-Esta historia esta inspirada en el manga y anime "Inuyasha" de Rumiko Takahashi, así como en mitología griega, persa, americana e indu. Los personajes pertenecen por completo a Masashi Kishimoto, más los personajes de carácter secundario, las modificaciones a las personalidad, los hechos y la trama corren por mi cuenta y entera responsabilidad para darle sentido a la historia. Les sugiero oír "Infinity" de Jaymes Young para Sasuke, "Waking Up" de Mj Cole & Freya Ridings para Sakura, "Natural" de Imagine Dragons para Kakashi y "Darkside" de Neoni para el contexto del capitulo.
Tan pronto como el carro cruzó el hangar o celda en que se hallaba, los dos prisioneros que llevaba fueron recibidos con ovaciones pero no porque alguno de los presentes tuviera idea de quienes eran sino por la idea de la muerte inminente que estos sufrirían como consecuencia de la ejecución que todos sabían tendría lugar, gritando cargados de emoción mientras el carro se detenía en el medio de la arena donde se alzaban tres enormes columnas, una de ellas ya se encontraba ocupada por Kakashi quien tenía las manos esposadas por sobre la cabeza y sujetas además por una cadena que finalizaba en lo alto del monolito de roca, aprisionándolo y restándole cualquier posibilidad de escapar. La primera emoción que Kakashi sintió al ver a su Padawan esposado fue una agónica punzada en el pecho, confiaba ciegamente en las capacidades de Sasuke para salir ileso de aquella situación sin importar el cómo, pero verlo así era algo que nunca había creído que ocurriría. Los guardias hicieron bajar del carro a Sakura quien se mostró sumisa en apariencia, mas sin que estos se dieran cuenta extrajo cuidadosamente con uno de sus dedos un pequeño alambre de su cinturón, aprovechando el momento en que los guardias le aprisionaron las manos sobre la cabeza para colocar el alambre entre sus labios; iba a escapar a su manera. Luego fue el turno de Sasuke quien intercambió una mirada con su Maestro:
—Pensé que no habías recibido mi mensaje— mencionó Kakashi mientras observaba a su Padawan.
—Lo retransmití como dijiste— replicó Sasuke en su defensa, —luego decidimos venir a rescatarte— aunque no lo pareciera ahora dada su situación.
—Estupendo— masculló el Hatake señalando sus manos encadenadas por sobre su cabeza.
No quería minimizar los esfuerzos de su Padawan cuya desventura para llegar ahí era perfectamente loable, pero Kakashi debía admitir que había esperado que Sasuke fuera responsable y evitara una situación de peligro como aquella, se lo había enseñado desde siempre, ¿En qué diablos había estado pensando? Entornando los ojos para sí mismo ante el sarcástico elogio de su Maestro, Sasuke se dejó hacer mientras los guardias lo encadenaba con las manos por encima de la cabeza al monolito con ayuda de la cadena que se ciñó en lo alto de este; como si no pudiera escapar, lo que realmente le preocupaba era Sakura encadenada en la columna contigua, puede que hubiera sido idea de ella venir pero había tenido toda la razón en inducirlo a ello pues se habría sentido miserable de no hacerlo. Ajena voluntariamente a la preocupaciones de Maestro y Padawan, Sakura mantuvo el alambre entre los dientes y alzando la cabeza hacia las esposas por sobre su cabeza se enfocó en abrir la cerradura, algo que el capitán Rasa le había enseñado en sus años de entrenamiento como reina de Naboo. Por otro lado y disfrutando del panorama de las inminentes ejecuciones, el palco real de la arena pronto fue ocupado por el archiduque Dosu Kinuta, el virrey Homura Mitokado de la Federación de Comercio y su esposa Koharu Utatane, el Conde Madara, además del cazarrecompensas Isshiki Kara y su hijo Jigen.
—Calma, pueblo de Geonosis— sosegó el archiduque Dosu dirigiéndose a su pueblo que lentamente se sosegó para escucharlo. —¡Que comiencen las ejecuciones!— consintió no queriendo postergar más la situación y congraciarse con su gente.
Era algo común en Geonosis, las sentencias de muerte no tendían a dilatarse sino más bien a llevarse a cabo lo más pronto posible y esta ocasión no fue la excepción, por lo que los guardias abrieron tres de las celdas de gran tamaño que se comunicaban con la arena de ejecución para que las bestias que allí se encontraban saciasen los deseos de sangre de los espectadores; el primero en emerger fue el Reek, un enorme cuadrúpedo corpulento de hombros prominentes y de más de cuatro metros de largo, cara alargada y tres letales cuernos, uno de los cuales salía de su hocico, mientras que los otros dos sobresalían a ambos lados de su ancha boca. El siguiente era el Nexu, una gran criatura felina de color blanco, cabeza voluminosa, cuerpo esbelto, larga cola y una boca llena de colmillos que podía abrirse lo bastante como para partir a un hombre a la mitad. Y el tercero fue el Acklay, un ser horrendo que se movía como una araña, sobre cuatro patas que terminaban en grandes pinzas alargadas y extremidades igualmente amenazadoras, su cabeza rematada en un cuerno largo y retorcido se alzaba a más de dos metros del suelo y tenía una mirada hambrienta. Las bestias que salieron a la arena fueron lentamente conducidas hacia los prisioneros por los guardias que empleaban picas y lanzas para orientarlos; Sasuke sintió un escalofrió al ver que habían destinado a la bestia más salvaje para que acabara con Sakura, el Nexu.
—Tengo un mal presentimiento sobre esto— se dijo Sasuke empezando a dudar de salir vivo de esto.
—Tranquilo, concéntrate— aconsejó Kakashi centrándose en el ahora y nada más.
—¿Qué pasara con Sakura?— cuestionó el Uchiha, escéptico y temiendo por ella.
—Tiene controlada la situación— comentó el Hatake bastante menos preocupado.
Inicialmente no tenía idea de que estaba hablando Kakashi hasta que volvió la mirada hacia la columna a la que estaba esposada Sakura, pero para su sorpresa ella ya no estaba ahí sino que increíblemente y al alzar la mirada vio como ya había trepado hasta lo alto del monolito, habiéndose desecho de una de sus esposas mientras trataba de abrir la otra, lo que lo hizo sonreír; si, ella tenía muy controlada la situación. Confiando que Sakura podría salir de aquella molesta situación por sí misma, Sasuke volvió la vista al frente justo a tiempo para ver al Reek arrojarse contra él, por lo que usando su vínculo con la Fuerza se impulsó para dar un salto y evitar que la bestia lo golpeara, aterrizando en su lomo. No queriendo perder la ocasión, el Uchiha envolvió la cadena que lo encadenaba al monolito a la boca del Reek que haló por inercia para no verse apresado, liberando a Sasuke quien sonrió ladinamente pero no se bajó del lomo de la bestia sino que usó la cadena que aun unía sus manos como brida para domarla. Kakashi no tuvo la misma suerte que Sasuke aunque el Acklay se arrojase contra su poste, si aprovecho el filo de una de las extremidades de la bestia para cotar la cadena y liberarse del monolito, manteniendo las esposas que aprisionaban sus manos, mas la bestia lo vio como algo apetitoso, dedicándose a perseguirlo con toda intención de devorarlo haciendo maldecir al Hatake.
El peligris corrió para esconderse tras la columna para tratar de ganar tiempo, pero el Acklay vio en ello un juego que alentó su apetito, estrellándose contra el monolito que derribó, resquebrajándolo con su peso al pasar sobre él y poniendo al Hatake entre la espada y la pared, amenazándolo con sus gigantescas pinzas pero no se dejó asustar por ello, huyendo del alcance de la veloz criatura, encontrando un objetivo en uno de los guardias que cargaban las lanzas y con el cual forcejeó para poder defenderse con dicha arma, lamentando que no fuera lo más ortodoxo y correcto pero era lo necesario. Igualmente interesado en su presa que tenía el valor de luchar, el Nexu enterró sus garras en la columna de roca para trepar por esta, solo que ya preparada para eso Sakura enredo la cadena entre sus manos y la movió contra el felino para golpearlo, tratando de hacerlo caer, necesitando ganar tiempo para soltarse de la esposa que apresaba su mano derecha, sin embargo el felino no se detuvo por ello sino que continuo trepando y tratando de alcanzar a la Senadora de Naboo, beneficiándose de un descuido para alcanzar con sus garras la espalda de la Haruno, haciéndole tres cortes cual bisturí en la espalda, cortando el vientre de su blusa y la manga izquierda de la misma haciendo que la pelirosa soltara un alarido de dolor, pero alcanzando a golpear al felino con la cadena para arrojarlo al suelo.
