Sindey Uchiha Hale Malfoy: Tu review entró justo cuando estaba contestando reviews jajaja me alegro de que te gustara :D

LucyGomez: Honestamente lo pensé pero creo que eso sería mucho más esperable ¿No? Y preferí hacer otra cosa.

jupy: Darse cuenta y hacerlo son cosas completamente diferentes.

roberouge: Este cap no es malo, simplemente va en contra de las ideas de Edward en los 14 caps anteriores jajaja dejar a Bella sin opciones.

Tata XOXO: Bueno, en este cap vemos como el valor de Bella es mucho mayor.

Noriitha: El problema es que Bella no se apresuró y Edward colapsó primero.

PaolaValencia: Si, pero nuestro chico no nos desepcionó.

Diana: Bueno, Bella tiene un plan que no se pudo respetar.

Mapi13: Gracias a ustedes por leer :D

saraipineda44: Lo sé, tambien me enoja Bella. Me enoja tambien este capitulo pero que le vamos a hacer.

aliceforever85: Bueno, espero que este cap no te desepcione jajaja

EmilyChase: Es que este capitulo tampoco me deja conforme a mi, Bella esperó mucho jajajaj estoy contrariada.


Capítulo 15

Bella's P.O.V

El último año de mi vida había sido ocupado, muy ocupado. Y mucho había cambiado. Mis visitas a Forks eran poco frecuentes y no más que unos pocos días, Alice y yo habíamos establecido nuestra vida lejos de nuestros padres.

Edward se manejaba completamente libre en mi departamento igual que yo en el suyo y no podía sentirme más orgullosa de eso. Se llevaba de maravilla con mi hermana, adoraba llegar al departamento y encontrarlos preparar la cena juntos, Jasper muchas veces se nos unía.

Era curioso como personas que no eran tu familia te hacían sentir tan aceptado y amado. Tener la libertad de besar a Edward cuando también se unían Emmett y Rose me generaba una de las mejores sensaciones de mi vida. Posesividad, orgullo y disfrute.

Y era esa sensación de total plenitud lo que me había alejado cada vez más de mis padres. No soportaba verlos, mucho menos soportaba ver como afectaba a Edward eso. ¿Yo era una cobarde? Lo era, aún lo era, pero trabajaba día a día por cambiar esa situación. Me estaba esforzando mucho, estaba tomando clases extras en la universidad junto a las prácticas que había empezado que me daban algo de dinero.

Mi relación con mis padres estaba sumamente tensa, cuando estaba allí ellos me interrogaban continuamente. Sabían que les escondía mucho y sin embargo yo lo negaba. Lo negaba una y otra vez usando como excusa los estudios. Los sermones duraban horas. Responderles no había funcionado, habían comenzado los gritos de parte de René y Charlie solo dejaba la habitación. Todos los gritos eran dentro de la casa, fuera continuábamos siendo la familia perfecta y sabía que solo por eso continuaban apoyándome económicamente. Siempre había sabido que lo más importante para mis padres era la apariencia de la familia perfecta.

Mi carácter había comenzado a surgir poco a poco frente a mis padres, sabía que cada contestación y desobediencia a mis padres era producto del dolor que veía en Edward y de mi necesidad de volver a Seattle, a mi hogar. Podía ver la decepción en sus acciones pero ya estaba más allá de todo, solo necesitaba que terminaran de pagar mis estudios y podría ser libre finalmente.

— — — Flashback — — —

Estaba preparando mi desayuno en casa de mis padres, papá estaba en el trabajo. Escuché la puerta de casa y mi madre entró a la cocina cargada con las compras.

— ¿Me preparas café? —preguntó

— Claro —asentí

Dejé mis tostadas en el fuego antes de tomar una taza para ella y otra para mí.

— Hace mucho no tenemos un momento para nosotras —comentó

— Lo siento mamá, la universidad requiere mucho tiempo —señalé

Llené su taza de café y la mía también pero le agregué leche.

— ¿Has conocido a alguien? —preguntó lentamente

— Es solo el estudio mamá —respondí sin alzar la mirada

— Recuerda que no debes perder tiempo con los hombres —señaló— No antes de casarte —

— Tú has sido quien busca pretendientes para mí —comenté

— Si, para casarte —asintió— Pero no estoy segura de que puedas encontrar por ti misma alguien que quiera casarse contigo —

— No te molestes en hacer eso por mi —negué— Como te dije, el casamiento no es mi prioridad —

— Hay niña, ¿Qué es lo que hemos hecho mal contigo? —preguntó. No respondí— Espero no estés metiéndole ideas a tu hermana, tengo la esperanza de que ella si se respete hasta el matrimonio —

— Yo me respeto —respondí

— No lo haces —negó— Es mi trabajo buscar alguien que te acepte con la falla que cometiste hace años —

