SEGUNDA PARTE


LA REINA DE LAS MENTIRAS

Disclaimer: Es una adaptación de unas de mis escritoras favoritas, talvez siga haciendo y espero que les guste la adaptación. Apoyen a la autora.

La reina de las mentiras © Whitney G.

Ranma © Rumiko Takahashi

Adaptación © FandomMLB


AVERTENCIA: Lengua vulgar, lemon para mayores de 18 años están avisados si lo leen solo está en sus responsabilidad.


CAPITULO 5

AKANE

PRESENTE

Me arden las piernas y los brazos mientras salgo arrastrándome lentamente de la piscina climatizada.

He completado más largos de los requeridos esta noche, y no puedo aguantar más. Mi cuerpo deja un rastro de agua en los azulejos con cada paso que doy. Levanto el dedo corazón hacia la cámara que está escondida en la esquina, por si alguna vez me mira cuando está fuera.

Me envuelvo en una toalla y deslizo mis pies en las chanclas, preparándome para subir a la cocina.

Lleva fuera tres días, así que sé que es solo cuestión de tiempo que entre por la puerta y disponga el tablero para una nueva partida de ajedrez. Para que me provoque con noticias falsas sobre mi propio caso.

Miro a mi alrededor y veo que la última partida de ajedrez que jugamos sigue en la pantalla. Las luces de la cocina siguen orientadas como me gustan, y no hay ninguna novela nueva esperándome en la encimera. Tampoco hay un cargador de teléfono con una nota que ponga:

«Puedes usar esto durante una hora.

P. D.: Todavía estoy esperando a que me des las gracias».

Confusa, cojo mi reloj de un cajón y veo que son las nueve y media.

«Nunca llega a casa tan tarde…».

Tamborileo en la encimera con los dedos, pensando que esta podría ser finalmente mi oportunidad.

Es el momento perfecto para empezar a llegar al fondo de con quién demonios me he casado realmente.

Me obligo a esperar otros veinte minutos y luego decido ir a por ello.

Subo la gran escalera, doblo a la izquierda y me dirijo al dormitorio de Ranma. El teclado del pomo de la puerta me obliga a pararme, pero le he visto escribir el código antes, le he visto cambiar los números de vez en cuando, en cuanto nos cruzamos en el pasillo.

Escribo el que recuerdo de la semana pasada, 1-17-4-16-5, y las luces parpadean en verde.

Inmediatamente después de abrir la puerta, entro y dejo que se cierre a mi espalda.

Nunca me ha permitido ver el interior de su dormitorio, y me sorprende lo desnudo que está comparado con el apartamento que me enseñó en Nueva York.

Hay una cama de matrimonio en el centro de la habitación cubierta con sábanas blancas y flanqueadas por dos mesillas de noche. Hay seis ventiladores en el techo, todos colocados justo encima del colchón, colgados a diferentes alturas.

« ¿Por qué demonios necesitará más de un ventilador?».

Me acerco a las mesillas de noche y abro todos los cajones, pero no hay nada dentro. Impertérrita, miro debajo de la cama esperando encontrar algo, sin éxito.

Me acerco al armario y escribo el mismo código en el teclado, pero las luces parpadean en color rojo. Lo intento de nuevo, y aparece un mensaje de error.

«Demasiados dígitos… Por favor, introduzca los seis dígitos correctos».

Trato de pensar qué combinación de números elegiría un psicópata: 666-666, 123-456, 911-911, pero ninguno de ellos funciona. Justo cuando estoy a punto de tirar la toalla y salir, introduzco la fecha de la noche en que nos conocimos, 12-31-19, y las luces parpadean en amarillo antes de ponerse verdes.

La puerta se abre lentamente, y a mí se me eriza el pelo de la nuca.

« ¿Qué coño es esto?».

Me impulso hacia adelante, luchando por darle sentido a lo que estoy viendo.

