La ira que mantuvo tensa su quijada de pronto se esfumó haciendo que su boca se abriera sin que pudiera poner resistencia sintiendo así que, desde lo profundo de su garganta, se le escapó el aliento, o quizá su alma, no lo sabía.

—¡¿Qué?! —soltó en un grito, no apartó su vista de la anciana sacerdotisa que acababa de decir la mentira más cruel del mundo—. ¡¿Qué estás diciendo?!

No notó que había dado un par de pasos hacia adelante hasta que Sango se interpuso entre él y Kaede, al verla de cerca pudo notar mejor sus ojos hinchados por el llanto y el rostro evidentemente fatigado.

—¡Todo pasó muy rápido! —la exterminadora comenzó a explicarse, ella temblaba tanto que parecía estar en medio de una ventisca—. Estábamos en la cima de la colina y no me di cuenta cuando Kagome-chan caminó por el borde…

—¡¿Y cuál es, por los mil demonios, la puta razón por la que estaban ahí?! —su enojo volvió a fluir en su sangre como lava ardiendo, era una ira más grande que él, tomó a Sango por los hombros y la sacudió con más brusquedad de la que hubiese querido—. ¡¿Por qué Kagome no estaba en nuestra casa?!, ¡¿cómo pudiste dejar que esto pasara?!

Antes de que Sango pudiera balbucear cualquiera que fuera su respuesta, el monje Miroku ya se la había quitado de entre las garras. La anciana Kaede intervino colocándose a la derecha de InuYasha sosteniéndolo del brazo en una orden silenciosa para que bajara las manos.

—¡InuYasha basta! —le pidió Miroku justo después de alejar a su esposa de en medio y colocarse frente al furioso medio demonio—. Es una desgracia espantosa pero te pido que no te ensañes con Sango.

InuYasha podía sentir su propia respiración subiéndole y bajándole el pecho, era una sensación incluso dolorosa. Miroku pareció notar que él se había vuelto incapaz de hablar, se acercó nuevamente a su mujer para tomarla de la mano.

—Por favor, necesitamos saber qué pasó —le pidió con cuidado, con una paciencia que InuYasha ahora mismo no tenía y que, sinceramente, no quería tener.

Al diablo cualquier tipo de paciencia o delicadeza.

—Fuimos con Rin y las niñas. Les advertí que no jugaran cerca de los bordes, yo sabía que por la lluvia muy probablemente estaban reblandecidos —empezó Sango después de enderezar su espalda, cerrando sus manos en puños como si de alguna manera buscara fuerzas de donde le fuera posible—. ¡Pero me desobedecieron! —chilló Sango sin poder contener más las lágrimas—. Yo estaba con Hisui, no me di cuenta. Es…es por eso que Kagome-chan…

El medio demonio pudo sentir sus ojos abrirse más de la cuenta cuando Sango paró de hablar. Lo entendió de inmediato: Kagome se acercó al borde de la colina buscando poner a las hijas de sus amigos a salvo, si no lo hubiera hecho…por todos los dioses, es que ni siquiera se atrevía a imaginarlo.

—¿Kagome-sama sabe que…? —continuó Miroku cuidando tanto sus palabras que prefería no mencionar algunas.

—No estamos seguras —respondió Sango agachando la cabeza, como si no tener la respuesta le diera vergüenza.

—El dolor en el vientre fue lo suficientemente fuerte como para despertarla, pero la fiebre y la pérdida de sangre la desmayaron casi enseguida —al escuchar la voz de la vieja Kaede a su derecha, InuYasha dirigió su atención hacia ella pero cuando vio la manera en la que la propia sacerdotisa lo veía, deseó por un momento no haberlo hecho.

—¿Dónde está? —preguntó con la voz seca dirigiéndose a Kaede, seguro de que ella entendería su pregunta.

—Adentro, junto a Kagome —le respondió la anciana, comprendiendo a la perfección—. Pero no podemos esperar mucho más…debemos sepultarlo.

InuYasha abrió y cerró sus dedos con lentitud, como si quisiera asegurarse de que seguía vivo.

—Traelo —exigió tratando de ignorar el millón de escalofríos que le recorrieron la espalda en ese momento, solo vio a la sacerdotisa asentir antes de caminar de regreso a su cabaña.

Él siguió respirando con pesadez. A pesar de aparentar lo que cualquiera definiría como "calmado" la realidad es que solo quería sacar su espada y destruir cuanta mierda se le pusiera enfrente.

—¿Estás seguro que quieres…hacer esto sin Kagome-sama? —cuestionó Miroku rompiendo el lúgubre silencio que de pronto los invadió.

—Aún cuando no sabemos cuándo despertará, es una buena señal que ya no tenga fiebre —complementó Sango, apoyando la sugerencia de su esposo.

InuYasha les dedicó una mirada simple, o quizá demasiado fría, pensó por la manera en la que sus amigos de pronto enmudecieron.

—Ya ha sufrido suficiente —respondió escuetamente, luego bajó su mirada hacia sus pies, dejándoles claro que no contestaría a ninguna pregunta más ni dejaría que intentaran hacerlo cambiar de opinión.

Solo volvió a subir su mirada cuando escuchó los lentos pasos de Kaede acercándose de nuevo hacia ellos. Un bulto completamente envuelto en sábanas que lo hacían mucho más grande de lo que realmente era, según lo que recordaba que Kagome le había explicado hace apenas unos días antes: el mismo que una naranja; aún así, era apenas del tamaño perfecto para caber en ambas manos de la vieja sacerdotisa.

