamente. Jamás pensó que el mismo rey demandara una investigación en la que descubriría que Nion era su auténtica progenitora.

—¿Cómo que lady Nion es su madre? —cuestionó Nappa sintiéndose ajeno a todo lo que hasta el momento conocía —He vivido lo suficiente como para ser testigo de que la reina Seed lo presentó a usted como legítimo hijo ante la sociedad saiyana ¿es que acaso ella mintió? —dijo alzando una de sus cejas con desconcierto.

—La avaricia del padre de Seed lo condujo a realizar una serie de infames maquinaciones de las cuales ella fue partícipe, en detrimento de mi verdadera madre—contestó con asco ante los actos de la antigua reina.

—¡Traidora! —mugió el saiyajin con rabia ante el engaño de la mujer —¿Pero qué hay del príncipe Tarble?

—Ambas dimos a luz al mismo tiempo —Nion desvío la vista ante el recuerdo no grato de lo ocurrido —Ella se encargó de intercambiar a nuestro hijos, ya que el suyo nació muerto —explicó con el entrecejo fruncido.

—Eso fue infame. ¡Jamás pensé que alguien pudiera ser capaz de semejante acto! —exclamó Skalion indignado por lo que la científica estaba describiendo. Shitsuji, Zorn, Kakaroto y Bardock, se limitaron a permanecer en silencio, aunque la mano derecha del rey se dio cuenta inmediatamente que su padre en ningún momento pareció sorprendido al igual que el resto.

—Mi investigador también averiguó sobre tu origen, Skalion —continuó el monarca con su mirada seria fija en la reacción del soldado —Root no era la madre de Tarble, sino tu madre, Skalion —el guerrero sintió como si una esfera de energía golpeara de lleno su cuerpo ¡por supuesto que sabía quién era su bastardo progenitor! ¡pero con un demonio esa no podía ser su madre!

—No. Eso no puede ser. De esa mujer solo he escuchado cosas malas.

—Nappa —llamó Vegeta —Ahí tienes a tu hijo. Es tuyo y de Root.

El general del ejército saiyano, que escuchó claramente los dichos del soberano, ladeó su rostro para observar al soldado a su lado al igual que los presentes en aquella sala. Aún sin poder creerlo.

—Lo siento Skalion, nunca tuve el valor para confesarte que esa mujer fue quien te dio a luz —dijo Nion aproximándose al guerrero —Las razones que la llevó a abandonarte fueron demasiado egoístas. No lo mereces —la científica se acercó al joven y lo tomó de las manos reconfortándolo. Sintiendo que el suplicio que reflejaba la mirada de Skalion, también era su dolor —Quiero que sepas que yo te quiero como a mi propio hijo, y que intenté darte todo mi cariño cuanto pude —el soldado asintió descendiendo la mirada. Había escuchado en el trascurso de su vida las maldades que la supuesta madre de Tarble cometió, y todo lo que hizo para lograr que Vegeta III la nombrara princesa. Darse cuenta que llevaba la sangre de esa serpiente en sus venas, era algo que le provocó el más profundo repudio.

—Skalion ¿mi hijo? —pronunció Nappa con notable turbación ¡por supuesto que él podía ser su primogénito! ¡muchas veces se había llevado a la cama a aquella meretriz de Root que jamás le habló sobre su preñez! Pero claro, cómo iba a hacerlo ¡si el objetivo de esa puta siempre fue ser parte de la dinastía real!

Nappa, viró su rostro impresionado por la reciente noticia y posó sus ojos en Skalion. En el pasado, cuando era aún un joven de vigor insaciable, solía visitar con mayor regularidad los lupanares para disponer que las esclavas que brindaban servicios sexuales. Una de las reglas estrictas que las mozas debían cumplir en ese sitio, era que toda hembra debía recibir tratamiento de fertilidad. Fuesen saiyanas o no, debían someterse al reglamento desde que se descubrió que la sangre saiyajin podía ser compatible con muchas otras razas. Debido a eso, estaba muy seguro que esas tipas no podían darle descendientes. Aunque de vez en cuando, tuvo uno que otro desliz con femeninas de su raza que se había cruzado en su camino. Algunos de esos cachorros que engendró en ellas, habían nacido con un poder bajo de pelea. Un soldado élite como él no iba a permitir que una vergüenza como esa saliera a la luz, por lo que él mismo ordenó que esos chiquillos desaparecieran, y ahora no conocía hijo alguno que le diera el honor que merecía. Era por ello, que al saber que Skalion era su hijo, en el fondo se sintió orgulloso de ello. El joven soldado era un guerrero fuerte, valiente, un luchador prodigioso que inclusive había ganado el torneo donde el mismo soberano ofreció como recompensa cumplir el deseo que el vencedor pidiera. El muchacho había solicitado el retorno de lady Nion. Así que tenían un buen motivo para que le diese gusto el enterarse que él era su hijo. Su único vástago vivo.

—¡No te atrevas a llamarme hijo! —rugió el guerrero soltando las manos de Nion para girar su cuerpo hacia el sujeto que estaba achacándose el parentesco de "padre".

—Pero Skalion, yo desconocía que tú pudieras ser mi hijo —intentó excusar el no haber podido estar con el joven desde su nacimiento, no obstante, ver las facciones furibundas del guerrero fue como romper con el delirio que le provocó el saber que un hombre con tan buenas cualidades como las de Skalion fuese sangre de su sangre.

—¡Te acostaste con esa… mujer! —el soldado apretó la mandíbula procurando no soltar un improperio en contra de la hembra que lo había parido. Habría preferido seguir siendo catalogado como un individuo sin cuna, ni fortuna, que saberse hijo de esa bruja malvada que cometió cualquier clase de ruindad con tal de salirse con la suya. Si pudiera, se extraería hasta la última gota de sangre para liberarse de la vergüenza que le causaba compartir lazos sanguíneos con esa escoria ¡odiaba con todas las fuerzas de su ser que Root fuese su madre, y peor aún, sabiendo todo el daño que le causó a lady Nion! Se sintió perdido. Estaba seguro que Tarble lo odiaría y no descansaría hasta hacer que pagara por todos los crímenes ejecutados por la serpiente de Root ¡maldición! ¡había robado al príncipe Tarble y alejado de los brazos de la que en verdad era su progenitora para hacerlo pasar por suyo! ¡qué clase de arpía era para maquinar tanta vileza! Skalion suspiró profundo dejando salir el aire que inconscientemente retuvo en su pecho, y desvío su atención al único de sus padres que seguía vivo y al que podía enrostrarle lo que en verdad pensaba —¡Cualquier saiyajin en tu lugar podría haberse dado cuenta que ella estaba preñada! —gritó enfurecido reparando en el general del ejército saiyajin que endureció la mirada ante los reclamos absurdos de su descendiente.

—Escucha Skalion… —insistió Nappa.

—¡No! ¡no quiero nada que venga de ti, no quiero nada que tenga que ver contigo! —expuso ladeando el rostro para no ver más al individuo que lo había engendrado. Desde que era un crío y Nion le había confiado la verdad, tuvo la convicción de no necesitar de sus propios padres para subsistir. Si ellos le habían negado la posibilidad de compartir su vida con él, no tenía por qué añorar su cariño y mucho menos lo haría ahora que era un adulto. Siempre le bastaron las atenciones que la científica de cabello añil le brindó. Por eso Nappa siempre fue y seguiría siendo tan solo un conocido cualquiera con el que no podía, ni quería, compartir lazos sentimentales.

—Skalion —lo llamó Nion con voz suave. El joven viró su vista hacia ella, dedicándole una mirada reacia al detallar el semblante atribulado de la femenina —Al menos escúchalo —aconsejó Nion.

—Solo te pido tiempo para que puedas conocerme —escuchó la voz de Nappa. El general del ejército saiyano caminó hacia el joven, deteniéndose a medio metro de él —Sé que podemos llegar a formar un buen equipo —dio un par de pasos más bajando la voz para que solo él pudiese escucharlo —Incluso podríamos llegar a ser mejor que Bardock y sus hijos que se creen la gran cosa —sugirió ilusionado de que por fin podría poner en su sitio a su eterno rival. Observó que su vástago ni siquiera volvió a mirarlo, por lo que se alejó un poco de él sin muchas esperanzas.

—Skalion —al escuchar la voz del mandatario, el mencionado elevó su mirada hacia el monarca —Debido a la serie de acontecimientos suscitados en tan poco tiempo, tu unión con lady Apricot queda suspendida por obvias razones —la noticia que llegó como una esperanza a los oídos del soldado, fue como un bálsamo que lo hizo olvidar por un momento el mal rato que estaba pasando —Así que por ahora tú y Nappa pueden retirarse —el guerrero dirigió por unos instantes su escudriño a su ex prometida, notando la decepción en sus ojos, y aunque le provocó un poco de pena la situación, no pudo evitar pensar en que eso era lo mejor que pudo suceder. Un matrimonio indeseado nunca terminaba bien, y tomarla como legítima compañera era lo último que quería hacer.

La belleza de Apricot era extremadamente tentadora. La mujer de labios carnosos, ojos seductores y figura tonificada, podría ser el deseo de cualquier macho de su raza. Sumándole a eso el hecho de que ella era guerrera de clase alta proveniente de una familia noble, que por corto período rindió servicio en el equipo élite de Vegeta IV cuando este aún era príncipe. Ella poseía muchas cualidades, pero nada de eso significaba nada para él cuando sus sentimientos ya pertenecían a alguien más.

Skalion, reverenció al gobernante para girarse sobre sus talones y avanzar hacia la salida con un solo pensamiento en mente. Nyu era todo lo que quería. Esa mujer que era dueña de su voluntad. Por quién anhelaba que se llegase el día en que pudiera liberarla de su lazo marital con el soberano para llevársela lejos. Sabía que la saiyana no era feliz al lado de su majestad, y aunque le había propuesto huir en varias ocasiones, siempre terminaba recibiendo una negativa de su parte. Aunque podía decirse que la comprendía, hacer pública su traición solo traería como consecuencia la ejecución de ambos por traición a la corona.

El rey dio un vistazo a los que aún quedaban dentro de su despacho privado. Suspiró profundo llenando de aire sus pulmones desviando su orbes obscuras hacia la ex mujer de su hermano menor cuando esta alzó su mirada en su dirección.

—Rey Vegeta —su estado decayó al darse cuenta de lo cruel que había sido al despreciar a su propia hija y rehusarse a hacerse cargo de ella tan solo por el despreció que recibió por parte de Tarble —¿Qué hay de Nira? —interrogó apenada de su miseria. No merecía ser madre de esa maravillosa criatura que no había cometido pecado alguno, y que aún así fue rechazada por sus padres, cada uno por motivos diferentes, casi desde su nacimiento. Su abuela había sabido ser mejor que ellos dos, al tomar a la niña bajo su vigilancia durante todo el tiempo que Nira permanecería dentro de la incubadora de inmersión hasta estar lista para su eclosión —Me gustaría, si usted lo aprueba, volver a visitarla y estar pendiente de su desarrollo. Deseo ser para ella la madre que debí, cuando el príncipe negó su paternidad —el monarca no lo pensó demasiado. No tenía caso que la chiquilla siguiera bajo los cuidados de Nion cuando ella tenía a su madre decidida a desempeñar el rol que le correspondía.

—Lady Nion —dijo desviando sus ojos ónix hacia la científica —Prepara todo para que Nira regrese al ala neonatal, e informa a los científicos encargados que Apricot será quien estará pendiente de ella de ahora en adelante —la saiyana científica asintió. Se había acostumbrado a ver a la cría en su laboratorio privado, pero era mejor que su propia madre tomara las riendas de la situación y actuara de la forma correcta al hacerse cargo de su protección.

—Te haré saber cuando Nira esté instalada nuevamente en el ala neonatal —dijo Nion devolviéndole la sonrisa de felicidad que Apricot dibujó en sus labios.

—¡Muchas gracias, majestad! —sonrió la guerrera ante la efímera felicidad que sintió ante la positiva repuesta del gobernante hacia su pedido, al recordar a su primer hijo —¿Pinich seguirá bajo la custodia del príncipe Tarble? —su tristeza fue reemplazada por odio, pues ya se había enterado por boca de una de sus espías, que su ex marido estaba dejando el cuidado de su primogénito en manos de su amante en turno. El muy hijo de perra no había perdido el tiempo en encontrarle un reemplazo tanto en la cama, como figura materna para Pinich.

—Esa decisión le concierne al príncipe, deberás consultárselo. No creo que te lo vaya a negar después de todo lo que ha sucedido. Puedes retirarte —demandó observando a la muchacha descender la mirada e inclinarse para luego abandonar el lugar. Ahora le tocaba arreglar cuentas con lady Nion.

—Déjennos solos —ordenó hacia el resto que aún permanecía dentro de su despacho, viendo cómo Bardock, Kakaroto, Shitsuji y el Dr. Briefs abandonaban el recinto, quedándose a solas con Nion, la cual niveló la mirada por un momento con el padre de la mano derecha del monarca.

Vegeta cruzó sus brazos y caminó hasta el escritorio, fijando su intensa mirada ónice en la científica que se sintió expuesta ante lo que su hijo pudiese estar pensando sobre ella. Él, aún tenía muchas dudas que no habían sido aclaradas. Necesitaba que ella le dijese cómo había sucedido todo, pues no lograba comprender cómo aún después del asesinato de la reina, ella siguiera escondiendo el secreto. Ella pudo de alguna forma solucionar las injusticias cometidas contra su persona. Su padre a lo mejor la hubiese perdonado por ceder y callar, ante la codicia perversa del progenitor de Seed y de ella misma, que en el afán de convertirse en una mujer políticamente poderosa, había destruido el futuro de su verdadera madre.

Conocía la historia de su padre, él había querido a Nion con pasión devota. Si ella hubiese confesado lo sucedido, las exiliadas hubieran terminado siendo Seed y Root, o en el mejor caso, las habrían ejecutado como se lo merecían.

—Necesito que me expliques detalladamente lo que sucedido —demandó el saiyajin real observando cada detalle en la expresión de Nion —Sé que frente a los demás te contuviste, ¡pero yo quiero saber absolutamente todo! —pronunció con voz severa ¡el heredero al trono había sido inmolado en aquella artimaña intrigada por Seed y su familia! ¡cada uno de los implicados iba a llorar lágrimas de sangre cuando se enteraran de la manera que iba a hacerlos pagar por su complicidad con esa hiena! —¿¡Por qué callaste aún cuando Seed había muerto!? —rugió enfurecido sin apartar la mirada de la saiyana que mantuvo su vista en él —¡Incluso cuando te enteraste de la muerte de mi padre decidiste no decir nada!