Sasuke sintió un escalofrió inmediato, volviendo la mirada sobre su hombro para ver la espalda sangrante de Sakura que volvió a sus esfuerzos por tratar de liberarse, aprovechando que el felino se había aturdido ligeramente por la caída; gruñendo por lo bajo al desear ayudar a Sakura, Sasuke lamentó tener que enfocarse en su propia situación, sosegando al Reek en que montaba para estar seguro de tener el control o de otro modo no podría ayudar a Sakura ni a Kakashi. Viendo como el Nexu sacudía su cabeza y volvía trepar el monolito, Sakura volvió a envolver la cadena alrededor de sus manos para brincar de la columna y propinarle una dura patada en el hocico lo que envió al felino al suelo y temporalmente inconsciente, y ella volvió a subir a lo alto de la columna para quitarse la esposa restante, sintiéndose mejor al tener la instancia de liberarse cuando menos. Halando de la cadena para hacer que el Reek comprendiera que él estaba al mando, rememorando como había domado Orbaks en las carreras en que había participado en su infancia, Sasuke sonrió ladinamente cuando la bestia se subordino a sus órdenes, permitiéndole proceder. En ese momento Sakura por fin pudo despojarse de la esposa en su mano derecha, pero también se dio cuenta que el Nexu había despertado y estaba listo para atacarla...mas afortunadamente el Reek en que Sasuke montaba lo embistió, impidiéndole volver a ser una amenaza.
—Salta— indicó el Uchiha de inmediato, señalando el lugar vacío tras su espalda.
Absteniéndose de esbozar una sonrisa, teniendo un héroe a su alcance cuando más lo necesitaba, Sakura se sujetó de la cadena que la había aprisionado para bajar con cuidado de la columna y se soltó en el último segundo para aterrizar a horcajadas sobre el lomo del Reek tras Sasuke, abrazándolo por la espalda e inclinándose para besarlo en la mejilla como agradecimiento; encontrando su mirada con la de Sakura, Sasuke le preguntó en silencio si estaba bien, viéndola asentir, lo que lo dejo más tranquilo mientras halaba de la brida para hacer que el Reek se moviera...ahora necesitaban ayudar a Kakashi. Aunque carecía de la ayuda o colaboración con la que Sasuke y Sakura se habían estado apoyando el uno hasta ese momento, Kakashi balanceó la lanza que le había quitado al guardia para tratar de defenderse del Acklay que no tuvo reparos en pisotear al guardia y devorar su cabeza mientras le dirigía una mirada aun hambrienta al Hatake, como si quisiera hacerle entender lo que iba a ocurrirle, haciéndolo tragar saliva sonoramente. La multitud gritó de asombro y decepción entremezclados cuando el peligris se arrojó contra el Acklay lanza en mano para herir a la bestia que dejo libre un siseo, pero le quito la lanza de la mano y la partió con sus dientes. Mas la ayuda llegó afortunadamente en la forma de Sasuke, a lo que el Hatake no dudo en correr y saltar sobre el lomo del Reek tras Sakura…
—Esto no es lo que yo esperaba— gruñó el virrey Homura, molesto ante lo que presenciaba. —Isshiki, acabala— ordenó volviendo la mirada hacia el cazarrecompensas.
—Paciencia, virrey, paciencia— sosegó el Conde Madara como buen diplomático. —Ella morirá— aseguró siendo hombre de palabra.
Decirse disgustado era un eufemismo para el virrey Homura Mitokado que mucho se había arriesgado por sus propios intereses al asociarse con el Conde de Madara así como para obtener venganza de la Senadora Haruno, pero increíblemente ella estaba evitando la muerte de forma extraordinaria lo que le hacía hervir la sangre descomunalmente. Disimulando su sonrisa ladina ante la impaciencia del virrey, Madara volvió la mirada hacia Isshiki indicándole que no se moviera pero también dándole a entender que hacer, por lo que el cazarrecompensas asintió de inmediato para proceder a oprimir un botón en el guantelete de su armadura accionando a los droides destructores que operaban al interior y que aparecieron en la arena rondando como dos grandes esferas antes de desplegarse y apuntar sus armas al Reek en que montaban el Padawan, la Senadora y el Maestro Jedi que se encontraban desarmados para poder defenderse en esa situación. Moviéndose con sumo sigilo por los pasillos de la ciudadela de Goenosis, el Maestro A se detuvo a unos diez pasos de distancia del palco en que se hallaban los "victoriosos vencedores", percibiendo todo lo que estaba pasando en la arena y por lo que se movió rápidamente para anunciar su presencia, situándose tras el cazarrecompensas Isshiki Kara, encendiendo su sable de luz amatista y amenazándolo con su hoja contra su tráquea, anunciándose con esa sola acción.
—Maestro A— reconoció Madara volviéndose hacia él con una sonrisa ladina, —es muy gentil en acompañarnos— apreció aunque solo por las apariencias.
—Siento decepcionarte, Madara, pero se acabó la fiesta— replicó A con gran frialdad.
Resultaba aberrante e indigno para A que un Jedi tan reconocido como Madara pisoteara su pasado, honor y logros uniéndose a los Separatistas y avalando este conflicto pero también y al igual que el Maestro Onoki—conteniéndose para no volver la mirada hacia la arena de ejecución—lo enorgullecía que los instintos de la Senadora Haruno fueran tan confiables como los de cualquier Jedi pues no había que olvidar que ella había sido la primera en decantarse por el Conde de Serenno como el culpable de los intentos de asesinato en su contra. Como una señal de que no estaba solo, decenas de luces comenzaron a emerger entre las gradas repletas de geonosianos revelando los rostros de Jedi muy conocidos del Templo de Coruscant; el Maestro Jiraiya, la caballero Tenten Namiashi, las Maestras Tsunade Senju y Mito Uzumaki, el caballero Neji Hyuga y rostros más jóvenes como la Padawan Tayuya Otogakure...sobre el lomo del Reek que se mantuvo tranquilo pese a los droides destructores que apuntaban sus armas en su dirección, Sasuke, Sakura y Kakashi no pudieron contener unas ligeras sonrisas ante los refuerzos que acababan de llegar y que hicieron que todos los geonosianos presentes se dispersaran, aterrados de la inminente batalla que tendría lugar. Aunque sorprendido por todos los Jedi que habían acudido a Geonosis, ello no basto para desvanecer la sonrisa ladina del rostro del Conde de Serenno.
—Valiente pero tonto, mi buen amigo Jedi— consideró Madara dejando libre un ligero suspiro, —las probabilidades nos favorecen— tenían un ejército después de todo.
—No lo creo— contrarió A sabiendo que los geonosianos no eran guerreros.
—Lo creerá— advirtió el Conde para tener a su antiguo amigo de sobre aviso.
Aquella amenaza fue el preludio al ataque que iniciaron dos droides de combate que dispararon sus armas integradas contra el Maestro A que se protegió con la hoja de su sable de luz lo más posible pero forzado a retroceder hacia el borde del balcón, recibiendo un nuevo ataque esta vez del cazarrecompensas Isshiki Kara que activo el lanzallamas de su guantelete, forzándolo a saltar del balcón, frenando su aterrizaje con la Fuerza y quitándose en el proceso su abrigo que se había encendido por el fuego. Paralelamente miles de esos mismos droides de combate emergieron de las otras celdas para desplegarse en la arena de ejecución, forzando a los demás Jedi presentes a atacar y todo el estadio se llenó del aullido de los sables láser mientras los Jedi desviaban los disparos de los droides con las hojas de sus armas. La lucha entre droides y Jedi no hizo más que intensificarse a medida que el estadio se vaciaba pues ningún geonosiano quería verse envuelto en ello; asustado, el Reek se levantó sobre sus patas traseras arrojando al suelo a Sasuke, Sakura y Kakashi. La Haruno sin embargo no se quedó quieta y tomó del suelo un blaster que debía haberse caído a uno de los guardias, cubriéndose la espalda y a Sasuke quien por cierto recibió ayuda de uno de sus compañeros Jedi que cortó las esposas de sus manos al igual que las de Kakashi, entregándole un sable de luz a cada uno para que pudieran defenderse.
Así empezaba la batalla de Geonosis.