— Te refieres a que tuve sexo, ¿Cierto? —

— Fue tu falla, si —asintió— Eso no es digno de la señorita que crié —

— Respóndeme, ¿Para qué quieres que venga de visita? —pregunté— ¿Para reclamarme? —

— Quiero que vengas porque eres mi hija —explicó acariciando mi mejilla— Eres joven, aún puedo arreglarte —

— No tienes nada que arreglar —gruñí

— Tengo mucho que arreglar —corrigió— Quiero que seas una mujer y esposa digna, que un hombre esté orgulloso de tenerte a su lado —

— Luego de desayunar me voy —hablé llevando mi bebida y mi tostada a la mesa

— ¿Lo ves? —preguntó— Estás tan cambiada, no te reconozco hija —negó. Bebí de mi café sin responder— Solo asegúrate de no contaminar a tu hermana Isabella —

— Dime, René —hablé— ¿Qué quejas tienes de mí? ¿No he sonreído lo suficiente en la iglesia? ¿No he ayudado lo suficiente en la colecta? ¿Mis notas no son lo suficientemente altas para ti? —

— No eres una mujer correcta, esa es mi queja Isabella —señaló— Has entregado lo más sagrado que hay en una mujer, te faltas el respeto continuamente, faltas a la iglesia —

— ¡He ido a la iglesia cada vez que estoy en Forks! —exclamé

— ¿Y en Seattle? —preguntó bebiendo de su café— Tu alma está manchada Isabella, no eres mi niña buena, esa ciudad te cambió —

— Me voy a casa —señalé terminando mi café

— ¡Esta es tu casa Isabella! —gritó

— ¿Lo ves? Siempre empiezas a gritar —comenté

— ¡Es tu culpa! —exclamó— Tu hermana ni siquiera viene ya a vernos, ¡Y es todo tu culpa! —

— Quizá debas preguntarte porqué tus hijas ya no vienen mamá —respondí saliendo de la cocina

— ¡No me dejes con la palabra en la boca! —gritó René— ¡Soy tu madre! —

Subí las escaleras dirigiéndome a mi habitación y guardé todo en mi mochila. René entró a la habitación.

— No olvides que quien paga por tu departamento somos yo y tu padre —habló

— Te lo pregunté, ¿Tienes quejas por mis calificaciones? —pregunté alzando la mirada

Su mano tomó mi brazo acercándome a ella, apretó con fuerza pero no dejé que mi rostro mostrara dolor.

— Como sepa que has estado en la cama de un hombre vas a arrepentirte Isabella —amenazó

— Suéltame —ordené

— No eres más que una niña insolente —aseguró

— Tú me criaste, ¿Recuerdas? —

— No toda la fruta de un árbol sale buena —señaló— Mucha se pudre, no hagas que tu hermana se pudra junto a ti —

Su mano apretó con mayor fuerza mi brazo antes de soltarme y dejar mi habitación. Cerré la puerta y me deslicé por la madera dejando mis lágrimas salir, mi cuerpo comenzaba a temblar del terror y la frustración. Una vez me recompuse junté el resto de mis cosas antes de regresar a Seattle.

Mis padres no dejaron de pagar por el departamento y yo pasé tres largos meses sin atreverme a regresar a Forks luego de eso.

Cualquier esperanza de que alguna vez me aprobaran desapareció luego de ese día y por supuesto ni Alice ni Edward sabían nada de lo que ocurrió esa vez.

— — — Fin del Flashback — — —

Tenía un plan muy bien trazado, recibirme y encontrar empleo antes de avisarle a mis padres, estaba muy bien armado y había avanzado lo suficiente, solo faltaba un semestre e iba a poder ser lo suficientemente independiente para poder decirles la verdad sobre Edward. No estaba preparada para escuchar que era una decepción y una fracasada de los labios de mis padres pero sabía que no importara cuando tiempo me preparara el resultado iba a ser el mismo. Solo debía recibirme y al menos parte de mi vida iba a estar resuelta.

Los únicos momentos difíciles eran cuando había eventos en Forks al que Edward y yo asistíamos, notaba siempre su molestia por no estar a mi lado. La última fiesta fue el cumpleaños de Carlisle y Edward había desaparecido por toda la noche, solo lo había visto al momento de cantar el feliz cumpleaños y cortar el pastel. Esme me había dicho que él prefería estar apartado.

No tuve ese semestre extra, Carlisle fue ascendido a director del hospital y Edward estalló.

Edward's P.O.V

Bella me había dado los momentos más maravillosos pero también había sido la causante de mis mayores inseguridades, había comprendido de forma dolorosa que el respetar sus tiempos había construido en mi un gran resentimiento. Bella pedía más tiempo pero ya no podía darle más. No quería darle más.

