Hola a todos, gracias por leer mi fic (. Aquí va el segundo capitulo.
Este no me gusta como me a quedado ya que no e tenido mucho tiempo
para centrarme en la historia, además estoy un poco escasa de ideas.
Aun así, espero que os guste ;-).
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Afortunadamente, Jack la vio y fue en su búsqueda.
Con ella en brazos llegó a la orilla y la tumbó en la arena. Anne
comenzó a toser y a expulsar agua por la boca.
-Aquí se acaba todo- dijo lentamente-.
-No digas eso, saldremos de aquí.
-¿Y con que barco piensas hacerlo?.
-Pues... ya se me ocurrirá algo...
-Es horrible estar en una isla desierta.
-Es la tercera vez que estoy en una.
-¿Cómo?.
-El capitán Barbosa me abandonó dos veces y se fue con mi barco. La
última vez fue hace dos años. Estuve con Elizabeth Swann, hija del
gobernador de Port Royal, una buena chica.
-Port Royal- suspiró-. Como me gustaría ir allí.
-Iremos.
-Pues no se como...- su voz perdió fuerza-.
-¿Te encuentras bien?.
-Estoy un poco mareada, solo necesito descansar un poco- se acomodó
sobre las rodillas de Jack y se durmió-.

Un olor a humo la despertó. Cuando abrió los ojos vio como Jack estaba
quemando las palmeras. Se levantó corriendo y fue a donde el.
-¡¿Estás loco?!, ¡estas quemando todos los árboles!, ¡estás quemando
la sombra!.
-Eso mismo dije yo la última vez que estuve abandonado con la señorita
Swann. Esta señal mide unos treinta metros, ¿crees que no hay una
mínima probabilidad de que alguien lo vea?. Esta es una zona mercante,
por aquí pasan muchos barcos.
-¡Pero has quemado la sombra!- no queriendo discutir más, se tumbó y
se volvió a dormir-.

Poco rato después Jack la despertó.
-Ha habido suerte. Unos traficantes de ron han visto la señal. Se han
ofrecido llevarnos a Indra.
-¡Pero yo no quiero ir a Indra!, quiero encontrar a mi padre.
-Y yo voy a ayudarte, pero si nos quedamos aquí mi ayuda no te servirá
de nada. Además, ese barco está lleno de ron, ¡el paraíso!. Lo que no
se es si querrán algo a cambio...
-Espero que nada importante.

Jack y Anne embarcaron. Los llevaron al camarote del capitán.
-Entrad en vuestro aposento y no salgáis, no queremos estorbos en la
cubierta- dijo el capitán-.
-Entonces creo que usted también sobra, señor- dijo Anne-.
-Mantén tu boca cerrada, no dirás lo mismo cuando te haya vendido en
el mercado. Estoy seguro de que me darán un alto precio por ti.

La muchacha miró con desprecio al capitán, y cogiendo del brazo a Jack
se marcharon a una habitación.
-Y bien señor Sparrow, ¿cuál es su plan?- preguntó ella-.
-Ehhh.... pues..... deberíamos salir de aquí antes de mañana.
-¡Eso ya lo se!, ¿cómo piensas hacerlo?.
-No te preocupes ahora. Mira lo que e encontrado- sacó una caja llena
de botellas de ron de debajo de la cama-.
-No tengo ganas de beber.
-¡Vamos preciosa!, disfruta del viaje.

Jack comenzó a beber. Cuando se acabó la segunda botella cayó dormido
sobre la cama, completamente borracho.
-Lo que me faltaba, tengo que salir de aquí como sea- miró a Jack y se
le escapó una pequeña risa-. Eres asombroso, ni siquiera te preocupas
por nuestra situación.

Era de noche. Anne abrió la puerta de su camarote y miró a uno y otro
lado. No había nadie. Al parecer todos los piratas dormían.
-Vamos Jack- le ayudó a levantarse de la cama-.
-Trae el ron preciosa, brindemos por...- se tropezó-.
La muchacha le sujetó y salió del camarote obligándole a andar.

Llegaron a cubierta. Un hombre corpulento vigilaba.
-Jack, escúchame, ¡Jack, deja de cantar!. Mira, necesito que
distraigas a ese
tipo.