Al haber descargado y examinado los planes de la ciudadela, no fue difícil para Naruto moverse con sigilo y tener claro a donde iba en compañía de Sai quien estaba bastante más nervioso—ambos ataviados en los uniformes del personal técnico que trabajaba en la fábrica de droides—, siguiendo a un grupo que se encargaba de la mantención y/o reparación de los droides de combate que pudiera ser usados o que salieran dañados en la batalla. Tan pronto como las puertas que conectaban las celdas con la arena de ejecución se abrieron para permitir que los droides destructores se presentaran en la misma, pero justo cuando los técnicos pensaban en seguirlos para asegurar su óptimo funcionamiento, Naruto extrajo un pequeño blaster del interior de una de sus botas y disparo rápida e implacablemente contra ellos, liquidándolos casi inmediatamente. Decirse desconcertado o abrumado era un eufemismo para Sai quien se quedó paralizado en su lugar y con la boca abierta ante lo que acababa de presenciar; puede que Tatooine fuera un planeta salvaje y brutal pero el pelinegro por su parte no estaba familiarizado con el arte de la guerra en comparación con Naruto o Sasuke. Silbando casualmente, el Uzumaki se inclinó sobre los ingenieros heridos y comprobó que ninguno estuviera agonizando pues tendría que rematarlo por consideración ante la inminente batalla que tendría lugar.
—¡Esto no es correcto!— chilló Sai en un susurró y cada vez más nervioso. —¡Jamás he estado en una batalla!— y no creía ni sentía poder desempeñarse bien.
—Bienvenido a mi mundo, amigo— contestó Naruto únicamente. —¡Al ataque!— gritó con una sonrisa al ver a los Jedi aparecer en la arena. —Tu solo sígueme— indicó situándose delante de él como escudo.
Contaban con la suerte de que, al desarrollarse una batalla entre los droides de combate de la Federación y los Jedi, nadie repararía en ellos lo que les permitiría moverse para reunirse con Sasuke y Sakura, y protegerlos lo mejor posible; fuera de lugar o sintiéndose así por lo menos, Sai dejo libre un profundo suspiro al saber que ninguno de los presentes se preocuparía realmente de su tendencia moral, por lo que asiéndose de todo el valor que le fue posible, el pelinegro siguió a Naruto que, tras cruzar el umbral de la arena de ejecución, recogió un blaster del suelo y se lo tendió para que se defendiera poniéndolo aún más nervioso. En la antes arena de ejecución y ahora campo de batalla, la lucha se intensificaba más y más entre los droides de combate y los Jedi que si bien eran pacifistas por naturaleza destacaban increíblemente como guerreros. Con algo de esfuerzo ante todos los sables de luz que se alzaban en medio de aquella lucha encarnizada. Naruto zarandeó del hombro a Sai a la par que señalaba hacia varios metros de ellos viendo a Sakura, armada con un blaster, subir al lomó del Reek que antes los había arrojado de su lomo por el inicio de la contienda, y Sasuke no tardo en subir tras ella espalda con espalda, bloqueando los disparos de los droides con su sable de luz. Tenían que reunirse con ellos…
Espalda con espalda hasta ese momento, protegiéndose y bloqueando con sus respectivos sables de luz los disparos de los droides de combate en un dúo que múltiples Jedi estaban unificando para sobrevivir, el Maestro A y Kakashi se vieron forzados a separarse cuando la bestia Acklay que seguía con vida se abalanzó contra el peligris que no había dejado de convertirse en su objetivo principal, haciendo correr al Hatake que entorno los ojos por tener que huir y maldiciendo su suerte por cómo había llegado a aquello. Por su parte la calma del Maestro A sobre la arena fue breve antes de que el cazarrecompensas Isshiki Kara descendiera con su aerocohete para continuar el enfrentamiento que había iniciado al disparar su lanzallamas y obligarlo a saltar del palco, el escenario en que se encontraban era lo suficientemente caótico por sí mismo pero ninguno de los dos dudo en terminar con su contienda personal lo más pronto posible. Moviendo ágilmente su sable de luz zafiro, Tenten cortó las cabezas de los droides de combate de manera uniforme; advirtiendo movimiento, la Namiashi se volvió para ver como un droide disparaba en su dirección impidiéndole bloquear a tiempo el disparo con la hoja de su sable...cerrando los ojos y esperando lo inevitable, la pelicastaña se preparó para algo que no ocurrió, abriendo los ojos lentamente para ver al droide destruido sobre el suelo, incinerándose con su propio disparo.
—¿Necesitas ayuda?— preguntó el caballero Jedi Neji Hyuga, llevándose el crédito por salvarla.
—¿De ti?— cuestionó la Namiashi situándose espalda con espalda con él. —Siempre— aceptó sin dudarlo con sugerente coquetería.
La caballero Jedi Tenten Namiashi era una de las mayores bellezas que se pudiera imaginar, proveniente de Railoth por lo que nada sorprendía su reveladora forma de vestir; un top negro que dejaba expuesto su vientre y sus brazos eran cubiertos por guantes largos sin dedos, ceñidos pantalones negros que continuaban en largas botas de igual color con un cinturón de cuero enmarcando sus caderas y su largo cabello castaño estaba recogido en una coleta que caía sobre su hombro derecho, y sonriendo ladinamente como en muchas veces anteriores Neji reconoció lo encantadoramente hermosa que era. Evadiendo el fuego enemigo hasta ahora, el Reek en que montaban Sasuke y Sakura fue letalmente alcanzado por uno de los disparos de los droides de combate en el centro de su cabeza antes de desplomarse inerte sobre el suelo haciendo caer en el proceso a la Haruno y el Uchiha que perdieron el equilibrio, pero que pronto se situaron espalda con el espalda protegiéndose con el cadáver de la criatura y que si bien estaba muerta aun podía proveerles de seguridad ante su gruesa piel exterior. Sin cesar de disparar con su blaster, la Senadora Nubiana se mostraba como toda una guerrera con su cabello ligeramente despeinado, semejante a Sasuke quien bloqueaba el fuego enemigo de los droides con su sable de luz, con sus ropas ligeramente cubiertas de polvo y arena tras las caídas que ambos habían sufrido.
—¿Esta es tu solución diplomática?— preguntó el Uchiha arqueando una ceja ante la situación en que se hallaban.
—No, son negociaciones hostiles— contestó la Haruno con un tono ligeramente seductor.
Si había un momento que hizo que Sasuke sintiera que tomaba una decisión correcta sin duda fue ese, observando embelesado por el rabillo del ojo el semblante aguerrido y fiero de Sakura, quizás contrastante de su habitual imagen etérea y pacifista pero que lo enamoró de nueva cuenta mientras se protegían el uno al otro espalda con espalda, confiando en las capacidades del otro para pelear y sobrevivir, viéndose como iguales. Mientras Sasuke movía de forma defensiva su sable de luz para desviar o bloquear cualquier disparo que iba en su dirección, Sakura tuvo cuidado de elegir sus objetivos al momento de disparar, tratando de neutralizar a la mayor cantidad de droides posibles que o les estaban disparando a ellos u a otros Jedi que tristemente ya comenzaban a perder sus vidas en el campo de batalla y ser consciente de ello envió una punzada dolorosa en el corazón de Sakura pues era algo que ni Sasuke ni ella habrían querido ver. Observando el impecable trabajo en equipo de Sasuke y Sakura, Naruto y Sai se movieron por el campo de batalla casi como si estuvieran en una trinchera, acercándose velozmente y con cuidado hasta finalmente situarse a la diestra y siniestra de la Haruno y el Uchiha para equilibrar un poco la difícil situación en que ambos se encontraban. Naruto se mostraba resuelto por su experiencia en combate en comparación a Sai que temblaba como una hoja.
—Ah, siguen vivos— apreció Sasuke con fingido sarcasmo haciendo sonreír a Sakura.
—Qué lindo que te preocupes— correspondió Naruto sonriendo ladinamente.
—¡Cuidado!— alertó Sai viendo un disparo que venía en su dirección. Sasuke no dudo en bloquearlo con la hoja de su sable de luz pero increíblemente fue Sai quien derribó al droide de un solo disparo. —¿Yo hice eso? Vaya…— suspiró recibiendo un amistoso golpe en el hombro por parte de Naruto a modo de felicitación.