Mi día era un desastre, mi humor era un infierno desde que mamá había llamado anunciando la fiesta del ascenso de Carlisle. Quería ir con mi novia y no podía hacerlo.

Ella se esmeraba, cada maldita vez que no había estado a mi lado en los eventos de Forks luego lo había compensado con creces pero ya no era suficiente que lo compensara. La quería a mi lado, de mi mano.

En algún punto de mi mente había llegado a pensar en cuanto tiempo iban a tardar René y Charlie en descubrirlo por su propia cuenta y eso me hacía sentir enfermo. Sabía lo que iba a causar que Charlie y René lo supieran por alguien que no fuera Bella.

El primer año lo había sobrellevado con relativa tranquilidad y paciencia, luego de las segundas navidades la situación había cambiado. Bella pedía tiempo, más tiempo, ya no podía dárselo.

Rose y Emmett se habían cruzado conmigo y mi mal humor hoy. Me habían dado una idea, una gran y loca idea.

"— Ya lo tienes, dale el maldito anillo Edward —ordenó Rose— Si ella no quiere sacarte de esa miseria hazlo tú, ve por el maldito anillo y hazla tu esposa —"

No debí haber escuchado a Rose, pero lo hice.

Era mi último recurso.

Si Bella no aceptaba probablemente significara que nunca iba a dejar de ser su secreto. No quería creer eso, aún creía en su palabra. Pero yo había encontrado mi límite.

Bella's P.O.V

Miré mi móvil por décima vez pero no había sabido nada de Edward en todo el día, desde hace dos días. Le había enviado un mensaje de buenos días y no había respuesta aún.

Sabía que era lo que mantenía a Edward silencioso, la última vez que nos habíamos visto Esme había llamado avisando de la fiesta por el ascenso de Carlisle, Edward se había girado esquivando mi mirada. Luego de la llamada el día continuó su rumbo pero Edward había estado perdido en sus propios pensamientos.

Le envié un segundo mensaje.

[¿Cena en mi departamento? Yo cocino, prometo que va a estar delicioso] Bella

A Edward le encantaba mi comida, siempre estaba feliz cuando cocinaba para él.

[A las 8 estoy allí] Edward

Solté un suspiro de alivio cuando su mensaje no tardó más que unos pocos minutos. El resto del día me dediqué a preparar una deliciosa cena y arreglarme para él, necesitaba arreglar las cosas con Edward. Me puse uno de esos vestidos que él amaba en mí, un bonito escote y largo hasta mitad del muslo, azul.

Cuando escuché las llaves en el departamento temblé, los nervios y el miedo a que él se haya cansado de la situación siempre estaba presente luego de las crisis.

Miré mi atuendo y solté un suspiro, esperaba que le gustara.

— Hola —saludé

Su mirada recorrió mi cuerpo.

— Hola —respondió caminando hasta mi— Esta vez, y por muy tentadora que seas, el sexo no va a ser suficiente —

— Edward, solo necesito —

Sus labios silenciaron los míos.

— Me toca hablar a mi —pidió suavemente

Asentí sintiendo mi garganta apretarse, el llanto iba a llegar y no quería llorar frente a él.

— Te escucho —murmuré

Deslizó su mano por mi mejilla y sonrió suavemente, entrelazó nuestros dedos llevándonos al sofá.

— Sé que mereces algo mejor que esto y prometo dártelo, pero ahora necesito hacer esto —explicó sacando una pequeña cajita del bolsillo de sus jeans— Bella, amor, ¿Quieres ser mi esposa? —

Mis ojos no pudieron retener las lágrimas, ¿Qué había hecho en mi vida para merecerlo? Absolutamente nada, no podía aceptar esto de este modo.

— Edward…—negué cerrando la cajita. Vi su rostro romperse— Si voy a casarme contigo pero por las razones adecuadas —señalé— No cuando sea para poder estar conmigo frente a mis padres —

— Amor, esto es algo que he pensado durante los últimos meses —confesó— Dentro de 10 días quiero llevarte al festejo de mi padre de la mano y besarte frente a todos —

— Edward…— murmuré

— Hemos estado así por demasiado tiempo y no voy a echar a perder todo por unos pocos meses Bella —aseguró abriendo nuevamente la cajita— Se cuál es tu plan aunque no me lo hayas dicho, te he visto esforzarte todo lo posible para terminar con todo antes de decirles sobre mi —

— Es cierto, era mi plan —admití— Solo son seis meses más Edward, solo seis meses más —

— Ya no lo tolero —respondió— Te necesito, lo hago, no puedo esperar seis meses más —

Miré su rostro, estaba realmente tenso, decidido. Sus ojos reflejaban enojo y más dolor del que quería admitir.