Jack se acercó al pirata balanceándose.
-¿Qué haces aquí?, tienes que estar en tu camarote, ordenes del
capitán.
-Ese ron con el que traficáis está asqueroso- siguió balanceándose-.
-¿Cómo dices?, ¿a caso lo has probado?.
-Si, y permíteme decirte, que no hay mejor ron que el de la taberna
"El camaleón".

Mientras tanto, Anne se acercó a un pequeño bote y lo echo al agua.
Con un gesto llamó a Jack, y este fue corriendo hacia ella. Los dos
subieron a la barca.
-¡Se escapan!- gritaba el hombre desde el barco-.
-¡Que os vaya bien con el negocio!- dijo Jack agitando la mano-.

Se alejaron remando a gran velocidad.

Por fin se hizo de día. Jack había dormido toda la noche a causa de
los efectos del ron. Anne seguía remando, agotada. Cogió un poco de
agua y se la echó al pirata en la cara.
-¡Despierta dormilón!.
-¿Qué... que pasa?- dijo abriendo los ojos.
-Has estado toda la noche durmiendo, me has dejado el trabajo de remar
a mi.
-Oh, lo siento. Trae los remos, te relevaré.
-Ya no hace falta, mira- señaló sobre el hombro de Jack a una isla a
la que se acercaban-.
-Esa es Daroh. Hemos llegado a tiempo, el barco de Harris está anclado
en el muelle.

Llegaron remando a la playa.
-¿Por donde empezamos a buscar?.
-Por la taberna, sin duda.
-Pero no podemos ir así, nos descubrirán.
-No pienso ponerme otra vez el vestido de mujer- protestó-.
-Tal vez encontremos algo mejor.

Miraron a su alrededor y divisaron una pequeña cabaña.
-Debe de ser de algún pescador- dijo Anne-.
-Vamos a ver que encontramos.

Abrieron la puerta poco a poco y asomaron la cabeza. No había nadie.
Entraron y vieron que no era muy espaciosa. Tan solo había una mesa y
un armario. Una pequeña puerta daba a lo que se suponía que era la
cocina, y otra puerta daba a una pequeña habitación.
Se acercaron al armario y lo abrieron.
-Camisas y pantalones viejos de pescador- dijo ella-.
-Esto nos servirá.

Cogieron las prendas y se desnudaron. Jack se acercó a la muchacha y
acarició su piel, mientras la besaba en el cuello.
-Ahora no Jack- sonrió divertida-.
El pirata le agarró por la cintura, la alzó y después le abrazó.
-Me encanta tu cuerpo- dijo el-.
-A mi también el tuyo- dijo mordiéndose el labio inferior
sugerentemente-.
Jack le tumbó en la cama y poco a poco puso su cuerpo sobre el de ella
mientras la besaba.
Tras acabar el juego de besos y caricias se vistieron con la ropa del
pescador.
De repente, la puerta se abrió. Por ella entró un anciano de unos
ochenta y cinco años, desgarbado, y con un cubo y una caña de pescar
en la mano. Cuando vio a la pareja de piratas vestidos con su ropa
cogió una pequeña pistola que llevaba enganchada al pantalón.
-¿Quiénes sois, y que hacéis aquí?.
-Perdone señor, veníamos en busca de ayuda, no era nuestra intención
molestar- mintió Anne-.
-De hecho, ya nos íbamos- siguió Jack-.
-¿Y para que diablos necesitáis mi ayuda?-.
-Vera...- comenzó la muchacha-, hemos naufragado y nos a costado mucho
esfuerzo llegar hasta aquí. Todas nuestras pertenencias están ahora en
el fondo del mar. Solo veníamos a pedir algo de comida, si a usted no
le importa.

El pescador les miró con compasión.
-Aun así no es motivo para que cojáis mi ropa. En fin... a esta edad
no le apetece a uno ni enfadarse. Tomad asiento.

