SEGUNDA PARTE
LA REINA DE LAS MENTIRAS
Disclaimer: Es una adaptación de unas de mis escritoras favoritas, talvez siga haciendo y espero que les guste la adaptación. Apoyen a la autora.
La reina de las mentiras © Whitney G.
Ranma © Rumiko Takahashi
Adaptación © FandomMLB
AVERTENCIA: Lengua vulgar, lemon para mayores de 18 años están avisados si lo leen solo está en sus responsabilidad.
...
CAPITULO 6
AKANE
PRESENTE
(ESA MISMA NOCHE, MÁS TARDE)
Lo último que quiero hacer es tumbarme en la cama y pensar en todo lo que he encontrado hoy en su armario. Necesito tiempo para procesarlo, tiempo para repasar con calma los hechos y ver si hay algo que no me encaja.
Revisando el equipaje de la luna de miel, saco mi vibrador, aunque esté en las últimas. No estoy segura de por qué lo llevé a nuestra luna de miel, pero, dado el giro de los acontecimientos, estoy agradecida de haberlo metido en el equipaje.
Cuando mis propias manos no pueden hacer el trabajo, cuando los viejos recuerdos de Ranma follándome invaden mi cerebro, necesito sentir algo más intenso.
Me arrastro por la cama con el vibrador y cojo el móvil y abro la aplicación de Kindle. Abro un romance erótico y voy directamente a las escenas de sexo. Cuando me acerco a la mejor parte, el momento en que el héroe se hunde implacablemente el coño de la heroína, un grito fuerte y torturado llega por la ventana.
Preocupada, dejo el libro y me acerco a la ventana. Espero ver un ciervo atrapado en una trampa, pero no hay nada. Los campos están tan tranquilos como los árboles, las aguas del lago de la finca son una pátina inmóvil bajo la luz de la luna.
Me giro para volver a la cama, pero el sonido torturado corta el aire una vez más. Ahora me afecta mucho más, tanto que puedo sentir dolor en mi pecho. Suena como si viniera del lado izquierdo de la casa, donde están las únicas otras ventanas de la bahía. La habitación de Ranma.
Sé que debería ignorar el sonido, dejar que sufra por lo que sea que esté pasando, pero no puedo.
Los pedazos rotos de mi corazón aún laten por él, y anhelan que los vuelva a coser con un hilo que unirá todo en una pieza perfecta.
Salgo de mi habitación, voy hacia su puerta e introduzco fácilmente el nuevo código en el teclado.
En el momento en que entro, me quedo paralizada al verlo retorcerse violentamente en la cama.
Solo lleva puestos unos calzoncillos y un colgante de oro con sus iniciales, y está sudando bajo el aire frío que mueven todos los ventiladores del techo. Trata de respirar correctamente, girando y girando como si estuviera sufriendo un ataque mortal.
Por fin, fuerzo a mis pies a moverse, me inclino sobre él y le sacudo los hombros.
—Ranma, despierta. —Lo sacudo con un poco más de fuerza—. Ranma, basta. Despierta.
Es inútil.
Se está retorciendo aún con más intensidad, y casi me tira al suelo.
—Ayúdame… —susurra—. Ayúdame a moverlo… Ayúdame a recuperarlos a todos…
—Ranma, despierta. —Le abofeteo en la mejilla tan fuerte como puedo—. Ranma, me estás asustando… Despierta.
—Arderás por esto. —No me ve—. Para siempre…
—Ranma. —Le agarro la cabeza y se la sacudo tan fuerte como puedo, manteniendo mis dedos en su pelo.
Por fin se detiene.
Dejo escapar un suspiro de alivio y empiezo a alejarme de él, pero de repente me agarra por el cuello con las manos.
Aún en trance, me aprieta el cuello como una boa constrictora, incrementando lentamente la presión y robándome cada oportunidad que tengo de respirar.
Le araño las manos y trato de clavar las uñas en sus nudillos para que se suelte, pero no soy rival para su fuerza. La presión en mi cuello se intensifica aún más, y la presión en los ojos.
« ¡Oh, Dios mío, por favor! ¡Por favor, que no me mate!».
Unas lágrimas calientes resbalan por mi cara, salpicando en sus nudillos tatuados.
Intento luchar por mi vida con todas mis fuerzas, pero no me sirve de nada.
Me está ahogando.
