Cuento 4: Una noche de Luna.

La luz se filtraba lentamente por los pliegues de la cortina mecida por el viento. Era una noche tranquila, bastante típica en esa época del año.

La enorme casa se alzaba como un monstruo en la negrura de la noche iluminada levemente por la tímida Luna. Algunas luces se veían, pero eran intermitentes y fugaces. En un momento aquí, en otro allá, nunca quietas.

Solo una luz permanecía encendida. Era una luz blanca que se mantenía quieta frente al sillón rojo. La fuente de la luz era grande, algo de unos 130 centímetros. El brillo era suave y dulce, parecía una caricia tierna y leve. Sentado cómodamente en el sitial rojo, un hombre de mirada extraña observaba embelesado la fuente de luz. Pero pronto desapareció llevándose la cálida sonrisa del hombre.

"Algún día. algún día será realidad"

Con pena y sintiendo el cuerpo pesado, el mago caminó hacia la ventana y observó la Luna. Aquella noche estaba menguante, como una cuna. como una cuna.

"¿A quién meces blanca Luna?"

De pronto, el sonido de cantos y tambores interrumpió sus pensamientos. Luces y caballos aparecieron.

"Gitanos. otra vez por aquí. creí que no quedaría ninguno después de la cacería."

Lo más seguro es que vinieran a pedirle asilo en sus tierras. Ya había pasado antes. Los enviados de los grandes Lores mandaban capturar gitanos y luego los quemaban por herejes y brujos. brujos. lo últimos que los gitanos eran, era brujos. Él era un brujo; poderoso y millonario, que de habérselo propuesto, ya tendría a Inglaterra bajo su palma. Pero él no pensaba en eso. Pensaba en la Luna. Pensaba en como capturar su pálido brillo y como podría tener para él una. una. lo que sea que fuera que pudiera representar tal cual a le hermosa Luna. ¿Cómo?.

El sonido de golpes en su puerta llamó su atención. La casa estaba sin sirvientes, así que él mismo fue a abrir. Al otro lado, un hombre viejo vestido de vivos colores y una hermosa joven morena esperaban.

- Rey. -dijo Clow a modo de saludo- Que honor tenerlo de nuevo en mi humilde hogar.

- Señor Lead. -murmuró a su vez el hombre, Rey de los Gitanos-

- Pasen por favor. Hace frío y no los atenderé fuera.

El Rey y la chica pasaron y siguieron a Clow hasta la sala en la que antes él estaba.

- Por favor siéntense. ¿Desean comer algo?, ¿un té?

- En vez de ofrecernos a nosotros, junte todo lo que tiene y déselo a nuestra gente -dijo desafiante la chica.-

- ¡Esmeralda! -reclamó alzando la voz el Rey- No le faltes el respeto al Señor Lead.

- ¡Jamás has tratado a nadie de señor Padre!, por culpa de hombres como estos nuestro pueblo está como está.

- Por hombres como estos Esmeralda, nuestro pueblo ha sobrevivido.

Clow observó a la muchacha. No debería superar los 19 años. Tenía el cabello largo y negro como noche sin Luna. Su nombre le hacía honor a sus ojos, verdes y profundos, brillantes como estrellas. Alta, imponente, de carácter. Una espléndida y hermosa mujer.

- Señor Lead. una vez más venimos a pedirle de su ayuda.

- Si se las puedo dar, solo dígamelo. -dijo solemne desde su sillón rojo-

- Tal como lo ha dicho mi hija. nuestra gente tiene hambre. Nos han perseguido brutalmente y ya no sabemos que hacer.

- Pueden quedarse en mis tierras. -sonrió Lead- Pero no en la gruta como siempre. Alguien ha estado espiando mis terrenos y aún no lo descubro.

- Supimos que casi lo acusaron de traidor.

- Si. -exclamó él sin importancia- Encontraron algunas pistas, pero no pudieron hacer nada. Si necesitan comida,-dijo cambiando de tema- tengo algunas reservas en las bodegas del este. Considero mas prudente que siguieran hasta el bosque del límite norte.

- Necesitamos descansar..

Clow fue hacia la ventana y observó los carros. Mujeres dando leche a sus recién nacidos, hombres dando miserables forrajes a los caballos famélicos y cansados. Niños que no reían, niñas que no bailaban.

- Descansen hasta que estén bien. -anunció- Cuando partan, yo me encargaré de que lleguen a salvo al límite norte.

Luego del eterno agradecimiento del Rey y la correspondiente encomendación a todos los espíritus de los gitanos, el hombre se retiró. Lead iba a despedirse de Esmeralda, pero ella retrocedió y, luego de un ligero movimiento de cabeza, se fue junto a su padre. Clow la siguió con la mirada hasta que desapareció tras la puerta. Entonces fue a su sillón rojo y se puso a pensar.

"Es hora que mi poder sirva para algo realmente bueno."

Mientras que los Gitanos lanzaban bendiciones a su nombre y comenzaban a bailar y cantar mientras se alejaban, el hechicero caminó hacia su dormitorio. Ahí, observó su cama de mantas azules. El respaldo con la Luna y el Sol tallados. Los objetos mágicos, los pergaminos. y el armario. El armario.