—¡Temía por su reacción y la de Tarble! —se defendió frente las acusaciones, que a su ver, eran inmerecidas, pues todo lo que hizo fue pensando en el bienestar de sus dos descendientes —¡Tarble me odia! Y usted…

—Yo te necesitaba —completó la frase el rey produciendo una punzada de dolor en el pecho de la científica que la hizo agachar la cabeza.

—Quizá me necesitó cuando aún era un cachorro —trago el nudo en su garganta que le provocaba dolor ante la angustia instalada en su corazón —Pero cuando Vegeta III murió usted ya era todo un hombre —apretó sus labios sintiendo sus ojos arder por las lágrimas que rápidamente se escurrieron para humedecer sus mejillas —¡Se convirtió en rey y mi presencia en su vida ya no era imprescindible! —elevó su rostro sollozando deliberadamente, intentando sacar todo lo que por dentro estaba quemándola —Si regresé fue porque anhelaba verlo a usted y a su hermano, jamás dejé de pensar en ambos durante mi permanencia en Tech-Tech. Quería estar cerca y protegerlos de cualquier amenaza —mordió su labio inferior en tanto enlazó sus manos a la altura de su cintura, descendiendo su vista para observar el propio movimiento de sus dedos inquietos entrecruzados —Pero al llegar me di cuenta que sus vidas ya estaban hechas y que no necesitaban de mi inútil apoyo. Enterarse que yo era su verdadera madre no cambiaría nada. Por eso callé —finalizó llevando sus palmas a su rostro, donde ahogó su infeliz llanto.

El rey se quedó en silencio meditando cada una de sus palabras. Talvez el tiempo había corrido en contra de Nion, posiblemente las circunstancias no fueron las mejores. Pero la verdad tenía piernas cortas; y la justicia que tanto le fue negada por muchos años a su madre ¡ahora sería impartida por él mismo con la máxima pena!

—¿En serio crees que tú no significas nada para mi? —preguntó aparentando los dientes ¡Nion había sido todo para él! Con su padre consumido por las responsabilidades que su cargo exigía, y Seed inmiscuida en sus asuntos ¡la única que siempre estuvo a su lado fue ella!

—Espero que sí —susurró descubriendo su rostro para mirarlo con vergüenza. Realmente no sabía a ciencia cierta qué tanto él podía apreciarla, o aceptarla, ahora que estaba enterado del parentesco en primer grado que compartían.

—¿Y tú? ¿jamás sentiste cariño maternal hacia Tarble o a hacia mi? —la pregunta hizo que la saiyana científica detuviera de pronto sus sollozos, limpiando con sus dedos los rastros de lágrimas en su rostro. Una risa nostálgica salió de garganta y se aproximó al mandatario hasta quedar a medio metro de él.

—¡Por supuesto que sí! —manifestó sincera sintiendo en su pecho aquel amor cálido y fuerte que le había ayudado a mantener vivas las esperanzas de volver a ver a sus cachorros cuando fue exiliada de Vegitasei —Jamás dude que mi amor por ustedes es más grande que todo —dio un par de pasos más hacia él, que deshizo su postura de brazos cruzados al ver que ella se aproximó. Nion, detalló esos ojos obscuros que tanto temor infundían en cualquiera que no lo conociese, pero que en ella, solo despertaban sentimientos de protección y ternura. La científica de cabello añil elevó su mano derecha y la posó en la mejilla de su hijo mayor, acariciándolo como tantas veces lo hizo cuando era un cachorro.

—Te adoro hijo. De todos los descendientes de Vegeta III tú eres el que más se parece a él. Como una copia exacta —lo tuteó sin obtener reproche alguno por parte de Vegeta, y sin poder contenerse, la femenina alzó su cuerpo y lo abrazó llevando sus manos hacia el cuello del mandatario —Sufrí tanto cuanto tuve que entregarte en manos de Seed —el monarca posó una de sus manos en la espalda de la hembra, recibiendo la muestra de afecto de una manera distinta a cuando era un niño. En ese entonces, los mimos de la mujer no eran más que los de una tía preocupada. Ahora, podía percibir esa sensación que su falsa progenitora siempre le negó.

—Hubiese dado mi vida por evitarlo —respondió él al tiempo en que ella se separó del abrazo para verlo a los ojos.

—Yo, hubiese dado la mía porque se quedaran a mi lado y me llamaran madre —declaró con anhelo —Cuando eras niño y te escuchaba referirte de esa forma a Seed, me sentía muy triste porque permití que las cosas se dieran de esa forma, al igual que con Tarble.

—Debes saber que no te culpo por lo sucedido —respondió el soberano comprendiendo la agonía y el dolor que Nion tuvo que soportar durante tantos años sin poder revelar la verdad, viendo cómo todo a su alrededor se derrumbaba y que además, sus vástagos respetaban y admiraban a extraños de los no llevaban ni un solo gramo de sangre.

—Con respecto a Tarble —dijo la saiyana temiendo por la vida del auténtico hijo de Root —Te pido que le prohíbas tomar represalias contra Skalion debido a su progenie. Él menos que nadie tiene la culpa de lo que Root hizo. Puedo asegurarte que es diferente a esa arpía llena de maldad —conocía a su vástago menor, y sabía que en cuanto supiera sobre la procedencia de su hijo no biológico, querría vengarse tomando su vida con sus propias manos. La femenina vio al rey entre cerrar los ojos al escuchar su petición —Aunque es descendiente de Root, fue criado por mi. No te lo pediría si sospechara que su corazón está lleno de vileza y crueldad.

—¿Cómo te enteraste que Root era la madre de Skalion y que lo había abandonado a su suerte? —cuestionó el monarca procurando comprender el origen que llevó a Skalion a terminar en una cápsula de contrabando.

—Una de las antiguas espías del viejo rey me enteró —respondió pensando en que eso era lo mejor que le pudo pasar al hijo de esa escoria. Ella jamás fue digna de ser madre, y Skalion nunca la mereció como tal —Ella trabajaba en un burdel fuera de la cuidad principal, y fue testigo de que Root accedió al lugar clandestinamente para dar a luz —torció su boca con desagrado ante la bajeza cometida por la amante de Nappa —Ahí mismo parió al crío que llevaba escondiendo en su vientre por muchos meses. Luego de eso, se lo entregó a Hiedra, quien la había acompañado a ese sitio. Posteriormente esta lo abandonó en una casa de niños desplazados, que operaba ilegalmente al enviar a los desafortunados a planetas inhóspitos, arrebatándoles la posibilidad de sobrevivir —Nion esbozó una sonrisa melancólica, al saber que por tal acto de mezquindad por parte de Root, ella había tenido la posibilidad de brindarle su amor maternal al cachorro desprotegido —En cuanto lo supe fui por él, y lo adopté.

—Eres una saiyana atípica —le dijo el rey, recordando que las mujeres de su planeta mucha veces no se hacen cargo de sus propias crías, mucho menos de los cachorros de otras —Pero Root y cada uno de sus cómplices ¡no se escaparan del castigo aunque tenga que bajar al mismísimo infierno por ellos! —aseveró arrugado el entrecejo aún más, no pudiendo concebir lo estúpido que había sido su padre al meter en su cama a una mujer tan despreciable y de estatus tan bajo como Root. El muy imbécil ni siquiera revisó sus antecedentes, ¡e ignoraba que ya había tenido un hijo de su propio general! —De igual manera —pronunció con determinación —La reina Seed será despojada de su póstumo título por su engaño hacia el rey Vegeta III.

—No, por favor ¡no hagas eso!

—¿Cómo puedes abogar por ella que te hizo tanto daño? —el saiyajin real estrechó su mirada observando el semblante afligido de su madre.

—En realidad fue tu abuelo quien orquestó todo el plan para que Seed fuera reina.

—¡Ese cretino no es mi abuelo! —rugió con repugnancia ante la científica de cabello añil que desplazó su vista hacia el piso, sintiendo la tristeza embargar su pecho.

—Lo fuese o no, él me obligó a entregarte a su hija en compensación por haberse hecho cargo de mi desde que tenía cuatro años —continuó la hembra determinada a que el monarca desistiera de la idea de borrar toda imagen buena que el pueblo saiyajin tenía de su hermana.

—¡Ella pudo confesarle la verdad a mi padre! ¡pero prefirió tomar ventaja de lo que ese viejo maldito te obligó a hacer sabiendo que con eso obtendría al título de reina!

—Tal vez —respondió posando sus ojos en su hijo mayor —Pero aún así, Seed me prometió tratarte de la misma manera que lo haría si fueses su propio hijo, y me permitió cuidarte y estar a tu lado mientras ella se encargaba de velar por los habitantes de Vegitasei —la saiyana científica inhaló profundo sintiendo que la memoria de su hermano no merecía ser manchada por el egoísmo de su padre —Seed fue una buena reina guerrera para el pueblo, y era una persona justa con los subordinados y sirvientes. Además, nunca te trató mal, ni a ti, ni a mi. Continuó siendo la misma pese al dolor que la embargaba debido la pérdida de sus cuatro hijos que murieron en batalla defendiendo al reino —el soberano mutó su expresión molesta, a una más calmada a medida escuchaba las declaraciones de Nion —Al final fue envenenada de forma cobarde por Root. Ella no lo merecía. Por eso te pido que lo pienses muy bien antes de tomar una rotunda decisión.

—Lo haré —fue la respuesta del saiyajin real —¡Pero Root recibirá todo mi repudio así que no intentes interceder por esa escoria!

—No planeaba hacerlo, hijo —Vegeta escudriñó la mirada sincera de la saiyana, notando la esperanza en sus ojos azabaches por escuchar que la llamase como correspondía.

—Muy bien. Puedes ir a descansar —expresó un tanto cansado por todo lo que estaba pasando. Sintiendo que necesitaba asimilar todo lo ocurrido, e incluso, familiarizarse con el hecho de llamarla "madre" como debidamente correspondía. Vio a la mujer sonreírle débilmente para luego caminar hasta la puerta y salir del recinto.

Una vez Nion cerró la puerta a sus espaldas, pudo ver que los escoltas del soberano se encontraban en el pasillo esperándolo. Bardock, dio un paso hacia ella con la intención de seguirla y preguntarle cómo se sentía. Realmente le preocupa la manera en que ella había tomado el enterarse que sus hijos ahora sabían sobre su verdadera identidad. El general del escuadrón de choque apenas logró avanzar medio metro tras la científica, cuando desde el interior pudo escuchar la voz del monarca llamarlo junto a Shitsuji, haciéndolo girarse para presentarse ante el rey, posponiendo su charla con la saiyana de cabello añil.

—¡Shitsuji! ¡Bardock! — había pronunciado el gobernante e inmediatamente el mayordomo accedió al despacho privado y detrás de él entró Bardock.

—A la orden, majestad —expresaron al unísono observando odio y repudio semblante del saiyajin real.

—¡Shitsuji! ¡Te doy tres días para averiguar quiénes fueron los que ayudaron a Root a cometer sus delitos! —vociferó preso de ira contra aquella maldita arpía —Una vez localizados ¡Bardock deberá encargarse de atrapar a todo conspirador! ¡no me importa si son miembros del Consejo o traidores dentro de la fila de guerreros de los escuadrones élite! ¡quiero a cada uno de ellos con vida! —agregó sintiendo una deliciosa satisfacción interna al pensar en cuánto haría sufrir a ese grupo de estúpidos infieles que osaron apoyar a la golfa de Root en todas sus fechorías.

—Cuando los tengamos ¿qué debemos hacer con ellos? —preguntó el general del escuadrón de choque con seriedad.

—Los llevarán directo al coliseo ¡yo me encargaré de darles muerte! —aseveró maligno saboreando el deleite de su venganza.

.

.

Su pecho se percibía tan oprimido, que Tarble tuvo que suspirar profundo pensando en que la jugarreta solo había servido para darle una gran lección. Nunca debía juzgar tan duramente a nadie sino quería que el destino se lo cobrara con creces. Porque eso le había sucedido, había recibido un golpe bajo del que no solo le estaba siendo difícil levantarse, sino que también, el arrepentimiento por su actuar estaba carcomiéndolo. Por eso había tenido que largarse del palacio desde hacía dos días. Había ido hacia el oeste de Vegitasei, donde se hallaba unos de sus castillos personales. Desde la ventana de su alcoba, podía verse la tierra árida debido al clima caluroso que azotaba al astro en ese momento. La planicie de arena seca, se hacía ver ante sus ojos dándole la soledad que en ese momento requería. Porque en ese instante, solo deseaba estar solo ¡necesitaba estarlo!

La frustración ante el descubrimiento que experimentaba, seguía siendo el mismo que sintió en cuanto se enteró quién era su legítima madre. Nunca se habría podido imaginar que había vivido de una mentira que solo sembró rencor y maldad en su corazón. Aunque su decepción no era meramente por saber que Nion era su progenitora, más bien, era contra sí mismo. Por haber cometido tantos desaciertos, que no podía explicarse el por qué jamás pudo ver su error, sino hasta que Vegeta le quitó la venda de los ojos ante la verdad que siempre estuvo frente a él, y se preguntaba constantemente ¿cómo es que nunca se dio cuenta de lo evidente? La científica saiyana siempre había estado ahí, bajo las sombras, pero asiduamente insistente, firme, cuidando de ellos detrás de un secreto que le otorgaba todo los derechos para intentar ser lo que no podía confesar. Y realmente la entendía, su odio desmedido había sido lo demasiado grande como para frenar a la saiyana a desvelar su más impenetrable confidencia.

El príncipe dejó salir las lágrimas que estando solo, podía darles libertad sin miedo a ser criticado por quienes estuviesen a su alrededor ¡cuánto deseaba que todo aquello no hubiese sucedido! ¡cómo había podido la maldita hija de perra de Root haberse atrevido a apartarlo de los brazos de Nion! ¡su verdadera madre! Su padre había sido solo un títere en las manos de esa arpía de Root que supo jugarle lo demasiado sucio, que debido a su ambición por obtener poder dentro de la dinastía saiyana, solo había causado desgracias. Empezando por él, que le había arrebatado la posibilidad de crecer al lado de su propia madre, y en ese transcurso, obligado a la científica de cabello añil a convertirse en una exiliada al haber evitado que esa serpiente le diera muerte a él, y a su hermano mayor, mediante envenenamiento, de la misma forma que había logrado deshacerse de Seed. Por desgracia suya, y por la suerte de esa usurera, que ya estaba muerta. Pero no descansaría hasta tomar venganza en contra de todo aquel que llevase la sangre de esa escoria en sus venas.