Extendió las manos casi al mismo tiempo que la anciana lo hizo para entregarle el pequeño envoltorio, se insultó a sí mismo por temblar tanto y quiso gritar de pura furia cuando por fin lo sostuvo, solo necesitando su mano derecha para hacerlo.

No pudo evitar tragar saliva con pesadez cuando acercó su mano libre hacia uno de los bordes de la sábana, levantando lentamente la tela con su garra que no paraba de temblar.

—Es mejor que no lo hagas —Miroku se apresuró a detenerlo antes que quitara la primera capa de la sábana, dándose cuenta de lo que pretendía.

—No vas a decirme lo que es mejor hacer o no hacer —le espetó molesto solo mirándolo por un instante antes de volver a bajar la mirada al ovillo de tela en su mano.

—Solo conseguirás hacerte más daño —insistió el monje colocando su mano sobre la de él, para evitar que volviera a intentar levantar la sábana.

—¡Es mi hijo! —le gritó enfurecido.

—¡InuYasha! —Miroku elevó la voz al mismo nivel que él, en un intento de hacerlo entrar en razón, apretándole fuertemente la mano, firme en su misión de detenerlo—. Sé lo que buscas ver, estás buscando un rostro. Uno parecido al tuyo, o al de Kagome-sama, pero no lo encontrarás. Y no puedo permitir que tu desesperación y tu pena te lastimen de esa manera.

InuYasha se mordió furiosamente los labios mientras luchaba con las enormes ganas que tenía de golpear con todas sus fuerzas al monje frente a él. En un firme deseo por aplacar su ira, apartó su vista de Miroku y puso su atención en Sango quien, a espaldas de su esposo, veía la escena con ambas manos cubriendo su boca mientras sus lágrimas le bañaban el rostro sin restricción alguna. La anciana Kaede, por su parte, parecía mirarlo con una tormentosa lástima.

Sintió su corazón golpearle fuertemente en el pecho al mismo tiempo que sus dedos por fin soltaron la tela.

Su respiración estaba agitada y, por más que lo intentó, no pudo dejar de temblar. Agachó la cabeza, apretó con fuerza sus párpados al sentir un pesado escozor en los ojos. Instintivamente, acercó el bulto de sábanas más contra su pecho cuando Miroku le soltó la mano.

Lo pegó tanto a él como pudo, como si eso fuera a servirle de algo. Maldita sea.

Maldita. Mil veces maldita fuera la vida.

Cuando sus rodillas dejaron de sostenerlo, aterrizó violentamente contra el suelo. La respiración se entrecortó y la voz se le distorsionó en un gruñido ronco. No se atrevió a levantar la mirada, sintiendo todo el peso del mundo en su espalda.

-o-

Aún cuando comenzó a sentir las frías gotas de la lluvia que ya comenzaba a caer una vez más, no se movió ni por un dedo de su lugar. El viento que comenzó a hacer bailar las telas de su túnica hizo lo mismo con las copas de los árboles que rodeaban el claro en el bosque hasta donde había acompañado a su amigo.

Con su mano derecha bien sujeta a su báculo sagrado, aferró ansiosamente la izquierda a la pala de madera que había traído con él y que, al ofrecérsela a InuYasha, este la rechazó desdeñosamente.

Lo observó a unos pasos de él, arrodillado justo debajo de un gran roble, con las manos completamente embarradas del lodo que excavó hasta hacer un agujero lo suficientemente profundo para sentir que era apropiado para la situación.

El monje no pudo evitar contener la respiración cuando el medio demonio volvió a tomar entre sus manos el pequeño paquete de tela para, luego de perderse un momento contemplando el pequeño objeto, depositarlo hasta el fondo de la improvisada tumba con una delicadeza sin dudas extraño ver en su amigo.

Cuando vio a InuYasha comenzar a tapar el agujero con la tierra que había removido, Miroku supo que ya estaba hecho. Pero, definitivamente, esto no había terminado.

Con un gran dolor, y profunda pena por sus muy queridos amigos, sabía que esto no hacía nada más que empezar


N.A: ¿Alguien vio los spoilers del manga de HnY de este mes? Bueno, si los vieron, que sepan que me siento una CRIMINAL ahora mismo publicando este fanfic. No debería tener derecho xD justo iba a publicar el fic ayer pero cuando vi los scans InuKag, simplemente no pude. Pero en fin, que yo no quería dejar esta actualización congelada así que hice de tripas corazón y henos aquí.

Este capítulo fue difícil en todo sentido, en un inicio no me atrevía a narrar desde el punto de vista de InuYasha pero al final me di cuenta de que era un buen momento para hacerlo, no hubiese logrado mi propósito si me hubiese decantado por el punto de vista de cualquier otro personaje (A ver, pobre Sango, ya la he mallugado mucho que me sienta mal y todo, ya basta). A veces estas decisiones dan miedo, pero me he quedado muy a gusto (no sé si esa sea la palabra adecuada en esta situación xd) con el resultado final.

Esta es la última actualización de este fic antes de mi boda, quisiera traer uno más pero, estando la fecha tan cerca, los últimos detalles consumen muchísima de mi atención y supongo que es inevitable. Aún así, confío traer un capítulo más antes de que termine el año. Sobre todo considerando que en el próximo capítulo el punto de vista de Kagome por fin hará aparición, no quiero privarles de leer eso por mucho más tiempo del necesario.

¡Muchísimas gracias por todos sus reviews!, gracias por atreverse a sentir dolor con mi crimen hecho fanfic xd

¡Les mando un beso enorme!

-Kao