- Supongo que ya es hora de usarlas..

Luego de unos pasos un tanto inseguros, Lead llegó hasta el mueble. Sus manos se movieron levemente y este desapareció. En su lugar. un agujero enorme y oscuro, con un pasaje que se internaba en la oscuridad. Titubeante, continuó por el oscuro sendero... no las había usado jamás. Esperaba que funcionaran como era debido. El pasaje terminó en una sala iluminada y con un alta concentración de magia. En el centro, un pedestal, con un libro rojo y dorado. El dibujo de un león con alas se dibujaba en la portada.

- Las cartas Clow... ésta será su prueba de fuego.

Los gitanos se instalaron silenciosamente en el "patio" trasero de la mansión campestre de Lead. Tendieron sus carpas y colocaron sus carros a modo de protección. Fogatas pequeñas reemplazaron a las enormes hogueras alrededor de las cuales solían danzar y cantar.

Clow observó por la ventana con el libro entre sus manos. Las luces del fuego iluminabas tenuemente pero con claridad. Y ahí la volvió a ver... Esmeralda, con su cascada negra y sus ojos verdes, cantaba y jugaba con los niños, animándolos, haciéndolos reir. El Hechicero miró sus movimientos suaves y acompasados. Confirmó que era una mujer hermosa y alegre, una espléndida gitana.

El fuego iluminó con más fuerza cuando las nubes taparon la Luna momentáneamente. Las sombras se alargaron como fantasmas y se movían frenéticas al son de los bailes de Esmeralda. Clow se quedó mirándola por un rato, admirando la hermosura de la mujer.

Ding Dong...

Clow fue hacia la puerta extrañado. ¿Quién iría a esa hora de la noche a su casa?. Los gitanos no se habían movido, los habría visto.

- ¿Si?.... ¿Usted?

-Buenas noches Lead -dijo demostrando que lo de 'buenas noches' era solo una formalidad-

En el umbral había un hombre vestido de capa negra y sombrero alto. Su mirada celeste oteaba la figura de Clow con avidez y sus manos permanecían cerradas sobre un bastón de caoba y oro.

- Señor Owen... que, sorpresa.

- Sea sincero Lead, desagradable sorpresa. -corrigió entrando bruscamente a la casa-

- Si claro, puede pasar. -ironizó-

- Seré franco y preciso porque odio estar en su casa. Los gitanos se mueven. Y estoy seguro que tarde o temprano vendrán aquí, si es que no están ya.

- ¿Porqué los gitanos vendrían aquí Owen?, es un lugar apartado y difícil de recorrer.

- No sea hipócrita Lead. No crea que desistiré de mi investigación hasta lograr probar que usted es un enviado de demonio y que ayuda a esas criaturas herejes.

- En pocas palabras: usted cree que soy un hechicero y que cubro a los gitanos.

- Exacto...

- Jajaja, vaya si tiene imaginación estimado señor Owen.

Clow caminó con paso veloz hasta la sala seguido por Owen que dejó su sombrero y su capa en la entrada. El hechicero llegó hasta su sillón y tomó el libro de cartas que, descuidadamente, había dejado encima. Disimulando, lo metió entre otros tantos libros de la biblioteca.

-" Niebla..."

Lentamente, la casa se cubrió de una niebla espesa y pesada. Clow sonrió al ver que sus cartas funcionaban.

- Si mal no recuerdo, usted dijo que odiaba estar en mi casa señor Owen.

- Si, lo dije. Solo venía a advertirle. Conseguiré una orden para mantener vigiladas todas sus propiedades. Así que tenga cuidado.

- Seré cuidadoso señor Owen, gracias por avisarme.

Clow sonrió. Owen estaba por irse y la carta Niebla había hecho un excelente trabajo, pero de pronto, la Luna reapareció entre las nubes y una fuerte ráfaga de viento sopló, disipando la neblina.

-" ¡No!, ¿qué haces Viento?"

La Luna dejó de brillar, la ráfaga cesó y la Niebla volvió. Lead suspiró aliviado. Volteó para hablar a Owen, pero este ya no estaba. El hechicero tomó su libro de cartas y lo abrió, tomando la carta del Viento.

- ¿Porqué hiciste eso Viento?, ¡podrían haberlos descubiertos por tu culpa!

-" Solo sigo las órdenes Amo..."

- ¡No ordené nada!

Pero la carta quedó en silencio. La Luna cesó en su inusual brillo y la noche volvió a su habitual tranquilidad.

- Bueno, es la primera vez que las uso. El margen de error es posible con una carta básica como Viento.

Guardó la carta en su lugar y luego colocó el Libro entre los demás en el estante. Luego volvió a la ventana y continuó observando. Ya no había Niebla, y podía verse a Esmeralda bailando con otras chicas del grupo.

- Esmeralda... ¿quién diría que usaría mis cartas por primera vez para proteger a una mujer?

La Luna volvió a brillar con fuerza, y las cartas protegidas por ella se estremecieron ante el poder liberado. Una brisa helada corrió apagando los fuegos y asustando a los ancianos.

- Los malos espíritus nos siguen la huella -dijeron- Debemos cuidarnos.

Fin de la primera parte ¬¬.