Se me nubla la visión, y empiezo a notar que mi vida se desliza entre sus dedos.
«Me va a matar de verdad».
Mi corazón comienza a detenerse, y dejo de notar la sensación en los dedos. Siento que los músculos de mis piernas se debilitan, y luego los de los brazos.
Justo cuando estoy sucumbiendo finalmente y veo una ligera neblina por todas partes, Ranma abre los ojos de golpe. Su mirada se encuentra con la mía, y se da cuenta al instante de que me aprieta el cuello con las manos. Me mira con total horror, y me suelta inmediatamente.
Cojo aire varias veces y me alejo de él.
—Akane… —dice, con cara de remordimiento y vergüenza—. Akane, yo…
No le doy la oportunidad de terminar.
Me levanto y me alejo corriendo de él, en dirección a mi dormitorio. Justo cuando estoy agarrando el pomo de la puerta, siento que me sujeta suavemente de la cintura por detrás, levantándome en el aire.
Me lleva a través de su dormitorio hasta el cuarto de baño de la suite principal, donde me deja con cuidado en el borde de la bañera, y me mira a los ojos. Su mirada denota extrema preocupación.
Como si no estuviera seguro de qué decir primero, me coge las dos manos y me mira a los ojos. Me contempla fijamente durante lo que parece una eternidad, con una expresión tan herida como la mía.
—Nunca te haría daño, Akane —dice, en voz baja—. No tenía ni idea de lo que estaba haciendo… No sabía que eras tú.
« ¿Quién más podría ser?».
No le respondo. No tengo palabras. —Por eso siempre te dejo en medio de la noche —explica, encerrando mi cara entre sus manos, usando los pulgares para atrapar las lágrimas que siguen cayendo de mis ojos—. Nunca he querido que me vieras así.
Sigo sin responder, pero ahora que lo pienso, nunca he visto a este hombre dormir, ni una sola vez.
Incluso cuando yo me dormía en sus brazos, siempre lo sentía como si estuviera al límite, siempre despierto y escuchando cada sonido. Y cada vez que me despertaba, sus ojos verdes miraban fijamente a los míos, esperando que empezara el día.
—Tienes que saber que no he querido hacerlo —dice.
—No. No lo sé. —Niego con la cabeza—. Realmente no sé quién demonios eres.
—Me conoces mejor que ninguna mujer con la que haya estado… —Se aparta y coge una pequeña toalla. Luego la sostiene debajo del grifo—. Te he dicho mucho más de lo que planeaba originalmente.
—No me dijiste que tuvieras un hermano gemelo.
Ignora mi comentario y me lleva suavemente la cabeza hacia un lado, examinando las marcas rosadas que la presión de sus dedos ha dejado en mi piel. A través del espejo puedo ver la expresión de vergüenza de su cara mientras me calma el dolor con la toalla fría.
—Hace años perdí algo —dice en voz baja—. Me ha estado afectando desde entonces, y no ha pasado ni un solo día que lo haya olvidado.
— ¿Una mujer que amabas? ¿Un niño?
—No —replica, presionando la toalla contra mi cuello otra vez—. No es alguien, solo algo.
Durante varios segundos no hablamos. Los segundos silenciosos se convierten en minutos, los minutos se convierten en momentos. Momentos en los que usa la toalla para tratar de compensar lo que ha hecho. Cuando finalmente la deja a un lado, me besa el cuello con suavidad, pasando la lengua por cada punto donde sus dedos se apretaron una vez contra mi piel.
—Lo siento, Akane —dice.
—No te perdono.
—No lo esperaba… —Me pasa los dedos por el pelo, y por mucho que quiera empujarlo y alejarme, no puedo—. Sin embargo, creo que deberías dejar que te ayude a sentirte mejor.
—Puedo hacerlo yo misma.
— ¿Puedes?
Desliza una mano entre mis muslos y mi piel se calienta. Mi cuerpo reacciona inmediatamente y siento la repentina necesidad de probar sus labios.
—Respóndeme… —dice, deslizando la mano por debajo de la banda de mis bragas.
—Que mi cuerpo reaccione a ti no significa que te desee.
— ¿Lo dices en serio?
—Debería. —Cojo aire cuando me frota el clítoris, haciendo que se hinche en anticipación contra la yema de su pulgar—. Debería…, pero…
—Pero ¿qué?
—No lo digo en serio.