El príncipe descendió la mirada para girar y caminar hasta el bar dispuesto del lado izquierdo de la habitación. Nunca había sido partícipe de ahogarse en el alcohol cuando un problema de difícil resolución se cruzaba por su camino, pero una copa de vino no estaba demás en ese momento. Tomó una de las copas en la barra, y eligió una botella de las tantas ubicadas en el estante para dirigirse al sofá en la estancia, dejando todo sobre la mesa de centro.

Mientras se servía la bebida, solo podía pensar en la manera correcta en la que podía pedirle perdón a su madre. Posiblemente no existía la forma apropiada de hacerlo, y probablemente no estaba listo para ello, pues no siempre todo se arreglaba con pedir disculpas, cuando existía de por medio tanto daño causado. Había agraviado desmesuradamente a su progenitora, y se sentía un miserable por ello al igual que con Apricot y la pequeña Nira, a la cual intentó desterrar del planeta sin detenerse a pensar en el daño que le causaba a su ex esposa e incluso a él mismo, aún cuando una prueba de paternidad comprobó de la legitimidad de su parentesco con su segunda descendiente. Su aversión lo había obcecado de modo tal, que solo había podido pensar en eliminar de la faz de Vegitasei a todo aquel que le recordara a la asesina de Root. Y precisamente es lo que no podía perdonarse, jamás se había detenido a pensar en los motivos que llevaron a la científica saiyana a cometer ese delito, porque ante sus ojos cegados nunca hubo explicación que justificara el acto, pero que ahora entendía que todo lo sucedido tuvo su razón de ser, una causa lo suficientemente poderosa que había arrancado la venda sobre sus ojos.

Tenía tantas culpas con las que cargar, que solo regresando al sitio donde todas las infamias habían tenido lugar, podía ponerle fin a su abatido arrepentimiento.

.

.

Desde hacía cuatro días, que el mayor secreto de Nion había sido descubierto por su hijo mayor mediante una investigación que lo llevó a develar lo que tantos años había ocultado con esmero, y este, se había encargado de hacerle saber la verdad al menor de los vástagos de la científica, el cuál la había odiado desde que era un chiquillo ante la muerte de Root, su presunta madre.

Desde ese momento Nion no había vuelto a hablar con ninguno de los dos, no porque no lo quisiese, de hecho, había soñado muchas veces con ese reencuentro, pero sabía que jamás iba a tener el valor suficiente para hacérselos saber ella misma. Se enteró por una de sus sirvientas, que Tarble se había largado del palacio con rumbo desconocido, por lo que entendió que posiblemente el monarca se sentía de manera similar con respecto a ella, así que decidió darle su espacio y que fuera él quien la buscara cuando estuviese listo para una nueva conversación.

La saiyana científica amaba a sus dos hijos por igual. Pero la historia que tenía con cada uno distaba muchísimo de una con la otra, por lo que no ignoraba que cada uno la veía de diferente manera y debido a eso, tal vez al que menos le costaría aceptarla como su madre era a Vegeta IV, pues las circunstancias le permitieron quedarse a su lado, brindándole todo el cuidado y el amor desde el momento en que nació, ya que esa había sido una de las condiciones que le impuso a Seed cuando accedió a hacer pasar a su retoño como hijo de la reina. Tarble no había corrido con la misma suerte, y se había criado en manos de una mujer malvada que solo sembró odio en la criatura contra ella.

Esa mañana, se había hecho una invitación a todo el pueblo saiyajin, con el motivo de ejecución de la ley a traidores a la corona. Evento que por puesto nadie faltaría. Algunos por morbo, y otros para enterarse por sí mismos del motivo que había llevado al soberano a implementar la pena máxima dentro de las leyes establecidas en Vegitasei.

Ese tipo de eventos era planificado por los reyes Vegeta cuando las traiciones habían sido a gran escala, afectado grandemente a la corona. Tal fue el caso de vasallos y aliados de la reina Mapple, cuando ella y sus hijos, aprovechando la muerte del Viejo Rey, Vegeta II, intentaron usurpar el trono que por ley le correspondía a su hijo mayor, Vegeta III, en el suceso que la gente llamó "la masacre de la corona". Años después, ya siendo rey, Vegeta III también mató en el coliseo al golpista príncipe Pyke, su hermano bastardo, y a todos los que le ayudaron en un intento fallido por derrocarlo.

Ahora Shitsuji y Bardock habían cumplido con la disposición del gobernante. El mayordomo se había enfrascado en dar cumplimiento a la orden de su majestad en el corto período que este les impuso para hacerlo. Había tenido que revisar la base de datos saiyana, así como de los trabajadores enlistados en los archivos del castillo donde estaban detallado quiénes, y en qué período, habían servido en el palacio real. Pudiendo encontrar a los infieles de forma eficiente, e inmediatamente le hizo llegar la información a Bardock y su equipo, para que les dieran caza a los traidores, los que en ese momento se encontraban dentro del calabozo del Coliseo para la exhibición pública de su pronto exterminio. En el graderío general del palco, a eso de las diez de la mañana ya se escuchaba a la multitud presente que ansiaba presenciar el espectáculo.

Los miembros de la realeza, los príncipes Trunks, Vegeta y Baserk, así como lady Nion y la princesa Nyu, habían sido notificados a tempranas horas ese día, que debían acompañar al rey Vegeta IV al evento programado para media mañana. Por lo que en ese momento, todos caminaban tras el monarca, que los encabezaba, en dirección al palco real del Coliseo.

—¿Qué es exactamente lo que se anunciará en el Coliseo? —preguntó en voz baja Baserk, que le intrigaba de sobremanera la situación, puesto que nadie había sabido decirle exactamente qué era lo que estaba sucediendo.

—Paciencia príncipe, pronto lo sabremos —respondió Fasha, la escolta principal de los vástagos del soberano, que caminaba un paso tras estos.

—No comas ansias Baserk, seguro que es algo importante —respondió el pequeño Vegeta que miró a su hermano asentir ante su respuesta. El príncipe Trunks, solo se limitó a escuchar el intercambio de palabras entre sus hermanos.

Por otra parte Nyu, que avanzaba del lado derecho del mandatario, observó con detenimiento el perfil serio su marido, reparando en su mirada ennegrecida imperturbable, indescifrable.

Si bien llevaba once años unida a él, nunca habían afianzado su relación como compañeros, si es que ese término podía usarse en su casi nula e inexistente relación. Por ende a esas alturas, aún le era imposible saber qué es lo que él estaba pensando, y posiblemente nunca lo podría comprender.

El saiyajin real no compartía absolutamente nada con ella. Habría querido ser no solo su legítima esposa, sino que también, su aliada, su confidente. Que el soberano formara un lazo de unión tan irrompible, como el que tenía con la estúpida terrícola. Era consciente que parte de esa frialdad que siempre los separó era su culpa, al no haber podido siquiera llevar a término uno solo de los embarazos que en varias ocasiones acabó perdiendo. Pero a quien achacaba la mayor culpa de toda su desdicha, era a la golfa humana que ahora se encontraba dentro de la cápsula de alimentación preñada de gemelos y que para su maldita suerte, el gobernante pronto la convertiría en reina. Título que ella siempre había codiciado obtener. Porque en un principio a pesar que lo quiso como a nadie, ese cariño tan grande que llegó a desarrollar por él, fue tan inmenso como su avaricia por amasar poder. Ambición que la estaba llevando a no poder abandonarlo todo y largarse de Vegitasei para comenzar una nueva vida con Skalion. Porque su vida como princesa era inigualable pese a que hace mucho había dejado de calentar la cama del rey. Vegeta se lo había dicho, no rompería su unión si ella no volvía a intentar buscarlo de la manera en que tantas veces insistió. Trato que había terminado aceptando pues el sexo, tan necesario en una pareja y que su marido le negaba, era complementado por sus dos amantes.

La princesa suspiró disimuladamente intentando apartar sus pensamientos de su cabeza, desviando sus ojos hacia la mujer que iba del lado izquierdo del monarca. En cuanto la había notado, se le había revuelto la bilis. Desde que la tía de su marido arribó al planeta, inmediatamente esta había sentido simpatía por la asquerosa terrícola y se preguntaba ¿por qué? Nion era una saiyana de cuna, y como era de conocimiento público, aunque no fue criada por su propia familia, los nobles que la habían adoptado eran miembros respetados parte de la aristocracia saiyajin. Por eso no lograba comprender ese aprecio de la científica de cabello añil hacia la humana, y su menosprecio hacia ella, que era una guerrera innata, poderosa y bien criada, que si bien no había podido parirle prole al mandatario, no dejaba de ser una hembra de clase alta a la que todos deberían considerar como única merecedora de los favores del rey. Por esa razón, el desdén de esa mujer hacia ella podía considerarlo como recíproco. Todo aquel que prefiriera estar de parte de la segunda consorte y no de ella, era estimado como uno de sus más férreos enemigos.

La princesa tuvo que morder su lengua para no soltar una grosería en contra de la científica que tan mal le caía, así que optó por desviar su atención desde Nion, hasta su marido, que parecía tener prisa por aparecerse en el sitio donde había citado a todo el pueblo saiyajin.

Las dudas estaban carcomiendo por dentro a Nyu, con respecto al adulterio que estaba cometiendo en contra del mismísimo gobernante. ¿Y si Vegeta había descubierto su infidelidad? Había estado revolcándose los últimos meses con Skalion, y hace muchos años con Turles, que si bien al principio accedió con gusto a este último, ahora lo hacía obligada por sus chantajes, pues su hermano gemelo estaba dispuesto a decirle todo la verdad al rey sobre su relación, si ella se negaba a seguir manteniendo relaciones con él.

Los vellos en el cuerpo de la primera consorte se erizaron con absoluto miedo. El soberano había informado que el motivo de ese evento era para aplicar la pena máxima a algunos traidores a la corona, y aunque desconocía exactamente de quiénes se trataban, temió por su vida al no saber si ella y sus amantes, serían esos desleales a los que eliminaría ante los ojos de los cientos de presentes. Los más raro de todo era que, tanto la mano derecha de Vegeta, como su escolta principal, estaban ausentes, así como el resto de su comitiva. Cuando por protocolo, debían acompañarlo siempre, sobre todo en los eventos públicos.

Para cuando cruzaron el umbral de la entrada y se aproximaron a la tarima principal del palco, su mente le gritó que huyera de ahí. Que corriera lo más rápido posible y buscara una nave en la cual poder huir. Pero su pavor fue demasiado como para hacerla reaccionar, y para cuando pudo salir de sus cavilaciones, ya estaba deteniéndose frente a la silla que le correspondía al lado del trono dispuesto en ese sitio para el soberano. Observando cómo la multitud se silenció, en cuanto notaron la presencia del saiyajin real. Su sangre se heló cuando sus ojos repararon en los miembros del Consejo, que se hallaban dispuestos en sus gradas al lado de la tarima principal en el palco —¿Qué rayos hacían todos ellos ahí? —se preguntó la princesa sintiendo como una gota de sudor bajó por el lado de su sien.

—¡Atención! ¡su majestad, el rey Vegeta IV! —anunció uno de los soldados ante la presencia del soberano que no tomó lugar en el trono, sino que se dirigió hacia el podio en el que había sido instalado un sistema de sonido para que todos pudiesen escucharlo en aquel enorme Coliseo.

En ese momento, Zorn, Kakaroto y Brocco, que habían estado impartiendo las órdenes del mandatario tal y como él las había dispuesto, tomaron posesión de sus lugares correspondientes en el palco real. El rey, fijó su vista en la arena, alzando su mano derecha dando la señal a Bardock, que se hallaba en el centro de esta. Inmediatamente el general del escuadrón de choque, ordenó a los soldados que custodiaban a los traidores, que ya habían sacado de las celdas, que los llevasen ante los ojos del público que comenzó a vitorear con vigor a los desleales que le habían faltado a la corona.

—Quiero informarles —habló Vegeta haciendo escuchar su grave voz por todo el Coliseo, captando la atención de los espectadores que aminoraron los gritos hasta quedar en completo silencio —Que luego de realizar diversas investigaciones, pruebas exhaustivas que involucran a los implicados, testigos de antaño y cómplices, así como también, el someternos a rigurosas pruebas realizadas en el laboratorio real, finalmente hemos descubierto una verdad que conspiradores desleales trataron de ocultar por más de treinta años —continuó el monarca arrugado con fuerza el entrecejo, al sentir la ira por cobrar venganza ante lo ocurrido a su progenitora —Esa verdad, es que el príncipe Tarble y yo, no solo somos hermanos por parte de nuestro padre, el rey Vegeta III, el cual también fue engañado, sino que igualmente somos hermanos por parte de una misma madre.

¿Qué? ¿Cómo es eso posible? ¿Quién fue capaz de cometer ese delito? —pudieron escucharse las murmuraciones por parte del pueblo saiyano.

¿Cómo es que jamás no enteramos de nada de esto! —se reprochó para si solo uno de los miembros del Consejo, dándose cuenta de lo inútiles que habían sido ya que nunca se enteraron del crimen cometido bajo su período de administración. Lo peor de todo era que incluso dos de sus colegas se encontraban dentro de los implicados.

—Así como lo escuchan. Lazos maternos sanguíneos nos unen a mi hermano y a mí, por parte de nuestra madre, una dama honorable que fue víctima del egoísmo y ambición del padre de la reina Seed, así como de las más ruin de las maldades por la ambición de la esclava Root —dijo apretando sus manos en puños ante la ira que estaba conteniendo en su interior —Root, mujer vil y sin escrúpulos que ambiciosa de poder quebrantó todo precepto que rige las leyes de Vegitasei al robar de los brazos de su legítima madre al príncipe Tarble, para hacerlo pasar como su propio vástago —aseveró desviando su vista hacia la saiyana de cabello añil que dio un paso a su lado —También se descubrió que el antiguo fiscal del Consejo, amenazó a mi madre y la obligó a entregarme a su hija Seed, para que se convirtiera en reina, basándose en la ley del Viejo Rey sobre los cinco hijos varones —todos los presentes que habían guardado silencio nuevamente, se sorprendieron aún más al escuchar las declaraciones del mandatario. Sus miradas se cruzaron al verse unos a otros, compartiendo la turbación que allanó sus cuerpos ante la noticia revelada —Es por ello ¡que yo mismo le daré muerte a cada uno de los cómplices que perpetuaron tal traición a la corona! —señaló a los sujetos que fueron empujados hacia el piso por los soldados que los custodiaban en el centro del Coliseo —¡Traición que en Vegitasei se paga con la pena máxima!