Es una habitación que tiene el tamaño de mi dormitorio varias veces, en la que hay un inmaculado y organizado almacén de un criminal. A la derecha, hay una serie de armas encerradas detrás de una pared de cristal tintado. Armas de fuego, pistolas, rifles automáticos, un maldito bufé de artillería. A la izquierda, todas sus prendas negras y grises están colgadas a la misma distancia.

Su colección de zapatos de marca —mocasines negros brillantes y Oxfords de color cobre— está prolijamente colocada en los estantes de cristal. Sus deportivas están atadas dispuestas para una carrera, perfectamente alineadas.

Cerca del fondo de la estancia hay uniformes perfectamente planchados para todo tipo de negocios en los que no trabaja. Una chaqueta de botones roja y dorada del Four Seasons, una camiseta marrón claro para el servicio de entrega de UPS, una camisa verde y negra de camarero de Starbucks. Hay algunas más que no reconozco, pero ninguna de las etiquetas de los uniformes lleva su nombre real.

«Bake-Neko, Orochi, Temari Itasai. ¿Quiénes coño son esas personas?».

Algo me dice que debo darme la vuelta y alejarme ya, pero no puedo evitar quedarme. Me acerco a la esquina más alejada de la derecha, donde hay una hermosa cómoda blanca junto a un archivo negro.

Abro el cajón superior; espero encontrar alguna pista de quién es Ranma, pero está vacío.

Abro el siguiente.

Vacío.

Luego el siguiente, y el siguiente.

Todos vacíos.

Voy al archivo, tiro del cajón de arriba, pero está cerrado. El segundo no se mueve, pero el tercero cede lentamente.

Dentro hay unas cuantas carteras de cuero idénticas y una tonelada de carpetas y sobres de Manila bien organizados.

Cojo la primera cartera, la abro y veo que es un carnet de conducir del estado de Pensilvania a nombre de alguien llamado Tyler Spears. Sin embargo, el hombre de la foto es definitivamente Ranma.

Las tarjetas de los demás apartados de la cartera no son tarjetas de crédito. Son otras licencias estatales con diferentes nombres y direcciones falsas, pero todas tienen diferentes fotos de él con suéteres negros o grises.

Al mirar más de cerca el carnet de Arizona que está a nombre de Ryoga, noto que sus ojos azules no están tan oscuros en esa foto. Siguen siendo tan impresionantes como siempre, pero poseen un tono diferente. No solo eso, sino que sus labios no están tan llenos, y la camisa que lleva puesta para la cámara deja a la vista la mayor parte de su cuello.

« ¿Por qué no tiene ningún tatuaje en esta foto?».

A simple vista, ese hombre de Arizona es exactamente igual a Ranma, pero para mí no lo es. Las diferencias son sutiles, pero conozco a mi marido. (Bueno, pensaba que lo conocía.) O esa foto es un trabajo malísimo de un fotógrafo o este hombre tiene un hermano gemelo idéntico que no comparte su aprecio por los tatuajes.

Me lleva cinco minutos darme cuenta de que se trata de lo último.

Una de las carpetillas de Manila está llena de fotos de ellos dos. Son fotos descoloridas del pasado, hechas mucho antes de que nos conociéramos, mucho antes de que me mintiera y me dijera que no tenía familia que invitar a nuestra boda.

Me duele el corazón cuando veo una foto de su mano tatuada chocando los cinco con la su hermano en lo que parece ser un campus universitario. Sobrevivo a una veintena de sus fotos fraternales y decido que ya he tenido suficiente.

«Me ha mentido a la cara…».

Continúo abriendo una carpeta tras otra, encontrándome cara a cara con más confusión. Hay pasaportes para casi cien países, con sus respectivas monedas y billetes. Hay certificados de nacimiento de al menos veinte personas diferentes, y justo cuando me estoy acordando de algunos de los nombres, una cartera con un pasaporte en blanco cae al suelo.