Presiona sus labios contra el interior de mi muslo y comienza a dejar un caluroso rastro de besos sobre mi piel, empujando la seda que la cubre con los labios. Me mira con sus impresionantes ojos verdes cada pocos segundos, se toma su tiempo para dejarme sin palabras.
Luego, desliza con suavidad las manos debajo de mis piernas, mete un dedo por el elástico de mis braguitas y me las quita con un suave movimiento. Caen al suelo en un charco de seda negra, y él las recoge y se las mete en el bolsillo de los pantalones; su antigua y no demasiado sutil manera de decirme que mi coño le pertenece.
—Siéntate —dice en voz baja.
Lo obedezco y él me agarra los tobillos con cuidado, levantándolos y colocando mis piernas sobre sus hombros. Me agarro al borde de la bañera con patas de garra, y él me acerca lentamente mientras deposita largos besos en mi piel. Largos y sensuales besos que se acercan cada vez más a mi coño.
Se aleja de mí cuando intento acercar su cabeza un poco más a mí, la que me lleva al borde de una necesidad desesperada y una burbujeante obsesión.
Me da un último y largo beso en el interior del muslo, un beso que hace que me agarre a su pelo para equilibrarme, y luego entierra la cabeza en mi coño.
Mientras me devora, hace que me duela todo el cuerpo con cada hábil golpe de lengua, con cada suave apretón en mi culo.
Hace semanas que no lo siento dentro de mí, y me arrepiento de todos los segundos que hemos desperdiciado. Todas las caricias y orgasmos perdidos.
« ¡Joder!».
Al apartar su boca de mi húmeda rendija, hunde uno de sus gruesos dedos dentro de mí. Me siento inmediatamente perdida sin el calor de su boca, y lo miro a los ojos al tiempo que él se inclina hacia atrás queriendo que me dé una razón.
—Hace mucho tiempo que no te veo ni te escucho cuando te corres —explica, introduciendo un segundo dedo en mi interior—. Quiero asegurarme de que asimilo cada puto momento. —Sin añadir una palabra más, vuelve a apretar la boca contra mí, castigándome con un ritmo implacable que hace que miles de temblores recorran mi columna vertebral.
Cierro los ojos mientras mi clítoris palpita de placer, mientras él gime con fuerza contra mí. Me agarro a su pelo mientras cambia aquel ritmo perfecto, sensual y lento, por otro más hambriento y primitivo.
Al entregarle todo el control, me pierdo en sus maneras dominantes, en la forma en que puede hacer que mi cuerpo se doblegue a su voluntad, algo que no consigue ningún otro hombre.
Uso las piernas para sujetarlo con más fuerza. Trato de apoyarme y disfrutar de su boca sobre mí por unos minutos más, pero su lengua me envía al borde y comienzo a colapsar.
—Ranma… Ranma… —Intento que me deje un poco de control, pero no abandona su ritmo. Y para mí es inútil luchar contra su poder, ya que los temblores del orgasmo empiezan a atravesar todo mi cuerpo.
Grito su nombre a todo pulmón, me deshago en su boca durante lo que parece una eternidad. Y cuando empiezo a relajarme, todavía puedo sentirlo jugando con su lengua un poco más despacio, todavía siento que me ruega que acepte sus disculpas.
Verlo entre mis piernas me hace querer rogarle que me dé más, pero muestro moderación.
Cuando termina de besar mi clítoris, después de que deje de temblar contra él, se mueve hacia atrás y pone mis pies de nuevo en el suelo de baldosas. Me mira fijamente, su mirada verde se calienta mientras me baja el camisón. Me aparta el pelo de la cara y me pasa el dedo por la clavícula.
Su mirada me dice que quiere más de mí… ahora mismo. Y si estuviera cuerda, me negaría. Usaría lo que me quedara de energía para alejarme de él, y volvería a mi habitación.
Aunque he estado más allá de la locura desde el día en que nos conocimos.
Me levanto y paso junto a él para salir lentamente del cuarto de baño. Siento sus ojos observando cada uno de mis movimientos mientras atravieso su dormitorio.
Me detengo junto al borde de su cama, cojo el dobladillo de mi salto de noche y lo paso lentamente por mi cabeza.
Lo miro por encima de mi hombro, animándolo a que me siga, antes de deslizarse debajo de las sábanas.