Poco después, un niño abrió la puerta. Tenía unos siete u ocho años.
Era de altura media, sus ojos eran azules como el cielo y el pelo era
rubio y ligeramente largo.
-Ya e vuelto Gordon- anunció el entrar-.
-¿Has hecho lo que te encargué?.
-Si, aquí tienes- le dio unos pocos billetes-. ¿Quiénes son?- dijo
mirando a los piratas-.
-Nuestros invitados, pasarán el día aquí. Aunque aún no se sus
nombres.
-Anne Silver.
-Capitán Jack Sparrow.
-¿Sparrow?, ¿el famoso pirata?.
-El mismo.
-¿Son ustedes piratas!?, ¡es genial!, siempre he querido ser pirata.
Gordon me cuenta historias fascinantes acerca de ellos.
-Vamos chico, ve a la cocina y trae algo de comer.
-Enseguida. Encantando de conocerles- se marchó corriendo hacia la
cocina-.
-¿Es tu hijo?- preguntó Anne-.
-No- rió Gordon-. Lo abandonaron frente la puerta de mi casa cuando
tan solo tenía un año, ahora tiene siete. Junto a el dejaron una nota.
Sus padres me pedían que le cuidara, porque ellos no le podían dar una
buena vida. Al parecer eran piratas. Pero me temo que la vida que yo
le estoy dando no es mejor. Ya estoy viejo, y el tiene que hacer todos
los trabajos por mi. Todos los días va al pueblo a vender el poco
pescado que consigo. Se merece algo mejor, es un chico muy listo y con
un gran corazón.

El niño volvió corriendo con dos platos con algo de pescado y un poco
de ron.
-Voy a tumbarme en la cama un poco- dijo Gordon tosiendo-. Mis huesos
se resisten a seguir aguantando el peso de mi cuerpo. Cuida bien de
los invitados- se marchó-.

-Siento no poder serviros más, pero es lo único que tenemos.
-Oh, no te preocupes, con esto basta- dijo Jack bebiéndose el ron de
un trago-.
-¿Cómo te llamas?- preguntó Anne-.
-No tengo nombre. Gordon nunca pensó en ponerme uno. Decía que solo
mis verdaderos padres podían hacerlo.
-¿No tienes nombre?, es increíble... . ¿Qué te parece si te damos un
uno?.
-¡Me encantaría!, espero que a Gordon no le importe...
-¿Cómo podríamos llamarle Jack?.
-Pues...- tragó lo que tenía en la boca-, ¿qué te parece William?, es
un buen nombre. Un amigo mío se llamaba así.
-¡Me encanta ese nombre!.
-Bien, pues a partir de ahora te llamaremos así- dijo Anne-.
-Así que te gustan las historias de piratas- dijo Jack llenándose de
nuevo la boca y cambiando de tema-.
-Me encantan. Mi mayor deseo es poder formar parte de una tripulación
y navegar libre. Tenéis mucha suerte.
-Ojala tuviéramos un poco de suerte pequeño-dijo Anne-.
-Bueno, iré a dar una vuelta por el pueblo, haber si encuentro algo-
Jack se levantó de la silla y se dirigió hacia la puerta-.
-Ten cuidado.

-¿Qué es lo que pretende encontrar Jack?.
-Ehh, nada, supongo que algo de ropa nueva.
-Pero si ya tenéis ropa. Vuestra historia del naufragio es mentira,
¿verdad?.
-Eres un chico muy listo- le agarró y frotó su pelo, mientras el reía-
.
Continuaron hablando largo rato.

Dos horas después Jack llegó a la cabaña.
-¿Has visto algo?- preguntó Anne nerviosa-, ¿has visto a mi padre?.
-¿Tu padre es un hombre bajito, regordete, calvo y con un grueso y
canoso bigote?.
-Si.
-No, no le e visto...
-¡Jack!.
-Bueno... si le e visto, ¡pero no intentes ir a buscarle!. Esta
rodeado de muchos piratas, no tardarían nada en cogerte.
-¿No has averiguado nada más?.
-Por lo que he oído se va a quedar una semana en esta isla. Su
tripulación se marcha a no se donde. Se quedará aquí junto a Harris y
sus marineros. Pero te vuelvo a repetir, ¡ni se te ocurra ir a
buscarle!.
-Solo quiero verle.
-¿Por qué todo el mundo está empeñado en llevarme la contraria?. Will,
vigila de que no salga de aquí- guiñó un ojo-.
-¡Si señor!,-agarró divertido a Anne-
-Oye pequeño, ¿porque no sales a jugar con el tío Jack a la playa?,
estoy segura de que tiene muchas historias de piratas que contarte.
-¡Si¡- le agarró del brazo y tiró de el-.
-¡Ah no!, yo no pienso ponerme a jugar con un niño.
Will salió corriendo de la casa.
-¡Vamos Jack!- gritó-.
-Ese niño reclama tu atención Jack- sonrió Anne-.
-Pero solo un poco- bufó-.