Pero ese no era el único enfrentamiento que componía aquella feroz batalla y como prueba, hablando objetivamente el Maestro A tuvo que admitir que Isshiki Kara—como mandaloriano que era y lo evidenciaba su armadura—era un gran guerrero contra el que le resultó muy difícil luchar pero principalmente porque—a diferencia del mandaloriano—no quería matar, por lo que tras una profunda lucha personal decidió tomar la ofensiva, obligando al cazarrecompensas a defenderse y retroceder. El Maestro A se movió como un relámpago para bloquear el primer disparo de Isshiki en su dirección y pronto hizo lo mismo con el segundo, acercando cada vez más sus pasos al cazarrecompensas que se veía forzado a retroceder ante el control que el Jedi tomaba de la situación, sin embargo Isshiki se negaba a rendirse y disparó más rápidamente en dirección a su enemigo, pero recurriendo a la Fuerza el Jedi dio un ágil saltó en el aire y aterrizó exactamente frente al cazarrecompensas al que desarmó cortando en dos el blaster que sostenía en su mano derecha y con un segundo corte le cercenó la cabeza que cayó al suelo junto con el casco de la armadura mandaloriana que cubría su rostro. Desde su lugar en el palco de los invitados de honor, el pequeño Jigen sintió que se le paralizaba el corazón al presenciar la muerte de su padre.
Ya me tienes harto, se dijo Kakashi mentalmente deteniendo su hasta entonces huida de la bestia Acklay, volteando a verla decidido a pelear para salvar su vida; cuando el Acklay cargó contra él, cortando el aire con sus enormes pinzas, Kakashi se dejó ayudar por la Fuerza y saltó sobre su lomó, evadiendo sus poderosas patas y las chasqueantes pinzas para abrir un agujero en el pecho de la criatura con su sable láser antes de descender al suelo. Naturalmente el Acklay se echó hacia adelante, intentando aplastarlo con su peso, pero el Jedi ya estaba preparado para ello y velozmente corto sus extremidades afiladas con la hoja de su sable de luz haciendo que la bestia cayera al suelo incapaz de erguirse, y no queriendo que experimentara más dolor del necesario movió la hoja para cortarle el cuello y terminar con aquel enfrentamiento de una vez. Pero desgraciadamente esa batalla estaba lejos de ganarse, la mejor prueba eran los Jedi muertos que yacían sobre la arena como consecuencia de la cortina de disparos de los droides de combate que empujaban a los sobrevivientes que se veían forzados a replegarse, pegados unos a otros espalda con espalda en un intento por salvar sus vidas y protegerse entre sí. Sorprendentemente, los droides se detuvieron y dejaron de disparar…porque alguien les había dado esa orden.
—¡Maestro A, ha peleado como los grandes, digno de un reconocimiento en los expedientes de la Orden de los Jedi!— reconoció el Conde Madara desde su lugar en el palco del estadio, sonriendo ladinamente como si hubiera disfrutado del espectáculo. —¡Ahora se acabó, ríndanse y así podrán salvar sus vidas!— ordenó recorriendo con la mirada a los Jedi que no daban indicios de querer rendirse.
—¡No seremos rehenes en tus planes, Madara!— protestó el Maestro A sin titubeos.
—Entonces lo lamento, amigo— suspiró el Conde de Serenno, pero no parecía sentirlo en lo más mínimo.
—Miren arriba— alertó Sakura advirtiendo movimiento por encima de sus cabezas.
No era el deseo de los Jedi rendirse pero pese a sus mejores esfuerzos y dedicación, y pese a todos los enemigos—visto desde ambos bandos—derribados y que ahora yacían inertes sobre la arena, era ya evidente para todos la aplastante diferencia numérica y se podía sopesar el resultado final que tendría lugar, por ello es que los mismos Jedi se habían retirado con intención de tratar de formar una estrategia, manteniendo sus sables de luz activados en todo momento y más cuando de forma silente los droides de combate cargaron sus armas y se prepararon para dispararles en cualquier momento…y todos tuvieron temor por un breve instante, hasta la advertencia de la Senadora Haruno a quien no dudaron en imitar, alzando sus miradas hacia el cielo. Pese a haberse decantado por la carrera política y no por el entrenamiento que le correspondía por nacer con las cualidades óptimas para ser una Jedi, uno de los mayores reconocimiento que sus "camaradas" debían hacer a la Senadora Haruno eran sus agudos instintos y que los demás presentes tenían o sentían nublados en ese momento por el presente enfrentamiento que podía continuar en cualquier momento, y fue lo que le permitió a la Senadora percibir antes que nadie la llegada de una flota muy numerosa de naves de combate cargadas con soldados armados—soldados clon—y que contaban con artillería pesada.
La batalla estaba lejos de terminar.
—Hagan un perímetro alrededor de los sobrevivientes— indicó el Maestro Onoki desde su lugar a bordo de la nave.
—Sí, señor— asintió el capitán, pilotando para seguir sus instrucciones.
Los ojos de todos los presentes en la arena de ejecución se enfocaron en el cielo que de pronto comenzó a llenarse de cuando menos media docena de naves de tipo fragata que lentamente comenzaron a descender sobre el interior del estadio en una estridente nube de polvo que envolvió a los sorprendidos Jedi que esbozaron sus primeras sonrisas reales al ver que además de los soldados clones que integraban el ejército, a bordo de la primera de las fragatas se encontraba el Maestro Onoki. A la par que las fragatas aterrizaban para sacar a los Jedi del estadio y que no dudaron en subir lo más velozmente posible a las naves, otra media docena apareció en el cielo y comenzó a disparar una lluvia de láseres para dar tiempo a los Jedi, Maestros, Maestras, Caballeros y Padawan a abordar las fragatas, y para asegurar el descenso de los soldados clones armados con blasters y que abrieron fuego contra los droides de combate de inmediato. El Maestro A subió a la misma nave en que se hallaba el Maestro Onoki junto al Maestro Jiraiya y el Caballero Jedi Neji Hyuga segundos antes de que la misma se elevara disparando con sus cañones, destruyendo y dispersando a los droides de combate a media que se alejaba de la arena. Corriendo hacia otra de las naves, Sasuke se volvió hacia Sakura para tenderle la mano y ayudarla a subir, con Kakashi uno o dos pasos tras ellos junto a Naruto y Sai.
—Muchachos, busquen a Gai y saquen las naves del planeta— instruyó el Hatake volviendo la mirada hacia ellos antes de subir a la nave.
—En seguida— asintió Naruto no teniendo problema con ello. —Vamos, Sai— alentó sujetando del brazo a su amigo.
El pelinegro tuvo que contenerse para no entornar los ojos al prever que tendrían que recorrer nuevamente toda la ciudadela y fabrica subterránea solo para poder reunirse con Maito Gai, el amigo y copiloto del Maestro Hatake, pero era eso o quedarse varados en ese planeta y por lo que siguió a Naruto sin otro remedio, mientras que el Uzumaki se mostraba entusiasmado por el reto y el simple peligro de morir, viviendo única y enteramente el ahora…Cuando las fragatas despegaron y los droides de combate salieron tras ellas persiguiendo a los soldados clon que se quedaron en la arena para combatir o que regresaron a sus naves como escolta de los Jedi, el pequeño Jigen Kara encontró por fin una oportunidad de bajar a la arena, acercándose al cadáver de su padre y sosteniendo su casco entre sus manos, pegando su frente a este en una silente despedida a su progenitor. Las fragatas de la República rugían sobre el campo de batalla, disparando sus cañones mientras las explosiones estallaban a su alrededor, en una escena de espectacular destrucción y frenesí, un caos singular e incomparable para los Jedi sin importar su edad, ninguno podía creer el increíble espectáculo que se desplegaba ante sus ojos, viendo como miles de naves de la República atacaban la flota de la Federación de Comercio, al tiempo que desembarcaban a decenas de miles de soldados clones en la superficie del planeta.
—Hay que seguir a Madara, si escapa unirá más sistemas a su causa— determinó el Maestro Onoki con voz tranquila pero firme.
—Piloto, aterriza en la ensambladora— ordenó el Maestro A al soldado clon que pilotaba la fragata.
—Y a mí llévenme al centro de comando— agregó el Gran Maestro Jedi por su parte.
—Sí, señor— contestó el piloto de la nave volviendo escasamente la mirada por sobre su hombro.