Bajé mi mirada al anillo, un anillo de una delicada banda blanca. Sencilla y preciosa.

— Edward…—

— Ya no quiero más tener que verte a su lado y no poder tocarte —explicó— Mira, tengo esto —

Se movió tomando unos papeles de dentro de su chaqueta y me los enseñó, eran dos pasajes para las vegas.

— Esto es una locura —aseguré

— Si es lo que necesito para tener el derecho de besarte frente a ellos lo acepto —respondió— No soporto más Bella, es hora de que lo sepan y si necesito ganármelo con un anillo en tu dedo bien, hagámoslo —

— Es que yo ya soy tuya, Edward —señalé— No quiero esto de este modo, no porque creas que es el único modo y podemos —

— No, no es suficiente —negó interrumpiendo mis palabras— Te quiero conmigo, viviendo conmigo y jamás van a dejar que pase antes de casarnos —

— Edward, escúchame —pedí intentando serenarme— Solo dame un poco más de tiempo, no quiero que hagas esto por no haber otra opción —

— Responde esto —pidió. Sus labios rosaron los míos — ¿Quieres casarte conmigo? ¿Quieres pasar toda tu vida conmigo? —

— Quiero —prometí deslizando mis dedos por su cabello— Por supuesto que quiero pero no de este modo —

— Acepta Bella, solo acepta —suplicó— Solo acepta —

Todo mi cuerpo tembló, su tono resignado y suplicante podía mucho más que cualquier estúpido miedo. No podía perderlo, no iba a perderlo.

—A-Acepto —murmuré— Quiero casarme contigo —

Sus labios atraparon los míos con fiereza. Se apartó deslizando el anillo por mi dedo y escondió el rostro en mi cuello estrechándome contra él.

— Prometo que no vas a arrepentirte —murmuró

— Sé que no mi amor —hablé— Lo siento tanto, te amo —

— Te amo —respondió

Lo mantuve contra mí mimándolo, su suplica había destruido mi corazón. Este hombre hermoso consideraba que debía suplicarme. Lagrimas por cayeron por mis mejillas.

— Sé que he hecho muchas cosas mal —admití— Lamento tanto todo —

Negó contra mi cuello dejando besos suaves sobre mi piel. Unos cuantos minutos después de apartó y secó sus mejillas, tomé su rostro entre mis manos y besé sus parpados.

— Lamento mucho todo el daño que te he hecho con mi cobardía —murmuré suavemente— Intenté que no pasara, intenté que te sintieras tan amado que no hubiera dudas —

— No dudé nunca de que me ames —respondió— Pero si de que no me amaras lo suficiente para enfrentarlos —

— Prometí que iba a hacerlo —

— Lo sé —asintió— Pero ya no quiero esperar —

— En ese caso necesito saber cómo va a pasar esto —asentí tomando los boletos de avión

Edward sonrió y sus ojos brillaron, por primera vez en meses noté como no había rastro de tristeza en sus ojos.

— Esa es mi parte favorita —aseguró besando mis labios

— Ven, tienes toda la cena para explicarme todo —

Tomé la mano de Edward y lo llevé a la cocina, revisé rápidamente la comida encendiendo el horno. Edward parecía completamente decidido a no soltarme, había enredado sus brazos a mi cintura y se había sujetado a ella con fuerza. Volvía mis movimientos más torpes pero no había tenido encontrado una razón lo suficientemente válida para negárselo. Ya no.

Serví nuestros platos y nos acomodamos en la mesa. Besó mis labios con fuerza antes de alejarse por un vino, con una amplia sonrisa llenó una copa para cada uno.

— Por nosotros —habló alzando su copa

— Por nosotros —sonreí chocando su copa. Sus ojos continuaban brillantes y su sonrisa no desaparecía. Ambos bebimos un par de tragos— Entonces… ¿Cómo es que todo pasó? —

— Saqué hoy los boletos de avión —comenzó a explicar dando un bocado— Viajamos mañana y espero que para el domingo por la tarde ya seas mi esposa —

— Tu esposa —murmuré bajando mi mirada al bonito anillo en mi dedo— Me preocupa un poco tu impulsividad pero me agrada la idea, honestamente —

— No es impulsivo, solo que hoy compré los boletos —comenzó a hablar— Es algo que venía pensando pero la influencia de Rose hizo que ocurriera hoy —

— ¿Rose…?—pregunté confundida

— Rose y Emmett me acompañaron a comprar el anillo hace un mes —señaló— Y hoy estaba completamente enfadado hablando con ellos sobre la fiesta de mi padre y Rose simplemente dijo "Ya tienes el anillo, llévatela a las vegas y cásate con ella como sus padres quieren y ya, llévala contigo y bésala frente a sus rostros" —