—¿Qué? ¿es posible que Nion sea su madre? —susurró para sí misma la princesa. Por un momento Nyu se relajó al darse cuenta que la ejecución iba dirigida a los inútiles conspiradores de la facción de Root. Pero no pudo evitar pensar, que ese era el destino que le esperaba si su infidelidad fuese descubierta. Su mirada, viajó desde los condenados, hacia la muchedumbre enfurecida que pedía a gritos cobrarse con sangre la traición, y un nudo se formó en su estómago al darse cuenta que su ambición la llevaría al fracaso. Skalion le había pedido infinidad de veces que huyeran del planeta, que dejaran atrás a todos para poder vivir plenamente como lo deseaban, pero ella siempre se oponía, no cabía en su mente la posibilidad de alejarse del palacio. No podía, ni quería. Si lo hacía, todos los privilegios con los que contaba ahora se anularían, incluso su título. Y pasaría de ser la princesa, a una perseguida fugitiva, porque conociendo el orgullo tan grande del soberano, no descansaría hasta eliminarla con sus propias manos.

—¡Por favor rey Vegeta! ¡perdónenos! —gritó un hombre de edad avanzada que se irguió hasta quedar hincado sobre la ardiente arenisca que era calentada por el tórrido sol de esa época seca del año. Él más que nadie sabía sobre todas las atrocidades que Root cometió, pues durante la estancia de esta en el palacio, el malvado se había desempeñado como su mayordomo, convirtiéndose en uno de sus más fieles colaboradores —¡Tuvimos que obedecer a lady Root!

Los príncipes Trunks y Vegeta, se miraron uno al otro comprendiendo que esos sujetos en el centro del Coliseo, habían intrigado en contra de lady Nion, su abuela, despojándola de toda clase de concesiones a las que debió tener derecho. Baserk, se limitó a observar con rabia a los infieles condenados con justicia por su padre, y aunque era el menor de los príncipes, comprendía a la perfección que la lealtad hacia el imperio, era uno de los principales valores morales que hacía a un saiyajin.

Nion, miró con pesadumbre a los conspiradores. Cada uno de ellos había cumplido una función, para que toda aquella argucia en la que resultó despojada de su hijo menor, se llevara a cabo. Algunos le habían fingido amistad, posiblemente buscando la manera de encontrar la forma de arruinarla, y lo habían logrado. Pero ahora su vástago mayor haría justicia, y lo único que lamentaba es que no solo pagarían con su vida los traidores directos, el rey había sido claro, la familia de cada uno de ellos también había sido liquidada. Por lo que sabía, algunos intentaron huir, pero el escuadrón al mando de Bardock, les había dado caza y puesto final a sus miserables vidas.

—¡Lady Root nos convenció de intercambiar al príncipe Tarble por su hijo muerto nacido ese mismo día! —gimió otra que había ejercido su cargo como nana del hijo menor de Nion. Dentro de los condenados a la ejecución por alta traición a la corona, también se hallaban varios miembros del Consejo, dos comandantes, doce soldados, tres espías, dos sicarios que se encargaban de apartar del camino de Root a todo aquel que representara una amenaza para ella. Además de un científico que preparaba pociones envenenadas, el cual había sido el autor del brebaje con el que asesinaron a Seed, así como tres amantes y varios familiares.

¡Mátenlos! —bramaban con vigor los espectadores en la gradería del Coliseo.

¡Queremos sangre! —gimieron otros al unísono —¡Háganlos pagar! ¡no merecen vivir! —gritaron del otro lado con rabia ante el delito cometido.

—Como rey, tomaré los correctivos necesarios junto al Consejo para que lady Nion sea resarcida —fueron las últimas palabras del mandatario, antes de levitar en el aire unos metros y dirigirse hacia el centro de la arena donde los desleales se encontraban.

Tan pronto como los traidores divisaron al monarca volar en su dirección, se escuchó el llanto del par de mujeres y los familiares de Root, ahogados entre la multitud exaltada que clamaban por ver la sangre de los infieles. Los comandantes y soldados implicados, simplemente desviaron la vista sabiendo que su fin había llegado, mientras que el resto de los condenados, tembló en su posición al ver que el soberano descendió hasta quedar a unos metros de ellos.

—¡Majestad! —pronunció Bardock al igual que los soldados en la arena. Vegeta, hizo una gesto con su cabeza para que los guerreros se alejaran unos cuantos metros ante la masacre que estaba apunto de comenzar.

—¡Rey Vegeta por favor no lo haga! —suplicó el antiguo mayordomo de Root, el cual seguía hincado en el piso. Este posó sus manos en la arena y agachó la cabeza hasta que su frente tocó el suelo en un intento por hacer cambiar de opinión al mandatario.

El soberano, estrechó sus ojos dirigiendo su vista hacia el deplorable viejo que rogaba por su miserable vida, y su expresión de furia, mutó a una siniestra permitiendo que una sonrisa maligna se dibujara en sus labios.

—¡De pie! —gritó haciendo que el anciano alzara su cabeza tan solo para darse cuenta, que el gobernante se estaba dirigiendo hacia su rumbo. Ante su muerte inminente, tembló sin poder controlar los espasmos en su cuerpo y a como pudo, se levantó de la arena hasta quedar semi erguido —¡Maldito! —rugió Vegeta alzando su mano hacia el hombre y lo hizo flotar en el aire. El mandatario observó con complacencia la expresión de pánico en el rostro del sujeto, que comenzó a moverse inquieto en un intento por huir del ataque. El mayordomo podía sentir la fuerte presión a su alrededor del poder que expelía el monarca. Trató de hablar, pero ni siquiera pudo articular palabra frente a la sofocación que estaba experimentando —¡Muere! —la multitud presenció eufórica cómo el rey se movió a una gran velocidad, que apenas fue perceptible ante sus ojos. De un solo golpe, el soberano rompió la armadura que cubría el torso del anciano, a la vez que atravesó su abdomen haciéndolo escupir sangre acompañado de quejidos lacerantes. Lo siguiente que los presentes pudieron ver, fue el despliegue de una onda de energía que envolvió al individuo convirtiéndolo en polvo.

—Así se hace papá —comentó el príncipe Vegeta sintiendo deseos de acabar él mismo con los infelices que hicieron de su abuela una desdichada.

Nyu, se limitó a observar a los críos que estaban a su lado, cayendo a cuenta que la humana no solo contaba con los favores y el favoritismo de su majestad, sino que también, tenía de su lado a sus hijos, que sin duda alguna la defenderían de cualquiera que intentase hacerle daño.

La princesa desvío su mirada hacia el centro en la arena, concluyendo que debió de ser más efectiva y decidida en su plan para aniquilar a la terrícola cuando aún no contaba con tanto poder. Si esa mujer paría dos varones, se situaría un escaño arriba de su potestad, convirtiéndola en intocable. Pretender que a esas alturas podría hacerla desaparecer, era igual de risible que si intentara volver a calentar la cama de su marido. Ninguna de las dos cosas podría ser posible, por ello debía tomar una decisión. Quedarse al lado del monarca significaba conservar sus privilegios y su posición, sin embargo el precio a pagar era agachar la cabeza ante Bulma, que tenía todas las posibilidades de convertirse en reina. Su otra alternativa era huir con Skalion. Viviría por fin con el hombre que quería, pero perdería todo hasta lo que en ese momento había ganado. Definitivamente no era una elección fácil.

¡Rey Vegeta, no quiero morir! —rogóla que había sido la nana de Tarble.

¡Tenga piedad de nosotros! —pidió una de las espías.

¡Solo obedecíamos a Root! —mencionó un saiyajin miembro del Consejo que en ese momento, se arrepintió de haberse puesto del lado de aquella arpía.

Vegeta transformó su semblante enfurecido a uno de repudio. Desde que era un príncipe, siempre odio los signos de debilidad mostrada en cualquier ser. Solo había hecho una excepción en su vida, y esa había sido Bulma. Su naturaleza frágil despertaba en el sentimientos de protección, pero ahora, simplemente le daba asco escuchar los ruegos de esos traidores.

El siguiente objetivo del soberano fue una de las mujeres que gemía con angustia aún hincada sobre la arenisca. Con pasos lentos, se aproximó a ella y la sujetó del cabello levantándola en peso hasta tenerla a la altura de sus ojos. La femenina se removió asustadiza cerrando sus párpados con fuerza al sentir el dolor intenso del agarre en su cabeza. Dejó salir las lágrimas sin reparo. Aunque quisiera, no podía hacer nada ante el poder inmenso del saiyajin real.

¡Esa escoria merece morir! ¡Maten a esa arpía traidora! —gritaron algunos desde las graderías.

—¡Tú y toda tu prole morirán! —bramó el monarca sujetando con su mano libre la mandíbula de la mujer, y de un solo movimiento giró su cabeza quebrándole el cuello. La soltó, y para cuando el cuerpo inerte de la ex espía de Root tocó el piso, ya se encontraba delante del científico que formuló la poción de veneno que acabó con la vida de Seed —¡Vete al infierno! —vociferó colocándose en posición de ataque, con ambas manos extendidas frente a su cuerpo a la altura de su abdomen. Sus palmas brillaron ante el destello de la esfera de energía que se formó en ellas, y con un grito enfurecido, desplegó su poder golpeando de lleno al individuo que cayó varios metros atrás completamente calcinado. El soberano, arrugó la nariz sintiendo el olor nauseabundo que despidió la carne quemada de su víctima. Sin darle mayor importancia, desvió su atención a los que aún quedaban con vida. Al menos diecisiete de ellos todavía se encontraban postrados sobre la arena. Podía ver su miedo, percibir su cobardía. Habían sido muy buenos para ensañarse con su madre que no pudo defenderse de sus injurias, y tan cobardes que ni siquiera se atrevían a mirarlo a los ojos.

—Voy a disfrutar de alargar su agonía mientras ruegan por sus miserables vidas —expresó el gobernante exhibiendo sus caninos en una sonrisa torcida que provocó un escalofrío en más de uno de los conspiradores. Los sentenciados, notaron que su corazón latía arrítmicamente percibiendo el más puro horror ante la pesadilla que estaban viviendo.

Cuando decidieron ponerse de parte de Root, solamente pensaron en que su decisión de apoyarla era acertada. Debido a que la concubina rápidamente fue ascendiendo posiciones y adquiriendo gran poder político, previeron una alianza que podía beneficiarlos grandemente. Sin embargo, cuando esta murió repentinamente, creyeron que con ella habían enterrado sus fechorías cometidas en complicidad con la esclava, y que no existía la posibilidad de que algún día podían sufrir las consecuencias de inmiscuirse en actos arbitrarios y desleales hacia la corona. Pero, estaban tan equivocados.

Vegeta se movió posando sus ojos cazadores en su siguiente presa, uno de los sicarios confederado con la facción de Root. El mandatario estabas por atacar a su próxima víctima, cuando de pronto, escuchó a algunos espectadores pronunciar el nombre de su hermana menor.

¡Miren, es el príncipe Tarble! —dijo un saiyajin desde la tribuna alzando su mano para señalar al joven que volaba directamente hacia el centro de la arena.

¿Por qué se habrá aparecido hasta este momento? —preguntó otro curioso viendo que el príncipe descendió reduciendo la velocidad hasta la posición donde se encontraba el rey.

—Majestad —pronunció Tarble tocando tierra y caminando hacia el mandatario que viró su cuerpo completamente hacia él, sin apartar su mirada obscura de sus movimientos —Si me lo permites ¡quiero ser yo mismo quien haga desaparecer a estos traidores! —bramó empuñando sus manos con rabia absoluta.

El príncipe, que había decido autoaislarse en su palacio personal al sur del planeta, durante tres días, había podido reflexionar sobre el rumbo que tomó su destino cuando Root decidió apartarlo de la vida de su madre.

Esa arpía ponzoñosa arruinó su vida definitiva e irrevocablemente, no solo por el hecho de haberlo privado del cariño y protección que solo Nion pudo brindarle, sino que también, provocó discordia entre su hermano mayor y él. Vegeta IV siempre lo consideró un ser inferior, por haber nacido con un poder de pelea que a los ojos de un saiyajin de clase alta como él, era considerado indigno. Por parte de Tarble, la envidia que sentía por saber que nunca podría suplantar en su posición de heredero al trono a su hermano mayor, porque le faltaba todo lo que este poseía, lo hacía incluso querer asesinarlo con sus propias manos. Además, desde que Root falleció y todos sospecharon de la científica de cabello añil como posible culpable, nació en el príncipe un anhelo insano de venganza y sed por obtener justicia para la serpiente que le provocó una irrecuperable herida que probablemente nunca podría sanar.

Nadie, ni siquiera si su madre le otorgara el perdón o si él mismo estimaba que lo merecía, y ni aunque su relación con Vegeta mejorara, podría regresar el tiempo atrás para vivir de la manera que siempre le correspondió. Ni aunque aniquilara a todo aquel que confabuló con Root, o sus familiares, podría revertir lo que la codicia de esa mujer le robó. Pero, al menos le daría la satisfacción de saber que ni uno solo podría seguir causando daño. Porque alguien con los escrúpulos de aquellos desleales que se convirtieron en sus cómplices, o los descendientes que cargaran en sus venas la misma maldad de Root, no dudaba que en cualquier momento actuarían con mezquindad al igual que ella, pensando solo en sus intereses sin importarles pisotear a quien se pusiera en su camino.

—Demuestra ante todos, lo que los hijos de Vegeta III le hacen a todo al que se atreve a traicionarlos —manifestó el rey con una voz tan profunda, que inclusive los soldados que se hallaban cerca dieron un paso atrás sintiendo el miedo colarse hasta sus huesos.

Vegeta IV era muy respetado y admirado por el pueblo. Estaba llevando a Vegitasei a la gloria, con el crecimiento del poder de su ejército y la ciencia en desarrollo, había posicionado al planeta entre los astros que poseían mejor tecnología. Pero, nadie podía obviar la reputación que antecedía al monarca. Desde que era príncipe, la notoriedad de su prestigio era tan temida como hasta ahora, y el desarrollo exponencial de su supremacía era algo indiscutible.

—¡Príncipe Tarble! —llamó su atención uno de los comandantes implicados. Cuando Tarble posó su mirada colérica en él, continuó en su intento por hacerlo desistir de la masacre —¡Por favor no me mate! ¡yo jamás estuve de acuerdo en lo que Root hizo! —gritó enderezado su cuerpo para tratar de ponerse de pie, pero fue reducido al instante por Bardock, que le propinó una patada en su espalda lanzándolo con brutalidad hacia la arena.

—¡No te atrevas a intentar algo! —expresó mirando con asco al sujeto que se quejó por el dolor de su correctivo.

—¡Yo no hice nada! —habló el comandante una vez más manteniéndose boca abajo sobre el piso.

—¡Pero callaste no es así! —bramó Tarble ofuscado con tanta palabrería absurda de ese individuo.