Prediseñado o concebido para acatar las órdenes que le fueran dadas sin cuestionarse, el piloto clon dirigió la nave rápidamente a la ensambladora donde se cargaban y recargaban naves con artillería, además de prepararse para su despegue, lugar que eligieron los Maestros Jedi A y Jiraiya junto al caballero Neji Hyuga para descender, saltando de la nave apenas esta se encontró a ras del suelo, siendo recibidos por una tropa de soldados clon que esperaban sus órdenes, algo impensable para ellos como emisarios de la paz, pero habrían de saber adaptarse. Sin haber tocado realmente el suelo sino que sobrevolando este, la fraga volvió a elevarse y cruzó como si fuera nada el espacio hasta llegar al centro de mando, el lugar más relativamente seguro que podía haber en el planeta y donde la nave finalmente aterrizó permitiendo al Maestro Onoki, apoyado en su bastón, descender con cuidado y sin apremios. Uno de los comandantes del ejército de clones corrió hacia la puerta abierta de desembarco de la nave para ponerse a los órdenes del Gran Maestro Jedi, informándole que las primeras unidades de batalla estaban avanzando y recibiendo órdenes suyas de concentrar el fuego en las naves más cercanas. A bordo de su propia nave, la atención de Kakashi, Sasuke y Sakura estaba en encontrar un objetivo que atacar; las naves de la Tecno-Unión o la Federación de Comercio, aliados del Conde Madara.
—Sujétense— indicó Kakashi sujetándose del borde de la puerta de desembarco. —Necesitamos un objetivo— mencionó en voz alta y tratando de pensar rápido.
—Destruyan esas celdas de combustible— señaló Sasuke concordando con su manera de pensar.
—Excelente vista, Sasuke— celebró el peligris sonriendo ladinamente a su Padawan. —Y ataquen esas naves de la Federación— quizás fueran demasiado grandes pero eso daba igual, ya se encargarían las tropas terrestres.
Habitualmente sereno y pacifista, Kakashi estaba aprendiendo del arte de la guerra tan velozmente como podía, sintiendo casi una bofetada en la cara por la ironía que ello representaba puesto que en el pasado le había parecido aburrido tener que lidiar con disputas comerciales y cosas así, pero ahora comprendía que se le daba mejor ser diplomático que guerrero o eso sentía en su corazón, pero lo curioso de la guerra es que no hacía caso a opiniones o deseos personales, solo de destrucción ya fuera para bien o para mal. Pero Sasuke por otro lado estaba casi en su elemento, él no era ajeno a la guerra por crecer en Tatooine y por haberse convertido en Jedi en quizás la época más convulsa de todas. Había muchos objetivos entre los que elegir para atacar pero no todos eran obvios ni permisibles pues como Jedi que eran y emisarios de paz, atacar a los civiles era impensable en las mentes de Kakashi o Sasuke a menos que eso garantizara que la matanza o carnicería fuera a detenerse y ello no se veía cercano. Siguiendo las órdenes de los Jedi que llevaba como pasajeros, el piloto clon disparó a las celdas de combustible de la Tecno-Unión y luego a las naves de la Federación de Comercio que se estaban preparando para despegar del sistema y huir del conflicto, pero que acabaron despedazas y ardiendo sobre la arena de Geonosis...
Mientras en la superficie del planeta se libraba una lucha verdaderamente encarnizada entre los geonosianos y droides de combate de los Separatistas contra el ejército de clones de la República, al interior de la aun habitada ciudadela se debatía el plan de acción o estrategia a seguir, pues tanto el archiduque Dosu como el virrey de la Federación de Comercio se negaban a rendirse, pero el número de bajas que estaban enfrentando los estaba haciendo reconsiderar cualquier ínfimo grado de orgullo que pudieran tener. Reunidos en la sala de centro de mando geonosianos, el archiduque Dosu, el virrey Mitokado y su esposa, además del Conde Madara, recibían constantes reportes de los enfrentamientos que tenían lugar en la superficie del planeta, tanto de una de las grandes pantallas que abarcaba el centro de la estancia como de otros muchos monitores adyacentes en las paredes. Con una expresión pensativa y el ceño fruncido, el Conde Madara negaba en silencio para sí mismo mientras contemplaba las escenas de combates proyectadas por las muchas pantallas presentes en la estancia, la devastación le era indiferente con el fin de obtener lo que buscaba, pero perder apoyo era lo último que necesitaba en ese momento, tan o quizás un poco menos preocupado que el archiduque Dosu o el virrey de la Federación de Comercio. De alguna forma la balanza parecía inclinada en favor de la República.
—Bloquearon nuestras comunicaciones— informó el archiduque Dosu con voz severa y preocupada. —Estamos siendo atacados por tierra y por aire— la situación había pasado de ventajosa a muy preocupante.
—Los Jedi reunieron un ejército enorme— suspiró el angustiado virrey Homura Mitokado.
—Parece imposible, ¿Cómo pudieron reunir un ejército tan rápido?— preguntó Madara aparentemente desconcertado.
—Todos los droides disponibles deben ir a la batalla, de inmediato— aconsejó lady Koharu, siendo partidaria de tomar la ofensiva.
—Son demasiados— contrarió el Conde de Serenno con expresión pensativa.
—Entonces hay que sacar todas las naves al espacio, ahora— exigió el virrey Mitokado sopesando a cada momento su inminente huida.
—Conde Madara, debemos ordenar la retirada— determinó el archiduque Dosu tras evaluar concienzudamente la situación. —Ordenare a mis guerreros que se oculten en las catacumbas— era su única posibilidad de sobrevivir.
—Descuide, archiduque, mi Maestro no permitirá que la Republica salga ilesa de esto— aseguró el ex Jedi con tono diplomático. —Por ahora, llevare los planos a Coruscant, ahí estarán más seguros— para todos y para el futuro de su empresa.
No era una opción rendirse pero mucho menos era una opción poner en peligro los planos del arma que los geonosianos se habían esforzado tanto en diseñar; no, si esos planos llegaban a caer en manos de los Jedi o algún agente de la República todos sus esfuerzos se perderían, por lo que el archiduque Dosu Kinuta dirigió sus pasos hacia el otro lado de la estancia, deteniéndose ante una consola de la cual recibió acceso tras ingresar una serie de códigos, haciendo aparecer un plano holográfico de un arma del tamaño de un planeta, una estación móvil de batalla con un poder que escapaba al entendimiento de cualquiera no muy docto. Tras oprimir unas cuantas teclas más, los planos del arma se trasfirieron a un disco o tarjeta que fue expulsado por un pequeña rejilla frontal en la consola, y el archiduque la recibió velozmente antes de volverse y entregarla al Conde Madara que inclinó la cabeza y se retiró en silencio. A bordo de su nave que recorría las arenas de Geonosis en busca del Conde Madara mientras sus compañeros y amigos libraban sus propias batallas, casi parecía como si no pudieran ver otra cosa más que arena…mas increíblemente de pronto el grupo a bordo de la fragata vio un speeder geonosiano perderse en la distancia, con una figura inconfundible en la cabina, y dos cazas flanqueaban al mismo:
—Allá enfrente— señaló Kakashi, pudiendo distinguir al Conde de Serenno desde esa distancia.
—Es Madara— reconoció Sasuke pensando lo mismo que él, —derríbenlo— ordenó de inmediato al piloto de la nave.
—No tenemos misiles, señor— lamentó replicar el capitán clon, dejando en evidencia su situación.
—Que no escape— reformuló el Uchiha, sabiendo tan bien como su Maestro que no podían dejar huir al Conde de Serenno.
—Necesitamos apoyo— remarcó Sakura sintiendo que no bastaría solo con ellos.
—No hay tiempo, Sasuke y yo lo enfrentaremos— contrarió el Hatake confiando en sus capacidades y en las de su Padawan.
Aumentando su velocidad para cumplir con las ordenes de los Jedi a bordo, el piloto inclinó la nave ligeramente para descender un poco y continuar mejor la persecución del Conde de Serenno…sin embargo y a medida que la fragata se acercaba a su objetivo el propio Conde Madara dejo de tomarse aquel seguimiento como algo fútil, de hecho le molesto y por lo que oprimiendo un botón en el comunicador en su muñeca derecha les indicó a los cazas que lo flanqueaban que se separaran y abrieran fuego contra el enemigo para generar una momentánea distracción. Siguiendo las órdenes del Conde Madara, los cazas se separaron yendo uno a la izquierda y el otro a la derecha, además redujeron la velocidad para flanquear la retaguardia de la fragata y abrieron fuego velozmente; afortunadamente y sorteando los disparos, el piloto clon pudo evitar los impactos…excepto el ultimo que si bien fue solo un roce y no causo daño en la nave, basto para hacerla desequilibrar ligeramente. Kakashi y Sasuke tuvieron que sujetarse fuertemente de lo que tuvieran a su alcance para no caer, pero Sakura—a quien Sasuke trato de tomar de la mano—y uno de los soldados clon a bordo no fueron tan afortunados y cayeron al vacío, aterrizando afortunadamente sobre la suave arena pero el impacto fue suficiente para hacer que la Senadora de Naboo quedara inconsciente en una imagen que le heló el corazón al Uchiha.