— ¿Un mes…?—pregunté

— Un mes, encargado hace tres meses —admitió dando un bocado a su comida— Lo único que puedes considerar impulsivo es la idea de las vegas, la decisión del matrimonio estaba tomada hace mucho —

— Bueno, también lo había pensado anteriormente —contesté

— ¿De verdad? —preguntó asombrado

— Realmente si —acepté— No tiene que asombrarte, sabía que quería mi vida contigo desde hace mucho Edward —

Esa preciosa sonrisa que había comenzado a amar esta noche nuevamente surgió. Casi como si lo necesitara se alzó por sobre la mesa buscando mis labios, reí besándolo igual de necesitada que él.

— Entonces… ¿Rose —indagué cuando regresó a su lugar

— Rose, pero no les respondí nada —explicó tomando un gran bocado nuevamente— Estaba tan molesto hoy que no almorcé —

— Amor…—murmuré

— Lo siento, fue un muy mal día —respondió— Pero ya mejoró —

— Desde la llamada de Esme es un mal día —señalé

— Si, desde entonces —aceptó— Y lamento haberte ignorado estos días —

— Tú no tienes nada de lo que disculparte —prometí entrelazando nuestros dedos por sobre la mesa— Solo yo —

— No quiero escuchar una disculpa Bella —negó besando el dorso de mi mano— He tenido suficiente de eso, solo di que sí cuando te pregunten si aceptas casarte conmigo —

— Lo prometo —asentí

— Es suficiente —aseguró— Y regresando a cómo llegamos aquí estaba planeando una gran cena de compromiso porque quiero hacerlo de la forma correcta —explicó— Pero todo se salió de control y necesitaba hacerlo ya, luego puedes tener la propuesta que quieras y la fiesta —

— No la quiero —negué— Nuestra historia es esta, no necesito más —

— Lo que desees Bella —aseguró— Cuando regresemos y luego de que te hayas instalado en mi departamento vamos a volver a conversarlo —

— Te amo —respondí

— Te amo —sonrió

— Y respecto al cuando…—

— Dos días. Es todo lo que tolero —respondió— Mañana viajamos y el lunes podemos casarnos, tener unos días para nosotros y regresar a tiempo para anuncios y la celebración de Carlisle, tenemos tiempo para buscar un bonito vestido para ti —

Asentí aceptándolo por completo, Edward lo necesitaba y yo también. No estaba del todo segura de sí eran las razones correctas pero no podía negar que quería lo que Edward proponía más que nada en el mundo.

Esa noche ninguno durmió, la preparación de nuestros equipajes y los besos de Edward nos mantuvieron despiertos. Al acomodar nos en nuestros asientos del avión Edward me aferró contra su pecho y besó mi frente.

— Duerme mi amor —pidió

— ¿Le dijiste algo a alguien sobre esto? —pregunté

— Le envié a Emmett un mensaje de que no contara esta semana conmigo para tatuar —respondió— Y va a reprogramar los clientes que no acepten cancelar, no sabe por qué pero probablemente lo intuya luego de nuestra última conversación —

Asentí dejando un beso en su cuello.

— Alice va a matarme por no avisarle —respondí

Edward rio besando mi cabello.

— Yo te protejo —murmuró— Siempre voy a hacerlo —

Me acurruqué más contra él dejándome llevar por la paz del momento, por fin luego de muchos momentos de tensión Edward parecía realmente feliz.

El sábado al llegar a las vegas nos instalamos en el hotel que Edward había reservado y luego de una corta siesta y un almuerzo tardío caminamos por la ciudad buscando un vestido para mi y el traje de Edward. No me molestó que Edward me acompañara en la búsqueda de mi vestido, ya me había demostrado toda la suerte que tenía al tenerlo a mi lado.

Un vestido blanco, corto por arriba de la rodilla y una preciosa y delicada puntilla con encaje hasta la cintura donde caía suave y delicado. En el único detalle que no dejé a Edward participar fue en la búsqueda de mi ropa interior para esa noche. Una delicada ropa interior, blanca y con trasparencias, mi joyería iba a ser una bonita cadenita con la letra B que Alice me había regalado hace muchos años. Para Edward habíamos elegido un traje negro completamente clásico, camisa blanca y nada de corbatas. Una bonita rosa blanca junto a un pañuelo también blanco iban a ser sus únicos complementos

El sábado por la noche entramos con Edward a un bonito restaurant, las compras junto a los nervios habían hecho que el hambre desapareciera por el resto del día pero siguiendo las sugerencias de Edward habíamos parado por algo ligero antes de regresar al hotel a dormir.