Aunque ese pasaporte no le pertenece ni a él ni a su hermano.

Me pertenece a mí.

La foto ha sido editada para que mi pelo sea rubio en lugar de castaño oscuro, y no está impreso mi nombre

Me lo meto en la cinturilla del bikini mientras tomo nota mental para buscar «pasaporte falso» en mi limitada aplicación de YouTube.

El reloj ahora marca medianoche, y hay muchas más carpetas de Manila y sobres en los que hurgar, pero dispongo como mucho de treinta minutos. No porque piense que no debería estar aquí en busca de la verdad, sino porque mi corazón no puede soportar tanto en un solo día.

Hay varias hojas de papel con notas escritas a mano. Fechas y horas aleatorias, pero no es nada concreto.

«7:10 llega al trabajo.

7:25 revisa el correo; la bandeja de entrada está vacía.

7:35 llama a Joe Le Crepe para pedir hora. La cita está planeada para la noche.

8:52 llama a J; envía flores».

Suspirando, devuelvo todo a su sitio y cierro el cajón.

Sin embargo, el raíl se bloquea y el cajón se niega a volver a su sitio. Lo intento de nuevo, pero es inútil. Hay algo atascando la parte trasera del armario. Me agacho, meto las manos dentro y noto allí mismo que se ha enganchado una hoja de papel arrugado. La saco lentamente, la estiro y veo las palabras que escuché el día de mi boda. Palabras que he repetido en mi mente todos los putos días.

«Te quiero, Akane.

Prometo amarte y protegerte durante el resto de nuestras vidas juntos, tanto tiempo como sea».

Aunque las palabras tienen un efecto diferente en mí ahora. Son mentiras. Solo mentiras.

Doy la vuelta a la hoja y veo que hay un borrador completamente diferente de sus palabras.

«Akane:

Ojalá nos hubiéramos conocido en otras circunstancias.

Desearía no tener que hacerte esto, pero tengo que hacerlo.

Todo tendrá sentido al final.

R».

Mi mente da vueltas, y me duele tanto el pecho que siento que estoy a punto de tener un ataque al corazón.

Doblando sus votos, los meto en las páginas de mi falso pasaporte inacabado y cierro de golpe el archivador.

Echando un último vistazo al almacén del crimen, apago las luces y me alejo del armario.

Cuando abro la puerta de su dormitorio, jadeo al ver a Ranma frente a mí.

— ¿Has encontrado lo que buscabas? —Me mira fijamente.

—No estaba buscando nada —replico—, solo estaba echando un vistazo.

—Yo no entro en tu habitación sin permiso. —Se acerca más, sus ojos están clavados en los míos —. Podría jurar que acordamos que nunca entrarías en la mía.

—Nunca he estado de acuerdo con eso. —Le sostengo la mirada—. Y no estoy segura de que te hayas dado cuenta, pero no estamos exactamente en los mejores términos.

—Podríamos empezar a estarlo, si finalmente me das las gracias.

—Gracias por secuestrarme —escupo—. No estoy segura de dónde estaría, o del tipo de vida increíble que podría estar viviendo, si no hubieras hecho eso. Muchas gracias.

Ignora mi sarcasmo y me da una pequeña bolsa negra llena de compras.

—De nada.

Miro dentro y veo que hay un periódico y una nueva novela de John Grisham. No le doy las gracias.

—Ya puedes salir de mi habitación —me despacha, en un tono mucho más duro que cualquier otra cosa que me haya dicho antes.

Asiento y paso por delante de él, dirigiéndome por el pasillo a mi habitación.

—Ah, y Akane… —Su voz me hace mirarlo por encima del hombro.

— ¿Sí?

—No te metas en mi armario.


Perdón por no haber subido nada les traigo un pequeño maratón uwu.

Y siguen por allí díganme uh "Hola"

1/3.

Espero que les haiga gustado uwu.

Nos vemos.