—¡Sakura!— llamó Sasuke, sintiendo que se le detenía el corazón debido a que el movimiento de la nave lo estaba alejando de ella. —¡Aterricen!— ordenó volviendo apenas la mirada por sobre su hombro, necesitando saber si ella estaba bien.
—Sasuke, no dejes que tus sentimientos te controlen— contrarió Kakashi situando una mano sobre el hombro de su Padawan para tratar de calmarlo. —Sigan al Speeder— ordenó al piloto y copiloto para que no cambiaran su curso.
—¿No me escuchaste?— cuestionó el Uchiha sin poder creer que su Maestro no lo respaldara. —Aterricen la nave— volvió a ordenar con voz clara.
—No derrotare a Madara solo, te necesito— señaló el Hatake esperando que su Padawan entrara en razón. —Si lo detenemos ahora esta guerra terminara, es nuestro deber— recordó apelando a su sentido del deber.
—No la abandonare, haz que bajen ahora— volvió a protestar el azabache sin dudarlo.
—¡Comprende, si sigues este camino te expulsaran de la Orden Jedi!— argumentó el peligris no pudiendo entender este empecinamiento de su parte.
—¡No la abandonare!— gritó el azabache no pudiendo darle la espalda cuando Sakura más lo necesitaba…había jurado que la protegería.
—¡Piensa un momento!— acalló Kakashi abrumado por los sentimientos que veía en los ojos de su Padawan. —¿Qué haría Sakura si estuviera en tu posición?— por primera vez podía ver que no tenía el control sobre las emociones del Uchiha.
—Su deber…eso haría— suspiró Sasuke, abatido y sabiendo que eso es lo que ella querría.
—Entonces haz esto por ella— aconsejó el Hatake, un tanto más tranquilo al verlo recobrar el control de sus emociones.
Volviendo la mirada hacia las dunas de arena, ya no pudiendo ver a Sakura aunque forzase su vista, Sasuke dejo libre un suspiro y trato de convencerse que ella estaría bien pues era más inteligente que él y más fuerte que nadie que hubiera conocido, capaz de burlar la muerte de formas inimaginables…pero quiero estar con ella, pensó Sasuke siendo correspondido en su amor y no queriendo perderla ahora que ambos se tenían solo el uno al otro en ese gran universo que no se molestaba en entenderlos. Odiaba tener que hacer este tipo de cosas; meterse en la mente de Sakura por así decirlo para tratar de hacer algo pensando solo en el sentido del deber, pero por ahora se obligó a ello y se convenció de que al final valdría la pena porque podría verla y abrazarla otra vez, y podrían olvidar todo esto. Tomar a Sasuke bajo su tutela cuando aún era solo un niño había hecho que—como su maestro antes de él—con el paso de los años ambos se vieran como padre e hijo y formaran un vínculo único, a diferencia de otros Maestros y Padawans podían llamarse por sus nombres con libertad, se veían como iguales, se tenían respeto y a la vez podían hablar de todo…pero en ese momento y regresando su vista al speeder en que se encontraba Madara, tratando de distraerse, Kakashi comprendió que las cosas estaban cambiando, Sasuke ahora ya no era un niño sino que a sus diecinueve años era un hombre y tenía sus propias ideas o decisiones…y quizás, para su temor, eso pudiera alejarlo de la Orden Jedi y de él.
Porque estaba claro que Sakura era dueña de su corazón.
Pese a su indefensa imagen al caer, Sakura se encontraba todo menos realmente indefensa, frunciendo el ceño en medio de su breve inconciencia antes de abrir los ojos y parpadear con lentitud, recorriendo con la mirada el lugar en que se encontraba para trata de orientarse, haciendo un esfuerzo extra y logrando enderezarse ligeramente con ayuda de sus brazos. No había salido herida de aquella abrupta caída sino que solo se había desorientado un poco, pero no pudo evitar mascullar por lo bajo al sentir como las heridas del Nexu en su espalda ardían ante la sensación de la arena contra su sangre y carne abierta…pero no era importante eso ahora y por lo que eligio tratar de encontrar las fuerzas para sentarse, mucho más preocupada por Sasuke y por Kakashi, temiendo que el Conde Madara pudiera hacerles daño. Necesitaba reunirse con ellos y, volviéndose hacia su blaster que afortunadamente había caído muy cerca suyo, tratar de ayudarlos, no se sentiría tranquila de otro modo; como si leyera su mente, un soldado clon—aparentemente el mismo que había caído junto con ella de la fragata, apareció desde lo alto de una de las dudas corriendo hacia ella, por lo que la Haruno comprendió rápidamente que ambos se habían separado en su caída pero eso no le impidió acercarse y ayudarla a levantarse cuanto antes.
—¿Se encuentra bien?— consultó el soldado observándola atentamente para estar seguro.
—Sí, gracias— asintió Sakura ignorando el dolor de sus heridas, ya pensaría en eso después.
—La llevare al Centro de Comando— sugirió él pensando en lo mejor en la presente situación.
—No, tenemos que ir en ayuda de los Jedi— contrarió la Senadora con voz seria, —debemos reunir a las tropas y encontrar una nave para llegar al hangar, ahora— ordenó confiando que el soldado la obedecería.
—Sígame, por aquí— instruyó el soldado, asintiendo rápidamente ante sus órdenes.
Ahogando un quejido, Sakura siguió al soldado clon quien consultó el comunicador en su muñequera derecha para orientarse; pese a que Sakura hubiera estado y siguiera estando en contra del acta de creación militar, en este momento comprendía que la presencia de estos soldados clones era necesaria, pero desearía que ninguno de ellos tuviera que perder o arriesgar sus vidas en un conflicto que a ella le parecía solucionable, mas eso quedaría claro más adelante y no ahora. Con su corazón dividido y aun pensando en Sakura, Sasuke luchó por enfocarse en el presente cuando la fragata en que Kakashi y él viajaban se aproximó a una gran torre en que acababa de ingresar el speeder de Madara, y empuñando sus respectivos sables de luz, preparados para la batalla, ambos descendiendo velozmente y corriendo hacia el interior para alcanzar al Conde de Serenno. El interior de la torre era un enorme hangar repleto de grúas, paneles de control, remolcadores, mesas de trabajo y paneles de control, como aquel ante el que se encontraba el Conde Madara que volvió la mirada hacia ambos. Por supuesto, pensó Kakashi viendo la elegante nave velero interestelar que el Conde de Serenno evidentemente pretendía abordar, estaba preparando su huida…no se podría esperar otra cosa de un traidor a los suyos y a sus principios, algo absolutamente inadmisible tanto para su Padawan como para él.
—Pagaras por todos los Jedi que asesinaste, Madara— declaró Sasuke conteniéndose para no atacarlo de inmediato.
—Lo haremos juntos— recordó Kakashi no queriendo que su Padawan cometiera una locura, —recuerda nuestro entrenamiento— agregó confiando en su plan de acción.
—Yo iba a decir eso— murmuró el Uchiha con ligera arrogancia, teniendo claro eso.
—Mis poderes son superiores a los suyos— menospreció el Conde con absoluta calma y seguridad, —les recomiendo apartarse— si no quería morir, por supuesto.
—Nunca lo haremos— contrarrestó Kakashi en el acto, encendiendo su sable de luz zafiro como hizo Sasuke con su propio sable esmeralda.