El tiempo no podía avanzar lo suficientemente rápido, quería dar el sí con el precioso vestido que había encontrado, quería volver a ver a Edward en ese sexy traje y quería hacer el amor con Edward como mi esposo.

El domingo a las 11 de la mañana ocurrió, con dos desconocidos como nuestros testigos y un extraño cura dimos el sí. Edward se había esmerado en que la capilla fuera tradicional, no de las brillosas y llenas de luces como era habitual en las vegas.

La sonrisa de Edward era radiante al salir de la capilla

— Soy tu esposa —murmuré

— Eres mi esposa —sonrió besando mis labios— Y ahora esposa, ¿Entraste a algún casino? —

— Soy Bella Swan, ¿Recuerdas? —pregunté divertida

Edward se inclinó sobre mí dejando un beso detrás de mi oreja.

— Ahora eres Bella Cullen, recuérdalo mi bebé —murmuró con la voz ronca

Me aferré a su chaqueta con fuerza sintiendo mi cuerpo temblar. Un suave gruñido abandonó su pecho.

— Una habitación me aparece mejor que el casino —admití

— Déjame presumirte —pidió— Solo un poco, luego podemos ir al cuarto —

— Edward —protesté

— Estamos en la ciudad del pecado —habló deslizando su nariz por mi mejilla— Y como tu marido, voy a hacerte pecar —

— En la habitación, por favor —insistí

— Vamos a ir a apostar —comentó apartando su rostro del mío— Y tú vas a ser mi amuleto de la suerte —

— ¿Amuleto de la suerte? —pregunté alzando una ceja

— Aceptaste ser mi esposa —señaló— No puede haber persona más afortunada que yo hoy, te quiero en mi regazo mientras nos divertimos en los juegos —

— ¿De verdad? —insistí divertida

— De verdad —asintió con una amplia sonrisa— Luego tengo otras actividades pero por ahora es eso justo lo que quiero —

— De acuerdo —reí

— Ven, sumemos otra lista a mis malas influencias —comentó entrelazando nuestros dedos

Solté una carcajada dejándome llevar por él hacia el primer casino que vio. Pasamos la tarde moviéndonos entre los distintos juegos y maquinitas, jamás dejó que me alejara de él y cada vez que era mi turno de jugar sus besos me hacían perderme, sus labios se habían mantenido en mi piel y sus manos tocaban de forma constante mis muslos. Estaba húmeda, y sabía que él también estaba reaccionando a nuestra cercanía.

— ¿Ya podemos irnos? —pregunté acurrucándome en su pecho

— ¿Eso quieres? —preguntó

— Si, más que nada —asentí

Deslizó una mano por mi cintura.

— Reservé para cenar —comentó

— Edward —lloriqueé. Sonrió besando mis labios— ¿No quieres consumar el matrimonio? —

Soltó una carcajada apretándome más contra su cuerpo.

— Más que nada —prometió

— ¿Entonces? Llévame a la maldita habitación —

— En cuanto entremos allí no voy a dejarte salir, Bella —prometió— Hemos tenido un día de diversión, merecemos una cena de celebración —

— Quieres matarme —murmuré

— No, quiero justo lo contrario —negó divertido— Ahora, esposa, déjame llevarte a nuestra cena —

Su mano se aferró a mi cintura conduciéndome fuera del casino, un taxi se detuvo y nos deslizamos en el asiento trasero. Me acurruqué en su pecho dejando que dieras las indicaciones a donde se suponía quería llevarme.

Acaricié la mariposa en su muñeca comprendiendo que no solo quería llevar su anillo, también quería su tinta para cerrar nuestro acuerdo. Tomó mi mano dejando un beso sobre mi anillo, sus ojos se alzaron dejándome ver el fuego que había en ellos. Protesté apretándome más contra su cuerpo y rio roncamente besando mi cabello. Bajó sus labios a mi oreja.

— Estoy tan ansioso como tú —prometió— Pero me gusta el estado en el que estás justo ahora —

Aferré mis manos a su camisa murmurando en desacuerdo. Su sonrisa se hizo más amplia.

Pocos minutos después el taxi se detuvo, Edward pagó antes de bajar y extender una mano hacia mi ayudándome a bajar. Cerró la puerta del taxi al tiempo que sus labios cubrían los míos.

— Llegamos a nuestra cena de festejo esposa —murmuró. Temblé.

— Nunca creí que una palabra pudiera sonar tan bien esposo —admití

— Esposa —repitió. Temblé nuevamente.

Besó mis labios con dulzura antes de morder suavemente mi labio inferior, se apartó de mi tomando mi mano y con una sonrisa de satisfacción me condujo dentro del elegante restaurant. Caminamos hasta la mesa que estaba reservada con un bonito cartel a nombre de los señores Cullens, por sobre la mesa había una pancarta de "recién casados".