Se dirigió a la playa. Will correteaba a su alrededor y le agarraba
del brazo. Anne miraba apoyada en el marco de la puerta. Cuando el
pirata y el niño se alejaron lo suficiente, aprovechó y se marchó al
pueblo.

Durante una hora buscó a su padre pero no lo encontró. Cansada de
caminar entró en una taberna.
Mientras bebía ron sentada en una mesa escuchó unas voces conocidas.
Eran tres de los hombres de el capitán Harris.
-Oh no, ¿qué voy a hacer ahora?- pensó-.
Era demasiado tarde. Los piratas la habían descubierto. La agarraron y
la subieron al piso superior. Entraron en una habitación y la tiraron
sobre la cama.
-Esta vez no te escapas- dijo uno de ellos mientras ataba sus muñecas
al respaldo de la cama-.
Los piratas se marcharon.

Poco después entró un hombre en la habitación. Cuando Anne le vio tuvo
ganas de echarse a llorar.
-Padre- dijo-.
-¡Anne!, pensé que estabas muerta.
-¿Tu también?.
-Me sorprendes. No sabia que fueras tan fuerte. Has estado sola todos
estos días y me has encontrado.
-En realidad no he estado sola... cuéntame, ¿por qué has hecho todo
esto?.
-Veras... quería conseguir mucho dinero, y unirme a esta tripulación a
sido la mejor manera de hacerlo.
-¿Y por eso has intentado matarme?.
-Hubieras sufrido viéndome convertido en pirata. Además, no quería
dejarte sola.
-¿Y el ataque a Delia?.
-Fui yo también. Saqueamos islas y nos enriquecemos, aunque haya que
matar a la gente que se entromete.
-Eres despreciable... . Tanto tiempo buscándote, y ahora que te
encuentro me arrepiento de haberlo echo- dijo asqueada-.
-Únete a mi hija- se acercó a ella-.
-¡Nunca!- le dio una patada y le tiró al suelo-.
-Te arrepentirás de esto- se marchó-.

Los tres piratas entraron de nuevo.
-Vamos chicos, ha dicho el capitán que disfrutemos.
Dos de aquellos hombres la violaron, uno detrás de otro. Anne
forcejeaba violentamente. Cuanto más fuerza hacia más se apretaban sus
ataduras. Sus muñecas sangraban.
El último hombre se subió sobre ella. La muchacha ya no se resistía.
Estaba completamente agotada de batallar con los otros dos hombres.
-¿Por qué no te mueves?, me gustan las mujeres bravas. Tal vez esto te
anime- se sacó el cinturón y la golpeó con fuerza durante mucho tiempo-
.
Anne gritaba de dolor. Tras los golpes el pirata se subió de nuevo
sobre ella, pero seguía sin moverse. Estaba demasiado aturdida como
para hacerlo.
-O te mueves o te mato- puso una daga sobre el vientre de la muchacha-
.
-Antes morir que darle placer a un hombre tan despreciable como tu-
dijo con esfuerzo-.
-Como quieras- comenzó a clavar lentamente la daga-.
-¡Estas loco!- uno de los hombres le detuvo-. Silver la quiere viva,
de momento.
El hombre se levantó a regañadientes y se marchó junto a los otros
dos.

Will entró en la taberna. Gordon le había enviado a comprar ron, ya
que Jack se había bebido casi todo el que tenían. Mientras hablaba con
el tabernero escuchó como unos hombres nombraban a Anne.
-Señor O'Neal- le dijo Will al tabernero-, ¿ha entrado aquí Anne?.
-Creo que te refieres a la muchacha a la que se han llevado a las
habitaciones.
-¿A las habitaciones?.
-Si, y ella no parecía ir muy contenta.
-¿Sabes en que habitación está?.
-En la tres creo.
-Necesito que me hagas un favor- le dio una bolsa de chelines, con la
que iba a comprar el ron-. Distráeles.
-No se que es lo que pretendes, pero de acuerdo.
-¿Hay otra salida?.
-Si, una puerta trasera.
-Gracias.
-¡Atención caballeros!- dijo en voz alta-. Acercaos, la siguiente
ronda la pago yo.

Los piratas fueron a la barra aplaudiendo por el amable gesto del
tabernero.