—¡Callé porque Root me tenía amenazado con matar a mi familia! —respondió alzando la cabeza para dirigir su vista hacia el príncipe que arrugó el entrecejo y torció sus labios ante la rabia que le causaba enterarse de todo lo que esa mujer hizo por salirse con la suya.

—¡No te dejes manipular Tarble! —rugió Vegeta provocando a su hermano menor —¡Mátalo de una buena vez! ¡no es eso lo que querías! —añadió, y observó cómo el príncipe gritó elevando su rostro al tiempo en que una ráfaga de energía se extendió por todo el lugar debido al despliegue de su poder.

La tribuna que se había mantenido expectante de lo que sucedía, vociferaron excitados por el gozo que les causaba el ser testigos de la aniquilación de los sucios traidores.

¡Una afrenta hacia la realeza es un agravio hacia el pueblo de Vegitasei! —indignados, se ponían de pie frente a la desaprobación de los hechos consumados que irreverentes habían cometido —¡Extermínenlos a todos! ¡son una vergüenza!

En cuanto Nion había reconocido al saiyajin que se unió a la masacre que se estaba llevando acabo en el centro de la arena, su corazón había comenzado a galopar intensamente. Su hijo Tarble por fin regresaba después de varios días lejos del palacio, y dentro de su corazón, la esperanza renació ante la posibilidad de poder arreglar su situación.

A la científica saiyana le dolía en demasía el sufrimiento de su hijo menor. Sabía que la verdad había turbado al menor de sus hijos, tanto, que el desconsuelo de la revelación lo llevó a marcharse del castillo para estar solo. Y aunque no sabía a ciencia cierta si ese silencio durante tantos días se debía realmente a ella, porque posiblemente él rechazara llevar su misma sangre en sus venas, o tenía que ver con ese sentimiento de odio equivocó que por años Tarble había mantenido vivo en su pecho en contra suya. Fuese cualquiera la razón, realmente para Nion no importaba. Como madre, su prioridad era velar por el bienestar y seguridad mental de su segundo vástago.

Nion llevó su mano a su pecho al escuchar a los presentes incitar al príncipe para que le pusiera fin a la vida de aquellos desgraciados, que estaban por ser ejecutados a manos del rey. A comparación de su hijo mayor, Tarble tenía el defecto de ser demasiado impulsivo, rencoroso y vengativo. Antivalores que en conjunto no eran una buena combinación. Por lo que esta tuvo la intención de ir hacia él para detenerlo, aunque sus piernas, la frenaron al intentar dar un paso para volar hacia el centro del Coliseo.

—¡Mueran! —escuchó la científica saiyana gritar a su retoño más joven, el cual se lanzó sobre los infieles y ella, se limitó a observar a sus hijos impartir venganza con sus propias manos.

Minutos más tarde, los condenados a muerte habían sido descuartizados dolorosamente, y los que corrieron con mayor suerte, terminaron pulverizados sin sentir mayor agonía, dándole un gran espectáculo de justicia, a los observadores que se sintieron satisfechos solo hasta que el último infiel había muerto.

El peso que Tarble estuvo cargando durante todos esos días dentro si, por fin fue liberado. Había vengando los atropellos que su propia madre había sufrido, y la iniquidad con la que Root y sus aliados actuaron en su contra. Pero, a pesar de sentir que todo estaba cambiando, y que por fin su progenitora había sido redimida de todo el mal que le habían causado, no se sentía preparado para hablar con ella. Así que lo mejor que decidió fue abandonar el lugar sin siquiera darse la oportunidad de mirarla una sola vez.

Después de ello, el monarca anunció que todo lo referente a Root, había sido eliminado de los libros saiyanos y de la historia de la que alguna vez fue participe. Además les hizo saber, que sus restos que se encontraban anteriormente en las criptas reales, fueron lanzados en un lugar desolado y baldío de Vegitasei, donde ni una sola partícula de sus vestigios podría ser reconocido nunca más.

.

.

El placer que cada una de las purgas le habían brindado al monarca cuando era más joven, nuevamente recorrió sus venas esa mañana al darle muerte a la mayoría de los cobardes traidores que hicieron de su madre una desgraciada. Su corazón había bombeado frenéticamente poniendo en alerta sus instintos depredadores, por eso, la satisfacción de tomar venganza con sus propias manos y ponerle fin a la vida de aquellos infieles, fue realmente deleitoso.

Vegeta IV era el rey de una de las razas guerreras más poderosas del universo. En su sangre circulaba el apetito por aniquilar y poseer, como lo había hecho desde que su padre, a una corta edad, le había asignado misiones de purgas a planetas donde habitaban razas inferiores. Había sido formado bajo la vigilancia de un gobernante poderoso, y educado bajo la atención de una reina guerrera donde las normas y costumbres saiyanas le fueron inculcadas desde el día de su nacimiento. No había conocido nada más que la frialdad y su deseo de volverse más poderoso. Lo caracterizaba la insensibilidad propia de los saiyajin, gozaba de tomar por la fuerza, pisotear y subyugar. Era un hombre de basta experiencia, que había conocido e invadido mundos que en su vida ningún ser podría siquiera imaginar. Pero una mujer, le demostró que no necesitaba de todo aquello para experimentar la gloria.

En cuanto accedió a la alcoba real, los ojos obscuros de Vegeta viajaron directamente hacia la cápsula de alimentación donde se encontraba esa hembra. Humana de frágil aspecto pero de tenaz carácter, que le enseñó a ver más allá de lo que había aprendido a los veinticinco años de edad, cuando la conoció. En ese entonces, ella tan solo era una chiquilla de dieciséis años, pero que aún a su corta edad le había cautivado como ninguna otra. Él la había poseído y convertido en mujer, y pese a su intrincado inicio, Bulma le parió su descendencia, maduró a su lado y ahora, no podía concebir un mundo donde ella no existiese.

El soberano caminó hasta su cama, donde se deshizo de la capa, seguidamente de su armadura y luego le siguieron los guantes y la parte superior de su traje. Alzó la vista y la volvió nuevamente hacia su segunda consorte, que flotaba mansamente en el líquido vital que le brindaba todos los requerimientos que su estado gestante exigía. Caminó hasta ella y se detuvo frente a la máquina a escasos centímetros. Sus orbes ónices, recorrieron las facciones tranquilas del rostro de la terrícola. La extrañaba intensamente.

El mandatario, deseó en ese instante poder compartir con ella todo lo que estaba pasando. El haberse enterado de la verdad que su propia madre estuvo ocultando por tanto tiempo, había desatado en su interior una mezcolanza de sensaciones que lo conducían frenéticamente hacia lados opuestos, entre la satisfacción y la exasperación, puesto que, por una parte se sentía feliz de que Nion fuese su progenitora, precisamente ella, que siempre estuvo presente en su vida como la figura materna que Seed nunca pudo ser. Pero por otra parte, el descubrirlo por sí mismo y saber que de no haberlo hecho, Nion hubiese seguido encubriendo recelosamente su secreto, lo hacía no poder perdonarla aún del todo. Por supuesto que entendía sus motivos, pero no justificaba su mentira.

Vegeta dejó escapar el aire contenido en sus pulmones, y alzó su mano desnuda para colocarla en el cristal que lo separaba de su esposa. En cuanto ella estuviese consciente, él mismo se encargaría de explicarle todo lo sucedido en su ausencia. Conociéndola, la humana seguramente se alegraría de saber que su madre estaba viva, y que sus cachorros tendrían una abuela con quien crecer y poder compartir. Cuando Nion retornó de Tech-Tech y Bulma la conoció, ella le había dicho que se sentía feliz de poder finalmente relacionarse con una mujer de su familia, por lo que la reciente noticia, sería una agradable sorpresa para ella.

.

Su reflejo en el espejo, tan solo detallaba lo que sentía profundamente. Nion, sumergió una vez más sus manos en el agua contenida en el lavabo, para llevarlas a su rostro y limpiar algunas lágrimas que había derramado en silencio en su recámara. Todo había sucedido tan rápido. Hace pocos días su hijo mayor había descubierto la verdad sobre su origen, y ahora por la mañana, este ya había vengando, junto a su vástago menor, la injusticia cometida en contra suya hace más de tres décadas por Root y sus aliados.

La saiyana de cabello añil había llorado tanto, que tenía algunas ojeras rojizas marcadas bajo sus ojos que intentó calmar secando suavemente con la toalla el agua que escurrió de su rostro, mientras se observaba en el espejo. Suspiró profundamente sosegándose, no quería parecer débil, tampoco frágil o cobarde. En el Coliseo tuvo que contenerse al ver toda aquella masacre perpetuarse frente a sus ojos y a manos de sus hijos. Al fin y al cabo, los infieles se lo merecían. Le habían arrancado toda posibilidad de ejercer su derecho como madre de un príncipe heredero, convertido ahora en rey, y un príncipe menor, con grandes dotes intelectuales.

Se sentía tan orgullosa de ambos. Cada uno poseía características únicas que los hacían especiales ante sus ojos. Solo deseaba que ambos pudiesen algún día tratarla como una verdadera madre. Pese a todo, ella luchó por mantener viva la esperanza por volver a ellos después de tantos años alejada de su planeta natal, y ese optimismo que no la dejó caer, hoy la mantenía firme en que podría lograr obtener el cariño de sus hijos que le fue arrebatado de la manera más cruel.

Fijando nuevamente la mirada en el espejo que estaba sobre el lavabo, sonrió para si misma ilusionada ante sus pensamientos, cuando de repente, otra figura a sus espaldas se reflejó en este, y unas manos fuertes se posaron en cada uno de sus hombros.

—Nion —la voz del hombre salió casi en un susurro —Creí que estarías dormida —comentó viéndola a través del espejo.

—Estaba segura que vendrías —respondió girándose entre los brazos del saiyajin que la estrechó contra su cuerpo.

—Sabes que me preocupas demasiado —manifestó Bardock alejando un poco a la femenina para poder verla al rostro —Estos días te negaste a mi compañía, hoy no aceptaré que me eches de tu lado —la vio esbozar una pequeña sonrisa.

—Necesitaba estar sola.

—Lo sé —contestó aproximando su nariz al cabello femenino, aspirando el aroma que este desprendía y al que tan adicto se había vuelto —Sé que todo esto ha sido muy difícil para ti —añadió guiando a Nion fuera del cuarto de baño para llevarla directamente a la sala de estar del otro lado del dormitorio —Pero sabes… —comenzó a decir mientras ambos tomaban lugar en el sofá —…sinceramente pienso que ha sido lo mejor. Cuando te vi entrar al despacho del rey me preocupé, pero al enterarme de la razón por la que estabas ahí, me alegre por ti.

—Sigo pensando en que lo ideal era seguir guardando el secreto, nunca quise que mis hijos se viesen afectados por lo sucedido en el pasado —respondió poniéndose seria a la vez que un suspiró se escapó de su garganta. Comprendía la posición de Bardock, desde que le había confiado su verdad, él pensó que ella debía ocupar el lugar que por derecho le correspondía. Pero nada era tan sencillo como pretendía parecer, existían demasiadas cosas que la obligaron a callar y dejar las cosas como estaban.

—Todo se va a solucionar, Nion —el general del escuadrón de choque fijó su escudriño en ella, esa noche, estaba dispuesto a quedarse en el ala con la saiyana. Se había encargado de despachar a la criada y el soldado en la puerta, a los que sobornaba y amenazaba, para que mantuvieran su boca cerrada.

De cualquier manera su deseo ahora era acompañar a la mujer más importante de su vida. Estaba atravesando por un momento sumamente difícil y debía estar para ella, sin importar si quiera que Gine le criminara su desaparición al siguiente día. Las cosas con su esposa no andaban nada bien últimamente. Esta siempre estaba molesta y le reclamaba cada cosa por muy absurda que fuese.

Para ser sincero, nunca deseó hacerle daño a Gine. Después de todo, era la madre de sus hijos, pero había sido la compañera que se vio obligado a tomar sin su consentimiento, puesto que Vegeta III le impuso dicha unión. Además, jamás la engañó con respecto a sus sentimientos, ella sabía que Nion siempre ocupó un lugar especial dentro de él, lo cual su esposa nunca aceptó y fue motivo de muchas discusiones entre ellos.

Con la desaparición de Nion al ser exiliada a Tech-Tech, todo pareció recomponerse con su mujer. Aprendieron a sobrellevar una relación cordial, y con el nacimiento de sus hijos surgió un lazo familiar. No obstante, con el regreso de la saiyana científica varios años después, las cosas comenzaron a complicarse nuevamente. Gine parecía sospechar cada vez más que había algo entre él y Nion.

Bardock llevó su mano derecha para sujetar la de Nion que estaba sobre su regazo, y la alzó tirándola con delicadeza hacia él. Ella se movió instintivamente, levantándose para sentarse a su lado, rozando con su muslo femenino la pierna fuerte del guerrero y posando la mano que él le tomó en su pecho, por sobre la armadura que este portaba.

—A pesar de todo, me siento feliz por ellos. Sobre todo por el rey, que parece haberme aceptado como su madre sin mayores problemas.

—Tu hijo Vegeta —corrigió Bardock colocando la palma de su mano en el hombro de la científica saiyana, el cual acarició frotándolo suavemente —Sabes que puedes llamarlo por su nombre. Frente a tus allegados no es necesario mantener el protocolo.

—¿Te consideras mi allegado? —preguntó ella emitiendo una sonrisa, borrando de su expresión la tristeza que había estado embargándola todos esos días.

—Creo ser más que eso —expresó el comandante bajando la mirada a los labios de la mujer. Pasó su lengua humedecido su propia boca y Nion comprendió sus intenciones, por lo que irguió su cuerpo buscando la boca del saiyajin al que besó con ansias, siendo correspondida de la misma manera.

.

En las afueras de la ciudad principal saiyajin, la puerta de una de las viviendas que parecía estar deshabitada se abrió al primer toque cauteloso, permitiendo que la femenina que se hallaba en el umbral, accediera al sitio iluminado tenuemente en su interior.

Su corazón bombeaba tan frenéticamente dentro de su tórax, que podía percibir las sensaciones de su propio pulsar debido a los latidos violentos y acelerados de este. Catalogar lo que estaba haciendo como algo arriesgado era decir poco. Su actuar era más bien temerario, audaz, imprudente. A esa hora debería estar en su casa atendiendo a su familia, sirviéndoles junto a su nuera una deliciosa cena que inunde con su olor exquisito la estancia del comedor. Y mientras comparten, escuchar con esmero el relato de las actividades diarias de sus hijos, sus nietos sacándole una sonrisa jubilosa y su marido, dispuesto en la cabecera de la mesa esperando el momento tan ansiado para estar a solas con ella en su habitación. No obstante, todo eso era solamente una fantasía en su cabeza. Una estúpida ilusión.