— No tenías porqué —prometí

— Lo sé —respondí besando mi frente— Pero después de todo esto es nuestra primera cena como esposos —

Edward tomó asiento frente a mí, su sonrisa era amplia y brillante mientras pedía nuestra orden, cuando nuestro camarero se retiró tomé su mano por sobre la mesa y entrelacé nuestros dedos.

— Nunca quise hacerte esperar tanto —prometí sin apartar mi mirada de nuestras manos— Solo pasó, sabía que estaba haciéndote daño pero te tenía y eso era suficiente para mí —

— Bebé, mírame —pidió suavemente. Alcé la mirada— Estoy bien, no estoy enfadado, simplemente decidí que es hora de hacerlo a mi modo, solo esta vez —

— Te amo —respondí

— Y solo por eso estamos aquí —prometió

La cena fue deliciosa pero realmente no hablamos mucho más luego de ese primer intercambio, no lograba concentrarme en absolutamente nada más que el fuego que había en sus ojos. La humedad en mi se había vuelto incomoda, mi ropa interior estaba húmeda y él lo sabía a la perfección.

Justo cuando creí que finalmente podíamos irnos el camarero retiró nuestros platos al tiempo que dejaban frente a nosotros dos copas de champaña junto a frutillas bañadas en chocolate y algunos pequeños pastelillos.

— Regalo de la casa —informó— Por su matrimonio —

— Gracias —agradeció Edward

— Que lo disfruten —respondió retirándose

— Prometo que esto no lo pedí yo —rio acercándome una copa— También estoy listo para irme —

Solté una risa tomando mi copa, Edward chocó la suya con la mía y me guiñó un ojo antes de que ambos bebiéramos. Inicié una trivial charla, solo para mantener mi cabeza lejos del pensamiento de mi muy húmeda.

— ¿Lista para irte? —preguntó bebiendo el resto de su champaña

— Lista para irme —asentí rápidamente

Sonrió aferrando mi mano y se puso de pie atrayéndome a su cuerpo, besó mis labios mordisqueando mi labio inferior.

— Necesito consumar nuestro matrimonio señora Cullen —admitió contra mis labios

Gemí de forma sonora y sonrió.

— Solo salgamos de una maldita vez —rogué ruborizándome por completo

Tiró de mi mano sacándonos del restaurant y tomamos un taxi rumbo al hotel. Nos apresuramos hasta llegar al ascensor, debido la hora estaba desierto y en cuanto las puertas se cerraron los labios de Edward cubrieron los míos.

— Quizá sume los ascensores a mi lista de "lugares para hacerle el amor a Bella" —

— Apuesto a que hay cámaras —señalé divertida

— Apuesto a que están tan aburridos de ver sexo aquí que no les importaría —rio— Pero eso no es para nuestra primera noche como esposos, eso te lo aseguro —

Se separó de mí y no pude evitar cierta decepción porque no me tomara aquí, me guiñó un ojo divertido.

— Cállate —gruñí

— Alguna vez, lo prometo —respondió besando mi cabello

La puerta del ascensor se abrió y entrelazó nuestros dedos conduciéndonos a la habitación, al llegar a nuestra puerta me alzó al estilo novia.

— ¿Qué haces? —pregunté divertida

— Es nuestra primera noche de casados bebé —habló apoyando la tarjeta en el lector— Y hay sorpresas para ti, cierra los ojos —

Reí obedeciendo y noté como nos movía entrando a la habitación. Un suave aroma a rosas y algo dulzón inundaron mi nariz, me puso de pie suavemente y cubrió mis ojos con sus manos.

— ¿Qué huele? —pregunté

— A nuestra primera noche como esposos —respondió— Quiero que cada vez que huelas esto me recuerdes —

Sus manos liberaron mis ojos permitiéndome ver el lugar. Todo estaba cubierto de pétalos de rosa de color rosa, naranja, rojo y blanco además de velas blancas.

— Es precioso —murmuré

— Tu lo eres —respondió deslizando su nariz por mi hombro— Y jamás esperé que tu vestida de blanco me gustaras tanto —

— ¿Si? Solo yo parecía loca por regresar —señale llevando mis dedos a su cabello. Sus labios rosaron mis brazos.

— Este fin de semana era mucho más que hacer el amor bebé —aseguró deslizando sus labios por mi cuello— Se trataba de disfrutar, de hacer locuras, de mostrarte cosas nuevas —

— ¿Juegos de azar? —pregunté. Incliné mi cabeza dándole más espacio.

— Es mi promesa —murmuró alzando su nariz a mi oreja— Nuestra vida juntos va a ser una aventura extraordinaria, jamás vas a sentirte atrapada a mi lado —

Mis ojos se llenaron de lágrimas y parpadeé dejándolas caer. Me giré buscando sus labios con los míos.