Will aprovechó a que estaban distraídos y subió al piso superior.
Cuando entró en la habitación vio a Anne en la cama, con un charco de
sangre a su alrededor. Rápidamente corrió hacia ella.
-¡Anne!- la llamaba mientras colocaba bien su camisa-.
La muchacha abrió poco a poco los ojos. El niño le quitó las cuerdas
que sujetaban sus muñecas.
-¿Puedes caminar?.
-No lo se.
-Apóyate en mi- le ayudó a levantarse-.

Anne se apoyó en el hombro de William y juntos salieron de la taberna
sin que nadie les descubriese.

En la playa, cerca de la cabaña, las fuerzas abandonaron a Anne, y
cayó al suelo.
-¡Gordon, Jack!- llamaba el niño-.
Jack salió de la casa, y cuando vio a Anne en el suelo, corrió
alarmado hacia ella.
-¿Qué ha pasado?.
-Han sido unos piratas.
Jack la cogió en brazos y la llevo corriendo a la cabaña. Allí la
tumbó en la cama.
-¿Tienes vendas?.
-Si, voy por ellas- dijo Will-.
Gordon entró en la habitación con un cubo lleno de agua y algunas
medicinas, y curó las heridas. El niño llegó corriendo con unas
vendas. Se las entregó al anciano y salió de la habitación junto a
Jack.
-¿Qué ha pasado?.
El muchacho le contó todo lo que sabía.

Una hora después Gordon salió de la habitación.
-¿Cómo está?- preguntó Jack-.
-Aun no ha despertado. Tiene heridas por todo el cuerpo, al parecer de
un látigo. Y en el vientre tiene un corte profundo.
-¿En el vientre?- dijo alarmado-.
-Estaba embarazada, ¿verdad?. Pues si es así siento decirte que lo que
tuviera ahí adentro lo a perdido.
-¡Maldita sea!.

Will corrió a ver a Anne. Se sentó en una silla junto a ella y agarró
su mano.

Pasaron siete días con sus respectivas noches. Hasta entonces Anne no
había despertado. En la mañana del octavo día abrió los ojos. En
aquellos momentos Jack estaba junto a ella.
-¡Anne!, ¿cómo te encuentras?.
-La verdad es que no lo se. Me duele todo el cuerpo, aunque supongo
que es normal después de los golpes que me dieron.
-Te dije que no te fueras de aquí. ¿A caso le gusta a todo el mundo
llevarme la contraria?.
-Lo siento, pero tenia que verle.
-¿Qué pasó allí?.
La muchacha le relató todo lo que ocurrió aquel día en la habitación.
-Llama a Will, quiero darle las gracias.
Jack salió de la habitación, y poco después entró el niño.
-Me alegra verte despierta.
-Muchas gracias por haberme salvado. Eres muy astuto pequeño. ¿Es
Gordon el que te ha enseñado esos trucos?.
-En parte si... . Aprendo mucho escuchando las conversaciones de los
piratas en el pueblo.
-Acércate.
Will se acercó y Anne le abrazó con dulzura.

Pasaron siete días más. Anne no se había levantado de la cama todavía.
Will pasaba mucho rato tiempo a ella, incluso mas que Jack. El la
distraía para que no pensara en las heridas, y ella le contaba
historias de piratas.

Veinte días después de aquel ataque ya estaba recuperada. Casi había
olvidado a su padre. Comenzaba a gustarle la tranquila vida que
llevaba en aquella casa. Por desgracia Gordon había enfermado, y no
salía de la cabaña ni siquiera para pescar.
En el atardecer de aquel día, Anne paseaba junto a Jack por la playa.
-Creo que ya es hora de volver al mar- dijo Jack-.
-Yo no volveré. Ya no hay nada que me anime a hacerlo. Prefiero
quedarme aquí.
-Pero...
-Además, me e encariñado con William, y ahora que Gordon está enfermo,
necesita a alguien que cuide de el.
-Vamos Anne, volvamos a la Perla Negra, y matemos a esos piratas
desalmados. Will puede venir con nosotros. Devuélvele a tu padre lo
que te ha hecho.
-Mi padre... le mataría si pudiese.
-Y puedes hacerlo, vente conmigo.
-No tenemos barco, y tampoco tripulación.
-Podemos conseguir ambas cosas.
-No lo se...
-¡Jack, Anne!- Will corría hacia ellos-.
-¿Qué te pasa?- dijo la muchacha arrodillándose frente al niño-.
-Gordon... a muerto- unas lagrimas corrían por sus mejillas-.