Sonriendo ladinamente como si anticipara su victoria y así era, el Conde de Serenno encendió su sable de luz carmesí en un gesto retador para Maestro y Padawan que tuvieron conductas muy distintas como respuesta; el Hatake se movió hacia el Conde con una pose defensiva y calculada, pero el Uchiha por otro lado atacó de inmediato chocando su sable de luz contra el del Conde, con ira y apremió como si quisiera terminar con eso rápidamente. Madara retrocedió relegándose a bloquear los golpes de ambos sables, dejando que Maestro y Padawan creyeran tener cierto control de la batalla al avanzar contra él, lo que el Conde contrarió cuando lanzó una estocada hacia el frente haciéndolos retroceder en el acto aunque se trató solo de un susto. Más agresivo que su sereno Maestro, Sasuke chocó su sable de luz contra el de Madara, golpe tras golpe, haciendo que el Conde dejara de fingir tener el control y que luchara en serio, sonriendo ladinamente ante la evidente habilidad del joven Uchiha…muy prometedor en verdad. Respaldando la agresividad de Sasuke, Kakashi trató de no quedarse atrás, no dándole ventana o espacio libre para escapar al Conde de Serenno, pero pronto y cambiando su estrategia de combate, Madara movió su sable de luz de izquierda a derecha para alejar a Maestro y Padawan de si y que aprovecharon estas distancias para considerar su plan de acción y prepararse para continuar.
Volviendo a atacar y esta vez con menos control en contraste con su Maestro que era más prudente y concienzudo, Sasuke volvió a hacer retroceder al Conde de Serenno que arqueó una ceja con sincero interés ante el talento del joven Uchiha como espadachín…pero también sintió preocupación para sí mismo porque sabía que si su Maestro se interesaba en ese muchacho, se desharía de él; para que uno ascendiera el otro tendría que morir, era duro pero necesario. Desviando los golpes de Maestro y Padawan, no siendo quizás tan fuerte pero si más experimentado que los dos Jedi juntos, Madara se cansó de ese tira y afloja, por lo que aprovechando la ligera inclinación en el cuerpo del Hatake, atacó rápida y velozmente, haciéndolo retroceder y no por precaución sino por el corte a carne viva que le hizo en el brazo derecho del Hatake que jadeó de dolor, pero se negó a soltar su sable de luz y claudicar; estoy bien, dijo a Sasuke con la mirada permitiéndole continuar concentrado en la batalla o cualquier distracción representaría el fin de todo. Viendo otra ventana de espacio, el Conde Madara movió su sable de luz y efectuó un segundo corte solo que ahora a la altura del muslo del peligris que, tambaleante, cayó al suelo incapaz de permanecer de pie a causa del dolor, justo la ventaja que Madara quería y por lo que movió su sable para cortar la cabeza al Hatake, pero un sable de luz esmeralda se lo impidió:
—No lo tocaras— advirtió Sasuke sosteniéndole la mirada al Conde, furioso porque se hubiera atrevido a lastimar a su Maestro.
—Eres muy valiente, muchacho— celebró Madara genuinamente impresionado, —pero pensé que aprenderías del error de tu Maestro— debería haberlo hecho.
—Aprendo con lentitud— replicó el Uchiha con frialdad y sosteniéndole la mirada.
—¡Sasuke!— llamó Kakashi desde su lugar, arrojando su sable hacia su Padawan.
Aceptando el sable de luz de su Maestro, Sasuke lo encendió y chocó contra el de Madara junto con su sable esmeralda, no teniendo problema en pelear con dos al mismo tiempo teniendo en cuenta el estricto entrenamiento de Kakashi en el manejo de los estilos de combate, lo cual agradecía profundamente en ese momento. Bloqueando un ataque tras otro y admirando la actitud pragmática del joven Uchiha, Madara apenas y fue capaz de interrumpir la fluidez en los movimientos de este, mas sonriendo para si cuando lo vio arrojarse hacia él, aprovechando para cortar por la mitad el sable de luz de Kakashi, obligándolo a soltarlo. Atacando y evitándose el uno al otro, Sasuke y Madara estaban igualados, era imposible decir cuál de los dos ganaría lo que frustró a Kakashi que seguía en el suelo por sus heridas. Con su corazón latiendo vertiginosamente, Sakura bajo rápidamente de la fragata escoltada por dos soldados clones, observando por sobre su hombro la nave en que se habían encontrado Sasuke y Kakashi, corriendo hacia el interior de la torre lo más rápido posible; advirtiendo la llegada de apoyo para la batalla, fue indudablemente fácil para Madara usar la Fuerza y romperles el cuello a los soldados clon con un solo movimiento y lo hizo, pero no con la Senadora a quien estrangulo lentamente pues ella era mucho más valiosa. Sintiendo una mano invisible cortándole la respiración, Sakura jadeó tratando de respirar desesperadamente, llevándose las manos al cuello sin éxito.
—¡No!— gritó Sasuke, moviendo su sable de luz para atacar a Madara y detenerlo.
Habiendo logrado precisamente la reacción que quería, el Conde bloqueó el imprudente y fúrico ataque del joven Uchiha con facilidad, y con su mano libre atrajo con la Fuerza hacia la bella Senadora de Naboo quien luchaba por respirar, dejándola libre junto al cuerpo de Kakashi que trató de erguirse para envolverla protectoramente en un abrazó mientras ella tosía para recuperar el aliento. Uno de los conceptos principales del entrenamiento de un Jedi era que las emociones eran un peligro y que debían sublimarse porque enceguecían la visión de las cosas, pero Sasuke lo ignoró por completo ahora, atacando a Madara con ira ciega—lo que hizo sonreír ladinamente al Conde—, chocando su sable contra el suyo con la entera intención de acabarlo. Decidiendo dar por terminado el combate al tener un viaje que emprender y unos planos de vital importancia que entregar, Madara movió su sable de luz hacia el interior y luego al interior en un movimiento rápido, cortando el brazo del joven Uchiha a la altura del codo y lo empujó con la fuerza haciéndolo caer de espaldas junto a Kakashi que se quedó paralizado de la impresión ante lo que acababa de presenciar, sintiendo como si le hubieran cortado el brazo a él mismo. Angustiada y asustada, Sakura ignoró su propio malestar por tratar de respirar bien, apresurándose en arrodillarse junto a Sasuke, protegiéndolo con su cuerpo en un abrazó…
Pese a la mirada de despreció que vio en los ojos del Maestro Hatake, Madara no sintió ápice de culpa alguna mientras apagaba su sable de luz y lo regresaba a su cinturón, observando al ahora derrotado joven Uchiha que tenía una expresión de dolor en el rostro mientras atraía hacia su pecho lo que restaba de su brazo derecho mientras era abrazado por la Senadora Haruno que le dirigió una mirada cargada de ira por encima de su hombro, pero mucho mas preocupada por Sasuke que por el Conde de Serenno. ¿Debería sentir culpa por lo que había hecho? No había sido culpa suya que el joven Uchiha y su Maestro se cruzaran en su camino, y de no haber procedido de esa manera ellos lo habrían seguido, de hecho, deberían agradecer su misericordia o ya se encontrarían muertos. Una serie de cortos pasos resonó en el hangar e hizo que Madara dejara las profundidades de su mente, volteando para observar con sorpresa como el Gran Maestro Onoki—su Maestro en su carrera como Jedi—ingresaba en el hangar y lo observaba atentamente mientras se detenía a una prudente distancia apoyándose en su bastón. Diminuto en comparación con su antiguo Padawan, el Maestro Onoki contuvo un suspiro de pesar al ver como habían cambiado las cosas, preguntándose interiormente si podría haber hecho algo para evitar que Madara se desviara tanto de sus enseñanzas, de haber estado a su alcance.
—Maestro Onoki— reconoció el Conde de Serenno por mínimo respeto a su Maestro.
—Conde Madara— correspondió el Maestro Jedi sosteniendo la mirada a su antiguo Padawan.
—Es la última vez que interfiere en nuestros asuntos— advirtió Madara únicamente.
La Fuerza era lo que daba a los Jedi su poder, pero no necesariamente era usada con fines positivos o desinteresados por parte de los usuarios que eran más sensibles y podían acceder a ella a través de entrenamiento como era el caso de los Jedi, sino que se podía usar por fines egoístas o malintencionados como hacían los Sith y en este caso el Conde Madara que, con un gesto presuntuoso, elevó con la fuerza un pesado panel de control del hangar a gran velocidad contra el pequeño Gran Maestro Jedi con toda intención de aplastarte. Pero pese a lo que daba a entender por su tamaño, fue bastante fácil para el Maestro Onoki detener este objeto alzando una sola mano delante de su rostro, gesticulando rápidamente para manipular la maquinaria y dejarla sobre el suelo como si nada. Sonriendo ladinamente ante aquel desafío, Madara alzó la mirada al techo y con apenas una ápice de esfuerzo liberó grandes piezas de este que cayeron directamente hacia el Maestro Onoki, pero aun sosteniendo su bastón el Gran Maestro Jedi fue capaz de detener la caída de estos fragmentos a través de su vínculo con la Fuerza, haciendo que su lugar aterrizaran lentamente en el suelo a su lado. Molesto por esta aparente superioridad, el Conde extendió una mano al aire liberando un centellante relámpago azul contra el Maestro Jedi, pero este lo atrapó con la palma de su mano y lo hizo desaparecer con un poco de esfuerzo.