—Dos horas tarde —las manos inquietas del guerrero, se posaron en la menuda cintura de la mujer a su merced, que cerró la puerta a sus espaldas mientras se dejó asir por el hombre que la asaltaba descaradamente. Sino fuese por su sentido de la vista desarrollado, apenas y podría notarlo entre la iluminación casi inexistente del ambiente.

—¡Crees que me ha sido fácil salir de mi casa sin que se enteren! —exclamó en voz baja buscando con la mirada el rostro del saiyajin, observando cómo este emitió una sonrisa descarada mostrando sus blanquecinos dientes.

—Vamos Gine, no te enfades —resopló restándole importancia a las palabras de la hembra, tanteando por sobre las caderas de la mujer hasta llegar a su cola, que por costumbre, esta siempre la dejaba libre a diferencia de los demás saiyajin que las llevaban ceñidas a su cintura —No desperdiciemos lo que nos resta de la noche en una discusión innecesaria —agregó estrujando el cuerpo de su amante contra el suyo, recorriéndolo con intensa pasión que solo ella podía provocarle.

—¡Brocco! —Gine apartó bruscamente las manos del guerrero de su cuerpo —¡Esto no puede seguir así! —dijo alejándose. Rápidamente caminó a través de la estancia con dirección a la cocina, que de igual manera estaba alumbrada de manera sutil con el fin de evitar levantar sospechas. Hacía varios años que la casona estaba deshabitada; los familiares de Brocco abandonaron la vivienda al mudarse a la ciudad principal.

Desde hacía muchos meses, Gine decidió iniciar una relación clandestina con Brocco, el Comandante en Jefe de los Batallones de Guerra. Posiblemente todo estuviese bien con esa situación prohibida que por despecho había suscitado ¡pero ella no era de ese tipo de persona! ¿¡cómo diablos pudo inmiscuirse en ese tipo de amorío furtivo!? Había descendido al mismo nivel de una fulana cualquiera, pero a la vez, se sentía satisfecha con el romance prohibido que Brocco le ofrecía, y aunque para ella no pasaba de ser una aventura, parecía que su amante se estaba tomando demasiado en serio lo que tenían, y de haberlo sabido, no habría ni siquiera intentado algo con él.

Después del evento que se había llevado acabo en el Coliseo, al que claramente ella no había asistido pues odiaba ese tipo exhibiciones, Raditz había tenido la tarde libre, la cual se tomó para ir a visitarla a su casa. Su corazón casi se había congelado dentro de su pecho cuando este le preguntó el por qué el interés de Brocco en ella. No podía creer que su amante fuese tan descuidado como para mostrar un interés abierto hacia su persona ¡maldición! ¡trabajaba de cerca con su hijo! ¡ya le había advertido muchas veces al comandante, que evitara mencionar si quiera su nombre! ¿¡y qué hacía a la primera oportunidad!? ¡ir con su hijo mayor y hablar sobre ella! ¡estaba tan furiosa que solo deseaba cortarle la lengua en ese momento!

—¿De qué estas hablando? —preguntó el sujeto siguiendo el camino de la saiyana, que se detuvo frente a la barra de la cocina. Sin delicadeza, Gine tomó la jarra con agua que se encontraba sobre una charola y se sirvió un vaso del líquido cristalino para tomárselo de un solo trago.

—¡Raditz sospecha sobre nosotros! Él no es estúpido, y si continuas haciéndole preguntas sobre mi descubrirá lo que en verdad está sucediendo —bramó arrugado sus delgadas cejas negras, dejando el vaso vacío nuevamente sobre la barra —¡Cómo puedes ser tan imprudente! ¿es que acaso quieres que me exhiban en plena plaza pública acusada de ser una adúltera! —dijo girándose para encarar al guerrero.

—Si nos descubrieran, no permitiría que nada te sucediera —aseguró el hombre estrechando su mirada, observando el semblante enfurecido de la femenina. Automáticamente alzó su mano para limpiar la comisura de la boca de la mujer, que estaba humedecida por el agua.

Conocer a Gine era lo mejor que le había pasado. Desde el primer momento en que la vio en el centro de distribución de carne donde trabajaba, no pudo sacársela de la cabeza. La femenina era una hembra inusual. La caracterizaba la amabilidad y el entusiasmo. Poseía un carácter dócil y tranquilo a diferencia de sus demás congéneres. Poco a poco fue tratándola, ganándose su confianza, y en cuanto se enteró de la situación difícil que ella y Bardock estaban atravesando, no dudó en ofrecerle su apoyo a la saiyana. Ahora eran amantes, y no admitiría que nadie pusiera en peligro su relación.

—¿¡Cómo puedes asegurarme eso!? —interrogó apartándose de su toque —No puedo creer que permití que esto sucediera —se quejó llevando una mano a su cabeza, pasándola por sobre su cabello en señal de frustración ¡jamás imagino que su aventura de una noche se extendiera por meses! Pero todo se lo atribuía a la indiferencia que su compañero mostraba hacia ella. Desde que la maldita arpía de Nion había regresado de Tech-Tech, Bardock ya no era el mismo. Conocía muy bien los sentimientos de su esposo para con esa mujer, y probablemente la ramera no había perdido el tiempo revolcándose con el estúpido de su marido. Por supuesto que no había podido comprobar su infidelidad, pero no dudaba que ellos estuviesen viéndose a escondidas.

—Ven —pidió el hombre envolviendo una vez más la cintura de la femenina desde atrás —Permíteme recordarte por qué decidiste convertirte en mi amante —expresó con voz provocativa apartando el cabello del cuello de Gine, el cual comenzó a besar desesperadamente.

.

.

Eran casi las cinco de la mañana, cuando Bardock se dispuso abandonar la cama que había compartido esa noche con Nion. Desde que iniciaron nuevamente la relación que quedó estancada en el pasado, se había vuelto casi una rutina quedarse con ella al menos una vez a la semana. Realmente deseaba encontrar una solución definitiva a su situación y no tener que esconder más lo que sentía. La saiyana científica se había opuesto en un inicio a que mantuvieran una relación extramarital, pero lo que había entre los dos, era demasiado fuerte como para poder negarse a vivirlo, y él estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para convertirla en su legítima compañera.

El saiyajin apartó las sábanas de su cuerpo para sentarse al borde de la cama, pasó su mano por su cabellera desordenada mirando el piso donde su ropa se encontraba regada. Al ponerse de pie, la mujer que estaba bajo las frazadas, se giró para encontrarse con el hombre que estaba comenzando a vestirse. Nion sonrió al observar el rostro serio del guerrero, concentrado en ataviarse con el traje spandex de forma apresurada. Una vez que se colocó el pantalón, él se sentó una vez más sobre el colchón para poder ponerse las botas. Los delicados brazos de la científica de cabello añil se enroscaron en su pecho, y percibió el cálido cuerpo pegarse a su espalda mientras la boca femenina repartió un par de besos sobre su hombro izquierdo.

—Regresa a dormir. Debo irme —sino fuese porque lo conocía demasiado bien, la voz áspera del general hubiese alejado inmediatamente a Nion, sin embargo, solo logró que ella alzara su mano para acariciarle el rostro.

—No puedo —respondió mirándolo por unos segundos, mientras sus dedos se deslizaban delineando con delicadeza la mandíbula y mentón del saiyajin. Ella suspiró soltándolo, para luego resbalarse sobre la cama llevando consigo la sábana para cubrir su cuerpo desnudo —A primera hora debo estar en el salón del trono para conocer los nuevos cambios que habrán en mi vida —añadió fijando sus orbes en Bardock.

—El rey dispondrá lo mejor para ti. No debes temer, eres su madre —respondió consolándola. Nion merecía todo lo bueno que estaba por venir para ella. Tenía derecho a ser feliz.

—Lo sé, pero aún así no puedo evitar sentir miedo —dijo desviando la vista al tiempo en que una sonrisa débil se pintó en sus labios.

—¿Miedo de ser tratada como lo que eres? —preguntó Bardock comenzando a colocarse las botas.

—Quizá me preocupo demás —manifestó la científica saiyana observando al guerrero ponerse de pie para colocarse la parte superior del traje y la armadura —¿Y si los opositores me odian y rechazan?

—Entiende Nion, eres la madre del soberano del planeta. Nadie podrá hacerte daño nunca más —esta vez, él se inclinó un poco frente a la hembra y sujetó su barbilla elevándola para que lo viese a los ojos —Nos vemos en un par de horas. También debo de estar ahí como parte de la comitiva del rey —aseguró emitiendo una sonrisa para alejarse y salir de la habitación.

Nion se puso de pie al escuchar la puerta de su recámara cerrarse, e inmediatamente, una de sus criadas de mayor confianza accedió al lugar.

—El general me ha ordenado atenderla inmediatamente —comentó la joven aproximándose hasta el dormitorio dentro de la estancia privada.

—Prepara la tina —pidió Nion con una sonrisa. Se puso de pie desenroscando la frazada de su cuerpo y se dirigió al baño. Debía de prepararse para la junta con el Consejo que su hijo mayor había programado.

Unas horas más tarde, las puertas del Salón del Trono se abrieron para dar paso al gobernante y sus escoltas, Kakaroto, Zorn, Bardock y Brocco, que lo acompañaban.

—¡El rey Vegeta IV está aquí! —el soldado en la puerta anunció la llegada del mandatario, e inmediatamente los miembros del Consejo y demás presentes, hicieron una reverencia observando al saiyajin real avanzar por el sitio hasta llegar al pedestal donde se hallaba el trono.

Bardock, que se posicionó del lado izquierdo del sitial, donde el monarca tomó lugar, posó los ojos en Nion que ya se encontraba en el salón. Una sonrisa apenas perceptible se formó en la boca del guerrero, un gesto que solo la científica podía descifrar. Él la estaba apoyando en todo momento.

La científica saiyana tuvo que desviar la vista cuando las puertas del recinto volvieron a abrirse para dar paso a su hijo menor. Su corazón dio un brinco cuando observó al príncipe caminar desde la entrada, y tras él accedió Broly, su escolta personal. Nion inhaló aire por su nariz y disimuladamente lo dejó escapar con lentitud por su boca, sin apartar la vista de Tarble. El joven, apenas dirigió su mirada a su progenitora por algunos segundos, tiempo en que pudo notar la expresión esperanzada de la saiyana, pero ¿cómo poder acercarse a ella después de tanto? ¿qué debía decirle? ¿cómo debía actuar? ¿podría llamarle madre en algún momento?

El príncipe tuvo que desviar sus orbes negros de ella sin poder sostenerlos un instante más, y continuó avanzando sin detenerse hasta llegar al pie de la tarima del trono. La había odiado desde siempre y vivió creyéndola el peor ser que piso Vegitasei. Resultaba demasiado difícil poder dejar todo atrás y reconstruir una nueva relación con la mujer que le dio la vida. Eran tantas cosas que intervenían, que posiblemente solo el tiempo podría enmendar todos los quiebres que entre ellos existían.

—Este día, así como la masacre que se llevó ante ustedes en el Coliseo —comenzó a hablar Vegeta examinando el semblante que cada uno de los miembros del Consejo tenían en sus rostros —Quedará marcado en la historia de Vegitasei ¡como el día que se le hizo justicia a la madre del rey y el príncipe Tarble! —bramó alzando la voz, dejando en evidencia la rabia que llevaba por dentro ante las bajezas cometidas hacia su progenitora.

Algunos de los guerreros más viejos, y que ya eran parte del Consejo cuando Vegeta III regía, desviaron la mirada avergonzados. Se sentían culpables de no haberse, al menos, dado cuenta de lo que ocurría. Como asesores del gobierno, tenían la responsabilidad de investigar y solventar los problemas dentro y fuera del palacio. Era una deshonra haber fallado a sus responsabilidades de aquella manera. ¡Descuidaron sus funciones frente a una arpía que puso en ridículo su autoridad y capacidad! ¡no podían tolerarlo!

—Majestad —uno de ellos dio un paso al frente. Habían acordado, junto a sus compañeros, que debían ofrecer disculpas públicas en un intento por reparar su incompetencia, que habían llevado a la madre del monarca a convertirse en una sospechosa de asesinato y exiliada, a la que se le habían arrebatado todos los derechos.

—Habla —ordenó Zorn, al ver la aprobación del soberano.

—Agradecemos la amabilidad de su majestad, por habernos concedido el honor de seguir trabajando para su gobierno después de la muerte del rey Vegeta III —manifestó alzando el rostro para ver al mandatario que lo observaba con el entrecejo fruncido, intuyendo el punto al que el viejo saiyajin quería llegar —Pero hemos sido incompetentes. Le pedimos disculpas a lady Nion… —pronunció desviando su atención a la científica que tenía su mirada puesta en el saiyajin miembro del Consejo —…y nos sentimos en deuda con usted, por no haber respondido de manera eficiente cuando el suscitado problema se dio. Ruego nos perdone, lady Nion —el silencio se instaló en el salón. El rey, decidió por un momento no intervenir y darle su lugar a su madre. Era a ella a quien le correspondía deliberar, pudiendo ordenar el despojo de los privilegios del grupo que había servido durante el reinado de su padre.

—Pueden pagar esa deuda sirviendo con lealtad a mi hijo el rey Vegeta IV, así como su heredero al trono, el príncipe Trunks, cuando a él le corresponda gobernar —fue la rotunda respuesta de Nion. La femenina, tenía conocimiento de que los viejos miembros eran de creencia purista. Si tenían honor, cumplirían con su pedido aún en contra de sus desfasados ideales.

Bardock sonrió al escuchar la respuesta inteligente de Nion. Pasar de su lado a los ancianos puristas, era sumar adeptos al gobiernos y restarle miembros a los grupos de opositores.

—¡Lo juramos! —respondieron al unísono los saiyajin, doblando su rodilla derecha al tiempo en que se inclinaron llevando su mano hacia su pecho.

El rey, hizo un ademán a su mayordomo, el cual subió las gradas que elevaban el trono por sobre el nivel del piso, para entregarle un par manuscritos que el mismo mandatario había redactado y sellado.

—Aquí tiene, majestad —se inclinó. Zorn, recibió los documentos en sus manos entregándole uno de ellos al soberano. El monarca, abrió el documento sellado con el emblema real, el cual contenía la resolución definitiva hacia esa mujer.