Los tres se dirigieron a la cabaña. Tumbado en la cama estaba el
cuerpo sin vida de Gordon.
-Lo siento mucho pequeño- dijo Anne-.
-Puede que haya sido siempre muy frío conmigo, pero me ha cuidado
desde muy pequeño.
-Te quería mucho, el me lo dijo.

Por la noche, depositaron el cadáver sobre una balsa que Jack había
echo con la madera de algunas palmeras, y lo echaron al mar.
Anne, Jack y William observaban en silencio como la corriente se
llevaba al bondadoso pescador, mientras la luna llena bañaba con su
luz plateada la balsa fúnebre.

Los días seguían pasando. Llevaban ya un mes en aquella isla.
Demasiado para el gusto de Jack. Pero era incapaz de marcharse sin
Anne. El sabía que tarde o temprano la muchacha también echaría de
menos el mar.
Un día, mientras Will jugaba en la playa vio como un enorme barco se
acercaba a la isla. Una nave de velas negras.
-Esa debe ser la famosa Perla Negra- pensó-.
Rápidamente se fue a avisar a Anne y a Jack.
Los tres corrieron hacia la orilla haciendo gestos con las manos.
Ryan, desde proa, les vio.
El barco llegó hasta la orilla y todos los piratas fueron a contentos
a saludar a sus capitanes.
-¿Cómo sabíais que estábamos aquí?- preguntó Jack-.
-Asaltamos un barco de ron. Encerramos a sus tripulantes en la celda y
les oímos como hablaban de dos piratas que se les habían escapado, y
que se dirigían a Daroh. Supuse que erais vosotros.
-Y supusiste bien amigo.
-¿Sois piratas de verdad?- exclamó Will, que durante un rato les había
observado asombrado-.
-¿Quién es?- preguntó Ryan-.
-Este es nuestro pequeño gran amigo William.

Tras las presentaciones, Ryan fue junto a Jack, Anne y el niño a la
cabaña. Los demás piratas fueron al pueblo a comprar provisiones y a
divertirse.

En la pequeña casa hablaban sobre lo que habían hecho unos y otros, y
del encuentro de Anne con su padre. Tras hablar largo rato sobre temas
triviales llegaron al tema principal.
-¿A dónde iremos ahora Jack?.
La muchacha se levantó incomoda de la mesa.
-Voy a por un poco de ron- se fue-.
-¿Qué le pasa?.
-No quiere venir con nosotros.
-Bueno, supongo que el único motivo por el cual nos a seguido hasta
ahora a sido para buscar a su padre. Como ya lo ha encontrado, y por
lo que me habéis contado se ha llevado una desilusión, preferirá
quedarse.
-Estoy seguro de que en el mar disfrutará más.

Anne volvió de la cocina con una enorme jarra y dos vasos.
-Escucha...- dijo Jack-.
-No pienso ir- dijo adivinando el pensamiento del pirata-.
-¿Dejarás que tu padre siga matando a gente?. Están matando a niños
como William.
La expresión de tristeza de la cara de Anne pasó a ser de
desesperación.
-Una vez les hayamos detenidos podrás volver a esta casa, pero si no
hacemos nada, no tardarán en destruir también esta isla.
-Pero Will...
-Puede venirse con nosotros- dijo Jack-.
-No estoy tan seguro de eso. Llevar un niño a bordo es muy peligroso-
intervino Ryan-.
-El capitán soy yo, por lo tanto, yo doy las ordenes.
-Le haría mucha ilusión venir, ¿pero que será de su educación?.
-Tu estuviste muchos años en las mejores y mas caras escuelas de tu
isla, sin embargo, no aprendiste lo esencial. ¿Quién te enseñó a vivir
por tu cuenta?, ¿quien te enseñó el significado de la palabra
libertad?.
-Tienes razón...- suspiró-.
-¡No me lo puedo creer!, ¡es la primera vez que no me llevas la
contraria!, esto hay que celebrarlo con ron.
Cogió la enorme jarra, y Anne y Ryan los vasos. Brindaron y bebieron.
Jack acabó borracho tras beberse toda aquella cantidad de ron. Se puso
a cantar mientras los demás reían.