— Te amo —respondí

— Te amo —prometió

Besé sus labios nuevamente y sus dedos se deslizaron tirando de mi vestido suavemente, se apartó solo un paso dejando que callera a mis pies quedando frente a él solo con mi ropa interior.

— Eres lo más hermoso que he visto nunca Bella —prometió— Y voy a venerarte cada día de mi vida —

Me acerqué a él dejando caer su chaqueta y comencé a desabrochar su camisa, pasé mis dedos y labios por sus tatuajes antes de quitar la camisa de su cuerpo. Me deslicé a su espalda trazando aquellas líneas que no había tocado hoy. Mis labios besaron el centro de su espalda.

— Prometo venerarte del mismo modo en que lo haces tu —aseguré

Sus manos me buscaron moviéndome nuevamente al frente, recargó su frente en la mía tomando una profunda respiración antes de finalmente unir nuestros labios. Comencé a desabrochar sus pantalones, primero el botón y luego el zíper dejándolo caer a sus pies. Se movió quitándolo junto a sus zapatos y ayudándome a quitar los míos.

Besó mis labios nuevamente conduciéndome a la cama, me sentó allí empujándome gentilmente hacia el centro de la cama. Sus labios se dirigieron por mi pecho y mi estómago hasta las pequeñas mariposas en mi cadera.

— Mía —murmuró deslizando su lengua por el tatuaje

Me arqueé gimiendo y aferrándome s sus hombros. Besó mi vientre llegando a mi intimidad y lamió por sobre la tela.

— Edward…—suspiré

— Esto también es mío —habló alzando la mirada— ¿Cierto? —

— Lo es —asentí— Todo tuyo —

Bajó nuevamente el rostro a mi intimidad dejando un pequeño beso sobre la tela. Pasó sus labios por mis muslos tirando lentamente de mi ropa interior hasta quitarla. Sus besos subieron por mi cuerpo, bajó la copa derecha de mi sostén enredando su lengua en mi pezón. Me arqueé permitiéndole deslizar sus manos por mi espalda y liberarme de lo único que aún quedaba sobre mi cuerpo.

— ¿Sabes por qué quise rosas en la habitación? —preguntó

— No-o —negué— No lo sé —

— Porque son tan delicadas como tu —murmuró dejando pequeños besos alrededor de mis pezones—Y porque prometo que voy a tratarte con la misma delicadeza y cuidado que a las rosas —

Entrelacé mis dedos en su cabello y alcé su rostro buscando sus labios.

— Deja de hacer que llore —pedí. Sonrió dejando un pequeño beso en mi nariz.

— Yo he querido llorar todo el día —admitió— Pero ahora pienso en otra clase de humedad —

Deslizó su mano por mi estómago hasta cubrir mi intimidad, uno de sus dedos se deslizó en mi interior mientras presionaba mi clítoris. Gemí cerrando los ojos, apoyó su frente en la mía acariciándome suavemente. Me mantuvo al borde del abismo lo suficiente para lograr que me retorciera pero no logrando hacerme correr.

— Más Edward —supliqué

— No sin mi esta noche —negó

— Entonces hazme el amor —pedí

Rio mordisqueando mi pezón derecho, podía notar su excitación contra mi muslo. Deslicé mi mano por su cuerpo hasta encontrar su ropa interior, tiré de ella liberando su miembro y lo rodeé con mi mano. Gruñó succionando con fuerza mi piel, moví mi mano notando la humedad que también había en él.

— Entra en mi —rogué. Tomó una profunda respiración antes de deslizar su mano fuera de mi.

Se movió bajándose de la cama bajo mi atenta mirada antes de deslizar el resto de sus boxers. Se unió nuevamente a mi acomodándose entre mis piernas.

— Te amo esposa —habló lentamente— Te amo más que a todo en este mundo —

— Te amo esposo —murmuré— Eres lo que más amo —

Sus labios cubrieron los míos al tiempo que lentamente se deslizaba en mi interior. Mis piernas se aferraron a él reteniéndolo en la profundidad de mi cuerpo. El tiempo se disolvió luego del primer momento, no supe donde Edward comenzaba o donde mi cuerpo terminaba.

De lo único que era consiente era de la intromisión constante del cuerpo de mi, ahora, esposo.


Grupo en face: El secreto mundo de Nani Cullen

www . facebook . c o m groups / 350954842735251


Edward jugó la última carta que tenía, son esposos. Me siento un poco contrariada igualmente, creo que Edward no debió llegar a este extremo por la falta de valentía de Bella pero parece que llegaron a un acuerdo. Sabemos que era algo que había planeado solo que se adelantó por la situación. ¿Qué dicen?

¿Opiniones?