—Root, esclava y sirvienta que con engaños llegó fraudulentamente a ostentar los títulos de Concubina, Consorte y posteriormente se auto nombraba Princesa, por tanto… —expresó fijando la mirada en los presentes para regresar su vista hacia el papel en sus manos —Los restos de esa traidora ya fueron removidos de las reales criptas, incinerados y tirados en el vertedero de la ciudad —Nappa, que se hallaba escuchando con atención el veredicto, entendía los motivos que Vegeta IV tenía para otorgar tal sentencia. Root había llegado demasiado lejos en su ambición por obtener poder. Había rebasado todo límite —Toda su familia, hasta la tercera generación, fueron ejecutados. Así como sus cómplices, espías y personal cercano —Skalion, que también se hallaba entre los espectadores, se sintió liberado ante la decisión del mandatario. Root, pese a que era su madre biológica, fue el verdugo que llevó a la desgracia a Nion. Esa serpiente no merecía siquiera ser nombrada —Se le ha otorgado el perdón real al guerrero Skalion, hijo biológico de la criminal.

—¡Me opongo rotundamente! —el príncipe Tarble se levantó enfurecido de su puesto, tres peldaños más abajo a la izquierda de Vegeta, al otro lado de Nion —¡Él es hijo de esa basura! ¡por lo tanto exijo que muera! ¡yo mismo lo mataré en el coliseo! —Nion había previsto aquello; iba a decir algo para defender la vida de Skalion, pero su hijo mayor se adelantó.

—¡Silencio príncipe! Esto no es tan fácil como crees. Existen leyes en el planeta que se deben cumplir. Iba a explicar las mismas, pero me interrumpiste. ¡Así que te ordeno que te sientes y cierres la boca! —el menor, aún con los puños cerrados, se sentó molesto, mirando fijamente a los ojos a Skalion. Lo odiaba. Lo odiaba no solo por ser el verdadero hijo de Root, sino por ser quien recibiera los cuidados, el cariño y la protección de su verdadera madre, mientras él, tuvo que conformarse con los lavados de cerebro y el rencor que la difunta mujerzuela le inculcó tras años aún siendo solo un niño.

El rey, obviando la impertinencia de su hermano, volvió su atención al manuscrito prosiguiendo con la lectura.

—Se le concede el perdón al guerrero Skalion debido a las siguientes razones: La criminal abandonó a su hijo recién nacido, cortando lazos definitivos con él. El absuelto fue recogido y criado por Lady Nion como hijo adoptivo. El padre del absuelto es el general Nappa, quien ha prestado leal servicio a la corona —sentenció.

Ante esto último, hubo un murmullo en la sala y la mayoría posó su vista en Nappa quien permanecía callado, pero se levantó encolerizado al notar reproche en la mirada de los espectadores, señalando con irritación a los más chismosos.

—¡Yo no tenía idea que Skalion era mi hijo! ¡esa zorra nunca me lo dijo! —el general, caminó hasta el tramo central hincándose ante el rey.

—¡Skalion, hijo! ¡te juro que de saberlo yo no te hubiese abandonado! ¡te hubiera criado y hecho el mejor guerrero!

—¡Cállate, Nappa! —gritó el gobernante exasperado —¡Puedo tolerar el atrevimiento del príncipe, pero no voy a permitir que tú me interrumpas! Regresa a tu puesto y cierra la boca.

—Lo siento, majestad —indicó retomando su lugar.

—La unión del guerrero Skalion con lady Apricot queda cancelada. La adopción del absuelto se anula, por lo que solo podrá referirse a lady Nion por su título real, y no por algún apelativo familiar. Queda prohibido realizar atentados contra la vida del absuelto, con la justificación de ser hijo biológico de la criminal.

Tarble estaba furioso. Quería la muerte del guerrero, pero al menos debía reconocer que Vegeta supo equilibrar la balanza; Skalion ya no se casaría con Apricot, lo que le daba una oportunidad de intentar recuperar a su ex mujer y la familia que tenían juntos años atrás. Y lo otro era, que ya no tendría que escuchar a ese malnacido llamando "madre" a Nion.

Nyu, que se encontraba en su sitio del lado derecho del gobernante en el segundo peldaño, sonrió agachando la mirada con la felicidad invadiendo su cuerpo. Skalion seguiría siendo solamente suyo, y la estúpida de Apricot continuaría su vida sola y desdichada, como se lo merecía.

Los príncipes que se encontraban al lado de la princesa en el mismo nivel, se limitaron a escuchar y observar lo que estaba sucediendo.

Zorn, entregó el segundo documento al monarca y este lo abrió rompiendo el sello para proseguir con la lectura.

—Con respecto a la infracción cometida por la reina Seed, se concluye lo siguiente: Debido a que fue una saiyana bélica que luchó en varias guerras para la protección y conservación del planeta, y que además, perdió a sus cuatro hijos en batalla; conservará el título de Reina, que le fue otorgado por el fallecido rey Vegeta III. Quedan revocados todos los honores que en vida se le otorgaron al fiscal Cynfas, padre de la implicada, como único precursor ante la mentira conjugada por su hija biológica, y se le reconoce como Traidor a la Corona —algunos de los miembros del Consejo, se sintieron inconformes ante la sentencia otorgada a la mujer que se hizo pasar por la madre de su rey.

—Majestad —uno de los más jóvenes saiyajin, se levantó de su asiento dando un paso al frente para ser escuchado.

—¿Qué sucede? —preguntó Zorn que se encontraba de pie al lado del monarca.

—Pido que el rey Vegeta reconsidere su fallo —expresó arrugado el entrecejo ante la insatisfacción de saber que la arpía mentirosa no había obtenido un duro juicio como ellos esperaban —Y despoje a la reina Seed de su título. Es imperdonable su engaño al rey Vegeta III.

—Tu solicitud es denegada. La reina Seed mantendrá su título por los motivos antes mencionados —respondió el mandatario recibiendo de Zorn el tercer dictamen. El saiyajin, bajó la mirada irritada regresando a su sitio. Si de él dependiera, la mentirosa de Seed obtendría el mismo castigo que Root.

—Lady Nion —la saiyana, se puso de pie al escuchar su nombre y Shitsuji se apresuró para indicarle que subiera un par de escalones para quedar a un peldaño del trono —Mi madre biológica, así como madre del príncipe Tarble, se le concede el título de ¨Gran Consorte Viuda¨, y pasa a ser parte de la familia real en su legítimo derecho, con todas los privilegios correspondientes a su nombramiento.

La científica sonrió con felicidad. Y giró su rostro para observar a su segundo hijo, que si bien no había vuelto a dirigirle la palabra desde la vez que se reveló la verdad, sabía que en algún momento tendrían que hablar.

El mayordomo, guió a la madre del monarca hacia un asiento libre del lado izquierdo del rey, justo un escalón arriba del que ocupaba el príncipe Tarble.

.

.

Los días transcurrieron velozmente. Todo el palacio estaba atento a lo que sucedía debido a los acontecimientos ocurridos sucesivamente. Primero, el anuncio del rey dando a conocer el estado de la segunda consorte, después la revelación sobre la verdadera identidad de Nion y la masacre del Coliseo.

Habían sido tantas cosas, que la tensión se había instalado entre los habitantes de Vegitasei. Algunos se hallaban muy complacidos con la noticia de los gemelos, y esperaban sinceramente que la humana le diera al reino dos varones, para que por fin su rey y su planeta, tuviesen una reina apropiada. Por otro lado, los puristas se encontraban exasperados y molestos con la situación. Por lo que se habían puesto de acuerdo para retirar todo su apoyo a la princesa Nyu. De no ser porque la saiyana resultó infértil, nada de lo que estaba pasando estuviese preocupándolos ahora. Ella era quién debió parir hijos puros, fuertes, dignos de la realeza saiyajin ¡era su responsabilidad! Pero en cambio, al tener el vientre seco, le había dado la oportunidad a la intrusa terrícola de ascender hasta donde se encontraba. Todo era su culpa y ahora, solo les tocaba esperar el resultado del parto de la endeble segunda esposa del soberano.

Los registros que mostraban las gráficas en el monitor principal que controlaba los cambios en el cuerpo de la científica dentro de la cápsula de alimentación, manifestaban solo una cosa, que el embarazo había llegado a término y que los cachorros debían ser evacuados del vientre de su madre en la próxima hora. Por ello, todo el equipo médico ya se estaba haciendo cargo de preparar la sala donde se llevaría acabo la extracción. También, se le había hecho el llamado a la familia imperial y al líder del Consejo Real, para que estuviesen presentes y fuesen testigos del alumbramiento de los críos.

—¿Vieron eso? Lo hizo de nuevo. Lady Bulma se ha movido —dijo Nion con la mirada fija en la cápsula de inmersión nutrimental. Desde hacía una horas que aquello había comenzando. Al principio pensaron en que en ese punto, los sedantes suministrados por medio del líquido de conservación que mantenía estable a la peliazul, ya no surtían efecto. Aunque realmente, descubrieron que se debía al incremento de actividad de los bebés dentro del vientre materno. Bulma había estado respondiendo ante esos estímulos.

Tanto para la doctora, como para la madre del rey y el Dr. Briefs , todo el proceso había sido algo nuevo. Llevar el caso de gestación de dos gemelos de sangre poderosa dentro el cuerpo de una frágil terrícola, había resultado un verdadero reto para ellos.

—Mi hija y nuestros nietos tienen que vivir —comentó el padre de la ojiturquesa buscando consuelo en Nion, que asintió ante sus palabras. El científico terrícola, tenía puesta sus esperanzas en que su querida Bulma y los bebés salieran bien de todo aquello. Hacía años había perdido a su esposa, y en ese entonces, no pudo hacer nada para evitarlo. Ahora que podía hacerlo, no iba a desaprovechar la oportunidad.

—Bulma no va a morir —las palabras del rey, fueron más para sí mismo que una respuesta para el anciano humano. Vegeta intentaba autoconvencerse de que su compañera sobreviviría. Todos esos meses, con ella presente en su alcoba y a la vez tan lejos dentro de aquella cápsula, se sintió vacío. Tenía la seguridad de verla cada día, sí, pero el no poder escuchar su voz, ver sus gestos caprichosos cuando pedía que le cumpliese algún deseo, ni sentir su cuerpo entre sus brazos, lo llenaba de desasosiego.

Quizá el padre de su mujer sufriría si esta y los niños muriesen. Posiblemente se recuperaría con el paso del tiempo. Pero, ¿qué sería de él? Amaba a Bulma incluso más que a sus propios hijos. Sin la terrícola, no tendría dirección alguna, ni un motivo para seguir adelante. Simplemente se perdería sin la hembra que le había enseñado a que se podía tener una conexión tan fuerte con otro ser, que si esa persona dejaba de existir, te imposibilitaba el continuar existiendo sin su presencia.

El soberano observó el rostro de la peliazul que todo ese tiempo atrás, se había mantenido relajado. Ahora su ceño estaba marcado, y de vez en cuando, los dedos de sus manos que flotaban en la sustancia alimentaria, se encogían ligeramente.

—Debemos de trasladarla inmediatamente al ala médica. Mi equipo está esperándonos —expresó Vetch lista para proceder con la desconexión de la cápsula.

—Solo tenemos unos minutos antes de que los cachorros causen estragos en el cuerpo de su madre —comenzó a decir Nion mientras tecleaba los botones de la pantalla —Sin la sustentabilidad que le brinda la cápsula, ella se descompensará en cuestión de minutos —agregó, sabiendo que era necesario sacarla de su estado de letargo para poder proceder con la cirugía.

—Vamos, hay que hacerlo —fueron las palabras del Dr. Briefs, antes de proceder con la desconexión de la máquina.

La sustancia que había sido el medio de subsistencia de la peliazul, fue drenado en un par de minutos, permitiendo que lentamente el cuerpo de la joven tocara el fondo de la cápsula cuando esta quedó vacía. La compuerta que sellaba el interior de la máquina, se abrió y rápidamente, el monarca se aproximó para desconectar todos los cables que mantenían monitorizada a su esposa. Una vez libre, la alzó en sus brazos por primera vez en muchos meses, pudiendo notar la calidez de su cuerpo y lo mucho que había extrañado su contacto, que se había convertido lentamente en un recuerdo borroso.

Con delicadeza, la depósito en la camilla que ya la estaba esperando al lado. El soberano se alejó de ella permitiendo que su madre, Briefs y Vetch, reconectaran los cables de un monitor de transporte para que este pudiese seguir controlando los signos vitales de la terrícola.

—No tenemos mucho tiempo —expresó la médica empujando la camilla para llevar a la ojiturquesa directamente al quirófano.

.

—¡Esto es inadmisible! ¿¡por qué es necesario que yo esté aquí!? —se quejó por quinta vez Nyu. Tanto ella, como Tarble, Apricot y el líder del Consejo Real, tenían la obligación de estar presentes en el parto de la terrícola. Por ley, debían ser testigos del alumbramiento de los gemelos que pariría la segunda consorte, y dar fe ante el pueblo del sexo de los críos.

Si la humana paría a dos varones, cualquiera que estuviese en contra podría intentar refutar la veracidad del hecho, e incluso, sostener que los niños no eran los verdaderos hijos de su majestad. Por eso, no podían dar margen a que algo así sucediese.

—Cualquiera que sea parte de la familia real, o que haya pertenecido, debe estar aquí —respondió Tarble hastiado ante la actitud infantil de la princesa —¡Ahora deja de fastidiar! —agregó posando su mirada en Apricot.

—Mantenga la calma princesa. La terrícola acaba de entrar a la sala de operaciones y no sabemos si en realidad ella vaya a parir dos varones —dijo el líder del Consejo, deseando internamente que la femenina no estuviese preñada de gemelos, y de ser así, diese a luz a dos niñas.

—Ellos nos avisaran en cuanto vayan a sacar a los niños del vientre de lady Bulma, solo debemos esperar pacientemente —declaró Apricot con sonrisa burlesca en el rostro. Sabía que su presencia en aquella sala de espera, solo hacía irritar aún más a Nyu. Imaginaba lo colérica que debía encontrarse por el pronto nacimiento de los hijos del gobernante, y el cercano ascenso de la nueva reina.

—Sinceramente, no sé que demonios haces aquí ¡deberías largarte por donde viniste! —bramó Nyu fijando sus ojos iracundos en la ex princesa, que amplió con desafío su sonrisa.

—Ventajas de ser la madre de dos sobrinos del rey —espetó con sarcasmo la joven.

—Sí, lo eres y… —las palabras de la princesa fueron interrumpidas cuando la puerta de la sala de espera se abrió.

—Lady Bulma está por dar luz, por favor acompáñenme —comunicó Shitsuji, que por órdenes del rey, debía llevar a los miembros de la realeza, y al líder del Consejo, hasta la próxima sala, donde el rey y los príncipes se encontraban observando el proceso de la cirugía.

—Majestad, príncipes —saludaron al unísono.