—Eres muy poderoso, Madara— admitió Onoki no pudiendo negarlo, —detecto el lado oscuro en ti— agregó decepcionado por este último.
—Soy más poderoso que cualquier Jedi— replicó el Conde de Serenno, orgulloso de sus habilidades, —incluso usted, antiguo Maestro— por fin había dejado su sombra y lo proclamó disparando más relámpagos a su antes Maestro.
—No, aun tienes mucho que aprender— remarcó el Gran Maestro atrapando y desapareciendo sus ataques.
—Es obvio que esta contienda no puede decidirse por nuestro control de la Fuerza— señaló Madara no pudiendo eludir este reto, —pero si por nuestra habilidad con el sable— de guerrero experimentado a guerrero experimentado por supuesto.
De manera increíble y dejando su bastón en el suelo como si no lo necesitase, Onoki tomó su sable de luz de su cinturón encendiendo la hoja esmeralda de este a la par que Madara, con un silencio tenso, hacia lo mismo encendiendo su sable de luz carmesí, y en cosa de segundos ambos e arrojaron el uno contra el otro con estocadas veloces y muy fluidas en un ritmo que parecían haber ejecutado incontables veces. La diferencia de estatura era lo de menos si de habilidad para combatir se trataba, ambos chocando sus sables de luz esmeralda y carmesí a gran velocidad y con una agilidad simplemente envidiable, continuando durante varios instantes tratando de superar al otro. Intentando ganar a través de su propia superioridad, Madara se arrojó contra su Maestro con una hábil estocada, pero previendo esto el Maestro Onoki no dudo en saltar para evadirlo, dando una voltereta en el aire y respondiendo a la agresión de su antiguo Padawan. Invirtiendo su sable de luz, Madara dio una estocada hacía atrás para defenderse al interceptar el golpe y contraatacar con una serie de hábiles movimientos, a izquierda y derecha, mas nunca pudo dar un golpe bajo al Maestro Onoki quien lo evadía brincando de tal modo que apenas y parecía pisar el suelo una vez. Retirándose de su estocada fallida, el Conde volteó a ver a su Maestro y ambos procedieron a chocar sus respectivos sables de luz, sosteniéndose las miradas y cambiando su combate de algo tan elaborado a una lucha de voluntades.
—Has peleado bien, mi joven Padawan— felicitó Onoki como si la batalla hubiera terminado.
—Este solo es el comienzo— advirtió Madara, convencido de tener la victoria.
Continuar con su lucha empleando los sables de luz era fútil, no porque Madara sintiera que no podría ganar sino porque de proseguir aquel enfrentamiento solo se alargaría exponencialmente hasta que fuera tarde lo cual no podía permitirse, no podía olvidar los planos que tenía en su poder y el destino al cual tenían que llegar; decidiendo terminar con todo, alcanzó una de las voluminosas grúas de carga del hangar y destruyó su base a través de la Fuerza para que cayera sobre el Maestro Hatake, el joven Uchiha y la Senadora Haruno que estaban indefensos. Olvidando el dolor de su brazo derecho ante el peligro, Sasuke envolvió su restante brazo izquierdo alrededor de la cintura de Sakura e irguiéndose ligeramente con ayuda de su espalda contra el pecho de Kakashi la colocó bajo suyo, prefiriendo salir herido y romperse cada hueso del cuerpo antes que permitir que algo le ocurriera a ella. Alzando sus manos, Kakashi trató de impedir o ralentizar la caída de aquella maquinaria pero el dolor de sus heridas le restaba energía y a Sasuke quien trató de hacer igual con su mano izquierda pero juntos no bastaban; mas el Maestro Onoki si, dejando caer su sable de luz y reteniendo la grúa con ambas manos a través de la Fuerza, dejándola en el suelo, y Madara obtuvo la oportunidad de dirigirse hacia su nave, abordar y despegar antes de que ellos o los soldados clones en el exterior pudieran detenerlo.
—Sakura, ¿estás bien?— preguntó el Uchiha tan pronto como advirtió que el peligro había pasado.
—Sí, gracias— asintió la Haruno apresuradamente, superando el susto. —Sasuke…— suspiró con la voz quebrada antes de abrazarlo con todas sus fuerzas.
Sentía como si se le hubiera roto el corazón, cerrando los ojos para no permitirse llorar por el brazo que Sasuke había perdido, lamentando que aquello hubiera ocurrido y sintiéndose culpable pues de no haber venido a Geonosis nada de eso hubiera ocurrido. El primero en levantarse con cuidado del suelo, sentándose y recuperando lentamente la movilidad de su pierna lastimada, fue Kakashi quien sujetó el brazo izquierdo de Sasuke quien por primera vez desde lo ocurrido realmente sopeso la pérdida de su brazo derecho, soltando un suspiro y dejándose ayudar por Sakura quien lo abrazó del torso para también darle estabilidad a Kakashi quien se quejó por lo bajo al pisar con firmeza. Pero los suspiros que abandonaron casi al mismo tiempo los labios de todos no eran solo por las heridas que habían sufrido y las circunstancias en que se habían visto envueltos, la guerra que ahora se sentía caer sobre ellos sin forma de evitarla, sino también por haber dejado escapar a Madara y no haber podido evitarlo. El resultado de esta desventura en Geonosis era evidente, el ejercito de clones había superado a los droides de combate de la Tecno-Unión y la Federación de Comercio, y aunque esta solo era una contienda—sentían que habrían muchas más—la habían ganado. ¿Pero a qué costo? Se preguntó Onoki recogiendo su sable del suelo y regresándolo a su cinturón, y atrayendo hacia si su bastón con la Fuerza.
Este era sin duda un día oscuro para todos.
PD: Saludos mis amores, prometí que actualizaría esta semana y lo cumplo, agradeciendo como siempre su apoyo, deseando siempre que mi trabajo sea de su agrado:3 las próximas actualizaciones serán "La Reina Olvidada", luego "Kóraka: El Desafío de Eros", "Dragon Ball: Guerreros Saiyajin" y "Más Que Nada En El Mundo":3 esta historia esta dedicada a mi queridísima amiga Ali-chan 1966 (agradeciendo su asesoría y aprobación, dedicándole cada una de mis historias por su respeto y cariño), a mi querida amiga y lectora DULCECITO311 (a quien dedico y dedicare todas mis historias por seguirme tan devotamente y apoyarme en todo), a carlos29 (agradeciendo sus palabras y poder contar con su aprobación), a "ktdestiny" (agradeciendo su apoyo y dedicándole cada capitulo), a Guest, (agradeciendo sus palabras y aportes, como los de todos), a SASUSAKU is canon (agradeciendo su apoyo a esta historia y dedicándole la misma, esperando que todos los futuros acontecimientos sean de su agrado), LectoraSS (agradeciendo mucho sus palabras, y adelantando que Sakura no morira como en la trama original de Star Wars), a SasuSaku (agradeciendo su opinión como la de todos y prometiendo no decepcionar sus expectativas), a Eli23 (dedicándole esta historia como agradecimiento por su aprobación) y a todos quienes siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
Personajes:
-Sasuke Uchiha/Indra Otsutsuki como Anakin Skywalker/Darth Vader -Sakura "Hanan" Haruno como Padme Amidala Naberrie
-Kakashi Hatake como Obi-Wan Kenobi -Naruto Uzumaki como R2D2 -Sai como C-3PO -Maito Gai como R4-P17
-Madara Uchiha/Momoshiki Otsutsuki como Conde Dooku/Darth Tairanus -A como Mace Windu -Onoki como Yoda
-Tenten Namiashi como Aayla Secura -Neji Hyuga como Kit Fisto -Jiraiya como Ki Adi Mundi -Tsunade Senju como Shaak Ti
-Mito Uzumaki como Luminara Unduli -Tayuya Otogakure como Bariss Offee -Isshiki Kara como Jango Fett -Jigen Kara como Boba Fett
-Homura Mitokado como Nute Gunray -Koharu Utatane como Daultay Dofine -Dosu Kinuta como Poggle Lesser
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