Sonriendo, levanta y cierra la puerta durante unos segundos. Escucho el agua del lavabo mientras acomodo mi cabeza en la almohada.
Unos momentos después, se une a mí en la cama, acopla su boca a la mía. Me agarra las manos y lentamente las lleva por encima de mi cabeza, sujetando mi cuerpo con las caderas.
Puedo sentir su polla dura como una roca contra el muslo, y le ruego que me la meta. Susurra que es mía, que ahora mismo nada más importa, y yo solo quiero sentirlo en lo más profundo de mi ser.
No duda en hundirse en mí.
Todavía besándome, se desliza dentro de mí de un solo envite, llenándome y haciéndome sentir completa. Consiguiendo que no quiera experimentar ni un día en el que él no esté dentro de mí.
Me mira fijamente a los ojos mientras me hace el amor, dura y profundamente, más despacio y con más sensualidad de lo que solíamos follar. Me pasa las manos por los costados mientras me besa con ternura, susurrando palabras que no comprendo contra mis labios.
Lo único que logro entender es: «Lo he hecho todo por ti».
Mientras sigue entrando y saliendo de mí, gimo y le clavo las uñas en la espalda. Siento algo duro debajo de mi cuerpo y me retuerzo para cogerlo, pero él me besa más fuerte y me hace olvidar.
—Joder, Akane… —Se hunde profundamente una última vez, golpeando mi centro en el momento justo. Me agarra las manos mientras se pone más duro, y grito su nombre mientras alcanzamos el clímax al mismo tiempo.
Todavía dentro de mí, se inclina y me besa la frente. Luego besa cada centímetro de mi cuello…, y sigue pidiendo perdón por los momentos anteriores.
Permanecemos entrelazados durante lo que parece una eternidad, hasta que él se aleja lentamente de mí.
— ¿Agua? —pregunta.
Asiento, y sale de la habitación. Espero hasta que escucho sus pisadas en los escalones. Luego me doy la vuelta para ver qué notaba contra mí durante el sexo.
Es un teléfono móvil. Trago saliva y lo miro fijamente durante varios segundos, sin saber qué hacer.
Me giro de nuevo y agarro el salto de cama del suelo para ponérmelo. Guardo el teléfono en el corpiño y me siento, esperando que no se dé cuenta.
Entra en la habitación muy pronto, con dos vasos de agua en la mano. Espero a que se siente a mi lado para tomar unos sorbos de agua.
—Deberías descansar un poco —aconseja—. Es necesario que hagas cien largos en la piscina mañana.
— ¿Alguna vez me dirás por qué me obligas a hacerlo?
Deja escapar un suspiro.
—Lo haré al final.
—Con «el final» ¿te refieres al final de mi vida?
—Solo en sentido figurado.
— ¿Qué significa eso?
—Eres muy leída —dice, tomándose el resto de su agua, mientras me levanto del colchón—. Estoy seguro de que no tengo que definir lo que significa una palabra tan simple como esa.
— ¿Estás insinuando un asesinato?
—Es un poco tarde ya para matarte, Akane —asegura—. Si ese fuera el plan, lo habría hecho hace semanas. —Niega con la cabeza—. ¿Tienes alguna otra pregunta?
—Varias.
—Vaya, qué mala suerte… —dice—, me he quedado sin respuestas.
Me doy la vuelta y voy hacia la puerta.
—Espera —dice, consiguiendo que mi corazón se ponga al borde del infarto—. Un segundo.
— ¿Si? —Me doy la vuelta.
—Se te ha caído la alianza. —Me la tiende, y luego me la desliza en el dedo. Parece que quiere añadir algo más, pero se limita a suspirar y vuelve a la habitación, cerrando la puerta tras él.
Corro a mi habitación e inmediatamente saco el móvil de su escondite. No hay barras de cobertura, solo datos. Sopeso si debo arriesgarme a llamar al 911, si eso funcionará, pero sé que tengo que pensarlo bien.
Así que abro la lista de últimas llamadas y me da un vuelco el corazón. Me sé de memoria el número que ha marcado en los últimos tiempos.
101-088-8076…
Lo conozco muy bien, y sé, ahora más que nunca, que este hombre tiene guardado bajo la manga algo muy oscuro y feo para mí en el futuro…
2/3.
Por aquí les dejo el capítulo uwu.
Disfruten y no se olviden de comentar :3