El lugar, era un cuarto pequeño. Al entrar, se podían observar algunos sofás individuales del lado derecho, mientras que del izquierdo, estaba provisto de un ventanal, que permitía observar directamente todo lo que sucedía en el quirófano donde estaba siendo intervenida la peliazul. Desde ese sitio, se podía ver y escuchar todo lo que estaba pasando en la cirugía, aunque del otro lado, solamente era posible observar a quienes estaban dentro de la sala de espera.

Vegeta, estaba tan absorto en sus propios pensamientos, que apenas notó la presencia de los recién llegados. Sus ojos obscuros estaban fijos en el bisturí que Vetch utilizaba para acceder al útero. Podía ver cómo abría cada capa de piel y el líquido escarlata que brotaba de los cortes, mientras la ojiturquesa se hallaba anestesiada sobre la cama quirúrgica. Los mechones de su cabello turquesa, aún húmedos por el líquido en el había estado sumergida en la cápsula, se pegaban a su frente, y su rostro inexpresivo se notaba pálido.

Bulma, tenía un tubo insertado en su boca, que iba conectado a la máquina desde la que el ventilador mecánico asistía su respiración, hasta su tráquea, el cual le proveía el oxígeno necesario, así como los gases anestésicos imprescindibles para inducción y el mantenimiento del estado anestésico general en el que se encontraba la joven.

El científico Briefs le había comentado con anterioridad al mandatario, que el procedimiento al que someterían a su mujer era conocido como "cesárea" en el planeta Tierra. Era algo nuevo para el equipo médico de Vegitasei, pues las mujeres saiyanas, no necesitan ser intervenidas de aquella manera para poder parir a sus descendientes. Así que la tensión que sentía en ese momento, se la atribuía al no saber con exactitud lo que podría pasarle a la segunda consorte si algo salía mal. Aunque, de tener que escoger quién vivía o moría, entre ella y sus hijos, elegiría siempre, por sobre todo, a Bulma.

Los príncipes, también miraban con atención lo que le hacían a su madre, y aunque la intervención sería catalogada en la Tierra como algo exclusivo para espectadores adultos, a los críos saiyajin no les causaba conmoción ver el curso de la operación. Su abuelo Briefs y su abuela Nion, les habían asegurado que todo saldría bien, y que dentro de poco no solo tendrían a su madre sana, sino que también a dos hermanos a los cuales debían cuidar y proteger.

—¡Estén listos, aquí viene el primer bebé! —dijo la médica dejando el bisturí de lado para introducir sus manos en la cavidad y tomar a la criatura firmemente. En cuestión de segundos, el primer cachorro fue liberado del interior de su madre, y un chillido vigoroso se escuchó por toda la sala. El bebé fue colocado sobre el abdomen de la humana, mientras le brindaban los primeros cuidados propios de un recién nacido.

Los que se encontraban del otro lado viendo el proceso, se acercaron al cristal para detallar lo que todos estaban esperando saber. Pudieron observar el corte del cordón umbilical. Vetch, alzó el cachorro en sus brazos para entregárselo a la madre del rey, quien lo recibió con expresión jubilosa en su rostro. La científica saiyana y el Dr. Briefs, también se habían vestido con trajes quirúrgicos para estar presentes en la sala de cirugía.

—¡Es un niño! —dijo al tomarlo en sus brazos. Lo acunó con delicadeza, trayendo a sus recuerdos el día en que había dado a luz a Vegeta IV. Sin contener sus emociones, sonrió elevando la mirada hacia su hijo mayor del otro lado del cristal. Una sonrisa ínfula se dibujó en los labios del monarca, cuando su progenitora se acercó a la ventana para mostrar al bebé, dejando en evidencia, que se trataba de un varón de cabello obscuro al igual que la cola que este poseía.

—¿Ese es mi hermano? —preguntó Baserk abriendo con asombro sus ojitos bicolor para contemplar a la pequeña criatura que sostenía su abuela.

—Por supuesto que es nuestro hermano —respondió Trunks con el mismo orgullo que su propio padre sentía en esos momentos.

—Mamá lo está haciendo muy bien —el comentario del pequeño Vegeta, atravesó los oídos de Nyu con lacerante humillación. Ni ella siendo una saiyana pura, había podido parirle un solo hijo a su marido. Si tan solo hubiese concebido una cría que le quitara el estigma de ser una mujer con el vientre seco, no se sentiría tan avasallada ante la detestable humana.

—Efectivamente es un niño —reiteró el líder del Consejo con semblante taciturno. El que la terrícola hubiese dado a luz a un primer cachorro varón, solo la acercaba al sitio que a su criterio, debía ocuparlo únicamente una femenina de su raza.

—Su nombre será Giblet —declaró el soberano dándose media vuelta para observar a todos.

—¿Giblet? Me agrada —sonrió Baserk pronunciando el nombre de su nuevo hermano.

—Mis felicitaciones para su majestad —expuso presuntuosa la ex esposa de Tarble, que se hallaba al lado de la princesa. La hembra, le dedicó una sonrisa disfrazada a Nyu, que solo la princesa supo entender, antes de dirigir su mirada hacia el gobernante, que asintió a sus palabras.

—No te anticipes Apricot. Es el segundo chiquillo el que más nos interesa —intervino el príncipe Tarble con el entrecejo fruncido. Sentía que en cualquier momento iba a estallar. Apenas y podía controlar su ira cada vez que veía a Vegeta observar con devoción a la humana ¡estaba harto! Solo deseaba que esa mujer muriese en ese mismo instante. Definitivamente su padre siempre tuvo la razón, esa terrícola había embrutecido a su hermano ¡lo había ablandado! Y posiblemente, esa inclinación que el monarca sentía por esa humana la había heredado de su madre, quien parecía estar encantada de la misma manera por los vástagos híbridos.

Tarble, resopló desviando la vista de su progenitora. Al día siguiente de que el rey dictó sentencia hacia Root, la reina Seed y el fiscal Cynfas, su madre fue coronada como "Real Alteza" en una ceremonia especial efectuada en el salón de eventos. El suceso había sido de carácter privado, al que solo asistió la familia imperial, los miembros del Consejo Real, así como algunos nobles en particular. Ahora su madre era parte de la aristocracia, como siempre debió ser, y aunque aún no se atrevía a entablar una conversación con ella, le daba gusto que por fin ella tuviese todo lo que el pasado se le arrebató.

—Eres tú quien no debería adelantar los hecho, Tarble —el monarca, que sacó de sus cavilaciones a su hermano, posó sus ojos negros en él, que se encontraba de brazos cruzados retenido contra la pared —Si mi segundo hijo es o no macho, eso no cambiará mi deferencia hacia mi esposa. En cambio tú, aunque compartamos los mismos lazos sanguíneos, seguirás siendo un inútil bueno para nada —agregó para darse la vuelta nuevamente. Todos en la sala se quedaron en silencio, y bastaron solo algunos segundos para que Tarble saliera del lugar azotando la puerta tras de si.

Los pequeños príncipes se miraron unos a los otros. Sabían que su tío nunca había apreciado a su madre, y por ello entendían que su padre le hablara de aquella forma. Ellos tampoco aprobaban la manera despectiva en que Tarble siempre se refería hacia su honorable madre.

Del otro lado, la operación seguía su curso. Luego de sacar al primer bebé del vientre materno, transcurrieron algunos minutos en los que la médica se encargaba de controlar el sangrado y que los signos vitales de la ojiturquesa no sufrieran cambios que pusieran en riesgo su vida o la del niño que aún se encontraba en su interior. Mientras tanto, Nion y dos enfermeras se ocupaban de la comprobación del estado del pequeño saiyajin que lloraba enérgico sobre la mesa de revisión.

—Muy bien cariño, te encuentras perfectamente —dijo Nion, una vez las enfermeras concluyeron con las primeras revisiones. La criatura poseía gran vitalidad.

—¡Está por nacer el segundo bebé! —anunció Vetch detallando al crío aún dentro de su madre. Estaba por hacer las maniobras para extraerlo, cuando el monitor conectado a la humana comenzó a emitir un pitido alarmante.

—¡Es la presión! ¡está descendiendo! —exclamó la anestesista, parte del equipo médico, que se había encargado de inducir el estado de narcosis en la peliazul.

—¡Vamos cariño! ¡tienes que vivir! —expresó el Dr. Briefs tomando la mano de la humana. Al contacto pudo sentirla fría.

—Papá ¿qué le sucede a mamá? —Baserk, sintió miedo al escuchar todo lo que estaba ocurriendo dentro del quirófano ¡su madre no podía morir! La había extrañado demasiado todos esos meses, y ahora que sabía que pronto estaría de regreso con ellos, no podía perderla.

—Tranquilo hijo, ella se repondrá —respondió Vegeta apartando la mirada de la sala de operaciones, para observar al príncipe. Pudo ver reflejado en sus ojitos bicolor el temor, el mismo que él también sentía al imaginar que Bulma no sobreviviría. En un intento por consolar al niño, levantó su mano para acariciarle la cabeza —Tu madre es fuerte —añadió, deseando creer en sus propias palabras.

Siempre supo el riesgo que Bulma corría si continuaba con el embarazo gemelar, pero también sabía, que ella jamás se hubiese deshecho de sus cachorros. Por eso había permitido el desarrollo de su preñez hasta llevarlo a término.

—Mamá sabe que la esperamos, Baserk. No puede irse —Trunks, se aproximó al menor tratando de trasmitirle seguridad.

—Pero ella… —intentó decir.

—Nuestra madre no se da por vencida fácilmente. Tienes que confiar —habló el príncipe Vegeta con confianza. En todo el planeta, no había mujer más impetuosa que su progenitora, ya que era la única que se había ganado el respeto de su padre.

Nyu por otra parte, bajó la cabeza procurando disimular la sonrisa que pretendía formarse en sus labios. Tanto había anhelado que la ramera terrícola muriese con sus hijos dentro, que al menos fallecería con uno en su interior. Quizá la suerte por fin se pondría de su lado, ya que parecía haberla abandonado todos esos años. Y aunque probablemente era tarde para que algo entre ella y el rey se diera, se llenaría de satisfacción al saber que esa mujer ya no existiría más.

—¡Tienes que sacar al cachorro! ¡ahora mismo, Vetch! —dijo la anestesista inyectando a través de la canalización en el brazo de la terrícola, un fármaco para ayudar al ascenso de la presión arterial —Si él sigue dentro de su madre por mucho tiempo, dudo que sus signos se estabilicen.

—No lo pienses. Sabes que tu prioridad es salvar a lady Bulma —declaró la madre del monarca acercándose a la mesa quirúrgica, recordándole a la doctora, que el rey había dado la orden de preservar la vida de su esposa por sobre todo.

La médica, con el bisturí en mano, expandió la herida en el útero un poco más. Sino sacaba el crío ahora ¡la terrícola podría fallecer en cuestión de minutos! Sabía que era el niño quién estaba poniendo en peligro la vida de la terrícola. De la misma manera, si Bulma seguía perdiendo sangre, la presión arterial podría disminuir hasta tal punto, que podría causarle un paro cardíaco.

—¡Aumenten la velocidad de la transfusión sanguínea! —ordenó la médica, penetrando sus manos para sujetar al niño. Con cuidado, buscó la mejor posición para poder extraerlo. Los ojos de los espectadores se dirigieron a las manos de la doctora, que sostuvo al crío alzándolo para retirarlo del interior de su progenitora.

—¡Es un niño! —afirmó el Dr. Briefs, en el momento que Vetch colocó a la criatura sobre el abdomen de su madre para poder cortar el cordón umbilical.

Nyu, apartó la mirada del ventanal, sintiendo como si un rayo calcinante atravesara su cuerpo ¿había sido posible? ¿la humana le había ganado? ¿había sido derrotada por esa insignificante mujer? ¡no quiso creerlo! Volvió sus ojos hacia la sala de cirugía y pudo ver a Nion mostrar a través del cristal al segundo cachorro.

—¡Es un varón! —afirmó el líder del Consejo sin ocultar su asombro.

El príncipe Vegeta, emitió una sonrisa ladina. No había duda que su madre ahora alcanzaría el estatus de reina. Ese que él, y sus hermanos siempre desearon para ella. Repudiaban el hecho de que Bulma, siempre fue menospreciada por los puristas debido a su origen terrícola. Y porque además, aún siendo una frágil humana le había dado al rey tres descendientes varones, fuertes, valientes, mucho más que los críos de descendencia impoluta, hijos que ni siquiera la princesa había podido engendrar. Por ello, lo que estaba pasando ahora ponía en evidencia que la sangre humana, esa que también corría por sus venas y que siempre fue desestimada, era igual de valiosa que la de aquellos que se sentían superiores tan solo por ser saiyajines de casta pura.

—Su nombre será Shallot—dijo Vegeta orgulloso, al ver que ambos niños eran de aspecto puramente saiyanos. Los ojos de los presentes, cada uno metido en sus pensamientos, se desviaron hacia el gobernante, que se giró para observarlos —Queda constatado ante ustedes , que lady Bulma le ha otorgado a la dinastía gemelos varones —declaró.

El príncipe Tarble, habiendo bajado su furia, regresó a la estancia para corroborar efectivamente lo que se especulaba en los pasillos. Eran dos varones. Sus dos nuevos sobrinos habían convertido a Bulma en reina.

—No puede ser —dijo casi en susurro mientras veía a su madre Nion con una sonrisa, mientras cargaba a los gemelos uno en cada brazo, en tanto él y sus hijos quedaban cada vez más alejados de la sucesión del trono.

Su mirada inconscientemente se topó con la de Nyu; la angustia se reflejaba en el semblante sombrío de la princesa saiyana que una vez soñó en grande, pero esos sueños habían sido destruidos y la ilusión se la había llevado el viento árido del planeta. Ya era demasiado tarde, ella, la mujer del planeta Tierra, la científica que se transformó en esclava, en amante, luego en concubina, y posteriormente en consorte, ahora se convertiría en reina.

Les había ganado.


RinPink Susaiyajin: ¡Hola! Después de tanto tiempo (como siempre lol) Les traigo un nuevo capítulo. No importa lo que suceda, pero el amor por la escritura siempre me hace vencer cualquier obstáculo y aquí me tienen. Siendo perseverante con esta historia con la que ya tengo pensada una segunda parte. ¡Sí! ¡una segunda parte que espero se haga realidad! Con mi beta lo hemos hablado, y aunque no hemos llegado a una conclusión, deseo con mi corazón traerles una continuación de este fanfic. Por supuesto que todo será posible con su apoyo. Las quiero mucho, a todas esas personas que siempre me escriben pidiendo actualización y que están ahí pendientes, esperando que continúe. E infinitas gracias a mi beta ¡eres la mejor amiga!

Con respecto al cap. Se viene algo buenísimo que cambiará la vida de nuestros amados protagonistas.